May 12, 2021
De parte de Lobo Suelto
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Fogwill dec铆a que una novela no cuenta una historia: cuenta un modo de contar una historia. En Valeriano este modo de contar se encuentra marcado por el ritmo, por cierta constancia, por algo que 茅l mismo 鈥搈e anim贸 a suponer鈥 no dudar铆a en llamar 鈥渕anija鈥. Algo que arrasa. El anonimato, el chamuyo, los apodos, la gilada, el descanso, la fisura, el segundeo: todo eso arma el clima-Valeriano, la atm贸sfera borrosa en la que fluye su escritura.

            En La No Sufras (Milena Caserola, 2021), Valeriano profundiza este movimiento. El vagabundeo de sus personajes, ese andar molesto que lo deforma todo, se altera sutilmente cuando 茅l mismo se hace presente en el relato. La No Sufras, una mujer inclasificable, una vida que abre mundos dentro del mundo abierto por Valeriano, no deja de ser una excusa para vagar, para dar vueltas, para perderse 茅l mismo en su propia narraci贸n. Esta es una de las grandes virtudes de la novela. A su prosa breve de lobo suelto, le agrega una serie de giros que ponen sus textos en otra parte. Son peque帽os movimientos que envuelven al lector en esa mezcla de ficci贸n y ensayo, en ese h铆brido que Valeriano arma al escribir.

            En la filosof铆a a martillazos que dej贸 diseminada en Twitter, Carlos Busqued sentenci贸 alguna vez que la escritura de un libro es una actividad solitaria, al alcance de pr谩cticamente nadie, muy cercana a la locura. Busqued diferenciaba esa actividad de otra llamada 鈥渟er escritor鈥, tan accesible para todos, inofensiva, que consiste en decir que uno lo es y felicitarse con otros que tambi茅n dicen que lo son. En La No Sufras creo detectar una locura secreta, un delirio an贸nimo, muy lejano al festival alegre de los saludos.

            Cuando no se romantiza, cuando se pone el cuerpo sin tanta bandera, cuando la manija arrasa con todo y te toma por sorpresa, entonces, reci茅n entonces, la escritura se vuelve de verdad. No digo real, no digo veros铆mil, sino de verdad. Hay una puesta en juego en lo que se escribe, un tipo de riesgo, 煤nico, incomparable, parecido al que uno asume cuando ama. En Valeriano este amor es evidente: a las vidas runflas, a los zombies, a los reventados, a la manija insaciable que le da todo eso. Me es dif铆cil leerlo sin sentir r谩pidamente el convencimiento de estar mirando una verdad. Algo falso quiz谩s, una irrealidad, una distorsi贸n, pero una escritura de verdad.

            Por eso no cae en la estetizaci贸n, pr谩ctica que, dicho sea de paso, se volvi贸 frecuente en estos tiempos. La estetizaci贸n es una actividad que consiste en otorgarle una cualidad est茅tica a algo exterior, asumirla como propia y, en ese mismo acto, arrancarle su fuerza. Se romantiza algo, se lo desproblematiza y se lo presenta como un fen贸meno acabado. Esto se ve con claridad al escuchar ciertas referencias impostadas en torno a la militancia de los a帽os setenta, a los consumos populares, a la m煤sica, al f煤tbol o al peronismo. Casi que no hace falta explicarlo. Es de esas cosas que, desde el momento en que se las ve, no se puede vivir sino vi茅ndolas todo el tiempo.

Un ejemplo es el reciente intento de algunos intelectuales en rescatar lo que denominan 鈥渓a agudeza ling眉铆stica de Maradona鈥. M谩s all谩 de las intenciones y las personas, la iniciativa condensa el modo sutil en que, en el mismo acto en que se estetiza una fuerza, se la castra. No se puede separar la vida y el habla de Maradona de la forma en que jugaba a la pelota. Diego era un repentista, un tipo capaz de hacer esas cosas, las mejores, las 煤nicas, las que dan m谩s placer, esas que solo se logran cuando uno deja de pensar.

Vuelvo a Maradona y al f煤tbol. A lo que pasa cuando juego, a lo que me gustar铆a que pase cuando escribo. En el momento en que la pelota rueda, deja de importarme lo que me importaba, se me pierden las palabras y me dedico a la inmediatez absoluta de los movimientos que me rodean. Me sumerjo en el partido, en una velocidad mental muy superior a la de mi conciencia. Gambetear es no pensar: es resolver en la inmediatez del instante, estar abierto a lo que la situaci贸n exige. El gol a los ingleses si lo pens谩s, no te sale; las frases de Maradona tampoco.

Manchar la pelota es serle infiel al juego, no a las personas. Esa es la 煤nica fidelidad que importa: la que se dirige a la experiencia, a ese placer que surge de la acci贸n sin pensamiento pero que, al mismo tiempo, tiene m谩s lucidez que cualquier idea que pueda pasar por la cabeza. Es algo pr贸ximo a la verdad, a la libertad, a las ganas de estar ah铆. Eso mismo es lo que, supongo ahora, me atrapa y busco en Valeriano. Esa manija, ese repentismo, ese olvido.

*Texto publicado en Panam谩 Revista




Fuente: Lobosuelto.com