December 3, 2021
De parte de La Haine
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Las dos d茅cadas finales del siglo XIX fueron tiempo de revueltas en el campo andaluz, y el poder us贸 contra ellas todas sus armas. La mentira y la manipulaci贸n, por ejemplo, como en los sucesos de la Mano Negra, tras la hambruna de 1881 y 1882, pero sobre todo la represi贸n pura y dura, que se ceb贸 en el movimiento anarquista que despuntaba.

Fue el caso de los excesos tras la sublevaci贸n de Jerez en 1892, y tambi茅n el de la matanza de Riotinto en 1888, el que se dio en llamar “el a帽o de los tiros”.

En esta 煤ltima localidad de la provincia de Huelva tuvo lugar en febrero de este a帽o una protesta pac铆fica y festiva contra los abusos que sufr铆an los trabajadores de las minas y el deterioro ambiental que 茅stas provocaban. La movilizaci贸n tuvo el m茅rito adem谩s de aunar las voces de mineros y agricultores. La historiadora Mar铆a Dolores Ferrero Blanco ha estudiado aquellos hechos en obras como: Los conflictos de febrero de 1888 en Riotinto: distintas versiones de los hechos (1988), y Capitalismo minero y resistencia rural en el suroeste andaluz: Riotinto, 1873-1900 (1999). Estos trabajos descubren los detalles de una historia de conciencia y lucha que merece ser recordada.

De teleras y humos insalubres

Tras la venta de las milenarias minas al capital ingl茅s en 1873, el sistema de explotaci贸n escogido por los nuevos due帽os para las piritas “pobres”, con menos del 3% de cobre y que no era rentable transportar para su tratamiento, fue el de la calcinaci贸n in situ al aire libre. Para realizar 茅sta, se apilaba el mineral en bruto en grandes montones, denominados teleras, sobre ramajes secos a los que se prend铆a fuego. Despu茅s, se dejaba todo arder durante meses, con lo que los humos generados, ricos en di贸xido de azufre y adheridos frecuentemente al terreno como una “manta”, causaban molestias y enfermedades, al tiempo que dificultaban las labores agr铆colas.

Los vecinos de los pueblos perjudicados no tardaron en movilizarse en una “Liga Antihumista”, en la que desempe帽aban un papel destacado los terratenientes de la regi贸n. Las protestas lograron la prohibici贸n de las teleras por parte de diversos ayuntamientos, pero no por el de Riotinto, cuyos concejales trabajaban mayoritariamente para los ingleses; el alcalde, sin ir m谩s lejos, fung铆a de capataz en una de las minas. Como los mineros tambi茅n estaban enfrentados con los due帽os de 茅stas, por las condiciones laborales que sufr铆an, no fue dif铆cil coordinar los dos movimientos y as铆 se decidi贸 que todos juntos acudir铆an en manifestaci贸n al pueblo para demandar la proscripci贸n de las teleras.

Al frente de los mineros se encontraba un anarquista, Maximiliano Tornet, nacido en Cuba en 1855 y expulsado de la isla por su actividad revolucionaria. Lleg贸 a Riotinto en 1883 y all铆 se ocup贸 de la concienciaci贸n de los obreros, lo que lo llev贸 a la c谩rcel durante unos meses en 1887. Tras su liberaci贸n, tuvo un papel destacado en los hechos rese帽ados.

Una fecha para el recuerdo

El d铆a escogido para la concentraci贸n fue el 4 de febrero de 1888. Mar铆a Dolores Ferrero recopila en sus trabajos los datos aportados por las fuentes hemerogr谩ficas disponibles, una labor dif铆cil pues los relatos son muy dispares. No obstante, el an谩lisis y contraste de las informaciones permite dibujar un retrato veros铆mil de lo sucedido.

Aquel d铆a, dos manifestaciones convergen a la entrada de Riotinto, una de agricultores, procedente de Zalamea la Real y capitaneada por su alcalde y un propietario de este pueblo, Lorenzo Serrano, y otra de mineros, que hab铆a partido de ma帽ana de Nerva y lleva a Maximiliano Tornet a la cabeza. A mediod铆a, una multitud de varios miles de personas ocupa la plaza del ayuntamiento, en cuyo sal贸n de plenos la corporaci贸n municipal se encuentra reunida, y eleva sus gritos por el fin de las odiadas teleras, mientras una banda de m煤sica que hab铆a venido con los agricultores da un tono festivo a la concentraci贸n. Nada permite adivinar la tragedia que se va a desencadenar en breve.

A primera hora de la tarde llega a la localidad el gobernador civil de la provincia, Agust铆n Bravo y Joven, con dos compa帽铆as del regimiento de Pav铆a, acantonado a la saz贸n en Huelva para reprimir posibles disturbios. La tropa viene al mando del teniente coronel Ulpiano S谩nchez. El gobernador, acompa帽ado del teniente coronel, accede al ayuntamiento y tras amonestar a alcalde y concejales sobre la imposibilidad de decidir nada contra las teleras, se asoma al balc贸n y con malos modos ordena a los congregados que se dispersen. En ese momento y casi sin tiempo para saber qu茅 est谩 ocurriendo, la tropa forma cuadro y dispara, durante m谩s de un minuto seg煤n los relatos disponibles. 驴Qui茅n dio la orden de fuego? Nadie ha podido aclarar este punto, pero resulta indudable que la responsabilidad de lo ocurrido recae sobre el militar al mando.

Cuando la plaza queda libre, un cuarto de hora despu茅s, el espect谩culo es dantesco, con muertos y heridos por el suelo, entre ellos ni帽os y mujeres, y los bancos de hierro forjado arrancados o rotos por el tropel de la huida. El n煤mero total de v铆ctimas fue minimizado por los medios afines a la Riotinto Company, pero la tradici贸n oral recogida en la regi贸n apunta a varios centenares. Hay que tener en cuenta, en este sentido, que algunos heridos fallecieron en sus domicilios al no recibir asistencia m茅dica, y fueron enterrados en secreto para evitar represalias de la empresa. Tras esta jornada sangrienta, el regimiento de Pav铆a a煤n ocup贸 el pueblo durante m谩s de un a帽o, ante la muda consternaci贸n de sus v铆ctimas.

No hay constancia de que se tomara ninguna medida contra el teniente coronel Ulpiano S谩nchez. El gobernador civil, Agust铆n Bravo y Joven, fue relevado en su cargo, y se inco贸 un voluminoso sumario sobre su actuaci贸n, con cuatro vol煤menes y m谩s de dos mil folios, pero toda esta documentaci贸n desapareci贸 sin dejar rastro, y no existe ninguna evidencia de que llegara a celebrarse juicio oral. Lo m谩s probable es que la causa fuera sobrese铆da a instancias de la superioridad. S铆 sufrieron procesos, sin embargo, hasta sus 煤ltimas consecuencias, periodistas como Jos茅 Nogales, Jos茅 Hern谩ndez de los Reyes o Sebasti谩n Alonso G贸mez, que se atrevieron a dar a conocer lo ocurrido en la prensa nacional. Sus penas fueron de arresto mayor en algunos casos.

El asunto trascendi贸 a las Cortes y hasta llegaron a prohibirse las teleras a finales de ese mismo mes de febrero, pero el chantaje de la empresa hizo que volvieran a arder en 1900. S贸lo desaparecieron definitivamente en 1907, con el desarrollo de novedosos m茅todos de oxidaci贸n y filtrado sucesivo de los minerales, mucho m谩s rentables y salubres, y que presentan la ventaja, adem谩s, de preservar el azufre, convertido antes en humo en las teleras, para la fabricaci贸n de 谩cido sulf煤rico.

El d铆a 4 de Febrero, despu茅s de los disparos, se vio a Maximiliano Tornet montar su caballo y huir. En la actualidad diversas fuentes indican que huy贸 a Argentina y all铆 falleci贸 en 1904.

Secuelas literarias y cinematogr谩ficas

El periodista onubense Rafael Moreno es autor de una novela: 1888, el a帽o de los tiros, que desde su primera edici贸n en 1998 ha sido reeditada en varias ocasiones, la 煤ltima en 2018 por CGT Andaluc铆a con ilustraciones de Jaime Pandelet e introducci贸n de Antonio Miguel Bernal. Por su parte, Juan Cobos Wilkins se acerc贸 a los hechos en 2001 con El coraz贸n de la tierra, novela que fue llevada al cine en 2007 por el director Antonio Cuadri con el mismo t铆tulo. Esta recreaci贸n cinematogr谩fica transmite toda la crudeza de la escisi贸n social instaurada en la tierra onubense a finales del siglo XIX, as铆 como el terror de la represi贸n y sus secuelas. La pel铆cula puede visualizarse a trav茅s de la red.

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Fuente: Lahaine.org