July 30, 2022
De parte de Acracia
291 puntos de vista
Cuando hablamos de la 芦condici贸n humana禄, y aunque no empleemos ese t茅rmino, no nos deber铆amos referir nunca a unos rasgos inamovibles en el ser humano; al menos de un par de siglos a esta parte, hablar de una naturaleza en el hombre, de unos rasgos inherentes, es algo sometido a una feroz cr铆tica.

A pesar de que obviamente poseamos unas caracter铆sticas biol贸gicas determinadas, es la manera de hacer frente cada persona a los acontecimientos posteriores en su vida lo que da lugar su condici贸n espec铆fica. Desde este punto de vista, la condici贸n humana aparece determinada por el conjunto de las experiencias del ser humano. Si a estas alturas no hay respuestas definitivas sobre la existencia o no de una 芦naturaleza humana禄, como de cualquier otro concepto metaf铆sico, hay que volcar nuestro esfuerzo en el estudio del ser humano y de su comportamiento de un modo estrictamente cient铆fico. Desgraciadamente, la religi贸n sobre todo, muchas corrientes filos贸ficas aparecen como culpables de la insistencia en una naturaleza fija e invariable en los seres humanos; las consecuencias son nefastas, ya que no hay lugar para un pensamiento amplio y para el libre examen, aparecemos una vez m谩s maniatados por una 芦idea禄 conservadora sobre el hombre y la sociedad. A nivel coloquial, podemos observar una y otra vez en las personas el legado de ese pensamiento conservador, inamovible, con la insistencia una y otra vez en cierto determinismo originado en la condici贸n humana. Las personas m谩s conservadoras insistir谩n en el lado m谩s negativo del ser humano, algo que favorece siempre el statu quo y que impide una profundizaci贸n en los problemas sociales de todo tipo; en el otro polo, no hay que hablar tampoco de una naturaleza ben茅vola, ya que a poco conduce. Existen condiciones de una u otra 铆ndole en el ser humano, algunas obviamente destructivas, aunque hay muchas posibilidades de potenciar los rasgos m谩s cooperantes y constructivos. Para ello, requerimos de una sociedad integradas por individuos conscientes de sus capacidades intelectuales, dispuestos a dar un mayor horizonte a la racionalidad.

Hay que comprender que cada ser humano aparece moldeado por la sociedad y el mundo que conoce. A nivel econ贸mico, con el capitalismo, y en el 谩mbito pol铆tico, con el culto al Estado, solo pod铆an generarse individuos con una fuerte tendencia a la enajenaci贸n (dominados por fuerzas externas e incapaces de enfrentarse a una realidad concreta). Los rasgos originales del sistema capitalista fueron la acumulaci贸n y la explotaci贸n, la b煤squeda de rentabilidad econ贸mica como principal motor de la vida. Tal y como se帽al贸 Erich Fromm, el capitalismo contempor谩neo ha generado sobre todo individuos pasivos en sus momentos de ocio, deseosos de consumir cualquier cosa de manera superficial. Ese ser humano d贸cil, que vuelca su capacidad cooperativa en una producci贸n econ贸mica que le es ajena, aparece como f谩cilmente influenciable en lo medi谩tico y pol铆tico; a pesar de ello, es posible que se sienta libre en independiente, que crea que ninguna autoridad o fuerza moral le condicione, y sin embargo la realidad es que podr谩 ser guiado con suma facilidad para que acepte el mundo que le ponen ante sus ojos. Esta situaci贸n, l煤cidamente analizada por Fromm hace a帽os, aparece potenciada por una sociedad en la que la tecnolog铆a ha contribuido a la deshumanizaci贸n (a separarnos de nuestra realidad concreta, a enajenarnos). La crisis peri贸dicas del capitalismo, inherentes al sistema y debidamente manipuladas por los poderosos, solo aumentan esa situaci贸n de enajenaci贸n con el a帽adido de p茅rdida de derechos de todo tipo. Resulta alarmante observar a gran parte de la poblaci贸n aceptar sin la m铆nima protesta esa p茅rdida de derechos, que no se ha producido 煤nicamente en supuestos periodos de crisis, y apuntalar adem谩s a una clase dirigente confiando en que ser谩n capaces de dar soluci贸n a algo. Para mejorar la sociedad, que moldea al individuo, hay que profundizar en demasiados males, que no son ni mucho menos coyunturales. Son muchas las barreras que impiden que se generen individuos conscientes, con una renovada y poderosa conciencia sobre los problemas del mundo, mientras que es mucho m谩s habitual la docilidad y pasividad frente a hechos que son moralmente reprobables.

La propia existencia del Estado, que aparece como 芦necesaria禄 para muchos, supone la obvia proyecci贸n en el individuo de sus sentimientos sociales; la pol铆tica aparece meramente como la gesti贸n de una instituci贸n estatal en que, solo de manera formal, cada ciudadano se muestra dem贸crata y cooperante (mientras que lo que subyace es la sumisi贸n y aceptaci贸n de un mundo que le es ajeno). As铆, las potencialidades del ser humano, la potestad de cada uno para desarrollar sus facultades (no hay que confundir con el poder sobre otras personas), su coraje o su intelecto, se proyectan a esa clase dirigente que gestiona el Estado; de nuevo la enajenaci贸n, principal rasgo de la sociedad contempor谩nea (que moldea al ser humano, insistiremos una y otra vez), cumple su debida funci贸n. Aunque resulte peculiar hablar de trabajo, ahora que tantas personas carecen del m铆nimo salario para sobrevivir, hay que insistir en ese proceso de enajenaci贸n tambi茅n en la producci贸n econ贸mica. No es que el ser humano tenga determinada naturaleza que le empuja a esa situaci贸n de enajenaci贸n, a dominar o a ser dominado (y ambas posturas, que se alimentan mutuamente, son propias de individuos patol贸gicos), sino que es el propio mundo que habita el que le moldea. Un primer paso personal para romper esas cadenas puede ser hacerse preguntas, profundizar e indagar, reflexionar sobre esas potencialidades que proyectamos hacia otros a todos los niveles (m谩s obvia en el caso de la religi贸n, por hacerse hacia un plano sobrenatural, pero la idolatr铆a es posible que sea la misma). Volviendo al tema inicial de la naturaleza humana, hay que comprender que todas esas caracter铆sticas de la sociedad contempor谩nea, proclive a la enajenaci贸n, han conducido al individuo a actitudes que se han acabado aceptando como propias de su condici贸n. Un ejemplo es lo que Fromm llamaba el anhelo de la 芦holganza completa禄; algo tan inmoral como esto, la holgazaner铆a absoluta en un mundo imperfecto en el que muchos sufren, cuando el trabajo deber铆a tener un funci贸n liberadora, da idea del mundo en que vivimos.

Recordemos una y otra vez que el ser humano ha pasado por muchas etapas y por muchos tipos de sociedad; en gran medida, es producto de todos esos acontecimientos. En culturas del pasado, el hombre se mostraba impotente ante las fuerzas naturales, lo que dio lugar a evidentes funciones de idolatr铆a en entes sobrenaturales (las religiones modernas no son m谩s que un residuo de todo ello). En la sociedad contempor谩nea, de nuevo parece mostrarse inerte ante fuerzas econ贸micas y sociales que le sobrepasan; tambi茅n en este caso hay todo tipo idolatr铆a, en el caso de figuras pol铆ticas o de cualquier otro tipo, as铆 como en objetos materiales (que cree poseer y que es posible que se vea pose铆do por ellos). Solo es posible generar individuos sanos y cuerdos creando una sociedad ajustada a las necesidades del hombre, en la que las relaciones sean verdaderamente fraternales y solidarias (no falsos v铆nculos nacionales, que es otra muestra de enajenaci贸n), en la que las verdaderas potencialidades del ser humano hallen su m谩ximo desarrollo, en la que se fomente la cooperaci贸n, la creatividad y el deseo de mejorar humanamente (frente al inaceptable conformismo de gran parte de la sociedad). No es una confianza en una naturaleza ben茅vola del ser humano, ni negar que siempre existir谩n conflictos y contradicciones, es conocer que la sociedad no tiene necesariamente que potenciar su lado m谩s negativo y s铆 potenciar lo constructivo que tambi茅n posee. Tal y como escrib铆a Erich Fromm sobre esa posible sociedad: 芦Una vez que haya superado el estado primitivo del sacrificio humano, sea en la forma ritualista de las inmolaciones humanas de los aztecas o mayas o en la forma secular de la guerra, cuando haya sido capaz de regular su relaci贸n con la naturaleza de manera razonable en lugar de ciegamente, cuando las cosas se hayan convertido verdaderamente en sus servidores y no en sus 铆dolos, entonces tendr谩 ante s铆 los conflictos y problemas verdaderamente humanos; deber谩 ser temerario, valiente, imaginativo, capaz de sufrir y gozar, pero sus fuerzas estar谩n al servicio de la vida, no de la muerte. La nueva fase de la historia humana, si es que llega a ocurrir, no ser谩 un final sino un nuevo comienzo禄.

Capi Vidal




Fuente: Acracia.org