January 17, 2023
De parte de ANRed
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Una de las tantas im谩genes del pueblo enfrentando a las fuerzas policiales en la ciudad andina peruana de Juliaca el 7 de enero de 2023. / Imagen: Juan Carlos Cisneros (AFP/Getty Images).

Am茅rica Latina persiste como un 谩mbito convulsionado por rebeliones populares y procesos pol铆ticos transformadores. En distintos rincones de la regi贸n se verifica la misma tendencia al reinicio de los levantamientos que signaron el debut del nuevo milenio. Esas sublevaciones se aquietaron durante la d茅cada pasada y recuperaron intensidad en los 煤ltimos a帽os. La pandemia interrumpi贸 limitadamente esa escalada de movilizaciones, que neutralizaron la corta restauraci贸n conservadora del 2014-2019. Ese per铆odo de renovado golpismo, no logr贸 desactivar el protagonismo de los movimientos populares. La rebeli贸n del 2019 en Ecuador inaugur贸 la fase actual de protestas, que ha repetido la tradicional t贸nica de irradiaciones. Bolivia, Chile, Colombia, Per煤 y Hait铆 han sido los principales centros de confrontaci贸n reciente. Por Claudio Katz (economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA y miembro de Economistas de Izquierda-EDI) [1]


Los efectos pol铆ticos de esta nueva oleada son muy variados. Han trastocado el mapa general de los gobiernos, recreando la gravitaci贸n del progresismo. Esa vertiente se ha impuesto en el grueso de la geograf铆a zonal. Al inicio de 2023 los mandatarios de ese signo prevalecen en los pa铆ses que re煤nen al 80% de la poblaci贸n latinoamericana (Santos; Cernadas, 2022).

Este escenario ha facilitado tambi茅n la continuidad de los gobiernos acosados por el imperialismo estadounidense. Luego de soportar incontables embestidas, los diabolizados presidentes de Cuba, Venezuela y Nicaragua siguen en sus cargos.

Tambi茅n ha sido parcialmente contrarrestado el ciclo de golpes militares e institucionales, que apadrin贸 Washington en Honduras (2009), Paraguay (2012), Brasil (2016) y Bolivia (2019). La reciente asonada en Per煤 (2023) afronta una heroica oposici贸n en las calles.

Esta rebeld铆a obstruy贸, hasta el momento, la intervenci贸n disfrazada de los marines en pa铆ses devastados como Hait铆. La misma lucha popular propin贸 duras derrotas a los atropellos intentados por los gobiernos neoliberales reciclados de Ecuador y Panam谩.

Pero esta gran intervenci贸n desde abajo suscita una reacci贸n m谩s virulenta y programada de las clases dominantes. Los sectores enriquecidos han procesado la experiencia anterior y exhiben menos tolerancia a cualquier cuestionamiento de sus privilegios. Han articulado una contraofensiva ultraderechista para doblegar al movimiento popular. Aspiran a retomar con mayor violencia, la fracasada restauraci贸n conservadora de la d茅cada pasada. Este complejo escenario exige evaluar a las fuerzas en disputa. 

REVUELTAS CON EFECTO ELECTORAL 

Varios levantamientos de los 煤ltimos tres a帽os tuvieron traducciones electorales inmediatas. Los nuevos mandatorios de Bolivia, Per煤, Chile, Honduras y Colombia emergieron de grandes sublevaciones que impusieron cambios de gobierno. Las protestas callejeras forzaron comicios que derivaron en victorias de los candidatos progresistas, contra sus adversarios de ultraderecha.

Esta secuencia se verific贸 primero en Bolivia. La sublevaci贸n confront贸 exitosamente con los gendarmes y tumb贸 a la dictadura. A帽ez tir贸 la toalla cuando perdi贸 a sus 煤ltimos aliados y a los sectores medios que al principio acompa帽aron su aventura.

La corrupta gesti贸n de la pandemia potenci贸 ese aislamiento y diluy贸 el continuismo civil intentado por los candidatos de la centroderecha. La rebeld铆a desde abajo impuso el retorno del MAS al gobierno y varios responsables del golpe fueron juzgados y encarcelados. La conspiraci贸n continu贸 en el basti贸n santacruce帽o y actualmente se dirime si persistir谩 o ser谩 aplastada por una contundente reacci贸n oficial.

Una din谩mica semejante se verific贸 en Chile, como resultado del gran levantamiento popular y sepult贸 al gobierno de Pi帽era. La chispa de esa batalla fue el costo del transporte, pero el rechazo a los 30 pesos de esa erogaci贸n deriv贸 en una imponente gesta contra 30 a帽os de legado pinochetista.

Ese torrente condujo a dos victorias electorales que precedieron al triunfo de Boric sobre Kast. El gran aumento de la participaci贸n electoral con consignas antifascistas en los barrios populares permiti贸 ese logro, en el pa铆s-emblema del neoliberalismo regional.

Por esa gravitaci贸n de Chile como s铆mbolo del thatcherismo, la asunci贸n de un presidente progresista, en el marco de la Asamblea Constituyente con gran presencia popular en las calles, despert贸 enormes expectativas.

Una secuencia m谩s vertiginosa e inesperada se registr贸 en Per煤. El hast铆o popular con los presidentes derechistas sali贸 a flote en protestas espont谩neas y protagonizadas por j贸venes despojados de sus derechos. Ese levantamiento sucedi贸 a la tragedia sanitaria de la pandemia, que potenci贸 la ineptitud de la burocracia gobernante.

Castillo se transform贸 en el receptor del malestar popular y el fujimorismo no pudo frustrar su llegada a la Casa de Gobierno. El discurso redistributivo del sindicalista docente cre贸 la expectativa de cortar con la agobiante sucesi贸n de gobiernos conservadores.

En Colombia la rebeli贸n masiva forz贸 al establishment a resignar por primera vez su manejo directo de la presidencia. Varios millones de personas participaron en imponentes manifestaciones. Las huelgas masivas confrontaron con una represi贸n feroz y lograron tumbar una reforma regresiva de la salud. Al igual que en Chile se extendieron posteriormente para expresar el enorme malestar acumulado durante d茅cadas de neoliberalismo.

Ese fastidio se tradujo en la derrota electoral del uribismo y del improvisado ultraderechista que intent贸 impedir la victoria de Petro. Con ese triunfo un l铆der de centroizquierda lleg贸 a la presidencia, sorteando el terrible destino del asesinato que sufrieron sus antecesores. Lo acompa帽a una afrodescendiente representativa de los sectores m谩s oprimidos de la poblaci贸n.

En la misma t贸nica se inscribi贸 el triunfo de Xiomara Castro en Honduras. Su victoria premi贸 la sostenida lucha contra el golpe que en el 2009 prohij贸 el embajador estadounidense. Esa asonada inici贸 el largo ciclo latinoamericano de lawfare y golpismo judicial parlamentario.

Los 15 puntos de ventaja que Xiomara obtuvo sobre su contrincante neutralizaron los intentos de fraude y proscripci贸n. En un dram谩tico contexto de pobreza, narcotr谩fico y criminalidad, la heroica lucha popular desemboc贸 en la primera presidencia de una mujer. Xiomara comenz贸 su gesti贸n derogando las leyes de manejo secreto del Estado y de entrega de zonas especiales a los inversores externos.

Pero debe lidiar con la sofocante presencia de una gran base militar estadounidense (Palmerola) y una embajadora de Washington que interviene con toda naturalidad, en los debates internos sobre los asentamientos campesinos y las leyes de reforma del sistema el茅ctrico (Gim茅nez, 2022).

VICTORIAS DE OTRO TIPO

Imagen: Rodrigo Arangua / AFP).

En otros pa铆ses el ascenso de mandatarios progresistas no fue un resultado directo de las protestas populares. Pero esa resistencia oper贸 como un trasfondo del descontento social y la incapacidad de los grupos dominantes para renovar la primac铆a de sus candidatos.

M茅xico fue el primer caso de esta modalidad. L贸pez Obrador lleg贸 a la presidencia en el 2018, en una dura confrontaci贸n con las castas del PRI y del PAN sostenidas por los principales grupos econ贸micos. AMLO aprovech贸 el desgaste de las gestiones previas, la divisi贸n de las elites y la obsolescencia del continuismo a trav茅s del fraude. Pero actu贸 en un contexto de menor impacto de las precedentes movilizaciones del magisterio y los electricistas.

Los sindicatos han quedado muy afectados en M茅xico por la reorganizaci贸n de la industria y no fueron determinantes del giro pol铆tico en curso. AMLO mantiene una relaci贸n ambigua con su referente hist贸rico cardenista, pero inaugur贸 una administraci贸n muy distanciada de sus antecesores neoliberales.

Tampoco en Argentina la llegada de Fern谩ndez (2019) fue un resultado inmediato de la acci贸n popular. No reprodujo el arribo de N茅stor Kirchner (2003) a la Casa Rosada, en medio de una generalizada rebeli贸n. Previamente el derechista Macri sufri贸 un contundente rev茅s en las calles, cuando intent贸 introducir una reforma previsional (2017). Pero no afront贸 el peri贸dico levantamiento general que sacude a la Argentina.

En ese pa铆s se localiza el principal movimiento de trabajadores del continente. Su disposici贸n de lucha ha sido muy visible en las 40 huelgas generales consumadas desde el fin de la dictadura (1983). La sindicalizaci贸n se ubica en el tope de los promedios internacionales y empalma con la llamativa organizaci贸n de los piqueteros (desocupados e informales).

La lucha de esos movimientos ha permitido sostener los auxilios sociales del Estado, que las clases dominantes concedieron bajo el gran susto de una revuelta. Las nuevas formas de resistencia -enlazadas con la belicosidad precedente de la clase obrera- facilitaron el retorno del progresismo al gobierno.

En los 煤ltimos tres a帽os, la decepci贸n generada por el incumplimiento de las promesas de Fern谩ndez suscit贸 grandes rechazos, pero con protestas acotadas. Hubo importantes triunfos de muchos gremios, frecuentes concesiones del gobierno y protagonismo callejero, pero la acci贸n del movimiento popular fue contenida

En Brasil la victoria de Lula ha sido un extraordinario logro, en un marco de relaciones sociales de fuerzas desfavorable para los sectores populares. Desde el golpe institucional contra Dilma el dominio de las calles fue capturado por los sectores conservadores que ungieron a Bolsonaro. Los sindicatos obreros perdieron protagonismo, los movimientos sociales han sido hostilizados y los militantes de izquierda adoptaron actitudes defensivas.

La liberaci贸n de Lula incentiv贸 el reinicio de la acci贸n popular. Pero ese impulso no alcanz贸 para revertir la adversidad del contexto, que permiti贸 a Bolsonaro conservar una significativa masa de votantes. El PT retom贸 la movilizaci贸n durante la campa帽a electoral (especialmente en el Nordeste) y revitaliz贸 sus fuerzas en los festejos del triunfo.

En un marco de gran divisi贸n de los grupos dominantes, hartazgo con los exabruptos del ex capit谩n y liderazgo cohesionador de Lula, la derrota de Bolsonaro ha creado un escenario de potencial recuperaci贸n de la lucha popular (Dutra, 2022). El temor a ese despunte, indujo al alto mando militar a vetar el desconocimiento del veredicto de las urnas que propiciaba el bolsonarismo.

Pero la batalla contra la ultraderecha reci茅n comienza y para doblegar a ese gran enemigo resulta imperioso reconquistar la confianza de los trabajadores (Arcary, 2022). Esa credibilidad qued贸 erosionada por la desilusi贸n con el modelo de pactos con el gran capital que desenvolvi贸 el PT en sus gestiones anteriores. Ahora emerge una nueva oportunidad.

TRES BATALLAS RELEVANTES

Otras situaciones de enorme resistencia popular en la regi贸n no derivaron en victorias electorales progresistas, pero s铆 en derrotas may煤sculas de los gobiernos neoliberales.

En Ecuador se registr贸 el primer triunfo de este tipo contra el presidente Lasso, que intent贸 retomar las privatizaciones y la desregulaci贸n laboral, junto a un plan de aumentos de las tarifas y alimentos dictado por el FMI. Ese atropello precipit贸 la confrontaci贸n con el movimiento indigenista y su nuevo liderazgo radical, que propicia un contundente programa de defensa de los ingresos populares.

A mediados del 2022, ese choque recre贸 la batalla librada en octubre del 2019, contra la agresi贸n lanzada por Lenin Moreno para encarecer el precio de los combustibles. El conflicto se zanj贸 con los mismos resultados que la pugna anterior y con una nueva victoria del movimiento popular. La gigantesca movilizaci贸n de la CONAIE ingres贸 en Quito en un clima de gran solidaridad, que neutraliz贸 la lluvia de gases lacrim贸genos gatillada por los gendarmes.

En 18 d铆as de paro el experimentado movimiento indigenista derrot贸 la provocaci贸n del gobierno imponiendo la liberaci贸n del l铆der Le贸nidas Iza (Acosta, 2022). La CONAIE conquist贸 tambi茅n la derogaci贸n del estado de excepci贸n y la aceptaci贸n de sus principales demandas (congelamiento de los combustibles, bonos de emergencia, subsidios a los peque帽os productores) (L贸pez, 2022).

El gobierno se qued贸 sin cartuchos cuando perdi贸 credibilidad su insultante discurso contra los indios. Debi贸 ceder ante un movimiento, que volvi贸 a demostrar gran capacidad para paralizar el pa铆s y neutralizar los ataques contra las conquistas sociales.

Otra victoria de la misma relevancia se logr贸 en Panam谩 a mitad del a帽o, cuando los gremios docentes convergieron con los transportistas y los productores agropecuarios, en el rechazo al incremento oficial de la gasolina, los alimentos y los medicamentos. La unidad forjada para desenvolver esa resistencia sum贸 a la comunidad ind铆gena a un movimiento de protesta, que durante tres semanas paraliz贸 al pa铆s. Las marchas de protesta fueron las m谩s importantes de las 煤ltimas d茅cadas.

Esa reacci贸n social dobleg贸 a un gobierno neoliberal que debi贸 retroceder en sus planes de ajuste. El presidente Carrizo no pudo satisfacer a las c谩maras empresariales que exig铆an mayor dureza contra los manifestantes.

Esa victoria fue particularmente significativa en un istmo que tuvo un gran crecimiento en los ultima dos d茅cadas, aprovechando los lucros que genera la administraci贸n del Canal para los grupos dominantes. La desigualdad es apabullante, en un pa铆s d贸nde el 10% de las familias m谩s ricas cuenta con ingresos 37,3 veces m谩s altos que el 10% de los m谩s empobrecidos (D鈥橪eon, 2022).

La invasi贸n estadounidense instal贸 en 1989 un esquema neoliberal, que complementa esa asimetr铆a con escandalosos niveles de corrupci贸n. Tan s贸lo la evasi贸n fiscal equivale a la totalidad de la deuda p煤blica (Beluche, 2022). La victoria en las calles propin贸 una severa derrota al modelo que las elites de Centroam茅rica presentan como el rumbo a seguir por todos los peque帽os pa铆ses.

El tercer caso de una extraordinaria resistencia popular sin derivaciones electorales se verifica en Hait铆. Las gigantescas movilizaciones volvieron a ocupar el centro de la escena durante el 2022. Confrontaron con las pol铆ticas de saqueo econ贸mico que implementa un r茅gimen manejado desde las oficinas del FMI. Ese organismo propici贸 el encarecimiento del combustible que desat贸 las protestas, en un pa铆s todav铆a desgarrado por el terremoto, el 茅xodo rural y el hacinamiento urbano (Rivara, 2022).

Las marchas callejeras se desenvuelven en un vac铆o pol铆tico absoluto. Hace seis a帽os que no hay elecciones, en una administraci贸n que prescinde del poder judicial y legislativo. El presidente de turno sobrevive por el simple sost茅n que aportan las embajadas de Estados Unidos, Canad谩 y Francia.

El desgobierno actual se prolonga por la indecisi贸n que impera en Washington a la hora de consumar una nueva ocupaci贸n. Estas intervenciones con el disfraz de la ONU, la OEA y la MINUSTAH se han recreado una y otra vez en los 煤ltimos 18 a帽os con resultados funestos. Los servidores locales de esas invasiones reclaman el reingreso de las tropas for谩neas, pero salta a la vista inutilidad de esas misiones.

Esa modalidad de control imperial ha sido en los hechos sustituida por la generalizada difusi贸n de bandas paramilitares que aterrorizan a la poblaci贸n. Act煤an en estrecha complicidad con las mafias empresariales (o gubernamentales) que rivalizan por los botines en disputa, utilizando las 500.000 armas ilegales provistas por sus c贸mplices de la Florida (Isa Conde, 2022). El magnicidio del presidente Mo茂se fue apenas una muestra del descalabro que generan las pandillas manejadas por distintos grupos de poder.

Estas organizaciones han tratado de infiltrar tambi茅n a los movimientos de protesta para desarticular la resistencia popular. Siembran el terror, pero no han logrado confinar a la poblaci贸n a sus casas. Tampoco pudieron recrear expectativas en otra intervenci贸n militar extranjera (Boisrolin, 2022). La rebeli贸n contin煤a, mientras la oposici贸n busca caminos para forjar una alternativa superadora de la tragedia actual.

ABORDAJES CENTRADOS EN LA RESISTENCIA

Protestas en Per煤 contra el golpe parlamentario de Dina Boluarte. / Imagen: Lucas Aguayo Araos / Anadolu Agency / Gettyimages.ru

La secuencia de resistencias en el 煤ltimo trienio, confirma la persistencia en Am茅rica Latina de un prolongado contexto de luchas, sujeto al patr贸n habitual de ascensos y reflujos. Los 茅xitos y los retrocesos son limitados. No hay triunfos de envergadura hist贸rica, pero tampoco derrotas como las padecidas durante las dictaduras de los a帽os 70.

Esta etapa puede ser caracterizada con distintas denominaciones. Algunos analistas observan un largo ciclo de impugnaci贸n del neoliberalismo (Ouvi帽a, 2021) y otros destacan la preeminencia de acciones de resistencia popular determinantes de los ciclos progresistas (Garc铆a Linera, 2021).

Esos abordajes jerarquizan acertadamente el papel de la lucha y la consiguiente gravitaci贸n de los sujetos populares. Aportan miradas que superan la frecuente desconsideraci贸n de los procesos que se desenvuelven por abajo. En este segundo tipo de miradas predomina un gran desconocimiento de la lucha social y una sesgada indagaci贸n de los cursos geopol铆ticos por arriba. Estudian especialmente c贸mo se dirimen los conflictos en el campo exclusivo de las potencias, los gobiernos o las clases dominantes.

Esta 煤ltima 贸ptica suele prevalecer en las caracterizaciones de los ciclos progresistas, como procesos meramente contrapuestos al neoliberalismo. Se resalta su incidencia pol铆tica democratizadora, sus rumbos econ贸micos heterodoxos o su autonom铆a de la dominaci贸n estadounidense.

Pero con ese enfoque se eval煤an los distintos posicionamientos de los grupos dominantes, sin registrar las conexiones de esas estrategias con pol铆ticas de control o sometimiento de las mayor铆as populares. Omiten este dato clave, porque no valoran la centralidad de la lucha popular en la determinaci贸n del actual contexto latinoamericano.

Esta distorsi贸n es muy visible en el sesgado uso de las categor铆as inspiradas en el pensamiento de Gramsci. Se toman esas nociones para evaluar c贸mo gestionan las clases capitalistas articulando consenso, dominaci贸n y hegemon铆a. Pero se olvida que esa cartograf铆a del poder, constitu铆a para el comunista italiano un elemento complementario de su evaluaci贸n de la resistencia popular. Esa rebeld铆a era el pilar de su estrategia de conquista del poder por parte de los oprimidos para construir el socialismo.

Una aplicaci贸n actualizada para Latinoam茅rica de este 煤ltimo enfoque exige priorizar el an谩lisis de las luchas populares. Las modalidades que utilizan los poderosos para ampliar, preservar o legitimar su dominaci贸n enriquecen, pero no sustituyen esa evaluaci贸n.

COMPARACIONES CON OTRAS REGIONES

Al indagar la resistencia de los oprimidos se perciben las singularidades latinoamericanas de esas luchas. En los 煤ltimos a帽os, la acci贸n popular present贸 semejanzas y diferencias con otras regiones.

En el 2019 se observaba en varios puntos del planeta una fuerte tendencia al despunte de una nueva oleada de protestas, liderada por los j贸venes indignados de Francia, Argelia, Egipto, Ecuador, Chile o el L铆bano.

La pandemia interrumpi贸 abruptamente esa irrupci贸n, generando un bienio de miedo y enclaustramiento. Ese reflujo fue a su vez acentuado por la gravitaci贸n del negacionismo derechista que impugn贸 la protecci贸n sanitaria. En este marco sali贸 a flote la dificultad para articular un movimiento global en defensa de la salud p煤blica, centrado en la eliminaci贸n de las patentes a las vacunas.

Concluido ese dram谩tico per铆odo de encierro, las protestas tienden a reaparecer suscitando las prevenciones del establishment, que advierte la proximidad de rebeliones pos pandemia (Rosso, 2021). Temen especialmente la indignaci贸n que genera la carest铆a del combustible y los alimentos (The Economist, 2022). Esa din谩mica de resistencia ya incluye un significativo resurgimiento de las huelgas en Europa y de la sindicalizaci贸n en Estados Unidos, Pero el protagonismo de Am茅rica Latina contin煤a como un dato descollante.

En todas partes los sujetos de esa batalla re煤nen a una gran diversidad de actores, con significativa relevancia del joven trabajador precarizado. Este segmento sufre un grado de explotaci贸n superior a los asalariados formales. Padece la inseguridad de su trabajo, la falta de prestaciones sociales y las consecuencias de la flexibilizaci贸n laboral (Standing, 2017).

Por esas razones es particularmente activo en la lucha callejera. Ha sido privado de los 谩mbitos tradicionales de negociaci贸n y afronta una contraparte patronal muy difusa. En distintos pa铆ses es empujado a imponer sus demandas a trav茅s del Estado.

Los migrantes, las minor铆as 茅tnicas, los estudiantes endeudados son frecuentes actores de esas batallas en las econom铆as centrales y la masa de trabajadores informales ocupa una centralidad semejante en los pa铆ses perif茅ricos. Este 煤ltimo segmento no integra el tradicional proletariado fabril, pero forma parte (en t茅rminos ampliados) de la clase trabajadora y de la poblaci贸n que vive de su propia labor.

Los piqueteros de Argentina conforman una variedad de ese segmento, que forj贸 su identidad cortando las calles, ante la p茅rdida del trabajo en los lugares que centralizaban sus exigencias. De esa batalla brotaron los movimientos sociales y distintas variedades de la econom铆a popular. Un papel igualmente relevante, desenvuelven los sectores campesinos que forjaron el MAS de Bolivia y las comunidades ind铆genas que gestaron la CONAIE de Ecuador

Los v铆nculos de estos movimientos de lucha de Am茅rica Latina con sus pares de otras partes del mundo han perdido visibilidad por el deterioro de las instancias internacionales de coordinaci贸n. El 煤ltimo gran intento de esa conexi贸n fueron los Foros Sociales Mundiales, auspiciados en la d茅cada pasada por el movimiento alterglobalista. Las Cumbres de los Pueblos alternativas a los encuentros de gobiernos, banqueros y diplom谩ticos han perdido incidencia. La batalla contra la globalizaci贸n neoliberal ya no tiene esa centralidad y ha quedado sustituida por agendas populares m谩s nacionales (Kent Carrasco, 2019).

Ciertamente persisten dos movimientos globales de gran dinamismo: el feminismo y el ambientalismo. El primero ha logrado 茅xitos muy significativos y el segundo reaparece peri贸dicamente con inesperados picos de movilizaci贸n. Pero el 谩mbito com煤n de campa帽as globales que aportaban los Foros Sociales no ha encontrado un reemplazo equivalente.

La gran vitalidad de los movimientos de lucha en Am茅rica Latina obedece a m煤ltiples razones. Pero ha sido muy gravitante su perfil pol铆tico progresista, alejado del chauvinismo y del fundamentalismo religioso. En la regi贸n se ha logrado contener las tendencias reaccionarias que auspicia el imperialismo, para generar enfrentamientos entre pueblos o guerras entre naciones oprimidas.

El Pent谩gono no ha encontrado la forma de inducir en Am茅rica Latina los sangrientos conflictos que logr贸 desencadenar en 脕frica y en Oriente. Tampoco pudo instalar un ap茅ndice como Israel para eternizar esas matanzas o convalidar el terror perdurable de los yihadistas.

Washington ha sido el invariable promotor de esas monstruosidades para intentar sostener su jefatura imperial. Pero ninguna de esas aberraciones prosper贸 hasta ahora en el Patio Trasero por la centralidad que mantienen las organizaciones de lucha popular.

Por esta raz贸n Am茅rica Latina persiste como una referencia para otras experiencias internacionales. Muchas organizaciones de la izquierda europea buscan, por ejemplo, replicar la estrategia de unidad o los proyectos redistributivos elaborados en la regi贸n (Febbro, 2022). Pero todos los pueblos del continente afrontan actualmente un peligroso enemigo ultraderechista, que analizaremos en el pr贸ximo texto.

12-1-2023

RESUMEN

Los levantamientos populares contuvieron la restauraci贸n conservadora, recrearon escenarios progresistas y afrontan la redoblada contraofensiva de la derecha. Tuvieron efectos electorales inmediatos y provocaron la precipitada salida de los presidentes derechistas en Bolivia, Chile, Per煤, Honduras y Colombia.

En M茅xico, Argentina y Brasil el descontento social no suscit贸 protestas equivalentes, pero dio lugar a victorias del mismo tipo en las urnas. En Ecuador y Panam谩 se consiguieron importantes triunfos en la calle contra los atropellos neoliberales y en Hait铆 persiste una sostenida resistencia al caos impuesto por las elites y sus socios imperiales.

El an谩lisis de esta lucha es frecuentemente desatendido por los estudios exclusivamente focalizados en la forma de dominio de los opresores. La evaluaci贸n de esa resistencia esclarece semejanzas y diferencias con otras regiones.

REFERENCIAS


[1] Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su p谩gina web es: www.lahaine.org/katz





Fuente: Anred.org