October 27, 2021
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Lisa Fittko gu铆a a Walter Benjamin

El 26 de septiembre de 1940 Walter Benjamin se suicid贸 por sobredosis de morfina en una pensi贸n de Port Bou. Un evidente suicidio inducido. Por eso cabe preguntar: 驴Qui茅n mat贸 a Walter Benjamin? Pro memoria, y por si as铆 es posible saber qu茅 ocurri贸 con el manuscrito que portaba, cuya salvaci贸n le parec铆a m谩s importante que la de su propia vida. Los testimonios de Lisa Fittko y Henny Gurland permiten reconstruir aquel brutal episodio de la colaboraci贸n entre nazis y franquistas. Un episodio del que se han borrado las huellas: en el hermoso cementerio marino de Port Bou la tumba de Benjamin se ha esfumado y en el pueblo nadie recuerda nada, sin que falten algunas frustradas tentativas de la tradicional picaresca espa帽ola. Un aura de misterio sigue rodeando la muerte de Benjamin en Port Bou, pero puede y debe esclarecerse.

Cumplo, por fin, la promesa de escribir la historia. La gente sigue pidi茅ndome que describa exactamente la forma en que鈥

Recuerdo todo lo que pas贸, as铆 lo creo. Es decir, recuerdo los hechos. Pero, 驴puedo revivir aquellos d铆as? 驴Es posible retroceder y penetrar en aquellos tiempos en que no hab铆a lugar para recordar lo que era la vida normal, aquellos d铆as en que ten铆amos que adaptarnos al caos y luchar por sobrevivir鈥?

La distancia de los a帽os 鈥搖na cuarentena鈥 le ha dado una perspectiva a los acontecimientos, opinan muchos. Me parece, sin embargo, que esta perspectiva con pretensiones de comprensi贸n f谩cilmente se vuelve una simple visi贸n desde atr谩s, reformando aquello que鈥 Contra esta trampa, 驴c贸mo poner en orden mis recuerdos? Y 驴por d贸nde empezar?

25 de septiembre de 1940
Port-Vendres (Pirineos Orientales), Francia.

Me recuerdo despert谩ndome en la habitaci贸n estrecha de bajo techo donde algunas horas antes hab铆a ido a dormir. Alguien llamaba a la puerta, pero no era la chica. Me frot茅 los ojos medio cerrados. Se trataba de uno de nuestros amigos: Walter Benjamin, uno de los que huyeron hacia Marsella cuando los alemanes ocuparon Francia. 芦Viejo Benjamin禄, sol铆a decir yo refiri茅ndome a 茅l sin saber exactamente por qu茅 鈥搕en铆a 48 a帽os鈥. 驴Qu茅 hac铆a ahora aqu铆?

芦Respetable se帽ora 鈥抎ijo鈥, por favor, acepte mis disculpas por esta molestia禄. El mundo hab铆a quedado trastocado, pensaba yo, pero no la cortes铆a de Benjamin. 芦Su se帽or esposo 鈥抪rosigui贸鈥, me indic贸 c贸mo encontrarla. Me dijo que usted podr铆a conducirme a Espa帽a a trav茅s de la frontera禄. 驴Qu茅 dijo? Oh bien, s铆, mi se帽or esposo 鈥搈i marido鈥 habr谩 dicho eso. Supondr谩 que puedo hacerlo, lo que sea.

Benjamin se qued贸 parado ante la puerta abierta; entre la cama y el pasillo no hab铆a sitio para una segunda persona. Le suger铆 enseguida que me esperara en el bistrot de la calle del pueblo. Desde el bistrot nos fuimos a dar un paseo, de modo que pudi茅ramos hablar sin ser escuchados.  Le expliqu茅 que, aunque mi marido no lo sabe, desde mi llegada a la zona fronteriza la semana pasada he encontrado un modo seguro de cruzar la frontera. Un d铆a baj茅 al puerto para hablar con alguno de los obreros portuarios. Uno de ellos me invit贸 al local del Sindicato donde me pusieron en contacto con el se帽or Az茅ma: alcalde de Banyuls-sur-Mer, un pueblo cercano. Era el hombre que, seg煤n hab铆a o铆do en Marsella, podr铆a ayudarme a encontrar un camino seguro para aquellos de nuestra familia y amigos que estuvieran dispuestos a pasar al otro lado. Se trataba de un viejo socialista de los que hab铆an ayudado a la Rep煤blica espa帽ola pasando desesperadamente la frontera con los m茅dicos, medicinas y enfermeros necesarios durante la Guerra Civil espa帽ola. 芦Una grata persona, el alcalde Az茅ma禄, le coment茅 a Benjamin. Se hab铆a pasado horas conmigo preparando cada detalle. Por desgracia, el famoso camino a trav茅s del muro del cementerio de Cerb猫re estaba cerrado. Hab铆a sido un camino absolutamente seguro y gran n煤mero de refugiados lo hab铆an usado durante meses, pero ahora estaba fuertemente vigilado por los gardes mobiles. Sin duda por orden de la Comisi贸n Alemana. Seg煤n el alcalde, el 煤nico punto realmente seguro era 芦la Route Lister禄. Ello significaba que tendr铆amos que cruzar los Pirineos m谩s al oeste, a gran altura, haciendo una gran ascensi贸n.

芦Est谩 bien 鈥抍ontest贸 Benjamin鈥, ser谩 tan largo como seguro. Yo tengo dificultades card铆acas 鈥抍ontinu贸鈥, y tendr茅 que ir despacio. Tambi茅n hay dos personas que me acompa帽an desde Marsella y que necesitan pasar la frontera: la Sra. Gurland y su hijo. 驴Los llevar谩 usted?禄

Seguro, seguro. 芦Pero, Sr. Benjamin, comprenda usted que yo no soy una gu铆a competente en esta regi贸n, que no conozco los caminos y que nunca los he recorrido por mi cuenta鈥 Tengo un trozo de papel con unas indicaciones a l谩piz, un mapa del camino hecho de memoria donde est谩n descritos algunos de los detalles de las vueltas que hay que dar: una caba帽a a la izquierda, una explanada con siete pinos que hay que bordear por la derecha, porque si no saldr铆amos demasiado al norte, hasta los vi帽edos que conducen al cerro en este punto a la derecha. 驴Quiere a煤n correr el riesgo?禄

芦S铆禄, dijo sin vacilar. 芦El riesgo real ser铆a no ir禄. Dicho sea de paso, recuerdo que 茅ste no era el primer intento de Benjamin para salir de la trampa, imposible de olvidar para cualquiera que conozca los anteriores. La atm贸sfera apocal铆ptica de Marsella en 1940 produjo historias absurdas de huidas frustradas: planes sobre barcos fant谩sticos y capitanes legendarios, visados para pa铆ses inexistentes en el mapa y pasaportes de pa铆ses que hab铆an dejado de existir. Uno se acostumbraba a aprender en el Daily Grapevine [boca a oreja] que estos planes quim茅ricos podr铆an seguir el destino de un castillo de naipes. 脡ramos capaces de re铆rnos 鈥搕en铆amos que re铆rnos鈥 del lado c贸mico de algunas de aquellas tragedias. La risa era irresistible cuando el Dr. Fritz Fraenkel 鈥抎e constituci贸n endeble y melena gris鈥 y su amigo Walter Benjamin 鈥抍on su cabeza de escolar sensible y ojos pensativos tras las gafas鈥 se ve铆an obligados a disfrazarse de marineros franceses para colarse de contrabando en un barco de carga. No llegaban muy lejos.

No obstante, pod铆an continuar intentando huir, por suerte, dado el estado general de confusi贸n.

Intentar铆amos ver al alcalde Az茅ma una vez m谩s, esta vez juntos, de forma que pudi茅ramos memorizar cada detalle. Avis茅 a mi cu帽ada 鈥揺lla, el ni帽o y yo pens谩bamos cruzar la frontera e ir a Portugal la semana siguiente鈥 y sal铆 con Benjamin hacia Banyuls.

Aqu铆 tengo un lapsus de memoria. 驴Nos atrevimos a tomar el tren, a pesar de los constantes controles fronterizos? Tuvimos que haber andado 6 u 8 kil贸metros desde Port-Vendres por la senda rocosa que ahora me era familiar. Recuerdo haber encontrado al alcalde en su despacho; recuerdo c贸mo miraba hacia la puerta y repet铆a sus instrucciones, contestando a nuestras preguntas.

Dos d铆as m谩s tarde, despu茅s de que el alcalde nos dibujase el plano de la carretera, nos asomamos a la ventana y Benjamin tom贸 nota de las direcciones: la explanada de los siete pinos y algunas colinas a las que tendr铆amos que subir. 芦Sobre el papel parece un paseo f谩cil 鈥抍oment茅鈥, pero me temo que tengamos que atravesar alturas pirenaicas鈥β. Se ri贸: 芦Eso es en Espa帽a, al otro lado de las monta帽as禄.

Entonces, el alcalde sugiri贸 dar un paseo aquel atardecer y recorrer la primera parte de la ruta para probar si pod铆amos encontrar nuestro camino. 芦T煤 subes hasta este claro禄, dijo se帽alando el plano. 芦Luego vuelves y lo verificas conmigo. Pasas la noche en la fonda y ma帽ana por la ma帽ana, a eso de las cinco cuando a煤n est谩 oscuro y la gente se va hacia sus vi帽edos, haces otra vez todo el camino hasta la frontera espa帽ola禄. Benjamin pregunt贸 por la distancia hasta la explanada. 芦Menos de una hora鈥 bien, en realidad no m谩s de dos horas. Un bonito paseo禄. Nos despedimos con un apret贸n de manos: 芦Je vous remercie infiniment, Monsieur le Maire禄, o铆 decir a Benjamin. Pude escuchar claramente su voz.

Fuimos a ver a sus compa帽eros, que esperaban en la fonda y les explicamos nuestro plan. Me pareci贸 que cooperar铆an sin quejarse, contra lo que yo me tem铆a, en una situaci贸n tan cr铆tica. Caminamos tranquilamente, como turistas que disfrutan del panorama. Me di cuenta que Benjamin portaba una maleta de grandes dimensiones que hab铆a recogido cuando nos paramos en la posada. Parec铆a pesada y le ofrec铆 mi ayuda para llevarla. 芦Es mi nuevo manuscrito禄, me explic贸. 芦Pero, 驴por qu茅 la trae?禄. 芦Comprenda que esta maleta es lo m谩s importante para m铆 鈥抷 a帽adi贸鈥 no puedo arriesgarme a perderla. Es el manuscrito lo que debe ser salvado. Es m谩s importante que yo mismo禄.

Esta expedici贸n no iba a ser f谩cil, pens茅. Walter Benjamin y sus caminos retorcidos. Justo como es 茅l. Cuando intentaba pasar por marinero en el puerto de Marsella, 驴habr铆a ido con la maleta?

Mejor ser铆a pensar en el camino, me dije a m铆 misma, e intentar descifrar las indicaciones de Az茅ma en el peque帽o plano. Aqu铆 estaba el cobertizo vac铆o que el alcalde hab铆a mencionado; no nos hab铆amos perdido鈥 por ahora. Luego encontramos el sendero con una ligera curva hacia la izquierda. Y la gran roca que hab铆a descrito. 隆Una explanada! Esa tiene que ser. Lo hab铆amos conseguido, despu茅s de casi tres horas.

Seg煤n lo se帽alado por Az茅ma, esto significaba s贸lo la tercera parte del camino. No lo recuerdo como si hubiera sido dif铆cil. Nos sentamos y descansamos un rato. Benjamin se tumb贸 sobre la hierba y cerr贸 los ojos; yo pensaba que debi贸 haber sido fatigoso para 茅l. Est谩bamos preparados para emprender el descenso de vuelta, pero 茅l no se levant贸. 芦驴Est谩 listo?禄, le pregunt茅. 芦Estoy bien 鈥抍ontest贸鈥, vosotros tres vais delante禄.

芦驴Y usted?禄.

芦Yo me quedo. Voy a pasar la noche aqu铆 y vosotros os reun铆s conmigo por la ma帽ana禄.

Esto era peor de lo que yo esperaba. 驴Qu茅 hacer ahora? Todo lo que pod铆a hacer era razonar con 茅l. La zona era agreste y monta帽osa, donde podr铆an aparecer animales peligrosos. Con certeza sab铆a que all铆 exist铆an toros salvajes. Est谩bamos a finales de septiembre y no ten铆a nada con que cubrirse. En los alrededores merodeaban contrabandistas, y qui茅n sabe lo que podr铆an hacer con 茅l. No ten铆a nada que comer ni beber. En cualquier caso, era insano. Respondi贸 que su decisi贸n de pasar la noche en la explanada era irrevocable, al estar basada en un razonamiento muy simple. El objetivo era cruzar la frontera, de modo que ni 茅l ni su manuscrito cayeran en manos de la Gestapo. Hab铆a alcanzado la tercera parte de este objetivo. Si ten铆a que volver al pueblo y repetir ma帽ana todo el camino, su coraz贸n probablemente no lo aguantar铆a. Ergo, se quedaba.

Me sent茅 otra vez y dije: 芦Entonces yo tambi茅n me quedo禄.

Sonri贸. 芦驴Desea usted defenderme de sus toros salvajes, estimada se帽ora?禄.

Mi estancia no ser铆a razonable, explic贸 tranquilamente. Era esencial que hiciera las comprobaciones con Az茅ma y que descansara esa noche. S贸lo entonces ser铆a capaz de guiar a los Gurland antes del amanecer sin errores ni retrasos, para llegar a la frontera. Naturalmente que ya sab铆a eso. Adem谩s, ten铆a que conseguir algo de pan sin la cartilla de racionamiento, y quiz谩 algunos tomates y suced谩neo de mermelada en el mercado negro para poder caminar durante el d铆a. Supongo que s贸lo intentaba asustar a Benjamin para que abandonase su idea pero, naturalmente, no funcion贸.

Durante el descenso quer铆a concentrarme en el sendero para poder encontrar el camino en la oscuridad de la ma帽ana siguiente. Pero la cabeza se negaba: 茅l no deb铆a quedar s贸lo all铆, es un error鈥 驴Lo hab铆a planeado as铆 durante el camino? 驴O el paseo le hab铆a extenuado de tal modo que decidi贸 quedarse s贸lo una vez que llegamos?  Pero all铆 estaba la pesada maleta que no hab铆a soltado durante todo el camino. 驴Permanec铆a intacto su instinto de conservaci贸n? En caso de peligro, 驴qu茅 le aconsejar铆a hacer su peculiar forma de razonamiento

Durante el invierno, antes de la capitulaci贸n de Francia, mi marido y Benjamin hab铆an estado juntos en uno de los campos donde el Gobierno Franc茅s encarcelaba a los refugiados de la Alemania Nazi. Fue en el Campo de Vernuche, cerca de Nevers. En una de sus conversaciones, Benjamin, fumador empedernido, declar贸 que hab铆a dejado de fumar hac铆a pocos d铆as. Era angustioso, a帽adi贸. 芦Tiempos duros禄, le dijo Hans. Observando la incapacidad de Benjamin para 芦tratar las adversidades superficiales de la vida, que a veces se presentan鈥β (Walter Benjamin. Cartas 1) 鈥揺n Vernuche todo eran adversidades鈥 Hans se hab铆a acostumbrado a ayudarle en los problemas. Cuando quer铆a demostrarle a Benjamin que en lo que se refiere a tolerar crisis y mantener el equilibrio s铆quico, la regla fundamental era conseguir satisfacciones evitando las privaciones, Benjamin respond铆a: 芦S贸lo puedo soportar las condiciones de vida en el campo si me siento obligado a sumergir la mente totalmente en un esfuerzo. Dejar de fumar requiere ese esfuerzo y, por tanto, ser谩 lo que me salve禄.

A la ma帽ana siguiente parec铆a que todo iba a ir bien. El peligro de ser vistos por la polic铆a o por los guardias fue m谩ximo cuando abandonamos el pueblo y empezamos a subir por la colina. Az茅ma hab铆a insistido: la salida, antes del amanecer; mezclarse con los vendimiadores en la subida; no llevar nada, excepto una 鈥榤usette鈥; no hablar. De este modo, las patrullas no nos podr铆an distinguir de los habitantes del pueblo. La se帽ora Gurland y su hijo, a los que hab铆a explicado estas normas, las siguieron cuidadosamente y yo no tuve problemas para encontrar el camino.

Cuanto m谩s nos acerc谩bamos a la explanada, mayor era la tensi贸n que sent铆a. 驴Estar铆a Benjamin all铆? 驴Estar谩 vivo? Mi imaginaci贸n comenz贸 a girar como un calidoscopio.

Por fin. Aqu铆 est谩 la explanada. Aqu铆 est谩 el viejo Benjamin. Vivo. Se levant贸 y nos mir贸 amistosamente. Entonces me sorprendi贸 su cara, 驴qu茅 hab铆a pasado? Esas manchas color p煤rpura oscuro bajo sus ojos, 驴podr铆an ser s铆ntomas de un ataque al coraz贸n?

Intuy贸 por qu茅 lo miraba. Quit谩ndose las gafas y limpi谩ndose la cara con un pa帽uelo, coment贸: 芦Oh, esto. El roc铆o de la ma帽ana, ya sabe. Lo que se forma en la montura de las gafas, 驴ve? Se mancha al humedecerse禄.

Mi coraz贸n ces贸 de latir en mi garganta, para deslizarse otra vez al lugar que le correspond铆a.

Desde aqu铆, el ascenso fue m谩s empinado. Entonces, comenzamos a dudar repetidamente sobre la direcci贸n que deb铆amos seguir. Me sorprendi贸 que Benjamin fuera capaz de comprender su peque帽o mapa y ayudarme a orientarnos para tomar el camino correcto.

La palabra 芦camino禄 se volv铆a a cada paso m谩s simb贸lica. Se trataba de trechos de una senda dif铆cilmente reconocible entre las piedras, luego el vi帽edo en pendiente que nunca olvidar茅. Pero primero explicar茅 lo que hac铆a tan segura esta ruta.

Siguiendo el ascenso inicial, el camino corr铆a paralelo a la bien  conocida carretera 芦oficial禄, a lo largo de la cumbre de la cadena monta帽osa que era realmente transitable. 芦Nuestra禄 carretera 鈥抣a 芦Route Lister禄 y un viejo, viejo sendero de contrabandistas鈥 corr铆a por debajo y, a veces, metido por dentro de barrancos, fuera del campo visual de los guardias de fronteras franceses que patrullaban en lo alto. En algunos puntos, los dos caminos se aproximaban tanto que ten铆amos que guardar silencio.

Benjamin caminaba despacio y uniformemente. Por intervalos regulares 鈥抋proximadamente cada 10 minutos鈥 se paraba y descansaba durante un minuto. Luego continuaba con el mismo ritmo estudiado. Lo hab铆a calculado y preparado durante la noche,  seg煤n me confes贸: 芦Con este ritmo ser茅 capaz de llegar hasta el final. Me paro en intervalos  regulares, tengo que pararme antes de caer exhausto. As铆 no llegues nunca al agotamiento禄.

隆Qu茅 hombre tan extra帽o! Una mente clara como el cristal, una gran energ铆a interior.

Walter Benjamin escribi贸 una vez que la naturaleza de esta energ铆a es 芦la paciencia, no superada por nada禄 (en Agesilaus Santander). Leyendo esto a帽os m谩s tarde, lo ve铆a otra vez andando lentamente, sereno, a lo largo del camino, y este contraste hac铆a olvidar algunas de sus absurdidades.

Yo y el hijo de la se帽ora Gurland, Jos茅 鈥抭ue ten铆a alrededor de 15 a帽os鈥 organizamos turnos para llevar la maleta negra que era terriblemente pesada. Pero 鈥抮epito鈥 todos mostr谩bamos buen humor. A veces, casualmente habl谩bamos sobre temas que giraban en torno a las necesidades del momento. Pero la mayor parte del tiempo permanec铆amos silenciosos, vigilando el camino.

Hoy, cuando Walter Benjamin es considerado uno de los maestros y cr铆ticos de nuestro siglo, se me pregunta con frecuencia 驴qu茅 dec铆a sobre el manuscrito? 驴Discut铆a el contenido? 驴Desarrollar铆a un nuevo concepto filos贸fico?

Dios m铆o, yo ten铆a suficiente conduciendo mi peque帽o grupo hacia arriba; la filosof铆a quedaba lejos, hasta que alcanz谩semos la otra cara de la monta帽a. 驴Qu茅 importaba ahora, sino salvar a unas  personas de los Nazis? Y aqu铆 estaba yo con este komischer Kauz, ce dr么le de type, este curioso exc茅ntrico. Viejo Benjamin: en otras circunstancias no partir铆a con su equipaje, la maleta negra; pero ten铆amos que burlar al monstruo a trav茅s de las monta帽as.

Vuelvo a los vi帽edos en cuesta. No hab铆a sendero. Escalamos entre las vides cargadas con las uvas dulces, oscuras y casi  maduras de Banyuls. Yo las recuerdo con una inclinaci贸n casi vertical, pero algunas memorias, a veces, distorsionan la geometr铆a. Aqu铆 vacil贸 Benjamin por primera y 煤ltima vez. Con m谩s precisi贸n, se esforz贸, cedi贸 y formalmente se dio cuenta de que aquella pendiente estaba por encima de sus posibilidades. Jos茅 y yo lo cogimos entre los dos con sus brazos sobre nuestros hombros y le llevamos 鈥抋 茅l y la maleta鈥 cuesta arriba. Respiraba pesadamente, pero no se quejaba, por lo que ve铆amos. S贸lo de reojo miraba hacia la maleta negra

Despu茅s de los vi帽edos, hicimos un alto en una estrecha ladera 鈥抏l mismo escenario donde conocimos a nuestros griegos unas semanas m谩s tarde鈥. Pero esa es otra historia. El sol estaba lo  bastante alto como para calentarnos, de modo que deb铆an haber pasado entre 4 y 5 horas desde que emprendimos la marcha. Probamos algo de la comida que yo hab铆a tra铆do en mi musette, pero nadie comi贸 mucho. Nuestros est贸magos hab铆an encogido durante los 煤ltimos meses 鈥抪rimero los campos de concentraci贸n, luego el ca贸tico refugio鈥 鈥la pagaille鈥, o el Caos Total. Una naci贸n en marcha, movi茅ndose hacia el sur; a sus espaldas, pueblos vac铆os y ciudades fantasmas, inanimadas, mudas, hasta que el estruendo de los tanques alemanes romp铆a el silencio. Pero 鈥抩tra vez鈥 esa es otra historia, una historia muy larga.

Mientras est谩bamos parados, pens茅 que este camino a trav茅s de las monta帽as se hab铆a vuelto m谩s largo y dif铆cil de lo que supon铆amos por las descripciones del alcalde. Por otro lado, si uno se familiarizaba con el terreno y no ten铆a que transportar nada, y si  estaba en buena forma, pod铆a recorrerlo en mucho menos tiempo. Como suele pasar con la gente de las monta帽as, las ideas del se帽or Az茅ma sobre la distancia y el tiempo eran el谩sticas. 驴Cu谩ntas horas eran 芦unas horas禄 para 茅l?

Durante los meses de invierno que siguieron, cuando cruz谩bamos la frontera por este paso dos y hasta tres veces semanalmente, pensaba con frecuencia en la autodisciplina de Benjamin. Pensaba en 茅l cuando la Sra. R. se pon铆a a gimotear en medio de las monta帽as: 芦鈥 no tiene una manzana para m铆鈥 quiero una manzana鈥β, y cuando la se帽orita Mueller ten铆a un ataque s煤bito de gritos (yo lo llamaba 芦acrodementia禄), y cuando el Dr. H. valoraba su abrigo de piel por encima de su seguridad (y la nuestra). Otra vez se trata de historias diferentes鈥

En aquel momento yo estaba sentada sobre los Pirineos, comiendo un trozo de pan obtenido con billetes de racionamiento falsos, y Benjamin ped铆a tomates: 芦Con su permiso, 驴puedo鈥?禄 El bueno del viejo Benjamin y su ceremoniosa cortes铆a de castellano.

De repente comprend铆 que lo que hab铆a estado contemplando amodorrada era un esqueleto, blanqueado por el sol. 驴Quiz谩 una cabra? Sobre nosotros, en el cielo azul sure帽o, dos grandes p谩jaros negros volaban en c铆rculo. Deb铆an ser buitres. Me pregunto lo que esperan de nosotros鈥 Qu茅 raro, pens茅, usualmente no suelo ser tan flem谩tica en lo que respecta a esqueletos y buitres.

Nos levantamos y reanudamos la marcha. Ahora el camino comenzaba a ser razonablemente recto, ascendiendo muy ligeramente. Estaba lleno de baches, y para Benjamin debi贸 ser duro. Despu茅s de todo, estaba en marcha desde las siete. Su caminar se hac铆a m谩s lento y sus pausas m谩s largas, pero siempre en intervalos regulares, observando su reloj. Parec铆a quedarse absorto cronometr谩ndose a s铆 mismo.

Luego alcanzamos la c煤spide. Yo iba delante y par茅 para mirar alrededor. La vista se aparec铆a tan de repente que por un momento me asombr贸, como un espejismo. M谩s abajo, de donde ven铆amos, reaparec铆a el Mediterr谩neo. Al otro lado, m谩s all谩, acantilados escarpados y, 驴otro mar? Naturalmente, la costa espa帽ola. Dos mundos azules. A nuestras espaldas, al norte, el Roussillon catal谩n. Al fondo, lejana, La C么te Vermeille, la tierra oto帽al con cientos de sombras color bermell贸n. Qued茅 boquiabierta; nunca hab铆a visto nada tan hermoso.

Supe que ahora est谩bamos en Espa帽a y que, siguiendo el camino,  bajar铆amos directos hasta llegar al pueblo. Ahora sab铆a que tendr铆a que dar la vuelta. Los otros ten铆an los papeles y visados necesarios, pero yo no pod铆a arriesgarme a ser cazada en suelo espa帽ol. Pero no, no pod铆a abandonar el grupo a s铆 mismo, no ahora. Un peque帽o trecho鈥 Anotando en un papel los detalles que me devuelve la memoria de esta primera vez que cruc茅 la frontera por la 芦Route Lister禄, una imagen nebulosa cubre todo aquello que he pasado estos a帽os. Tres mujeres 鈥抋 dos de ellas las conoc铆a vagamente鈥 cruzaron nuestro camino. Confusamente, nos veo all铆 hablando por un rato. Hab铆an llegado por otro camino y continuaron por separado hacia el lado espa帽ol. Nuestro encuentro no me sorprendi贸 ni me impresion贸 particularmente, puesto que muchas personas estaban intentando huir a trav茅s de las monta帽as.

Pasamos cerca de un charco. El agua estaba sucia, verdosa y apestaba. Benjamin se arrodill贸 para beber.

芦No puede beber de ese agua 鈥抎ije鈥, est谩 sucia y seguramente contaminada禄. La botella de agua que yo tra铆a se hab铆a vaciado, pero hasta ahora no hab铆a mencionado que estuviera sediento. 芦Debo disculparme 鈥抎ijo Benjamin鈥, pero no tengo alternativa. Si no bebo, no ser茅 capaz de continuar hasta el final禄. Inclin贸 la cabeza hacia el charco.

芦Esc煤cheme 鈥抣e dije鈥. 驴Quiere esperar un momento y atenderme? Casi hemos llegado. Pero beber ese lodo es impensable.  Coger铆a el tifus鈥β

芦Es verdad, puede ser. Pero comprenda que lo peor que puede ocurrir es que muera de tifus鈥 DESPU脡S DE cruzar la frontera. La Gestapo no podr谩 atraparme y el manuscrito estar谩 a salvo. Disc煤lpeme禄.

Bebi贸.

El sendero descend铆a ahora en una suave pendiente. Ser铆an   alrededor de las dos de la tarde, cuando dejamos atr谩s la pared rocosa y, en el valle, contempl茅 el pueblo, muy pr贸ximo.

Texto publicado en el n潞 41 de la revista Quimera, septiembre de 1984. Traducci贸n de Enrique Acha.

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Fuente: Elviejotopo.com