January 12, 2022
De parte de Lobo Suelto
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  En ┬źNo mires arriba┬ź, la pel├şcula de Netflix de la que todos est├ín hablando estas ├║ltimas semanas, se tratan muchas cuestiones: Teor├şas de la conspiraci├│n, la sociedad del miedo y la emergencia, el poder de las redes sociales, el auge del neofascismo; sin embargo, a m├ş me hizo recordar al estr├ęs que provocan las categor├şas.  

    Si bien la pel├şcula protagonizada por Leonardo Di Caprio y Meryl Streep es mayormente una s├ítira impl├şcita sobre el Trumpismo creciente en Occidente, el inter├ęs que despert├│ en m├ş fue el de recordar, como dije, un cansancio. ┬┐Qu├ę quiero decir con esto de ÔÇťcansancioÔÇŁ? Me refiero a la sensaci├│n que transmite el largometraje con respecto a lo que producen estas etiquetas en las dos partes presuntamente enfrentadas; una suerte de batalla-cortocircuito entre grupos sociales que pretenden sentirse ajenos a ellas y, al un├şsono, no pueden salirse del personaje para acontecer. 

    Con ÔÇťetiquetasÔÇŁ quiero decir la t├ęcnica por la cual algunos, hoy amparados mayormente detr├ís de algoritmos digitales, dedican sus energ├şas a nuestra clasificaci├│n en perfiles psicogr├íficos. Esto no impacta ├║nicamente en el mundo de la segmentaci├│n estad├şstica de Internet (es decir, la categorizaci├│n de acuerdo a los detalles de nuestros usos digitales, como sean nuestros consumos, estilos de vida, deseos, orientaciones pol├şticasÔÇŽ), sino tambi├ęn en la esfera acad├ęmica, con su micro-especializaci├│n del conocimiento cient├şfico; en el ├ímbito laboral, v├şa especificidades en las cadenas de valor y producci├│n; en la pol├ştica, mediante agencias intermediarias del management p├║blico. La taxonom├şa como fuerza vital est├í presente en todas las arenas. 

    Tengo la impresi├│n -y el t├ęrmino ÔÇťimpresi├│nÔÇŁ es adrede- que tanto unos como otros, a un lado y otro del espectro nicho en el que habitamos seg├║n estas fronteras artificiales, peloteamos contra el mismo pared├│n, que no es otro que la agon├şa, o estr├ęs, como dir├şa Sloterdijk, que produce esta persistente necesidad de nombrar(se), ÔÇťponer en palabrasÔÇŁ aquello que sobreviene: una pandemia, una crisis, una p├ęrdida. 

    Sin entrar en el debate filos├│fico ling├╝├şstico de la trascendencia o no del Ser y su Representaci├│n, qued├ęmonos por un momento en el s├şntoma, el padecer de este enfrentamiento contempor├íneo con aquello que no es el Otro; ┬┐Ad├│nde nos conduce, m├ís all├í del an├ílisis concienzudo o la parodia auto-referencial, este devenir actual del fin de los metarrelatos versus el positivismo de Google y la OMS?

    Hay toda una poblaci├│n de personas cansadas, intuyo, incluyendo a los mismos contendientes (y quiz├ís ellos en mayor proporci├│n). Exhaustos, el ├ęnfasis cada vez m├ís grande por pertenecer, aunque sea un rato, se est├í volviendo ag├│nico, y en esa carrera vertiginosa que provoca el uso correcto de las nuevas jergas, del calendario Maya y el mapeo cartogr├ífico del monetarismo, la lectura de manos y el canon de los saberes cient├şficos, la geometr├şa abstracta del fetiche digital e Ibiza, detr├ís de todas esas sinestesias y met├íforas, hay un padecimiento, quiz├ís un aullido, por parte de toda una generaci├│n que no sabe ya c├│mo defender su momento hist├│rico, sin metanarrativa ni padres de la iglesia.




Fuente: Lobosuelto.com