March 6, 2021
De parte de Asociacion Germinal
193 puntos de vista


Derecho a la informaci贸n veraz

Fuentes: CTXT [Ilustraci贸n: Fake News Circus, LA BOCA DEL LOGO]

La mentira es un arma de destrucci贸n social que esclaviza a los seres humanos, pues puede hacer que actuemos en contra de nuestros intereses y que renunciemos a ser aut茅nticamente libres

El enorme protagonismo que han tenido las mentiras en el mandato de Donald Trump (se le han contabilizado 30.573 en los cuatro a帽os de presidencia) y su masiva circulaci贸n a trav茅s de las redes sociales pueden llevar a un error importante sobre su verdadera naturaleza, causas y prop贸sitos.

Nos referimos a creer que las ahora llamadas fake news o posverdad son un fen贸meno de nuestro tiempo, vinculado a un auge coyuntural de las posiciones pol铆ticas extremistas que antes o despu茅s desaparecer谩n, y algo derivado exclusivamente del uso de las nuevas plataformas digitales.

La mentira, el enga帽o, la difusi贸n de informaci贸n falsa, de bulos o de dudas malintencionadas son tan antiguas como la humanidad. Y no se trata tan solo de un fen贸meno que sea exclusivo de la vida pol铆tica sino que constituye una aut茅ntica industria puesta al servicio de estrategias comerciales e incluso de los mecanismos m谩s viejos que se conocen para lograr el dominio de unos seres sobre otros. La historia de la comunicaci贸n social y de los medios es la de la manipulaci贸n informativa y de la decadencia de la verdad.

La larga historia de la mentira en la comunicaci贸n social

Falsear la verdad, fabricar noticias, extender bulos y mentir en inter茅s propio a trav茅s de los medios de comunicaci贸n social ha sido una pr谩ctica muy corriente en el 煤ltimo siglo y medio.

La 鈥渄errota de la raz贸n鈥 que con tanta brillantez y dolor describi贸 Stefan Zweig, el ascenso del nazismo, o lo que sucedi贸 en Espa帽a a partir de 1936 no podr铆an entenderse sin tener presente el papel de los medios como deformadores de la verdad.

La difusi贸n de noticias falsas y la manipulaci贸n de la informaci贸n se ha utilizado en campa帽as electorales, en publicidad y en estrategias comerciales, como las que durante a帽os han tratado de ocultar los efectos mortales del tabaco o los costes reales de la sanidad privada. M谩s recientemente, hemos vivido aut茅nticos procesos de intoxicaci贸n comunicativa para ayudar a propagar falsedades sobre hechos o procesos de gran trascendencia: guerra de Irak, 11-M en Espa帽a, brexit o independencia de Catalu帽a, entre muchos otros. Por no hablar de la mentira al menudeo que se difunde d铆a a d铆a a trav茅s de todo tipo de medios.

Es una evidencia hist贸rica, por tanto, que el enga帽o y la difusi贸n de falsedades como parte de estrategias para tratar de conseguir determinados objetivos, bien sea de naturaleza pol铆tica o comercial, no son fen贸menos recientes ni casuales sino bien antiguos y deliberados.

Sin embargo, tambi茅n es un hecho que la difusi贸n de la mentira y el deterioro generalizado de la verdad se est谩n produciendo en los 煤ltimos a帽os de una forma m谩s extendida y con consecuencias mucho peores que en 茅pocas anteriores. Pero ser铆a un error, como dijimos, creer que eso se debe solamente a que han cambiado las infraestructuras a trav茅s de las cuales fluye la informaci贸n.

Mentira e ignorancia inducida en la comunicaci贸n digital

Es cierto que la proliferaci贸n de las nuevas plataformas, redes y artefactos que sirven de medios para producir, almacenar, transmitir y consumir informaci贸n sin apenas dependencia del tiempo y el espacio y a mucha mayor velocidad, tienen tres efectos principales que facilitan la desinformaci贸n y la propagaci贸n de mentiras.

En primer lugar, la 鈥渂alcanizaci贸n鈥 del sistema de comunicaci贸n al generarse mir铆adas de puntos de emisi贸n y redifusi贸n, perif茅ricos, exc茅ntricos, marginales鈥 pero con gran capacidad de incidencia en amplias zonas o incluso en la totalidad del sistema. Esto hace que, a trav茅s de las redes y plataformas, sea m谩s f谩cil y barato disponer de capacidad para difundir falsedades, bulos o dudas malintencionadas que producen ignorancia e impiden descubrir la verdad. Entre otras cosas, porque 鈥揷on independencia de que se tenga alg煤n otro tipo de inter茅s pol铆tico para llevarla cabo鈥 la difusi贸n de informaci贸n falsa a trav茅s de las redes digitales se ha convertido en un negocio muy rentable econ贸micamente (porque se cobra por visualizaciones o reenv铆os y los sesgos cognitivos asociados al uso de la red hacen que las informaciones falsas se reenv铆en un 70% m谩s que las reales).

En segundo lugar, la velocidad con que hay que operar en estas plataformas obliga a empaquetar la informaci贸n de forma mucho m谩s intuitiva y simplificada, con lenguaje menos anal铆tico, m谩s emocional, y vinculado a la experiencia personal y a la opini贸n que a los hechos y a su an谩lisis objetivo. De este modo, el falseamiento de la verdad se produce m谩s f谩cilmente y resulta m谩s dif铆cil descubrir la realidad de los hechos.

La intervenci贸n de los algoritmos refuerza el sesgo de autoconocimiento que consiste en darle m谩s credibilidad a los datos que ratifican nuestras ideas previas

En tercer lugar, hay que tener en cuenta que los nuevos medios no proporcionan la informaci贸n limpiamente, o como respuesta directa a la demanda de los receptores, sino a trav茅s de algoritmos que previamente determinan el tipo de informaci贸n que mejor se ajusta a sus perfiles personales. La informaci贸n que llega a los receptores no es la que se corresponde directa u objetivamente a la demanda que hayan realizado, sino la elaborada o seleccionada 鈥渁 prop贸sito鈥 por el algoritmo para que pueda ser reconocida m谩s f谩cil y r谩pidamente como propia o deseada y sin con la menor reflexi贸n posible.

As铆, la intervenci贸n de los algoritmos refuerza el sesgo de autoconocimiento que consiste en darle m谩s credibilidad a los datos que ratifican nuestras ideas previas y, por tanto, dificulta que los receptores de informaci贸n puedan ponerla en duda cuando es falsa.

Para evitar este y otros sesgos semejantes asociados a la comunicaci贸n digital, es decir, para poder discernir sobre lo que es verdad o mentira en la comunicaci贸n digital de nuestro tiempo, es preciso que el consumidor de informaci贸n no solo tenga acceso a ella sino que, adem谩s, conozca a la perfecci贸n la naturaleza de la infraestructura (del algoritmo) que le permite poseerla, lo que equivale a decir que se encarece la inversi贸n necesaria para descubrir la verdad, haciendo m谩s barato y sencillo propagar falsedades.

Ahora bien, por muy presentes que est茅n estas circunstancias que abaratan la difusi贸n de la mentira y dificultan y encarecen el descubrimiento de la verdad, a pesar de la abundancia de informaci贸n y de la pluralidad de fuentes a nuestra disposici贸n, la proliferaci贸n de la mentira en nuestro tiempo tiene que ver, en mucha mayor medida, con otras dos circunstancias.

Desigualdad, concentraci贸n del poder y desinformaci贸n

La primera de ellas es el aumento sin parang贸n que est谩 registrando la desigualdad en los 煤ltimos a帽os. Un fen贸meno que necesariamente va unido a la polarizaci贸n y al aumento de la ya de por s铆 gran concentraci贸n de la propiedad y del poder de decisi贸n no solo en los medios tradicionales de comunicaci贸n sino en las nuevas plataformas y tambi茅n en la econom铆a, las finanzas y la pol铆tica.
Cuando eso ocurre, para que los de arriba puedan acumular sin descanso privilegios, renta y riqueza a costa, l贸gicamente, de los de abajo, es imprescindible que estos 煤ltimos no sean conscientes de lo que est谩 sucediendo. Quienes disfrutan del poder y de los privilegios necesitan convencer al resto de la poblaci贸n de que no hay alternativa posible a la situaci贸n en la que se encuentran y, al mismo tiempo, han de conseguir que quienes afirmen lo contrario no dispongan de capacidad ni poder medi谩tico suficientes para divulgar sus propuestas. Algo que solo se puede conseguir logrando que la poblaci贸n a quien se quiere dominar no perciba la realidad tal cual es e impidiendo que identifique correctamente la naturaleza real de los problemas que le afectan y sus intereses aut茅nticos.

La desigualdad extraordinaria de nuestro tiempo es, al mismo tiempo, la causa y la consecuencia de que la agenda de los medios, lo que se dice en la prensa o en los programas de radio y televisi贸n, lo que se puede hacer o decir o no en las redes鈥 est茅n cada vez m谩s controlados por un grupo cada vez m谩s reducido de propietarios y editores que se han adue帽ado del poder omn铆modo que permite producir y difundir como verdades las mentiras que les interesan a sus due帽os.

Relativismo y debilidad de los mecanismos de contrapoder social

El 煤ltimo fen贸meno que a nuestro juicio explica el por qu茅 de la gran decadencia de la verdad que estamos viviendo tiene que ver con el tipo de civilizaci贸n que ha generado el neoliberalismo.

En las 煤ltimas cuatro d茅cadas se ha conseguido forjar una no-sociedad basada en el individualismo, de personas ajenas a su alteridad que viven ajenas a su condici贸n de seres sociales, pr谩cticamente aisladas unas de otras y que socializan, si lo hacen, en grupos virtuales, que solo les pueden proporcionar una confluencia l铆quida, en el sentido de Zygmunt Bauman, es decir, ef铆mera, incierta, vol谩til, intangible鈥 en la pr谩ctica, completamente irreal.

Eso, por una parte, ha permitido que crezca y se consolide en nuestras sociedades el relativismo que lleva a creer que no existe una verdad objetiva e independiente de nuestra preferencia o percepci贸n subjetiva, que cualquier expresi贸n tiene valor como verdad. Pareciera que el derecho a tener opini贸n propia se haya sustituido por el de disponer de nuestros propios hechos, de modo que nos estar铆a permitido definir o percibir la realidad objetiva que nos rodea a nuestro libre albedr铆o, ajustada a nuestra preferencia. Y, por otra, esa ceguera de la realidad objetiva impide que se puedan generar intereses comunes, resistencias de grupo, contrapoderes frente a los grupos sociales que dominan y utilizan las plataformas y los medios de comunicaci贸n social para producir la ignorancia inducida sin la que ser铆a imposible que mantengan sus privilegios.

Estrategias frente a la desinformaci贸n y la mentira

Para terminar, hay que preguntarse qu茅 se puede hacer para enfrentarnos a esta especie de Edad de la Mentira en la que se est谩 convirtiendo la era digital que cabalga a lomos de los viejos productores de la desinformaci贸n que ahora disponen de m谩s poder medi谩tico, financiero y pol铆tico que nunca. A nuestro juicio, cabe avanzar por tres grandes l铆neas de actuaci贸n.

La primera y sin la cual nada se podr谩 hacer para hacer que el respeto a la verdad prevalezca en nuestras sociedades es combatir la desigualdad, distribuir m谩s justamente la riqueza, fortalecer la democracia e impedir que la propiedad de los medios que los seres humanos necesitamos tener a nuestro alcance para vivir en libertad se concentre en tan pocas manos como ahora.

La segunda deber铆a encaminarse a procurar que nuestras sociedades den valor a la verdad.

M谩s en concreto, para poder combatir la desinformaci贸n y la mentira es imprescindible reconocer que las sociedades no pueden desarrollarse en paz y quiz谩 ni siquiera sobrevivir tolerando la indiferencia entre lo verdadero y lo falso. Hay que entender y asumir que la m铆nima cohesi贸n que precisa una sociedad libre y democr谩tica s贸lo se puede conseguir compartiendo un concepto de verdad respetado generalizadamente. Y que la mentira, por el contrario, es un arma de destrucci贸n social que esclaviza a los seres humanos, pues puede hacer que actuemos en contra de nuestros intereses y que renunciemos a ser aut茅nticamente libres. De hecho, esta utilidad de la mentira es lo que explica que se produzca y difunda estrat茅gica y deliberadamente a trav茅s del sistema de comunicaci贸n social, cuando unos grupos de poblaci贸n m谩s poderosos tratan de dominar al resto de la poblaci贸n.

Se ha conseguido forjar una no-sociedad basada en el individualismo, de personas ajenas a su alteridad que viven ajenas a su condici贸n de seres sociales

El corolario de estos principios tan elementales pero en la pr谩ctica olvidados hoy d铆a es que la verdad, el reflejo del hecho objetivo, tiene un valor intr铆nseco para la sociedad, para la convivencia y el bienestar de los seres humanos, para el sostenimiento de la vida y que, por tanto, debe ser protegida con la mayor firmeza posible y con eficacia.

La tercera v铆a de actuaci贸n podr铆amos describirla como consistente en aumentar el precio, hoy d铆a tan bajo, que se paga por mentir.

Tal y como se puede deducir de lo que venimos exponiendo, es dif铆cil evitar la producci贸n de mentiras y su difusi贸n pero s铆 se puede exigir responsabilidad a quienes las lleven a cabo, hacerles pagar por ello y, adem谩s, mejorar las capacidades para distinguir entre lo verdadero y lo falso, utilizando cuatro grandes tipos de instrumentos.

El m谩s importante de ellos es la educaci贸n integral y la alfabetizaci贸n medi谩tica.

No hay mejor defensa contra la mentira que la formaci贸n, el aprendizaje del pensamiento cr铆tico y la alfabetizaci贸n que permita conocer el funcionamiento de los medios y las servidumbres de las nuevas plataformas, la socializaci贸n en valores ciudadanos y el cultivo de la reflexi贸n, del debate en condiciones de igualdad y de la duda que es, como dijo Francis Bacon, la escuela de la verdad.

Otro instrumento fundamental es el desarrollo y la utilizaci贸n de herramientas contra la desinformaci贸n que permiten detectar los mensajes fraudulentos, los bots maliciosos (programas automatizados que simulan comportamientos humanos); establecer baremos de puntuaci贸n de credibilidad; seguir los flujos de desinformaci贸n; verificar la informaci贸n para denunciar la falsa; elaborar listas blancas con fuentes de informaci贸n confiables y otras de no verificadas o denunciables鈥 por poner tan solo algunos ejemplos.

El tercero, la promoci贸n del periodismo y de los medios independientes y plurales que son los que pueden tratar y proporcionar la informaci贸n sin la esclavitud que supone estar al servicio o ser propiedad de los grandes grupos medi谩ticos, econ贸micos, financieros o pol铆ticos.

Finalmente, hay que tener en cuenta que el desequilibrio entre el poder de los diferentes sujetos del sistema de mediaci贸n social es tan grande que resultar谩 imposible evitar que los m谩s poderosos puedan producir y difundir desinformaci贸n sin que exista un poder regulador superior que, por definici贸n, no puede ser sino el que cuente con la legitimaci贸n del sistema democr谩tico.

Para reconocer y defender la verdad es imprescindible una regulaci贸n estricta, rigurosa, basada en el mejor conocimiento posible de c贸mo funciona la maquinaria de la mentira en nuestro tiempo, que facilite la persecuci贸n y sancione la falsedad sin ning煤n tipo de complejo, asumiendo que la verdad existe y que es imprescindible que est茅 protegida. Pero sin equivocarse sobre el mal que se quiere combatir ni confundir al responsable del da帽o que causa; es decir, sin producir m谩s lesi贸n a la democracia y la libertad de la que tratara de evitar, como sucede cuando se recurre a la censura o se culpabiliza a los aparatos y no a las personas que los utilizan para difundir la mentira. A quien hay que perseguir y penalizar es a quien produce desinformaci贸n y a quien, por cualquier v铆a, se beneficia de crearla o distribuirla.

Se trata, en fin, de respetar, por un lado, un principio elemental: los hechos son sagrados, las opiniones libres. Y, por otro lado, de algo que no se puede considerar ni muy exagerado, ni radical: simplemente, garantizar que se haga realidad un derecho reconocido en el art铆culo 20 de nuestra Constituci贸n: el de 鈥渃omunicar y recibir libremente informaci贸n veraz鈥.

Emelina Fern谩ndez Soriano es doctora en Comunicaci贸n Audiovisual y expresidenta del Consejo Audiovisual de Andaluc铆a.

Juan Torres L贸pez es catedr谩tico de Econom铆a Aplicada de la Universidad de Sevilla.

Fuente: https://ctxt.es/es/20210301/Firmas/35154/Emelina-Fernandez-Juan-Torres-fake-news-mentiras-internet-propaganda-destruccion-social.htm

Share



Fuente: Asociaciongerminal.org