July 4, 2021
De parte de Grupo Anarquista Apoyo Mutuo
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El centro comercial est谩 atestado de gente. Gente que, como es de bien en tiempos de Pandemia, lleva puesta su mascarilla tapando boca y nariz, evitando as铆 que las part铆culas de saliva y dem谩s transporten enfermedad y muerte de unas personas a otras. Es una mierda y ya estoy un poco harto, como supongo muchos de los que aqu铆 estamos. Pero es lo que hay. En el barrio 鈥渆s lo que hay鈥 es una de las muletillas m谩s usada.

Lo de la distancia de seguridad aqu铆 se aplica poco, la gente llena los recintos de restauraci贸n y se empujan, 鈥渟in querer鈥, unos a otros en las tiendas de moda (siempre la misma, claro, que una Pandemia no te quite la oportunidad de uniformarte seg煤n los c谩nones de la gran compa帽铆a de confecci贸n de turno). La nueva normalidad era esto, el volver a consumir desesperados para ver si en el acto de esta compra captamos esas endorfinas que la vida y la tele ya no nos da.

No se si quieto vivir as铆, de hecho no quiero. Cada d铆a este mundo se me hace m谩s inh贸spito e inhumano. Menos salvaje, en el buen sentido de la palabra. Menos libre. Demasiado control, demasiada civilizaci贸n, demasiado civismo, demasiadas normas. Muy poca alegr铆a real, de esa que a帽oramos de nuestra infancia sentida (que no siempre es la vivida ya que la memoria, ya sabes, es selectiva).

Me cuido muy mucho de comentar que mi pareja estas reflexiones. Me apetece poco hablar ahora de esta sensaci贸n extra帽a y, adem谩s, no quiero que se preocupe. Que se pille pronto su falda y su blusa, no quiero estar mucho tiempo aqu铆. A lo mejor luego, cuando nos tomemos una cerveza y le gaste una broma t铆pica acerca de si esa minifalda me sienta mejor a mi o a ella (a veces soy muy tonto). Me gusta hacerla re铆r, aunque no se si lo hace conmigo o de mi.

Por megafon铆a suenan las t铆picas canciones que incitan a la compra compulsiva, dependiendo del momento con m谩s ritmo o m谩s relajantes, siguiendo esas incomprensibles reglas del marketing. Me llama la atenci贸n, no obstante, que hay un extra帽o silencio en el centro comercial. Nadie parece estar hablando hoy, ni para comentar el tiro de la blusa o por donde carga paquete el pantal贸n. La gente est谩 comprando, saca su vis谩 y la pasan por los dat谩fonos, cambiando prendas, regalos y dem谩s de propietario, de la tienda al consumidor. S贸lo somos consumidores. Y cada compra la vida se nos escapa un poco.

La lluvia de fuera retumba sobre la cubierta del centro comercial, a veces tapando la m煤sica motivadora, que tiende por momentos a estridente. Me siento enfermo, mareado. Quiero quitarme la mascarilla y respirar aire puro, aunque en el sitio donde estoy el aire est谩 viciado y deber铆a ir muy lejos para encontrar el ansiado aire puro. Pero no puedo. Las autoridades no lo permiten, hay unas normas.

Adem谩s, cuando lo intento no soy capaz de encontrarla, para mi espanto tampoco soy capaz de encontrar mi boca y ni mi nariz. Intento gritar, pero no tengo por donde dejar escapar el aire. Entonces me doy cuenta, la raz贸n de este silencio de las gentes que se api帽an en este centro comercial. Miro a mi alrededor y no creo lo que veo.

En el centro comercial cientos de personas caemos de rodillas al suelo palpando unas caras donde ya no hay nariz, ni o铆dos y ni boca. Nos miramos con los ojos. Muy abiertos, aterrorizados.

Al final solo nos dejaron la Visa y el miedo. Este miedo




Fuente: Apoyomutuo.org