May 17, 2021
De parte de Nodo50
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Los que están sedientos de sangre

Gideon Levy

Toda “ronda” trae consigo a sus sedientos de sangre, en cada ronda salen como ratones de sus agujeros, se quitan las máscaras políticamente correctas y su verdadero rostro queda a la vista de todos: todo lo que quieren ver es sangre. Sangre árabe, toda la que se pueda – sangre, cuanta más, mejor– sangre, lo principal es que se derrame sangre árabe. Se derrumban bloques residenciales como castillos de naipes en Gaza, y los mundos en ruinas que quedan debajo son para ellos una broma ligera. Quieren ver sangre, no sólo ruinas, miedo y destrucción.

Docenas de muertos durante las primeras 24 horas, cerca de la mitad mujeres y niños, no son nada para ellos. Quieren mucha más sangre. Hasta que no inunden Gaza, y con ella Lod, si es posible, no se saciará parcialmente su apetito. Hasta que no se pongan los palestinos de rodillas, se postren ante Israel y se rindan sin condiciones, para la eternidad, no se sentirán satisfechos. Quieren la foto de la victoria, la victoria de la mentira que tan enormemente desean y que no se logrará jamás.

Los que están sedientos de sangre se dividen en dos grupos: los entendidos en seguridad y los racistas. Inundan los estudios de televisión y de radio y las redes sociales con ingentes fuerzas, generales, comentaristas, expertos – en tiempo de guerra no hay otros portavoces – y todo les incita a más y más de esta cosa, la guerra, sin que importe el por qué, sin que importe con qué fin. Lo principal es que nos bebamos su sangre.

Los entendidos en seguridad quieren toda la guerra posible porque en el fondo de sus corazones les gustan las guerras, son sus recuerdos más intensos. Una guerra que para ellos nunca basta, sólo con golpearles, para probar que somos fuertes. Todas las guerras de Gaza y el Líbano, que no consiguieron nada, tampoco les enseñaron nada. Se ciñen a sus cañones. Sólo con que les hubiéramos escuchado en su momento habría habido decenas de miles de muertos, y sólo entonces se habría lograda la ansiada victoria, que no se logrará jamás.

Como Fata Morgana en el desierto, se acercan a la victoria, y eso les distancia de si mismos. No se logrará por la fuerza jamás. Como no les hemos escuchado, lo están intentando de nuevo. Golpear y hacer trizas, una ridícula caricatura que sale de las bocas de los que antaño fueron generales, o de los que soñaron con llegar a generales y no llegaron.

Danny Kusmaro, periodista digno de un político, que de ordinario no revelaría su opinión acerca de nada, pregunta inocentemente: “¿Cómo es que tiene todavía casa Yihya Sinwar [líder de Hamas en la Franja de Gaza]?” Sólo con que la gente escuchase la voz del hombre de la motocicleta, Sinwar no tendría ya casa, mujer, hijos, vecinos, igual que todos sus antecesores, y entonces venceríamos.

Por supuesto que venceríamos. Con periodistas que van de Nahum Barnea (“golpeadlos duro, con energía”) a Roni Daniel (“Dejémonos de asombrarnos con unas imágenes o con otras”) y Amir Buhbut (“Así no se asesta un golpe duro, que haga daño”), cualquier chico puede ser un soldado, lo único que quieren todos son más y más acciones de combate de hombres entre hombres que nunca lloran, ni siquiera de noche. Se apostan en las colinas que rodean Gaza como un coro de animadores y jalean a las fuerzas que matan a civiles y combatientes en el gueto acorralado, dadles más y más.

El segundo grupo lo forman los racistas. “Dos árabes muertos en Lod por un misil lanzado por Hamas. A eso lo llamo yo justicia poética… Lástima que fueran sólo dos”, tuiteó el periodista Shimon Riklin el miércoles respecto a la muerte de dos israelíes, padre e hija. “¿Por qué no reducen la electricidad al 10% en Gaza? Que se sienten en la obscuridad y sufran. Que aguanten el calor y sufran, y así en general, que sufran”.

Riklin tiene un objetivo, que es a la vez un crimen de guerra despreciable, pero también algo sin sentido. Ben Caspit, por otro lado, es presuntamente un periodista centrista, y le gritó al imán de Lod: “La verdad es que tenemos que pegaros duro y mostraros quién manda aquí, mostraros que no se quema nada de lo que pertenece a los judíos de Israel.”

El feo rostro señorial queda al descubierto. Quién manda aquí, no se quema lo que pertenece a los judíos. Tampoco se les despierta en mitad de la noche con sirenas.

El Estado judío, el sueño de dos mil años. Que ganen ya las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI).

Fuente: Haaretz, 12 de mayo de 2021

La soberbia de Israel le ha metido un gol en propia puerta en Jerusalén

Amira Hass

¿Cómo han podido ser tan idiotas? Es la pregunta que una y otra vez se repite en Jerusalén. Es palestina la gente que se lo pregunta, y la pregunta se refiere a las autoridades israelíes, que han adoptado decisiones que incluso desde la perspectiva israelí son estúpidas porque han inflamado una ciudad dividida, o para ser más precisos, la mitad oriental que incluye la Ciudad Vieja.

Tiene un aspecto positivo esta estupidez. Es semejante al alarmado cable diplomático que informa a su capital de que unos lunáticos con apariencia de “país de las start-up” y amantes de la música han descifrado el código para detonar una cabeza explosiva. La estupidez pone de manifiesto la vinculación entre la propensión de Israel a expulsar (del barrio de Sheij Yarrah, en Jerusalén, por ejemplo) y su hondo e instintivo desdén por sus súbditos musulmanes. La estupidez demuestra de qué modo el país que ha mutilado aldeas y ciudades palestinas como Belén, la Ciudad Vieja de Hebrón, Nebi Samuel y el barrio mugrabí [marroquí] de Jerusalén para que los judíos puedan celebrar sus ceremonias está mostrando desprecio y desconsideración hacia el Ramadán y los santos lugares islámicos.

La esperanza es que países amigos como Alemania, los Emiratos Árabes y los Estados unidos se den cuenta de lo peligroso que resulta Israel y lo contengan. El peligro es que estos países vuelvan a abstenerse de actuar, que los palestinos paguen un alto precio y nos acerquemos a la explosión siguiente, todavía más peligrosa.

Así es cómo se desarrolló la estupidez de Ramadán: clausurando los escalones frente a la Puerta de Damasco, atacando a los manifestantes en Sheijh Yarrah y programando una vista del tribunal sobre la explosiva cuestión del destino del vecindario el día en que los nacionalistas judíos planificaban su victoriosa marcha por la Ciudad Vieja. Siguió luego con las brutales cargas de policiales en el recinto de al-Haram al-Sharif y sus mezquitas (uno de esos ataques, especialmente aterrador y escandaloso, tuvo lugar mientras escribía esto el lunes por la mañana [10 de mayo]).

Cerca de 1.800 millones de personas de todo el mundo celebran el Ramadán. De ellos, sólo siete millones viven en Tierra Santa, entre el río Jordán y el Mar Mediterráneo, y sólo unas pocas decenas de miles han podido rezar este año en el recinto de al-Haram al-Sharif. Pero por razones históricas y políticas, no sólo religiosas y estéticas, la Cúpula de la Roca se ha convertido en un símbolo islámico y el conjunto del recinto en un lugar del patrimonio universal.

E Israel escupe encima. Cientos de millones de musulmanes tendrán difícil olvidar las desagradables imágenes de la policía del Estado judío con cascos y rifles mientras profanban el recinto y atacaban a miles de musulmanes en ayunas con granadas de aturdimiento, gases lacrimógenos y una lluvia de balas de metal recubiertas de caucho. La transmisión en directo desde cientos de teléfonos móviles muestra los medios de represión a disposición del Estado y de qué modo el Estado judío considera Al-Aqsa como un escenario para demostrar la brutal fuerza de la policía.

Israel ha descrito su ataque como la única respuesta lógica a los jóvenes que arrojan piedras y botellas de agua, y a su capacidad de organización y a la probabilidad de que actúen. Pero el lunes daba la impresión de que la meta principal de la policía consistía en preparar su pobre imagen pública (sus más exitosos hermanos del servicio de seguridad del Shin Bet, el Mosad y la Inteligencia Militar le regañaron a través de los medios) y satisfacer a los fieles del Monte del Templo, a los que por una vez se prohibió realizar su provocativa subida al recinto. Al actuar de ese modo, la policía de Israel convenció a más jóvenes palestinos de que la rebelión es la única opción y reforzó el atractivo de los grupos nacionalistas islámicos.

La estupidez está en la soberbia de un país convencido de que es omnipotente y que ha terminado por construir un muro de hierro para proteger su territorio de un alzamiento que estaba destinado a acontecer. El gobernante se ha metido un gol en propia puerta y les ha concedido a los jóvenes palestinos otra oportunidad de mostrar que nada de lo que pasa aquí es normal, hablando así en nombre de su pueblo. Pero si los amigos de Israel no actúan rápidamente en contra de la arrogancia israelí, aumenta el riesgo de que la estupidez apresure el día en que el problema de la ocupación se convierta en una guerra religiosa que se extienda por las fronteras del país

Fuente: Haaretz, 12 de mayo,

Estado fallido (Israel) contra Estado no soberano fallido (Palestina)  

Harold Meyerson

La actual violencia en Israel, Cisjordania y Gaza no debería sorprender a nadie. Una casa dividida contra si misma, como dijo alguien en cierta ocasión, no puede sostenerse.   

El rasgo de carácter israelí más destacado es la ceguera voluntaria. Gran número de judíos israelíes han llegado a creer que son normales intervalos de años de relativa paz, y que los palestinos no se enfurecerán ni se verán impulsados a la violencia ante su carencia de autodeterminación, como los judíos israelíes bajo el mandato británico, como fue el caso de los judíos de los años 40 ante los rutinarios actos de abusos y de violencia en su contra.

En la actual tanda de violencia, ni Israel ni los palestinos disponen de lo que podría considerarse un gobierno legítimo. Bibi Netanyahu se desempeña como primer ministro israelí en calidad sólo de interino, puesto que, tras cuatro elecciones general en los últimos dos años, no ha sido capaz de formar gobierno; está en el poder sólo porque nadie más ha podido tampoco formar gobierno. Por lo que toca a la Autoridad Palestina, el presidente Mahmud Abas se encuentra hoy en el decimosexto año de su mandato de cuatro años, al haber cancelado todas las elecciones generales desde 2005. Ni el Estado ni el Estado no soberano disponen de un gobierno capaz de concitar el apoyo de una mayoría de su pueblo.

Es posible que la actual agitación le permita a Netanyahu recuperar apoyos para formar gobierno de esos partidos derechistas que hasta ahora se le han opuesto, en cuyo caso les espera a los palestinos una ocupación más dura y violenta, lo que llevará finalmente a una tanda más catastrófica de violencia como represalia, y a buen seguro a más violencia dentro del mismo Israel. Si no se une la derecha israelí, en ese caso cualquier nuevo gobierno israelí tendría que incluir a uno o más de los partidos árabes israelíes, lo cual parece improbable en el actual clima, a menos que fructifique una solución de dos estados (lo que es en si mismo prácticamente inimaginable, a no ser que el resto del mundo quiera imponerla por la fuerza, estableciendo una frontera en la Línea Verde y desalojando a los colonos israelíes de Cisjordania, otra hipótesis inimaginable, que sería, sin embargo, probablemente el menor de todos los males). Y la idea de un Estado democrático unificado parece hoy todavía más inimaginable que la solución de dos estados.

Entretanto, por remontarnos de nuevo a esa idea de la “casa dividida”, los judíos israelíes que creen que el statu quo es sostenible se parecen cada vez más a los sureños blancos de 1859. Sólo puede sostenerse con sangre, tanto la de los palestinos como la suya propia.  

The American Prospect, 13 de mayo de 2021

Meir Margalit: “En Israel todo el mundo trabaja para la derecha”. Entrevista

Meir Margalit

Meir Margalit no es un observador cualquiera de la transformaciones experimentadas por Jerusalén en décadas recientes. Judío israelí nacido en Argentina, entre 1998 y 2014 fue miembro del consistorio por el partido de izquierda sionista Meretz. Fundador, entre otros, de la asociación ICAHD, comité contra la demolición de viviendas palestinas por parte de las autoridades israelíes, en su libro Jerusalén, la ciudad imposible (IV Premio La Catarata de Ensayo, La Catarata, Madrid, 2018), describía a Jerusalén como lo que denominaba “no-ciudad”, un modelo de desigualdad institucionalizada. Lo entrevista Chiara Cruciati para el diario italiano il manifesto.

¿Cómo ha cambiado Jerusalén en décadas recientes?

Ha cambiado a peor, por la conjunción de tres peligrosos elementos: Trump y la presión del evangelismo fundamentalista, el gobierno de Netanyahu y la presión de los pequeños partidos de derechas, que quieren demostrar que son más nacionalistas que él, y la administración de Moshé León, el alcalde nacionalista religioso. Tres elementos que han provocado la humillación de los palestinos a una escala nunca antes vista.

Esta es la razón por la que esa explosión era solo cuestión de tiempo; los palestinos no sólo se han visto profundamente afectados económica y socialmente por la pandemia, puesto que muchos de ellos trabajaban en el sector turístico, en restaurantes y hoteles, y han perdido una fuente de subsistencia que no han recobrado, sino que también han ido experimentando durante años una humillación sin precedentes.

Además, en los últimos meses, los colonos han ido llevando a cabo grandes esfuerzos por ocupar viviendas palestinas antes de que la administración Biden pudiera organizarse en lo que respecta a esta cuestión. Ha habido un esfuerzo colosal en Sheij Yarrah, en Silwan, en la Ciudad Vieja. Están convencidos de que las cosas van a cambiar pronto, de manera que están recurriendo a una violencia sin precedentes.

Describe en su libro la política israelí de Jerusalén como una malla de micropoderes, burócratas y funcionarios anónimos, y como un laboratorio de control social.

Esta ocupación no podría haberse materializado sin un ejército de funcionarios que se ocupen de reprimir a los palestinos a diario, empujándoles a abandonar la ciudad y a mudarse Cisjordania, reforzando de este modo la mayoría judía. Muchos de esos funcionarios no son mala gente, muchos votan incluso a la izquierda, pero esta es la dinámica: durante el horario laboral obedecen directivas políticas, obediencia que el empleado habrá aprendido en sus años de servicio militar: haz lo que te digan. Luego trasladan esa cultura al lugar de trabajo.

Así pues, en cada una de las oficinas públicas municipales y del Estado, todo el mundo trabaja para la derecha. Y puesto que la derecha lleva en el gobierno años, o bien la derecha elige gestores entre los suyos, o bien los empleados mismos se mueven a la derecha para ascender en la escala. Es un modelo muy brutal, pero silencioso: nadie le dice al empleado que trate mal a los palestinos, pero el empleado sabe qué es lo que quiere el gobierno o el alcalde.

Como resultado, pasan cosas como las que vimos esta semana: la policía impidió que los palestinos se sentaran en los escalones frente a la Puerta de Damasco. No porque se lo ordenase nadie, sino porque es lo que espera el Ministerio de Seguridad Interior. Lo cual tiene como resultado situaciones paradójicas.

La ocupación militarista de Jerusalén adopta distintas formas: administrativa, cultural, política, arquitectónica. ¿Se puede hablar de dos ciudades, una israelí y otra palestina?

Jerusalem es una no-ciudad, porque una ciudad necesita un denominador común entre sus habitantes, algo que aquí no existe. Lo que hay son tres ciudades: una palestina, otra judía laica, y otra judía religiosa. Se trata de planetas distintos: existen contactos, puesto que algunos palestinos trabajan en el lado occidental, pero no hay relaciones humanas. La guerra es continua y los periodos de tranquilidad entre una y otra batalla son efímeros porque la ocupación sigue existiendo.

Esto está teniendo su efecto sobre los israelíes: si un país vive así durante más de setenta años, la gente evoluciona en medio de la violencia. Acaban deshumanizados. Esa es la razón por la que los israelíes son indiferentes al sufrimiento palestino: la violencia se ha normalizado, se ha naturalizado. Y por eso es tan fuerte la derecha en Israel. Necesitaríamos una vacuna contra la militarización, o una terapia psiquiátrica para todos los israelíes. Es verdad que sin la comunidad internacional no saldremos de este marasmo.

Si Jerusalén es un modelo de lo que pasa en el resto de Palestina, ¿cuál es la solución? Hay quienes hablan de rebasar la solución de dos estados en favor de un solo Estado, democrático y secular.

Jerusalén es un microcosmos del conflicto a lo largo y ancho de Oriente Medio. Considero el final de la ocupación y la solución de dos estados la única posible. Buena parte de la izquierda se siente frustrada y ya ha levantado bandera blanca frente a la realidad, pero yo trato de seguir siendo parte de esta lucha. Si me pregunta a qué se asemeja mi utopía, a buen seguro le diré que a un solo Estado democrático y laico para todos. Pero ahora mismo creo que es más realista pensar en una division en dos estados independientes. Y si acaso, pensar en una confederación en el futuro. Jerusalén podría convertirse en micromodelo de una ciudad unificada, pero dividida en dos capitales: la capital israelí, occidental, y la capital palestina, oriental, abierta y unida. Un micromodelo complejo y único, una division funcional y no territorial: sería insensato pensar en trazar una frontera dividida por un muro.

Volviendo a estos días, con las tensiones que se extienden a Gaza, ¿qué es lo que espera? Una vuelta a una ocupación más tranquila o un enfrentamiento visible?

No puedo decir qué va a pasar mañana. Lo que me preocupa es que en este momento hay en el lado israelí un choque entre liderazgos de machotes, lo que está contribuyendo desde luego a que Netanyahu reaccione de un modo más violento; y por el lado palestino, el aplazamiento de las elecciones ha producido un clima de mayor división, de modo que que Hamás puede presentarse como el único capaz de luchar por Jerusalén, dejando más espacio de acción a los partidos de la ultraderecha israelí. A menos que intervenga la comunidad internacional y diga “basta ya”, sin una intervención exterior, europea, norteamericana, si depende solo de Israel, la ocupación no terminará jamás.

Fuente: il manifesto global 13 de mayo de 2021




Fuente: Sinpermiso.info