July 11, 2021
De parte de Nodo50
309 puntos de vista


“En la fase actual de descomposici贸n del sistema dominante, las contradicciones internas ocultan las externas”[1]

Miguel Amor贸s

En una reciente vi帽eta de El Roto un encorbatado le dec铆a a otro encorbatado al o铆do: “隆Esto se cae!”; a lo que el otro, que parec铆a ser su jefe, respond铆a: “Bueno, pero que parezca un 茅xito”. Alguien en las redes sociales hizo una curiosa modificaci贸n; el primero le dice al segundo: “Se帽or, 隆el sistema colapsa por falta de energ铆a de alta densidad!” y el otro le espeta: “Bueno, digamos que estamos combatiendo con 茅xito el cambio clim谩tico”. Nada resume mejor la estrategia tramposa de greenwashing adoptada por los gestores del desastre para afrontar la recta final del capitalismo fosilista. Aunque la percepci贸n de los de abajo sea la de que, ante los recientes acontecimientos la Alta Direcci贸n mundial no sabe por d贸nde avanzar, es evidente que hay en marcha un plan burocr谩tico de gesti贸n sostenible de la debacle industrial. Tal burocratizaci贸n del desastre en marcha no s贸lo necesita impedir la autogesti贸n y la autoformaci贸n popular sino prepararse para apaciguar la ola de conflictos generalizados, revueltas e insurrecciones incontroladas que se avecinan. Pareciera que lo que se pretende desde los poderes econ贸mico-financieros es crear confusi贸n. Sin embargo, toda esa papilla de informaciones contradictorias por parte de organismos oficiales parece que tiene que ver m谩s con la l贸gica que rige la propia rivalidad entre industrias y empresas privadas sometidas a la l贸gica de la competencia que con una estrategia planeada previamente; es lo que est谩 sucediendo con todo lo relacionado con la informaci贸n que circula en los medios masivos acerca de las vacunas contra la covid-19. M谩s que generar confusi贸n -confusi贸n que, por cierto, les viene muy bien para hacernos creer que ya no existe una verdad en la que apoyarse- quienes gestionan el desastre prefieren recurrir a la habitual difusi贸n de mentiras por parte de las grandes maquinarias de manipulaci贸n. Claro que ante aquellas realidades que ya son imposibles de ocultar, como la destrucci贸n de la biosfera, por ejemplo, es necesario erigir una serie de mentiras que vengan al rescate, como es el caso de la remediaci贸n tecnol贸gica, es decir, la fe en que la tecnolog铆a de alto nivel nos salvar谩 de cualquier cat谩strofe que se nos ponga por delante. Pero para que embustes como estos se implementen f谩cilmente en nuestra subjetividad y nuestro inconsciente colectivo, 茅stos han de adquirir proporciones m铆ticas. O dicho de otro modo: se ha de extremar el car谩cter m铆tico de la mentira, pues el miedo a las ficciones supera el miedo a lo real; es la l贸gica del contra-mito, del mito contrarrevolucionario. Por eso en los medios de entretenimiento masivos el miedo se dirige a determinados terrenos del pensamiento m谩gico: apocalipsis zombi, impactos de inmensos meteoritos en el planeta o invasiones alien铆genas que se solucionan con grandes migraciones a otros planetas o mediante incomprensibles terraformaciones. La 煤ltima declaraci贸n de Jeff Bezos es un buen ejemplo de esto: “Tenemos que ir al espacio para salvar la tierra”[2]. El enigma de la efectividad del mito se explica en que 茅ste escapa al binomio verdad-mentira. Es m谩s: lo supera, hasta el punto de que el mito es hoy en d铆a m谩s incuestionable y s贸lido que lo obvio. Supera tambi茅n el propio pensamiento, pues el mito se erige como enso帽aci贸n colectiva, a pesar de vivir, seg煤n afirman muchos postmodernos, en los tiempos de la postverdad.

Pero para consolidar el mito tecnol谩trico no es suficiente con recurrir a la mentira; adem谩s de tapar verdades con mentiras, a quienes gestionan el desastre, en ocasiones, no les queda m谩s remedio que echar mano de otras verdades menos peligrosas y, de esa forma, disimular otras verdades m谩s problem谩ticas y embarazosas. Y hemos llegado ya a ese punto. Quiero decir que para acometer determinadas reestructuraciones sist茅micas hay verdades que el poder econ贸mico y burgu茅s debe hacer aflorar para dejar a otras en un segundo plano, y utilizar aquellas como falsa justificaci贸n. Algunas de estas verdades aterradoras, que bien podr铆an ser las causas de un posible y cercano colapso del capitalismo termo-industrial, son por todos conocidas: el envenenamiento de la naturaleza; la degradaci贸n del medio vital por culpa de la actividad industrial y minera; el aumento de epidemias; el agotamiento de las reservas de agua y de tierras cultivables; el ecocidio, con la p茅rdida de biodiversidad, la deforestaci贸n o el propio calentamiento global. Y es bien sabido que quienes gestionan el desastre del sistema capitalista termo-industrial en las 煤ltimas d茅cadas han ido aceptando e incluso integrando en sus discursos algunas de estas verdades.

Pero de entre todas esas verdades hay una a la que debemos prestar especial atenci贸n, y que curiosamente es la que m谩s ocultan los medios masivos de comunicaci贸n y de entretenimiento, aunque he de reconocer que en las 煤ltimas semanas algunos de estos medios s铆 que han empezado a hablar t铆midamente de ella: el descenso energ茅tico. Recordemos que en 2010 la AIE (Agencia Internacional de la Energ铆a) reconoci贸 en su informe anual que el pico del petr贸leo convencional se hab铆a producido en 2005, es decir, que a partir de ese a帽o la producci贸n de millones de barriles diarios de petr贸leo hab铆a empezado a descender. A partir de entonces se fue produciendo un lento goteo de noticias, informes y declaraciones oficiales que ven铆an a confirmar ese descenso energ茅tico. Por si eso fuera poco, esta misma agencia internacional, en su informe de octubre de 2020, advirti贸 que si continu谩bamos con el actual escenario de escasa inversi贸n, la producci贸n de todos los hidrocarburos l铆quidos que se asignan al petr贸leo podr铆a decaer en un 50%. Otros organismos institucionales y la mayor铆a de las grandes petroleras ven铆an a confirmar esos datos y previsiones a corto plazo; en septiembre de 2020 British Petroleum admit铆a que la producci贸n de petr贸leo ya no remontar铆a, en 2021 Shell reconoc铆a que su producci贸n hab铆a llegado al m谩ximo y que a partir de entonces solo decrecer铆a, y la francesa Total, por su parte, advert铆a que el mundo podr铆a encontrarse con un d茅ficit de suministro de 10 millones de barriles de petr贸leo por d铆a para 2025. M谩s recientemente Igor Sechin, el presidente de Rosneft, afirmaba que “en los 煤ltimos a帽os el incremento de las reservas de petr贸leo y gas se encuentra en m铆nimos hist贸ricos”, para a帽adir que “ya hoy se observa cierto d茅ficit de recursos” y advirti贸 “del riesgo de un grave d茅ficit de petr贸leo y gas si no aumentan las inversiones”[3]. Curiosamente, a pesar de que el descenso energ茅tico haya sido reconocido por agencias gubernamentales y por los grupos privados petroleros y gasistas m谩s importantes del planeta -por no hablar de las numerosas llamadas de atenci贸n por parte del movimiento ecologista a lo largo de la segunda mitad del siglo XX- ese descenso en la disponibilidad de energ铆a es la verdad que menos brilla, de la que menos hablan los medios de comunicaci贸n de masas y la menos presente en los centros educativos, p煤blicos o privados.

Teniendo bien claro que no conviene dejarlo todo en manos del determinismo energ茅tico sino de otros factores importantes, no podemos obviar que infinidad de procesos econ贸micos, sociales, l煤dicos y relativos a las mercanc铆as se sustentan sobre una base material: los combustibles f贸siles, y no est谩 de m谩s recordar que en todo el mundo m谩s del 80% de la energ铆a, tanto la el茅ctrica como la asociada al transporte y la industria, proviene de los combustibles f贸siles. No est谩 de m谩s recordar que muchos de los llamados avances en la historia han conllevado un incremento energ茅tico considerable; el nacimiento de la mayor铆a de imperios ha sido soportado por una gran disponibilidad de recursos energ茅ticos como la esclavitud animal y humana, el carb贸n vegetal y mineral, el gas o el petr贸leo; y, de igual modo, numerosas crisis econ贸micas, declives de grandes imperios, grandes conflictos inter-burgueses, el colapso e incluso la desaparici贸n de muchas civilizaciones o determinados periodos caracterizados por un retorno al oscurantismo, al autoritarismo y a la represi贸n en general, han tenido detr谩s una crisis energ茅tica, que, a su vez, ha repercutido principalmente en el empeoramiento de las condiciones de vida de las clases medias, bajas y excluidas de la poblaci贸n. Este agotamiento de recursos esenciales para la perpetuaci贸n del propio sistema es uno de los rasgos principales de la realidad presente. De hecho, las consecuencias inmediatas de ese descenso 鈥揳 diferencia del cambio clim谩tico, que a煤n no ha hecho notar sus consecuencias m谩s negativas-, as铆 como el reparto desigual de la energ铆a que va quedando disponible, ya son m谩s que visibles; pensemos en la pobreza energ茅tica de las familias m谩s desfavorecidas, el encarecimiento de la electricidad o la subida del precio de la gasolina. Cualquier forma de afrontar el catastrofismo ha de tener muy en cuenta esa verdad base, que est谩 limitando energ茅ticamente, ya en el presente, numerosos procesos econ贸micos y sociales. Es sobre esta verdad, la del descenso energ茅tico, sobre la que podemos ir agregando todas las dem谩s verdades y as铆 entenderlas mejor.

Sabemos que las verdades ganan y pierden insignificancia en funci贸n de qui茅n posea los medios de comunicaci贸n y las maquinarias de construcci贸n de conocimiento; sus due帽os pueden convertir una verdad en significante o insignificante seg煤n les convenga. Da igual que la propia ciencia oficial confirme la verdad del descenso energ茅tico si desde el aparato acad茅mico, los mass media y medios de entretenimiento no se la exhibe. Da igual que cada vez m谩s y m谩s divulgadores comenten, hablen o informen de ella como hacen divulgadores y activistas incansables como Antonio Turiel, Yayo Herrero, Antonio Aretxabaleta, Carlos Taibo, Corsino Vela, Miguel Amor贸s, Pedro Prieto o Jorge Riechmann en asambleas vecinales, centros educativos, librer铆as asociativas, talleres rotativos o incluso en redes sociales. Sin grandes soportes medi谩ticos, sin poderosas maquinarias de expresi贸n y sin sofisticadas instancias de creaci贸n m铆tica no se puede entender la intensidad de esa verdad pues, obviamente, tales medios est谩n en manos de aquellos que prefieren ignorarla. De ese modo, las verdades que quedan sepultadas entre infinidad de informes, tablas y datos estad铆sticos se desactivan; se convierten en verdades rec贸nditas que cuesta distinguir. Como ejemplo propongo al lector que bucee en el informe de la AIE de 2010, en sus m谩s de 700 p谩ginas, para encontrar esa peque帽a gr谩fica en la que se muestra la verdad del declive en la producci贸n de millones de barriles diarios de petr贸leo convencional desde 2005. Podr铆a decirse que esta verdad tiene algo de fantasmal, en el sentido de que no pasa a formar parte de la opini贸n p煤blica ni de los conocimientos de las clases medias, bajas y excluidas, ni por supuesto logra materializarse en los estados de 谩nimo, los deseos, las actitudes, el pensamiento y lo peor, las enso帽aciones y esperanzas de toda esa poblaci贸n. Por desgracia ya no es mentira aquello que impide acceder a lo verdadero sino lo que se llena de insignificancia. Ya no es falso lo que limita lo verdadero sino lo que torna en insignificante. Y una verdad insignificante podr谩 seguir siendo verdad pero ser谩 irreal en sus efectos. La visibilidad de la verdad es, entonces, m谩s importante que la verdad misma.

Ahora bien, 驴por qu茅 este empe帽o en ocultar el descenso energ茅tico por parte de los c铆rculos acad茅micos y los medios de comunicaci贸n y entretenimiento de la burgues铆a? Por un lado esta verdad no s贸lo pone en riesgo la actividad industrial, sino que cuestiona todo un sistema mercantil extractivista asociado a 茅ste. Por otro lado, a la comprensible hipocres铆a de las petroleras por ocultar esta cuesti贸n -recordemos que durante las 煤ltimas d茅cadas, tanto las grandes corporaciones petroleras y gasistas como los altos responsables pol铆ticos no han hecho nada por reducir las emisiones de di贸xido de carbono- se suma el reciente oportunismo de convertir ese cinismo en un falso giro hacia el ecologismo; recordemos igualmente que tal giro se produce casualmente en el momento en que la producci贸n de hidrocarburos ha dejado de ser rentable. Adem谩s, el descenso energ茅tico es una verdad que cuesta asumir; es un proceso psicol贸gico que tiene mucho de conversi贸n religiosa. Y es esperable que los miembros de las clases bajas y excluidas no participen voluntariamente de la asunci贸n de ese descenso energ茅tico cuando est谩n viendo c贸mo la gran industria,  las clases altas y las 茅lites en general de sus propios pa铆ses siguen consumiendo combustibles f贸siles sin control, incluso para poner en marcha y sustentar las salv铆ficas energ铆as renovables, que parad贸jicamente son subsidiarias de aquellos.

驴Qu茅 consecuencias tiene desconocer esta verdad? Cuando se trata de describir el escenario actual se corre el riesgo de que determinadas emergencias sepulten, tapen o disimulen a otras. Por tanto, debemos ser cautos a la hora de relacionar e interconectar todas esas verdades que he enumerado anteriormente. La crisis clim谩tica, por ejemplo, es una verdad que se est谩 usando para esconder el descenso forzoso de la producci贸n de millones de barriles diarios de petr贸leo, y se est谩 utilizando de paso para acostumbrarnos y convencernos de que participemos voluntariamente en la reducci贸n de la quema de combustibles f贸siles, algo a lo que, queramos o no, insisto, estamos ya condenados. Los responsables de las grandes petroleras justifican de ese modo su gradual desinversi贸n en la industria del petr贸leo apoy谩ndose en la necesidad de frenar el cambio clim谩tico. He aqu铆 un claro ejemplo de c贸mo una verdad tapa a otra, y cuando eso sucede la verdad que queda oculta torna, como dije, en verdad inactiva. Lo ha se帽alado recientemente, en su muy recomendable blog, Antonio Turiel, un incansable divulgador de esta verdad-base y al que sorprendentemente durante los 煤ltimos meses algunos pocos programas televisivos y radiof贸nicos de gran repercusi贸n han dado cabida: “驴La raz贸n de este descenso anunciado de la producci贸n de petr贸leo? La fuerte desinversi贸n de las compa帽铆as petroleras desde 2014. 驴Dejaban de invertir las petroleras por compromisos en la lucha contra el cambio clim谩tico? No; dejaban de hacerlo porque se estaban arruinando buscando m谩s petr贸leo, porque no queda petr贸leo rentable”[4]. Lo mismo podr铆a decirse de las limitaciones de movilidad venideras; el paulatino descenso de viajes en avi贸n, por ejemplo, se ha achacado tambi茅n a las limitaciones de tr谩nsito impuestas por la pandemia de la covid-19, cuando aquellas, en el fondo, tienen m谩s que ver, de nuevo, con la escasez de petr贸leo, pues bien sabemos que hoy por hoy la energ铆a que mueve la industria de la aviaci贸n es insustituible por cualquier otro recurso energ茅tico que no sea el petr贸leo. Recordemos de paso que m谩s del 95 por ciento del transporte mundial se realiza con derivados del petr贸leo y que dada su alta densidad energ茅tica as铆 como su f谩cil almacenaje, no es sustituible por las llamadas energ铆as renovables.

Otra verdad que est谩 brillando bastante en la actualidad es sin duda la irrupci贸n del Sars-Cov-2. Mediante otro astuto juego de trilero a esta verdad se le achaca el encarecimiento de la energ铆a. Nos est谩n haciendo creer que la pobreza energ茅tica es causada por la pandemia de la covid-19. Todos los peri贸dicos y telediarios se han llenado de noticias como esta: “La Covid sube la factura de la luz en Espa帽a y ya son m谩s de 3,5 millones los que sufren pobreza energ茅tica”[5]. Pero como bien afirma Antonio Turiel: “Deseng谩帽ense: Esto no va de la pandemia. No porque la crisis sanitaria de la covid se pueda considerar resuelta; es que no es el factor m谩s importante ahora mismo. (鈥) De lo que va esto es de transici贸n energ茅tica. De lo que va esto es de la adaptaci贸n econ贸mica para hacer sobrevivir el actual sistema industrial y social en una situaci贸n en la que la energ铆a no va a ser abundante”[6]. Una cosa es que el coronavirus haya acelerado el declive estructural en las inversiones petroleras y otra bien distinta que sea su causa principal. Cuando desde los altos cargos pol铆ticos o desde grandes medios de comunicaci贸n se nos habla de que la vida que conocimos ya no volver谩 a ser igual, como hiciera por ejemplo Pedro S谩nchez cuando afirm贸 que: “No podemos volver a la econom铆a como estaba antes de la covid-19”[7]; o Gideon Lichfield, quien el 24 de marzo de 2020 public贸 un art铆culo titulado “Acept茅moslo, el estilo de vida que conoc铆amos no va a volver nunca”, en MIT Technology Review, lo hacen aprovechando el contexto de pandemia mundial, sin referirse a las limitaciones energ茅ticas venideras. Ante eso, como bien apuntara Miguel Amor贸s hace ya varios a帽os, antes incluso de la irrupci贸n del coronavirus: “conviene considerar la crisis energ茅tica como un marco general y un horizonte temporal que condicionar谩 cada vez m谩s el acontecer social con el chantaje consabido de o la energ铆a o el caos sin por lo tanto determinarlo completamente”[8].

La cuesti贸n energ茅tica, por tanto, ayuda a entender mejor la estrategia adoptada por quienes gestionan el desastre, estrategia que por cierto alcanza su m谩ximo grado de desfachatez cuando comprobamos que las compa帽铆as que ahora invierten en la estafa de las llamadas energ铆as renovables, son las mismas que durante d茅cadas han estado emitiendo gases de efecto invernadero sin ninguna limitaci贸n. No hay m谩s que consultar cu谩les han sido los destinatarios del fondo Next Generation EU del Plan de Recuperaci贸n de Europa, creado en teor铆a para afrontar la pandemia covid-19 y la transici贸n ecol贸gicaEst谩n aprovechando la situaci贸n de pandemia y la urgencia por afrontar el cambio clim谩tico para desviar dinero p煤blico hacia el sector privado. Es m谩s, la 茅lite industrial y financiera est谩n justificando toda una reestructuraci贸n sist茅mica con esas dos excusas pero sin reconocer que es la paulatina escasez de combustibles f贸siles baratos y no su voluntad de emitir menos gases de efecto invernadero, la que les est谩 obligando ahora a acometer tales cambios estructurales. Y es que habr铆a que ser muy ingenuo para creer que la desinversi贸n en combustibles f贸siles por parte de las grandes petroleras se deba a su repentina concienciaci贸n ecol贸gica y no a las limitaciones geol贸gicas que impiden la extracci贸n y procesamiento de esos combustibles de forma econ贸micamente rentable. Pero lo m谩s perverso no es s贸lo que los verdaderos causantes del ecocidio se vayan a ir de rositas sino que encima queden como salvadores de la biosfera. As铆 es como se construye un relato oficial que elimina del sistema de ecuaciones el par谩metro energ茅tico, de modo que se teje todo un entramado confuso de verdades y medias verdades mediante el cual se hacen irreconocibles las verdaderas causas que impulsan la reestructuraci贸n actual y los cambios radicales en nuestro modo de vida. Si los y las de abajo nos creemos ese relato del giro generoso hacia econom铆as sostenibles por parte de los grandes grupos petroleros y gasistas, las luchas que podamos emprender ir谩n, sin que nos demos cuenta, en esa misma direcci贸n y por tanto no apuntar谩n a los verdaderos responsables del desaguisado. Gritarle a Repsol, por ejemplo, que abandone del todo el consumo  de combustibles f贸siles es, en el fondo, hacerle un favor pues compa帽铆as como esta ya lo est谩n haciendo, pero obligados por cuestiones que tienen m谩s que ver con la din谩mica de los fluidos geof铆sicos que con el cambio clim谩tico y su mitigaci贸n.

驴En qu茅 puede ser 煤til visibilizar esa verdad e integrarla en el pensamiento y la cultura de masas actuales? No estoy diciendo que deban desatenderse o quit谩rsele importancia a procesos como el cambio clim谩tico, el ecocidio en marcha o las nuevas pandemias, sino que debemos incluir en la ecuaci贸n la emergencia energ茅tica para entender las limitaciones externas inmediatas. Por un lado la cuesti贸n energ茅tica evidencia la gran mentira del crecimiento econ贸mico infinito al establecer una relaci贸n directa entre abstracciones como el PIB y el consumo de petr贸leo barato. Por otro lado, la emergencia energ茅tica nos alerta de forma muy precisa de que nos hallamos ante el fin de las sociedades industriales modernas y que adem谩s ese descenso energ茅tico al que estamos abocados nos conduce a cambios extremadamente radicales, dif铆ciles de imaginar 鈥揷omparables quiz谩 en algunos aspectos a las formas de vida de una Baja Edad Media-, en nuestro modo de vida actual, incluso aunque tal devenir se produjese en un contexto revolucionario en el que las clases sociales hubieran desaparecido. Por tanto, cuantificar esa escasez energ茅tica nos ayuda a imaginar de forma concreta c贸mo la paulatina reducci贸n del consumo de combustibles f贸siles ir谩 influyendo en la reducci贸n de las comodidades que la ciudadan铆a occidental ha ido disfrutando durante estas 煤ltimas d茅cadas. Por ejemplo, pensar en t茅rminos de personas esclavas energ茅ticas es una buena herramienta te贸rica para entender los escenarios venideros en los que, a corto plazo, veremos encarecerse el precio de la electricidad, la gasolina y los bienes de primera necesidad, y en los que, a largo plazo, las clases bajas y dem谩s excluidas no dispondr谩n de coches, calefacci贸n, de m贸viles de 煤ltima generaci贸n y ni tan siquiera de conexi贸n a Internet. Esto es esencial para no caer en la trampa de la tecnolatr铆a y en la creencia de que nos espera un futuro lleno de aparatos tecnol贸gicos a nuestro servicio y comodidades, en realidad inviables. Integrar en nuestro pensamiento esas limitaciones nos ayudar谩 a desvincularnos del pensamiento tecnol谩trico, tan difundido hoy en d铆a desde los medios masivos de entretenimiento y comunicaci贸n, para sustituirlo por un nuevo pensamiento ecot贸pico. Asimismo, que los movimientos populares consideren la emergencia energ茅tica en toda su crudeza contribuye a que 茅stos afronten cuanto antes la cuesti贸n acerca de c贸mo repartir esa escasez por venir, en el sentido de que ese descenso energ茅tico se produzca en condiciones de equidad y de justicia. Tambi茅n servir谩 para preparar la lucha contra la dominaci贸n por venir, que bien podr铆a adoptar la forma de un nuevo ecofascismo o de reg铆menes neofeudales que gestionen de forma terrible y autoritaria el racionamiento en el uso o consumo de recursos, bienes o servicios futuros. A eso apunta la reforma de la Ley de Seguridad Nacional que prepara el Gobierno.

Todo lo dicho hasta ahora podr铆a invitar al pesimismo y la par谩lisis, pero el hecho de que las sociedades actuales est茅n condenadas a afrontar cambios radicales puede servirnos como ventana de oportunidad para salir cuanto antes del capitalismo, verde o no verde, y la l贸gica mercantil que lo sustenta. Ahora bien, es esencial hacerlo sin caer en la trampa de las v铆as reformistas o las transiciones verdes, que lo 煤nico que har铆an ser铆a persistir, bajo otra m谩scara, en el extractivismo, el consumo ag贸nico de los 煤ltimos combustibles f贸siles y una acumulaci贸n de capital desesperada por parte de las clases privilegiadas, con sus conflictos interburgueses asociados. Y en ese proceso la educaci贸n no escolar y no estatalizada, la autonom铆a, la autoorganizaci贸n y el apoyo mutuo tendr谩n mucho que decir; y a un nivel ecot贸pico podr铆an servirnos de ejemplo las comunidades descritas en obras como La v铆a de la simplicidad de Ted Trainer o La pr贸xima revoluci贸n de Murray Bookchin. Por tanto necesitamos, ahora m谩s que nunca, como bien afirma Anselm Jappe un “gran esfuerzo de clarificaci贸n te贸rica”[9] y este ejercicio de clarificaci贸n empieza por asumir y mostrar esa verdad relativa a la escasez energ茅tica y de recursos minerales que ya se nos est谩 echando encima y de la que ya hemos empezado a ver sus primeros efectos. Hagamos brillar entre todos, entonces, esta verdad para interrelacionarla con las otras y poder as铆 entender los grandes problemas a los que nos enfrentamos. A eso he tratado de contribuir humildemente con este art铆culo.

Vicente Guti茅rrez Escudero es licenciado en Ciencias Exactas y profesor de Educaci贸n Secundaria en un centro p煤blico en el 谩mbito cient铆fico-tecnol贸gico.

Notas:

[1] Miguel Amor贸s, Salida de emergencia, Ed. Pepitas de Calabaza, Logro帽o, 2012, p. 154.

[2] Luis Pablo Beauregard, 芦Jeff Bezos, una fortuna fuera de este mundo禄, www.elpais.es, 4 de julio de 2021.

https://elpais.com/economia/2021-07-04/jeff-bezos-una-fortuna-fuera-de-este-mundo.html

[3]芦Rosneft avisa del riesgo de un “grave d茅ficit de petr贸leo y gas” si no aumentan las inversiones禄, EFE, www.eleconomista, 6 de junio de 2021.

https://www.eleconomista.es/empresas-finanzas/noticias/11255690/06/21/Rosneft-dice-que-hay-que-prepararse-para-el-aumento-de-la-demanda-de-crudo.html

[4]Antonio Turiel, 芦El legado de Santa B谩rbara禄, 17 de febrero de 2021.

https://crashoil.blogspot.com/2021/02/el-legado-de-santa-barbara.html

[5]I. P. Nova, 芦La Covid sube la factura de la luz en Espa帽a y ya son m谩s de 3,5 millones los que sufren pobreza energ茅tica禄, 18 enero de 2021.

https://www.elespanol.com/espana/20210118/covid-factura-esprevista ana-millones-sufren-pobreza-energetica/551945421_0.html

[6]Antonio Turiel, 芦El legado de Santa B谩rbara禄, crashoil.blogspot.com, 17 de febrero de 2021.

[7]Silvia Ayuso, 芦No podemos volver a la econom铆a como estaba antes de la covid-19禄, 28 de octubre, 2020.

https://elpais.com/economia/2020-10-28/pedro-sanchez-no-podemos-volver-a-la-economia-como-estaba-antes-de-la-covid-19.html

[8]Miguel Amor贸s, Salida de emergencia, Ed. Pepitas de Calabaza, Logro帽o, 2012, p. 158.

[9] Anselm Jappe, Cr茅dito a muerte. La descomposici贸n del capitalismo y sus cr铆ticos, Ed. Pepitas de Calabaza, Logro帽o, 2011, p. 49. Traducci贸n del franc茅s de Diego Luis Sanrom谩n.

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Fuente: Vientosur.info