January 16, 2022
De parte de Nodo50
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En aquellos primeros d铆as de 1978, los nuevos consensos de la Transici贸n hab铆an alcanzado una solidez inesperada. Hac铆a apenas dos a帽os de la muerte de Francisco Franco y Espa帽a ya hab铆a olvidado la inquietud sucesoria, hab铆a celebrado elecciones a Cortes y se encaminaba hacia el refrendo popular de una flamante carta magna. Por un lado, los altos mandos franquistas se vistieron de dem贸cratas en una vertiginosa operaci贸n de camuflaje. En el otro extremo, el Partido Comunista de Espa帽a, que acababa de conocer la legalidad en abril, reclamaba en julio un gobierno de concentraci贸n junto a formaciones como UCD y Alianza Popular.

No hubo gobierno unitario pero en octubre se firmaron los Pactos de la Moncloa, que garantizaban al presidente Su谩rez una paz romana entre partidos y anticipaban la fotograf铆a del gran pacto constitucional. La CNT no solo arruinaba aquel consenso, sino que sobre todo, promov铆a huelgas, convocaba m铆tines multitudinarios y ejerc铆a un influjo inconveniente sobre las secciones catalanas de CCOO y UGT.

El 15 de enero de 1978, alrededor de quince mil personas se manifiestan en Barcelona convocadas por la CNT para protestar contra los Pactos de la Moncloa. La marcha recorre la Avenida del Paral路lel (por entonces Marqu茅s del Duero) y se disuelve a la una de la tarde en la Plaza de Espa帽a. A la una y cuarto comienza a arder la sala Scala.

Inaugurado en 1973, aquel local de los hermanos Antonio y Ram贸n Riba ofrec铆a un restaurante con espect谩culos de revista y un espacio festivo donde se divert铆a la gente bien de Barcelona. Los peri贸dicos sostienen en un primer momento que cinco j贸venes han arrojado c贸cteles molotov contra la fachada y el fuego ha derrumbado las siete plantas del edificio. Cuatro trabajadores de la sala mueren en el incendio. Se llaman Ram贸n Egea, Juan L贸pez, Diego Montoro y Bernab茅 Bravo.

Los bomberos de Barcelona sofocando el fuego en lScala, en enero de 1978.

El 18 de enero, la prensa anuncia nueve arrestos. La Direcci贸n General de Seguridad asegura haber neutralizado un comando terrorista vinculado a la CNT, la FAI y las Juventudes Libertarias. Ser铆an, dicen los peri贸dicos, una c茅lula de vocaci贸n insurrecional, el brazo armado del sindicalismo anarquista. La Polic铆a atribuye el incendio a tres afiliados de la CNT. Son Xavier Ca帽adas, Arturo Palma y Jos茅 Cuevas. Nada m谩s conocerse las detenciones, la CNT difunde sus primeras inquietudes. Es absurdo pensar, dice Enrique Marcos, que la CNT haya incendiado un local cuya mayor铆a de trabajadores est谩n afiliados a la CNT.

En diciembre de 1980 se celebra el juicio contra seis militantes anarquistas. La Fiscal铆a reclama un total de 309 a帽os. Para entonces, un juez ya ha ordenado la liberaci贸n de Mar铆a Teresa Fabres, que ha permanecido dos a帽os encarcelada sin que se haya demostrado su relaci贸n con los hechos. Los acusados denuncian haber firmado sus declaraciones bajo tortura y dos m茅dicos enumeran las lesiones que advirtieron en dos de los detenidos. Por otra parte, los abogados recriminan que los restos de la sala Scala hayan sido derribados sin orden judicial y que se les haya vetado el acceso a la zona. La ausencia de un peritaje independiente alimenta las hip贸tesis de la defensa, que se帽ala a un confidente policial llamado Joaqu铆n Gamb铆n, alias El Grillo.

Recorte de prensa sobre el incendio en la sala de fiesta Scala, de Barcelona

El confidente rondaba la cincuentena y lo llamaban “el viejo anarquista” a pesar de que no se le conoc铆a ninguna trayectoria en el entorno anarquista. En enero de 1977, la polic铆a lo detiene en Murcia en una redada contra la FAI en la que se intervienen dos maletas con armas y explosivos. En su libro Caso Scala: terrorismo de Estado y algo m谩s, Xavier Ca帽adas sostiene que aquel arsenal hab铆a sido un cebo policial para incriminar a la FAI, y al mismo tiempo, una atajo para infiltrar a Gamb铆n en el movimiento libertario de Barcelona. El incendio de la sala Scala supuso, seg煤n Ca帽adas, la guinda de la guerra sucia posfranquista contra el anarquismo.

Portada del libro ‘Caso Scala: terrorismo de Estado’, de Xavier Ca帽adas

Gamb铆n, que hab铆a instigado a los acusados a portar c贸cteles molotov durante la manifestaci贸n, se esfuma una vez comienza a arder la sala Scala. En marzo de 1979, aprovecha la muerte de su t铆o (tambi茅n llamado Joaqu铆n Gamb铆n) para hacer creer que es 茅l quien ha muerto y desembarazarse as铆 de cualquier posible represalia anarquista. En octubre de 1979 es detenido en Elche por un delito de estafa y encarcelado en Murcia. A pesar de que la Polic铆a de Elche conoce la orden de busca y captura que pende sobre 茅l a causa del caso Scala, es puesto en libertad en febrero de 1980.

En pleno juicio, el diario El Pa铆s confirma que Gamb铆n lleva una vida apacible en Murcia y que la polic铆a conoce su domicilio. En diciembre de 1981, la polic铆a lo detiene en Valencia despu茅s de un tiroteo. Estaba cerrando una operaci贸n de compraventa de armas. En diciembre 1983, en medio de la presi贸n medi谩tica y las sospechas de ama帽o policial, el caso Scala vive un segundo juicio, esta vez contra Gamb铆n.

Joaqu铆n Gamb铆n confiesa haber trabajado para el servicio de informaci贸n. Es el polic铆a de Murcia Jos茅 Gregorio L贸pez, quien lo habr铆a reclutado para infiltrarse en el movimiento anarquista de Barcelona. Gamb铆n se帽ala adem谩s a Jos茅 Mar铆a Escudero, hombre de confianza del comisario Roberto Conesa, y le acusa de haber organizado un montaje en la sala Scala. Escudero, curtido en el placaje contra la disidencia pol铆tica durante el franquismo y la Transici贸n, permanecer谩 como alto mando policial incluso bajo la presidencia de Felipe Gonz谩lez.

Manifestaci贸n en Barcelona por las detenciones y el juicio por el incendio de la sala de fiestas Scala.

En el juicio contra los seis anarquistas, el juez condena a 17 a帽os de prisi贸n a Xavier Ca帽adas, Arturo Palma y Jos茅 Cuevas. A Luis Mu帽oz y Mar铆a Rosa L贸pez les impone penas menores y absuelve a Mar铆a del Pilar 脕lvarez. En la segunda parte del juicio, Joaqu铆n Gamb铆n obtiene una condena de siete a帽os de prisi贸n menor por la elaboraci贸n de seis c贸cteles molotov.

Ninguna de las dos sentencias involucran al Estado ni toman en consideraci贸n las protestas de la CNT, que apuntaba al ministro Rodolfo Mart铆n Villa.

Cuarenta a帽os despu茅s, es inevitable recuperar algunas incertidumbres. La duda de que unos c贸cteles molotov pudieran desatar un incendio de tama帽as dimensiones. Los testimonios de que el edificio hab铆a comenzado a arder por el extremo opuesto a la fachada atacada. La noticia de que los bomberos hab铆an hallado material militar inflamable dentro de la sala. La inmediata localizaci贸n y detenci贸n de los sospechosos gracias a una delaci贸n.

Cuarenta a帽os despu茅s, en definitiva, desconocemos el verdadero protagonismo del Estado en una operaci贸n que acarre贸 la muerte de cuatro trabajadores, el encarcelamiento de varios j贸venes activistas y una campa帽a de desprestigio feroz contra el pujante movimiento anarquista.




Fuente: Publico.es