February 1, 2021
De parte de A Las Barricadas
238 puntos de vista


Cr贸nica triste de un mundo rural moribundo

por Rub茅n Ruiz Fern谩ndez. Compa帽ero de la CNT de Valladolid y del grupo libertario Sendero Negredo de Traspinedo.

La poblaci贸n rural es el almac茅n del que la humanidad, cuando empieza a marchitarse, saca nuevas fuerzas y renovadas energ铆as. J. W. Goethe

 

Preludio

Esta crisis sanitaria que nos golpea en Europa desde principios del a帽o 2020, ha sacado a relucir todas las carencias que lleva arrastrando el sector primario durante d茅cadas. Para hablar de despoblaci贸n, primero, debemos intentar analizar c贸mo este sector ligado 铆ntimamente al mundo rural ha ido de una forma constante perdiendo soberan铆a y riqueza para acabar form谩ndose un aut茅ntico desierto demogr谩fico en torno a 茅l.  Por una parte, se suceden las im谩genes de jornaleros (aut茅nticas v铆ctimas de esta barbarie) en las campa帽as de recolecci贸n de la fruta o productos agrarios de todo tipo, bajo unas condiciones laborales totalmente indignas, sin cobertura social de ning煤n tipo, sin contrato y la mayor铆a teniendo como hogar la plena calle. Por otra parte, el campesinado, que en una gran parte, ni poseen la tierra, ni son participes de las decisiones en la gesti贸n de la mercanc铆a que producen. Estos 煤ltimos est谩n ahora m谩s que nunca a merced de la especulaci贸n de un mercado monopolizado por las grandes corporaciones de la alimentaci贸n y del propio Estado, que da cobertura legal a estas empresas sobre el control de todo este sector. La cruel realidad del campo no dista mucho de ser, a gran escala, lo que venimos desde hace a帽os denunciando como falsos aut贸nomos: arrendatarios de la tierra a particulares y supeditados a la imposici贸n de un sistema productivo cada vez m谩s alejado de lo humano y m谩s cerca de la avaricia econ贸mica.

Aunque parezca contradictorio, en esta situaci贸n el miedo de los arrendatarios y de los pocos propietarios que hacen uso de esas explotaciones agrarias y ganaderas se vuelve hacia sus propios jornaleros y trabajadores. Mantener su estatus social y econ贸mico hace que abracen una idea corporativa de naci贸n y que esa idea falsa de patriotismo apunte directamente contra los derechos humanos y contra las conquistas de los trabajadores. Esta amarga cadena asentada bajo bases reaccionarias para lo 煤nico que debe de servir es para que, desde esta Confederaci贸n de sindicatos y del conjunto del movimiento libertario, seamos capaces de articular una repuesta clara y concisa en el plano ideol贸gico y real que traiga de vuelta a un sector que fue embrionario e impulsor de la propia CNT. El congreso de 1919 en el teatro de la Comedia de Madrid fue fundamental para dotar a la organizaci贸n de un programa  agrario de lucha y para sumar fuerzas confluyendo y pasando a formar parte de la Confederaci贸n la Federaci贸n de Obreros y Agricultores (FNOA). Vamos a ir desgranando en estos p谩rrafos las razones hist贸ricas, sociales y pol铆ticas, que han ido configurando un problema como la despoblaci贸n, al que auguramos una dif铆cil soluci贸n, teniendo en cuenta, que se le lleva dando la espalda m谩s de un siglo o, peor a煤n, cuando ha sido y es generado por aquellos que desde sus despachos en las grandes ciudades son tambi茅n parte del problema.

Un buen amigo m铆o que vive en una pedan铆a en el norte de la provincia de Palencia, siempre me dice lo mismo: al margen de los discursos y de las palabras bienintencionadas, la soluci贸n m谩s pr谩ctica con la que afrontar el problema de la despoblaci贸n es volver a vivir a los pueblos. Tiene raz贸n Cesar 鈥渆l Fino鈥. Desde all铆 las razones cobran m谩s peso, desde all铆 se puede evidenciar el falso desarrollismo que ha hecho que en poco m谩s de un siglo, amplias zonas del interior peninsular hayan entrado en colapso demogr谩fico.

             

La base de la opresi贸n: la posesi贸n de la tierra

Seg煤n avanzaba la recuperaci贸n de tierras al mundo 谩rabe (a partir del siglo IX), se iban creando peque帽as comunidades que en mayor o menor medida (y aunque la tierra nominalmente pertenec铆a a la autoridad real), gestionaban sus propios recursos de una manera colectiva. Las llamadas Comunidades de Villa y Tierra o la formaci贸n de Concejos en torno a estos principios de gesti贸n, salpicaban la pr谩ctica totalidad de la pen铆nsula Ib茅rica. No es hasta el siglo XIII (aunque existen precedentes anteriores como los decreta del reino de Le贸n) y mediante el cuerpo normativo de las siete partidas cuando se empieza desde los reinos hisp谩nicos a legislar sobre ese patrimonio com煤n. Aun as铆, esta legislaci贸n no condujo de una manera radical a un r茅gimen feudal ya que muchos de los bienes de uso com煤n, a pesar de las desamortizaciones, han llegado hasta nuestros d铆as. Sin embargo, s铆 que en algunas zonas donde la nobleza pudo hacerse fuerte, controlaron de una manera atroz la vida de sus vasallos a la vez que pleiteaban con sus potentes concejos el reparto de la producci贸n y de la fiscalidad de la tierra.  

Dentro del antiguo r茅gimen (antes de las desamortizaciones) exist铆an 3 clases de propiedad que se cree que aglutinaban el 70% de las tierras cultivables. La Iglesia Cat贸lica pose铆a un inmenso patrimonio que durante siglos hab铆a ido acaparando a trav茅s de varias v铆as, pero sobre todo en donaciones recibidas por particulares, nobles y el propio Estado embrionario. Por supuesto esas tierras de labor no eran trabajadas por el propio clero, sino arrendadas al campesinado. Como hemos apuntando antes, la nobleza tambi茅n pose铆a gran cantidad de tierras subordinadas al mayorazgo, una t茅cnica de gesti贸n que era heredada por los primog茅nitos y en la que pod铆an aplicar se帽or铆o jurisdiccional, adem谩s, claro est谩, de tener al vasallo bajo el yugo de un arrendamiento forzoso. Las tierras del com煤n se aprovechaban de dos formas: la primera los bienes comunales, una forma de aprovechamiento com煤n generalmente de los prados o bosques; y la segunda los bienes de propios, una forma de arrendamiento al concejo bajo el pago de renta destinada a la hacienda del com煤n.

Las desamortizaciones fueron el instrumento de los liberales a partir del siglo XVIII para acabar con el antiguo r茅gimen y el punto de partida para consolidar el Estado liberal durante la primera mitad del siglo XIX. De forma unilateral, hubo una apropiaci贸n por parte del Estado de estas tierras descritas anteriormente que se denominaban de manos muertas y puestas a la venta, con el fin de crear una peque帽a burgues铆a propietaria de la tierra que se supon铆a har铆a aumentar la producci贸n de una agricultura basada hasta entonces en la mera subsistencia. Se fiaba en esa burgues铆a campesina la tarea de apuntalar las ideas primigenias de democracia que se estaban implantando en los pa铆ses de nuestro entorno desde la revoluci贸n francesa.

La realidad fue que la propiedad de la tierra a nivel general nunca lleg贸 a ser del campesinado y fue acaparada por la burgues铆a urbana que, bajo una especulaci贸n atroz basada en el negocio cortoplacista, va a iniciar una gran ofensiva contra el medio ambiente roturando ingentes superficies de bosque y monte. Con ello la mano del hombre ha moldeado en ambas mesetas y en amplias zonas del interior peninsular un paisaje donde las encinas o los quejigos dieron paso -casi de una manera uniforme- a los monocultivos de cereal. Solo en ciertos lugares m谩s afortunados, donde las vegas de los r铆os sirvieron de base para cultivar la vid, los pueblos que all铆 se asentaron contaron con m谩s posibilidades de comercio gracias al beneficio que el vino rentaba a los productores. La transformaci贸n de la uva en los antiguos lagares y bodegas se hac铆a de un modo tradicional, sin un coste adicional y sin dependencia de terceros. La enfermedad de la filoxera, presente en la pen铆nsula desde 1877, arruin贸 este cultivo que tard贸 d茅cadas en levantar otros vi帽edos resistentes al par谩sito[1].

La llegada de la primera maquinaria industrial a los campos y a las urbes no hizo m谩s que agudizar los problemas en ambas realidades imposibilitando poder desarrollar una vida plena en el mundo rural, inici谩ndose con ello continuos 茅xodos, tanto a las grandes ciudades peninsulares (cada vez m谩s industrializadas y necesitadas de mano de obra), como al extranjero, donde son numerosos los ejemplos de comunidades enteras asentadas en las colonias del Estado Espa帽ol o en otros pa铆ses de Latinoam茅rica.

La II Rep煤blica espa帽ola fue ese breve periodo de tiempo en el que las promesas de una gran reforma agraria se van a ver diluidas y ralentizadas, en parte, por la distinta correlaci贸n de fuerzas de las clases sociales que desde hac铆a d茅cadas se ven铆an enfrentando, agudizando su radicalizaci贸n y sus peticiones desde 1931. Esta no es una cuesti贸n balad铆, pues acabo siendo el fracaso pol铆tico m谩s claro de ese periodo. Tambi茅n fue uno de los motivos para que sindicatos (primero la CNT y m谩s tarde la UGT), jornaleros y campesinos, fueran paulatinamente alej谩ndose de una Rep煤blica de la que, no olvidemos, fueron parte fundamental para su advenimiento. Solo durante el fracaso del golpe de Estado en 1936 se van a impulsar experiencias colectivistas en las zonas bajo control de las fuerzas antifascistas que, en un breve pero intenso periodo, van a producir los cambios de propiedad necesarios para

devolver al beneficio del com煤n la gesti贸n directa de amplias zonas de tierra cultivable. Fueron miles de hect谩reas las que pasaron a organizarse de abajo arriba (con sus luces y sus sombras) a gran escala, confluyendo en la creaci贸n de estructuras asamblearias tan complejas como el Consejo de Arag贸n.

Durante la larga noche del franquismo, aunque sobre paramentos totalmente opuestos a los descritos anteriormente, se van intentar abordar tambi茅n los problemas de posesi贸n de la tierra recuperando un conjunto de actuaciones sobre la superficie agraria que se ven铆an planteando desde principios del siglo XX. A partir de su aprobaci贸n en 1952 se empez贸 a desarrollar con mayor incidencia (aunque no s贸lo en esas zonas) en las vegas del Guadiana (en el conocido como plan Badajoz) y en las vegas de Guadalquivir. Hay que se帽alar que toda esa serie de mejoras fueron realizadas por presos pol铆ticos bajo la perversa herramienta del programa de redenci贸n de penas por el trabajo. Est谩 claro que este proceso inmoral enriqueci贸 a las empresas constructoras que ejecutaban la obra p煤blica (que a d铆a de hoy siguen ejecut谩ndola) y s贸lo puso en manos de los campesinos una peque帽a parte de la tierra denominada tierras en exceso bajo unas condiciones dif铆ciles de cumplir para que con el tiempo y, bajo la tutela del propio Estado, pudieran al fin ser propietarios de parcelas que rondaban desde las 4 hasta las 8 hect谩reas.

Estos planes agrarios se implementaron con otra serie de planes de desarrollo para dejar atr谩s el periodo de autarqu铆a que se remontaba al inicio de la postguerra. Desde 1959 y hasta pr谩cticamente el fin de la dictadura van a desarrollarse paralelamente varios polos industriales (con gran retraso sobre el resto de Europa) en ciudades como Valladolid, Zaragoza, Burgos, Vigo, Sevilla, la Coru帽a, Huelva, Granada, C贸rdoba u Oviedo, gracias a los activos que llegaban desde la emigraci贸n internacional y del turismo europeo a nuestras costas, entre otros. Estas acciones van a repercutir de una manera clara en el mapa humano que actualmente vemos en el interior peninsular. El 茅xodo masivo del campo va a ir de manera continuada siendo aglutinado en barriadas populares al calor de la industria y de la necesidad de mano de obra. La presencia de esos hijos e hijas de origen rural (abrazando ahora s铆 una definida conciencia de clase) va a resultar imprescindible durante ese periodo de la llamada transici贸n y van ser protagonistas directos de los cambios sociales de esa etapa en la que todo parec铆a posible.

Por 煤ltimo, ya con el Estado Espa帽ol dentro de la Uni贸n Europea, las agresivas pol铆ticas agrarias y ganaderas basadas en el centralismo econ贸mico que priman la producci贸n y los mercados sobre cualquier otra cuesti贸n hacen que el sector primario sea insostenible a nivel humano y econ贸mico entrando en una vor谩gine que ataca directamente a las explotaciones tradicionales que desarrollan su actividad bajo valores respetuosos con el medio y las personas  que los producen. Desde la pol铆tica agraria com煤n (PAC) dejan en sus objetivos bastante claras esas cuestiones[2].

  • Incrementar la productividad agraria, fomentando el progreso t茅cnico, asegurando el desarrollo de la producci贸nlas ayudas al progreso t茅cnico suponen un yugo para los profesionales del sector. Endeudados de una manera eterna para una supuesta mejora de su capacidad de producci贸n, mientras los propios mercados exigen m谩s y m谩s volumen de mercanc铆a al mismo coste.
  • Garantizar un nivel de vida equitativo y digno a la poblaci贸n agraria, mediante el aumento de la renta individual de los que trabajan en la agriculturaEste brindis al sol es rotundamente falso. Las ayudas se van directamente a los propietarios de la tierra y no a los profesionales que la trabajan. De esas cuestiones han surgido numerosas pol茅micas como aquella 鈥渆n que la Junta de Andaluc铆a en el a帽o 2006 otorga la medalla de hija predilecta de Andaluc铆a a la entonces duquesa de Alba entre las airadas protestas de los sindicatos agrarios de jornaleros鈥. La casa de Alba, que contaba (y cuenta) con 34.000 hect谩reas en propiedad solo en esa comunidad, es uno de los mejores ejemplos (como otras tantas familias y grupos de inversi贸n varios), para representar a todos los niveles esa amalgama de terratenientes, caciques, usureros y especuladores. Ruina de un campo como el andaluz o el extreme帽o, donde tradicionalmente se ha vivido de los recursos naturales de la tierra que nunca poseyeron.
  • Estabilizar los mercados鈥 lo que es lo mismo paz social a bajo coste.
  • Asegurar al consumidor suministros a precios razonables鈥unque queden por el camino productores, recolectores y la clase trabajadora que se afana en el sector. La 煤nica funci贸n de la pol铆tica com煤n europea es aupar a los intermediarios, multiplicando el beneficio de la mercanc铆a que gestionan a porcentajes insultantes.

La respuesta del pueblo, la resistencia ante el expolio.

En 1476 la localidad cordobesa de Fuente Ovejuna vio c贸mo su tierra comunal era otorgada bajo orden del rey Enrique IV de Castilla a la orden de Calavatra. El comendador o administrador impuesto se llamaba Fern谩n G贸mez de Guzm谩n, que entr贸 en la ciudad como en plaza conquistada. El Palacio del Comendador fue asaltado por todo el pueblo encabezado por el alcalde y los corregidores. La masa enardecida acab贸 con la vida del administrador. Este suceso, dio pie a una leyenda y posteriormente a una obra de teatro escrita por Lope de Vega, cuyo di谩logo m谩s famoso respondiendo a la petici贸n de un juez sobre 驴Qui茅n mat贸 al comendador?respondiendo el com煤n: Fuenteovejuna se帽or.  Otro ejemplo m谩s de las disputas que salpicaron durante siglos la soberan铆a de la tierra.

    La rebeld铆a de los propios vecinos a la imposici贸n del germen de la modalidad de propiedad privada en forma de fueros o de cartas pueblas (que daban poder a la aristocracia y el clero creando fuertes se帽or铆os frente a los estamentos libres), fue una constante sobre todo a partir del siglo XV. De ah铆 que el sentimiento antise帽orial y anticlerical fuera creciendo en el propio pueblo, floreciendo de una forma m谩s palpable al calor de las distintas crisis pol铆ticas o econ贸micas. No hay que olvidar que el sistema comunal (aun con sus deficiencias productivas) estuvo presente en casi toda Europa 500 a帽os de una manera continuada y m谩s a煤n en la pen铆nsula que, como ya se ha indicado antes, la industrializaci贸n tanto de las ciudades como del campo fue bastante m谩s tard铆a.

 Las luchas de poder entre las grandes familias dentro de los territorios que se englobaban dentro de las coronas de Castilla y Arag贸n hac铆an muy dif铆cil la supervivencia de las clases populares. Con estos precedentes y por motivos muy similares se fueron desatando revueltas campesinas ante la falta de las m铆nimas condiciones de vida e, incluso, procesos pol铆ticos donde las nuevas capas sociales iban tomando conciencia que se iban plasmando en aut茅nticas reivindicaciones de car谩cter gremial y colectivo. Bajo esas premisas se desataron en Catalu帽a las guerras Remensas (desde 1462 hasta 1485) y en Galicia la revuelta Irmandi帽a de (1467 al 1469). Otros ejemplos quiz谩s m谩s conocidos por las implicaciones civiles que tuvieron en su 茅poca fueron la revuelta de las German铆as en los reinos de Valencia y Mallorca y la guerra de las Comunidades en la Corona de Castilla a partir de 1519. Lo m谩s destacable de esta 煤ltima es la lucha directa entre las distintas facciones e intereses enfrentados que exist铆an en la 茅poca. En esa guerra civil no s贸lo se dirimi贸 huir de la presi贸n fiscal que exig铆a el monarca y sus partidarios para sus aspiraciones din谩sticas y de poder, sino la organizaci贸n social y econ贸mica tanto de los territorios pertenecientes a la corona de Castilla como del resto de territorios peninsulares. Durante la estallido de la rebeli贸n comunera en plena escalada b茅lica, se redacta un esbozo de constituci贸n (la Ley Perpetua) en 脕vila durante las reuniones de la Santa Junta, (nombre oficioso que recib铆an las cortes del estamento revolucionario de las ciudades hermanadas en rebeld铆a), dotando as铆 al movimiento de poder pol铆tico y social paralelo al poder regio. La propuesta del bando comunero limitaba el poder real y de la aristocracia en todos sus 谩mbitos a la vez que impulsaba la influencia de los gremios y de la incipiente industria textil de las ciudades. En palabras de Diego Camacho Escamez 鈥淎bel Paz鈥, historiador y militante de la CNT[3]: 鈥para empezar hay que tener en cuenta las Comunidades de Castilla鈥.en 1519 nos adelantamos 2 siglos a la revoluci贸n de 1789, porque en esencia se trata de la misma revoluci贸n. Aquella gente ten铆a un concepto de democracia muy avanzado, se hablaba por ejemplo del mando imperativo. El regidor que se nombraba para representar a la comunidad, sino respetaba la voluntad popular era autom谩ticamente cesado. Era tan radical aquella visi贸n que de hecho el anarquismo no hizo m谩s que retomar el hilo de la historia y arrastrarlo hasta 1936鈥. Otro ejemplo que hace referencia a estos movimientos donde el pueblo tuvo un gran protagonismo, nos lo mostraba el berciano 脕ngel Pesta帽a en su conocido discurso 鈥渓as doce palabras de la victoria鈥[4], donde dec铆a: 鈥淰enceremos, porque somos la tradici贸n de la Espa帽a representada en los Comuneros de Castilla, en las German铆as valencianas y en los gremios andaluces y catalanes鈥.

Lo que viene a corroborar todo esto, es que los procesos de usurpaci贸n de la tierra por los poderes reaccionarios no estuvieron exentos de contestaci贸n desde 茅pocas muy tempranas. Las guerras carlistas tambi茅n sostienen bajo diferentes perspectivas la resistencia por el abandono de los modos de vida tradicionales ligados a la propiedad comunal. El anarquismo, ya muy activo desde finales del siglo XIX, se hizo eco de todas estas luchas actualiz谩ndolas y abanderando no s贸lo a los jornaleros sino al peque帽o campesinado bajo la premisa clara de 鈥渓a tierra para el que la trabaja鈥. En los 贸rganos de expresi贸n de los sindicatos de la CNT en las zonas del interior (como el Luchador o Campo

Libre), se recogen diferentes art铆culos y propuestas anticipando la ocupaci贸n de tierras (con hechos represivos tan lamentables como el de Casas Viejas en Enero de 1933), la reforma agraria (que la Rep煤blica no supo concluir), todo esto a帽os antes de que las colectividades que impregnaron buena parte de la zona bajo control popular vieran la luz.

La victoria del ej茅rcito reaccionario y la ira provocada por la heroica resistencia planteada por las organizaciones sociales a un ej茅rcito profesional y mejor pertrechado condujo a una represi贸n de la que a煤n perduran sus consecuencias. Hay que pararse a entender lo que supuso para el mundo rural esta nueva situaci贸n de terror. Durante a帽os, los bravos jornaleros y los trabajadores de toda condici贸n fueron levantando sindicatos como espacios libres donde el aprendizaje y la solidaridad se abr铆an paso en una tesitura muy complicada. Estas semillas de libertad que se iban plantando poco a poco en todos los pueblos y aldeas estaban llamadas a ser el relevo popular a siglos de opresi贸n. Y otra vez en el centro de todo la propiedad de la tierra, otra vez el expolio de los bienes colectivos, de las ideas avanzadas, de la ense帽anza humanista, de los derechos de las personas. Ese es el motivo del asesinato en masa de la parte de la poblaci贸n m谩s concienciada con sus semejantes. Solo par贸 la matanza del pueblo productor cuando la burgues铆a intuy贸 el peligro econ贸mico que supon铆a quedarse sin los braceros necesarios para seguir con sus explotaciones agrarias. Solo en ese momento, iniciaron planes paternalistas para abordar el problema de los hu茅rfanos y de la hambruna generalizada, previo paso, claro est谩, de un adoctrinamiento total por parte de la secta cat贸lica y del Estado reaccionario.

  La desaparici贸n de cualquier esperanza de recuperar un atisbo de libertad durante la dictadura no fue impedimento para que la primera oposici贸n al Estado totalitario partiera directamente del mundo rural, form谩ndose en los lugares m谩s inaccesibles numerosas partidas guerrilleras alejadas de los grandes n煤cleos de poblaci贸n. Esta resistencia estuvo activa de una manera continuada hasta 1952, justo hasta el momento que las potencias occidentales deciden de una manera un谩nime amparar la dictadura. Abandonando con ello al pueblo trabajador a su suerte y dando legitimidad al franquismo en el tablero internacional.

 

La actualidad de nuestros pueblos-conclusiones en el desierto de Europa.

Para entender el problema de la despoblaci贸n era necesario hacer un breve repaso hist贸rico de parte del sector primario que durante siglos empleaba bajo diversas formas a un alto porcentaje de la poblaci贸n activa. Todo lo que se viene a llamar actualmente la Espa帽a vaciada no siempre fue un tel贸n de fondo paisaj铆stico para que los pasajeros de los trenes de la alta velocidad perdieran la vista. Esas zonas ahora bald铆as y despobladas, atesoran el 60% del patrimonio art铆stico y cultural de la pen铆nsula. Esas comarcas deprimidas y despobladas en alg煤n momento de la historia albergaron m谩s de la mitad de la poblaci贸n del conjunto del Estado.

Las consecuencias de las continuas derrotas populares se consolidaron de una manera formal durante la transici贸n, donde se abrieron procesos econ贸micos cuyas repercusiones dieron la puntilla al ya durante siglos deteriorado mundo rural. Las l铆neas de ferrocarril que un铆an la mayor铆a de esas comarcas fueron clausuradas en la nochevieja de 1984, haci茅ndose cumplir un acuerdo del consejo de ministros en el que exoneraban al operador p煤blico (Renfe) del mantenimiento de esa infraestructura. As铆, con nocturnidad y alevos铆a, se cerraron v铆as tan emblem谩ticas como la V铆a de la Plata, Valladolid-Ariza, Burgos-Soria. A las que desgraciadamente y con el paso del tiempo, se han ido uniendo m谩s y m谩s kil贸metros de v铆a convencional. La burda excusa que dieron para dar carpetazo final a estas l铆neas fue la baja rentabilidad del transporte social. La realidad, es que se apuesta por lo que llamamos desde hace tiempo centralismo econ贸mico, que destruye el tejido de comunicaciones que une pueblos y personas, para desarrollar un modelo m谩s deficitario aun que une ciudades y capital monetario. El desmantelamiento del transporte colectivo fue la punta de lanza, siguieron las escuelas rurales a partir de 1986 bajo el plan de colegios rurales agrupados y ahora, por 煤ltimo, implementando un nuevo modelo de gesti贸n m茅dica no presencial, que es en definitiva una reorganizaci贸n centralizada del 煤nico servicio p煤blico que parec铆a lograr mantenerse en pie: la atenci贸n primaria.

Desde el Estado, por lo tanto, no s贸lo han olvidado paliar estas dram谩ticas situaciones sino que las est谩n acelerando. Privar de servicios p煤blicos y de los derechos fundamentales que estos soportan a las personas que resisten a una situaci贸n tan adversa es m谩s que una invitaci贸n al exilio. Bajo esta tesitura de pleites铆a a los intereses del capital por parte del Estado, los motivos para que el primero impusiera su ley son claros:

-Primero: la necesaria fuerza de trabajo ante la expansi贸n econ贸mica de los a帽os 60 y 70 del siglo pasado.

-Segundo: anular la protesta ante la nefasta gesti贸n medioambiental que impulsan desde la industria en los desiertos poblacionales.

鈥 Tercero: seguir controlando la posesi贸n de la tierra: desarraigo y hurto de la propiedad van de la mano.

Desde la comunidad cient铆fica alertan del da帽o irreversible que el actual modelo econ贸mico est谩 causando en todos los ciclos de la vida del planeta y de la insensatez en defender un modelo de crecimiento continuado en un planeta con recursos limitados.

El espejo de esto que sucede a nivel internacional se vive tambi茅n en nuestros pueblos. Convirti茅ndose, para nuestra desgracia, en un entorno monol铆tico de cultivo o ganader铆a intensiva que modifica sin marcha atr谩s el ya desolado paisaje, en un basurero de residuos generados por la sociedad moderna, en un insano circo de ocio ca帽铆 subvencionado por los entes p煤blicos, en un campo de pruebas tem谩tico para que un turismo agresivo y depredador disfrute de los meses de verano, en el lugar donde extraer materias primas a cualquier coste y, sobre todo, en un gran coto de caza donde gente ajena a este mundo o los caciques que a煤n quedan (superado ya el periodo de matar por supervivencia), sean due帽os y se帽ores de un ocio innecesario que impide otras alternativas m谩s beneficiosas para quienes viven en nuestros pueblos.

La otra cara de la moneda son las ciudades, nuevas Atalayas feudales. Donde la clase obrera accede a un pedazo de habit谩culo en alquiler o propiedad a precio de oro. Donde la libertad cada vez est谩 m谩s encadenada, hipotecada y vigilada. Donde ni siquiera se tiene opci贸n a procurarse alimentos sanos. Donde la precariedad laboral lleva sin remisi贸n al fracaso y donde se desmorona la falacia del enriquecimiento por meritocracia (del que tanto gusta hablar la clase dominante aun sabiendo y siendo conscientes de que la riqueza y la pobreza se heredan de la misma forma). Son estos espacios reducidos la moneda de cambio donde se compra la conquista de un espejismo de vida, ajeno a la realidad, al bienestar y a la esencia de nuestra naturaleza. Unidos y unidas podemos aplicar el apoyo mutuo y la solidaridad porque unidos y unidas, somos fuertes para organizarnos y conquistar nuestro derecho a una vida digna.

Recuperemos espacios libres y la tierra que nos pertenece. Recuperemos relaciones humanas en armon铆a con el medio del que formamos parte (por mucha propaganda sutil que diga lo contrario) de una manera intr铆nseca.

Esto que se plantea no es nuevo. No es una cuesti贸n de ciudad o ruralidad, sino el proceso necesario para recuperar nuestro lugar natural en el mundo. Una sociedad fallida como la actual, donde los valores humanistas est谩n siendo desplazados por el odio, el racismo y un patriotismo est茅tico (que curiosamente jam谩s plantear谩 que esas palabras que martillean como soberan铆a, democracia o comunidad tengan el sentido real para el que fueron acu帽adas), necesita repensar el encaje de las personas en la toma de decisiones. Los conceptos de gesti贸n colectiva se deben de abordar de una u otra forma, no solo para articular una respuesta o queja a los nuevos procesos capitalistas, sino para dar soluciones reales que enfrenten a esta sociedad ego铆sta del culto al dinero a sus propias contradicciones.

La alternativa libertaria- el fin del centralismo econ贸mico y territorial.

El congreso de 1919 en el teatro de la Comedia en Madrid fue fundamental para dotar a la organizaci贸n de un programa agrario de lucha y para sumar fuerzas confluyendo y pasando a formar parte de la Confederaci贸n la Federaci贸n de Obreros y Agricultores (FNOA). Las aspiraciones de los campesinos y jornaleros por lo tanto, fueron desde 1919 muy tenidas en cuenta en los congresos de la CNT. La definitiva tabla reivindicativa que saldr谩 del congreso de mayo de 1936 en Zaragoza hace ver que el pragmatismo no tiene que estar re帽ido con los profundos cambios revolucionarios necesarios en el campo agrario.[5]

  • Expropiaci贸n sin indemnizaci贸n de las propiedades de m谩s de 50 hect谩reas de tierra.
  • Confiscaci贸n del ganado de reserva, aperos de labranza, maquinaria y semillas, que se hallen en poder de los terratenientes.
  • Revisi贸n de los bienes comunales y entrega de los mismos a los sindicatos de campesinos para su cultivo y explotaci贸n de forma colectiva.
  • Entrega proporcional y gratuita en usufructo de dichos terrenos y efectos a los sindicatos de campesinos para la explotaci贸n directa y colectiva de los mismos.
  • Abolici贸n de contribuciones, impuestos territoriales, deudas y cargas hipotecarias que pesen sobre las propiedades, aperos de labranza, y maquinaria que constituyen el modo de vida de sus due帽os y cuyas tierras son cultivadas directamente por ellos, sin intervenci贸n continuada ni explotaci贸n de otros trabajadores.
  • Supresi贸n de la renta en dinero o en especie que los peque帽os arrendatarios, rabassaires, colonos arrendatarios forestales etc., se ven obligados a satisfacer actualmente a los grandes terratenientes.
  • Fomento de las obras hidr谩ulicas, v铆as de comunicaci贸n, ganader铆a y granjas av铆colas, repoblaci贸n forestal y creaci贸n de escuelas de agricultores y estaciones enol贸gicas.
  • Soluci贸n inmediata del paro obrero, reducci贸n de la jornada de trabajo y nivelaci贸n de los sueldos con el coste de la vida.
  • Toma directa por los sindicatos de campesinos de las tierras que, por insuficiente cultivo, constituyen un sabotaje a la econom铆a nacional.

Como vemos, algunas de las medidas consensuadas en este congreso no pasan por ser m谩s que reformas, algunas incluso de car谩cter interclasista (adaptando el discurso obrero a las necesidades del peque帽o campesinado y de los jornaleros), con otras de car谩cter revolucionario y de amplio eco hist贸rico. Posiblemente, no intuir铆an que muchas de estas medidas tuvieran que ponerse en pr谩ctica meses despu茅s al comenzar la guerra, desbordando por completo la teor铆a y enfrentando con las armas a varios mundos contrapuestos. Miles de trabajadores del campo y de la ciudad demostraron que desde el trabajo colectivo se puede gestionar no solo la agricultura y la ganader铆a, sino toda una sociedad moderna, llen谩ndola de valores morales bajo un reparto equitativo de la riqueza que nace de la igualdad social y econ贸mica.

Por otra parte, el mundo actual ha cambiado demasiado y algunas de estas medidas ser铆an a d铆a de hoy obsoletas y ajenas al mundo que se pretende transformar. Compa帽eras y compa帽eros a nivel individual y varios sindicatos que conviven en su d铆a a d铆a con estos problemas, han hilado y puesto al d铆a algunos de los puntos b谩sicos en los que se debe de apuntalar el anarcosindicalismo del siglo XXI en entornos tan complejos como los explicados en l铆neas atr谩s. Sin necesidad de crear una gu铆a de acci贸n o una tabla reivindicativa (ya que no es el objeto de este texto, ni el lugar para ello) y desde la humildad con la que debemos mirar al problema de la despoblaci贸n, intentar茅 sintetizar algunos trazos por los que bajo mi punto de vista deber铆a el sindicato llevar a cabo su acci贸n sindical y social en las zonas rurales.[6]

Medidas a corto plazo:

  • Defensa de los derechos b谩sicos y de los servicios sociales que los soportan en cada uno de nuestros pueblos sea educaci贸n, sanidad, transporte, cultura popular鈥tc. Amparado por un discurso que vaya m谩s all谩 de lo p煤blico que incida en la autogesti贸n y en el anticapitalismo, recogiendo con ello las reivindicaciones que el movimiento libertario lleva d茅cadas promoviendo.
  • Defensa de las estructuras democr谩ticas tradicionales, basadas en la gesti贸n com煤n que a煤n perviven en algunas zonas de la pen铆nsula y est谩n otra vez amenazadas por la ultima desamortizaci贸n encubierta en la llamada ley Montoro.
  • Defensa de la agricultura y de la ganader铆a tradicional frente a una ganader铆a intensiva que degrada el medio y una agricultura cada vez m谩s dependiente de la industria bioqu铆mica.
  • Defensa del medio ambiente ante las nuevas formas de extracci贸n de recursos minerales, de energ铆as contaminantes y de obtenci贸n de materia prima a un coste innecesario.
  • Campa帽as de concienciaci贸n con los sectores campesinos afines para poner en valor el consumo de productos de cercan铆a.
  • Apoyo a las iniciativas culturales que desde el medio rural est谩n impulsando sus colectivos sociales. Teniendo en cuenta que competir con la ciudad en ocio (aun siendo) responsable y reivindicativo es dif铆cil.
  • Incentivo de la figura del maestro rural, apertura de las aulas como servicio esencial para revertir la despoblaci贸n cuando haya un m铆nimo de usuarios y deslocalizaci贸n de los centros de educaci贸n superiores a comarcas m谩s deprimidas. Con el fin de descentralizar el modelo educativo que como indican las 煤ltimas reformas son el pilar de la econ贸mica capitalista.
  • Creaci贸n de redes y servicios que permitan y garanticen de forma accesible los cuidados de las capas de poblaci贸n envejecida y personas dependientes, equiparando con ello los servicios de salud en todo el territorio.
  • Despenalizaci贸n de la okupaci贸n de pueblos abandonados en proyectos basados en la soberan铆a com煤n y en el respeto al medio. Se debe de pretender no ver sentados en los banquillos a los pueblos que tienen gente y s铆 a los que han quedado sin gente los pueblos.
  • Acceso a las nuevas tecnolog铆as. Es necesario conectar personas y proyectos reales a todos los lugares del mundo. Por experiencia no solo el capital se abre paso, tambi茅n la solidaridad.

Medidas a medio plazo:

  • Contacto continuado con experiencias de econom铆a social y con proyectos de producci贸n sostenible. Estas experiencias son el germen de una nueva sociedad
  • Coordinaci贸n de proyectos del medio rural con los grupos colectivistas organizados en las ciudades. Es necesario abrir foros y proyectos conjuntos para empezar a trabajar en la solidaridad de ida y vuelta y con ello, hacer posible que el mundo rural pueda empezar a sumar.
  • Conocimiento y estudio del volumen actual de propiedad comunal existente en el Estado Espa帽ol.
  • Apoyo econ贸mico y humano a experiencias culturales, docentes o sanitarias de car谩cter social, que se afinquen en los entornos rurales.
  • Creaci贸n de planes de rehabilitaci贸n de viviendas y creaci贸n de una bolsa de alquiler no especulativa.
  • Discriminaci贸n positiva ante la fiscalidad, dotando de recursos a las zonas despobladas para el acceso al trasporte sostenible y a la vivienda.

Medidas a largo plazo:

  • Destinar las tierras comunales para proyectos campesinos y ganaderos basados en una econ贸mica al servicio de las personas y no de los mercados. Expropiaci贸n de latifundios para el mismo fin.
  • Control de la producci贸n a manos de la colectividad, eliminando los intermediarios, la especulaci贸n y el monopolio.
  • Creaci贸n de un tejido asociativo que permita intercambios fuera de los c铆rculos capitalistas. Creando una estructura popular paralela que supere la econom铆a de mercado y a quienes la controlan.
  • Proyectos de recuperaci贸n integral de comarcas y pueblos que por sus circunstancias hayan sido objeto de una degradaci贸n demogr谩fica implacable. Se trata de revertir la situaci贸n actual descentralizando la econom铆a para poder llegar a poseer una vida digna en el hermoso horizonte de la esperanza que camine a la revoluci贸n social.

[1] Del libro de Julio Senador 鈥淐astilla en Escombros鈥

[2] Traducci贸n de la web oficial de la uni贸n europea (EU)

[3] Entrevista a Abel Paz en Indymedia Argentina a帽o 2005

[4] Ante los micr贸fonos de Uni贸n Radio a las 12 de la noche el 31 de diciembre de 1936

[5] Extra铆do del libro de Juli谩n Vadillo 鈥淗istoria de la CNT鈥

[6] Basado en la ponencia de CNT Valladolid en el II foro libertario en Pobladura de Sotiedra y en el posicionamiento de la CNT de Teruel con respecto a las manifestaciones y actos en torno a la Espa帽a vaciada




Fuente: Alasbarricadas.org