March 12, 2022
De parte de Indymedia Argentina
526 puntos de vista

LA OFENSIVA POST-IMPERIAL

ANTE LA DECADENCIA DE OCCIDENTE

Por Rafael Bautista S.

Cuando los bancos gringos inventaron la consigna del 鈥渢oo big to fall鈥, 鈥渄emasiado grande para caerse鈥, para justificar el mayor rescate bancario de la historia (con dinero p煤blico), a causa de la quiebra financiera que ellos mismos provocaron; estaban generando tambi茅n, sin que nadie se d茅 cuenta, el nuevo relato embaucador de la decadencia imperial.

El fetichismo del capital siempre fue expresado en ese sentido: hacernos creer que el sistema econ贸mico capitalista es la vida misma y que, si se cae el sistema, lo que se cae es el mundo. Eso es precisamente lo que afirma el milenarismo evang茅lico que el Imperio ha producido para justificar su sobrevivencia a toda costa. Roma misma acudi贸 a esa estrategia y se hizo tradici贸n imperial en Occidente, actualizada en la modernidad tard铆a y expresada en la doctrina neoliberal del 鈥渢here is no alternative鈥.

La globalizaci贸n ya se encarg贸 de socavar toda alternativa, por medio de las inventadas guerras globales contra el narcotr谩fico o el terrorismo y, 煤ltimamente, con las revoluciones de colores y la generaci贸n del famoso y perverso 鈥渃aos constructivo鈥, haciendo de la tan cacareada transici贸n hacia un nuevo orden, una transici贸n infinita que, en los hechos, mediante dopaje medi谩tico, genera un des-orden dist贸pico que va socavando las bases mismas de todo posible mundo, o de la idea que se ten铆a de mundo.

Un 鈥渕undo sin alternativas鈥 es el 煤nico mundo que ve su fin como el fin de todo. Es la culminaci贸n del fetichismo como realidad invertida, donde el sistema es la vida misma y la vida verdadera es reducida a una simple mediaci贸n u objeto a disposici贸n de los negocios. El mundo de la postverdad es consecuente con este fetichismo y puede desplazar a la realidad por un sustituto virtual que la cibern茅tica y la inteligencia artificial se encargan ya de dise帽ar.

Las decisiones mundiales pueden entonces supeditarse a la imagen hegem贸nica que canoniza las creencias y los valores del sistema y que, en momentos de crisis, puede activar los dispositivos naturalizados en la subjetividad social para la defensa idol谩trica del sistema; de modo que la guerra medi谩tica (como ofensiva de vanguardia de las 鈥済uerras de cuarta generaci贸n鈥) se traduce en una literal 鈥渃ruzada鈥 y, m谩s aun, cuando se trata de salvar al sistema como un sustitutivo 鈥渞eino de los cielos鈥.

En ese sentido, la geopol铆tica imperial es teolog铆a del espacio vital. Para el capitalismo, ese espacio vital es el mercado como ser supremo. Por eso, no se trata s贸lo del gas como la base energ茅tica en disputa o la extensi贸n de la OTAN como el factor disuasivo contra una potencia emergente. En una lectura des-colonial, la geopol铆tica no se describe a s铆 misma sino describe la naturaleza del imperialismo. Ante la inminencia de un inevitable esquema geopol铆tico global polic茅ntrico, que imposibilita la continuidad fatalista imperial de un mundo unipolar, USA y Europa, advierten su colapso civilizatorio y el fin de su centralidad, es decir, su auto-pretendida superioridad.

Que pr谩cticamente todo Occidente se haya declarado en guerra contra la Federaci贸n Rusa, y desatado sus armas financieras de destrucci贸n masiva, incluso en perjuicio propio (por conectividad global); muestra una 煤ltima ofensiva que apuesta al todo o nada, seg煤n la l贸gica del chantaje, que Washington lo expresa de este modo: si caigo, har茅 que todo el mundo caiga conmigo.

La l贸gica tendencial suicida del capitalismo es extensiva a toda la modernidad. La devoci贸n sacrificial que contiene la 茅tica capitalista, deviene en un mundo comprimido en los l铆mites del templo financiero que, para alimentar al d贸lar, convierte al planeta en un infierno. Pretender salir de eso tiene un precio diab贸lico: ejercer mayor soberan铆a genera el tributo de la capitulaci贸n absoluta, porque el mayor pecado siempre ha sido independizarse del d贸lar. En ese sentido, la religiosidad moderno-capitalista interpreta que toda resistencia a su orden divino, es un literal deicidio.

Una de las experiencias nacientes de la respuesta imperial idol谩trica-sacrificial, fue la inclemencia de todas las potencias modernas contra la primera naci贸n de hombres negros libres del Nuevo Mundo: la isla de Hait铆. Siendo la misma revoluci贸n francesa que declara los derechos del hombre y del ciudadano, y abanderada de la 鈥渓ibertad, igualdad y fraternidad鈥, la que desata una 鈥渃ruzada鈥 apocal铆ptica contra la insolencia de los esclavos: pretender libertad e igualdad para todos, sin excepciones.

El Espartaco negro era Toussaint l鈥橭verture y, contra 茅ste, seg煤n la tradici贸n de ignominias que inaugura Cicer贸n en sus 鈥淒iscursos contra Catilina鈥, se desata todo aquello que, hoy en d铆a, vemos como negaci贸n absoluta de la humanidad del enemigo del Imperio. De ese modo se activa la justificaci贸n de la aniquilaci贸n, porque el enemigo es el que amenaza el orden y pretende llevarnos al caos, es el que amenaza nuestra forma de vida, nuestro bienestar, la felicidad y nuestra democracia, la paz y el progreso (en el lenguaje liberal de John Locke, se trata de un 鈥渆nemigo de la humanidad鈥). Antes fue Marx, el fantasma del comunismo para Europa, en Stalin se sintetiz贸 la rusofobia del macartismo gringo, despu茅s fue Fidel, Ch谩vez y, ahora, Vladimir Putin.

El nuevo enemigo de Occidente, del autodenominado 鈥渕undo libre鈥, es el 鈥渘uevo zar鈥, supuesta cabeza del resurgido Imperio sovi茅tico, del comunismo diab贸lico, que tiene tantas ojivas nucleares como pelos tienen las bestias del Apocalipsis. De ese modo maniqueo se expresa el centro del mundo que, de 鈥渃ruzada鈥 en 鈥渃ruzada鈥, expande su dominaci贸n; si antes lo hac铆a en nombre del Dios del amor, ahora lo hace en nombre de la democracia y la libertad, arguyendo siempre que 茅stas se encuentran amenazadas.

En realidad, nunca es tan peligroso el poderoso sino cuando se hace la v铆ctima, y cuando describe al enemigo como un monstruo, en realidad se retrata a s铆 mismo. En plena decadencia, Occidente retorna a sus formas primordiales; el criminal 鈥抍omo dice Dostoievski鈥 regresa siempre al lugar del crimen, para recordar y reafirmar su naturaleza.

En ese sentido, la geopol铆tica configura el escenario donde el Imperio se expone de cuerpo entero: un Imperio no lucha por algo, lucha por todo. Por eso no concibe un orden polic茅ntrico, aunque se presente como des-orden tripolar, porque el orden unipolar es el 煤nico posible para la realizaci贸n de la dominaci贸n exponencial, o sea, infinita, que es lo que define al imperialismo.

La acumulaci贸n por despojo es lo 煤nico que queda despu茅s de haber atravesado los l铆mites f铆sicos del planeta. Por eso puede entenderse la crisis clim谩tica como una 鈥渞ebeli贸n de los l铆mites鈥. El crecimiento econ贸mico demuestra su insostenibilidad pero, el capitalismo, como econom铆a del crecimiento, mediante su narrativa m铆tica del progreso y el desarrollo, no puede admitir aquello. Su propio motor depredador es alimentado por estos mitos.

La sociedad moderna, como sociedad del progreso, no puede renunciar a aquello que la define. Por eso ahora s贸lo puede recurrir a las burbujas e inflamar todo (el problema ser谩 cuando todo eso estalle). China y Rusia pretend铆an un cambio regulado y paulatino, de ese modo sustituir al d贸lar sin mayores disturbios financieros, pero la l贸gica del capital no consiente un mundo compartido. Las narrativas m铆ticas de la modernidad parten de la desigualdad como su fundamentalismo ontol贸gico. No admite un mundo entre iguales. Por eso ahora desata la rusofobia, constatando su odio cong茅nito al otro, a todo aquello que no es Occidente.

Lo que pasa en Ucrania lo vivimos en Bolivia, en el golpe de 2019: la pol铆tica del odio. Si Europa cree que defender Ucrania es defender la libertad, no sabe que est谩 abriendo la caja de Pandora que ya produjo a la Alemania nazi. Valga decir que el nazismo no fue s贸lo un fen贸meno alem谩n sino extensivo a gran parte de Europa. Ideolog铆a fabricada para atizar prejuicios y fundamentalismos en busca del chivo expiatorio. Europa misma se ha constituido en esa tradici贸n; de las cruzadas a los guetos, de la Inquisici贸n al holocausto, el antisemitismo y la judeofobia son los antecedentes del racismo metaf铆sico moderno, en cuanto clasificaci贸n antropol贸gica como fundamento de las desigualdades humanas y base sustantiva de la divisi贸n internacional del trabajo.

Por eso no es casual que los medios europeos llamen a defender Ucrania porque son 鈥済ente rubia y de ojos azules鈥, o que la FIFA condene a Rusia y se proscriba a RT de Europa, s贸lo por ofrecer la contraparte (b谩sico en todo ejercicio de la informaci贸n). Si ya en la tercera comisi贸n de la Asamblea General de la ONU, de noviembre de 2021, mientras 121 pa铆ses votan a favor de prohibir la glorificaci贸n del nazismo, s贸lo dos pa铆ses votaron en contra: USA y Ucrania. La actual rusofobia y sinofobia, que los medios occidentales se encargan de diseminar, es coherente con una ideolog铆a que expresa muy bien al mundo moderno-occidental. Es el fundamentalismo racista que la modernidad ha naturalizado como sistema de creencias y valores que son activados ahora para aniquilar toda alternativa a la modernidad occidental.

Lo que estamos presenciando como decadencia civilizatoria, que se manifiesta, entre otras cosas, con el derrumbe moral que hace de la informaci贸n pura propaganda y que la exhiben descaradamente USA y Europa para, de ese modo, justificar otra guerra m谩s (que ser铆a la definitiva, para todos), es lo que hemos llamado la etapa post-imperial. No empez贸 usando a Ucrania para atizar el conflicto con Rusia; tampoco la plan-demia, con su Estado de sitio global no declarado, llamado cuarentena, fue su origen.

El auto-atentado de las torres gemelas de 2001, es el que repone, bajo el principio de 鈥渃ontinuidad del gobierno鈥, el 鈥渁parato securitario del Estado鈥, que consiste en la instalaci贸n de un gobierno fantasma que toma decisiones capitales a nombre del gobierno federal. Ese aparato es la mano invisible del Deep State que define qui茅n gobierna y c贸mo reinstala las necesidades del verdadero poder como pol铆tica estatal. Desde Harry Truman, el 鈥渁parato securitario del Estado鈥, lo constituyen el Consejo de jefes de Estado Mayor, la CIA y el Consejo de Seguridad Nacional. Estos disponen de poderes descomunales, s贸lo posibles en tiempos de guerra (una m谩s de las razones para que la guerra sea la pol铆tica continua).

El auto-atentado sirvi贸 para que el Deep State conculcara, por ejemplo, las libertades civiles y pol铆ticas en USA, impusiera la Carta Democr谩tica en la OEA, desatara la Yihad occidental contra el Medio Oriente ampliado, para imponer, en los hechos, una figura mucho m谩s siniestra que ha redefinido al propio Deep State. Pues si el 鈥渁parato securitario del Estado鈥, era financiado por los contratistas del Pent谩gono, ahora el Deep State del deep state lo constituyen los fondos de inversi贸n, donde sobresalen Vanguard y BlackRock. Para estos, el Imperio basado en el concepto de Estado-naci贸n (proveniente de los tratados de Westfalia de 1648) ya no es 煤til. El gobierno mundial, que ya no necesita de la idea de mundo ni de la humanidad que consideran sobrante (as铆 lo develaron con la plan-demia que crearon), ya no pretende la administraci贸n de un orden sino la diseminaci贸n del des-orden global.

Desde el 9-11, los straussianos Richard Perle y Paul Wolfowitz ponen al 鈥巃lmirante Arthur Cebrowski por debajo de Donald Rumsfeld en el Departamento 鈥巇e Defensa. Es quien concibe la estrategia de la 鈥済uerra 鈥巗in fin鈥. Y es precisamente eso lo que define a la etapa post-imperial, porque ya no se trata ni siquiera de reconstruir al Imperio en decadencia sino de la guerra como 鈥減rincipio y fin鈥.

Por ello el componente financiero del Deep State global es determinante y es lo que, en boca de inversores y agentes financieros globales ya se acaricia como el negocio de negocios: 鈥渘o nos importa si el mundo se viene abajo, lo 煤nico que interesa es cu谩nto dinero ganamos apostando al fin del mundo鈥. En eso acaba la racionalidad irracional del capitalismo y su forma de vida, la modernidad.

La etapa post-imperial s贸lo ve como c谩lculo eficiente, prolongar la guerra al infinito. El objetivo actual, que ya no concibe mantener nada estable, es destruir las 鈥巈structuras pol铆ticas del mundo entero, para 鈥巔rivar a todos los pa铆ses de la posibilidad de reconstruirse.

La etapa post-imperial redefine al poder mismo, pues ya no se trata de un poder 鈥渃onstructivo鈥 sino del poder de acabar con todo. La fuerza imperial ya no pretende sostener nada sino se hace suicida: 鈥渆n mi ca铆da, que caiga el mundo entero y no quede nada en pie鈥.

Por eso no les importa el fin de Ucrania, o de la misma Europa. Por eso tampoco les conviene una China o Rusia estables y con capacidad de establecer su propio sistema financiero, extensible al resto del mundo. Para el Imperio, en su decadencia civilizatoria y postrimer铆a post-imperial, se trata de que nadie sobreviva, mientras las finanzas, en los mercados globales, apuestan competitivamente contra la vida o lo que queda de vida ofertable.

Por eso la modernidad y el capitalismo no son ni siquiera antropoc茅ntricos y tampoco patriarcales; en el centro de su poder expansivo no hay nada humano, s贸lo fetiches. El capital y el mercado desplazan todo y constituye todo en mediaci贸n y en objeto a disposici贸n de sus necesidades exponenciales. La vida que no tienen por s铆 mismos, s贸lo pueden obtenerla despojando la vida ajena. Pero esto tiene l铆mites, pues la vida misma es finita. Por eso es sagrada. Pero un sistema de vida basado en el impulso de la codicia y la ambici贸n, representa la encarnaci贸n misma del mal y del pecado, como algo estructural.

El bien tiene y se pone l铆mites. El mal no tiene l铆mites. Por eso acaba siendo suicida. La guerra actual que impulsa tiene esa caracter铆stica. Para ello ha creado hasta la cultura que legitima la destrucci贸n como contemplaci贸n hedonista: el postmodernismo; de modo que la nueva subjetividad neoliberal globalizada, puede imaginar todos los peores escenarios posibles, pero ya es incapaz de imaginar siquiera un mundo mejor; de modo que, la propia humanidad, genera el tipo de frecuencia adecuada para alimentar e impulsar la destrucci贸n final. De ese modo se ha formateado una subjetividad social en correspondencia a la objetividad del capital y del mercado, como realidad 煤nica. Por eso la tercera guerra mundial ya no genera indignaci贸n sino curiosidad morbosa y hasta deseo est茅tico.

Y todo eso se cotiza en el casino financiero global como activos de legitimaci贸n social, porque todo ello se expresa en el consumo medi谩tico y cibern茅tico. Si a fines del siglo pasado se pod铆a ya imaginar un fin del mundo envuelto en la indiferencia de una subjetividad que hab铆a relativizado todo, hasta la propia vida; ahora podemos advertir que el fin puede llegar en medio de la euforia del deseo de aniquilaci贸n del enemigo que, en la l贸gica post-imperial, alcanza a todos: si todos quieren el poder, que nadie lo tenga.

En pocos d铆as, cuando empiezan las hostilidades y Biden anuncia la expulsi贸n de Rusia del sistema SWIFT, el 铆ndice MOEX del mercado ruso baja en un 45%. Ese desplome es aprovechado mediante la excepci贸n hecha a unos cuantos bancos, para que el fondo de inversiones Vanguard genere una ganancia in茅dita de 54% en un solo d铆a y apropiarse de una buena tajada del mercado ruso. Se trata de la guerra como el fest铆n de la especulaci贸n financiera: apropiarse de todo. Entonces, el despojo absoluto es lo 煤nico que queda, cuando la l贸gica financiera se apropia y privatiza el sistema econ贸mico mundial.

En sus postrimer铆as, el propio Imperio s贸lo puede concentrar su fuerza, como fuerza militar. Ese es el fin de su poder real. Despu茅s de eso, porque la sola fuerza militar no representa nada tangible en geopol铆tica global, m谩s aun cuando no gana nada, como sucedi贸 en Siria, lo que viene es la quiebra 茅tica y moral, adem谩s de pol铆tica y econ贸mica. Es entonces cuando se arrojan a los brazos del poder financiero, porque los costos de las guerras imperiales tienen que pagarse. La declinaci贸n del Imperio, en su etapa post-imperial, describe su apuesta por sobrevivir a toda costa, hipotecando todo porque quiere todo; y el casino financiero le permite aquello. Por eso la guerra se constituye en el mejor negocio, porque s贸lo as铆 se puede apostar todo.

Por ello, decir que se acaba el Imperio es decir poco, cuando, adem谩s, lo que puede acabarse es toda la vida. Por eso insistimos, la crisis civilizatoria s贸lo puede ser enteramente comprendida como crisis de racionalidad. Cuando la propia humanidad marcha entusiasta hacia el suicidio colectivo, entonces podemos decir que el mundo se acab贸 hace rato y lo que presenciamos es apenas un holograma de lo que fue.

La Paz, Chuquiago Marka, 11 de marzo de 2022
Rafael Bautista S.,

dirige 鈥渆l taller de la descolonizaci贸n鈥
rafaelcorso@yahoo.com




Fuente: Argentina.indymedia.org