November 20, 2020
De parte de La Haine
66 puntos de vista

La degradaci贸n de la situaci贸n es de tal magnitud, en todos los planos y de forma tan acelerada y precipitada, que plantea unos retos ingentes a quienes bregan por insertar una l铆nea revolucionaria en el seno del pueblo, que solo podr谩 salir de la barbarie que se perfila cuestionando directamente al poder. La pandemia no ha hecho sino acelerar y agravar hasta el paroxismo una crisis sist茅mica que ya ven铆a anunci谩ndose, y la declaraci贸n de estados de alarma en sus distintas versiones no hace sino dificultar sobremanera las condiciones en que tiene que darse una lucha de clases que no solo no puede confinarse, sino que tiene que pasar a niveles superiores.

La sucesi贸n de acontecimientos en las 煤ltimas semanas plantea a la militancia que se reclama del movimiento revolucionario, e incluso a la que meramente se proclama progresista, dar pasos resueltos y decididos en la superaci贸n de los l铆mites que nos afectan, empezando por clarificar y saberse manejar en una situaci贸n que es normal que vaya a ser de m谩ximo caos, confusi贸n y eclecticismo en el seno de la indignaci贸n y la protesta. La coyuntura extrema que se nos dibuja nos obliga a hacer prueba de m谩xima inteligencia en la reagrupaci贸n de fuerzas, forzosamente diversas, frente al principal enemigo en estos momentos: la gran oligarqu铆a financiera y empresarial, la pol铆tica imperialista dictada por la Uni贸n Europea y los gobiernos a su servicio.

M谩s all谩 de anuncios y 鈥渄esanuncios鈥 administrativos, donde la demagogia y la mentira calculada campan a sus anchas, en medio de peleas politiqueras por coger el volante gubernamental, en mitad pues de este desorden generalizado, la 煤nica pol铆tica clara y planificada que desde el poder finalmente se impone es la de salvar y rescatar a esas oligarqu铆as parasitarias. Nada les valdr谩 m谩s que eso.

Existe un inter茅s por parte de los medios en tildar de 鈥渘egacionista鈥 cualquier oposici贸n a los dictados del gobierno, una burda simplificaci贸n que no tiene otro fin que el de acomplejarnos y tornarnos d贸ciles ante el control social que de facto se est谩 imponiendo. Por m谩s que sea cierta la existencia de ese negacionismo del virus, no podemos caer por un segundo en su trampa. No somos negacionistas de la enfermedad, pero s铆 que negamos la mayor, y por partida doble. Negamos que este Estado al servicio de los oligarcas par谩sitos de aqu铆 y de Bruselas-Berl铆n pueda controlar y salvarnos de las dos grandes enfermedades en curso: la propia pandemia y la de la enorme descomposici贸n social que tanto sufrimiento callado est谩 generando. Aqu铆 no cabe m谩s que estar en primera l铆nea del negacionismo sist茅mico.

Frente a la planificaci贸n estatal que se hace al servicio exclusivo de los grandes emporios financieros y empresariales 鈥搉egando incluso su sacrosanta econom铆a de mercado, que solo dejan para inframercantilizarnos laboral y socialmente o para cargarse sectores empresariales de segunda fila鈥, urge la planificaci贸n al servicio del pueblo. Hay que caminar hacia el control popular de los grandes sectores financieros e industriales, de los dominios de la sanidad, de los servicios sociales. Planificaci贸n social o barbarie, eso es lo que est谩 en juego; algo imposible de lograr sin cuestionar la dictadura del capital bajo la que vivimos. He aqu铆 la alarma mayor que debe sonar en la lucha de un pueblo que se juega su propia salvaci贸n.

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Efectivamente nos encontramos en medio de ese tipo de crisis profunda comparable a otras que han hecho temblar el curso de la historia; m谩s a煤n por la fuerza con que se da en el centro mismo del sistema capitalista. La crisis que vivimos es de las que, si no se resuelven con un cambio en la clase que tiene el poder, nos aboca irremediablemente a situaciones de guerra social o directamente de guerra abierta, como ya ha ocurrido en otras ocasiones. En cualquier caso, nada tendr谩 que ver el escenario de lo que vendr谩 con lo que hab铆amos vivido hasta ahora.

Cuando decimos que la situaci贸n es de gran degradaci贸n en varios planos es porque, adem谩s de agravar extremadamente las condiciones de vida de la clase obrera y los sectores populares m谩s humildes, tambi茅n afecta a sectores de la burgues铆a, de los peque帽os y medianos empresarios, conllevando una extensa descomposici贸n social. Es por eso que no podemos contentarnos con generalidades del estilo de que estamos ante un estado burgu茅s, de la econom铆a capitalista, etc. Estas categor铆as, siendo totalmente justas, hoy son insuficientes para situarnos ante la compleja realidad de las contradicciones sociales y la expresi贸n que pueden tomar en forma de protestas; m谩xime cuando tenemos un gobierno que va de progresista y se le asocia con la izquierda y hasta con el socialismo.

Numerosos sectores de la peque帽a burgues铆a en proceso de descomposici贸n, o incluso de la burgues铆a media, entran hoy objetivamente en contradicci贸n con las pol铆ticas dictadas al servicio de la oligarqu铆a, por un gobierno que se intenta disfrazar de socialdem贸crata. El resultado es que esos sectores llegan a movilizarse con discursos reaccionarios e imposibles, pudiendo arrastrar con ellos a capas humildes de la poblaci贸n en una situaci贸n l铆mite. Y no por ello debemos situarnos ni por un instante al lado de un gobierno que ejecuta, entre postureos de todo tipo, la pol铆tica del enemigo principal se帽alado m谩s arriba; por m谩s que, por supuesto, debamos mantener distancia ideol贸gico-pol铆tica con los distintos sectores reaccionarios.

En un contexto en que la econom铆a de mercado no funciona, en que ni 鈥渓os de arriba鈥 controlan lo que est谩 pasando, los Estados ahondan en su reconversi贸n en reg铆menes de contrarrevoluci贸n preventiva, cada vez m谩s preparados para la guerra social. Es mentira que tengamos un gobierno socialdem贸crata. De ser cierta tal cosa, ese gobierno entrar铆a en contradicci贸n inmediata con los dictados oligarcas y de la Uni贸n Europea, que cada vez estrechan m谩s los m谩rgenes reales de las reformas; unas reformas y mejoras, cuya m谩xima garant铆a para obtenerlas y asegurarlas es que sean arrancadas como 鈥減roductos accesorios de una lucha con perspectiva revolucionaria鈥, parafraseando a Lenin.

Sobre este gobierno, lo que importa es que no solo no se opone a los dictados del capital nacional e internacional, sino que se postula como sus mejor garante ante un desbordamiento de la protesta. El papel del 鈥渞eformismo鈥 en el gobierno como anestesiante de la lucha de clases cobra m谩s fuerza a煤n en la situaci贸n que se est谩 abriendo. Tanto es as铆, que hasta el propio S谩nchez hace esfuerzos por convencer a la patronal de la utilidad de UP en el gobierno1, en base al papel de apagafuegos que estos pudieran jugar frente a la enorme protesta social que se avecina.

Por lo dem谩s, es necesario se帽alar que la derecha espa帽ola proveniente del franquismo tiene unos v铆nculos m谩s fuertes con el empresariado patrio, la peque帽a o mediana patronal, la burgues铆a rural, etc., mientras el PSOE, que tiene una importante base social en el funcionariado o personal que vive de las administraciones, tiene a menudo una conexi贸n y obediencia m谩s directas con la oligarqu铆a financiera. A ello hay que sumar la lealtad que el llamado centro-izquierda ha tenido siempre hacia la Uni贸n Europea, mayor que el de una derecha que en general viene de unas relaciones m谩s estrechas con el imperialismo estadounidense; lo cual ha llegado incluso a utilizar para hacerse m谩s fuerte ante la Comisi贸n Europea, siendo el ejemplo m谩s notorio el de Aznar. Todo esto, en el contexto de un Estado intermedio como el nuestro, en medio de una fuerte competencia internacional por comerse mercados ajenos 鈥揳lgo que persigue sobremanera el n煤cleo duro de la UE鈥, hace que un gobierno como el actual pueda serle m谩s 煤til a dicho n煤cleo duro en la aplicaci贸n de sus pol铆ticas de integraci贸n-expansionistas. As铆 ha venido siendo de hecho desde los a帽os del felipismo.

Al actual gobierno no lo convierte en inocente, ni menos a煤n lo hace objeto especial de nuestro cuidado, el que se le enfrenten elementos con discursos reaccionarios, por mucho disfraz democr谩tico o antifascista con que se quiera revestir. Si alg煤n papel ha jugado frente a la reacci贸n es el de allanarles el terreno, y convenz谩monos de que no le va a temblar el pulso a la hora de descargar sobre el pueblo toda la capacidad represiva de su aparato estatal. Ya hemos visto a los Iglesias utilizando el espantajo de la extrema derecha para justificar esa represi贸n, y en estos d铆as ya se suceden noticias de casos represivos hacia militantes y luchadores sociales de todo tipo. Sea como fuere, nuestro enfrentamiento a los que gritan 鈥渧ivan las caenas鈥, a los elementos m谩s casposos del r茅gimen, debe supeditarse a las necesidades mayores de la lucha de clases; en concreto, a contribuir a concentrar el m谩ximo de fuerzas y tambi茅n a aislar al m谩ximo a la fracci贸n del capital que pilota esta guerra.

En las 煤ltimas semanas se han comenzado a precipitar acontecimientos en forma de protestas, muchas de ellas ca贸ticas, con una fuerte componente espont谩nea, lemas difusos y participaci贸n e ideolog铆a muy ecl茅cticas, derivando varias de ellas en disturbios y enfrentamientos con la polic铆a. Algunas movilizaciones han sido en barrios obreros, como las que ocurrieron en Gamonal, con consignas antifascistas y una participaci贸n que llamar铆amos de izquierdas, mucha de ella joven. Tambi茅n han seguido un patr贸n similar, quiz谩s m谩s organizado, algunas de las habidas en Euskal Herria, donde por cierto no es casualidad que no aparezcan con fuerza expresiones reaccionarias, producto de que all铆 existiera durante d茅cadas un movimiento verdaderamente rupturista que no cre贸 vac铆o pol铆tico entre el pueblo, y cuyo poso sigue estando presente.

Ciertamente, algunas de las convocatorias han venido siendo pringadas con la intervenci贸n de grup煤sculos de extrema derecha (o de gente en longitud de onda con ellos), pero ni son todas ellas ni se debe magnificar su capacidad de convocatoria. Pretender afirmar que esta gente es capaz de movilizar lo que se ha visto estas semanas atr谩s es otorgarles una capacidad que no tienen. Y en cuanto a la extrema derecha m谩s institucional, hemos visto las contradicciones en las que han ido cayendo diferentes l铆deres de Vox, a veces aplaudiendo las protestas contra el gobierno, a veces echando la culpa de disturbios y saqueos a la 鈥渆xtrema izquierda鈥 o a la inmigraci贸n, desdici茅ndose hoy de lo que dijeron ayer.

En el Estado espa帽ol hist贸ricamente nunca ha habido una extrema derecha obrerista o social que haya logrado ser de masas, y 茅sta en gran parte ha tenido una componente clasista muy marcada. Su inmensa mayor铆a nunca ser谩 capaz de tener un discurso consecuente contra la gran burgues铆a, contra el capital financiero, por las ligazones personales que tiene con 茅l y que vienen del franquismo. Y, sobre todo, la extrema derecha es incapaz de entrar en contradicci贸n con las fuerzas de seguridad del Estado. Se mover谩 como pez en el agua en las concentraciones del Barrio de Salamanca, pero lo tiene realmente crudo para poder liderar ning煤n tipo de protesta social, ya no digamos de clase, de cierto calado. Una l铆nea consecuente, que se desprenda de prejuicios esquem谩ticos y que haga un trabajo permanente entre las masas, es perfectamente capaz de aislarla. Pero para ello hay que desmarcarse de todo tipo de conciliaci贸n y acomplejamiento para con el 鈥減rogrer铆o鈥.

Volviendo a las movilizaciones, si algo es evidente es que no podemos encasillar lo que hemos visto hasta ahora bajo un 煤nico patr贸n, ni tener total claridad acerca de lo que est谩 pasando, pero no pasa nada: m谩s grave ser铆a querer simplificar la realidad para hacerla encajar en esquemas preconcebidos. Hist贸ricamente, en momentos de profunda crisis econ贸mica se han sucedido protestas de grupos lumpenizados y proletarizados, o de capas intermedias en proceso de proletarizaci贸n, con altos niveles de eclecticismo y sin responder a patrones organizativos t铆picos del movimiento obrero cl谩sico. Pues bien, m谩s a煤n ocurrir谩 esto en un contexto en que el movimiento revolucionario contin煤a en horas tan bajas. El hecho de que unas protestas no expresen reivindicaciones claras o no sigan un patr贸n ideol贸gico determinado no s贸lo no las convierte en reaccionarias, es que seguramente puedan seguir jugando un papel progresivo, en la medida en que contribuyan a confrontar con el enemigo de clase.

Hay que se帽alar que en estas semanas tambi茅n ha habido movilizaciones convocadas por sectores del movimiento obrero y popular organizado, que no se mencionan en unos medios de comunicaci贸n interesados en tachar de negacionista o de ultraderecha a casi todo lo que se mueve. Algunas de ellas han sido muy numerosas, y por cierto, se han llegado a 鈥渃omer鈥 grupos de esos reaccionarios o negacionistas que tambi茅n anduvieron por all铆, quedando sepultados dentro de la propia movilizaci贸n por la fuerza de la misma; sirva esto de ejemplo de que no hay mejor ant铆doto contra la extrema derecha que una fuerza de clase organizada capaz de vehicular el descontento social.

A煤n est谩 reciente el ejemplo en Francia de unos chalecos amarillos sobre quienes al principio se vert铆an acusaciones similares a las que estamos asistiendo estos d铆as. En esas movilizaciones hab铆a sectores de la peque帽a burgues铆a, con ideas reaccionarias, con algunas organizaciones de extrema derecha intentando pescar en r铆o revuelto鈥 A partir de aquellas protestas se desarroll贸 un important铆simo movimiento que sostendr铆a un conflicto con el Estado que durar铆a meses2, y que ha significado un enorme aprendizaje colectivo para el pueblo vecino.

As铆, lo esencial de las protestas que inevitablemente se van a dar, en lo que debemos poner acento, es si en ellas hay pueblo, si hay sectores que se est谩n viendo al l铆mite del precipicio con la brutal crisis en curso. Y en numerosos casos as铆 est谩 siendo; en muchas ciudades ha sido gente joven, con cierta abundancia de perfil migrante, que sale a expresar rabia y descontento de la manera en que sabe. Por cierto, esta crisis va a sacar mucha gente nueva a la calle, capas populares que nunca antes hab铆an salido y que no responder谩n a forma o expresi贸n organizativa alguna. Tarea nuestra ser谩 contribuir a elevar ese descontento y esos primeros niveles de conciencia a estad铆os m谩s elevados. Y eso pasa por saber hacerlo.

Como venimos se帽alando, en un Estado donde domina el capital financiero y en un momento hist贸rico en el que no hay margen para que 鈥渟e salve鈥 todo el mundo, es normal que salgan a protestar sectores de la peque帽a burgues铆a en descomposici贸n. Como tambi茅n es normal que diferentes capas populares que pueden salir a la calle, no expresen ni siquiera contenidos progresistas. 驴Qu茅 podemos esperar al respecto cuando a la debilidad de la l铆nea revolucionaria se le suma que agentes de facto del gran capital y de las pol铆ticas dictadas por la Uni贸n Europea aparezcan con ropajes progresistas y de izquierda?

La criminalizaci贸n que se est谩 dando de las protestas es de libro, de un libro muy conocido ya en este pa铆s desde tiempos de la transici贸n. Primero negando que en ellas haya gente, mucha de ella joven, que podr铆amos llamar de izquierdas, combativa, o sencillamente que haya pueblo expresando descontento de la manera que sea. Y segundo, metiendo a buena parte de toda esta amalgama en el caj贸n de la extrema derecha o del negacionismo. Esto es grave que venga del progrer铆o progubernamental, pero m谩s preocupante a煤n es ver c贸mo desde 鈥渘uestras filas鈥 se cae tambi茅n en los mismos tipos de simplificaciones y acusaciones. No es admisible que no se entienda este eclecticismo, esta confusi贸n, la existencia de sectores o ideas reaccionarias que se mezclen y se hagan hueco en la protesta social, consecuencia todo ello del vac铆o pol铆tico entre las masas provocado por la ausencia de una l铆nea que revolucione consecuentemente la realidad, y una organizaci贸n capaz de llevar a cabo todas estas tareas.

En momentos de crisis los tempos se aceleran y aparece una necesidad urgente de actuar, de movilizarse, por parte de un pueblo que cuando sale a protestar lo hace desde la posici贸n en que se encuentra, con todas sus contradicciones y bajo el paraguas de la ideolog铆a dominante. Ya decimos que mucha gente nueva saldr谩 a las calles en esta nueva etapa de crisis. Y no s贸lo es que sea err贸neo pretender ver pureza alguna en sus expresiones, es que nos toca ser lo m谩s flexibles que podamos frente a todas las contradicciones que vamos a ver; debemos aprender a relacionarnos de la manera m谩s natural posible con la gente normal, tal cual es. El propio proceso de la lucha de clases juega a favor de cambiar las conciencias, las cuestiones culturales m谩s de fondo, pero no podemos pretender no encontrarnos con ellas: es desde la realidad, como se nos presenta, desde donde toca trabajar.

En fin, que habr谩 que optimizar al m谩ximo aquello de que se nos impone 鈥渓a clarificaci贸n en (y dentro) de la movilizaci贸n鈥 por m谩s desorientaci贸n y confusi贸n que en esta pueda haber.

Sobre el confinamiento y el estado de alarma

Hay que ser claros: un movimiento revolucionario, en las condiciones actuales, no puede dejarse llevar por prioridades puramente sanitarias, menos a煤n cuando acatar toda la actuaci贸n del gobierno significa someterte a los designios del enemigo de clase. Al inicio de la pandemia sac谩bamos a la luz un fragmento biogr谩fico de Lenin que hoy no viene mal recordar: 鈥Ayudar al r茅gimen a vencer el terrible azote es contribuir a su consolidaci贸n, cuando precisamente esta cat谩strofe revela rotundamente su imprevisi贸n, su incapacidad, y favorece la difusi贸n de nuestras ideas revolucionarias.3

La cuesti贸n de 鈥渧ida o muerte鈥 en la situaci贸n que estamos viviendo es de vida o muerte social, de tener un trabajo, un techo o algo con lo que llenar la nevera. Cada vez hay m谩s sectores que se expresan en estos t茅rminos, la situaci贸n es l铆mite y no tiene ning煤n viso de mejorar4. Es una aut茅ntica irresponsabilidad supeditarnos a los tiempos y pol铆ticas del Estado, porque eso es debilitar o directamente cancelar la lucha de clases, atarnos de pies y de manos, perder toda independencia pol铆tica. No cabe conciliaci贸n alguna con ellos.

A estas alturas de la pandemia es evidente que el poder est谩 utilizando todos los mecanismos que tiene a su alcance para frenar una movilizaci贸n y protesta social que puede ser inmensa y sacar en forma de explosi贸n de rabia tanto sufrimiento callado. El confinamiento, las medidas represivas y todo el bombardeo medi谩tico en torno al COVID 19 est谩n suponiendo un des谩nimo, unas situaciones de soledad, aislamiento, miedo y desconfianza que est谩n dejando a muchas personas tocadas; tambi茅n a gente consciente e incluso militante. El desmoronamiento organizativo, o como m铆nimo la situaci贸n de debilidad y bloqueo de parte del ya precario movimiento obrero y popular es un hecho palpable, y esta es una situaci贸n a la que hay que hacer frente con toda nuestra clarividencia.

Radios, peri贸dicos y televisiones, propiedad de quienes gestionan la crisis a su mayor beneficio, vomitan a todas horas datos y m谩s datos, muchos de ellos incomprensibles y carentes del m铆nimo rigor, aderezados con an谩lisis de tertulianos y de supuestos expertos, todos en la misma direcci贸n. A menudo el resultado es la creaci贸n de sentimientos de p谩nico, de miedo a tener la m铆nima relaci贸n social y de inseguridad ante todo lo que suponga salir de casa, que colonizan las cabezas de millones de personas.

De todas formas, el pueblo no se encuentra ya en las mismas condiciones en esta segunda ola de la pandemia; la desconfianza hacia las medidas, el hartazgo y la situaci贸n de desespero son cada vez mayores. Hay gente sencillamente progresista que tambi茅n se est谩 dando cuenta de la componente represiva del estado de alarma, los toques de queda y todas esas medidas, m谩s a煤n si se relacionan con la nefasta gesti贸n de la pandemia.

En menor medida que durante la primavera, a煤n hay quien desde posturas cr铆ticas al gobierno pide m谩s cierres en la econom铆a, m谩s confinamientos generales, etc; una cosa que creemos que es poco seria por parte de quien pretende ser vanguardia. Las medidas dr谩sticas de confinamiento en nuestro contexto significan dejar en el desamparo en primer lugar a las capas m谩s precarizadas, a quien vive de la econom铆a sumergida, al proletariado en definitiva. Y esto es as铆 por mucho que quien alce la voz en primer t茅rmino sea esa peque帽a o mediana burgues铆a que ve afectados sus negocios, que en muchos casos se ir谩n realmente a pique. Son todos esos sectores m谩s humildes, al margen incluso de las capas de asalariados con trabajos relativamente estables, quienes son m谩s esc茅pticos con los confinamientos tal y como se han venido dando, quienes adem谩s ven en primera persona c贸mo todos esos 鈥渆scudos sociales鈥 anunciados a bombo y platillo son poco m谩s que humo.

Por cierto, a la hora de hablar de medidas restrictivas tampoco es correcto compararse con Estados con componente socialista o de planificaci贸n econ贸mica, con una capacidad mucho mayor para controlar la epidemia. No podemos pedir a nuestro pueblo el mismo respeto por las contradictorias e incoherentes medidas sanitarias y de aislamiento aqu铆 que si estuvi茅ramos en pa铆ses donde se ha estado planificando una superaci贸n de la epidemia en conjunci贸n integral con la debida protecci贸n social.

En este sentido, cabe pararse solo sea un tanto en el caso de China, contraponi茅ndolo con la pol铆tica seguida aqu铆 y en nuestro entorno m谩s cercano, para comprobar la irracionalidad y el descontrol en la lucha contra la pandemia por parte de Estados como el nuestro, donde al final lo que m谩s interesa es quedarse con la componente de control policial al tiempo que se permite hacer negocios con la cuesti贸n sanitaria. China ha demostrado que la humanidad ya est谩 preparada para vencer a esta pandemia; y, sobre todo, que es posible vencerla sin dejar en la estacada al pueblo. Rep谩rese, por ejemplo, en que el confinamiento de los m谩s de 10 millones de habitantes de Wuhan fue acompa帽ado de la completa asistencia social y vital. Por no hablar de la construcci贸n acelerada de 16 hospitales en la ciudad, perfectamente equipados. O como, ante el menor foco, las pruebas de PCR en aquel pa铆s se han hecho de forma masiva y gratuita.

En sangrante contraste, el confinamiento espa帽ol fue (y sigue siendo) una farsa. As铆, a modo de ejemplo significativo, millones de madrile帽os iban al trabajo cada ma帽ana hacinados en el metro. La precariedad en los puestos de trabajo hac铆a el resto. Muchos negocios particulares ven, en toda l贸gica, en el confinamiento total su hundimiento. El desorden, el s谩lvese quien pueda de la econom铆a capitalista no permite hacer otra cosa. Para colmo se nos pide, en 煤ltima instancia, que vayamos a trabajar pero no protestemos, para frenar cualquier oposici贸n a su ola de despidos. Se apela, en fin, con descaro a la 鈥渋rresponsabilidad鈥 de la gente, mientras nos obligan a trabajar hacinados y en franco peligro.

Si no hay protecci贸n social, las medidas de prevenci贸n sanitarias dictadas se llegan a convertir, como decimos, en un flagelo contraproducente, en puro cinismo: en definitiva, en una farsa criminal que el tiempo se encargar谩 de revelar en toda su crudeza. Pero, precisamente, se trata de que la raz贸n se imponga antes de que el tiempo se la d茅鈥 demasiado tarde. No hay, pues, par谩lisis de lucha que valga. 

Se impone la disputa por el control del sistema productivo. Y esta disputa solo puede hacerse desde el propio sistema productivo. El control popular de la pandemia y de la crisis que nos interesa se debe hacer desde la propia lucha de clases, no desde un confinamiento que no deja de ser burdo, irracional y respetuoso del (de)sorden capitalista. No se trata, entonces, de pedir desde el aislamiento organizativo medidas a un gobierno y un Estado que sirven a una clase que no es la nuestra.

Debemos conseguir por la v铆a de la pr谩ctica que ellos se nieguen a s铆 mismos, que nieguen su propia pol铆tica por la presi贸n de la lucha de clases. Es importante saber se帽alar todas sus contradicciones, e imponer reivindicaciones que vayan en este sentido: intervenci贸n del parque hotelero para las cuarentenas inteligentes y para ofrec茅rselo al personal sanitario que est谩 en primera l铆nea de combate con la pandemia; intervenci贸n y control de la industria privada que sea necesaria, empezando por toda la sanitaria y farmac茅utica; apoyo a las residencias y al personal sanitario con aumentos de plantillas y mejoras en las condiciones laborales, etc. Y. por supuesto, todas las que tienen que ver con la salud social y laboral de un pueblo que est谩 siendo sacrificado en el altar del beneficio del capital.

Queremos acabar con una llamada a la militancia organizada, al activismo, a toda persona con conciencia pol铆tica. En tiempos m谩s que complicadosnuestra entrega militante es muy necesaria, como lo es que que a esta le demos toda la seriedad posible. Las tareas hist贸ricas que tenemos por delante as铆 lo exigen.

Red Roja, noviembre de 2020

https://www.vozpopuli.com/espana/sanchez-podemos-gobierno-incendiar-calle_0_1405360706.html

http://xarxaroja.cat/los-chalecos-amarillos-expresion-de-nuestros-limites-y-de-las-capacidades-del-pueblo/

https://diario-octubre.com/2020/04/07/lenin-y-la-actividad-revolucionaria-frente-a-las-epidemias/

https://www.publico.es/sociedad/coronavirus-nuevos-pobres-pandemia-economia-sumergida-precariedad-desamparo.html




Fuente: Lahaine.org