June 20, 2021
De parte de Asociacion Germinal
209 puntos de vista


LA INSURRECCI脫N ILEGIBLE EN LA MET脕STASIS DEL CAPITALISMO TERMO-INDUSTRIAL

鈥淐uando una civilizaci贸n est谩 arruinada, le hace falta reventar. No se hace la limpieza de una casa que se derrumba鈥 Tiqqun, en 鈥淵 bien鈥βa guerra!鈥,1999

鈥淐on los incendios indican que la 煤nica soluci贸n pasa por la destrucci贸n de todo el entorno opresivo. As铆 pues, permaneciendo enteramente negativos, impiden que la revuelta sirva a los recuperadores. (鈥) La c贸lera nihilista del suburbio es reflejo del nihilismo del sistema dominante鈥 Miguel Amor贸s, en 鈥淟a c贸lera del suburbio鈥, texto escrito a ra铆z de las revueltas iniciadas en Clichy-sous-Bois en 2005, y que se extendieron por toda Francia

Todo lo s贸lido se desvanece en el aire. El conformismo generalizado en Occidente se agrieta. La lucha de clases se agudiza. El abismo se repuebla. Todo un  sistema energ茅tico se va a pique. Los esclavos energ茅ticos per c谩pita se reducen, y se van distribuyendo de forma cada vez m谩s desigual entre la poblaci贸n. La falsa paz social torna en relaci贸n cr铆tica. La ira activa la verdad. La revuelta regresa a la revuelta. La historia permanece. Todo se reinicia.

En las fases finales del capitalismo termo-industrial se va bosquejando un escenario desolador: descomposici贸n social y jerarquizaci贸n de clases, explotaci贸n y exclusi贸n, incremento de la pobreza y la alienaci贸n, pandemias cada vez m谩s frecuentes y agresivas, ecocidio y descenso energ茅tico forzado鈥 Y en medio del desastre, el misterio de la revuelta inesperada: el insurrecto, no el guerrero; el salvaje, no el cuadro pol铆tico; el nihilista, no el solidario. Cada vez con m谩s frecuencia, aqu铆 y all谩, de forma descoordinada, contenedores ardiendo, escaparates rotos, hogueras inesperadas, pintadas amenazantes, saqueos y destrozos. El espect谩culo ya no puede jugar a resignificar m谩s ya lo evidente; se rasga por sus costuras. El aburrimiento ya no sirve para nada, ni siquiera como dispositivo imperial de autocontrol. El pesimismo parece convertirse en una necesidad. Invirtiendo  lo dicho por Marx, podr铆amos aventurar que las sociedades occidentales actuales parecen no llevar ya  otra sociedad nueva en sus entra帽as. El explotado, el excluido, se abre a la nada. Todo lo que se rebela es ya dolor radical.

A finales de octubre de 2020 se produjeron diferentes revueltas por todo el Estado espa帽ol contra el toque de queda decretado por el gobierno. En otros pa铆ses como Alemania e Italia se produjeron actos similares. En la mayor铆a de estas protestas se lanzaron bengalas y c9ohetes, se incendiaron contenedores e incluso se montaron barricadas. En el mism铆simo centro de Santander, por ejemplo, desde los enfrentamientos de los trabajadores de Astander con la polic铆a, a finales de los a帽os 90, no se presenciaba algo parec9do. Curiosamente se invirti贸 la ecuaci贸n: de la revuelta que activa los 鈥渢oques de queda鈥, se pas贸 al toque de queda 鈥渟anitario鈥 que desencadena las revueltas. Por otro lado, los altercados m谩s intensos se produjeron, casualmente, durante la noche de Halloween, una festividad ya consagrada enteramente al consumismo, lo que podr铆a llevarnos a calificar tales acciones como sabotajes anticapitalistas de no ser por la gran cantidad de saqueos indiscriminados y sin aparente 鈥渃oherencia revolucionaria鈥 producidos en numerosos establecimientos comerciales. En seguida se comenz贸 a especular sobre los verdaderos responsables. 驴J贸venes descontentos? 驴Ninis? 驴Menas? 驴Fascistas? 驴Ultras del f煤tbol? 驴La ultraizquierda? 驴Independentistas catalanes? 驴Kale borroka? 驴Negacionistas? 驴Polic铆a infiltrada entre los alborotadores? 驴Islamistas radicales? S3e dijo de todo. Los medios de comunicaci贸n masivos de uno y otro signo construyeron, como se dice ahora, su relato, es decir, su cuento de hadas, y cada cual seg煤n sus intereses. Algunos medios adelantaban que la polic铆a no hallaba conexi贸n entre los grupos que causaron los disturbios: 鈥 Es un batiburrillo y no se puede poner el fondo en ning煤n grupo o ideolog铆a concreta鈥 se帽ala un responsable policial; otros medios afines a la izquierda parlamentaria describ铆an lo sucedido, con gran desconcierto, como un conjunto de 鈥渁cciones coor4dinadas鈥 de la extrema derecha, y diversos medios conservadores se apresuraban en se帽alar que algunos miembros conocidos de la extrema izquierda hab铆an sido detenidos. Poco tiempo despu茅s, durante los d铆as 24, 25 y 26 de enero, se desencadenaron numerosas protestas en los Pa铆ses Bajos con motivo de las restricciones asociadas al toque de queda sanitario, el primero que entraba en vigor en aquel pa铆s desde la Segunda Guerra Mundial. Se ley贸 en la prensa; 鈥淒esde el pasado s谩bado, cuando entr贸 en vigor el toque de queda, los agentes han detenido a m谩s de 500 personas y han impuesto miles de multas, aunque tambi茅n hubo varios polic铆as heridos por los choques contra los participantes en las protestas, que incluyeron quema de contenedores, saqueos y ataques al mobiliario p煤blico en unos disturbios que han asombrado a los Pa铆ses Bajos鈥. Semanas m谩s tarde, concretamente el fin de semana  del 19 de febrero de 2021, al calor de las manifestaciones organizadas como motivo de la detenci贸n e ingreso en prisi贸n del rapero Pablo Has茅l se produjeron violentos altercados en Madrid y Catalu帽a, altercados que en los d铆as posteriores se fueron extendiendo por otras ciudades como Valencia, Granada o Vigo. La prensa de la burgues铆a explicaba as铆 lo sucedido: 鈥淧r谩cticamente todas las concentraciones de estos d铆as no estaban autorizadas por las respectivas delegaciones del Gobierno central. Hab铆an sido convocadas a trav茅s de redes sociales y, tras la mayor铆a,. Aparec铆an varios colectivos nacionalistas, independentistas y de izquierdas a lo que a帽ad铆an: 鈥淎 estos j贸venes alborotadores se les unen 鈥渙portunistas鈥 que 鈥渘ada tienen que ver con el motivo inicial de las protestas鈥 y que aprovechan para saquear comercios鈥. En un programa televisivo de La Sexta un periodista los defin铆a como 鈥渃havales que se fuman unos porros en el parque, se3 van a pegarse con la polic铆a y cuando acaban se vuelven al parque a seguir fumando porros, son chandaleros sin ning煤n estrato y sin ning煤n fondo ideol贸gico鈥. Estos ejemplos son m谩s que suficientes para a entender el gran desconcierto en el que se hallan los responsables de las grandes maquinarias de expresi贸n de masas, a la hora de etiquetar y clasificar a estos j贸venes descontrolados.

Aunque es cierto que muchos grupos radicales organizados de distinto signo pol铆tico tratan de monopolizar las protestas callejeras y ganar militancia, no podemo0s negar que estas acciones violentas son , en gran medida, la expresi贸n espont谩nea del nuevo precariado y los nuevos excluidos; de j贸venes sin futuro que, a diferencia de sus padres o abuelos, ya no son como anta帽o un ej茅rcito de reserva industrial al que pueden recurrir los due帽os de los medios de producci贸n para ajustar los salarios a su gusto, sino agentes defensivos que ahora se vuelven contra el propio organismo del que, mal que bien, formaban parte. Y debemos tener muy en cuenta que las revueltas por venir se nutrir谩n durante los a帽os venideros de este sector de la poblaci贸n, cada vez m谩s crispado y descontento. Se rebelan contra el toque de queda y contra el encarcelamiento de activistas como Pablo Hasel, pero muchos tambi茅n contra una realidad cada vez m谩s castrante y hostil. Lo que sucede es que su ausencia de discurso, de soflamas unitarias o propuestas concretas hacen que sean dif铆ciles de etiquetar y resignificar. Aqu铆, el m谩s indignado y sorprendido, sin duda es el militante marxista-leninista ortodoxo que, en seguida, viene a 鈥渓lamar al orden鈥. Ni tan siquiera el activismo manipulador de ciudadanistas e izquierdistas radicales sabe qu茅 hacer ante esa 鈥渏uventud salvaje鈥. El propio poder burgu茅s, m谩s que derrotarles v铆a policial o mediante la recuperaci贸n del supuesto discurso que impulsa todos estos estallidos sociales- como hiciera d茅cadas atr谩s con las protestas de Mayo del 1968, las demandas del movimiento obrero o el movimiento antiglobalizaci贸n- lo que s铆 que necesita de forma urgente es etiquetarles, clasificarles y asignarles unos l铆deres ficticios para controlarles m谩s f谩cilmente, pues esa ininteligibilidad es m谩s preocupante y desconcertante que la violencia misma. Dicho de otro modo: a esas revueltas ocasionales, que se infiltran en otras revueltas, no se opone una sofisticada contrarrevoluci贸n sino espor谩dicas e improvisadas contra-insurrecciones como, por ejemplo, campa帽as puntuales de difamaci贸n por parte de comentaristas televisivos a sueldo y periodistas pol铆ticos que, ridiculizando y denigrando a sus autores, apelan al civismo, al pacifismo y al buen comportamiento.

Tengamos en cuenta que esos j贸venes despreciados han sido expoliados de su vida por las falsas promesas de promoci贸n del aparato escolar, arrojados despu茅s a un sistema laboral de explotaci贸n que ni siquiera ya los necesita, ni tan siquiera ya en calidad de consumidores pasivos. Han sido segregados econ贸micamente. Han sido criminalizados como el m谩s perverso e insolidario vector de contagio de la covid-19 y se les ha privado de las 煤nicas formas de socializaci贸n que ten铆an. No les han dejado ser pacifistas; su torpeza, improvisaci贸n e inhabilidad en estas algaradas callejeras, as铆 como la gran cantidad de detenciones, dan fe de que la violencia les ha sido negada desde siempre. En relaci贸n al mito hegem贸nico actual 鈥揺s decir, a la creencia generalizada de que la tecnolog铆a de alto nivel podr谩 resolver cualquier problema- puede decirse que han sido expulsados del Arca; aunque sobre ellos ha reca铆do de forma despiadada todas las f谩bulas tecnol谩tricas de los amos del mundo, saben muy bien que en esa f谩bula no ser谩n los elegidos para ir a otra galaxia. En ese sentido se les ha dejado bien claro que a ellos, a los nuevos excluidos, hasta la mentira se les niega. Incluso han sido despojados de mitos emancipadores modernos como el ya olvidado, por desgracia, mito po茅tico de la Gran Tarde o de mitos procedentes de otras culturas bien distintas a la nuestra, culturas que propician formas de vida en paz con la naturaleza en el espacio y en el tiempo. Al contrario, han sido instados desde la cuna a 鈥渆mprender鈥, es decir, a girar eternamente en la rueda pulverizadora de la movilizaci贸n global capitalista.

Pero no podemos obviar que muchos de estos j贸venes es tambi茅n est谩n pidiendo ingresar, o retornar, al consumo. Esto lo explica muy acertadamente Miquel Amor贸s en 鈥淟a c贸lera del suburbio鈥, texto que escribi贸 con motivo de las revueltas que en 2005 se extendieron por los suburbios de toda Francia. Al igual que aquellos, muchos de los j贸vene3s que est谩n protagonizando estas protestas recientes tambi茅n saquean, destruyen e incendian un mundo que en el fondo detestan, pero lo hacen reafirmando la l贸gica de las mercanc铆as. NO se levantan contra el capital ni contra el Estado. Hay que reiterarlo. No son un nuevo sujeto revolucionario. No conforman revoluciones moleculares. No son ni9 tan siquiera una clase antag贸nica sino rehenes de una econom铆a cuyos gestores imperiales a煤n les proporcionan cr茅ditos, incluso a fondo perdido, para fortalecer la vieja servidumbre bancaria. No revierten el orden de las separaciones. Han sido obligados a rebelarse de ese modo; sin solidaridad, sin propuestas, sin alternativas. Son un fluido de sufrimiento sin solidez ideol贸gica. No se han desembarazado de los c贸digos opresivos; su subjetividad sigue alojando coacciones elitales de alta intensidad. Se trata de una revuelta inofensiva, al menos por ahora, para el oren reinante, es decir, gestada sin amor. Tampoco tienen odio; si lo tuvieran, al destruir, amar铆an por compensaci贸n. Ni tan siquiera han tenido que ocultarse bajo un pasamonta帽as; el propio sistema les ha obligado a llevar una mascarilla y no ser nadie. Su negaci贸n parece apuntar en todas direcciones. 鈥淨ue se hunda el barco de una vez鈥, parecen querer gritar esos j贸venes, a tenor de la furia y la desesperaci贸n que muestran en los altercados. Por otro lado, la negaci贸n de este sistema no es, en ellos, ajena a ese espesor de nihilismo que la misma dominaci贸n difunde por todos los lados, y s贸lo entendiendo esto es posible explicar  todas sus impurezas. As铆 y todo, poco puede reproch谩rseles a estos j贸venes que no haya que reprochar antes a los gestores del capitalismo termo-industrial por su extractivismo ininterrumpido, la destrucci贸n que han provocado en la biosfera planetaria, sus guerras imperiales de rapi帽a y su larga lista de epistemicidios.

En cualquier caso, con imaginaci贸n radical o sin ella, con imaginarios propios o impuestos, tengamos en cuenta que al menos durante unas breves horas han conseguido ponerse entre par茅ntesis. Es m谩s, por unos instantes han dejado de distraerse. A煤n desde la negaci贸n, a煤n sin las directrices de un programa revolucionario, hicieron aflorar una verdad. En ese sentido son, sin saberlo, un vector de verdad. Dejaron de ser 鈥渃iudadanos鈥, es decir, soldados del imperio para emerger, como una intensidad local, sin liderazgo. Lo que realmente sucedi贸 fue que las 鈥渇uerzas destructivas鈥 actuaron de manera diferente a lo esperado; no estaban de botell贸n, no estaban aplaudiendo a las 20:00 horas desde la ventana de su cuarto, no fueron a la Delegaci贸n del Gobierno correspondiente para solicitar permiso para manifestarse. Y demostraron, sin pretenderlo, que el cielo y la calle pueden destinarse a otras funciones que no sean las asociadas con la realizaci贸n de las mercanc铆as, algo que ni siquiera la actual crisis de la covid-19 ha podido paralizar. Para bien o para mal, la de estos j贸venes no es la revuelta que obedece, ni es tampoco esa revuelta que asume ciegamente las narrativas elitales, las rigideces ideol贸gicas o las disciplinas de partido, lo que la hace irrecuperable por parte de las distintas instancias del poder con que cuenta el Estado. Para bien o para mal, de alg煤n modo el insurrecto, cuando incendia, cuando rompe un escaparate o agrede a un polic铆a, se pone a desear otras cosas, entra en la vivencia sin entenderla pero convirti茅ndola en otra cosa. Imagina mundos que de otro modo, -en el fragor de una huelga o atracando un banco, por ejemplo- no imaginar铆a. En ese sentido, para bien o para mal, el insurrecto espont谩neo, es un creador de mundos.

Mientras tanto los miembros de la clase media, esa clase que lleva varias d茅cadas en proceso de desaparici贸n sin ser consciente de ello y cuya actividad laboral y l煤dica, a pesar de haber devenido en semipresencial a煤n es rentable al capital; esos asalariados o infra-asalariados que a煤n trabajan o teletrabajan, desde su mitad fantasm谩tica como digo, se llevan las manos a la cabeza y se distancian con cierto aire de superioridad de los alborotadores. en realidad, no les queda otro remedio. Es m谩s, aunque quisieran no podr铆an entrar en  la revuelta. Por eso la detestan. NO pueden entrar en ella sin atravesar el fuego que la envuelve. All铆 la armadura detuvo el movimiento efectivo de los hombres. Ni tan siquiera se atreven a admirarla en un plano puramente est茅tico. Est谩n programados para no hacerlo. El adoctrinamiento escolar hizo bien su trabajo y las maquinarias de expresi贸n de la burgues铆a reforzaron tal adoctrinamiento. Observan estos disturbios en la distancia, con asco, miedo o democr谩tico estupor. Algunos, tal vez, desear铆an hacer de 鈥渕ediadores鈥 entre los agitadores y la polic铆a pero no pueden entre otras cosas porque est谩n preparando su pr贸ximo 鈥渂otiqu铆n de confinamiento鈥.

Nos adentramos en una nueva 茅poca de intempestividad, de grandes conflictos sociales y guerras interburguesas de gran envergadura por los 煤ltimos recursos aprovechables del planeta; al desmantelamiento del estado del bienestar, con todo el desempleo, pobreza energ茅tica y deterioro de las condiciones de vida que esto conlleva, habr铆a que a帽adir el recrudecimiento del 鈥渢errorismo negro鈥; ese terrorismo omnipotente propiciado por las 茅lites financieras, los servicios secretos de diversos estados y numerosos grupos paramilitares para confundir, dividir y anular a los movimientos populares de lucha, as铆 como la maenaza cada v ez m谩s plausible del ecofascismo. Ya es inocultable: el agotamiento del modelo industrial est谩 dando paso ala Gran Exclusi贸n, y el control digital sucede a la vieja disciplina. Y la dominaci贸n nos ha sido modelando durante d茅cadas para afrontar este nuevo contexto venidero con resignaci贸n y obediencia. Pero he aqu铆 que todos esos j贸venes que han sido permanentemente forzados a 鈥渋nnovar鈥 se han puesto de pronto a lanzar golpes contra la propia cat谩strofe; he ah铆 su inesperada 鈥渋nnovaci贸n鈥. La violencia de la dictadura del capital se enfrenta a su propio contrarreflejo  asim茅trico. Y todo parece indicar que en Occidente este tipo de conflictos aumentar谩n en n煤mero e intensidad. La met谩stasis se empieza a manifestar ya en todos los 贸rganos. La revuelta ilegible e inesperada de los de abajo ya no se limita a los suburbios de las grandes ciudades; alcanza las centralidades y se entremezcla con otras revueltas, muchas de las cuales se producen en nuestra propia subjetividad y nuestro propio inconsciente colectivo. Tal vez estas revueltas por venir derriben en un futuro pr贸ximo el castillo de naipes. Tales estallidos sociales, de alg煤n modo, dan fe  de que al menos en el inconsciente de los de abajo susbsiste un dinamismo salvaje que se resiste, en desproporcionada reciprocidad, al desastre capitalista. Ahora bien, lo deseable ser铆a que todo ese hartazgo e inconformismo avance del lado de los revolucionarios que anhelan construir sociedades basadas en la solidaridad, la igualdad y la justicia. Y, por supuesto, que toda esa subjetividad temporalmente aut贸noma no sea recuperada por parte del poder burgu茅s, como este suele hacer siempre con toda anomal铆a. Es lo que llev贸 a Jaime Semprun en su libro 鈥淓l abismo se repuebla鈥 a afirmar que: 鈥淟os motines en las esquinas鈥 y dem谩s estallidos sociales de violencia sin conciencia no sirven m谩s que a quienes quieren prolongar la degeneraci贸n de un mundo acabado que no sabe por d贸nde va鈥. Ciertamente no sabemos hacia d贸nde nos llevar谩 el declive de este sistema econ贸mico pero s铆 sabemos que, dado el imparable agotamiento de los recursos energ茅ticos que 茅ste requiere para su funcionamiento-al igual que un ser vivo afectado por una met谩stasis que se ha extendido ya por todo el organismo- 茅ste est谩 condenado a implosionar, y no olvidemos que, en un sistema que implosiona, o la paz social, la tolerancia, la paciencia y la mansedumbre implosionan con 茅l. Evitemos entonces que esa implosi贸n se lleve consigo lo que a煤n nos queda de solidaridad, apoyo mutuo, conciencia de clase y hambre de emancipaci贸n.

1 de abril de 2021

Vicente Guti茅rrez Escudero

Revista Ekintza Zuzena

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Fuente: Asociaciongerminal.org