January 18, 2021
De parte de Asociacion Germinal
260 puntos de vista


Joseph Stiglitz

Joseph Stiglitz, premio Nobel de Econom铆a 2001, sostuvo en El precio de la desigualdad que el 90% de los ni帽os que nacen pobres mueren pobres, por m谩s esfuerzo o m茅rito que hagan. Como contrapartida, el 90% de los menores que nacen ricos mueren ricos, independientemente de que hagan m茅rito para ello o no.

Siguiendo a dicho economista, la desigualdad se perpet煤a desde la cuna hasta la universidad y la vida laboral debido a que las personas no han concurrido a escuelas o colegios que fuertemente les preparen para ingresar a universidades de 茅lites, y no lo han hecho porque antes no fueron a educaci贸n preescolar y tampoco a las guarder铆as necesarias. Todo esto est谩 relacionado con la segregaci贸n econ贸mica y geogr谩fica, y lo ir贸nico de la llamada meritocracia es que se basa en que la gente adquiera las competencias necesarias para tener 茅xito en ese supuesto (falaz) sistema meritocr谩tico.

En Chile, de acuerdo a la economista Andrea Repetto (2012), el apellido tiene un poder predictivo relevante en los ingresos econ贸micos. La estratificaci贸n social es persistente. En otras palabras, hay una cierta movilidad social ascendente, pero con techo.

Shamus Khan director del Departamento de Sociolog铆a de la Universidad de Columbia, en su libro Privilegio. La construcci贸n de un adolescente de 茅lite (2011); que tiene como protagonistas a los 500 alumnos del Internado Saint Paul, uno de los colegios secundarios donde se forma la 茅lite estadounidense, cuyo arancel equivale a US$50.000; entrevist贸 y observ贸 a los j贸venes en su cotidianeidad. En las entrevistas los estudiantes destacan su gran carga acad茅mica y argumentan que sus privilegios son el resultado del trabajo que despliegan. Sin embargo, la observaci贸n de Khan dictamin贸 otra cosa:

Pocas veces se los encuentra con libros en las manos y cuando los tienen, est谩n cerrados鈥 rara vez hacen sus tareas o trabajan las lecturas; en cambio, recurren a sumarios online como Wikipedia. Los estudiantes que dicen trabajar duro y abrazar los principios de la meritocracia, en realidad pasan muchas m谩s horas haciendo vida social que en la biblioteca鈥.

Un hecho muy llamativo, observado por Khan, es que los pocos estudiantes que realmente se esforzaban mucho en sus labores acad茅micas son acosados y marginados socialmente por sus pares.

En diciembre de 2016, Seth Zimmerman, economista de Yale, public贸 en el National Bureau of Economic Research una investigaci贸n en que queda al desnudo el mito de la meritocracia. Grosso modo鈥, plantea que una educaci贸n de 茅lite s贸lo sirve para amplificar el origen de nacimiento en la 茅lite.

El estudio reconoce que las personas procedentes de entornos desfavorecidos se benefician al recibir una buena educaci贸n, pero por regla general no ascienden tan alto como sus hom贸logos privilegiados. La probabilidad de llegar al top de la 茅lite se incrementa si las personas fueron estudiantes de instituciones educacionales privadas con un alto arancel de pago.

La meritocracia que no considera el contexto social como condicionante del esfuerzo de cada persona para alcanzar sus objetivos, logra en definitiva la consolidaci贸n del statu quo, paralizando, por lo tanto, la movilidad social.

El relato de la meritocracia se basa en la premisa del esfuerzo individual, que a priori parece verdadero pero que resulta falso por la desigualdad de oportunidades y, sobre todo, por la reducci贸n progresiva de la disponibilidad de aquellas para la mayor铆a. Si realmente creemos que el crecimiento y el desarrollo econ贸mico se potenciar谩n mediante la liberaci贸n de las fuerzas productivas, lo que significa brindar oportunidades para que cada cual realice el mejor esfuerzo al que est茅 dispuesto, entonces debemos garantizar la igualdad de oportunidades y desarticular la concentraci贸n econ贸mica abriendo el juego a todos. Es claro que todo esto no lo har谩 el mercado (que tiende a la concentraci贸n), sino que lo efectuar谩 el Estado en la medida que represente los intereses de la mayor铆a. Seguramente que para lograrlo habr谩 que tener claras pol铆ticas p煤blicas en torno a cuestiones financieras, tributarias y laborales, para facilitar la desconcentraci贸n y lograr m谩s espacio para las peque帽as y medianas empresas; pero sobre todo habr谩 que fortalecer la educaci贸n p煤blica y librar la batalla cultural develando las mentiras de la hegemon铆a que se ocultan detr谩s del modelo meritocr谩tico neoliberal.

El cuestionamiento m谩s frecuente pone el eje en la falta de igualdad de oportunidades, condici贸n sine qua non para atribuir los diferentes resultados a los esfuerzos individuales. Los viejos liberales siempre han hablado de la igualdad de oportunidades como requisito del orden meritocr谩tico, pero a medida que las sociedades capitalistas fueron mutando hacia oligarqu铆as, tal requisito fue pasando a un conveniente segundo plano. Milton Friedman, ide贸logo del neoliberalismo, en su Libertad de elegir, cuando establece la diferencia entre igualdad de oportunidades y lo que denomina igualdad de resultados, apela s贸lo a los ejemplos que se acomodan a sus premisas, minimizando la desproporcionada y evidente ventaja que posee el capital acumulado frente a las virtudes y potencialidades de los individuos.

Sin embargo, pese a la ostensible desigualdad de oportunidades, un sector importante de la poblaci贸n no solamente cree que todos los millonarios lo son por m茅rito propio, sino que adem谩s considera natural que el resultado de tal m茅rito se transfiera a toda su descendencia, conformando verdaderas dinast铆as cuyas oportunidades crecen de manera inversamente proporcional a lo que disminuyen para el com煤n de los mortales. La propaganda neoliberal se ha ocupado de resaltar las maravillas de la competencia, mientras disimula bajo la alfombra la desigualdad de oportunidades. Mientras que la educaci贸n p煤blica, 煤ltima esperanza para mejorar las oportunidades de los desheredados, es atacada y deteriorada para reemplazarla por la educaci贸n privada, no s贸lo por ser un buen negocio, sino porque adem谩s se adecua mejor al modelo meritocr谩tico. Colegios m谩s caros y prestigiosos para los ganadores, y escuela p煤blica para los perdedores, cristalizando a煤n m谩s las diferencias e impidiendo la movilidad social ascendente. Esto a menudo es bien visto por sectores medios aspiracionales, que consideran que las oportunidades de sus hijos deben ser proporcionales a su esfuerzo por pagarles un colegio privado, y si otros ni帽os por ser pobres no tienen oportunidades, ser谩 porque sus padres no se esforzaron, como si los hijos tuvieran que ser una mera prolongaci贸n de sus padres.

Esta batalla cultural que da el neoliberalismo por imponer como sentido com煤n a la meritocracia resulta funcional al proceso de concentraci贸n de la riqueza, en el que vastos sectores de la poblaci贸n quedan marginados o deben endeudarse para mantener su nivel de consumo, y entonces resulta muy conveniente hacerle creer a toda la sociedad que los que se empobrecen son responsables por no esforzarse lo suficiente. A medida que se concentra la riqueza, la l贸gica competitiva se reduce a un terreno cada vez m谩s acotado, porque el poder econ贸mico se va quedando con la parte m谩s grande de la torta y el resto compite por una porci贸n cada vez menor; pero mientras esa lucha se libre con las reglas de la meritocracia, todos creer谩n que lo poco que logren ser谩 por su dedicaci贸n. Es conocido el viejo proverbio que afirma: no hay que regalar el pescado sino ense帽ar a pescar, y a todos nos parece verdadero. Sin embargo, si alguien se fuera adue帽ando de los r铆os y los mares, y al resto s贸lo nos quedara una peque帽a laguna, por m谩s que nos esmeremos nunca habr铆a peces suficientes. Supongamos que en esa competencia haya igualdad de oportunidades (la misma laguna para todos, un bote y una ca帽a de pescar para cada uno), posiblemente alguien que se esfuerce un poco m谩s o sea m谩s h谩bil podr谩 pescar dos o tres peces, otros pescar谩n s贸lo uno, y muchos no pescar谩n nada, sencillamente porque no alcanza para todos. Pero imbuidos del esp铆ritu competitivo, el resultado de cada cual se podr谩 explicar por la proporci贸n de los m茅ritos individuales, nos convenceremos de que la distribuci贸n fue justa y que la meritocracia funciona, pero nadie se preguntar谩 por qu茅 s贸lo tuvimos una peque帽a laguna a disposici贸n en un planeta tan grandeientras la ciudadan铆a siga las reglas de la competencia meritocr谩tica, cada cual supondr谩 que est谩 en el lugar que se merece. A trav茅s de la manipulaci贸n medi谩tica se exhiben algunos modelos de self made man que comenzando de abajo llegaron al 茅xito, as铆 logran que los sectores medios aspiracionales se miren en ese espejo y participen de una competencia salvaje en la que los perdedores ser谩n mirados con desprecio. Pero la vida no es una competencia deportiva, en la que necesariamente hay un solo campe贸n, un podio para dos m谩s, y el resto se vuelven a sus casas; en la competencia econ贸mica los perdedores quedan marginados con empleos precarios o desempleados.

El docente de Econom铆a de la Universidad de Cornell Robert Frank public贸 una columna de opini贸n en The New York Times, en la que se帽alaba que el papel que el esfuerzo y el m茅rito juegan en el 茅xito personal es una de las grandes diferencias entre conservadores y liberales modernos. Los primeros piensan que la gente que amasa grandes fortunas es casi siempre extremadamente talentosa y trabajadora; en cambio los segundos se帽alan, correctamente, que incontables personas con las mismas cualidades no llegan a ganar mucho dinero ni a escalar socialmente por las privaciones que tienen desde la infancia. Para Frank, la ideolog铆a de la meritocracia ha causado un gran da帽o, puesto que afecta la manera en que las sociedades occidentales, en general, y la estadounidense, en particular, se organizan a la hora de enfrentar la desigualdad y a adoptar pol铆ticas que garanticen la igualdad de oportunidades entre los m谩s favorecidos y los menos aventajados. Tambi茅n es una de las bases de la corrupci贸n, ya que minimiza la conciencia de los m谩s ricos de que los impuestos y las reformas pol铆ticas son necesarias para apoyar la inversi贸n para mantener un buen y estable entorno sociopol铆tico.

Argumentos contra la meritocracia 

En este apartado nos enfocaremos en los argumentos entregados por el soci贸logo Mat铆as Coci帽a (2013).

1.-Una sociedad organizada en torno a la idea de meritocracia es una sociedad basada en la igualdad de oportunidades. Tomarse en serio el concepto de igualdad de oportunidades implicar铆a reformas que son necesarias. Esto no significa, sin embargo, que una sociedad que provea igualdad de oportunidades sea una sociedad necesariamente justa. La igualdad de oportunidades es, en otras palabras, una condici贸n necesaria pero no suficiente para la construcci贸n de un orden justo.

El problema al que apunta este ejercicio te贸rico es, claro est谩, que una sociedad que s贸lo se ocupa de proveer estricta igualdad de oportunidades en el punto de partida sin prestar atenci贸n alguna a los niveles de desigualdad en los resultados generados por la loter铆a de habilidades y predisposiciones, dista de ser una sociedad razonablemente justa. En una sociedad en la que todos los ni帽os partiesen en igualdad de condiciones 鈥揺ducacionales, de salud, de acceso a capital, etc茅tera鈥 驴estar铆amos dispuestos a dejar que quien comete un error a los quince o veinte a帽os cargue para siempre con una vida de privaciones? Hacerlo as铆 reflejar铆a una visi贸n sociol贸gicamente pobre de las trayectorias de vida de las personas, de c贸mo se forman las motivaciones para actuar, de c贸mo 茅stas pueden ser perturbadas en distintas etapas de la vida y, por tanto, reflejar铆a una visi贸n errada 鈥揹esde el punto de vista tanto de la sociolog铆a como de la psicolog铆a y la 茅tica鈥 de la noci贸n de 鈥渞esponsabilidad鈥 frente a las consecuencias de los propios actos.

Al observar sociedades que podr铆amos calificar de meritocr谩ticas 鈥揝uecia, Dinamarca, Finlandia, Noruega, Alemania鈥, constatamos que cuando estas ten铆an un PIB per c谩pita similar al actual nivel de ingresos de Chile, por ejemplo, todas ten铆an altos niveles de desigualdad de ingresos antes de impuestos y transferencias. Tener 贸rdenes m谩s meritocr谩ticos no generaba mayor igualdad. Su car谩cter de sociedades m谩s igualitarias ven铆a dado por la capacidad del Estado de redistribuir v铆a impuestos y transferencias y as铆 corregir las desigualdades en los resultados.

2.-La idea del m茅rito como concepto valioso para la sociedad. Una acci贸n, ejecutada con habilidad y esfuerzo, y generadora de consecuencias socialmente relevantes, es meritoria solamente en relaci贸n con un cierto est谩ndar o un determinado orden de prioridades. La idea de meritocracia est谩 cercanamente emparentada con una noci贸n de justicia que es eminentemente contingente. 鈥淧reguntar si una sociedad es justa鈥, nos dice el fil贸sofo pol铆tico Michael Sandel, 鈥es preguntar c贸mo 茅sta distribuye las cosas que apreciamos 鈥搃ngreso, riqueza, deberes y derechos, poderes y oportunidades, cargos y honores. Una sociedad justa distribuye dichos bienes de forma correcta; le da a cada persona lo que merece鈥. La dificultad comienza cuando preguntamos qui茅n merece qu茅, y por qu茅 razones.

La noci贸n de m茅rito, entonces, y sus premios asociados es, en otras palabras, contingente al orden social y sus estructuras de poder que condicionan las normas de recompensas y castigos de forma heter贸noma. Toda meritocracia es, por tanto, potencialmente una estructura de opresi贸n, una forma de perpetuar desigualdades y privilegios.

3.-Un sistema meritocr谩tico provoca que los ganadores se lleven todos los premios. En el largo plazo produce que estos definan las reglas del juego social. Lo que har铆a presumir con mucha raz贸n que el sistema social, pol铆tico y econ贸mico quedar谩 concentrado en algunos nombres y familias que dise帽an los entresijos sist茅micos a su entero arbitrio para beneficio personal y familiar.

Una vez que se han asignado los premios, 驴qu茅 pasa con los perdedores? 驴Los dejamos caer? 驴Los condenamos a ser perdedores por lo que les queda de vida? 驴Qu茅 tipo de sociedad es esa que condena a una proporci贸n importante de sus miembros a tener vidas limitadas, al tiempo que les dice que su suerte es completamente justa? 驴Les decimos que tuvieron una oportunidad como todo el resto, que la desperdiciaron o simplemente no dieron el ancho, que ahora est谩n a su suerte y que, m谩s a煤n, se lo merecen?

4.-La idea de meritocracia corre el riesgo de erosionar las bases democr谩ticas de la convivencia. La democracia es, en su definici贸n m谩s simple, la organizaci贸n de las decisiones colectivas en torno al principio de igualdad entre todos los participantes. Es, aplicada a la organizaci贸n nacional, el gobierno del pueblo, y en 茅l participan tanto los talentosos como los m谩s desaventajados, los esforzados y los flojos, los aptos y los ineptos.

La 茅lite mundial gobernante ha tratado de convencer al pueblo de que en democracia mandan la ley y las instituciones, no la gente. Y si mandan las instituciones, entonces manda la 茅lite tecnocr谩tica. Esto significa vivir en una sociedad no deliberativa.

5.-Ley de hierro de la meritocracia (cuyo autor es Christopher Hayes). La desigualdad generada por un sistema meritocr谩tico crecer谩 lo suficiente como para trastocar los mecanismos de movilidad. La desigualdad de resultados hace imposible la igualdad de oportunidades.

Finalmente, y a modo de refrendar la escasa facticidad de la meritocracia, The Economist en 2013 se帽al贸 que 鈥los astutos ricos se est谩n convirtiendo en una 茅lite atrincherada. Este fen贸meno 鈥搇lam茅mosle la paradoja de la meritocracia virtuosa鈥 socava la igualdad de oportunidades鈥.

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Fuente: Asociaciongerminal.org