March 20, 2021
De parte de Lobo Suelto
185 puntos de vista


El cuidado preventivo en pandemia ha mostrado la cara oculta de una serie de procesos en curso que no se daban a ver. A pesar de poder percibir que ya no viv铆amos en una ciudad, se ha aclarado una mirada capaz de ver en la espesa neblina. Solo ahora, en nuestra proximidad inm贸vil, podemos darnos cuenta de todo lo que no 茅ramos de capaces: apreciar las ascuas en la noche del presente es tambi茅n una forma de prestar atenci贸n no solo a aquello que se nos escapa sino a lo que se encuentra, entre el suelo y el cielo, en pleno proceso de descomposici贸n. Es ah铆 donde siempre hemos vivido. Los ide贸logos imperiales del Hoover Institute en Palo Alto no han tardado en alabar, no sin cierta alevos铆a, el pr贸ximo 鈥gran 茅xodo鈥 de los centros metropolitanos de Estados Unidos: Silicon Valley, San Francisco, Nueva York, Boston, o Chicago. Lo que hasta ayer trataba de hacerse ver como el gran dise帽o de la civilizaci贸n de la urbs, ahora es una ruina latente, de la que incluso sus ciudadanos m谩s ruines tratan de escapar con el fin de evadir impuestos fiscales y regulaciones medioambientales, esos paliativos propios de 茅poca en estancamiento. 

La metr贸poli que hacia finales del siglo brillaba como la peque帽a arcadia civilizatoria, hoy es un reducto en v铆as de desaparici贸n (en el grandilocuente imaginario de los Musk o Bezos, incluso se ha fantaseado con la salida a otro planeta). Cabe, sin embargo, un matiz: mientras que, durante el fordismo, la industrial city se organiz贸 gracias a la relaci贸n entre trabajo y forma comunitaria (la familia); en la 茅poca de estancamiento, la mediaci贸n formal de la divisi贸n del trabajo queda supeditada por la producci贸n, que es siempre producci贸n de la escasez; en otras palabras, de los modos de optimizaci贸n de la descomposici贸n en curso. La civilizaci贸n metropolitana es el efecto colateral de una 茅poca sin movimiento, pero que, en virtud de su par谩lisis, se ve en la obligaci贸n de poner en aceleraci贸n las transferencias que hacen homologables todos los desv铆os de la vida.

La 鈥渟uperficie鈥 es la unidad m铆nima de la metr贸poli una vez que el tiempo de la divisi贸n del trabajo ha quedado varado. Metr贸poli es la conversi贸n de todos los fragmentos en una misma unificaci贸n topol贸gica. Ciertamente, la metr贸poli no es una ciudad, sino una estructura hylem贸rfica que se desentiende del sentido vern谩culo del intercambio y de los modos de vida en com煤n. As铆, la metr贸poli se transforma en una Geh盲use, un exceso de cohabitaci贸n donde la destrucci贸n caracter铆stica del habitar tiene lugar como grieta absoluta entre faciticidad y mundo. Existen m煤ltiples formas a la hora de imaginar un cautiverio; sin embargo, es posible a帽adir que en nuestra tradici贸n la figura del 鈥渘avegador鈥 (kubern膿sis) ha sido 铆ndice m谩ximo de las formas de la sumisi贸n, del orden y del acatamiento: dar legibilidad a un espacio en la tierra, delimitar un proceso de agrimensura, para despu茅s poder separar las formas de los cuerpos. Y, pese a ello, a Geh盲use de la metr贸poli introduce un nuevo estatuto de disponibilidad: el recorrido espacial en la superficie retiene el sentido de habitaci贸n y pertenencia del singular. Dicho de otra manera: la metr贸poli se 鈥渓egitima鈥 bajo la r煤brica que entiende que naturaleza es t茅cnica, pero siempre a cambio de que, a su vez, se sacrifiquen las antropotecnias de nuestros modos de existir con las cosas. La metr贸poli busca unificar, una y otra vez, la t茅cnica y la naturaleza desde la topolog铆a. 

La metr贸poli es el dispositivo de la inmanencia una vez que la experiencia ha sido traducida al topos de la superficie. De ah铆 que una pensadora como Simone Weil pudo haber dicho, no sin dosis de exotismo, que la 鈥渧ida desde hace mucho pareciera acontecer lejos de los ba帽os calientes鈥. He aqu铆 un Geh盲use que interfiere entre el espacio irreductible entre mi cuerpo y la atm贸sfera. Ahora bien, que la metr贸poli se haya convertido en una gran ba帽era鈥 se nos ha dicho recientemente que Santa M贸nica no es m谩s que un laboratorio de intervenci贸n para reproducir un mismo esquema del rostro, del registro de nuestro aparecer en el mundo 鈥 confirma la vieja intuici贸n de la lectura de la Il铆ada: en tanto phil铆a, la vida s贸lo puede entenderse como desidentificaci贸n de los modos absolutos con los que  t茅cnica aparece como el deus absconditus de la Naturaleza. 

As铆 podemos comprender que la metr贸poli es tambi茅n la superficie que esconde los agujeros del esti茅rcol, la catacumba que funda la relacionalidad de toda 鈥渟ociedad civil鈥, tal y como algunos antrop贸logos han mostrado. Por eso la cr铆tica a la 鈥gentrification鈥 sigue estando dominada por las relaciones productivas; dado que, en ning煤n momento se trata de la redistribuci贸n de bot铆n, sino de buscar un afuera de lo sensible para introducir lo ilimitado de la mono-t茅cnica contra todas las t茅cnicas posibles. Por esta raz贸n la metr贸poli no constituye un problema propio de la econom铆a pol铆tica sino de la metaf铆sica de la infraestructura. Asumir los modos propios de la apariencia es una forma de preparar un gran 茅xodo del entramado metropolitano, permaneciendo siempre en su seno.

Un nuevo 茅xodo, una nueva soledad, un nuevo cultivo. Hacernos de nuestra parcela aparece como la tarea ineludible. Y, pues, se trata de moverse al interior de un proceso de declinaci贸n de la homogeneidad de la superficie. Las nuevas fugas de la metr贸poli por parte de los nuevos amos de la Tierra no constituyen fugas, sino meras transmisiones en el seno la una superficie total, sin fisuras. Desde su concepci贸n, lo importante es ejecutar la magia de los espacios homologables con respecto de todo aquello que resulta transferible y equivalente: lo que el valor ya no puede darnos en A lo podr茅 realizar en B hasta que pueda volver a reposicionarlo en C. No es menor que usemos el verbo 鈥渞ealizar鈥; puesto que la 鈥搑es es el punto de inflexi贸n por el cual el proceso de metropolitizaci贸n planetaria converge de pleno con lo que entendemos por realidad. No es que en la metr贸poli nos sintamos en falta; sino que la vida siempre acontece como sensaci贸n hipotecada en la intemperie, a la que tambi茅n le somos extra帽os. En este sentido, la fuga de Silicon Valley no es sino la habilitaci贸n de la realidad, una vez que esta ha sido articulada como redil. Por todo ello buscar un afuera es hacer posible una discordancia atonal entre mundo y la realidad. En cada momento de desrealizaci贸n rechazamos el valor absoluto de la domesticaci贸n de la vida. 

Esa 鈥渄esrealizaci贸n鈥 implica la afirmaci贸n del desamparo; aunque el abandono no sea propiamente pol铆tico, o no solo. En la noche tambi茅n es posible experimentar el desamparo de la metr贸polis tanto en la figura del sereno como la del ba帽o el茅ctrico de las luces artificiales que jam谩s podr谩 compensar la imposibilidad de ver la lejan铆a del cielo estrellado. Atravesar la resaca de esa oscuridad sin caer en el abismo es el paso a la tonalidad de toda vida que se resiste, tal vez obstinadamente, a sacrificar la textura de sus h谩bitos y los misterios de sus complicidades. 




Fuente: Lobosuelto.com