November 28, 2021
De parte de ANRed
280 puntos de vista


Una mujer sami, en una estampa cotidiana (Editorial Barlin Libros)

Hace un siglo los samis, el pueblo que habitaba desde tiempo inmemorial las zonas m谩s al norte de Escandinavia, sufri贸 un destierro forzoso, tan dram谩tico como desconocido. Expulsados de Noruega, reasentados lejos de sus hogares en Suecia, hoy la cultura sami busca renacer y mantener firme el orgullo de sus palabras, sus mitos y sus paisajes tradicionales. Por Marcos Pereda (Publico. es).


Siempre existieron fronteras, c贸mo podr铆a ser de otra forma. Sucede que antes (antes) esas fronteras no eran dibujos en un pergamino, sino trazos, mano temblorosa, sobre el mismo terreno. Esas monta帽as son frontera, aquella zona de turba es frontera, el r铆o marca linde, los bosques, los valles. Hasta una piedra pasta el ganado. A partir de aquel otero es zona de caza. Los renos llegan a la roca donde contamos historias. As铆 fue desde que el mundo es mundo. Al menos, para los samis.

Hasta principios del siglo XX. Entonces, otros empezaron a dibujar l铆neas sobre el mundo. L铆neas que eran invisibles, pero obligaban como las otras. M谩s a煤n. Las manadas de renos deben compartir espacios que menguan cada d铆a. Se mezclan, desaparecen las unas entre las otras. Luego sucede. Sencillamente, sucede. Como las cosas importantes, como aquellas que marcan generaciones. Suceden. Noruega y Suecia separan su uni贸n en el a帽o 1905. Los noruegos anhelan un nuevo Estado reconocible. Homog茅neo. 脡tnicamente 煤nico. El hecho de que haya personas que atraviesan fronteras nacionales (fronteras que ahora exhiben efe may煤scula) siguiendo grupos de renos irrita a los nuevos jefes. Aunque lleven generaciones viviendo all铆, en el pa铆s nuevo. No. Esos campos pasan a ser predios, tierras agr铆colas. Los samis, sencillamente, no entran en la visi贸n moderna que de s铆 misma tiene la nueva naci贸n.

Todo el discurso de Elin est谩 asaeteado con maravillosas palabras de su cultura, porque Elin, Elin Anna Labba, buce贸 por memorias orales de algo que fue y ya no es, recorri贸 documentos, archivos, arcones y remembranzas. Y luego, con todo eso, escribi贸 un libro, un libro que es tan bello como doloroso. Se titula Los se帽ores nos mandaron aqu铆. Voces de un destierro olvidado y lo acaba de publicar en castellano la editorial Barlin Libros, con traducci贸n de Sara P茅rez Mart铆nez. Algunas de esas palabras, halladas en legajos viejos, ni siquiera sabe lo que significan y tuvo que contextualizar para darles traducci贸n aproximada. El 膷ogogoahti donde viven, los yoiks cantados en noches sin fin, una liidni al cuello para no coger fr铆o, cuentos del st谩llu para asustar a los ni帽os, llevar la gietkka asida por el searrob谩ddi con tu beb茅 dentro. 芦Dar un nombre a un lugar que nunca antes lo tuvo confiere a las palabras un poder nuevo禄, dice. As铆, tambi茅n, recordaba a la enn谩.

La enn谩. Madre. Las mujeres samis siempre han tenido estigma sobre estigma. Una religi贸n sincr茅tica, basada en creencias paganas, que aun existe a d铆a de hoy. Cristianos, pero a su manera. 芦La parte del cristianismo que recordaba los viejos sistemas de creencias era la que m谩s nos gustaba, dicen los estudiosos禄. Pero eso es ahora, o puede ser ahora. Hace siglos鈥 M谩s de trescientas samis fueron ejecutadas entre 1668 y 1676. Brujer铆a. Hablan con los 谩rboles, susurran a las monta帽as. Esos contrastes se ven aun hoy en d铆a, me cuenta Elin. 芦Suecia tiene una pol铆tica forestal muy agresiva. Pr谩cticamente, cada bosque en S谩pmi, nuestras tierras tradicionales, es un espacio industrial. All铆 no rezan al 谩rbol antes de coger algo de madera para tallar o hacer una hoguera. Eso es tambi茅n una forma opresiva de tratar a los sami禄.

Las mujeres, dec铆amos. Que ocupan un puesto trascendental en la cultura sami. 芦Nuestras principales deidades son mujeres. Diosas, no dioses. Tenemos a la divinidad principal, M谩ttar谩hkka, madre de todos los dioses, y sus hijas 谩rbol禄, dice Elin. Todo eso fue mutando a medida que los meridionales comenzaban a tornar ojos al norte. 芦Esa posici贸n tan s贸lida de la mujer cambi贸 cuando se prohibi贸 la religi贸n sami y los samis se convirtieron en buenos cristianos, adoptando un tipo de pensamiento m谩s occidental禄. Pero quedaban rescoldos. A veces escondidos, casi proscritos a espacios y tiempos determinados. Aqu铆, en Cantabria, donde vivo, tenemos las jilas, reuniones de f茅minas donde se hilaba, se re铆a, se contaban chascarrillos, an茅cdotas, historias. Sororidad de otros mundos, de otra realidad.

Un grupo de ni帽os y ni帽as samis posan frente a un bello paisaje (Editorial Barlin Libros)

Pregunto a Elin si ellos tambi茅n tienen esos retinglares, esos relatos que solo se escuchan con tonos dulces. Parece paladear la respuesta. 芦Claro que los hab铆a, generalmente abordaban aspectos de la vida m谩s cotidiana, todos esos peque帽os detalles que amas como escritor. El pan helado, la piedra en el mar donde sol铆as ir cantar, el sabor de la mantequilla reci茅n hecha鈥 Y eran cuentos muy relacionados con la maternidad. 驴C贸mo se las arreglan las samis siendo madres y viviendo en esas condiciones? Eso me fascin贸禄. Transmisi贸n del conocimiento eminentemente oral. Relatos de hombres, relatos de mujeres. 芦La narraci贸n y las tradiciones orales son fuertes y siguen siendo nuestra principal literatura. Todav铆a nos contamos historias, la transmisi贸n de conocimientos es una cuesti贸n familiar禄.

Cultura trufada en rasgos matriarcales. Familias con apellidos de f茅minas. Mujeres que pueden tener granjas o renos. Igualdad en herencias. Fueron ellas, cuentan, las m谩s afectadas por aquel desgarro (exterior, interior) que supuso el destierro. Perder sus relaciones, su tejido social. No m谩s historias sobre pan helado, no m谩s miradas que reconocen a otra entre todas. Condenarlas no solo a dejar atr谩s, sino, y quiz谩 sobre todo, a un silencio yermo de clausura. Contin煤a Elin. 芦Se sintieron incre铆blemente solas. Hacer esto a las personas es una forma muy eficaz de evaluar su salud mental, me dijo una mujer. Algunas de ellas superaron la prueba. Otras, no禄.

Porque la soluci贸n al problema que vimos m谩s arriba鈥 a lo de las tierras, y los n贸madas, fue cruel. Suecia y Noruega firman el llamado Convenio sobre el Pastoreo de Renos en 1919. L铆mites al n煤mero de cabezas. Todo tipo de cabezas. Reses, personas. En los siguientes veinte a帽os, las Diputaciones Provinciales comienzan una pol铆tica que denominan 芦de reubicaci贸n禄. Si quieren ser m谩s claros鈥 deportaciones. Los samis son obligados a abandonar sus tierras, sus hogares. Expulsados de Noruega, repudiados en Suecia. Nacen dos palabras nuevas en su idioma, dos que antes nadie hab铆a necesitado usar. B谩ggojohtinSirdola膷膷at. Deportaci贸n, desplazados. Muchos de ellos piensan que volver谩n en poco tiempo, as铆 que dejan atr谩s sus pertrechos.

芦Era como tocar lugares sagrados, piezas sacras. Sent铆a que ard铆an bajo las yemas de los dedos禄, me cuenta Elin, 芦todo el paisaje de estos lugares contaba historias, o, m谩s bien, sent铆a que me las contaba a m铆. Al principio, me dio un poco de miedo estar all铆, pero a medida que pasaron los a帽os y me fui familiarizando con los lugares me sent铆a m谩s como en mi hogar. O una especie de hogar, al menos禄. Elin visit贸 aquellas casas que quedaron as铆, preparadas para recibir la vuelta de sus aut茅nticos due帽os, hace m谩s de cien a帽os. Habl贸 con unos, con otros, buce贸 archivos que esconden verg眉enzas en voz baja, verg眉enzas que los pa铆ses intentan ocultar, cubrir de olvido.

Elin es sami. Solo sami, o primero sami, como dice ella. 芦Mi sentido de pertenencia es fuerte y no se cuestiona. Tal vez haya otros que se sientan suecos, o noruegos, y despu茅s sami, pero nadie que yo conozca禄. Los sami llevan habitando tierras cercanas al C铆rculo Polar 脕rtico desde que el tiempo es tiempo. Un espacio et茅reo, hecho de blancos cellisca y d铆as que no se acaban. Uno que discurre pac铆ficamente a septentri贸n de Rusia, de Finlandia, de Noruega o Suecia. All铆, donde el silencio manda, solo se escucha un roncar de renos. T贸tem, vida y apoyo. Animal de esos que son dom茅sticos, pero no. Los llamados samis de las monta帽as (existen tambi茅n los samis de los bosques) viv铆an siguiendo enormes r谩idus que ramonean pastos frescos m谩s all谩 de la nieve. Existencia semin贸mada que aun se mantiene, a d铆a de hoy, en algunas comunidades. Algo m谩s que animales, para ellos. 芦Un v铆nculo con la naturaleza, algo que une nuestras familias con el suelo, s铆, pero tambi茅n con el cielo. El enlace m谩s directo con el mundo ind铆gena禄, me dice Elin.

Ese era otro problema. Lo de los renos. O la excusa, vaya. Al final se mezclaron varios aspectos. Racismo puro, como el que exist铆a en la nefanda Instituci贸n de Asuntos de los Lapones, infausto recuerdo. Comodidad, incomprensi贸n. Tambi茅n, s铆, un prurito econ贸mico. Alguien disfrut贸 de aquellas tierras que ya no hollaban los samis. Aun hoy surgen de vez en cuando sentencias que reconocen a los samis derechos exclusivos de caza y pesca sobre terrenos que fueron tradicionalmente de su propiedad. Los que les arrebataron hace justo un siglo. Problemas nuevos, me dice Elin. 芦Esta es una de las grandes heridas en la actualidad, miembros del pueblo sami que luchan contra otros sami. Al Estado sueco, que es actor causante del da帽o, no le importa esta situaci贸n y no tiene por qu茅 preocuparse. Ahora estamos luchando entre nosotros禄. Actualmente, no son pocos los samis que consideran las tierras altas, las tierras del norte, como su verdadero hogar. Uno de ellos. Un sitio con el que est谩n profundamente conectados. 芦Cuando llegas all铆, el alma canta y el cuerpo se siente m谩s ligero禄, dice Elin. 芦Aunque hayan pasado cien a帽os禄.

Una aclaraci贸n. Ver谩n que usamos aqu铆 el t茅rmino 芦sami禄 y que solo aparece la palabra 芦lap贸n禄 en aquella fea Instituci贸n de Asuntos Lapones. Es deliberado. Por toda Escandinavia, 芦lap贸n禄 es sin贸nimo de inculto, idiota. El t茅rmino deriva de lapp, harapos que llevan encima los mendigos. Ya ven, ninguna expresi贸n es inocente. Intentemos usarlas con cuidado.

Palabras y susurros. Recopilar el desgarro de un pueblo es, tambi茅n, asomarse a una tragedia personal. Hablar con unas, con otros. No ser demasiado objetivo, tampoco permitir que el sentimiento lleve la narraci贸n m谩s all谩 de donde quer铆as ir. 芦A煤n quedan personas que recuerdan la deportaci贸n. Son muy mayores y eran solo ni帽os cuando todo esto sucedi贸. Pero ten铆an recuerdos. De sus padres. Heredados tan estrechamente que, a menudo, hablaban de ello mientras iban entrando en la edad adulta. Esa historia estaba m谩s cerca de lo que pensaba. Tuve que tomar todas las fuentes posibles para juntar piezas m谩s peque帽as y trabajar sobre ello禄. Tambi茅n, claro, temor de cronista. Toparse con el imposible, con esa an茅cdota que sabes cierta pero no veros铆mil. Renunciar a ella porque desbarata el tono de todo lo otro que cuentas. Otra forma de exilio, quiz谩. Dice Elin que hubo narraciones sin usar, porque pensaba que eran demasiado incre铆bles. Vidas que son pel铆culas. No importa, reflexiona. 芦No todo es para todos. Igual algunos relatos deban reservarse para el susurro, para las monta帽as m谩s cercanas, y los 谩rboles, y las personas que ya poseen sus historias禄.

Y hoy, 驴sigue habiendo racismo contra los samis?, pregunto a Elin. Su respuesta es clara, pero escalofriante. Quiz谩 por familiar. 芦S铆, lo hay. Pasa que ahora mismo no est谩 bien visto tener actitudes racistas, as铆 que quien piensa de esa forma debe ampararse en el anonimato. Y all铆 entra internet. Quiero pensar que el futuro ser谩 un poco m谩s amigable. Pero鈥β.

Terminamos. Algo cosquillea entre las yemas (esa zona donde hay hormigas que empiezan a contarme historias) desde que empec茅 a saber de este destierro olvidado, de este exilio que todos pretenden cegar. Entiendo la sensaci贸n de ultraje, entiendo las injusticias que, de tan grandes, van transmiti茅ndose generaci贸n tras generaci贸n, como si fuesen apodos o formas de mirar el paisaje. C贸mo no entenderlo. Pero鈥 驴la a帽oranza? No s茅. 驴Es posible echar de menos aquello que nunca se tuvo, algo de lo que solo sabemos por recuerdos de nuestros mayores, por historias que casi (casi) juguetean con el mito? Elin responde. Ella lo tiene claro. 芦S铆, es posible. Creo que tenemos que llorar. Saber qui茅nes somos y c贸mo continuar desde el lugar en el que nos pusieron quienes no eran nosotros. El duelo es, en realidad, sentimiento familiar en muchos pueblos ind铆genas. Para sanar, para descolonizar sus culturas鈥 Pero es importante que no nos quedemos atrapados en el duelo. Hay muchas cosas que arreglar para que vivamos como samis. Muchas cosas que recuperar. El idioma. Nuestra historia. Tambi茅n decir adi贸s a otras monta帽as y hola a nuevos lugares. Aprender sus historias y sus nombres. No puedes simplemente llorar, me dijo un anciano cuando le pregunt茅 sobre esto. No puedes simplemente llorar. Esa no es una forma de vida禄.





Fuente: Anred.org