March 25, 2021
De parte de Ateneo Libertario Carabanchel Latina
270 puntos de vista


Fran Fern谩ndez

POR FRAN FERN脕NDEZ

Proudhon ten铆a una inclinaci贸n natural por la dial茅ctica. Pero como nunca comprendi贸 la verdadera dial茅ctica cient铆fica, no pudo ir m谩s all谩 de la sof铆stica. En realidad, esto estaba ligado a su punto de vista peque帽oburgu茅s鈥.

Karl Marx, Sobre Proudhon (Carta a J. B. Schweitzer), 1865.

El anarquismo, como tantos otros movimientos sociales, ha tenido voces cr铆ticas desde las m谩s variadas tribunas y 茅stas, ya fuesen desde una perspectiva reaccionaria, liberal o marxista, han insistido en analizarlo recurrentemente en base a prejuicios, arquetipos, t贸picos o meras manipulaciones. Con esto no se afirma que toda la producci贸n historiogr谩fica surgida desde posicionamientos no anarquistas, incluso los m谩s cr铆ticos, deban de ser tenidas bajo sospecha, todo lo contrario, puesto que desde las m谩s variadas perspectivas se han logrado an谩lisis interesantes y provechosos, de igual forma que, desde el anarquismo, se han realizado an谩lisis historiogr谩ficos deficientes e incompletos. Lo que se busca destacar aqu铆 es la existencia, desde los mismos or铆genes del anarquismo, de una producci贸n historiogr谩fica, pol铆tica, legislativa, filos贸fica o sociol贸gica encaminada a combatirlo y desacreditarlo.

En las 煤ltimas d茅cadas, pese a los avances positivos, numerosos estudios han aparecido con ese tipo de intencionalidad antianarquista, especialmente los que se circunscriben a cuestiones relativas a la violencia pol铆tica de dicho movimiento. En la d茅cada de los 鈥80 del siglo pasado, historiadores como Rafael N煤帽ez Florencio con su libro El terrorismo anarquista (1888-1909)1, plante贸 una tesis favorable a entender que, entre 1888 y 1909, en Espa帽a existi贸 un predominio dentro de la esfera anarquista de una praxis b谩sicamente terrorista2. Sin profundizar demasiado en las causas de dicha violencia, pero como m铆nimo destacando el rol de la represi贸n estatal como agente que pod铆a explicar ese clima de atentados, plante贸 una serie de cuestiones que, posteriormente, fueron asumidas sin demasiados reparos por gran parte de la historiograf铆a. Estas eran las que afirmaban que, desde la defunci贸n de la Federaci贸n de Trabajadores de la Regi贸n Espa帽ola (FTRE) hasta la eclosi贸n de la CNT, el movimiento anarquista fue bastante marginal y 煤nicamente visible por sus acciones violentas. En otras palabras, entre 1888 y 1910 el anarquismo fue un movimiento casi sin incidencia social m谩s all谩 de su acci贸n terrorista. Otras conclusiones destacadas fueron que la violencia pol铆tica anarquista gener贸 una respuesta estatal represiva que alcanz贸 tambi茅n al obrerismo organizado, as铆 como a otros sectores opositores a la Restauraci贸n. Pese al tono denunciante hacia dicha represi贸n, por considerarla desproporcionada y abusante de torturas, la tesis de fondo ten铆a un mensaje bastante claro: la violencia pol铆tica anarquista gener贸 m谩s violencia estatal, lastrando as铆 el desarrollo del anarquismo en Espa帽a, pues dificult贸 la creaci贸n de proyectos sindicales estables y separ贸 al anarquismo de las masas populares. Igualmente, pese a la denuncia de la ineficacia represiva de la Espa帽a de la Restauraci贸n y los abusos que existieron, la violencia anarquista fue algo equiparable en cuanto a desprecio moral y, por otro lado, denunciada como una pr谩ctica destinada al fracaso. En otras palabras, b谩sicamente se fraguaba la idea t铆pica del 鈥渃u帽adismo鈥 que afirma que 鈥渢odos los extremos se tocan鈥.

Dicho estudio de N煤帽ez Florencio, pese a circunscribirse a unos a帽os de apogeo e inter茅s renovado por el anarquismo y la historia social, como fueron los que estuvieron a caballo entre la dictadura franquista y primeros compases democr谩ticos3, hoy en d铆a se lo podr铆a encuadrar m谩s bien como un precursor de corrientes posteriores. El resurgir y asentamiento de este tipo de estudios en 茅poca m谩s reciente se sit煤an en el contexto posterior a los ataques yihadistas del 11 de septiembre del a帽o 2001. Por entonces David C. Rapoport, profesor de la Universidad de California de Los 脕ngeles, sac贸 a la palestra una teor铆a que ser铆a muy bien acogida por una parte importante de la historiograf铆a global e hispana en particualr. Dicha teor铆a rescataba los conocidos planteamientos de interpretar a la historia como algo circular y manifestado por diferentes oleadas que se repiten. Si antes que Rapoport lo com煤n era sentir planteamientos como el de las oleadas democratizadoras en la historia, tras 茅l se popularizar谩 el concepto de oleadas terroristas, en el sentido de la existencia de una serie de periodos hist贸ricos en donde diferentes actores, en situaciones y realidades diferentes, coinciden en cierta estrategia pol铆tica basada en el terrorismo. Rapoport plante贸 la existencia de cuatro oleadas, la primera fue protagonizada por anarquistas y nihilistas a finales del siglo XIX, mientras que la 煤ltima es la representada por la acci贸n de la yihad isl谩mica actual. En medio de una y otra, han existido otras con las mismas esencias, como fueron los fascismos, la lucha armada de los a帽os de plomo del siglo XX o la derivada de procesos descolonizadores. Una manera compleja, en el fondo, de afirmar algo tan simple como que todos los movimientos cr铆ticos con el liberalismo dominante son terroristas y fuera de cualquier l贸gica o reconocimiento, siempre y cuando no renuncien a la violencia pol铆tica. Lo mejor de todo, y en parte explicar铆a que Nu帽ez Florencio se anticipase unas d茅cadas a los postulados de Rapoport, resid铆a en algo, en el fondo tan simple, como que esos planteamientos formaban parte de una tradici贸n historiogr谩fica, aquella que entend铆a al anarquismo como algo mal茅fico, terrorista, inc贸modo e in煤til para la humanidad.

En Espa帽a uno de los primeros que se sum贸 al carro de la teor铆a de las oleadas, ampli谩ndola y perfeccion谩ndola, fue el reconocido historiador Eduardo Gonz谩lez Calleja, posiblemente el mejor investigador en los estudios sobre violencia pol铆tica que existe actualmente. Sin embargo, a lo largo de su extensa obra, a mi entender, se vislumbran planteamientos discutibles en referencia al anarquismo. En su libro El fen贸meno terrorista4ampli贸 las cuatro oleadas de Rapoport a cinco y, pese a que ofrec铆a un excelent铆simo trabajo metodol贸gico e interpretativo, no dejaba de ser lo planteado un refrito de las doctrinas que el profesor de la UCLA hab铆a proclamado apenas un par de a帽os atr谩s. Pudo ser un refrito, pero a煤n as铆 asent贸 las bases de futuras investigaciones espa帽olas.

La teor铆a de las oleadas es claramente esencialista, puesto que si pensamos que realmente algo hab铆a algo en com煤n entre Mijail Bakunin y Osama Bin Laden, m谩s all谩 que los dos viajasen mucho por el mundo, tuviesen barba frondosa y sab铆an hablar varios idiomas, es que estamos afirmando que entre una ideolog铆a nacida del tronco liberal occidental, como fue el anarquismo, y otros planteamientos reaccionarios alejados de las tradiciones ideol贸gicas m谩s occidentales, como seria el yihadismo, hay una conexi贸n hist贸rica directa. Ante esta obviedad me pregunto y no he hallado respuestas convincentes, cual tipo de conexi贸n es posible: 驴Quiz谩 de esp铆ritu? 驴Quiz谩 la existencia de cierto determinismo biol贸gico a lo C茅sare Lombroso? En definitiva, cuando analizo estas teor铆as no puedo dejar de pensar, no sin cierta sorna, en cierto esp铆ritu hegeliano o en ciertos esencialismos historicistas.

Lo comprensible y lo que produce verdadera utilidad en estas teor铆as es su defensa en el presente de una idea: todos los movimientos antag贸nicos u opositores a cierto orden establecido, en este caso liberal y capitalista, deben de ser pac铆ficos para ser respetados y admitidos, mientras que los que opten por posibles formas de resistencia o violencia pol铆tica, necesariamente ser谩n terroristas y no aceptables. Palabras que quiz谩 suenen pol铆ticamente correctas en Norteam茅rica o en la Europa comunitaria de nuestros tiempo, en donde las doctrinas del ciudadanismo, el dia暮ogo social y la encapsulaci贸n de conflictos son promocionadas con relativo 茅xito, pero que quiz谩 suenen a mera hipocres铆a si analizamos la implantaci贸n, pasada y presente, de los sistemas democr谩ticos y liberales, los cuales, casi sin excepciones, han logrado su 茅xito gracias o mediante el uso de la violencia pol铆tica.

En la misma l铆nea, m谩s all谩 de Nu帽ez Florencio o Gonz谩lez Calleja, cabe reconocer que el mayor peso en el establecimiento de dichas teor铆as en Espa帽a ha reca铆do en el t谩ndem formado por los historiadores Juan Avil茅s y 脕ngel Herrer铆n. Desde la aparici贸n en 2008 de una obra coordinada por ellos, llamada El nacimiento del terrorismo en occidente5, dichos postulados cobraron especial relevancia, llegando a ser, en el caso del estado Espa帽ol, pr谩cticamente los 煤nicos estudios propiciados desde el 谩mbito universitario profesional y con relaci贸n directa con el anarquismo en a帽os.

En 茅poca m谩s reciente, ambos investigadores han continuado editando libros bajo esos par谩metros, lleg谩ndose al paroxismo que, incluso en alguno de ellos, se intenta rescatar abiertamente a figuras tan desacreditadas como las de C茅sare Lombroso, uno de los padres de la criminolog铆a moderna quien, bajo par谩metros tales como que el anarquismo era una enfermedad mental fruto de la degeneraci贸n humana, y que dicha enfermedad pod铆a incluso ser hereditaria, argument贸 a finales del siglo XIX en contra del movimiento. Cabe recordar que argumentaciones como las de Lombroso, en cierta medida, fueron las que justificaron moralmente las leyes antianarquistas que se desarrollaron a finales de aquel siglo, especialmente a partir de la d茅cada de los 鈥906. Estas investigaciones contempor谩neas, pese a lo mucho de interesante que arrojan, puesto que metodol贸gicamente aportan nuevas y numerosas fuentes a la comprensi贸n del anarquismo, se ven lastradas por haber ca铆do enciertos par谩metros de la leyenda negra del anarquismo, aquella que lo acababa reducindolo a un movimiento sin sentido, ca贸tico y destinado a desaparecer por el bien de la humanidad.

Ezechia Marco Lombroso, m谩s conocido como C茅sare Lombroso. Es considerado el padre de la criminolog铆a moderna. En su momento fue criticado por personalidades anarquistas, ya que sus escritos criminalizaban a dicho movimiento en base a prejuicios y disciplinas 鈥渃ient铆ficas鈥 como la frenolog铆a. Hoy en d铆a sus investigaciones est谩n completamente desacreditadas, pero si pensamos en c贸mo funcionan los cuerpos policiales en occidente, o la racializaci贸n de la poblaci贸n reclusa, seguramente sus ideas siguen vivas bajo los uniformes policiales de gran parte del mundo. Fuente de la imagen: Wikimedia.

Para los sectores reaccionarios el anarquismo, por ateo, antiestatal, negador de la familia y dem谩s caracter铆sticas, fue considerado poco menos que la aberraci贸n ideol贸gica m谩s peligrosa existente. A esas cr铆ticas, casi desde sus inicios, se le hab铆an de sumar la de sectores del liberalismo que mostraron tempranamente su repudio a las corrientes socialistas, especialmente las de corte anarquista. As铆 pues, no nos ha de resultar extra帽o que, tras los sucesos de la Comuna de Par铆s, los internacionalistas en el 谩mbito europeo, y en el caso espa帽ol predominantemente bakuninistas, fueran tildados como la anticivilizaci贸n que se cern铆a sobre Europa. En el Congreso de los Diputados de Espa帽a, por ejemplo, en algunas sesiones, especialmente las comprendidas en la legislatura de 1871 a 1872, el tono contra los internacionalistas fue muy duro. Se instaba a los gobiernos a la ilegalizaci贸n de la secci贸n espa帽ola de la AIT, y pese a que destacadas personalidades de las filas republicanas, como fueron Pi i Margall o Castelar, se opusieran a dichas proclamas, o que figuras como el liberal, progresista y mon谩rquico Manuel Ruiz Zorrilla tambi茅n se opusiese, la leyenda negra contra el anarquismo se fragu贸 en discursos como el del diputado conservadorPl谩cido de Jov y Hevia7 en la sesi贸n del Congreso del 16 de octubre de 1871.

Tras describir a la Internacionl como una sociedad amoral, criminal, atea y contraria a la familia y la tradici贸n, super贸 al mism铆simo Pr谩xedes Mateo Sagasta, foribundo y conocido anti-internacionalista:

鈥渆s una constante conspiraci贸n [la Primera Internacional] para la absorci贸n de todas las fuerzas sociales, en el beneficio esclusivo de una sola clase (鈥) no me extra帽a que de tarde en tarde broten del seno de la sociedad ciertas enfermedades; todos los siglos han tenido sus b谩rbaros (鈥) Esta asociaci贸n no es m谩s que el principio del mal, que viene desde el or铆gen del mundo en lucha con el principio del bien: representa 谩 todos los tiranos; 谩 los Cosmos de Creta, 谩 los Eforos de Esparta, 谩 los groseros carpocracianos, 谩 los fan谩ticos anabaptistas, 谩 los terroristas de Babeuf, a los incendiarios de Par铆s, al mal en la lucha perp茅tua con el bien鈥8.

As铆 pues, desde sus mismos or铆genes, el anarquismo en Espa帽a y en otras latitudes ha sufrido el ataque y desprecio de adversarios pol铆ticos, creando al mismo tiempo una leyenda negra que ha perdurado hasta nuestros d铆as. Los perfiles individuales de quienes difund铆an dicha leyenda sol铆an ser conservadoresreaccionariosyciertos liberales amantes del orden.

Desde la perspectiva marxista, tambi茅n se contribuy贸 a florecer dicha leyenda, aunque m谩s bien se podr铆a calificar de amarilla, puesto que analizaba al anarquismo como un mero movimieto peque帽oburgu茅s, no cient铆fico y plagado de errores te贸ricos y pr谩cticos, en s铆ntesis, como un movimiento pr贸ximo al marxismo pero fruto de la inmadurez. Un paternalismo en toda regla.

La leyenda amarilla fue iniciada en el siglo XIX tanto por Marx, enemistado y enemigo de Mijail Bakunin, como por su fiel compa帽ero Friederich Engels9, y fue seguida inmediatamente por casi todo el espectro ideol贸gico marxista. Ya en el siglo XX, en un contexto en que parte de la historiograf铆a acad茅mica no ten铆a demasiados reparos en proclamarse marxista, algunos historiadores de gran renobre reforzaron esos posicionamientos, por ejemplo, cuando se insertaba al anarquismo como un mero movimiento primitivo10 en comparaci贸n al pragmatismo y cientifismo marxista.

Ejemplo claro de amarillismo antianarquista desde una perspectiva marxista. Fuente de la imagen: Bit谩cora Marxista-Leninista

Retomando el tema de la temprana criminalizaci贸n del anarquismo, s贸lo habr铆a que mencionar casos como el del ultramontano Juan Donoso Cort茅s (1809-1853), para entender como el anarquismo, desde sus primigenios planteamientos, fue combatido en base a la difamaci贸n y el prejuicio. Donosoafirm贸 que las escuelas socialistasen general y, centr谩ndose en los planteamientos de Pierre-Joseph Proudhon11uno de los padres del anarquismo, eran poco m谩s que doctrinas sat谩nicas12.

Esta leyenda negra no fue fraguada 煤nicamente por individualidades cercanas al conservadurismo liberal o al reaccionarismo, en el caso de Espa帽a, por ejemplo, un miembro del Partido Democr谩tico tan reconocido como fue Cefer铆 Tresserra i Ventosa, en el a帽o 1862 afirmaba que en el seno del movimiento democr谩tico hab铆an:

鈥渁narquistas que no quieren pacto, gobierno ni ley (鈥). El m贸vil de sus acciones es el c贸lera que hacen estallar como un rayo sobre todo aquel que consideran mas feliz que ellos, y como ellos son realmente desgraciados, truenan sin cesar contra todos. Su guerra es contra lo existente, sea lo que sea. (鈥) Son la rabia en su per铆odo de locura y embriaguez m谩s espantosa. Su lema es la destrucci贸n por la destrucci贸n. No anhelan otra luz que el incendio; otras armon铆as que el ruido del hacha y el lamento de la agon铆a. Necesitan respirar en una atm贸sfera de sangre y flotar en un mar de polvo y humo鈥13.

La elaboraci贸n de este tipo de discursos sirvi贸 para justificar la represi贸n en contra de los socialismos, siendo el anarquismo, en el caso del siglo XIX, la doctrina m谩s perseguida por los estados del mundo. Tras los ecos de la Comuna de Par铆s, por ejemplo, muchas secciones internacionalistas fueron proscritas: en la d茅cada de los 鈥70 en Francia, Italia o Espa帽a quedaron ilegalizadas y fueron perseguidas. Las mismas leyes antisocialistas bismarkianas, por otro lado, a veces se olvida que persegu铆an a todos los socialistas, incluyendo a los anarquistas, mientras que ya adentrados en la d茅cada de los 鈥90 de aquel siglo, lo que abund贸 por lo general fueron dur铆simas leyes antianarquistas y diferentes tratados de colaboraci贸n policial entre estados, con el empe帽o final de intentar lograr el exterminio p煤blico de las doctrinas anarquistas.

As铆 pues, al abrigo de esos a帽os de persecuci贸n y represi贸n, es habitual encontrarse en todo el mundo obras que tratan al anarquismo como una especie de fen贸meno sociol贸gico, como la plasmaci贸n de una anomal铆a que hab铆a de ser erradicada en la Historia. En el caso catal谩n, me gustar铆a recordar el ejemplo del juez y antiguo gobernador civil, Manuel Gil Maestre quien, en su conocida obra El Anarquismo en Espa帽a y el especial de Barcelona, presentaba a los anarquistas como una turba incendiaria, violenta y abyecta.

En las primeras d茅cadas del siglo XX la din谩mica contraria al anarquismo continu贸 bajo esquemas similares. Toda una serie de argumentos florec铆an y se utilizaban hasta el hartazgo. Uno de ellos, especialmente en el caso de Espa帽a, pero que tambi茅n fue algo habitual en otras latitudes, se centr贸 en afirmar que el peligro anarquista era algo venido de fuera, una contaminaci贸n externa que no era propia de las tierras aut贸ctonas. No era nada nuevo, puesto que ya durante el Sexenio Democr谩tico, esa interpretaci贸n ya estaba presente cuando el mismo Jov茅 y Hevia acusaba al gobierno de ser culpable de 鈥渢olerancia con la irracional, ileg铆tima, inmoral y extranjera [subrayado m铆o] asociaci贸n que se ha dado el mentido nombre de 鈥業nternacional de trabajadores鈥14En abril de 1892, por ejemplo, otro pol铆tico, el conservador Crist贸bal Botella y G贸mez de Bonilla, quien fuera Catedr谩tico de Derecho de la Universidad Central de Madriden un contexto de fuerte represi贸n europea contra el anarquismo, especialmente en Francia, en donde se estaba instando a la expulsi贸n de todos los anarquistas extranjeros residentes en dicho estado, afirmaba lo siguiente en el Congreso:

鈥渉a llegado la ocasi贸n de perseguir a los anarquistas como 谩 los que se dedican a la trata de negros 贸 谩 los que se emplean en la pirater铆a; es decir, como aquellos 谩 quienes los romanos llamaban, seg煤n sabe el Ministro de Hacienda mejor que yo, 鈥榚nemigos de la humanidad鈥. (鈥) ha llegado el momento oportuno para adoptar medidas preventivas; en una palabra, para expulsar del territorio espa帽ol 谩 todos los anarquistas extranjeros que, con su propaganda, como la que realizan en Oviedo y Barcelona, perturban el orden que reina en nuestra Patria y excitan las pasiones de los obreros espa帽oles, que hasta ahora, justo es decirlo, han dado repetidas muestras de prudencia y sensatez鈥15.

En resumen, desde un punto de vista biologicista, al estilo que practicaban los nazis en su momento, si entendemos a Espa帽a como un organismo vivo, los anarquistas extranjeros ser铆an poco menos que una especie de enfermedad contagiosa o c谩ncer que se deb铆a de erradicar. Desde un punto de vista sencillamente nacionalista, el anarquismo era un fen贸meno ajeno a la naci贸n y, por lo tanto, destinado a ser perseguido.

En una escala m谩s localista, esa foraneidad o extra帽eza del anarquismo se observar谩 a lo largo de la Historia, bajo el argumentario que los excesos anarquistas en momentos puntuales de conflictividad extrema, fueron cosa de personas de otras localidades. Sobre la Setmana Tr脿gica de 1909, por ejemplo, resulta bastante habitual encontrarse fuentes que, tras la quema de edificios o sabotajes, afirmasen que los destrozos hab铆an sido causadas por personas de otras localidades y/o barrios. Este argumentario se ha repetido hasta la saciedad y muchas veces se ha seguido como un axioma para las investigaciones posteriores. En general, bajo estos planteamientos de la foraneidad, lo que se intentaba inducir era la conclusi贸n que el anarquismo no estaba arraigado en un determinado territorio. Este discurso antianarquista fue tan importante que fue adquiriendo entidad propia m谩s all谩 del abanico discursivo de la leyenda negra. De hecho, incluso dentro del propio anarquismo, en figuras como Max Nettlau o Juan Montseny, este tipo de posicionamientos de la foraneidad, aunque sin la voluntad de estigmatizar, tambi茅n fueron bastante asumidos.

Con el avance de otras ideolog铆as en tierras espa帽olas, como fueron los nacionalismos hoy llamados perversamente c贸mo perif茅ricos, el posicionamiento general en referencia al anarquismo no fue especialmente favorable. En el caso del catal谩n, esta argumentaci贸n fue bastante exitosa, reduciendo la radicalidad anarquista a la migraci贸n almeriense y murciana, escondida en barrios marginales como La Torrassa de L鈥橦ospitalet de Llobregat.As铆 pues, frente al radical migranteeste discurso nacionalista aseguraba que exist铆ael trabajador o artesano catal谩n, que representaba la honradez, la sumisi贸n a los poderes y la laboriosidad innata de estas tierras del noreste peninsular. Un tipo de discurso historiogr谩fico que a煤n perdura.

Estos prejuicios se pueden encontrar incluso entre los excelentes trabajos de uno de los estudiosos m谩s importantes del anarquismo, del cual, sin duda, se le debe de agradecer el rescate e inter茅s por dicha tem谩tica, aunque en este y otros sentidos creo que se equivocaba en sus interpretaciones. Dicho historiador fue el gran y hoy difunto Josep Termes quien, posiblemente influenciado por Jaume Vicens Vives y, al mismo tiempo, por una parte de la historiograf铆a catalanista del primer tercio del siglo XX, defendi贸 este tipo de planteamientos. En un veterano texto suyo, Federalismo, anarcosindicalismo y catalanismo, fundament谩ndose en este t贸pico, afirmaba que 鈥quienes impusieron este apoliticismo [en referencia al resultado del Congreso de la FRE-AIT de 1870] fueron los delegados no catalanes (los quince votaron a favor del dictamen), que representaban un escu谩lido movimiento obrero鈥16Unas palabras que veladamente contraponen el apoliticismo del sur peninsular con el poderoso movimiento obrero catal谩n, el cual, s铆 que mostraba, bajo la tesis de Termes, un fuerte contacto con la pol铆tica. Termes explic贸 que el congreso de 1870 fue un error por parte del obrerismo de Catalunya, puesto que abri贸 un predominio anarquista, tambi茅n en Catalunya, de dichas doctrinas.

M谩s all谩 de considerar que la sumas de los resultados que plante贸 Termes para interpretar dicho congreso no me encajen demasiado, o que determinados delegados fuesen de dif铆cil 鈥渢erritorializaci贸n鈥, tales como el republicano, socialista, catal谩n, pero residente habitual en Madrid, Jos茅 Rubau Donadeu17, lo importante del planteamiento de Termes es que cogi贸 parte del legado discursivo de la radicalidad for谩nea para realizar lo que me gustar铆a definir como met谩fora del maestro Vicens Vives, un 鈥淣ot铆cia de Catalunya鈥. Y con esto me refiero a que Termes readapt贸 los planteamients de Jaume Vicens Vives en su obra hom贸nima18. Es decir, plantear bajo una argumentaci贸n hist贸rica el mero ensayo pol铆tico. Si Vicens Vives romp铆a con la habitual seriedad de sus investigaciones para ofrecernos, en palabras del compa帽ero Xavier D铆ez, 鈥渦n intent agosarat de repensar el nostre pa铆s en el dif铆cil context de la postguerra i una dictadura que frisava per fer-nos desapar猫ixer com a pa铆s. La seva tesi, coherent amb el projecte pol铆tic, era que Catalunya havia tingut un passat potent, dominat per una combinaci贸 de seny i una rauxa responsable de la derrota de 1939鈥19, Termes hizo algo similar en referencia al anarquismo. S铆, lo rescat贸 del olvido y contribuy贸 a la popularizaci贸n de su estudio, aspecto del cual muchos nos podemos considerar deudores, pero se dej贸 llevar por la interpretaci贸n que defend铆a el topicazo de una confrontaci贸n estrat茅gica entre anarquistas o anarcosindicalistas catalanes, normalmente legalistas y moderados, frente a los migrantes y andaluces radicalizados. En ese contexto, Termes reivindicar谩 esa templanza catalana como sin贸nimo de un pasado en directa conexi贸n con ciertos sectores del nacionalismo de izquierdas de su presente. El problema derivado de ello es que dicha interpretaci贸n calar谩 fondo en obras posteriores, dificultando as铆 la verdadera cosmovisi贸n de los anarquistas de entonces, ya que es una interpretaci贸n que deja muy de lado, por ejemplo, sus identidades internacionalistas y cosmopolitas en relaci贸n a su implantaci贸n en Catalunya, o la existencia de anarquistas radicales nacidos y/o criados en Catalunya. Pocas obras historiogr谩ficas producidas desde planteamientos nacionalistas catalanes reconocer谩n que la mayor parte de la poblaci贸n catalana, ya sea en el siglo XIX o primeras d茅cadas del XX, no ten铆an una identidad catalanista, m谩s bien una identidad contraria a los nacionalismos, tanto el espa帽ol como el catal谩n, por considerarlos movimientos reaccionarios en esencia, e indagar en en dichos aspectos no siempre va bien para determinados discursos nacionalistas.

Mi intenci贸n, en este caso, no es tanto incluir a Termes o a Vicens Vives como ejemplos de historiadores antianarquistas, porque no lo fueron, ya que en sus respectivos contextos, sus atrevimientos por volver a repensar el anarquismo fueron ejercicios necesarios y, con el paso de las d茅cadas, han servido para poner sobre el tapete nuevas investigaciones, redescubrir sucesos e incluso, en plena posmodernidad, han inspirado una visi贸n particular mostrada en varias investigaciones, por ejemplo con Xavier D铆ez en L鈥橝narquisme, fet diferencial catal脿En 茅l se recogen los planteamientos de Vives sobre la rauxa catalana y, en un ejercicio t铆pico de nuestra 茅poca, tal cual es darle la vuelta al calcet铆n, esa negatividad que enarbol贸 Vicens Vives sobre la rauxa, Diez lo transforma en algo interesante y, se atreve a afirmar, que es una caracter铆stica intr铆nseca y positiva de la naci贸n catalana, siendo representantes hist贸ricos del esp铆ritu antiestatista la fuerza del republicanismo federal m谩s socializante y el anarquismo catal谩n, que fue durante d茅cadas el movimiento social hegem贸nico en estas tierras.

Fuente de la imagen: Virus editorial

Para Diez, ese legado antiestatista actualmente reside en movimientos sociales como el representado por la Esquerra Independentista, y aqu铆 tiene bastantes similitudes con Termes. En el fondo, ambos historiadores, desde posicionamientos diferentes pero al mismo tiempo parecidos, lo que interpretaron es que entre el anarquismo hist贸rico y el nacionalismo de izquierdas coet谩neo a ellos, exist铆an v铆nculos directos, lo que repercutir铆a en un argumentario favorable a interpretar ese tipo de nacionalismo catal谩n como algo arraigado profundamente en el tiempo y con referentes en el pasado, siendo una parte del anarquismo un precursor nacionalismo catal谩n de izquierdas. La diferencia evidente entre ambos es que mientras que el difunto Termes pensaba que ese nexo deb铆a de estar estrechamente vinculado con los sectores m谩s legalistas y sindicalistas, Diez tambi茅n incluy贸 en la conexi贸n hist贸rica a ciertos sectores m谩s radicalizados. Mera perspectiva ideol贸gica, pero discursos 鈥渉istoriogr谩ficos鈥 con motivaciones similares, como ser铆a el mirar en el pasado y crear referentes en base a pruebas poco concluyentes, pero 煤tiles en un contexto como el actual, en donde la poblaci贸n b谩sicamente tiene identidades nacionales, las cuales suelen estar en conflicto entre ellas, y para justificar la Historia de determinada corriente pol铆tica, analizar en el pasado a movimientos hegem贸nicos en el mismo, en este caso el anarquismo, Termes con el objetivo de separar al buen anarquista catal谩n (pac铆fico y legalista) del mal anarquista anadaluz y murciano, mientras que Diez con el objetivo de marcar referentes propios a un sector del nacionalismo catal谩n como ser铆a el de l鈥橢squerra Independentista, el cual suele ir an茅mico de los mismos si miramos en el siglo XIX. Pero bien, nada nuevo bajo el sol, s贸lo habr铆a que leer mensajes en redes sociales de determinados pol铆ticos nacionalistas espa帽oles quienes, bajo un prisma similar, intentan hacer pasar por nacionalismo espa帽ol al proletariado internacionalistas hispano de anta帽o.

Ejemplo de lo comentado en el p谩rrafo. Nacionalismo espa帽ol que se apropia la lucha anarcosindicalista de la Huelga de la Canadiense

Notas:

1 NU脩EZ FLORENCIO, RAFAEL. El terrorismo anarquista, 1888-1909. Madrid: Siglo XXI, 1983. Cabe hacer constar que dicho estudio es en realidad una adaptaci贸n de una tesis doctoral de 197?
2 MADRID, Francisco. Del terrorismo anarquista al terrorismo historicista. nc: CEDALL, nc. Disponible en: http://www.cedall.org/Documentacio/IHL/terrorismo_anarquista.pdf (consulta el 4 de enero de 2021).
3 Es cuando se empiezan a conocer, pero ya en la d茅cada de 1970 algunas tesis doctorales, incluida la de N煤帽ez Florencio, la cual ser铆a la base del libro sobre terrorismo anarquista de 1888 a 1909, empezaron a trazar las l铆neas maestras de estas interpretaciones sobre el pasado libertario.
4 GONZ脕LEZ CALLEJA, Eduardo. El fen贸meno terrorista, Madrid: Dastin, 2006.
5 AVIL脡S, Juan & HERRER脥N, 脕ngel (eds.). El nacimiento del terrorismo en occidente, Madrid: Siglo XXI, 2008.
6 No quiero entrar en m谩s profundidad en este asunto, y en todo caso remito, para profundizar en dicha cr铆tica a la teor铆a de las oleadas, a un peque帽o libro que fue editado el pasado 2011 y que trata, precisamente, sobre dicho tema: FERN脕NDEZ G脫MEZ, Francisco de Paula. Oleadas terroristas. Barcelona, Aldarull, 2011.
7 Un liberal conservador seguidor de C谩novas del Castillo.
8 Diario de Sesiones del Congreso (DSC), n潞119 del 16/10/1871, p. 2992.
9 ENGELS, F. Los Bakuninistas en Acci贸n, nc: Marxist Internet Archive, n.c. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/1873-bakun.htm (consulta el 4 de enero de 2021).
10 Por ejemplo: HOBSBAWM, Eric. Rebeldes Primitivos, Barcelona: Ariel, 1983.
11 Nacido en Besan莽on, Francia, en 1809, de este socialista se suele afirmar que es uno de los padres de las doctrinas anarquistas. En mi opini贸n, al igual que otros socialistas de mediados del siglo XIX, tales como Anselme Bellegarrigue o Joseph D茅jacque, m谩s que anarquistas, deber铆an de ser considerados socialistas que sentaron las bases de dicha ideolog铆a pero que, pese a todo, a煤n ten铆an muchas reminiscencias liberales o de los primeros socialismos. En cualquier caso, el anarquismo los reconocer谩 a menudo como padres fundadores del ideal y su influencia ser谩 notable, especialmente si nos referimos a Proudhon.
12 DONOSO CORT脡S, Juan (de. Preparada por Jos茅 Vila Selma). Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo, Madrid: Editora Nacional, 1978.
13 TRESERRA, Ceferino. 驴Los anarquistas, los socialistas y los comunistas son dem贸cratas?, Barcelona, Librer铆a de Salvador Manero, 1861, pp.51-52.
14 DSC, n潞111, 02/10/1871
15 DSC, n潞173, 05/04/1892, p.4811.
16 TERMES, Josep. Federalismo, anarcosindicalismo y catalanismo, Barcelona: Anagrama, 1976, p. 23.
17 Pese a ser catal谩n se present贸 en el congreso como delegado de los braceros de un pueblecito de Toledo, en su nombre en el art铆culo se enlaza un breve perfil biogr谩fico publicado el pasado 2016 en este portal.
18 VICENS VIVES, Jaume. Not铆cia de Catalunya. Originalmente el libro se public贸 en plena dictadura franquista, concretamente en el a帽o 1954. Sobre 茅l hay diversas ediciones, actualmente Grup 62 vende el mismo en formato f铆sico y en e-book.
19 DIEZ, Xavier. L鈥檃narquisme, fet diferencial catal脿. Barcelona: Virus, 2013, p.107.

Imagen destacada: Medici贸n antropom茅trica de la cabeza. Fuente: Criminologia 2B

FUENTE: SER HIST脫RICO




Fuente: Ateneolibertariocarabanchellatina.wordpress.com