March 21, 2023
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La rivalidad entre EE UU y China est谩 que arde. Cualquier acercamiento que pudiera vislumbrarse a ra铆z de la cumbre prevista del secretario de Estado Antony Blinken con Xi Jinping en febrero vol贸 por los aires cuando los cazas estadounidenses abatieron el globo chino sobre el oc茅ano Atl谩ntico. Bajo acusaciones mutuas de espionaje ilegal y tras los anuncios de sanciones, la cumbre anunciada a bombo y platillo ha quedado pospuesta.

A pesar de su profunda integraci贸n econ贸mica y un comercio de mercanc铆as sin parang贸n entre ambos pa铆ses (por valor de 690.000 millones de d贸lares en 2022), los dos est谩n enfrentados en todos los terrenos, desde la supremac铆a militar en la regi贸n del Indo-Pac铆fico hasta la invasi贸n rusa de Ucrania, pasando por el comercio y la inversi贸n en el Sur global. EE UU, por supuesto, sigue siendo la potencia imperialista dominante en el mundo, pero ahora China amenaza su hegemon铆a.

En el centro de este conflicto se hallan los microchips, que hoy en d铆a son igual de importantes para el capitalismo como el petr贸leo. Son componentes indispensables de tel茅fonos m贸viles, autom贸viles, ordenadores personales y del Estado, sat茅lites, sistemas de vigilancia, tanques, aviones de guerra, misiles, etc. Sin ellos, las empresas, los Estados y los ej茅rcitos no podr铆an funcionar. EE UU y sus aliados, como Taiw谩n, Corea del Sur, Jap贸n y los Pa铆ses Bajos han dominado el dise帽o y la fabricaci贸n de estos circuitos integrados, y el gobierno Biden est谩 decidido a impedir que Pek铆n desarrolle su propia industria de microchips, disput谩ndole la hegemon铆a a EE UU en este terreno.

El nuevo libro de Chris Miller, Chip War: The Fight for the World鈥檚 Most Critical Technology, es el mejor relato de la rivalidad  tecnol贸gica entre EE UU y China. Miller es un acad茅mico de la Universidad Tufts, profesor visitante del Instituto de Empresa, defensor del imperialismo estadounidense y del capitalismo de libre mercado. Chip War ha sido alabado por la flor y nata del establishment pol铆tico, empresarial y militar, desde Larry Summers hasta Robert Kaplan y el almirante James Stavridis.

En el libro relata el desarrollo de los microchips en el complejo militar-industrial estadounidense, el papel clave que desempe帽aron en la derrota de la URSS en la guerra fr铆a y su importancia central en el conflicto interimperialista actual entre Washington y Pek铆n. A pesar de su sesgo sistem谩tico a favor de EE UU, es fundamental que la izquierda internacionalista lo lea para comprender la centralidad de la alta tecnolog铆a en la actual rivalidad interimperialista entre EE UU y China.

El microchip y el complejo militar-industrial 

Como documenta Miller, el capitalismo moderno, con sus Estados y sus empresas gigantes, necesitaba incrementar cada vez m谩s su capacidad para 鈥渓istar n贸minas, hacer el seguimiento de las ventas, recopilar resultados censales y cribar los datos de incendios y sequ铆as necesarios para tasar los precios de las p贸lizas de seguros鈥. Estas tareas se encomendaban al principio y vastos ej茅rcitos de contables. La segunda guerra mundial llev贸 a las grandes potencias a automatizar estos procesos, pero los dispositivos mec谩nicos que concibieron resultaron ser complicados e imprecisos. A modo de alternativa, investigadores de la Universidad de Pensilvania desarrollaron computadoras primitivas que utilizaban v谩lvulas termoi贸nicas, pero estas 煤ltimas eran enormes, lentas y poco fiables.

En la d茅cada de 1950, en los inicios de la guerra fr铆a, un grupo de ingenieros pioneros de diversas empresas, como Texas Instruments y Fairchild Semiconductor, dise帽aron circuitos integrados insertados en placas de silicona para sustituir las v谩lvulas termoi贸nicas, lo que les permiti贸 construir computadoras mucho m谩s peque帽as y fiables. Tras el lanzamiento del sputnik sovi茅tico, el Departamento de Defensa, a trav茅s de su Agencia para Proyectos de Investigaci贸n Avanzada en materia de Defensa (DARPA), se dirigi贸 a estas empresas para desarrollar chips y ordenadores para sus aviones, misiles y naves espaciales. Las empresas construyeron nuevas plantas de fabricaci贸n para la producci贸n de ordenadores para toda clase de artilugios, desde el cohete Apolo II hasta el misil bal铆stico intercontinental Minuteman.

En 1965, el Pent谩gono y la NASA adquirieron m谩s del 72 % de todos los chips. De este modo, EE UU impuls贸 el ascenso de las empresas tecnol贸gicas en Silicon Valley, y desde entonces ambas partes han estado estrechamente interrelacionadas, uniendo la pol铆tica imperialista, la industria capitalista y las fuerzas armadas.

B煤squeda de beneficios, explotaci贸n de mano de obra barata e internacionalizaci贸n

Descontentas con los l铆mites de los contratos gubernamentales, las empresas se dieron cuenta de que pod铆an obtener enormes beneficios en la floreciente industria de la electr贸nica de consumo, que r谩pidamente se convirti贸 en la principal compradora de chips. La competencia por los beneficios y la cuota de mercado impuls贸 la innovaci贸n, creando procesos de producci贸n m谩s eficientes y buscando mano de obra cada vez m谩s barata. Estas empresas se apresuraron a encontrar nuevas formas de incrustar m谩s transistores en los circuitos integrados en las placas de silicio a fin de aumentar su potencia de c谩lculo. Gordon Moore, cofundador de Fairchild e Intel, predijo que el n煤mero de transistores en los chips se duplicar铆a cada dos a帽os, la llamada Ley de Moore.

Innovaron efectivamente, con tecnolog铆a cada vez m谩s compleja y a un coste cada vez mayor en inversi贸n de capital. Para reducir los costes de mano de obra, construyeron f谩bricas lejos de los bastiones sindicales de los centros industriales tradicionales del pa铆s y emplearon a trabajadoras con salarios bajos. Su b煤squeda de mano de obra m谩s barata les llev贸 a trasladar sus f谩bricas a pa铆ses asi谩ticos aliados de Estados Unidos, como Hong Kong, Taiw谩n, Malasia, Singapur y Corea del Sur. Contrataban principalmente a mujeres pag谩ndoles una fracci贸n del coste de la mano de obra estadounidense. As铆, observa Miller, 鈥渓a industria de semiconductores se estaba globalizando d茅cadas antes de que nadie hubiera o铆do la palabra, sentando las bases de las cadenas de suministro centradas en Asia que conocemos hoy”.

EE UU foment贸 esta internacionalizaci贸n, incluso en Jap贸n, su antiguo enemigo de la segunda guerra mundial, pero ahora su vasallo en la guerra fr铆a. Washington vio en el desarrollo de una industria electr贸nica japonesa orientada hacia el mercado estadounidense una forma de atar al pa铆s, junto con otros Estados asi谩ticos, a su bando frente a la China de Mao y la URSS.

Transformaci贸n de la cadena de muerte en Vietnam

La guerra de EE UU en Vietnam aceler贸 todos estos procesos. Al fracasar su guerra terrestre, Washington recurri贸 al bombardeo masivo del pa铆s en un intento desesperado de aplastar la lucha de liberaci贸n nacional. Pero sus bombas guiadas segu铆an dependiendo de tubos termoi贸nicos y, por tanto, eran poco fiables e imprecisas. Para transformar la cadena de muerte, EE UU contrat贸 a Texas Instruments para que fabricara sistemas de guiado con chips en lugar de tubos. Aunque estas armas eran mucho m谩s efectivas, no pudieron derrotar a los vietnamitas. Sin embargo, como observa descarnadamente Miller, 鈥淰ietnam fue un excelente campo de pruebas para armas que combinaban microelectr贸nica y explosivos, de forma que revolucionar铆an la guerra y transformar铆an el poder铆o militar estadounidense.鈥

El 茅xito de estas armas oblig贸 a la Uni贸n Sovi茅tica a crear su propio Silicon Valley: Selenograd. Sin embargo, como se帽ala Miller con suficiencia, carec铆a de la densa red de empresas con 谩nimo de lucro que era la fuente de innovaci贸n en Estados Unidos, por lo que no hizo m谩s que robar y copiar chips. Aunque esto proporcion贸 a EE UU una ventaja en la carrera armament铆stica, a Washington le preocupaba que su derrota en Vietnam propiciara la deriva de sus vasallos asi谩ticos hacia la 贸rbita de China y la URSS. Para evitarlo, EE UU foment贸 el desarrollo continuo de la industria de alta tecnolog铆a en toda la regi贸n.

鈥淒e Corea del Sur a Taiw谩n, de Singapur a Filipinas鈥, escribe Miller, 鈥渆l mapa de instalaciones de ensamblaje de semiconductores se parec铆a mucho al mapa de bases militares estadounidenses en toda Asia鈥︹ A finales de la d茅cada de 1970, en lugar de caer como fichas de domin贸 en manos del comunismo, los aliados de EE UU en Asia estaban a煤n m谩s profundamente integrados con la superpotencia.

C贸mo ganar la guerra fr铆a y perder la supremac铆a tecnol贸gica

EE UU aprovech贸 los avances de la industria para revolucionar su ej茅rcito y ayudarle a ganar la guerra fr铆a. En la d茅cada de 1970, William Perry, subsecretario de Defensa del gobierno Carter, impuls贸 una nueva estrategia de compensaci贸n a fin de mejorar la calidad y precisi贸n de los misiles del Pent谩gono y contrarrestar el arsenal cuantitativamente mayor de Mosc煤, oblig谩ndole a invertir en un esfuerzo infructuoso y oneroso por mantener el ritmo. Sin embargo, EE UU se enfrent贸 pronto a una consecuencia imprevista de su internacionalizaci贸n de la fabricaci贸n de chips: la creaci贸n de centros rivales de la industria de alta tecnolog铆a. El Estado japon茅s financi贸 a Sony, Nikon y otras empresas que aumentaron su cuota de mercado a costa de las empresas de Silicon Valley.

En 1986, Jap贸n produc铆a m谩s chips que EE UU y fabricaba el 70 % de los equipos de litograf铆a del mundo, esenciales para fabricar semiconductores. EE UU hab铆a pasado a depender de Jap贸n justo en el momento en que Tokio parec铆a dispuesto a imponerse como gran potencia rival. Ni por primera ni por 煤ltima vez, el Estado y el capital estadounidenses se reafirmaron frente a un rival. Washington recort贸 los tipos de inter茅s y los impuestos, y oblig贸 a Jap贸n (junto con otros pa铆ses) a aceptar el Acuerdo del Plaza Inverso, que devalu贸 el d贸lar. De este modo, las empresas estadounidenses pudieron obtener pr茅stamos baratos y, gracias al debilitamiento del d贸lar, vender sus exportaciones a precios competitivos, si no m谩s baratos, que sus competidores internacionales.

Micron, Intel y otras empresas lo aprovecharon al m谩ximo, restaurando parcialmente el dominio tecnol贸gico de EE UU. Washington, a trav茅s de DARPA y la NASA, les ayud贸 en el proceso, otorgando contratos a peque帽as empresas de nueva creaci贸n, como QUALCOMM, para sistemas de comunicaci贸n espacial. Jap贸n y sus empresas no tardaron en ponerse a la defensiva. En la gama alta, se enfrentaban a las empresas estadounidenses y, en la gama baja, a la aparici贸n de fabricantes de chips en pa铆ses como Corea del Sur, que financiaba sus propios conglomerados, como Samsung, que fabricaban chips mucho m谩s baratos que Jap贸n.

Al mismo tiempo, la segunda guerra fr铆a de Ronald Reagan forz贸 a la URSS a una carrera armament铆stica de alta tecnolog铆a que no pod铆a permitirse ni pod铆a ganar, especialmente en plena ocupaci贸n de Afganist谩n durante una d茅cada. Finalmente, su imperio sovi茅tico cay贸 en 1989 y la propia URSS se desmoron贸 en 1991. Miller atribuye la victoria estadounidense a su destreza tecnol贸gica y se jacta de que 鈥渓a guerra fr铆a hab铆a terminado: Silicon Valley hab铆a ganado鈥.

La soberbia de Washington en el momento unipolar

EE UU entr贸 en una nueva fase de hegemon铆a indisputada: el momento unipolar. Para demostrar su poder, Washington despleg贸 todo su armamento de alta tecnolog铆a en la guerra del Golfo de 1991, lanzando misiles de crucero y bombas de precisi贸n que arrasaron el ej茅rcito y las infraestructuras iraqu铆es, haciendo retroceder a lo que hab铆a sido una sociedad relativamente avanzada a una era preindustrial. Miller celebra esta barbarie, citando el alarde de The New York Times de que la guerra fue un 鈥渢riunfo del silicio sobre el acero鈥 y otro titular que se jactaba de que 鈥淓l chip inform谩tico puede alcanzar la condici贸n de h茅roe de guerra鈥. Triunfante, Washington adopt贸 una nueva estrategia imperial de supervisar la econom铆a mundial incorporando Estados a un orden mundial neoliberal de globalizaci贸n del libre comercio.

EE UU utiliz贸 el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organizaci贸n Mundial del Comercio y Naciones Unidas para imponer este orden, desplegando sus fuerzas armadas para llevar a cabo cambios de r茅gimen en los llamados Estados granujas y las supuestas misiones de mantenimiento de la paz en pa铆ses como Hait铆, desgarrados por las pol铆ticas de libre mercado. Presion贸 a todos los pa铆ses del mundo para que recortaran dr谩sticamente sus sistemas de bienestar, reduciendo el papel de los Estados a hacer cumplir las leyes y normas del capitalismo global.

EE UU cre铆a que sus grandes empresas podr铆an mantener su superioridad tecnol贸gica a trav茅s de la globalizaci贸n y la innovaci贸n. Ignor贸 la gesti贸n estatal de la econom铆a china y la acogi贸 en la Organizaci贸n Mundial del Comercio, creyendo ingenuamente que la integraci贸n en el capitalismo global la llevar铆a a adoptar las normas del libre mercado y a democratizarse. A las empresas multinacionales poco les importaban esas sutilezas y estaban m谩s interesadas en explotar la mano de obra barata de China y acceder a su mercado.

Contrariamente a las esperanzas de Washington, la globalizaci贸n provoc贸 el declive relativo de la industria tecnol贸gica estadounidense. EE UU mantuvo su liderazgo en el dise帽o de chips, pero cada vez m谩s la fabricaci贸n corri贸 a cargo de TSMC en Taiw谩n y Samsung en Corea del Sur. Y algunas de las herramientas clave, como la litograf铆a EUV, esencial para fabricar los chips de gama m谩s alta, pasaban a ser fabricadas por ASML en los Pa铆ses Bajos. A resultas de ello, documenta Miller, 鈥渓as f谩bricas estadounidenses produc铆an  en 1990 el 37 % de los chips del mundo, pero esta cifra cay贸 al 19 % en 2000 y al 13 % en 2010鈥. La mayor铆a de f谩bricas de las que ahora depend铆a EE UU estaban en pa铆ses asi谩ticos, justo al lado de China, que se estaba convirtiendo r谩pidamente en un rival de EE UU.

El asalto de China a la fortaleza de alta tecnolog铆a de EE UU

Washington hizo caso omiso de estos problemas hasta que el ascenso econ贸mico de China, combinado con las derrotas estadounidenses en Irak y Afganist谩n y la gran recesi贸n, provocaron su declive relativo como superpotencia. EE UU sigue siendo la potencia mundial dominante, pero ahora en un orden mundial multipolar asim茅trico en el que se enfrenta a China y Rusia como rivales imperiales, as铆 como a una serie de potencias regionales que compiten entre s铆.

Aunque China se ha convertido en la segunda econom铆a mundial, sigue dependiendo de EE UU y sus aliados para obtener chips inform谩ticos. 鈥淒urante la mayor parte de las d茅cadas de 2000 y 2010鈥, observa Miller, 鈥淐hina gast贸 m谩s dinero en la importaci贸n de semiconductores que de petr贸leo. Los chips inform谩ticos de alta potencia eran tan importantes como los hidrocarburos para impulsar el crecimiento econ贸mico de China. Sin embargo, a diferencia del petr贸leo, el suministro de chips est谩 monopolizado por los rivales geopol铆ticos de China.鈥

En 2015, Xi Jinping puso el punto de mira de China en la superaci贸n de esta dependencia. En un impactante discurso que Miller cita, Xi exhort贸 a los ejecutivos tecnol贸gicos chinos y a los funcionarios del partido a 鈥渁saltar las fortificaciones de investigaci贸n y desarrollo de tecnolog铆as fundamentales鈥. Lanz贸 proyectos como China 2025, que subvenciona a los campeones nacionales de alta tecnolog铆a y a los productores de chips con el objetivo de reducir la cuota de chips importados del pa铆s del 85 % en 2015 al 30 % en 2025. Xi anim贸 a las empresas chinas a crear empresas conjuntas con multinacionales como IBM y QUALCOMM a condici贸n de que aceptaran transferir su tecnolog铆a a cambio de acceder al mercado chino. Tambi茅n anim贸 a las empresas a comprar o fusionarse con empresas de alta tecnolog铆a de Asia, Europa y EE UU.

Gracias a estos esfuerzos, China ha construido un ecosistema de alta tecnolog铆a con empresas como Huawei, que comenz贸 a dise帽ar algunos de los chips m谩s avanzados del mundo para tel茅fonos inteligentes; se convirti贸 en la segunda mayor clienta de la taiwanesa TSMC; y fue pionera en la nueva generaci贸n de infraestructuras de telecomunicaciones, 5G, que planea vender a pa铆ses de todo el mundo. “Si se proyectaran hacia el futuro las tendencias de finales de la d茅cada de 2010鈥, sostiene Miller, 鈥減ara 2030 la industria de circuitos integrados de China podr铆a rivalizar en influencia con Silicon Valley. Esto no solo trastornar铆a a las empresas tecnol贸gicas y los flujos comerciales. Tambi茅n reajustar铆a el equilibrio de poder militar.鈥

El imperio contraataca

El establishment de Washington se dio cuenta de que hab铆a sufrido un declive relativo, se hab铆a hecho dependiente de Taiw谩n y Corea del Sur para sus chips y se enfrentaba a China como rival que cuenta con una industria de alta tecnolog铆a cada vez m谩s sofisticada y profundamente integrada con su ej茅rcito. Incluso los ejecutivos tecnol贸gicos, escribe Miller, 鈥渢em铆an en privado鈥 que los competidores chinos apoyados por el Estado acapararan cuota de mercado a su costa鈥. As铆 se desarroll贸 un nuevo Consenso de Washington Silicon Valley contra China. Las tres 煤ltimas administraciones presidenciales han pasado de la anterior estrategia de compromiso con China a una estrategia de contenci贸n del ascenso chino, concretamente en alta tecnolog铆a. Utilizando la acertada expresi贸n de los polit贸logos Henry Farrell y Abraham Newman, EE UU 鈥渁rm贸 la interdependencia鈥, apuntando a la dependencia de China de los microchips extranjeros.

Al amparo de su giro a Asia, el gobierno de Barack Obama prohibi贸 en 2016 a las empresas estadounidenses vender semiconductores a la empresa china ZTE, alegando que esta hab铆a violado las sanciones a Ir谩n. Solo un acuerdo con el presidente Donald Trump para pagar una multa y recuperar el acceso a los proveedores estadounidenses salv贸 a la empresa del colapso total, pero la prohibici贸n fue una se帽al de lo que estaba por venir. El gobierno de Trump, que reorient贸 el imperialismo estadounidense de la guerra contra el terrorismo a la rivalidad con China y Rusia, apunt贸 a la industria tecnol贸gica de Pek铆n, en particular a Huawei. Utilizando la seguridad nacional como justificaci贸n, el departamento de Comercio prohibi贸 a las empresas estadounidenses vender chips, equipos y programas inform谩ticos a dicha compa帽铆a.

Pronto, otras empresas y aliados de EE UU se dieron cuenta y empezaron a seguir su ejemplo. La taiwanesa TSMC adopt贸 la misma pol铆tica, como hicieron el Reino Unido y otros, restringiendo el acceso de Huawei a chips de gama alta y saboteando su intento de acaparar el mercado de 5G. EE UU incluy贸 entonces en su lista negra a los fabricantes chinos de superordenadores Sugon y Phytium y puso restricciones a SMIC, su fabricante de chips m谩s avanzado.

La guerra de los chips de Biden

El gobierno Biden ha redoblado la estrategia trumpista de rivalidad entre las grandes potencias, pero prescindiendo de sus t谩cticas unilaterales para recurrir a otras multilaterales. Ha mantenido los aranceles y los vetos a empresas chinas y los ha combinado con una nueva pol铆tica industrial para restablecer la producci贸n nacional de alta tecnolog铆a e invertir en investigaci贸n y desarrollo de circuitos integrados. En un discurso pronunciado en 2021 ante un grupo de ejecutivos en la Casa Blanca, Biden declar贸: 鈥淒urante demasiado tiempo, como naci贸n, no hemos realizado las inversiones cuantiosas y audaces que necesitamos para superar a nuestros competidores mundiales.鈥 Con una oblea de silicio en la mano, afe贸 a los jefes empresariales reunidos que 鈥渘os hayamos quedado atr谩s en investigaci贸n y desarrollo y en fabricaci贸n鈥 Tenemos que doblar nuestra apuesta鈥.

Para revertir la p茅rdida de f谩bricas nacionales, Biden ha cerrado un acuerdo con TSMC para construir una planta de 40.000 millones de d贸lares en Arizona. A cambio de exenciones fiscales, Samsung tiene previsto desembolsar 191.000 millones de d贸lares para construir 11 nuevas f谩bricas en Texas. La Ley de microchips y ciencia impulsada por el gobierno destinar谩 280.000 millones de d贸lares a financiar m谩s f谩bricas y nuevas actividades de investigaci贸n y dise帽o de chips especializados, inteligencia artificial y rob贸tica.

No obstante, mientras TSMC, de Taiw谩n, y Samsung, de Corea del Sur, construyen plantas en EE UU, se resisten a convertirse en meros peones de Washington y tambi茅n construyen f谩bricas en China. Pero ninguna de ellas est谩 tan avanzada como las de sus propios pa铆ses. Ambos Estados protegen sus industrias al tiempo que alimentan la confrontaci贸n entre las dos grandes potencias. Biden ampl铆a el n煤mero de empresas chinas incluidas en la lista negra a fin de acorralarlas e impedir que compartan tecnolog铆a. Al igual que Trump, utiliza la seguridad nacional como coartada para intimidar a las corporaciones de otros pa铆ses para que hagan lo mismo en un intento de cerrar el acceso de China a los chips, equipos de fabricaci贸n y f谩bricas m谩s avanzadas.

Esta represi贸n no hace sino acelerar el impulso de China para establecer su propia industria de circuitos integrados. Y el intento de Washington de cerrar el acceso de China a TSMC recalienta el conflicto entre Estados Unidos y China sobre Taiw谩n, que Pek铆n considera una provincia renegada, mientras que Estados Unidos la arma para disuadir cualquier intento chino de apoderarse de ella y afianzar la hegemon铆a estadounidense sobre Asia-Pac铆fico y su industria tecnol贸gica. As铆, como sostiene Miller, 鈥淭aiw谩n no es simplemente la fuente de los chips avanzados por los que apuestan los ej茅rcitos de ambos pa铆ses. Tambi茅n es el campo de batalla m谩s probable.鈥 Con la escalada de tensiones, los analistas del gobierno chino 鈥渉an argumentado p煤blicamente que鈥 鈥榙ebemos apoderarnos de TSMC鈥欌.

Internacionalismo desde abajo frente a la rivalidad imperialista

Aunque por ahora la guerra es improbable, seg煤n Miller ser铆a 鈥渋ngenuo suponer que lo que ocurri贸 en Ucrania no podr铆a ocurrir en Asia Oriental鈥. As铆 pues, el episodio del globo chino abatido no es cosa de risa; por ahora es una guerra simb贸lica, pero podr铆a convertirse en una contienda real por Taiw谩n, y si eso ocurriera, destrozar铆a la econom铆a mundial y amenazar铆a a la civilizaci贸n humana con la aniquilaci贸n nuclear. La izquierda internacional debe oponerse a esta intensificaci贸n de la rivalidad interimperialista y a su guerra de microchips. Debemos rechazar el marco de Miller 鈥抭ue comparte con el gobierno Biden鈥, que respalda a EE.UU. y su supuesto capitalismo democr谩tico frente a autocracias como China.

EE UU y sus multinacionales presiden la desigualdad de la era del capitalismo depredador en su pa铆s, imponen la miseria en el Sur global y han demostrado estar dispuestos a arrasar pa铆ses que se oponen a su dominio, desde Vietnam hasta Irak. Al mismo tiempo, debemos oponernos a China, con sus profundas desigualdades, sus horribles opresiones como la del pueblo uigur y sus ambiciones imperialistas. Debemos rechazar la lealtad nacionalista a cualquiera de los dos Estados y, en su lugar, construir la solidaridad internacional desde abajo entre los trabajadores, los oprimidos y los pueblos de naciones m谩s peque帽as como Taiw谩n. Activistas de EE UU, China y del resto del mundo han empezado a abrir este camino.

Estudiantes internacionales chinos 鈥抍on el respaldo de activistas estadounidenses鈥 organizaron acciones de apoyo a las manifestaciones con hojas de papel en blanco organizadas en China contra los cierres patronales. Radicales de todo el mundo han apoyado el levantamiento de Hong Kong, las luchas uigures por la autodeterminaci贸n y los esfuerzos del pueblo taiwan茅s por evitar verse atrapado en una conflagraci贸n entre las dos grandes potencias.

El movimiento obrero ser谩 clave para impulsar esta solidaridad. Labor Notes ha llevado en el pasado a trabajadores chinos de gira por EE UU, trabajadores del sector tecnol贸gico han creado frentes comunes a escala mundial en su sector y estudiantes chinos se han unido a sus compa帽eros estadounidenses en la organizaci贸n de sindicatos universitarios y huelgas como la de California. Y lo que es m谩s importante, la izquierda estadounidense debe forjar lazos con la nueva izquierda china para oponerse al militarismo tanto de Washington como de Pek铆n. Con estos dos Estados luchando por el dominio de la alta tecnolog铆a y el capitalismo global, ahora es el momento de unir las luchas populares en todo el mundo por nuestra liberaci贸n colectiva de lo que Martin Luther King llam贸 los tres males del sistema: racismo, pobreza y guerra.

24/02/2023

Truthout

Traducci贸n: viento sur

Ashley Smith es escritor y activista socialista residente en Burlington, Vermont.




Fuente: Vientosur.info