July 11, 2022
De parte de Periodico Anarquia
185 puntos de vista

Pensar en nuestros barrios es un acto crucial, una acci贸n tan necesaria como rebelde. Reflexionar sobre los sitios que frecuentamos, que caminamos, aquellos que son de pasada y aquellos en los cuales estamos obligados a permanecer puede ayudarnos a entender como ellos nos moldean, c贸mo somos tambi茅n por donde estamos. Pensar para cambiar y cambiar para poder pensar.
Los espacios urbanos son lugares de consumo y como tales responden a dos exigencias b谩sicas: el beneficio econ贸mico y el control social. Estas exigencias que deben cumplir los espacios urbanos condicionan su aspecto y nuestras vidas.
Nuestros barrios pasan por la aplanadora del capital financiero y se convierten en espacios privatizados, lugares hechos enteramente para el consumo. Cada vez se har谩 m谩s dif铆cil encontrar la diferencia real entre un shopping y un barrio. Los barrios c茅ntricos parecen ya shoppings sin techo y los perif茅ricos shoppings en construcci贸n. El v铆nculo entre las personas ha sido colonizado por la relaci贸n mercantil. Aun lxs mayores de treinta a帽os nos espantamos cuando lxs ni帽xs se venden figuritas entre ellxs como si cada unx se hubiera convertido en un peque帽o comerciante.
Con respecto al control, la similitud entre los barrios y las zonas de guerra es inevitable. Los conflictos b茅licos han servido siempre al desarrollo urban铆stico y eso se nota. La guerra hoy se ha trasladado a las ciudades, el campo de batalla actual ha roto el l铆mite entre el terreno civil y el b茅lico. El Estado se ha ido adaptando a este cambio y prepara a sus fuerzas cada vez m谩s para actuar dentro de las ciudades tanto militarizando a sus polic铆as como compartiendo funciones de seguridad interna con efectivos militares. La idea aun es resistida en nuestro territorio donde apenas los vemos en las fronteras pero es com煤n en muchos pa铆ses donde se ha ido compartiendo el patrullaje.
Los megaoperativos que se parecen demasiado a los chekpoints de los ej茅rcitos en Siria o Hait铆, los botones en ronda por los barrios o las omnipresentes c谩maras nos colocan en 鈥渢erreno de conflicto鈥 aunque no queramos. El intento de monopolizaci贸n de la fuerza por parte del Estado y nuestra incapacidad actual de cuidar de nosotrxs mismxs, de tener vecindad en nuestras calles se convirti贸 en una mezcla explosiva.
Con v铆nculos degradados, dirigidos por el lucro y bajo vigilancia constante, la aislaci贸n de lxs vecinxs recluidxs en sus bunkers s贸lo puede sentirse af铆n al discurso del miedo. Despu茅s de la dictadura la idea del enemigo pas贸 del subversivo al habitante de los m谩rgenes, delincuente, antisocial, nini, a ese 鈥渆mpresario apurado鈥 como llam贸 Barret al ladr贸n. Con menos espacios de encuentro crece el aislamiento, el desinter茅s, la confrontaci贸n y sobre todo el miedo.
El discurso del terror intenta desvincular a la violencia de su origen y se concentra s贸lo en aquella subjetiva. Todo queda reducido al hecho, a la noticia, al espect谩culo sangriento mientras se obvia la violencia estructural o sist茅mica. Convenientemente muchxs olvidan que no puede hablarse del aumento de la violencia sin hablar del aumento de la aislaci贸n social y que 茅sta tiene que ver con el consumo y los tipos de v铆nculos que fomentan nuestras urbes. Ver el centro de la ciudad es ver un sitio que no est谩 hecho para la vida en com煤n sino para ir de pasada a consumir. El paisaje se ha poblado de c谩maras, polic铆as y de pasterxs rascando de donde pueden. La vieja consigna comunista de a cada cual seg煤n su necesidad y de cada cual seg煤n su capacidad ha sido sustituida por a cada cual seg煤n su cr茅dito y de cada cual seg煤n su dinero.
驴C贸mo hacer vivibles los espacios nuevamente? No hay una respuesta simple. Las ciudades responden a l贸gicas de consumo y control social para desarrollar el beneficio de las empresas, si respondieran a principios como la solidaridad, el juego y la vida en com煤n, principios contrarios a la especulaci贸n y al dinero, simplemente se transformar铆an. Los espacios de nuestros barrios se est谩n transforman para mantenernos alejadxs unxs de otrxs. Tenemos que comprender que existe una relaci贸n 铆ntima entre los diferentes elementos para as铆 enfrentarlos y transformarlos. Podemos seguir creyendo que con m谩s encierro, leyes duras y consumo podremos evitar el desprecio a la vida en nuestras calles pero son justamente estos los que potencian el problema de ra铆z.
Crear una vida en com煤n no es adaptarnos a煤n m谩s a los intereses empresariales y financieros sino a los nuestros.

R.M.

(Tomado del peri贸dico 芦Todo y Ahora禄).




Fuente: Periodicoanarquia.wordpress.com