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La ocupaci贸n colonial de Palestina por Israel: la soluci贸n final sin fin


June 22, 2021
De parte de Nodo50
178 puntos de vista
22 junio, 202121 junio, 2021

Una mujer palestina toma una fotograf铆a a una amiga frente a una pintada en el muro con Israel que representa a Iyad al-Halaq, un palestino autista y desarmado que fue asesinado a tiros por la polic铆a israel铆, en Bel茅n, en la Cisjordania ocupada. REUTERS / Mussa Qawasma
Una mujer palestina toma una fotograf铆a a una amiga frente a una pintada en el muro con Israel que representa a Iyad al-Halaq, un palestino autista y desarmado que fue asesinado a tiros por la polic铆a israel铆, en Bel茅n, en la Cisjordania ocupada. REUTERS / Mussa Qawasma

Traducci贸n de Antoni Aguil贸 y Jos茅 Luis Exeni Rodr铆guez

Un alto el fuego m谩s, despu茅s de tantos otros, en la ocupaci贸n colonial de Palestina por Israel; otra estad铆stica de muertes para los archivos del olvido; otra oportunidad para pacificar la conciencia de la comunidad internacional, especialmente estadounidense y europea; otro per铆odo de banalizaci贸n de la humillaci贸n diaria de quienes, por motivos laborales, cruzan los puestos de control israel铆es; otro proceso de intensificaci贸n de las provocaciones hasta los pr贸ximos bombardeos; otro momento de limpieza 茅tnica por parte de una potencia colonial y violenta.

La historia es conocida. Las atrocidades cometidas contra los jud铆os por el r茅gimen nazi alem谩n durante la Segunda Guerra Mundial colocaron a Occidente ante el deber moral de atender la reivindicaci贸n sionista de la creaci贸n de un Estado jud铆o. Fue en este contexto que, poco despu茅s de la constituci贸n de las Naciones Unidas, el Comit茅 Especial de las Naciones Unidas para Palestina, liderado por Estados Unidos y la entonces URSS, present贸 un Plan de Partici贸n del territorio. Este plan, que preve铆a la divisi贸n de Palestina en un Estado jud铆o (55% del territorio) y un Estado palestino (45% del territorio), tiene su origen en el proyecto colonial moderno, y se asemej贸 a varios otros proyectos de partici贸n cuyos conflictos a煤n siguen sin resolverse en la actualidad (por ejemplo, de las dos Coreas o de la India y Pakist谩n). En un contexto en el que la ONU a煤n contaba con una d茅bil participaci贸n de las naciones del Sur, se aprob贸 el Plan, aunque los Estados 谩rabes no reconocieron al nuevo Estado de Israel. De la consiguiente guerra entre Israel y los Estados 谩rabes y las fuerzas palestinas (1948-1949), sali贸 vencedor Israel, que ocup贸 varias regiones, expandiendo el territorio cerca de 20 mil km虏 (75% de la superficie de Palestina). El territorio restante fue ocupado por Jordania, que se anex贸 Cisjordania, y por Egipto, que ocup贸 la Franja de Gaza. Estos episodios violentos, en el origen del Estado de Israel, provocaron el desplazamiento forzado de casi un mill贸n de palestinos, quienes abandonaron las 谩reas incorporadas por Israel[1]. Este enorme contingente de refugiados, dispersos en campamentos de pa铆ses del Oriente Pr贸ximo y del resto del mundo, est谩 en el origen de la “cuesti贸n palestina”. Como subray贸 Tariq Ali, lo que hasta entonces hab铆a sido una cultura com煤n para musulmanes 谩rabes, cristianos y jud铆os, sufri贸 una profunda brecha, que los palestinos bautizar铆an como la Nakba, la cat谩strofe[2].

Nada de lo que se escriba en defensa del pueblo palestino podr谩 ayudarlo a aliviar los tormentos que ha sufrido desde la creaci贸n de Israel, un sufrimiento a煤n m谩s injusto por ser impuesto para expiar los cr铆menes de los europeos. Tampoco puede ayudar gran parte del pueblo jud铆o a desvincularse del proyecto colonial sionista que est谩 llevando a cabo Israel en Palestina, tal es la intoxicaci贸n ideol贸gica a la que est谩 hoy sometido. Cuando se trata de Palestina, escribir no es m谩s que un acto de contenci贸n de la rabia, un grito escrito de desesperaci贸n e impotencia. En esto radica parad贸jicamente el papel crucial de esta tragedia: muestra con inquietante transparencia la falsedad hist贸rica, filos贸fica y sociol贸gica de los “hechos” que m谩s decisivamente sostienen las pol铆ticas dominantes de nuestros d铆as. Siempre que la mentira y la mala fe se convierten en pol铆tica de Estado, la buena fe y la verdad las combaten sin armas. Son piedras contra bombas. Nos enfrentamos a una destrucci贸n masiva de sentido. Albert Camus sol铆a decir que “las ideas falsas terminan en sangre, pero en todos los casos se trata de la sangre de otros”[3]. Palestina es el gran descodificador de la hip贸crita falsedad de los mecanismos dominantes para hacer prevalecer los “valores occidentales”, que incesantemente conducen a su propia violaci贸n. Los mismos mecanismos ya est谩n siendo “remasterizados” para el pr贸ximo uso catastr贸fico: la guerra con China.

Falsificaci贸n hist贸rico-teol贸gica. Jerusal茅n no es ni puede ser la capital de Israel. Jerusal茅n es, desde hace muchos siglos, una ciudad sagrada y, como tal, pertenece a todos los que profesan las religiones que all铆 conviven. Los Estados tienen capital; los pueblos, no. Israel reivindica ser un Estado jud铆o. Como Estado, no tiene derecho a Jerusal茅n, a menos que se reduzca a cenizas el derecho internacional; como pueblo, es un absurdo teol贸gico tener capital. Como dice el rabino Yaakov Shapiro: los pueblos no tienen capital, el pueblo jud铆o no tiene capital.

Falsificaci贸n pol铆tica 1. Se ha invocado la defensa de la democracia para justificar la posici贸n occidental. Como se帽al贸 el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, al firmar el programa de ayuda a Israel hasta 2028, Estados Unidos e Israel son dos “democracias vibrantes” que comparten los mismos valores y deben ser defendidas por igual de sus enemigos. Es una invocaci贸n doblemente falsa. Israel es tan democr谩tico como lo era Sud谩frica en la 茅poca del apartheid. Los palestinos que viven en el Estado de Israel (alrededor del 21% de la poblaci贸n) son los descendientes de los aproximadamente 150.000 palestinos que se quedaron en lo que hoy es Israel, una peque帽a minor铆a en comparaci贸n con los que fueron expulsados 鈥嬧媎e su tierra y ahora viven en los territorios ocupados. Son ciudadanos de segunda clase con fuertes limitaciones legales y pol铆ticas, sobre todo desde que en 2009 Benjamin Netanyahu llegara al poder y comenzara su pol铆tica de sobreponer el car谩cter judaico de Israel al car谩cter democr谩tico. Ante la constante erosi贸n de los derechos a los que est谩n sujetos, unos luchan por la igualdad de derechos, otros abandonan la pol铆tica.[4] Actualmente viven divididos por el dilema de “mi Estado est谩 en guerra con mi naci贸n”. La otra falsedad se refiere al gobierno de los territorios ocupados. En Palestina, como en el resto del mundo, la democracia solo es reconocida cuando favorece los intereses occidentales. Como en Palestina los intereses occidentales son los intereses de Israel, no se reconoci贸 la victoria libre y justa de Ham谩s en las elecciones legislativas de 2006 (74 diputados frente a los 45 de Al Fatah, en un Parlamento de 132 diputados). Lo ocurrido en los 煤ltimos diecis茅is a帽os no se puede entender sin tener en cuenta esta decisi贸n arbitraria de los pa铆ses occidentales bajo la presi贸n de Israel y su aliado, Estados Unidos.

Falsificaci贸n pol铆tica 2. Vengo defendiendo que el colonialismo no desapareci贸 con la independencia pol铆tica de las colonias europeas. Solo ha desaparecido una forma de colonialismo, el colonialismo de ocupaci贸n extranjera e incluso esta ni siquiera del todo. Basta mencionar el colonialismo al que est谩 sujeto el pueblo saharaui. Actualmente existe bajo otras formas, de las cuales las dos m谩s obvias son el racismo estructural y el r茅gimen de apartheid impuesto por Israel en los territorios ocupados. Reconocer la existencia del apartheid es reconocer la existencia del colonialismo. La m谩s pronorteamericana de las organizaciones de derechos humanos, Human Rights Watch, public贸 en abril de 2021 un informe que caracteriza a Israel como un Estado de apartheid. Cabe recordar que en 1973 la Asamblea General de la ONU aprob贸 la Convenci贸n Internacional para la Represi贸n y el Castigo del Crimen de Apartheid (Resoluci贸n 3068), que entr贸 en vigor en 1976. En los territorios ocupados (Jerusal茅n Este, Cisjordania Palestina y la Franja de Gaza), el autogobierno de los palestinos est谩 totalmente subordinado a la potencia ocupante. La opresi贸n es sistem谩tica y la discriminaci贸n es institucional: expropiaci贸n de tierras, cambio forzoso de residencia, control de movimientos, gesti贸n del agua y la electricidad, negaci贸n de servicios esenciales (煤ltimamente las vacunas contra el COVID-19). Una ocupaci贸n violenta que convirti贸 la Franja de Gaza en la prisi贸n al aire libre m谩s grande del mundo. En fin, colonialismo puro y duro. Si la ONU reconoce el apartheid como un crimen contra la humanidad, 驴por qu茅 no se juzga a Israel por tal crimen? Porque los valores occidentales se utilizan solo cuando conviene a quienes tienen poder para beneficiarse de ellos.

Pero el colonialismo al que est谩 sometido el pueblo palestino tiene muchas otras caras que lo identifican con el colonialismo hist贸rico. Una de ellas es la eliminaci贸n de la identidad palestina y de la memoria de la anexi贸n del 78% del territorio de Palestina por parte de Israel en 1948, la Nakba. La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Pr贸ximo (UNRWA por su sigla en ingl茅s) que, como su nombre indica, tiene como objetivo cuidar a los refugiados palestinos expulsados 鈥嬧媣iolentamente de sus hogares en 1948 y 1967, as铆 como a sus descendientes, ha sido duramente criticada por organizaciones sionistas conservadoras por estar contribuyendo a que los palestinos “no pierdan su identidad y sean asimilados por la sociedad que los rodea”. 驴Cu谩l es la diferencia entre esto y las pol铆ticas de los colonizadores en las Am茅ricas y en 脕frica para eliminar la identidad y la memoria de los pueblos originarios?[5]

La falsificaci贸n de las equivalencias. Al contrario de lo que dice Israel, no se trata de responder con violencia a la violencia. No defiendo el lanzamiento de misiles contra Israel ni las muertes que causa, pero la desproporci贸n entre los ataques de Ham谩s y la respuesta israel铆 es tan impactante que no es aceptable como justificaci贸n para la matanza indiscriminada de miles de personas inocentes. Israel tiene el cuarto ej茅rcito m谩s poderoso del mundo. Entre los recurrentes estallidos de violencia, basta recordar que en 2014 los ataques de Israel duraron 51 d铆as y mataron a m谩s de 2.200 palestinos, incluidos 551 ni帽os. Esta vez, en 11 d铆as (el 20 de mayo se impuso un alto el fuego), del lado palestino hubo 232 muertos, de los cuales 65 eran ni帽os, y 12 muertos del lado israel铆 (incluidos dos ni帽os), adem谩s de la brutal destrucci贸n de infraestructuras en la Franja de Gaza, incluyendo escuelas. Estamos ante un terrorismo de Estado que utiliza las armas m谩s sofisticadas proporcionadas por Estados Unidos para mantener a un pueblo en un estado de terror constante desde 1948.

La falsificaci贸n medi谩tica. Los medios de comunicaci贸n mundiales se avergonzar谩n alg煤n d铆a de los prejuicios con los que informan lo que est谩 sucediendo en Palestina. Dos ejemplos. La opini贸n p煤blica mundial se entera de que lo que desencaden贸 el ataque m谩s reciente de Israel contra la Franja de Gaza fueron los misiles lanzados por Hamas. Porque m谩s all谩 de eso no pas贸 nada. No ocurrieron antes para los medios la invasi贸n de la mezquita de Al Aqsa, en Jerusal茅n, y los disparos contra creyentes en oraci贸n, en medio del Ramad谩n (un mes sagrado para los musulmanes); ni tampoco ocurrieron los ataques, durante meses, de grupos de fan谩ticos en Jerusal茅n Este contra viviendas y casas comerciales. La culpa, por lo tanto, es de Hamas e Israel solo se est谩 defendiendo. Segundo ejemplo: durante los ataques israel铆es, los palestinos simplemente “mueren”, mientras que los israel铆es son “asesinados por Hamas” o “asesinados por ataques con misiles”.

El horror de una simetr铆a impensable. El gran historiador jud铆o Illan Papp茅 fue quiz谩s el primero en preguntarse, con angustia, c贸mo se pod铆a imaginar que, setenta a帽os despu茅s del Holocausto, los israel铆es usaran contra los palestinos las mismas t谩cticas de destrucci贸n, humillaci贸n y negaci贸n que los nazis hab铆an usado contra los jud铆os. En 2002, Jos茅 Saramago, de visita en Palestina, hizo comparaciones pol茅micas entre el sufrimiento de los palestinos bajo la opresi贸n israel铆 y el sufrimiento de los jud铆os bajo la opresi贸n nazi. En una entrevista con la BBC, aclar贸: “Evidentemente fue una comparaci贸n forzada a prop贸sito. Una protesta formulada en t茅rminos habituales puede que no provocase la reacci贸n que ha provocado. Por supuesto que no hay c谩maras de gas para exterminar a los palestinos, pero la situaci贸n en la que se encuentra el pueblo palestino es una situaci贸n de campo de concentraci贸n鈥 [y a帽adi贸 premonitoriamente] Esto no es un conflicto. Podr铆amos llamarlo un conflicto si fueran dos pa铆ses, con una frontera, y dos estados, cada uno con su propio ej茅rcito. Es algo completamente diferente: apartheid”. En 1933, la mayor铆a de los jud铆os alemanes no eran sionistas, es decir, no abogaban por la creaci贸n de un Estado para los jud铆os. De hecho, la organizaci贸n judaica m谩s grande se autodenomin贸 “organizaci贸n central de ciudadanos alemanes de fe jud铆a”.

Mucho antes de ordenar el Holocausto, Hitler, obsesionado con expulsar a los jud铆os de Alemania (y m谩s tarde de Europa), negoci贸 con la organizaci贸n sionista (la Federaci贸n Sionista de Alemania) un acuerdo (muy controvertido entre los jud铆os) para transferir jud铆os a Palestina (entonces bajo control brit谩nico), ofreci茅ndoles “mejores” condiciones (es decir, menos vergonzosas) que las imperantes para la emigraci贸n a otros pa铆ses. Bajo el Acuerdo Haavara de Transferencia (1933), el Estado les confisc贸 todos los bienes que pose铆an, pero transfiri贸 el 42,8% de ese capital a la Agencia Jud铆a en Palestina, el 38,9% de esa cantidad en forma de bienes industriales producidos en Alemania. Es evidente la humillaci贸n de obligar a los emigrantes forzados a utilizar los productos del Estado que los expuls贸. Se estima que entre 1933 y 1938 solo unos 40.000 alemanes y 80.000 polacos emigraron a Palestina. Habr铆an sido a煤n menos si los pa铆ses europeos hubieran estado m谩s dispuestos a aceptar inmigrantes jud铆os, incluso si m谩s tarde qued贸 claro que el objetivo final era “una Europa sin jud铆os”[6].

En nuestro tiempo, el Estado de Israel se cre贸 sobre la base de una operaci贸n masiva de limpieza 茅tnica: 750.000 palestinos fueron expulsados 鈥嬧媎e sus hogares y tierras, a los que se sumaron m谩s de 300.000 despu茅s de la guerra de 1967. Hoy crecen en Israel los grupos de extrema derecha que proclaman la expulsi贸n de todos los palestinos de los territorios ocupados hacia los pa铆ses 谩rabes vecinos. E incluso los “谩rabes israel铆es” est谩n legalmente prohibidos de residir en ciertas ciudades. En 2011, la Kn茅set promulg贸 una ley que permite a las ciudades del Negev y de Galilea, con una poblaci贸n de hasta 400.000 familias, crear comit茅s de admisi贸n que pueden negar la admisi贸n a personas que “no sean adecuadas para la vida social de la comunidad” o que sean incompatibles con “el perfil sociocultural”[7]. Durante d茅cadas, ciudades enteras fueron destruidas y se deja morir a los palestinos heridos debido a que el ej茅rcito israel铆 bloquea el paso de las ambulancias. Ante la sospecha de alg煤n acto individual de resistencia por parte de los palestinos, las autoridades ocupantes detienen a padres, familiares, vecinos, les cortan el agua y la luz. Nada de esto es nuevo y trae recuerdos horribles. Seg煤n el diario israel铆 Maariv, citado por el prestigioso periodista Robert Fisk, un destacado militar israel铆 aconsejaba a las tropas, en caso de entrada en campos de refugiados densamente poblados, seguir las lecciones de batallas pasadas, incluidas las del ej茅rcito alem谩n en el gueto de Varsovia[8].

Lo que sucede hoy en Sheikh Jarrah es un microcosmos de la repetici贸n de la historia. En 1956, 28 familias palestinas, expulsadas de su tierra en 1948, se establecieron en este barrio de Jerusal茅n Este con la esperanza de no ser expulsadas de nuevo de su hogar. En ese momento, este vecindario y toda Cisjordania estaban bajo administraci贸n jordana (1951-1967) y la instalaci贸n se negoci贸 con Jordania, la ONU y organizaciones de derechos humanos de Jerusal茅n. Hoy en d铆a, est谩n siendo desalojados de sus hogares por orden de la Corte Suprema de Israel y durante a帽os han visto sus casas apedreadas por fan谩ticos, algunos de los cuales se instalan en la parte principal de la casa y obligan a sus residentes a acomodarse en la parte trasera de la casa. Con la complicidad de la polic铆a, extremistas israel铆es deambulan por las calles del barrio de noche gritando “Muerte a los 谩rabes”. Las casas incluso llegan a ser marcadas para que no haya errores en los ataques. 驴Todo esto no hace recordar otras 茅pocas.

El rayo de esperanza. Es dif铆cil hablar de esperanza de una manera que no ofenda al pueblo palestino. La esperanza no puede residir en los acuerdos de alto del fuego porque el prop贸sito de estos es mantener estables las alianzas entre las potencias que son c贸mplices de la continuaci贸n del sufrimiento injusto del pueblo palestino, y preparar el siguiente alto el fuego que seguir谩 al pr贸ximo estallido de violencia. En este momento, la 煤nica esperanza proviene de la sociedad civil internacional. Se han venido fortaleciendo tres iniciativas muy diferentes, pero que convergen en provocar el creciente aislamiento de Israel de lo que podr铆a resultar del cumplimiento de las resoluciones de la ONU, si no es demasiado tarde. La primera iniciativa son las manifestaciones p煤blicas, m谩s numerosas e incisivas que nunca, de intelectuales, periodistas, reconocidos artistas jud铆os contra las pol铆ticas de Israel. Las fuentes de este texto son prueba de ello. La segunda iniciativa son las manifestaciones p煤blicas, en varias partes del mundo, que demandan cada vez m谩s el derecho a la autodeterminaci贸n del pueblo palestino. La tercera iniciativa est谩 inspirada en la lucha internacional contra el apartheid en Sud谩frica. El desequilibrio de fuerza violenta entre la poblaci贸n negra de gran mayor铆a y la minor铆a blanca era menor que el desequilibrio entre las fuerzas de guerra israel铆es y la resistencia palestina. Una de las iniciativas que m谩s contribuy贸 al fin del apartheid fue el movimiento internacional para aislar a Sud谩frica: boicot a empresas sudafricanas, as铆 como a algunas empresas internacionales especialmente involucradas en el apartheid; boicot acad茅mico, tur铆stico y deportivo a nacionales sudafricanos. Inspirado por este movimiento, existe desde 2005 el movimiento internacional de boicot, desinversi贸n y sanciones contra Israel (BDS), que se ha ido expandiendo en los 煤ltimos a帽os. Es una iniciativa activa de no violencia que no est谩 exenta de problemas, ya que puede implicar costos para los medios de vida leg铆timos de personas inocentes. Pero, curiosamente, es un movimiento que puede contar con el apoyo de quienes, viviendo en estos pa铆ses, se oponen a las pol铆ticas de apartheid actualmente vigentes. Recuerdo que cuando particip茅 en el embargo acad茅mico a Sud谩frica durante la era del apartheid, los colegas sudafricanos blancos no solo entendieron, sino que apoyaron las acciones, ya que fortalec铆an su lucha en el 谩mbito interno.

Hoy, el contexto y la situaci贸n son diferentes. Ante el injusto martirio del pueblo palestino que est谩 siendo castigado por un crimen cometido por los europeos, y ante la hip贸crita indiferencia de la comunidad internacional, 驴hasta cu谩ndo vamos a seguir pensando que el problema palestino no es nuestro problema? Toda mi vida he luchado contra el antisemitismo y es en nombre de esta coherencia que denuncio la limpieza 茅tnica que est谩 llevando a cabo Israel en contra el pueblo palestino.

NOTAS

[1] De hecho, la limpieza 茅tnica de Palestina comenz贸 a principios de diciembre de 1947 con una serie de ataques a aldeas palestinas por parte de las milicias sionistas. Antes de que los soldados 谩rabes llegaran a Palestina, 300.000 palestinos fueron expulsados 鈥嬧媎e sus tierras y hogares. Por ejemplo, Deir Yassin era una peque帽a aldea palestina situada al oeste de Jerusal茅n. La aldea hab铆a firmado un pacto de no agresi贸n con Hagan谩, una organizaci贸n paramilitar sionista que existi贸 entre 1920 y 1948. Sin embargo, la noche del 8 de abril de 1948, las fuerzas sionistas atacaron la aldea y mataron a m谩s de 100 palestinos inocentes (30 de ellos ni帽os). Las cuatro aldeas cercanas (Qalunya, Saris, Beit Surik y Biddu) fueron destruidas por la misma milicia y sus habitantes fueron expulsados 鈥嬧(Ilan Pappe, The Ethnic Cleansing of Palestine, Oxford: Oneworld Publications, 2006, p谩gs. 90-91). Al inicio de su libro, Pappe cita una declaraci贸n vergonzosa de Ben Gurion en junio 1938 en la Jewish Agency Executive: “Apoyo el traslado obligatorio de poblaciones; no veo nada inmoral en ello”. Diez a帽os despu茅s, Ben Gurion ser铆a el primer ministro de Israel.
[2] El choque de los fundamentalismos: cruzadas, yihads y modernidad. Madrid, Alianza, 2002.
[3] John Foley, Albert Camus: from the Absurd to Revolt. Londres, Routledge, 2008, p谩g. 49.
[4] As’ad Ghanem, “Israel’s Second-Class Citizens: Arabs in Israel and the Struggle for Equal Rights”, Foreign Affairs, julio/agosto, 2016, p谩gs. 37-42. Se puede consultar una lista de las leyes discriminatorias en Israel en: https://www.adalah.org/en/law/index.
[5] Peter Beinart, “Teshuvah: A Jewish Case for Palestinian Refugee Return”, Jewish Currents, 11 de mayo de 2021. Disponible en: https://jewishcurrents.org/teshuvah-a-jewish-case-for-palestinian-refugee-return/
[6] Samuel Miner, “Planning the Holocaust in the Middle East: Nazi Designs to Bomb Jewish Cities in Palestine”, Jewish Political Studies Review, Fall 2016, p. 7-33.
[7] Human Rights Watch, 2021, p. 59.
[8] W. Cook (org.) The Plight of the Palestinians. Palgrave Macmillan, New York, 2010, p. 164.

  • Buenas y malas condiciones para el di谩logo




  • Fuente: Blogs.publico.es
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