November 30, 2021
De parte de Asociacion Germinal
339 puntos de vista


Por Diego Lotito y Roberto Bord贸n

Tras 9 d铆as de lucha, que incluyeron la represi贸n del Gobierno y una dura resistencia obrera, la huelga del metal de C谩diz culmin贸 en un acuerdo entre los sindicatos (UGT y CCOO) y la patronal. El acuerdo, cuestionado por las organizaciones del sindicalismo combativo y sectores de los trabajadores, lleg贸 en el momento que la huelga cosechaba m谩s solidaridad en todo el Estado y su ejemplo comenzaba a extenderse. No fue casualidad. Miles de trabajadores salieron al combate contra la precariedad, los abusos y el despotismo patronal, rompiendo un largo ciclo de pasividad social que sembr贸 temor en las altas esferas de poder. Ayudar a sacar lecciones del conflicto es un ejercicio clave para que la clase obrera recupere su capacidad de lucha y organizaci贸n independiente.

Vuelve la lucha de clases

鈥淗a habido miedo estos d铆as. Era necesario neutralizar la llama que prend铆a en C谩diz para alumbrar Espa帽a entera con la solidaridad obrera. As铆 que se han movido todos los resortes necesarios para mitigar la protesta. Han trabajado los enemigos muy duro, pero tambi茅n los colaboracionistas鈥. Con esta serie de acertadas afirmaciones comienza un inusual art铆culo de Antonio Maestre a prop贸sito del fin de la huelga del metal en C谩diz.

Efectivamente, ha habido miedo estos d铆as. Pasada la primera semana de huelga indefinida en C谩diz, los poderes f谩cticos del capitalismo espa帽ol comenzaron a temer. No era para menos. Los ataques de la derecha y el mainstream medi谩tico contra la huelga en los primeros d铆as, criminalizando a los obreros por 鈥渧iolentos鈥 para justificar la represi贸n, no surtieron efecto. Empezando por toda la poblaci贸n de C谩diz, que se volc贸 a apoyar la lucha sin condiciones. Pero el apoyo no s贸lo fue local. El impacto pol铆tico de la huelga ha sido enorme en el conjunto del Estado, generando muestras de solidaridad en todos los rincones del pa铆s. M谩s aun con las im谩genes de tanquetas militares y cientos de efectivos enviado por el Gobierno del PSOE y Unidas Podemos para reprimir la huelga en todos los telediarios.

A esta din谩mica del conflicto es necesario sumarle la crisis social, el aumento de los precios y una inflaci贸n que ya roza el 6% (algo que no se ve铆a hace treinta a帽os), la intensificaci贸n de la precariedad laboral, la persistencia del paro, y, sobre todo, el inicio de una incipiente oleada de huelgas obreras. En muchos casos por convenios vencidos, pero tambi茅n contra la precariedad, despidos arbitrarios y otras demandas. Un coctel verdaderamente explosivo.

鈥淓n cada huelga se esconde la hidra de la revoluci贸n鈥, escribi贸 Von Puttkamer, un militar reaccionario alem谩n. Es obvio que de la huelga del metal en C谩diz no iba a desencadenarse la revoluci贸n, pero su ejemplo pod铆a (y todav铆a puede) ser el catalizador de un inesperado invierno del descontento tras un largo per铆odo de pasividad (y pasivizaci贸n) del movimiento obrero. Por eso hab铆a que terminar con la huelga, del modo que fuera.

Sacar lecciones de este combate de clase no es un ejercicio acad茅mico ni period铆stico, sino una tarea pol铆tica para reflexionar sobre las condiciones en que puede darse la recomposici贸n subjetiva de la clase obrera, y para colaborar activamente con ello.

Los motivos profundos del conflicto

Las movilizaciones de los trabajadores gaditanos, al principio contra el cierre de Airbus Puerto Real en los primeros meses del a帽o y en la 煤ltima semana con jornadas de huelga en todo el sector del metal gaditano, han puesto sobre la mesa una serie de importantes demandas. Desde los reclamos por una renovaci贸n del Convenio sectorial del metal que actualice los salarios en un momento en el que la inflaci贸n golpea el poder adquisitivo de los trabajadores, hasta la pelea contra los intentos de aumentar la jornada laboral por parte de la patronal o, como marca el ejemplo de Airbus, evitar la destrucci贸n de empleo que conllevan los cierres de centros de trabajo y la desaparici贸n de la industria auxiliar.

La huelga del metal despert贸 desde el inicio una gran simpat铆a en la poblaci贸n gaditana. No s贸lo por el n煤mero de trabajadores que fueron convocados, alrededor de 30.000, con lo que casi no hab铆a vecino o vecina que tuviera un pariente o conocido en la huelga. Sino porque su lucha condensaba un malestar general en la provincia andaluza en la que la precariedad y el paro son el pan de cada d铆a.

Con cifras del paro de m谩s de un 25% en la mayor铆a de los municipios, llegando a 34% en municipios como la L铆nea de la Concepci贸n, el combate por la defensa de los puestos de trabajo y mejores condiciones en la industria del metal es sentido como la lucha por el futuro de toda la poblaci贸n. Con numerosas referencias a otros procesos de desindustralizaci贸n que ha sufrido la provincia durante varias d茅cadas y con un ejemplo reciente, el cierre de Airbus Puerto Real tras la traici贸n de CCOO y UGT, la poblaci贸n trabajadora se ve condenada a subsistir en trabajos precarios de una econom铆a de sector servicios o a sufrir altas tasas de paro cr贸nico. 鈥淣uestros hijos estudian mucho para poder irse fuera鈥, resum铆a un huelguista en los piquetes las perspectivas de futuro que maneja la poblaci贸n gaditana.

Los motivos formales de la convocatoria de las jornadas de huelga del d铆a 9 y 10 de noviembre, as铆 como la extensi贸n del conflicto a trav茅s del paso a una huelga indefinida el 16 de noviembre, estaban relacionados con la negociaci贸n salarial. Pero hab铆a razones de fondo para que la huelga alcanzase la magnitud que ha logrado. No s贸lo se trataba del convenio, sino del estallido de un sector donde se sufre una absoluta precariedad y donde la patronal hace y deshace a su antojo con impunidad.

Para comprender los motivos profundos de la huelga del metal de C谩diz es necesario partir del modelo de temporalidad imperante en el sector y sus efectos en la vida de los trabajadores y sus familias, condenados a la precariedad y a sufrir los abusos permanentes de la patronal. Tal es la situaci贸n que a pesar de ser la mayor铆a dentro de su propio sector (75% de los trabajadores son eventuales) no han tenido ni voz ni voto a lo largo de la negociaci贸n debido a la fuerte pol铆tica antisindical de las empresas y el rol de las burocracias sindicales que aprovechan la divisi贸n entre fijos y eventuales para sostener su poder.

Dicha temporalidad descansa en una extensi贸n a lo largo de d茅cadas de un modelo de subcontratas, en el que las empresas tractoras fueron reduciendo su plantilla fija alimentando toda una industria auxiliar donde el modelo de contrato es el de obra y servicio. Este modelo proporciona amplios beneficios a la patronal del sector, abaratando el coste de la mano de obra, ya sea porque el convenio del sector es peor que el de las grandes empresas como Airbus o Navantia o porque directamente no se cumple en la gran mayor铆a de casos. Como afirman distintos testimonios de trabajadores, no se trata de que no se cumpliese en los 煤ltimos a帽os, es que no se ha cumplido nunca.

Se producen de forma frecuente casos de obreros que terminan su vida laboral sin haber sido fijos en ning煤n momento. Acumulando una enorme cantidad de contratos de obra y servicio, por un salario real menor al fijado en el convenio, haciendo un n煤mero de horas extras por encima del l铆mite legal de forma habitual, pagadas normalmente en negro o con fraudes legales. 驴Pueden hacer algo frente a esto? Poco por lo que relatan los trabajadores, para empezar ni pueden participar normalmente en las elecciones sindicales, ya que no consiguen estar los seis meses necesarios en el mismo empleo que es el requisito para ejercer dicho derecho. Pero cualquier otro m茅todo de protesta tambi茅n queda descartado por el miedo a la represi贸n, la posibilidad de convertirse en 鈥渃ad谩veres laborales鈥 como dicen los propios trabajadores, sirve muchas veces para acallar cualquier tipo de protesta. Y es que las empresas de la provincia mantienen la pol铆tica de hacer listas negras de trabajadores, a los que simplemente no se les vuelve a contratar tras la finalizaci贸n de su contrato de obra y servicio, una forma legal de represi贸n antisindical que fuerza a veces a los activistas m谩s combativos a emigrar para sobrevivir expuls谩ndolos de forma efectiva de cualquier pelea.

Esta mezcla de temporalidad, abuso patronal y precariedad produjo un c贸ctel explosivo que termin贸 de estallar en el propio conflicto, donde los huelguistas combatieron lo que es en realidad el miedo de toda una provincia que sufre cada proceso de desindustralizaci贸n como un combate a vida o muerte por su futuro. Solo desde esta perspectiva podemos entender el gran seguimiento del conflicto -a pesar incluso del riesgo que conlleva hacerlo por la persecuci贸n antisindical de las empresas-, as铆 como de la radicalizaci贸n de los m茅todos de lucha y la capacidad de resistencia ante la represi贸n del Gobierno.

El combate y la represi贸n 鈥減rogresista鈥

Una de las grandes lecciones que nos ha dado la huelga de C谩diz es que los trabajadores han recuperado para el gran p煤blico m茅todos cl谩sicos de la lucha de clases. Si, como afirmaban los obreros gaditanos, ellos estaban acostumbrados por su propia tradici贸n y las ense帽anzas de sus mayores, a las barricadas y los piquetes, en los 煤ltimos a帽os muchos se encargaron de tratar que estas se olvidaran.

La prensa del establishment -y no solo ella-, sus periodistas a sueldo del capital y tertulianos de todo pelaje, se esforzaron en criminalizar desde el inicio la huelga de C谩diz y los m茅todos de lucha de los trabajadores. Pero no tuvieron 茅xito. Al contrario, fueron precisamente estas acciones las que permitieron a la huelga coger el impulso necesario para ser una inspiraci贸n para el resto de la clase obrera del Estado: el corte de v铆as de comunicaci贸n, el control del tr谩fico, los intentos de impedir que se mantenga la producci贸n, los piquetes y las barricadas para defenderse de la brutal represi贸n policial enviada por el Gobierno para sofocar la llama que prend铆a en tierras gaditanas.

La intensificaci贸n de la represi贸n, con el aumento de efectivos y hasta una tanqueta militar de la UIP, lejos de aplacar la lucha tuvieron como respuesta mayor combatividad y radicalizaci贸n. Sin embargo, las barricadas durante el conflicto no fueron m谩s que la reacci贸n defensiva ante una polic铆a que no dud贸 en atacar a los trabajadores para que la producci贸n continuase en puntos como Navantia San Fernando, donde la empresa presion贸 a los trabajadores para dar salida a una corbeta que deb铆a ser terminada a finales de mes.

Los combates no se redujeron a los pol铆gonos industriales, sino que como denunciaban muchos trabajadores, se extend铆an a sus propios barrios, con despliegues que parec铆an verdaderas ofensivas militares. La impunidad de las fuerzas represivas aliment贸 el sentimiento de rabia entre la poblaci贸n, especialmente ante incidentes como la polic铆a disparando cerca de colegios donde entraban menores de edad o con destrozos en los barrios.

El Gobierno utiliz贸 sus cartas para tratar de aplacar el conflicto. No s贸lo mediante el garrote de la represi贸n, sino tambi茅n mediante sus activos pol铆ticos a trav茅s de Unidas Podemos. As铆 Enrique Santiago, en su doble cargo de Secretario de Estado y Secretario general del Partido Comunista de Espa帽a, llam贸 a desmovilizar la huelga y confiar en un gobierno que acababa de apoyar el cierre de Airbus Puerto Real y mandaba a la polic铆a a apalear obreros. Al mismo tiempo, algunos diputados de Unidas Podemos jugaron a apoyar la movilizaci贸n, incluso aparecieron en alguna manifestaci贸n y en fotos con CCOO. Todo en un intento del neorreformismo de cuidar la imagen de su propio Gobierno, cuando estaba reprimiendo a los obreros como lo har铆a la derecha. Una verdadera operaci贸n pol铆tica que se fue desarrollando a lo largo de los d铆as, que buscaba especialmente proteger la figura de Yolanda D铆az, ministra de Trabajo y futura candidata del espacio neorreformista en las siguientes elecciones, ya desgastada por el fiasco de su 鈥渄erogaci贸n鈥 de la reforma laboral.

鈥淓n esta huelga se han mostrado nuevamente el papel clave de UP en el gobierno para frenar la represi贸n y hacer frente a los sectores m谩s socioliberales del PSOE. Tambi茅n se ha retratado las provocaciones de la derecha infiltrada en los aparatos policiales, a la maquinaria medi谩tica al servicio de la reacci贸n y la patronal, y tambi茅n el nefasto papel de determinadas organizaciones 鈥榠zquierdistas鈥, que solo buscan instrumentalizar todo conflicto social para hacerse publicidad, atacar a UP y al gobierno鈥, dice un ins贸lito art铆culo publicado en Mundo Obrero, 贸rgano del PCE.

Pero ninguna operaci贸n de prensa puede arreglar la dura imagen de una tanqueta en mitad de un barrio obrero y de la represi贸n policial que sufri贸 la poblaci贸n. 鈥淯na tanqueta de la UIP ha sido la otra protagonista de la respuesta a la movilizaci贸n. Una jodida tanqueta dirigida por el gobierno m谩s progresista de la historia para reprimir a los trabajadores de C谩diz鈥, escribe Antonio Maestre, con una sutil mezcla de indignaci贸n y decepci贸n.

El acuerdo

En la noche del mi茅rcoles 24 los representantes de CCOO y UGT y la patronal del Metal en C谩diz (FEMCA) firmaron un preacuerdo para renovar el Convenio colectivo del metal en la Provincia de C谩diz y poner fin a la huelga. El Convenio, caducado desde diciembre de 2020, afecta a las empresas auxiliares de Construcci贸n naval y aeron谩utica.

Aunque pas贸 desapercibido, el propio Gobierno se implic贸 en poner fin al conflicto con la intervenci贸n de la ministra de Industria y Turismo, Reyes Maroto, que apret贸 las tuercas a bur贸cratas y empresarios para que llegasen a un acuerdo lo m谩s r谩pido posible.

Los representantes de CCOO y UGT en la mesa de negociaci贸n presentaron el preacuerdo como un gran avance, en el que virtualmente se contemplan todas las reivindicaciones planteadas en relaci贸n al Convenio: la subida salarial vinculada a la variaci贸n de la inflaci贸n y garant铆as de los derechos del personal temporal. El preacuerdo asume una parte de esas reivindicaciones, es cierto. Pero globalmente, como explica claramente Juan Carrique en un art铆culo de Izquierda Diario, es un mal acuerdo. Veamos.

Por un lado, el 谩mbito temporal del Convenio es de tres a帽os, con expresa ultraactividad de dos a帽os (eso es, que despliegue efectos dos a帽os m谩s all谩 de la fecha de caducidad). Esto fue una concesi贸n a la patronal, ya que la petici贸n inicial de los sindicatos era de un a帽o para que este pudiera adecuarse al aumento de la inflaci贸n.

Por otro lado, los incrementos salariales para los a帽os 2021, 2022 y 2023, son presentados por los sindicatos como una gran conquista. En concreto, un 2% de aumento fijo, mas una subida variable de hasta el 80 % de la diferencia con el IPC real en cada a帽o de duraci贸n del Convenio. Sin bien esto representa un avance en relaci贸n a lo que quer铆a otorgar la patronal, se encuentran por detr谩s del aumento del IPC que ya en octubre alcanz贸 el 5%.

Sin embargo, el aspecto fundamental para valorar el acuerdo es otro: tiene que ver con la situaci贸n de los trabajadores temporales, que representan el 75% de las plantillas, es decir, m谩s de 15 mil trabajadores. El acuerdo dice que las empresas 鈥渢rataran de abonar鈥 a los eventuales las subidas, lo cual es una verdadera burla. Porque en la amplia mayor铆a de los casos, el contrato de los trabajadores eventuales finalizar谩 antes de que se haya calculado el IPC anual del a帽o en que han trabajado. Por ello no ver谩n ni un duro del incremento salarial por compensaci贸n de la inflaci贸n pactado por fuera del aumento fijo.

Para cubrirse las espaldas -tanto CCOO y UGT como la patronal-, el acuerdo establece una 鈥渃omisi贸n de seguimiento鈥 para controlar la temporalidad de las plantillas, el control de las jornadas y el pago de las horas extraordinarias, con invitaci贸n a la Inspecci贸n de Trabajo, la Tesorer铆a de la Seguridad Social y otros organismos p煤blicos. Es decir, una declaraci贸n diplom谩tica que reconoce la situaci贸n de absoluta precariedad que existe en el sector, pero no implica ning煤n tipo de medida que imponga a la patronal que se modifique. Y esto es as铆 porque implicar铆a modificar un verdadero sistema de superexplotaci贸n laboral en condiciones de precariedad inauditas, como las que denunciaban los trabajadores a la prensa durante la huelga.

Los representantes del sindicalismo de base presentes en el sector, como CGT, la Coordinadora de Trabajadores del Metal, o el SAT, rechazaron el acuerdo. No solo por su contenido, sino especialmente por el m茅todo mediante el cual fue ratificado. En un comunicado, la CGT asegur贸 que el acuerdo no s贸lo 鈥渆st谩 muy por debajo del IPC actual鈥, sino que se firm贸 鈥渆n el m谩s absoluto de los secretos鈥 y que 鈥渕ediante esta acci贸n, a espaldas de los trabajadores, se pretende desconvocar la huelga indefinida鈥.

CGT y la CTM apostaron por mantener la huelga los d铆as 25 y 26 de noviembre. Un sector de la base obrera quer铆a mantener la pelea. Sin embargo, este intento ha sido infructuoso.

La burocracia sindical, sus m茅todos y sus escribas

Hac铆a mucho tiempo que un conflicto obrero no daba lugar a un debate tan encendido como el que ha habido en los 煤ltimos d铆as sobre el rol de los sindicatos 鈥渕ayoritarios鈥, en gran parte porque hace rato que CCOO y UGT no se embarcaban en un conflicto m谩s o menos serio y con una repercusi贸n tan destacada como la huelga del metal de C谩diz. Desde la firma del acuerdo y las denuncias de sectores del sindicalismo alternativo, las voces defendiendo el rol de la burocracia sindical han comenzado a multiplicarse. Desde varios ministros del Gobierno, pasando por el Secretario General del PCE, hasta bur贸cratas de segundo orden de distintas latitudes del Estado, todos salieron a felicitar el acuerdo y pedir respeto por el papel jugado por los 鈥渞epresentantes electos鈥 de los trabajadores.

Uno de los principales defensores del acuerdo ha sido el inefable Daniel Bernab茅, verdadero prohombre de la burocracia (sindical y pol铆tica) de CCOO y el PCE. En un hilo de tuits Bernab茅 despleg贸 el argumentario de la burocracia, 鈥渄espu茅s de hablar con algunos sindicalistas del sector鈥, justificando el acuerdo, el rol de la burocracia y su sistema de representaci贸n, y ya de paso, aprovech贸 para lavarle un poco la cara al Gobierno.

鈥淪on los propios trabajadores los que han refrendado este acuerdo mayoritariamente empresa por empresa鈥 dice Bernab茅, defendiendo que CCOO y UGT son los sindicatos mayoritarios en el sector, como si el hecho de tener una mayor铆a fuera garant铆a de una pol铆tica justa. Pero esconde que esa es una mayor铆a ficticia y ama帽ada por el sistema dual que impera en el sector, en el que la mayor铆a de las plantillas ni tienen delegados y los trabajadores eventuales en muchos casos ni siquiera el derecho de sindicalizarse. Pero el prohombre de las burocracias no tiene problema en defender el mecanismo burocr谩tico de las 鈥渁sambleas de delegados sindicales鈥 que respaldaron el acuerdo, porque as铆 funcionan las cosas.

Por si faltaban canalladas en el argumentario, Bernab茅 tiene la desfachatez de acusar a los sectores del sindicalismo alternativo que planteaban la necesidad de mantener la huelga de querer llevar al 鈥渇racaso y la desmovilizaci贸n鈥. Un argumento t铆picamente estalinista muy parecido al que reza que uno le hace 鈥渆l juego a la derecha鈥 cuando cuestiona las pol铆ticas de derecha del Gobierno 鈥減rogre鈥.

La realidad es que la pol铆tica de las direcciones de CCOO y UGT ha sido conscientemente contraria durante toda la huelga a que se desarrollaran asambleas, se eligieran delegados de los huelguistas o se establecieran coordinadoras democr谩ticas de las diferentes empresas y pol铆gonos. El preacuerdo fue sometido solamente a la votaci贸n de asambleas de delegados que no representan al conjunto de las plantillas. Pero a nadie puede sorprender un m茅todo as铆 viniendo de burocracias como la de CCOO, que en su 煤ltimo congreso invit贸 a participar a la ministra Nadia Calvi帽o y al presidente de la CEOE, Antonio Garamendi.

Sindicalismo alternativo y estrategia de lucha

Si la burocracia sindical pudo pasar el acuerdo sin mayor resistencia no se debe fundamentalmente a que los representantes de CCOO y UGT est茅n prestigiados entre la mayor铆a de los trabajadores. De hecho, nos consta que no es as铆. Pero entre la desconfianza y la posibilidad de plantear una alternativa hay una distancia considerable, m谩s cuando los sindicatos alternativos son muy d茅biles. Pero no tiene que ver con un problema de tama帽o, sino tambi茅n de pol铆tica y estrategia.

En un art铆culo aparecido un d铆a antes de que finalice la huelga, esboz谩bamos cinco medidas para que triunfe la huelga del metal de C谩diz. Entre ellas, el apoyo masivo a una caja de resistencia unificada, el impulso de acciones de solidaridad y contra la represi贸n, y la coordinaci贸n de las luchas. Pero hay dos medidas en particular que consideramos eran la clave para que el conflicto tuviera una perspectiva de triunfo y superara sus principales debilidades estrat茅gicas: asambleas democr谩ticas para decidirlo todo y la extensi贸n de la huelga de solidaridad en las grandes empresas del sector naval.

La divisi贸n entre la base de la lucha que puso el cuerpo en los piquetes y los jefes sindicales que negociaron en despachos con la patronal, ha sido el principal elemento en contra de que triunfe la huelga. Si las bases no deciden, decidir谩n contra ellas, como hicieron con la lucha contra el cierre de Airbus, que termin贸 en una derrota. Por ello, la convocatoria de asambleas democr谩ticas -abiertas a todos los afiliados y no afiliados, trabajadores fijos y temporales- era una clave para garantizar la unidad de todos los trabajadores en lucha y evitar que las c煤pulas sindicales terminases negociando 鈥減or arriba鈥 sin resolver realmente las reivindicaciones obreras.

En relaci贸n a este aspecto, un p谩rrafo aparte merece el rol de Anticapitalistas en el conflicto. A trav茅s del alcalde de C谩diz, Jos茅 Mar铆a Gonzalez 鈥楰ichi鈥, Anticapitalistas planteo una pol铆tica correcta de solidaridad. Sin embargo, esta fue m谩s all谩 y 鈥楰ichi鈥 se ofreci贸 a la Junta de Andaluc铆a como mediador, dando as铆 un aval a una mesa tramposa en la que patronal y burocracia sindical buscaban firmar un acuerdo a la baja que terminase con la huelga, como efectivamente sucedi贸. Como sostiene Santiago Lupe en una nota de pol茅mica publicada en ID, nada m谩s lejos de una pol铆tica verdaderamente anticapitalista para el conflicto, que pasaba en todo caso por poner el peso institucional de la alcald铆a en que se desarrollase la autoorganizaci贸n obrera y no se negociara a espaldas de los trabajadores.

El desarrollo de la autoorganizaci贸n y las asambleas democr谩ticas, es decir, la creaci贸n de una nueva instituci贸n obrera al calor de la lucha, era la 煤nica v铆a que pod铆a impedir que la burocracia hiciera una negociaci贸n a espaldas de los huelguistas, como es su 鈥榖usiness as usual鈥. Pero para que esto fuera as铆, la batalla por las asambleas democr谩ticas y resolutivas deb铆a ser una de las claves desde el inicio del conflicto. Lamentablemente, las fuerzas de la izquierda sindical que han participado activamente de la huelga, no han hecho de esta pol铆tica un eje de su intervenci贸n.

La democracia obrera no es un bot贸n de emergencia que pulsar cuando el conflicto toma un giro repentino, es un proceso activo y preparatorio que debe desarrollarse antes, durante y despu茅s de los conflictos como una de las herramientas principales de la lucha de clases.

Como decimos en un art铆culo escrito al calor de la firma del convenio, 鈥渟alvando las distancias, esta pol铆tica recuerda a muchas de las huelgas de los 煤ltimos a帽os de la dictadura y primeros de la Transici贸n, y cuyas lecciones la izquierda sindical deber铆a tomar en cuenta e incorporar en su pr谩ctica cotidiana. Conflictos muy duros y combativos, en los que era capital imponer comisiones de representantes, coordinadoras y otros organismos de democracia directa con base en las asambleas de trabajadores, para evitar que el vertical primero, o las direcciones del PCE m谩s tarde, condujeran las negociaciones y llevaran los conflictos a acuerdos de verg眉enza o la derrota鈥.

De haber existido esta nueva institucionalidad basada en la lucha, el rechazo al preacuerdo que se hizo sentir apenas conocida la notica hubiera tenido un cause donde expresarse para dar una respuesta organizada. Pero antes que eso, la autoorganizaci贸n podr铆a haber sido la clave para impactar sobre los trabajadores de las grandes empresas del sector naval y aeron谩utico para sumarlos a la lucha.

Las plantillas de estas empresas, que en su mayor铆a tienen convenios propios, no estuvieron en huelga. Es decir que una buena parte del poder de fuego de la lucha no est谩 en el 鈥渃ampo de batalla鈥. Si la tarea fundamental de una estrategia para vencer en la huelga es acumular fuerzas y concentrarlas en el punto decisivo, que los batallones pesados de la industria no participaran de la lucha fue un factor vital que la patronal aprovech贸 en contra de la huelga y para negociar el Convenio a la baja. Si las combativas plantillas de Navantia, Airbus y la Baz谩n de San Fernando se hubieran sumado al combate, entonces la patronal hubiera temblado de miedo. Ah铆 si que otro gallo hubiese cantado.

Tareas y perspectivas

鈥淟os trabajadores del metal de C谩diz han mostrado una combatividad y determinaci贸n que hace tiempo no se ve铆a. Este ha sido solo un primer asalto en un proceso de recomposici贸n de la capacidad defensiva de lucha de nuestra clase, que m谩s temprano que tarde lograr谩 superar las trabas burocr谩ticas y pasar a la ofensiva por recuperar sus derechos鈥, escribe con justeza Juan Carrique en un art铆culo antes citado.

Esta recomposici贸n, sin embargo, no puede quedar librada a la pura espontaneidad. Este es un comienzo: 鈥淟o espontaneo es la forma embrionaria de lo consciente鈥, escribi贸 Lenin. Pero la clase trabajadora tiene muchos enemigos (externos e internos) que operan contra esta perspectiva. La recomposici贸n de su capacidad defensiva y ofensiva de lucha debe ser por tanto una tarea consciente de las y los sindicalistas combativos, as铆 como de la izquierda que se reivindica anticapitalista y revolucionaria.

Hay m煤ltiples tareas que se corresponden con este objetivo, pero si tuvi茅ramos que sintetizar dos tareas elementales -que adem谩s la huelga de C谩diz sit煤a de un modo evidente-, podr铆amos resumirla en dos conceptos: unidad de las filas de la clase trabajadora y democracia obrera.

La clase trabajadora tiene un enorme peso social objetivo para imponer sus reivindicaciones sobre los capitalistas y vencer. Hoy la clase trabajadora a nivel mundial se ha extendido como nunca antes en la historia. Lejos del mito del fin del trabajo, en las 煤ltimas d茅cadas cientos y cientos de miles personas en todo el mundo, empezando por pa铆ses como China y la India, se han proletarizado en los servicios, en la industria, el transporte y m煤ltiples actividades que hoy son asalariadas y antes no lo eran.

Sin embargo, a pesar que la clase trabajadora ha adquirido este enorme peso social a nivel global, que ni el propio Marx hubiera imaginado, la clase trabajadora tambi茅n se encuentra enormemente fragmentada. Fragmentada como nunca antes en su historia, entre trabajadores precarios, 鈥渋nformales鈥, parados, eventuales, inmigrantes, nativos, etc茅tera. A su vez, el capitalismo se ha valido de todas las formas de opresi贸n racial, de g茅nero, de nacionalidad, para fortalecer la explotaci贸n de los trabajadores y las trabajadoras.

Si algo ha puesto sobre la mesa la huelga de C谩diz es el papel pernicioso de esta divisi贸n y la necesidad de luchar por la unidad de las filas obreras, bregando porque se ubique como clase hegem贸nica frente al conjunto de los sectores explotados y oprimidos.

Esta tarea fundamental, sin embargo, solo puede ser llevada a cabo en forma 铆ntegra y efectiva si se enfrenta a los principales responsables de esta divisi贸n: las burocracias. En primer lugar, las de los sindicatos, que cumplen la funci贸n de garantizar la divisi贸n de las filas de nuestra clase, donde cada qui茅n se debe limitar a pelea por un inter茅s fragmentado. Pero tambi茅n las burocracias pol铆ticas o semiburocracias de los 鈥渕ovimientos鈥 que llaman a los trabajadores a confiar en los Gobiernos que defienden los intereses de los capitalistas.

La lucha por desarrollar las asambleas y los m茅todos de la democracia obrera en los lugares de trabajo, as铆 como por recuperar los sindicatos y comit茅s de empresa de las manos de las burocracias sindicales para ponerlos al servicio de la lucha de clases, es la segunda tarea fundamental.

La ampliaci贸n de la clase trabajadora y su mayor heterogeneidad la han hecho potencialmente much铆simo m谩s fuerte como para pasar por encima de las burocracias y recomponerse subjetivamente. Pero que triunfe sobre sus enemigos depende, como dec铆amos antes, de la capacidad de adoptar una estrategia para vencer.

Como escribe Josefina Mart铆nez en una columna publicada de CTXT, 鈥渓a pandemia ha aumentado las desigualdades y los agravios acumulados, pero tambi茅n ha desvelado la vulnerabilidad del capital. Sin trabajadores y trabajadoras no funciona nada. Las huelgas muestran ese poder potencial. Y que ya es hora de que el miedo cambie de bando.鈥

Fuente: Izquierda Diario

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Fuente: Asociaciongerminal.org