September 21, 2021
De parte de Amor Y Rabia
315 puntos de vista


Que la ciencia se ha convertido en la religi贸n de nuestro tiempo, aquello en lo que los hombres creen que creen, es ya desde hace tiempo evidente. En el Occidente moderno, han cohabitado y hasta cierto punto todav铆a coexisten tres grandes sistemas de creencias: el cristianismo, el capitalismo y la ciencia. En la historia de la modernidad, estas tres 鈥渞eligiones鈥 necesariamente se han cruzado una y otra vez, entrando de vez en cuando en conflicto y luego reconcili谩ndose de varias maneras, hasta alcanzar progresivamente una especie de convivencia pac铆fica y articulada, si no una verdadera y apropiada colaboraci贸n en nombre del inter茅s com煤n.

El hecho nuevo es que entre la ciencia y las otras dos religiones, sin que nos percat谩ramos, se ha rea颅vivado un conflicto subterr谩neo e implacable, cuyos resultados victoriosos para la ciencia est谩n ahora ante nuestros ojos y determinan de manera sin precedente todos los aspectos de nuestra existencia. Este conflicto no concierne, como suced铆a en el pasado, a la teor铆a y a los principios generales, sino, por as铆 decirlo, a la pr谩ctica cultural. Incluso la ciencia, de hecho, como toda religi贸n, conoce diferentes formas y niveles a trav茅s de los cuales organiza y ordena su propia estructura: a la elaboraci贸n de una dogm谩tica sutil y rigurosa corresponde en la pr谩ctica una esfera cultural extremadamente amplia y extendida, que coincide con lo que llamamos tecnolog铆a.

No sorprende que el protagonista de esta nueva guerra religiosa sea aquella parte de la ciencia donde la dogm谩tica es menos rigurosa y m谩s fuerte el aspecto pragm谩tico: la medicina, cuyo objeto inmediato es el cuerpo vivo de los seres humanos. Tratemos de esta颅blecer las caracter铆sticas esenciales de esta fe victoriosa con la cual tendremos que lidiar de manera creciente.

1) La primera caracter铆stica es que la medicina, como el capitalismo, no necesita de una dogm谩tica especial, sino que se limita a tomar prestados de la biolog铆a sus conceptos fundamentales. A diferencia de la biolog铆a, sin embargo, articula estos conceptos en un sentido gn贸stico鈥搈aniqueo, es decir, seg煤n una exasperada oposici贸n dualista. Existe un dios o un principio maligno, la enfermedad precisamente, cuyos agentes espec铆ficos son las bacterias y los virus, y un dios o un principio ben茅fico, que no es la salud, sino la curaci贸n, cuyos agentes de culto son los m茅dicos y la terapia. Como en toda fe gn贸stica, los dos principios est谩n claramente separados, pero en la pr谩ctica pueden contaminarse y el principio ben茅fico y el m茅dico que lo representa pueden equivocarse y colaborar de manera inconsciente con su enemigo, sin que esto invalide de ninguna manera la realidad del dualismo y la necesidad del culto a trav茅s del cual el principio ben茅fico libra su batalla. Y es significativo que los te贸logos que deben fijar la estrategia sean los representantes de una ciencia, la virolog铆a, que no tiene un lugar propio, sino que se encuentra en la frontera entre la biolog铆a y la medicina.

2) Si esta pr谩ctica de culto era hasta ahora, como toda liturgia, epis贸dica y limitada en el tiempo, por el inesperado fen贸meno al que estamos asistiendo es que ella se ha vuelto permanente y ubicua. Ya no se trata de tomar medicamentos o de someterse cuando es necesa颅rio a un examen m茅dico o a una intervenci贸n quir煤rgica: la vida entera de los seres humanos debe convertirse en todo momento en el lugar de una celebraci贸n de culto ininterrumpida. El enemigo, el virus, est谩 siempre presen颅te y debe ser combatido de manera incesante y sin tregua posible. Tambi茅n la religi贸n cristiana conoci贸 tendencias totalitarias similares, pero se refer铆an solo a algunos individuos 鈥揺n particular a los monjes鈥, quienes eligieron poner toda su existencia bajo la consigna 鈥渙rar incesante颅mente鈥. La medicina como religi贸n recoge este precepto paulino y, al mismo tiempo, lo revierte: donde los monjes se reun铆an en conventos para rezar juntos, ahora el culto debe ser practicado con la misma asiduidad, pero manteni茅ndose separados y a distancia.

3) La pr谩ctica del culto ya no es libre y voluntaria, expuesta 煤nicamente a sanciones de orden espiritual, sino que debe hacerse normativamente obligatoria. La colusi贸n entre religi贸n y poder profano, por cierto, no es un hecho nuevo; es del todo nuevo, sin embargo, que ya no concierne a la profesi贸n de los dogmas, como era el caso de las herej铆as, sino exclusivamente a la celebraci贸n del culto. El poder profano debe vigilar que la liturgia de la religi贸n m茅dica, que ahora coincide con la vida entera, sea puntualmente observada en los hechos. Que se trate aqu铆 de una pr谩ctica de culto y no una exigencia cient铆fica racional es inmediatamente evidente. La causa de mortalidad m谩s frecuente en nuestro pa铆s son, con mucho, las enfermedades cardiovasculares, y se sabe que podr铆an disminuir si se practicara un estilo de vida m谩s saludable y se siguiera una alimentaci贸n particular. Pero a ning煤n m茅dico se le hab铆a ocurrido que esta forma de vida y de alimentaci贸n que aconsejaban a los pacientes, se convertir铆a en objeto de una regulaci贸n jur铆dica, que decretar铆a ex lege qu茅 se debe comer y c贸mo se debe vivir, transformando toda la existencia en una obligaci贸n sanitaria. Es precisamente esto lo que se ha hecho y, al menos por ahora, la gente ha aceptado, como si fuese obvio, renunciar a la propia libertad de movimiento, al trabajo, a las amistades, a los amores, a las relaciones sociales, a sus propias convicciones religiosas y pol铆ticas.

Aqu铆 medimos c贸mo las otras dos religiones de Occidente, la religi贸n de Cristo y la religi贸n del dinero, han cedido la pri颅mac铆a, aparentemente sin combatir, a la medicina y a la ciencia. La Iglesia ha renegado pura y simple颅mente de sus principios, olvidando que el santo cuyo nombre tom贸 el ac颅tual pont铆fice abrazaba a los leprosos, que una de las obras de la misericordia era visitar a los enfermos, que los sacramentos solo pueden administrarse en presencia. El capitalismo, por su parte, aunque con alguna protesta, ha acep颅tado p茅rdidas de produc颅tividad que nunca se hab铆a atrevido siquiera a consi颅derar, probablemente con la esperanza de encontrar despu茅s un acuerdo con la nueva religi贸n, que en este punto parece dispuesta a transigir.

4) La religi贸n m茅dica ha recogido del cristianismo sin ninguna reserva la instancia escatol贸gica que este hab铆a dejado caer. Ya el capitalismo, secularizando el paradigma teol贸gico de la salvaci贸n, hab铆a eliminado la idea de un fin de los tiempos, sustituy茅ndola por un estado de crisis permanente, sin redenci贸n ni final. Krisis es en su origen un concepto m茅dico, que designaba en el corpus hipocr谩tico el momento en que el m茅dico decid铆a si el paciente sobrevivir铆a a la enfermedad. Los te贸logos han tomado el t茅rmino para indicar el Juicio final que tiene lugar en el 煤ltimo d铆a. Si se observa el estado de excepci贸n que estamos viviendo, se dir铆a que la religi贸n m茅dica combina la crisis perpetua del capitalismo con la idea cristiana de un tiempo 煤ltimo, de un eschaton en el que la decisi贸n extrema est谩 siempre en curso y el fin es al mismo tiempo precipitado y dilatado, en un intento incesante de poder gobernarlo, pero sin resolverlo de una vez por todas. Es la religi贸n de un mundo que se siente llegando al final y, sin embargo, no puede, como el m茅dico hipocr谩tico, decidir si sobrevivir谩 o morir谩.

5) Como el capitalismo y a diferencia del cristia颅nismo, la religi贸n m茅dica no ofrece perspectivas de salvaci贸n y redenci贸n. Por el contrario, la curaci贸n que busca no puede ser sino provisoria, desde el momento que el Dios malvado, el virus, no puede eliminarse de una vez por todas, m谩s bien muta continuamente y asume siempre nuevas formas, presumiblemente m谩s riesgosas. La epidemia, como la etimolog铆a del t茅rmino sugiere (demos es, en griego, el pueblo como cuerpo pol铆tico y polemos epidemios es en Homero el nombre de la guerra civil), es sobre todo un concepto pol铆tico, que se apresta a convertirse en el nuevo terreno de la pol铆tica 鈥搊 de la no pol铆tica鈥 mundial. Es posible, de hecho, que la epidemia que estamos viviendo sea la realizaci贸n de la guerra civil mundial que, seg煤n los polit贸logos m谩s atentos, ha tomado el lugar de las guerras mundiales tradicionales. Todas las naciones y todos los pueblos est谩n ahora en guerra duradera consigo mismos, porque el enemigo invisible e inasible con el que estamos luchando est谩 dentro de nosotros.

Como ha sucedido muchas veces en el curso de la historia, los fil贸sofos nuevamente deber谩n entrar en conflicto con la religi贸n, que no es m谩s el cristianismo, sino la ciencia o esa parte de ella que ha asumido la forma de una religi贸n. No s茅 si las hogueras volver谩n a encenderse y los libros se incluir谩n en el 脥ndice, pero ciertamente el pensamiento de aquellos que contin煤an buscando la verdad y rechazan la mentira dominante ser谩, como ya est谩 sucediendo ante nuestros ojos, excluido y acusado de difundir noticias (noticias, no ideas, 隆porque las noticias son m谩s importantes que la realidad!) falsas. Como en todos los momentos de emergencia, real o simulada, se volver谩 a ver a los ignorantes calumniando a los fil贸sofos y a los canallas intentando sacar provecho de las desgracias que ellos mismos han provocado. Todo esto ya ha sucedido y continuar谩 sucediendo, pero aquellos que dan tes颅timonio de la verdad no dejar谩n de hacerlo, porque nadie puede dar testimonio por el testigo.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com