March 27, 2021
De parte de Lobo Suelto
2,112 puntos de vista

1.

驴C贸mo activar una 芦psicopol铆tica desde abajo禄? Una refutaci贸n en acto de las teor铆as de la psicopol铆tica como un reino unilateral de control y sufrimiento, dominaci贸n e impotencia. Escuchar las potencias de las experiencias colectivas de aquellos sujetos para los cuales sus propios cuerpos y mentes son un factor de opresi贸n y un campo de batallas, un territorio de objetivaci贸n y de sabotaje activo. Retomando la hip贸tesis del investigador argentino Facundo Rocca en su texto 鈥淎puntes para una biopol铆tica desde abajo鈥[i], podr铆amos entender que la genealog铆a de los movimientos locos, disidentes o transfeministas nos otorga un archivo de pr谩cticas de transformaci贸n de la subjetividad y de cr铆tica de los poderes y saberes dominantes. Se trata de formas de empoderamiento mediante la invenci贸n de espacios de libertad, gobierno y cuidado. Est谩s luchas crean deseos, imaginarios y saberes que pueden desbordar los l铆mites del realismo capitalista.

驴C贸mo coordinar una agenda pol铆tica transversal en la lucha por la 芦justicia psicosocial禄?

Los movimientos disidentes brindan las premisas sensibles para construir un sindicalismo social de la vida an铆mica. Est谩s tambi茅n son luchas por la verdad, la memoria y la justicia. Son batallas contra la estigmatizaci贸n, la patologizaci贸n y el silencio. Reivindicando los derechos a la autonom铆a, enfrentan la medicaci贸n de los cuerpos y la privatizaci贸n de los malestares. Una 鈥減sicopol铆tica desde abajo鈥 quiz谩s implica afirmarse en todas esas crisis, conflictos o s铆ntomas que sentimos como una inadecuaci贸n a los mandatos dominantes.

Frente a la culpabilizaci贸n del malestar, nos invitan a aliarse con nuestras crisis. El r茅gimen del bienestar obligatorio es un aparato de captura de las potencias del dolor. Desde Sara Ahmed, este imperativo nos ofrece un modelo de salud como bienestar inalcanzable que genera frustraci贸n, cansancio f铆sico y colapso afectivo, donde la 鈥渆nfermedad鈥 se usa para normalizar vidas. Los activismos, al contrario, restituyen las potencias ambiguas de las emociones y anomal铆as. Los movimientos feministas, disidentes y anticuerdistas hacen del cuerpo una trinchera sensible contra el poder terap茅utico. Retomando la filosof铆a de la crisis de Diego Sztulwark en La ofensiva sensible, podr铆amos afirmar que estas luchas pueden hacer de las crisis subjetivas una perspectiva aut贸noma contra las normalidades.

Durante el 2020 Panagiotis Sotiris, discutiendo con Agamben entre otros, propuso su concepto de 鈥渂iopol铆tica democr谩tica鈥 (o comunista). Contra la visi贸n pesimista que nos condenar铆a a una aceptaci贸n pasiva del control poblacional y de los cuerpos, la biopol铆tica democr谩tica se presenta como acci贸n de negociaci贸n, cuidado y deliberaci贸n colectiva. La pregunta es c贸mo construir una 鈥減sicopol铆tica desde abajo鈥, enfocada en el cuidado comunitario, la prevenci贸n/promoci贸n integral y el apoyo colectivo de la salud mental. De qu茅 manera prolongar dispositivos de salud mental popular en los territorios, restituyendo los saberes materiales de los cuerpos disidentes, plebeyos y subalternos.

Hay experiencias cruciales en nuestro pa铆s: experiencias sindicales, en los movimientos, comunitarias, antimanicomiales, en las organizaciones sociales, la ley nacional de salud mental, desde las cuales construir un plan nacional de lucha por la salud mental popular.

La crisis sanitaria, de los cuidados y de la reproducci贸n social torna urgente dar una batalla espec铆fica concibiendo y organizando la salud mental desde un punto de vista popular. Hoy en d铆a lo terap茅utico es un aspecto de la disputa general dentro y contra del capitalismo. El fil贸sofo Santiago L贸pez Petit denomina poder terap茅utico al gobierno capitalista de nuestras pasiones, s铆ntomas y emociones. El poder cuenta con diversos dispositivos terap茅uticos de psicopol铆tica desde arriba para capturar dolencias: autoayuda, coaching, psicolog铆as oficiales, psiquiatr铆as dominantes, etc. El capitalismo emocional, seg煤n el an谩lisis de Eva Illouz en Intimidades congeladas, nos obliga a expresar el malestar en un mecanismo desigual de democratizaci贸n y capitalizaci贸n del dolor. Estigmatiza los modos de vida y heridas que no se adec煤an a como d茅 lugar al poder capitalista: criminaliza los malestares y las revueltas sociales. Las luchas crean alternativas terap茅uticas populares. Es urgente multiplicar unidades terap茅uticas de base y cl铆nicas pol铆ticas desde abajo.

2.

Los movimientos sociales construyen perspectivas de 芦justicia ps铆quica禄. Los derechos en salud, de soberan铆a sanitaria, pueden oficiar de traducci贸n entre diversos frentes. Nuestra salud mental est谩 asociada a las luchas contra los mandatos dominantes. Sin pretensi贸n de reducir estas trayectorias, en los movimientos sociales hay repertorios pensables como dispositivos de 芦psicopol铆tica desde abajo禄. Aqu铆 la importancia estrat茅gica de la lucha por la salud en general y por la salud mental en particular se dinamiza, entre otros vectores, como una disputa contra la organizaci贸n capitalista de los cuerpos y trabajos, una discusi贸n por la reapropiaci贸n de las condiciones materiales de nuestras vidas. La lucha por la salud mental popular es un aspecto clave de la lucha anticapitalista, antipatriarcal y anticolonial. Se trata de un terreno estrat茅gico donde los antagonismos de clase est谩n surcados por conflictos raciales, anticuerdistas, sexuales, ecol贸gicos y anticapacitistas.

Las luchas sociales tienen una eficacia subjetivante: modifican lo que sentimos, padecemos, deseamos y pensamos. Transforman las pr谩cticas y modos de vida. Al radicalizarse, pueden germinar experiencias de 鈥渞ebeli贸n ps铆quica鈥 (Genesis Breyer P-Orridge). Haci茅ndose cargo de los malestares (en asambleas, grupos de apoyo mutuo, etc.), estas luchas amplifican las posibilidades de autonom铆a, desobediencia y decisi贸n. La construcci贸n de una nueva imaginaci贸n pol铆tica eficaz debe neutralizar las violencias capacitistas, gordof贸bicas, cuerdistas o cis-sexistas del imaginario izquierdista tradicional. La psicopol铆tica desde abajo se manifiesta como una lucha por la salud mental. Una disputa de base, desde una perspectiva integral y comunitaria: en la econom铆a popular, en sindicatos y hospitales, en las iniciativas de solidaridad en las organizaciones sociales, en las acciones feministas contra la violencia machista, m茅dica y la justicia patriarcal, en la impugnaci贸n activista de los patrones de belleza o normalidad patologizante, en la lucha de inquilinos y consumidores contra la desposesi贸n inmobiliaria y los precios injustos.

Las disidencias mentales, sexuales o corporales encarnan los conflictos de una 鈥渘ueva multitud鈥 (Franco Castignani). Como dir铆a Guattari, se trata de unas 芦luchas de clases m煤ltiples禄, con sus historias y saberes, donde cada disputa ocupa un lugar en la din谩mica del cambio. Las clases se crean en una tensi贸n entre estructura y agencia pol铆tica mediada por enfrentamientos, fragilidades, deseos y correlaciones de fuerzas. Como dice Castignani, de estas resistencias, desde el orgullo loco al activismo gordo y el transfeminismo, brota la necesidad psicopol铆tica de renovar las im谩genes de cambio y movilizaci贸n de la izquierda tradicional, cuidando las 芦inadecuaciones del campo popular禄.

La salud mental se podr铆a definir como la lucha contra los l铆mites impuestos por el sistema. Las experiencias terap茅uticas alternativas de los movimientos sociales pueden ser le铆das como psicopol铆tica desde abajo. Son terapias pol铆ticas, colectivas y autogestivas, realizadas en primera persona. Los colectivos de pacientes y ex pacientes, los grupos de sobrevivientes del poder terap茅utico, construyen experiencias concretas de autocuidado de la salud mental desde abajo. Estas revalorizan la politicidad de lo personal de forma antag贸nica respecto de la exaltaci贸n neoliberal del individuo, la banalizaci贸n izquierdista del cuerpo y la centralidad progresista del estado. Hacen de la dignidad un ant铆doto contra el dolor, donde la propia mente y cuerpo constituyen fuentes de conciencia pol铆tica. Hay otras experiencias en las organizaciones sociales, como los dispositivos de consumos en los barrios o los trabajos territoriales sobre salud popular en t茅rminos integrales. Esto muestra que s铆 hay alternativas ante el 鈥渙ptimismo cruel鈥 del cual habla Laurent Berlant, aquel que postula la 鈥渟alvaci贸n individual鈥 como 煤nica salida ante el 鈥渄rama colectivo鈥.

3.

Las crisis ecol贸gicas, econ贸micas, sociales y sanitarias conviven con crisis psicosociales. Son crisis ante la incapacidad del capitalismo de subsumir nuestros deseos y fantas铆as a la existencia capitalista. Crisis en la colonizaci贸n de las subjetividades por la imposibilidad de subordinar sin resistencias la reproducci贸n de las vidas a la reproducci贸n del capital. Es posible normalizar las crisis desde arriba para relanzar la acumulaci贸n. O es posible politizar las crisis desde abajo como premisa de nuevos modos de vida en conflicto. La noci贸n de crisis subjetivas permite aterrizar en modos de vidas reales, en deseos, pr谩cticas de cuidado y malestares concretos, el discurso abstracto de las crisis que se torna masivo.

Si todo s铆ntoma es pol铆tico, las luchas sociales portan un coeficiente terap茅utico. Hace tiempo que los activismos disidentes y feministas vienen mostrando que la politizaci贸n de nuestros afectos y vidas permite hilvanar confluencias entre reivindicaciones. Partiendo de una precariedad com煤n y desigual, construyen alianzas entre deseos y dolencias. La depresi贸n o la ansiedad son pasiones pol铆ticas con efectos personales diferenciales.

La disputa por los riesgos y malestares en el trabajo se torna una din谩mica capaz de generar efectos terap茅uticos cuando podemos discutir y reapropiarnos de la organizaci贸n de nuestra vida, trabajos, reproducci贸n social y tiempo libre. Los trabajadores sociales y docentes, los comunicadores y trabajadores de la salud, los artistas y terapeutas, los activismos y militancias estamos dando una disputa psicopol铆tica en diversos 谩mbitos. La discusi贸n sobre los modos de vida implica pr谩cticas que exceden lo simbolico, ideol贸gico y consciente. La producci贸n de subjetividad involucra vectores biol贸gicos, inorg谩nicos, tecnol贸gicos, animales, afectivos, vegetales, etc. La lucha psicopol铆tica rebalsa la articulaci贸n discursiva de demandas 鈥渄esde arriba鈥: supone tramas de tiempos, cuerpos y territorios concretos. La pandemia ha evidenciado el car谩cter finito de los automatismos tecnol贸gicos, econ贸micos y ps铆quicos de gobierno, develando las redes materiales que constituyen a las vidas humanas y no humanas. La lucha popular por la salud puede oficiar como demanda transversal en la composici贸n entre luchas, a nivel micro y macro pol铆tico.

Las econom铆as populares y las luchas disidentes, antimanicomiales y feministas nos indican que no hay nueva salud mental colectiva desligada de una nueva econom铆a, un nuevo lenguaje, unas nuevas formas de vida y una nueva pol铆tica aut贸noma. No hay 鈥渃ura individual鈥 sin 鈥渃ura colectiva鈥, como dir铆a Le贸n Rozitchner. Las experiencias de padecimiento subjetivo est谩n en discusi贸n. Se dirimen entre la voluntad de rehabilitaci贸n o inclusi贸n reparadora, la adaptaci贸n al mercado, la exclusi贸n violenta o las terapias desde abajo. Nuestros s铆ntomas patentizan la imposibilidad de capturar las vidas sin antagonismos. Dificultad para incluir v铆a consumo o convertir en emprendedores a los cuerpos que no se adecuan al orden del mercado. Las crisis no aluden a mecanismos unilaterales de sumisi贸n, sino a interferencias, fugas y desacatos. Nos hablan de un rechazo del cuerpo capitalista, una cierta des-subjetivaci贸n de la vida neoliberal, en donde las emociones pueden ser el signo pol铆tico de una 鈥減sicopol铆tica popular鈥. Precisamos profundizar dispositivos de salud integral en los movimientos, lugares de trabajo, gremios y organizaciones. Hay luchas que emplean estrategias para socializar el padecimiento, combatiendo la privatizaci贸n del malestar y la sobremedicaci贸n de los cuerpos.

4.

La cuarentena, el distanciamiento social, el rastreo digital de contagios o las tecnovigilancias, como dispositivos biopol铆ticos, tambi茅n pueden ser entendidos como artefactos psicopol铆ticos. Byung-Chul Han es quien trabaja el concepto de psicopol铆tica, en una teor铆a cr铆tica que por momentos genera m谩s impotencia y autocomplacencia que efectos de resistencia. Pero estas pr谩cticas no se pueden comprender sin mapear las formas de vida concretas que los combaten, transforman, aprovechan o sufren. Los dispositivos de gobierno est谩n habitados por subjetividades y estrategias concretas que los desaf铆an o reproducen. Los cuerpos subalternos no solo sufrimos el psicopoder, lo habitamos gestando herramientas de comprensi贸n, combate y acci贸n colectiva. Requerimos pensarnos desde una perspectiva antag贸nica respecto del punto de vista de las clases dominantes (la disciplina, el control, el realismo capitalista). La afirmaci贸n seg煤n la cual no hay otra alternativa que el capitalismo terap茅utico es el espejo tan temido de un pensamiento detenido en los efectos postderrota en las fuerzas revolucionarias. Las luchas y movimientos generan posibilidades dentro, contra y, tal vez, m谩s all谩 del orden.

Retomando la hip贸tesis de Ver贸nica Gago en La raz贸n neoliberal, podr铆amos conjeturar que la psicopol铆tica act煤a tanto 鈥減or arriba鈥 como 鈥減or abajo鈥. Por una parte, constituye reg铆menes pol铆ticos de obediencia presentes en el endeudamiento, la desposesi贸n financiera, la violencia machista o la expropiaci贸n comunitaria. Y, por otra parte, opera en las estrategias subalternas de 鈥渃alculo y libertad鈥, en las cuales se negocian condiciones de vida, en una red de pr谩cticas, afectos y saberes atravesados por m煤ltiples resistencias.

La crisis de la salud mental tal vez no pueda superarse dentro de este sistema. Si la explotaci贸n y la precariedad son factores estructurales del capitalismo que precarizan el padecimiento, la lucha popular por la salud mental implica una pol铆tica anticapitalista desde la cual retomar la ofensiva: una alternativa eficaz al poder terap茅utico del capital.

Los movimientos sociales crean deseos y saberes desde abajo para construir una psicopol铆tica popular que pueda rebalsar los obst谩culos reales del poder. Estas son premisas reales para refutar el regocijo de las teor铆as pesimistas actuales, paralizadas con los l铆mites de la dominaci贸n. Una impugnaci贸n en acto, en experiencias concretas de lucha, autocuidado y organizaci贸n. Una cl铆nica de las posibilidades contra la teor铆a de las obviedades (la evidencia de las cr铆ticas pesimistas que suelen repetir en espejo la impotencia impuesta por la voz del bando vencedor). Los l铆mites del poder tambi茅n son subjetivos: los ponen quienes luchan y subvierten las sujeciones creando nuevos posibles.

Necesitamos construir una agenda pol铆tica integral para avanzar en la lucha por la salud mental. La precarizaci贸n de las vidas puede oficiar de traducci贸n entre frentes de acci贸n y autocuidado. Una democracia de base antiextractivista, en la cual esta precariedad emocional y econ贸mica no es solo un dispositivo de obediencia sino un campo de insumisi贸n y solidaridad. En lugar de insistir en el control impotentizante del psicopoder, debemos desplazar la escucha para detectar los posibles gestados en los movimientos de politizaci贸n en el trabajo, en el hogar, en el barrio, en la econom铆a popular, en el hospital, en los territorios m谩s inesperados. Nuestra salud verifica la crueldad de la explotaci贸n del trabajo y el extractivismo del cuerpo. La 鈥渃uesti贸n sanitaria鈥 refuta la pretensi贸n progresista de una reforma 芦seria禄 del orden. Condena al fracaso la falacia de un 芦capitalismo para todos禄, porque la producci贸n de malestar es un mecanismo inherente al sistema impugnado en luchas concretas. En condiciones de adversidad, la lucha popular por la salud mental ocupa un espacio estrat茅gico para reorganizar las emancipaciones.

[i] Disponible en: https://jacobinlat.com/2021/03/22/apuntes-para-una-biopolitica-desde-abajo/?fbclid=IwAR0PgZS41QI9yaeD5nZJF2krb4zI7ICTB2VfsMafR_bMvzwezCpfsoCIKuI

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Fuente: Lobosuelto.com