March 3, 2021
De parte de Lobo Suelto
286 puntos de vista


La conmoci贸n abierta con cada femicidio confirma apor铆as y abre preguntas. En los 煤ltimos a帽os, se manifest贸 una intensa creencia en las instituciones. A煤n si ellas funcionan mal, o demasiado bien si las vemos en la perspectiva de los poderes estructurales, la convicci贸n de que los cambios pol铆ticos las reformar铆an fue ganando terreno en amplias franjas de la opini贸n p煤blica progresista y los elencos gubernamentales. El viejo paradigma, 鈥渘o importa cu谩n corruptas y miserables sean las instituciones si las gobernamos y dirigimos nosotros鈥 ha revelado toda su impotencia en una larga serie de hechos que involucran el gatillo f谩cil como forma de regulaci贸n de la vida de los j贸venes pobres, la reorganizaci贸n mafiosa de los territorios y las dificultades para revertirla por parte de las organizaciones populares que all铆  trabajan, el encubrimiento de la represi贸n, ahora llamada violencia institucional, y los femicidios. La complicidad judicial, policial y de los poderes locales respecto a estos hechos, sean ellos poderes estatales o para estatales con anclaje en el estado, no cesa en confirmar la impotencia de la acci贸n estatal, cuando se propone reformadora, y la eficacia de esos segmentos del estado que est谩n articulados a los poderes concretos. Entonces, 驴no ha llegado la hora de pensar en qu茅 punto estamos parados y c贸mo encarar los desaf铆os actuales?

Cuando desapareci贸 Jorge Julio L贸pez, testigo del accionar terrorista de la polic铆a en la dictadura, no pudo ser cuidado por la 鈥減olic铆a de la democracia鈥, demasiado tributaria de la anterior a煤n si no se lo propuso expl铆citamente.  Desde el v茅rtice del estado se llev贸 a cabo una extensa pol铆tica de reconocimiento y reparaci贸n de las v铆ctimas de la dictadura, como as铆 tambi茅n una apertura jur铆dica para la condena de sus cr铆menes. Esas pol铆ticas, tambi茅n acompa帽adas de una mir铆ada de programas, educativos, jur铆dicos, de asistencia, protecci贸n de testigos, etc., no pudo evitar la desaparici贸n de L贸pez ni que su rostro se desti帽era por el sol, viajando impreso en las lunetas de los patrulleros.

Cuando vemos dirigentes sociales de amplia trayectoria tener que irse de ciertos territorios por el accionar narco, el negocio inmobiliario o la expansi贸n de la frontera de la soja, con la complicidad de fiscal铆as y polic铆as, y a merced de la narrativa de los medios de comunicaci贸n. Cuando vemos a las pibas que denuncian abusos o violencia de g茅nero y son verdugueadas por fiscales y polic铆as, muchas veces mujeres, o alentadas a desestimar esas denuncias a trav茅s de amenazas o burocratizando y diluyendo su contenido (pas贸 en el reciente caso de los jugadores de f煤tbol con la testigo que fue a denunciar, y tambi茅n en el caso de 脷rsula), cuando vemos una justicia c贸mplice con el accionar represivo (como en el caso de Santiago Maldonado o Rafael Nahuel) o en los casos de gatillo f谩cil (el caso de Facundo Astudillo Castro, amparado por el Secretario de Seguridad de la Pcia. de Bs As Sergio Berni, fue el m谩s resonante de una pat茅tica lista que abarca todo el pa铆s), confirmamos la impotencia del estado para resolver estas situaciones de un modo favorable.

Hoy el estado se proclama en favor de la igualdad de g茅nero, habilitando ciertas leyes, proponiendo un ministerio y programas educativos obligatorios. Tambi茅n se declara partidario de los Derechos Humanos, de los j贸venes, de los migrantes, y de todos los sectores desfavorecidos por la din谩mica del capitalismo actual. Sin embargo, estos reconocimientos, sin duda importantes, poco pueden respecto a situaciones concretas donde esos enunciados se ponen en juego, y donde una eficaz pol铆tica de derechas, con enunciados f谩ciles, efectistas y moralizantes, parece llenar el vac铆o de sentido que recorre la experiencia contempor谩nea.

La pol铆tica no consiste en ocupar lugares sino en definir qu茅 es un problema para abrirlo y tratarlo de otro modo. Entre el credo institucional y el voluntarismo militante algo precisa ser inventado. 驴No habr谩 llegado el momento de pensar en otras formas de acci贸n capaces de revertir aquel horror que constatamos a diario y percibimos envuelto en los designios de un triste fatalismo? 驴No ser谩 la hora de fundar nuevas instituciones populares en los territorios concretos donde se dan estas peleas (estructuras militantes, jur铆dicas, profesionales, laborales, de informaci贸n, investigaci贸n, cuidado y autoprotecci贸n), reconocidas jur铆dicamente por el estado y sostenidas econ贸micamente por 茅l? 驴No precisamos con urgencia estos nucleamientos de contrapoder, constituidos con l贸gicas diferentes al modo mercantil, financiero, medi谩tico y estatal? A煤n si estos puntos activos, capaces de acompa帽ar de modo m煤ltiple la fragilidad de las experiencias que buscan abrirse paso en esos territorios, tuvieran que ir contra el estado por la propia din谩mica de las formas en que este se manifiesta (polic铆a, justicia, bandas de diverso tipo), 驴no es pensable que el estado en lugar de reconocer sus narrativas y hablar sus conceptos, admita una consistencia que les es propia y que precisa desplegarse para revertir el horror que opera en los barrios? Y los n煤cleos militantes, a menudo mir谩ndose en el espejo del estado, 驴no podr铆an pensar en formas de autoinstituci贸n popular que consigan recursos para el sostenimiento de las experiencias del cuidado y la producci贸n de modos de vida sin quedar atrapados en voluntarismo y el desgastante esfuerzo individual? 驴Seguir谩n las v铆ctimas a merced de fiscales y comisar铆as locales o podremos pensar en un nuevo poder popular (ligado al feminismo, la justicia popular, las nuevas econom铆as y la inteligencia colectiva) capaz de llevar adelante otras l贸gicas, otros v铆nculos, dando consistencia a las iniciativas que denuncian y enfrentan los actuales mecanismos de poder? 驴No ser谩 el momento de reconocer la impotencia gubernamental y exigir los recursos y respaldos para el desarrollo de este tipo de experiencias? 驴No hemos constatado lo suficiente el car谩cter racista, patriarcal, jerarquizante y propietario de las instituciones? 驴C贸mo nos daremos la fuerza para enfrentar este nuevo tipo de poder que se impone, a trav茅s de la violencia y el manejo de la afectividad popular, sobre nuestros territorios y proyectos? Tal vez debamos darnos un espacio para hip贸tesis materialistas menos sostenidas en nuestras creencias (estatistas, autonomistas, de izquierda o del tipo que sean), que nos posicionen en el terreno de la disputa, entre la sutileza y la eficacia, sac谩ndonos del gesto impotente de quien constata aquello que ya se nos ofrece como una evidencia irrefutable.




Fuente: Lobosuelto.com