September 30, 2021
De parte de Asociacion Germinal
348 puntos de vista


Resulta interesante que la gente haya contrastado las im谩genes de las colas de la gasolina brit谩nica este fin de semana con las colas de la gasolina que se formaron en 1973 como resultado del embargo de petr贸leo de la OPEP. No en vano, una comparaci贸n m谩s acertada es con las protestas por el combustible en septiembre de 2000. Es decir, la 芦escasez禄 de este fin de semana es en gran medida el producto de una multinacional petrolera que lanza una campa帽a medi谩tica para evitar tener que mejorar el salario y las condiciones de sus conductores. Por la experiencia pasada -incluida su prisa por conseguir papel higi茅nico el pasado mes de marzo- no hab铆a que ser un genio para darse cuenta de que publicitar una falsa escasez de combustible provocar铆a una carrera en las gasolineras del pa铆s. Al fin y al cabo, son como los bancos: si todos acudimos al mismo tiempo, se rompen. Y as铆, en cuesti贸n de horas, la escasez de combustible se convirti贸 en una profec铆a autocumplida, ayudada por los ministros que tomaron las ondas para instar a la gente a no entrar en p谩nico.

En todo caso, hoy dependemos a煤n m谩s de las entregas 芦justo a tiempo禄 que hace 21 a帽os. Y entonces s贸lo hac铆a falta la p茅rdida del 15% de las entregas para llevarnos al borde de un colapso en cascada. Esto se debe a que la econom铆a real falla de la misma manera que Liebig argument贸 que los cultivos fallan. La ausencia de un componente es suficiente para provocar un fracaso total. As铆, por ejemplo, en septiembre de 2000 varios hospitales ingleses dejaron de atender a la gente por la escasez de Sucher. Los quir贸fanos estaban listos para funcionar. Los cirujanos estaban en su sitio. Los pacientes estaban listos para ser anestesiados. Pero sin los medios para suturarlos, todo el proceso tuvo que quedar en suspenso. En toda la econom铆a, los sistemas empezaron a fallar de la misma manera, lo que hizo temer que infraestructuras cr铆ticas como la red el茅ctrica o el sistema de agua y alcantarillado pudieran fallar.

La escasez de 1973 fue un asunto diferente porque no hab铆a nada internamente artificial en ella. Aunque en parte fue una reacci贸n a la intervenci贸n occidental en la guerra 谩rabe-israel铆 (lo que explica el momento pero no la raz贸n subyacente), las sanciones de la OPEP fueron en gran medida una respuesta al pico de producci贸n de petr贸leo de Estados Unidos tres a帽os antes. Antes de ese momento, la Comisi贸n de Ferrocarriles de Texas hab铆a ejercido el control sobre los precios mundiales del petr贸leo aumentando o disminuyendo la producci贸n. Sin embargo, una vez superado el pico, ya no pod铆an aumentar la producci贸n para mantener los precios bajos. Esto conven铆a tanto a los estados petroleros de Oriente Medio como a las multinacionales del petr贸leo, que ahora pod铆an forzar los precios al alza. Y las exigencias se vieron forzadas por la imposici贸n de un embargo a las econom铆as que depend铆an del petr贸leo para su existencia.

A nivel interno, pa铆ses como el Reino Unido tuvieron su primera experiencia de lo que ser铆a un mundo afectado por la disminuci贸n de la producci贸n de petr贸leo. Y no fue s贸lo el racionamiento inmediato de combustible y los problemas de circulaci贸n de mercanc铆as. El aumento del precio del petr贸leo aliment贸 la estanflaci贸n de la 茅poca al hacer subir el precio de todo lo que se fabricaba, utilizaba o transportaba con petr贸leo, al tiempo que reduc铆a la rentabilidad de todos los sectores de la econom铆a.

No es casualidad que a mediados de la d茅cada de 1970 aumentara el inter茅s por las cuestiones medioambientales y por las posibles alternativas a los combustibles f贸siles en general y al petr贸leo en particular. Aunque una teor铆a de la conspiraci贸n, muy com煤n en aquella 茅poca, puede habernos adormecido con una falsa sensaci贸n de seguridad: se trataba de que las grandes petroleras hab铆an comprado las patentes de una serie de tecnolog铆as energ茅ticas que no necesitaban petr贸leo, y que 茅stas se desarrollar铆an una vez que el mundo se enfrentara a un pico de producci贸n. Result贸 que lo mejor que pod铆an ofrecer eran turbinas e贸licas y paneles solares totalmente inadecuados que requieren combustibles f贸siles en cada etapa de su fabricaci贸n, transporte, despliegue y mantenimiento.

Sin embargo, el aumento del precio del petr贸leo hizo que los yacimientos al norte de Alaska, en el Mar del Norte y en el Golfo de M茅xico, que antes eran demasiado caros, se pusieran en producci贸n. Y fueron 茅stos (y el blanqueo de dinero basado en ellos) -en lugar de las mani谩ticas pol铆ticas econ贸micas del gobierno de Thatcher- los que finalmente dieron un vuelco a la econom铆a a principios de la d茅cada de 1990. A nivel mundial, la expansi贸n de la oferta de divisas basada en la deuda de Clinton -reflejada por Blair en el Reino Unido- ayud贸 a dar paso a la d茅cada de crecimiento insostenible basado en la deuda, que se vino abajo en 2008. Y una vez m谩s, nuestros relatos se equivocan al culpar a los problemas pol铆ticos inmediatos en lugar de a los l铆mites de recursos a largo plazo. Para la derecha pol铆tica, 2008 fue el resultado de gobiernos despilfarradores que pidieron prestado y gastaron m谩s de lo que pod铆an permitirse. Para la izquierda, se debi贸 a que los banqueros codiciosos y las empresas que evaden impuestos hundieron el sistema financiero y luego pidieron limosnas al Estado.

Si bien hay una pizca de verdad en estos mitos, al igual que en la d茅cada de 1970, la crisis comenz贸 con el agotamiento de los recursos. El Reino Unido se vio especialmente afectado porque sus reservas de petr贸leo y gas del Mar del Norte se hab铆an dilapidado a finales del siglo XX. Tanto la producci贸n de petr贸leo como la de gas alcanzaron su punto m谩ximo en 1999 y cayeron r谩pidamente a partir de entonces. En 2005, el Reino Unido se hab铆a convertido en un importador neto de petr贸leo y gas. Tambi茅n en 2005, la producci贸n mundial de petr贸leo convencional alcanz贸 su punto m谩ximo, con un impacto similar al experimentado a principios de la d茅cada de 1970. El precio de todo lo que depend铆a del petr贸leo empez贸 a subir.

La respuesta correcta a esto deber铆a haber sido no hacer absolutamente nada. Era una ocasi贸n en la que 芦dejar al libre mercado禄 habr铆a hecho el menor da帽o. 驴Por qu茅? simplemente porque en un choque de oferta, la gente no tiene otra opci贸n que ajustar su gasto en consecuencia. Esto significa que se gasta menos en art铆culos discrecionales -como art铆culos el茅ctricos, coches nuevos, vacaciones en el extranjero o comidas fuera- y m谩s en art铆culos esenciales -como alimentos, vivienda, servicios p煤blicos y ropa-. El descenso resultante en los sectores discrecionales de la econom铆a dar谩 lugar a la quiebra de los menos eficientes, lo que a su vez provocar谩 un descenso de la demanda de petr贸leo. En 煤ltima instancia, el precio del petr贸leo tendr谩 que establecerse a un precio que la econom铆a pueda permitirse.

Esto es especialmente importante de entender cuando se trata de una econom铆a sobrecargada de deuda. En 2005, la inmensa mayor铆a de los economistas, asesores gubernamentales y ministros trabajaban con una comprensi贸n totalmente err贸nea del funcionamiento del sistema bancario. Creyeron en modelos que supon铆an que los bancos eran lo mismo que las cooperativas de cr茅dito: depend铆an de los ahorradores para proporcionar el dinero prestado a los prestatarios y obten铆an un peque帽o beneficio con los tipos de inter茅s marginales. En realidad, los bancos ten铆an licencia para crear una forma de moneda llamada 芦cr茅dito bancario禄, que son todos los d铆gitos que aparecen en su extracto bancario. En 2005, el cr茅dito bancario representaba m谩s del 90% del dinero en circulaci贸n. Y cada c茅ntimo y cada centavo de 茅l hab铆a sido impulsado cuando los bancos emitieron nuevos pr茅stamos.

Todo el sistema bancario era 鈥 y sigue siendo 鈥 una versi贸n compleja de un esquema Ponzi; porque para devolver los intereses de la moneda que ya est谩 en circulaci贸n, no tenemos m谩s remedio que seguir pidiendo prestado. De hecho, como el inter茅s compuesto crece exponencialmente, no tenemos m谩s remedio que pedir prestado exponencialmente si queremos evitar un colapso del sistema bancario y financiero mundial. Pero hay l铆mites en la medida en que los bancos pueden seguir prestando. Y podr铆a decirse que alcanzamos esos l铆mites a principios de la d茅cada de 2000, cuando los bancos empezaron a conceder hipotecas a personas que apenas pod铆an pagarlas, los llamados 芦prestatarios de alto riesgo禄. Por supuesto, los bancos hab铆an tomado medidas para protegerse de las deudas incobrables. Sin embargo, los impagos en la base de la pir谩mide har铆an caer toda la estructura.

Pocas personas han examinado el problema desde la base. Pero imag铆nese en la posici贸n de un pagador de hipotecas de alto riesgo. El mercado de la vivienda en general ha sido disfuncional durante a帽os. Los alquileres mensuales han subido mucho m谩s que la cuota mensual de una hipoteca. Pero, a pesar de ello, a no ser que puedas hacer un gran dep贸sito -lo que es m谩s o menos imposible debido a los elevados alquileres- no tienes ninguna posibilidad de acceder a la vivienda. Pero a finales de los a帽os 90, la voraz b煤squeda de nuevos prestatarios por parte de los bancos llega al punto de que puedes conseguir una hipoteca al 100%. Y si eres cuidadoso, y est谩s preparado para cambiar de casa con regularidad, puedes utilizar el aumento del precio de cada una de las propiedades contra las que pides un pr茅stamo para construir el dep贸sito de tu pr贸xima casa. Y, con el tiempo, el aumento de los precios de la vivienda le permitir谩 liquidar su hipoteca por completo. Al menos, 茅sa era la teor铆a. As铆 que se contrata una hipoteca que, siempre que se ahorre y se escatime, se puede pagar pr谩cticamente. Y entonces, en 2005, los precios de toda la econom铆a empiezan a subir con el aumento del precio del petr贸leo. En 2006, esto empieza a doler porque el coste de tener un trabajo 鈥 el funcionamiento del coche, la compra de la comida, la adquisici贸n de ropa de trabajo nueva, etc. 鈥 te ha dejado sin gasto discrecional. Aun as铆, mientras nadie haga nada imb茅cil, como subir los tipos de inter茅s, las cosas deber铆an calmarse en el futuro.

Por desgracia, subir los tipos de inter茅s es exactamente lo que recomiendan los libros de texto de econom铆a como remedio universal para la subida de los precios. El hecho de que el aumento de los precios -entonces como ahora- no tiene absolutamente nada que ver con el coste de los pr茅stamos ni siquiera se tiene en cuenta. Y as铆, los prestatarios de alto riesgo que apenas se manten铆an a flote se vieron afectados por el coste adicional del aumento de los pagos de intereses. Y esto fue la gota que colm贸 el vaso. Los prestatarios empezaron a no pagar y el valor de los t铆tulos de los bancos empez贸 a caer en picado. Y entonces descubrimos que los bancos hab铆an creado empresas subsidiarias para comprar sus valores dudosos con el fin de mantener el precio. Y as铆, los bancos dejaron de confiar en los dem谩s y suspendieron todos los pr茅stamos a corto plazo entre ellos: la llamada 芦crisis crediticia禄.

La oferta de petr贸leo y la mala econom铆a, y no (o al menos no principalmente) los banqueros codiciosos o los gobiernos despilfarradores, fue la causa del crack de 2008 y del continuo retroceso de la prosperidad en los estados desarrollados desde entonces. Y si creen que eso es una mala noticia, consideren que la producci贸n mundial de petr贸leo, incluyendo las fuentes no convencionales -fracking de esquisto y arenas bituminosas- alcanz贸 su punto m谩ximo en 2018; aunque los efectos completos de esto se ocultaron en cierta medida por la llegada fortuita del SARS-CoV-2.

Para que quede claro, el 芦pico del petr贸leo禄 no se refiere al momento en el que 芦nos quedamos sin禄 petr贸leo. M谩s bien se refiere a la 煤ltima vez que la producci贸n de petr贸leo creci贸. A partir de ahora, produciremos menos petr贸leo que el a帽o anterior. Y como el petr贸leo es un recurso finito, no podemos hacer nada para invertir el proceso. Tampoco es un descubrimiento nuevo. De hecho, el pico del petr贸leo se teoriz贸 ya en los a帽os 50 y empez贸 a tomarse en serio tras la crisis del petr贸leo de los a帽os 70. Porque, aunque se tenga la tentaci贸n de considerar el petr贸leo como un recurso barato m谩s, que cuesta menos de 0,50 peniques por litro, el valor que obtenemos del petr贸leo es inmenso. Por eso, cualquier disminuci贸n de la cantidad de petr贸leo disponible nos obliga a tomar decisiones dif铆ciles sobre qu茅 sectores de la econom铆a mantendremos y cu谩les tendremos que eliminar.

Pero lo que es peor, la calidad del petr贸leo del que dependemos tambi茅n ha disminuido. Es decir, mientras que antes pod铆amos extraer el petr贸leo clavando una tuber铆a unos metros en el suelo, ahora recurrimos a la miner铆a a cielo abierto y a la cocci贸n de arenas bituminosas o a la fracturaci贸n hidr谩ulica de la roca madre. Y lo que esto supone es un aumento del coste energ茅tico de la energ铆a, ya que nos vemos obligados a desviar una parte cada vez mayor de nuestra energ铆a para asegurar la energ铆a del futuro. Como resultado, parte de los sectores no energ茅ticos de la econom铆a, mucho m谩s amplios, tienen que desaparecer. Y, al igual que el personaje de Hemmingway en The Sun Also Rises, esto sucede de dos maneras: 芦gradualmente, luego de repente禄.

Cada a帽o desde 1973 ha supuesto un suave deslizamiento por la pendiente descendente gradual hacia el precipicio energ茅tico neto. Apoyados hasta cierto punto en los 煤ltimos yacimientos de petr贸leo econ贸micamente asequibles y disimulados en gran medida por una monta帽a de deuda impagable y activos sobreinflados (sic), nos enga帽amos creyendo que la crisis hab铆a desaparecido. En lugar de tratar la crisis del petr贸leo como una llamada de atenci贸n, nos volvimos a adormecer creyendo err贸neamente que gente inteligente en otro lugar se estaba ocupando de ella.

El pico del petr贸leo de 2005 y el consiguiente colapso financiero deber铆an habernos motivado a actuar tambi茅n. Pero el puntaje pol铆tico a corto plazo result贸 ser mucho m谩s reconfortante que enfrentarnos a la situaci贸n en la que nos encontr谩bamos en ese momento. En cualquier caso, el 芦milagro del fracking禄 -que fue en gran medida producto de una desesperada 芦b煤squeda de rendimiento禄 en un entorno financiero de tipos de inter茅s ultrabajos- parec铆a significar que nuestras preocupaciones energ茅ticas hab铆an quedado atr谩s. En cambio, el cambio clim谩tico parec铆a ser la crisis m谩s inmediata.

Ocho a帽os despu茅s de la crisis, con poco hecho para mejorar la suerte de la mitad inferior de la poblaci贸n, y con la prosperidad retir谩ndose a unos pocos enclaves cerca de los centros de gobierno, tecnolog铆a y las universidades de primer nivel, el ascenso del populismo de derechas no deber铆a haber sido una sorpresa para nadie. Sin embargo, el advenimiento del Brexit en el Reino Unido, de Trump en Estados Unidos y de los diversos populistas nacionalistas postsovi茅ticos de Europa del Este ha hecho que la izquierda pol铆tica pierda la cabeza. Y, lo que es m谩s importante, a fantasear de forma irreal con el restablecimiento del statu quo ante en lugar de abordar las crecientes crisis que tenemos ante nosotros.

La falsa escasez de gasolina de este fin de semana demostr贸 ser una excelente distracci贸n de la escasez de gas, mucho m谩s grave, que fue noticia a principios de la semana. No estamos, en este momento, a punto de quedarnos sin combustible simplemente porque las econom铆as capitalistas desarrolladas no hacen escasez; nosotros hacemos subidas de precios. Los precios de la gasolina en el Reino Unido han vuelto a un nivel visto por 煤ltima vez en 2013, que fue el anterior r茅cord. Eso significa que, como en 2005, la gente tendr谩 que hacer malabarismos con sus presupuestos y recortar su kilometraje para llegar a fin de mes. Y cuando la demanda caiga, el precio del petr贸leo empezar谩 a bajar de nuevo; aunque quiz谩 ya no caiga por debajo de los 40 d贸lares por barril que marcan el l铆mite superior del crecimiento econ贸mico:

El gas, por otra parte, se est谩 agotando realmente鈥 al menos en lo que respecta a Europa. Las afirmaciones de que los problemas del Reino Unido son el resultado del Brexit son precisamente el tipo de diagn贸stico err贸neo que conduce a m谩s remedios de charlat谩n. Por supuesto, al igual que con la respuesta a la pandemia y el cierre del almac茅n de Rough, el Brexit habr谩 tenido un impacto menor. Pero la principal diferencia entre el Reino Unido y sus vecinos europeos es que nos tomamos las energ铆as renovables demasiado en serio. Es decir, al construir en exceso la generaci贸n intermitente antes de averiguar c贸mo almacenar energ铆a para los momentos en los que el viento no sopla y el sol no brilla, nos dejamos especialmente vulnerables a las fluctuaciones del mercado del gas. A pesar de la ret贸rica ecologista, Alemania mantuvo sus centrales de carb贸n, mientras que B茅lgica y Francia mantuvieron sus centrales nucleares en funcionamiento m谩s all谩 de su vida 煤til prevista. El Reino Unido, en cambio, cerr贸 activamente las centrales de carb贸n y permiti贸 que se retirara la energ铆a nuclear, de modo que el gas se convirti贸 en el 煤nico medio para equilibrar la intermitencia de la energ铆a e贸lica.

Esto habr铆a sido una tonter铆a en cualquier parte del mundo. Pero en un pa铆s del norte que tambi茅n depende del gas para la calefacci贸n y la cocina, as铆 como para gran parte de lo que queda de su industria, fue una aut茅ntica locura. Por otra parte, el mercado mayorista de la energ铆a en Gran Breta帽a se dise帽贸 para ser una locura desde el principio, ya que su 煤nico objetivo era mantener los precios artificialmente bajos para los consumidores, raz贸n por la que una gran cantidad de empresas de suministro de energ铆a con modelos de negocio poco realistas se han estrellado en los 煤ltimos a帽os. Parece que no podemos tener nuestra electricidad de reserva y calentar nuestras casas tambi茅n con ella. Tampoco, una vez cerradas nuestras minas y centrales de carb贸n, podemos permitirnos volver atr谩s.

El problema de los diagn贸sticos err贸neos es que nos llevan por caminos que empeoran la situaci贸n a largo plazo. Si, por ejemplo, se llegara a la conclusi贸n de que la soluci贸n a nuestra creciente crisis energ茅tica es reiniciar los intentos de fracturaci贸n hidr谩ulica (fracking), se van a malgastar muchos de los recursos que nos quedan intentando crear una industria que ha demostrado ser negativa desde el punto de vista energ茅tico: en el Reino Unido, debido a nuestra retorcida geolog铆a, el gas de esquisto simplemente no puede extraerse por menos energ铆a de la que se produce. Por eso, por supuesto, las empresas de fracking renunciaron a la idea. Si, por el contrario, se llega a la conclusi贸n de que el problema tiene que ver 煤nicamente con los acuerdos comerciales energ茅ticos de Gran Breta帽a con la Uni贸n Europea tras el Brexit, se va a perder mucho tiempo y esfuerzo negociando un acuerdo que alterar谩 marginalmente su participaci贸n en un suministro de gas que disminuye r谩pidamente y que ya est谩 afectando a todo el continente. Y, por cierto, no hay ninguna ley de la naturaleza que diga que Rusia debe dar a Europa un trato preferente en lo que se refiere a sus restantes -y menguantes- excedentes de gas.

Son muchas las causas de la actual -primera etapa- de la crisis energ茅tica. Algunas se remontan a la privatizaci贸n del gas y la electricidad. Otras se deben a que no se han evaluado con precisi贸n las reservas del Mar del Norte. Otras se remontan a la decisi贸n de los nuevos laboristas de acelerar y ampliar en exceso el despliegue brit谩nico de turbinas e贸licas y paneles solares intermitentes antes de que nadie hubiera descubierto un medio de almacenamiento escalable y rentable. Muchos de los fracasos de las empresas se deben a la decisi贸n de Cameron-Osborne de permitir la creaci贸n de nuevas empresas de suministro que carec铆an de reservas de gas para aislarlas de las fluctuaciones del mercado mayorista. Y, en la pr谩ctica, estaremos mejor cuando estas operaciones de riesgo hayan cerrado y podamos evaluar mejor el verdadero estado de nuestra industria de suministro de energ铆a. Sin embargo, el problema subyacente m谩s importante es que el gas, al igual que el carb贸n y el petr贸leo, es un recurso finito que hemos extra铆do primero de la fruta m谩s barata. Despu茅s de quemar el material barato, nos vemos obligados a pasar a los yacimientos dif铆ciles y caros. Y nos guste o no, eso significa que en el futuro tendremos que pagar por la energ铆a mucho m谩s de lo que nos hemos acostumbrado.

La conclusi贸n es que muchas de las cosas de las que nos quejamos actualmente -como la escasez de camiones de reparto y el aumento de los precios de todo, desde los alimentos hasta los microprocesadores- van a ser un hecho en un futuro pr贸ximo. De hecho, si nos equivocamos, nos enfrentamos a graves trastornos como consecuencia de los cortes de energ铆a aleatorios que paralizan una econom铆a que se ha hecho cada vez m谩s dependiente de la electr贸nica para funcionar. Se mire por donde se mire, la disminuci贸n del excedente de energ铆a (la cantidad que queda despu茅s de haber generado o producido energ铆a) significa una disminuci贸n de la actividad econ贸mica discrecional. Al igual que durante los cierres de la pandemia, todo lo que no se considere esencial acabar谩 por no hacerse.

La siguiente etapa de este viaje ser谩, sin duda, un giro hacia la energ铆a nuclear. Y es que ning煤n pol铆tico -independientemente de las declaraciones en contra- va a presidir voluntariamente un colapso energ茅tico de la econom铆a. De hecho, s贸lo fue cuesti贸n de horas despu茅s de la subida del precio del gas y del comienzo de la escasez de gasolina, antes de que Rolls Royce saliera a la palestra para promocionar sus peque帽os reactores modulares. De hecho, el gobierno del Reino Unido ya hab铆a dado luz verde a 茅stos -y a otros seis reactores nucleares sobre el horizonte- hace tres a帽os. De ellos, el reactor de sales fundidas de Moltex es el 煤nico dise帽o que parece que ser谩 comercialmente viable, con pedidos de Canad谩 y Estonia, adem谩s del Reino Unido. A diferencia de los combustibles f贸siles, hay uranio m谩s que suficiente (y torio si alguien puede obtenerlo comercialmente) para alimentar y hacer crecer la econom铆a mundial. El elevado coste de la energ铆a nuclear se debe a los costes de construcci贸n y seguridad de los grandes reactores de agua a presi贸n, m谩s que al combustible.

En este momento, la cuesti贸n no es tanto si se puede desarrollar la nueva energ铆a nuclear de cuarta generaci贸n, sino si se puede desarrollar a la escala y en el tiempo necesario. Europa se enfrenta a un d茅ficit energ茅tico hasta mediados de la d茅cada de 2020. Pero incluso los nuevos reactores m谩s peque帽os van a tardar una d茅cada en desplegarse. E incluso entonces, no son un sustituto del gas贸leo que actualmente impulsa la econom铆a mundial.

Mientras tanto, hay tres medidas clave que podemos tomar para, al menos, mitigar la crisis que se est谩 produciendo. La primera es incorporar las actuales compa帽铆as de gas y electricidad a un 煤nico organismo nacional, de modo que no se pueda utilizar el cuasi mercado para ocultar los verdaderos costes de la generaci贸n de electricidad. Esto puede implicar una nacionalizaci贸n total o algo parecido a lo que se est谩 haciendo con los ferrocarriles brit谩nicos. En cualquier caso, el objetivo principal de una nueva industria energ茅tica nacional debe ser el suministro de electricidad firme, las 24 horas del d铆a, los 7 d铆as de la semana. La preocupaci贸n por el precio debe quedar relegada a un tercer plano, detr谩s de la seguridad del suministro, y la pobreza energ茅tica debe resolverse a trav茅s del sistema de seguridad social y no de la falsa competencia entre empresas.

En segundo lugar, necesitamos desesperadamente ser realistas sobre el coste de todo en una econom铆a con restricciones energ茅ticas. Permitir que las corporaciones multinacionales deslocalicen grandes franjas de nuestra fabricaci贸n con el 煤nico fin de obtener mayores beneficios nos ha dejado peligrosamente expuestos a la ruptura de las cadenas de suministro que se producir谩 con frecuencia a medida que disminuya el excedente de energ铆a. En muchos casos, o se hacen las cosas a nivel local o regional o no se har谩n鈥 y todos tendremos que acostumbrarnos a ello aunque suponga renunciar a cosas que hemos llegado a esperar.

En tercer lugar, tenemos que abandonar urgentemente las fantas铆as tecno-ut贸picas promovidas por charlatanes como Elon Musk y por tecn贸cratas equivocados como Herr Schwab. Son remedios tan charlatanes como conseguir un mejor acuerdo con la UE para asegurar el acceso a un gas que ya no existe o hacer fracking hidr谩ulico en dep贸sitos de esquisto de los que se filtr贸 la mayor parte del gas hace cientos de miles de a帽os. Si una tecnolog铆a no existe -al menos como prototipo de demostraci贸n-, ya no hay tiempo para desarrollarla. Y si existe como tecnolog铆a madura -como un aerogenerador o una bater铆a-, entonces ya se han realizado todas las mejoras viables; si no est谩 a la altura hoy, nunca lo estar谩.

Podemos lamentar la larga cadena de decisiones pol铆ticas y econ贸micas tomadas entre la primera crisis energ茅tica de 1973 y el inicio del agotamiento energ茅tico en la d茅cada de 2020. Pero echar la culpa no nos lleva a ninguna parte y, en realidad, todos hemos participado y respaldado al menos algunas de las decisiones que nos han llevado a donde estamos ahora. Lo que se necesita en este momento no es ni recriminaci贸n ni fantas铆a especulativa. M谩s bien, necesitamos una reflexi贸n clara sobre c贸mo gestionar un periodo irreversible de contracci贸n econ贸mica, algo que ning煤n ser humano vivo ha tenido que contemplar. Tenemos dos opciones: Gestionar el proceso para evitar las peores consecuencias negativas; o intentar mantener el negocio como siempre y enfrentarnos a un gran colapso tanto de la econom铆a financiera como de la real. Podemos esperar que gente inteligente en otro lugar descubra c贸mo generar futuros excedentes de energ铆a鈥 pero ser铆amos tontos si confi谩ramos en ello.

https://telegra.ph/La-marcha-de-la-locura-09-27

Publicado originalmente en consciousnessofsheep.co.uk




Fuente: Asociaciongerminal.org