January 26, 2022
De parte de A Las Barricadas
167 puntos de vista

Representante del cenizo extremo

Dado que suelo despotricar contra todo tipo de “medicina natural”, algo que me comentan de vez en cuando, es que no se puede ser tan talibán en este tema como soy yo, porque uno tiene que usar aquello que le viene bien en cada momento, y hay veces que la medicina natural o los medios naturales, pueden ser muy beneficiosos.

En mi opinión esto tiene una respuesta muy simple. Decir que uno tiene que hacer aquello que le viene bien es absurdo. Por cuatro motivos. El primero, porque sería estúpido aconsejar hacer aquello que a uno le viene mal; lo segundo, porque hay veces que a uno no le queda más remedio que hacer cosas que le sientan mal, como cuidar de los ancianos hasta la defunción, o de los hijos hasta tu muerte; lo tercero, porque muchas veces uno no sabe qué hacer, ya que ignora si el acto en cuestión le va a traer perjuicio o beneficio, y solo te enteras cuando lo llevas a cabo. Normalmente para arrepentirme; y lo cuarto incluye todos los argumentos que se me olvidan contra la idea de que “uno tiene que hacer aquello que le viene bien”. Y es que frases de este tipo pueden decorar los libros de citas del Dalai Lama o los carteles indicadores del Camino hacia el Infierno.

Por supuesto que podría también ponerme a largar de la medicina convencional. Esos tipos pretenciosos, que te miran por encima del hombro, que pasean con la bata blanca por los hospitales con las manos en los bolsillos, llevando tras ellos una estela de acólitos en pijama y con fonendo. Médicos de la privada, que te cobran 150 euros por recetarte primperán. Iluminados que te rajan prometiéndote curarte de una mierda como un castillo, y que te mandan al otro barrio en paquete exprés… Traumatólogos de la Pública que te dan un folleto con ejercicios y te mandan a la clínica del dolor… Gilipollas recién paridos o cabrones viejos a punto de jubilarse que te hacen un tacto rectal por protocolo… Pero no me da la gana criticarles. Al fin y al cabo, a veces aciertan. A veces te salvan. Y si tengo que elegir a un matasanos de la pública, o a una sanadora de reiki, elijo al tiparraco ese, que si me mata al menos podré protestar, llevarlo a juicio e intentar una indemnización.

También quiero despejar este error muy común: la Medicina Natural, no es natural. A ver. Natural es que te caiga un rayo y te fría. Natural es un volcán en erupción, los piojos, las clamidias, el chancro sifilítico y la muerte. En cambio, ponerte una cataplasma de verduras, no es algo natural. Requiere una intervención humana, cocer las coles, buscar un trapo viejo y ponerte todo encima de la barriga bien caliente, mientras te sujetan entre cuatro para que no te muevas que es por tu bien. Y la homeopatía no digamos ya. Eso de hacer las bolitas de sacarina añadiéndoles lágrimas de cocodrilo diluido para tratar la tristeza, se me antoja tan poco natural como tomar polvo de cuerno de rinoceronte, o clavarte agujas en los chacras, para que se te levante el pito. 

Entonces… ¿Qué es lo que tiene que hacer uno? Pues si puedo, lo que me da la gana. Y si no puedo, lo que me dejan. Porque la melancolía existe, claro que sí. Y el cabreo perpetuo, también.
 




Fuente: Alasbarricadas.org