October 29, 2022
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El poder real era el que ejerc铆a en la pol铆tica y en la sociedad. La Iglesia estaba imbricada en el aparato estatal y en los mecanismos del poder no institucional.

Por Eduardo Montagut

La proclamaci贸n de la Rep煤blica en Espa帽a en abril de 1931 supuso la llegada al poder de los republicanos y socialistas que en materia religiosa propugnaban la secularizaci贸n del Estado en un nivel infinitamente m谩s claro y contundente que el que hab铆an apuntado algunas pol铆ticas de los sectores liberales m谩s laicos del sistema de la Restauraci贸n, como podr铆a ejemplificar lo desarrollado por Canalejas. Los republicanos y los socialistas consideraban que la Iglesia hab铆a sido un sost茅n fundamental del sistema derribado y como tal deb铆a terminar ese poder. En efecto, desde que la Iglesia y el Estado se hab铆an reconciliado en la D茅cada Moderada con el Concordato de 1851, aquella no hab铆a dejado de recuperar terreno, influencia y poder. El Sexenio Democr谩tico, a pesar de su tendencia laica, no hab铆a podido con ese poder y no le hab铆a dado tiempo tampoco a emprender cambios importantes. La Restauraci贸n canovista supuso una nueva 茅poca dorada para la Iglesia, que se identific贸 claramente con los intereses de la oligarqu铆a que gobern贸 Espa帽a desde 1875.

La Iglesia no estaba dispuesta a perder ninguno de sus derechos y privilegios, y se opuso constantemente, con algunas excepciones entre sus miembros, a todas las pol铆ticas y decisiones que el nuevo poder republicano aprob贸 en materia religiosa. Pero tambi茅n es cierto que el nuevo poder tampoco estaba dispuesto a negociar nada porque siempre consider贸 a la Iglesia un enemigo muy poderoso y hostil. Ni tan siquiera se pens贸 en dosificar las medidas y los cambios; a lo sumo, el sector m谩s conservador del republicanismo, representado por Alcal谩-Zamora y Maura, intent贸 no extremar la separaci贸n entre la Iglesia y el Estado, pero con nulo 茅xito, dada su debilidad pol铆tica. En todo caso, las posturas estaban tan claras y enfrentadas, y la voluntad de ambas partes para negociar fue siempre tan escasa, que el enfrentamiento estaba servido.

Para entender dicho enfrentamiento deben conocerse algunos aspectos relativos a la religi贸n y a la instituci贸n eclesi谩stica en la sociedad espa帽ola, un aspecto que se obvia con frecuencia a la hora de abordar los conflictos religiosos de los a帽os treinta. Tambi茅n parece necesario conocer la diversidad de las posturas cr铆ticas hacia la Iglesia.

Es evidente que la mayor铆a de los espa帽oles era cat贸lica en el a帽o 1931, pero esta afirmaci贸n esconde una realidad m谩s compleja. La pr谩ctica religiosa se hab铆a hecho mucho m谩s ligera o tibia desde finales del siglo anterior. La Iglesia espa帽ola no hizo mucho por entender los cambios sociol贸gicos en Espa帽a y se aferr贸 claramente a sus posturas ortodoxas y vinculadas con el poder y la Monarqu铆a. Solamente el sindicalismo cat贸lico fue la apuesta m谩s moderna de la Iglesia para acercarse al mundo laboral, aunque es evidente que para intentar no perder influencia y en clara vinculaci贸n con la patronal. La Iglesia lleg贸 a 1931 con un gran poder pol铆tico, social, econ贸mico y educativo. Pero, es m谩s, no podemos olvidar que el n煤mero de personas vinculadas estrechamente a la Iglesia, es decir, los miembros del clero, era alt铆simo. Espa帽a era el segundo pa铆s, despu茅s de Italia, con m谩s sacerdotes y religiosos del mundo, y que depend铆an, en gran medida del erario p煤blico, adem谩s de las aportaciones de los fieles y de un renacido patrimonio propio, que se fue recuperando despu茅s del golpe que supuso la desamortizaci贸n de Mendiz谩bal, un siglo antes.

En realidad, el mayor poder de la Iglesia no era el econ贸mico porque, adem谩s, aunque era evidente la recuperaci贸n de parte de su patrimonio nunca pudo llegar a alcanzar el que tuvo en el Antiguo R茅gimen en la 茅poca de las manos muertas. El poder real era el que ejerc铆a en la pol铆tica y en la sociedad. La Iglesia estaba imbricada en el aparato estatal y en los mecanismos del poder no institucional. El caso m谩s evidente de esto 煤ltimo estaba en el 谩mbito rural. El p谩rroco era una figura fundamental junto con el cacique. Su influencia pod铆a ser mayor que la que ejerc铆an las autoridades municipales. Aunque la Constituci贸n de 1876 estableci贸 la tolerancia de cultos, no se pod铆an ejercer p煤blicamente, y la Iglesia se encarg贸 con notable 茅xito para que la presi贸n social sobre otras confesiones fuera asfixiante. Las Fuerzas Armadas 鈥揈j茅rcito y Marina- eran organismos confesionales y era casi imposible ser militar y no ser cat贸lico. El poder eclesi谩stico sobre la educaci贸n era completo. En primer lugar, porque se hizo cargo de muchos centros educativos, especialmente a trav茅s de las 脫rdenes religiosas, que educaron y conformaron la ideolog铆a de las clases dominantes espa帽olas, pero tambi茅n ejerciendo un control ideol贸gico sobre la ense帽anza en general. Otro de los pilares del poder eclesi谩stico era el de tipo moral. Para ello se apoy贸 en la mayor铆a social cat贸lica y en un entramado muy bien organizado de instituciones culturales, peri贸dicos y revistas, obras piadosas y de caridad, el nuevo sindicalismo cat贸lico, las escuelas cat贸licas y organizaciones que pod铆an movilizar a los fieles cuando algunos gobernantes intentaban aprobar medidas de separaci贸n entre la Iglesia y el Estado. Canalejas, como apunt谩bamos m谩s arriba, sufri贸 este tipo de movilizaciones.

Pero frente a este innegable poder, el anticlericalismo en Espa帽a experiment贸 un poderoso auge desde comienzos del siglo XX. Las clases trabajadoras urbanas se hab铆an alejado casi completamente de la Iglesia. El laicismo y el abierto anticlericalismo hab铆an calado en el proletariado donde la influencia ideol贸gica anarquista y socialista era evidente, pero tambi茅n cobraba fuerza en los sectores progresistas de la peque帽a burgues铆a. La mayor铆a de los intelectuales, por su parte, en un momento de esplendor de la cultura espa帽ola, estaba muy lejos de lo que representaba la Iglesia, especialmente desde el conflicto religioso que termin贸 desembocando en la creaci贸n de la Instituci贸n Libre de Ense帽anza.

El anticlericalismo espa帽ol no era monol铆tico, como ya podemos sospechar por lo expuesto en el p谩rrafo anterior. El anticlericalismo de los intelectuales y pol铆ticos reformistas del 谩mbito republicano y de gran parte del socialista buscaba cambios profundos, pero desde la legalidad, desde las reformas que separasen la Iglesia del Estado sin concesi贸n alguna, pero respetando el hecho religioso y la libertad de conciencia. El anticlericalismo m谩s popular apelaba a un odio casi visceral contra el clero, contra todo lo que representaba la Iglesia y la religi贸n porque se vinculaban con el poder pol铆tico y econ贸mico, como una faceta m谩s de la lucha de clases. Parte del movimiento obrero alent贸 este tipo de anticlericalismo, que termin贸 por protagonizar hechos tan violentos como los que se produjeron en 1909 en la Semana Tr谩gica, y en los inicios de la vida de la Rep煤blica, en mayo de 1931 con la quema de conventos, continuando con la explosi贸n violenta contra el clero al estallar la Guerra Civil.




Fuente: Nuevarevolucion.es