March 7, 2021
De parte de ANRed
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Roberto R铆os tiene 44 a帽os, es santiague帽o, actualmente reside en Ceres (Santa Fe); se desempe帽贸 como pe贸n rural por espacio de 9 a帽os, en donde la aplicaci贸n de agroqu铆micos fue su actividad central. 鈥淟legu茅 a trabajar 18 horas y a pesar 40 kilos, el modelo agroindustrial casi acaba con mi vida鈥, relat贸 en una imperdible charla. Por Alejandro Maidana para Conclusi贸n.


Hist贸ricamente, la violencia en el campo ha sido causada por la enorme concentraci贸n de la tierra. Adem谩s de centenas de asesinatos de trabajadores rurales, el monopolio de la tierra genera pobreza, desempleo, exclusi贸n social, como as铆 tambi茅n la preservaci贸n del poder de las oligarqu铆as rurales que buscan perpetuar la estructura colonial en el pa铆s.

La tierra en pocas manos: el poder repartido en un pu帽ado de personas que manipulan la necesidad imperiosa de trabajo, transformando a la misma en un sendero propicio para la explotaci贸n humana. Una realidad tan espinosa como deleznable, que suele ser corrida hacia los m谩rgenes de una historia escrita con la pluma hegem贸nica de los miserables, deshumanizados, multiplicadores de la desaz贸n.

En un campo de Villa Alpina, en la desigual Santiago del Estero, la humanidad de Roberto R铆os se fundir铆a en poco de menos de una d茅cada, producto de una actividad tan esclavista como envenenadora. Seg煤n la ONU, Santiago es la provincia menos desarrollada del pa铆s, presentando los m谩s 鈥渂ajos niveles de inclusi贸n social en t茅rminos de pobreza relativa, empleo formal e informal, salud y educaci贸n鈥.

Este valiente ex trabajador rural. quien decidi贸 romper los alambrados del miedo, comenzar铆a a transitar un nuevo camino (ese que se allana desde la dignidad) el d铆a que su salud comenz贸 a deteriorarse. Fue banderillero, conductor de un tractor que llevaba consigo una m谩quina de arrastre (fumigadora) y todo aquello que sus patrones necesitaban de 茅l para abrazar sus rindes. Pero, 驴cu谩nto resiste un cuerpo?

Con la intenci贸n de seguir haciendo docencia en materia de testimonios en primera persona, Conclusi贸n pudo acceder a una invalorable charla con Roberto R铆os, el mismo que abandon贸 la pilcha de pe贸n rural para convertirse en eso que el agronegocio detesta. 鈥淓n ese campo me toc贸 hacer de todo, incluso hasta llegu茅 a diagramar los planos, arranqu茅 con las tareas t铆picas de un pe贸n, hasta que la constante manipulaci贸n de agroqu铆micos me deterior贸 la salud de una manera impactante鈥.

En el a帽o 2000, Roberto ingresar铆a a trabajar en el campo mencionado, un todo terreno que terminar铆a encarg谩ndose de todo lo concerniente a la actividad en cuesti贸n. 鈥淪i bien conoc铆a que se trataba de venenos, la necesidad de estabilidad laboral en una provincia tan compleja como la santiague帽a, me empuj贸 a exponerme. Utilic茅 todo tipo de qu铆micos, del menos al m谩s violento, recuerdo una fumigaci贸n con Paraquat que sent铆a que se me quebraba la garganta, ya que los venenos ingresaban por el habit谩culo del tractor鈥, sostuvo R铆os.

Con el tiempo perdi贸 al apetito, las n谩useas y los v贸mitos comenzar铆an a imponerse junto a la p茅rdida de peso. Sus patrones le atribuyeron sus dolencias una cuesti贸n psicol贸gica, casi antojadiza, deslindando de esa manera responsabilidades en torno a los impactos de los venenos que se utilizaban en las aplicaciones. 鈥淭engo grabado en mi mente que en una de esas aplicaciones, en un d铆a de calor intenso, pude ver como ca铆an muertas varias palomas producto del agroqu铆mico que estaba utilizando. No hab铆a vestigio de vida alguna en ese campo, como en tantos otros de una provincia devastada por el agronegocio, las presiones del latifundio, las amenazas y las muertes鈥.

En una oportunidad, y mientras limpiaba el tanque que hab铆a contenido minutos antes agrot贸xicos, R铆os sostuvo que lleg贸 a aplicar miles de litros en un solo d铆a, se descompens贸 y perdi贸 el conocimiento. 鈥淎s铆 fue como estuve internado una semana, solo conectado a suero. Quienes me empleaban, me trataban de loco, nada m谩s alejado de la realidad. Fue tanto el impacto que sufri贸 mi salud por acci贸n de los venenos, que llegu茅 a pesar 40 kilos, la mitad de mi peso en condiciones normales鈥.

El equipo de protecci贸n que utilizaba -que, de hecho, no serv铆a absolutamente para nada- fue comprado por R铆os: el INTA no lo inclu铆a en su programa de fumigaciones. 鈥淓l sistema pol铆tico, econ贸mico y por ende empresarial, funciona para que el envenenamiento siga su curso sin sufrir ning煤n tipo de complicaciones. El aparato de encubrimiento y desinformaci贸n es feroz, cuando uno emprende esta lucha lo hace generalmente en una pavorosa soledad, sufriendo amenazas de todo tipo鈥.

Un intenso peregrinar lo depositar铆a a Roberto R铆os en la ciudad de Rosario, debido a que su madre estaba llevando adelante un tratamiento gastroenterol贸gico. De esa manera, en 2010 ser铆a el Hospital Centenario de nuestra ciudad qui茅n le brind贸 atenci贸n m茅dica. 鈥淟legu茅 en un estado deplorable, tem铆a por mi vida, pesaba solo 40 kilos y ten铆a el es贸fago colapsado, al igual que el h铆gado y los ri帽ones, teniendo que superar varias operaciones. Por suerte hoy puedo narrar mi historia, al igual que pudo hacerlo el querido Fabi谩n Tomasi, si bien el destino ten铆a preparada otra cosa para 茅l鈥.

Duro es el camino en la resiliente b煤squeda de la verdad, y es all铆 donde las ciencias m茅dicas (no en su totalidad por suerte), le adeudan a la poblaci贸n, sinceridad y compromiso. 鈥淓l encubrimiento m茅dico sobre los impactos que generan los agrot贸xicos, es apabullante, en muchas oportunidades est谩n obligados a no admitir los mismos. Es por ello que estamos obligados a iniciar un camino espinoso, siendo quienes estuvimos en la primera l铆nea de la fumigaci贸n, los que sabemos con exactitud de la peligrosidad que refiere este modelo productivo envenenador, concentrador y expulsivo鈥.

En la actualidad Roberto R铆os se encuentra viviendo en Ceres, terru帽o perteneciente a la provincia de Santa Fe, all铆 reparte su vida entre la gastronom铆a, la oficina, y sus afectos familiares.  鈥淭ratamos de hacer docencia, apoyado en compa帽eras y compa帽eros que me han respaldado en este duro camino de enfrentar con la verdad a un poder descomunal. Tengo la dicha de haber podido participar en distintos documentales europeos, all铆 se toman en serio a esta problem谩tica que en nuestro pa铆s se busca minimizar debido a los furibundos intereses que toca. Necesitamos de otra agricultura, volver a producir sin venenos, como lo hac铆amos en el viejo campo, donde la biodiversidad a trav茅s de sus colores, sabores y olores nos deleitaban maravillosamente. Hoy, gracias a la producci贸n qu铆mica, la vida ha desaparecido completamente, no hay sapos, insectos, p谩jaros, 谩rboles, el modelo productivo actual detesta la vida, y de esa manera casi acaba con la m铆a鈥.

Fuente: Conclusi贸n





Fuente: Anred.org