April 20, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
260 puntos de vista


Diego Crescente

Con la solemnidad propia de los grandes acontecimientos nacionales, Joe Biden anunci贸 esta semana a los estadounidenses su intenci贸n de retirar definitivamente las tropas desplegadas en Afganist谩n. Los 2.500 soldados que aun quedan en el pa铆s volver谩n a casa el pr贸ximo 11-S. Una fecha que se ha convertido en ic贸nica para la sociedad americana, que dejar谩 atr谩s “la guerra m谩s larga librada por los Estados Unidos” en su historia.

Las cifras de p茅rdidas humanas no son ni mucho menos apabullantes, al menos para los norteamericanos. Tras m谩s de 20 a帽os de guerra, las v铆ctimas nacionales apenas ascienden a 2.300 frente a las m谩s de 65.000 que supuso la guerra de Vietnam. Los heridos en combate, los aut茅nticos mensajeros del horror a su vuelta a casa, alcanzan los 20.000. Pocos teniendo en cuenta que casi dos millones de soldados americanos han sido desplegados desde 2001 en turnos superiores a 30 d铆as. Por su parte, las v铆ctimas afganas, fundamentalmente poblaci贸n civil, se estiman en 50.000 personas. Todas atrapadas en un conflicto complejo, que alberga m谩s de 60 grupos 茅tnicos y otras tantas facciones pol铆ticas y terroristas.

Junto a los datos humanos destacan los econ贸micos. El coste de la guerra para los Estados Unidos ha fluctuado seg煤n aumentaba el despliegue de sus fuerzas armadas. Seg煤n el departamento de defensa, el coste de la guerra en Afganist谩n, desde octubre de 2001, asciende a 978.000 millones de d贸lares. El 80% del PIB espa帽ol prepandemia. El r茅cord de gasto anual lleg贸 en 2012, momento en el que la mayor potencia militar del mundo destin贸 113.000 millones de d贸lares a la lucha contra varios miles de talibanes escondidos en los valles de Helmand o Uzbin. Algunos expertos llegaron a afirmar que por cada talib谩n capturado o eliminado EEUU ten铆a que empe帽ar 110.000 d贸lares, el coste de disparar un misil AGM-114 Hellfire desde un avi贸n no tripulado Reaper.

Este presupuesto dedicado 铆ntegramente a la guerra ha tenido tambi茅n grandes beneficiados. El mantenimiento de centenares de miles de soldados en un territorio a varios miles de kil贸metros de distancia de Washington ha proporcionado importantes retornos a la industria log铆stica y las dedicadas al avituallamiento, suministros militares, atenci贸n m茅dica y seguridad privada, los sectores que con m谩s evidencia han encontrado en Afganist谩n su particular 鈥橢l Dorado鈥 en Asia.

Ineludiblemente, junto al coste, la financiaci贸n ha sido el gran tal贸n de Aquiles de la estrategia americana. La Universidad de Brown ha desarrollado un proyecto para dilucidar cu谩l ha sido el gasto exacto destinado a esta guerra. Sus conclusiones se帽alan que la presencia norteamericana en el pa铆s “se ha pagado casi en su totalidad con pr茅stamos. Este endeudamiento ha elevado el d茅ficit presupuestario de Estados Unidos, ha aumentado la deuda nacional y ha tenido otros efectos macroecon贸micos, como el aumento de los tipos de inter茅s para el consumidor (estadounidense)”. Y es que los gobiernos federales de Bush, Clinton, Obama y Trump optaron por un modelo de financiaci贸n de la deuda privado que ahora Biden tendr谩 que afrontar. En caso de que la nueva Administraci贸n opte por posponer estos pagos, el coste podr铆a ascender a m谩s de 800.000 millones de d贸lares para 2050, seg煤n afirma el grupo de estudios 鈥檃d hoc鈥 de la prestigiosa universidad americana.

El precio de la guerra ha implicado tambi茅n costes de oportunidad para la econom铆a norteamericana. “Aunque el gasto militar genera empleos, el gasto en otras 谩reas como la atenci贸n m茅dica podr铆a generar aun m谩s empleos”. Los investigadores se muestran muy cr铆ticos con el reparto de la financiaci贸n militar. As铆, “si bien la inversi贸n en infraestructura militar creci贸, la inversi贸n en infraestructura p煤blica en Afganist谩n, como carreteras y escuelas, no creci贸 al mismo ritmo”.

Y es cierto. Los datos oficiales muestran que tan solo 140.000 millones de d贸lares se destinaron a la reconstrucci贸n f铆sica e institucional de Afganist谩n, apenas el 14% del total del dinero gastado en 20 a帽os de guerra eterna. Desglosando este dato se observa que m谩s de la mitad se destin贸 a la formaci贸n, preparaci贸n y mantenimiento de las fuerzas de polic铆a y del ej茅rcito afgano, que ser谩n los que ahora tendr谩n que lidiar en primera l铆nea con la retirada estadounidense. Biden fue muy claro a este respecto ya que limit贸 la colaboraci贸n futura a 鈥渘uestro trabajo diplom谩tico y humanitario鈥.

El esfuerzo militar en Afganist谩n ha dado salida tanto al remanente armament铆stico como al desarrollo de tecnolog铆a aplicada a la complicada guerra de operaciones especiales en un teatro estrat茅gico complejo como el afgano. Seg煤n datos del prestigioso Sipri, el Instituto de Investigaciones para la Paz de Estocolmo, el 57% de las ventas totales de armas en el mundo tienen su origen en diez empresas norteamericanas.

Lockheed Martin vio c贸mo durante 20 a帽os, y gracias a la guerra de Afganist谩n, sus productos ganaban valor tanto en bolsa como sobre el campo de batalla. Sus programas de apoyo y desarrollo aeron谩utico para el US Army, la Navy y la USAF le han situado como el mayor proveedor de programas y productos armament铆sticos para las operaciones de EEUU en Afganist谩n. S贸lo en 2013 obtuvo contratos con el Gobierno de los Estados Unidos por valor de 44.100 millones de d贸lares, situ谩ndose por encima del otro gran beneficiado, Boeing.

La especializaci贸n sobre el terreno afgano de esta compa帽铆a, que la mayor parte de la sociedad situar铆a en el sector aeron谩utico civil, se basa en la construcci贸n y desarrollo de aviones no tripulados, as铆 como en telecomunicaciones, sistemas de defensa, inteligencia y seguridad. Solo su divisi贸n b茅lica est谩 valorada en m谩s de 50.000 millones de d贸lares, una revalorizaci贸n que coincide con el esfuerzo presupuestario destinado durante 20 a帽os por los EEUU a Afganist谩n.

BAE, brit谩nica en su origen pero que opera en Estados Unidos a trav茅s de su filial BAE Systems Inc., con ventas estimadas en m谩s de 20.000 millones de d贸lares, ha estado ligada tanto al ej茅rcito estadounidense como al de su Graciosa Majestad. Todos sus productos han sido probados en Afganist谩n, como el Typhoon, la versi贸n brit谩nica del Eurofighter, el F35, el Tornado o el ob煤s autopropulsado M109A7.

En otros casos, la guerra ha sido testigo del nacimiento y esplendor de otras compa帽铆as como Raytheon. De nacionalidad estadounidense, ha llegado a cerrar contratos por valor de casi 25.000 millones de d贸lares, fundamentalmente en sistemas de mando y control, comunicaciones e inteligencia para operaciones especiales, el aut茅ntico pilar de la lucha occidental en Afganist谩n. Estos sistemas hacen posible equipar a los misiles guiados que, realmente, han reducido considerablemente las v铆ctimas colaterales en un escenario tan complejo como el afgano y en el que la precisi贸n ha sido tambi茅n una condici贸n exigida por parte de las fuerzas armadas norteamericanas.

No solo ha habido triunfadores militares. Las contratas civiles han conseguido un buen pellizco de la tarta afgana. En 2018 aparecieron revelaciones sobre el gasto in煤til de m谩s de 675 millones de d贸lares por parte de la TaskForce, creada en el seno del departamento de Defensa norteamericano para la Reconstrucci贸n de Afganist谩n. La mayor parte de este presupuesto se gast贸 de manera ineficaz en obligaciones contractuales o costes indirectos que nada ten铆an que ver con la construcci贸n de nuevas infraestructuras en un pa铆s castigado por m谩s de 50 a帽os de guerras interminables con sovi茅ticos, talibanes y estadounidenses. El comit茅 de Defensa del Senado critic贸 fuertemente a un organismo “sin control alguno y que parec铆a estar favoreciendo una y otra vez a los mismos proveedores”.

Cr铆ticas a Biden

Las cr铆ticas a la retirada estadounidense no se han hecho esperar. Su contenido se centra m谩s en el calendario propuesto por Biden que en lo acertado o no de su decisi贸n. Los republicanos en el Congreso ya se han manifestado en contra, calificando la acci贸n de un 鈥済rave y precipitado error鈥. Lindsey Graham, senador republicano por Carolina del Sur, dio a entender que la medida podr铆a conducir a un nuevo 11-S. La referencia de Graham a 2001 pone voz a aquellos que vinculan la retirada americana con el probable resurgimiento de Al Qaeda en la zona y, con ello, las probabilidades de un nuevo ataque en territorio americano.

El famoso relato tambi茅n se aplica a las decisiones en materia diplom谩tica y de defensa. Una retirada precipitada puede dar la sensaci贸n de que Estados Unidos, la mayor potencia militar del mundo, se puede ir de Afganist谩n sin haber conseguido ning煤n objetivo concreto. Por esta raz贸n, Biden, en su alocuci贸n al pueblo estadounidense, recalc贸 que “nuestra presencia en Afganist谩n debe centrarse en la raz贸n por la que fuimos en primer lugar: asegurarnos de que Afganist谩n no sea utilizado como base desde la cual atacar nuestra patria nuevamente”.

Sin embargo, para toda una generaci贸n de afganos, la retirada militar de EEUU podr铆a poner en peligro m谩s de dos d茅cadas de avances, lentos, pero avances al fin y al cabo, en valores tan esenciales como la democracia y la econom铆a, especialmente para las mujeres y en la transici贸n de un sistema tribal a otro al menos un poco m谩s democr谩tico.

La retirada dejar谩 en manos de la polic铆a y las fuerzas armadas afganas la responsabilidad en la lucha contraterrorista en el pa铆s. Durante estos 20 a帽os siempre han contado con la asistencia militar americana y con un grifo econ贸mico que tambi茅n se cerrar谩 el 11-S de 2021. Al menos Biden ha llevado a cabo aquello que prometi贸 Donald Trump en 2016: acabar con las guerras interminables de Estados Unidos en Oriente Pr贸ximo鈥 pero 驴a qu茅 coste? Por lo menos un bill贸n, casi lo que vale Espa帽a en un a帽o.

Fuente: https://www.lainformacion.com/mundo…




Fuente: Grupotortuga.com