December 4, 2020
De parte de Lobo Suelto
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Foto: Moro Anghileri

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Foto: Moro Anghileri

Sobre La ofensiva sensible, Diego Sztulwark (Caja Negra, 2019)

Seg煤n su maestro Ignacio Lewkowicz, Diego Sztulwark practica un 鈥渕odo piojoso鈥 de leer y escribir. 驴En qu茅 consiste? Es una manera de decir lo que uno quiere decir a trav茅s de las palabras y el pensamiento de otro. Un contrabando de las intuiciones m谩s propias bajo capa de citas acad茅micas o eruditas convenientemente deformadas. Es el 鈥渕茅todo鈥 con el que ha sido escrito La ofensiva sensible. El resultado es muy rico, porque regala al lector una gran cantidad de referencias potentes -la 鈥減lebe鈥 de Lefort/Maquiavelo, la 鈥渇orma de vida鈥 de Pierre Hadot, los 鈥渟aberes del cuerpo鈥 de Le贸n Rozitchner, etc.- y a la vez hace pasar sin estridencias un pensamiento original que las retuerce productivamente en el sentido deseado.

A煤n as铆, por alguna raz贸n que no desvela, Diego considera que este 鈥渕茅todo鈥 es 鈥渟eguramente insatisfactorio鈥 para dar cuenta 鈥渄e la exigencia que todo acontecimiento singular impone鈥. A la espera de una nueva tentativa creadora en el orden del pensamiento y la escritura, vamos a rese帽ar este libro de un modo 鈥減iojoso鈥 tambi茅n, pero al rev茅s. Si Diego hace pasar sus intuiciones a trav茅s de las ideas de otros, nosotros haremos pasar las ideas de Diego a trav茅s de algunas palabras e im谩genes propias. Un ejercicio de parafraseo. Pero el objetivo es siempre el mismo: mantener las ideas en movimiento, traducirlas y reapropi谩rnoslas sin fetichismo ni veneraci贸n, algo que hemos aprendido en muy buena medida del autor.

Batalla som谩tica
Agarramos un hilo posible de lectura piojosa entre otros: la cuesti贸n del cuerpo. El neoliberalismo seg煤n Diego Sztulwark no es una cuesti贸n solamente pol铆tica, econ贸mica o ideol贸gica, no tiene que ver exclusivamente con pol铆ticas de austeridad, planes de ajuste o fe en el libre mercado, sino tambi茅n, a la vez, al lado y a trav茅s de todo ello, con la producci贸n y reproducci贸n cotidiana de un tipo de cuerpo.

En el coraz贸n de la pelea por conservar o transformar el estado de cosas hay por tanto una dimensi贸n som谩tica fundamental, pero a la que se presta muy poca atenci贸n. Hay un l铆mite muy severo en las pol铆ticas que no tocan los cuerpos, en las pol铆ticas que le dicen a los cuerpos: 鈥渘o te muevas, no te preocupes, qu茅date quieto, yo me encargo de dar la pelea por ti鈥. 驴De qu茅 l铆mite se trata?

Podemos tener a la vez un gobierno anti-neoliberal o pos-neoliberal y una sociedad profundamente neoliberal, cuyos cuerpos y las relaciones que mantienen entre s铆 y con el mundo est谩n organizados por dispositivos que reproducen un modo de existencia basado en calcular y extraer beneficio de cada encuentro, de cada v铆nculo, de cada situaci贸n, de cada gesto.

El neoliberalismo -noci贸n que el autor considera 鈥渋nsatisfactoria鈥 y s贸lo 煤til provisionalmente- no s贸lo 鈥渄esciende鈥 del mando pol铆tico, sino que tambi茅n 鈥渁sciende鈥 desde la sociedad al poder a trav茅s de los modos de vida. La victoria electoral y el gobierno de Macri -y de otros gobiernos similares- puede entenderse de ese modo como un concentrado, un reflejo, un holograma del triunfo de los modos de vida neoliberales, del cuerpo neoliberal.

El cuerpo flexible
A partir de la lectura del libro propongo tres im谩genes para contribuir a dar visibilidad e importancia a esa dimensi贸n som谩tica de la transformaci贸n social: el cuerpo flexible, el cuerpo agrietado y el cuerpo vagabundo. Son cuerpos en disputa entre las fuerzas en presencia en la coyuntura actual. En medio estar铆an los agujeros.

El cuerpo flexible es el cuerpo neoliberal, el cuerpo que estamos presionados a darnos a nosotros mismos en tanto que empresarios de s铆, gestores de un capital humano que debemos valorizar constantemente, yoes-marca. Es un cuerpo ideal e idealizado de omnipotencia (鈥渟铆 se puede鈥), independencia (鈥測o puedo solo鈥) y disponibilidad total (鈥渟iempre puedo鈥). Seg煤n Diego Sztulwark, esa flexibilidad es en realidad pura docilidad a los dispositivos neoliberales de valorizaci贸n del mercado. Nada que ver con una plasticidad interesante, una porosidad deseable, una apertura al lado salvaje y desconocido de la vida.

Tres apuntes sobre ese cuerpo neoliberal. En primer lugar, se reproduce a trav茅s de todo tipo de dispositivos que funcionan m谩s all谩 o m谩s ac谩 de la esfera estatal: viajando en Uber, comunicando en Facebook, comprando en el s煤per, ligando en Tinder, etc. En segundo lugar, se consume m谩s que inventarse. El neoliberalismo propone 鈥渕odos de vida鈥 ya hechos, listos para 鈥渂ajarse鈥, si uno tiene para pagarlos, claro. Cada problema existencial tiene su soluci贸n, su receta, su app. Hay una diferencia fundamental entre 鈥渕odo de vida鈥 (que se consume) y 鈥渇orma de vida鈥 (que se crea). En tercer lugar, el neoliberalismo es un poder de homologaci贸n, de estandarizaci贸n, de abstracci贸n, nunca de singularizaci贸n. La 煤nica singularizaci贸n admitida es la 鈥渓ibre elecci贸n鈥 de tal o cual perfil en Facebook o en Tinder, de tal o cual producto en el supermercado. Es un error fatal entregarle la palabra 鈥渟ingularidad鈥 al neoliberalismo, que s贸lo conoce el esfuerzo por distinguirse de las mercanc铆as id茅nticas.

Por 煤ltimo, el cuerpo flexible neoliberal -que somos cada uno de nosotros- es tan fr谩gil como el cristal. A diferencia de muchos libros de pensamiento cr铆tico, Diego no se regodea en describirnos c贸mo el neoliberalismo nos tiene atrapados y m谩s atrapados a煤n cuanto m谩s creemos rechazarlo. No cae en la fascinaci贸n del 鈥渃rimen perfecto鈥 que impregna hoy en d铆a tantas denuncias sofisticadas. Este es un libro estrat茅gico, escrito desde el punto de vista de las resistencias. Porque la cr铆tica no pasa tanto por lo que se dice, como por desde donde se mira.

Los agujeros
Describir el neoliberalismo desde el punto de vista de las resistencias pasa por verlo enteramente agujereado. El tejido biopol铆tico neoliberal -que se presenta como total, pleno, acabado- est谩 en realidad agujereado por todas partes. Tenemos el cuerpo, como dicen los compa帽eros de C贸rdoba, hecho un colador.

Una crisis de sentido es un agujero.

Una cat谩strofe social o ambiental es un agujero.

Una revuelta es un agujero.

Tal vez la afirmaci贸n m谩s fuerte de este libro sea la siguiente: s贸lo es posible ver, pensar y transformar algo a partir de los agujeros. Los 鈥渟铆ntomas鈥, en el lenguaje del autor.

Un enunciado dif铆cil de acoger porque esos agujeros son nuestras heridas. S贸lo podemos ver, pensar o transformar algo a partir de heridas 铆ntimas y colectivas, pero eso supone mantenerlas abiertas y duele.

El cuerpo flexible neoliberal, que aspira a la omnipotencia, la independencia y la disponibilidad, es en el fondo fr谩gil como el cristal. Con seguridad m谩s fr谩gil que otros formas de subjetivaci贸n dominantes en el pasado. El yo neoliberal se presenta como un conquistador, pero est谩 siempre al borde de la depresi贸n, a punto de venirse abajo, a un par de crisis de convertirse en un payaso como el J贸ker.

驴Qu茅 vamos a hacer con nuestro cuerpo agujereado? Esta pregunta es una encrucijada crucial en el libro. 驴Vamos a darnos desde ah铆 un cuerpo nuevo o vamos a dejarnos ganar por el miedo, a tratar de recobrar la normalidad, a cerrar como podamos los agujeros?

La 茅poca, y cada uno de nosotros, recorre esa cuerda floja.

El cuerpo agrietado
Empecemos por la segunda opci贸n: el cuerpo agrietado(1). El cuerpo agrietado es un cuerpo agujereado pero que se ha quedado sin recursos -fuerzas propias, redes, alianzas- para darse un cuerpo nuevo, para efectuar transformaciones. Puede ser un cuerpo individual o colectivo, un sujeto o una sociedad, no hay diferencia.

Este cuerpo ya no es el cuerpo flexible neoliberal -triunfador, energ茅tico, optimista-, pero no inventa tampoco forma de vida. Est谩 paralizado, muerto de miedo.

Es un cuerpo (que se percibe) de cristal, a punto de estallar en mil pedazos al m谩s m铆nimo contacto. Huye como de la peste de cualquier encuentro que le ponga a prueba, de cualquier encuentro con algo que no entiende ni domina. S贸lo quiere repetir las escenas conocidas, donde sabe desenvolverse, donde sus grietas no se ven desde el exterior.

Se defiende de los agujeros al menos de tres maneras:

-recurriendo a todo tipo de pr贸tesis. La pr贸tesis es la manera de aparentar normalidad cuando ya no existe, cuando todo vacila o se derrumba. Es un dispositivo de orden en el desorden, de equilibrio en el desequilibrio, de control en el caos. Diego enumera: 鈥淭inelli, porno, timba, series, evangelismo, f煤tbol鈥. Podr铆amos a帽adir: terapias, pastillas, mindfulness鈥 En realidad cualquier cosa puede ser una pr贸tesis, tambi茅n la militancia pol铆tica, porque no la configura como tal su consistencia objetiva, sino agarrarnos a ella como un estabilizador, un reparador de sentido, una m谩scara sin juego.

-la retirada o la ausencia, todas las formas de 鈥渄esaparici贸n de s铆鈥 que describe el libro del mismo nombre de David Le Breton, es decir, todos los modos de desaparecer del mundo y desertar de los afectos, todas las formas de anestesia e insensibilizaci贸n. Es el J贸ker cuando despu茅s de sufrir varios tropiezos un d铆a cualquiera, llega por fin a casa, saca cuidadosamente todos los productos del congelador y se mete dentro.

-la victimizaci贸n, la b煤squeda de un culpable de lo que me pasa, la idea de que puedo cerrar el agujero de la crisis localizando y neutralizando a un enemigo, a un chivo expiatorio cuyo sacrificio nos devolver谩 a la normalidad: mujeres demasiado empoderadas, migrantes, j贸venes de las periferias, etc. Hay que pensar por ah铆 la capacidad in茅dita de la derecha actual para provocar da帽o con sus pol铆ticas de depredaci贸n y a la vez canalizar el malestar -incluso la protesta- contra ese da帽o.

El cuerpo agrietado gira hoy a derecha por todas partes, pero no se trata de interpelarlo desde la izquierda, de prometer desde la izquierda una protecci贸n real que la derecha s贸lo fingir铆a dar, como piensa el populismo de izquierda, sino de salir de 茅l, de salir de nuestra condici贸n victimizada y espectadora, siempre a la espera de algo o alguien que -sin tocar nuestro cuerpo, mediante la delegaci贸n y la representaci贸n- nos salve de los peligros que nos acechan.

El cuerpo vagabundo
La activista brasile帽a Alana Moraes llama la atenci贸n (2) sobre lo siguiente: Bolsonaro gan贸 las elecciones de 2018 con un campa帽a dirigida contra los vagabundos. Los vagabundos son en primer lugar los sin techo, sobre los que sectores de la polic铆a quieren tener derecho de disparar impunemente, pero no s贸lo. Vagabundos son tambi茅n los ind铆genas, los negros, las mujeres que se mueven de su lugar, los profesores que ense帽an 鈥渓o que no deben鈥濃 Es decir, cualquiera que no encaje o cuestione la norma de productividad total.

Es vagabundo todo lo que se cuela, todo lo que se escapa, todo lo que se escurre por los agujeros. Todas las formas de vida heterog茅neas en alg煤n punto a la norma de productividad total. Todos los otros modos de relacionarse consigo mismo (no como empresario de s铆), con los dem谩s (no como obst谩culos o competidores) y con el mundo (no como territorio de depredaci贸n). Lo vagabundo no evita los agujeros, sino que los atraviesa y pasa, seguramente no a otra dimensi贸n, pero s铆 a otro plano de percepci贸n.

El vagabundo deserta. El desertor fue la figura subversiva por excelencia de la sociedad disciplinaria: lo que se fugaba del molde principal de todas las disciplinas, el ej茅rcito. Lo que se escapaba de la 鈥渕ovilizaci贸n total鈥 de la sociedad por la guerra. Fueron desertores los jud铆os, los homosexuales, los gitanos鈥 Pero cuando el capital asume su forma neoliberal, la vida es de nuevo movilizada. Ahora por la guerra econ贸mica. Cada aspecto y cada momento de la existencia es susceptible de generar valor, ese es el capitalismo depredador contempor谩neo. Lo vagabundo que Bolsonaro quiere eliminar es lo que deserta de la productividad total, de la guerra y el fascismo posmoderno.

Podemos aprender mucho de esos cuerpos vagabundos si nos ponemos a la escucha: es una invitaci贸n apremiante de este libro. Aprender y contagiarnos de esas 鈥渟ubjetividades de la crisis鈥 o 鈥渟ubjetividades plebeyas鈥 que saben hacer sin garant铆as, hacer con poco, habitar la incertidumbre. El fascismo neoliberal -el fascismo como pr贸tesis del cuerpo agrietado- no quiere eliminar los cuerpos vagabundos porque s铆, porque sean d茅biles, como a veces se dice de las mujeres, de los migrantes o de los pobres. Todo lo contrario: los quiere eliminar porque son fuertes en su vulnerabilidad asumida, porque pelean e inventan formas de vida en medio de arenas movedizas.

Jack Kerouac, que vagabunde贸 mucho 茅l mismo, tiene p谩ginas hermosas sobre los vagabundos norteamericanos: sin idealizarlos, nunca los mira simplemente como figuras desgraciadas de la carencia y falta. Hay un 鈥渙rgullo鈥 del vagabundo, dice Kerouac, hay un deseo y una pulsi贸n por el vagabundeo. Es el orgullo de una forma de vida soberana, en el sentido de que no recibe su valor de otra parte, sino que crea valor desde s铆 misma y sobre la marcha, on the road.

Ese es el orgullo que los pone en el punto de vista de los fascismos que emergen hoy. Precisamente quien no se deja sacrificar, quien no quiere sacrificar su vida en el altar de la patria-empresa, se vuelve sacrificable por otros. Es el 鈥減ar谩sito鈥, el 鈥渆nemigo鈥, cuya eliminaci贸n traer谩 supuestamente de nuevo la prosperidad y la normalidad.

Vagabundo es una falla en la identificaci贸n completa entre vida y capital que pretende el neoliberalismo. Es cualquiera de nosotros cuando elabora una crisis de sentido en t茅rminos de una transformaci贸n de las formas de vida.

Resensibilizar el cuerpo agrietado
Una esperanza para nuestro cuerpo agrietado: los movimientos.

Es muy pobre entender los movimientos simplemente desde la sociolog铆a pol铆tica, como 鈥渕ovimientos sociales鈥 o incluso como 鈥渃ontrapoderes鈥. Si el coraz贸n de la disputa pol铆tica es nuestro cuerpo, 驴qu茅 efectos tienen sobre ellos los movimientos? Efectos de resensibilizaci贸n nos dice este libro, en la estela de Franco Berardi (Bifo) o de Rita Segato. 驴Qu茅 quiere decir esto?

Un movimiento es lo que nos permite sanar nuestro cuerpo agrietado sin recurrir a pr贸tesis estabilizadoras, sin anestesiarnos o borrarnos del mapa, sin entregarnos a la rabia reactiva que busca culpables de nuestro malestar. Sanar aqu铆 es justamente lo contrario de reparar, de negar y parchear los agujeros. Es ganar en plasticidad. Es saber hacer con el no saber. Es hacer de la crisis una palanca para la transformaci贸n 铆ntima y social.

All铆 donde hay miedo, resentimiento o rabia reactiva, un movimiento puede injertar en el cuerpo individual y colectivo un gusto, un deseo, una apertura y una disponibilidad al encuentro, al movimiento, al pensamiento, a la creaci贸n. All铆 donde el otro se nos presenta como aquello que amenaza nuestro cuerpo fr谩gil y agrietado, un movimiento puede traer empat铆a, solidaridad, confianza en que la 煤nica salvaci贸n posible pasa justamente por el contacto, por entrar en contacto.

Leo este libro desde Europa que ahora mismo me aparece como un gran cuerpo agrietado. Que rechaza por ejemplo a los migrantes que podr铆an ser -y de hecho son ya, a muchos niveles- un factor de rejuvenecimiento, de enriquecimiento y de revitalizaci贸n del cuerpo agrietado.

A izquierda y derecha, todos los discursos pol铆ticos interpelan al cuerpo-v铆ctima, al cuerpo sufriente, al cuerpo agrietado que pide protecci贸n y seguridad. Con diferentes significados, todos los discursos pol铆ticos ofrecen pr贸tesis y se帽alan a alg煤n chivo expiatorio culpable de nuestros agujeros (los migrantes, la 茅lite pol铆tica, los dos). La derecha es muy eficaz en este discurso, cierta izquierda babea de envidia y coquetea incluso con el racismo y la xenofobia para parecerse a ella.

Los movimientos abren otros caminos, por fuera de esas alternativas infernales. Afirman y despliegan potencias que no son s贸lo de protecci贸n vertical y de tutela, sino de bifurcaci贸n cultural, existencial. No simplemente contener con parches la crisis civilizatoria, sino hacer palanca en ella para girarla hacia una mutaci贸n civilizatoria. No s贸lo volver a la normalidad, sino crear nuevas formas de vida. No s贸lo tapar los agujeros sino mirar, pensar y crear a partir de ellos. Ensanchar las grietas.

En estos movimientos encontramos alianzas entre cuerpos agrietados -que se desagrietan por el camino, pasando de v铆ctimas a afectados- y cuerpos vagabundos a la b煤squeda de otras formas de vida. Es mi percepci贸n de los chalecos amarillos franceses por ejemplo. Pero no esperemos ninguna pureza o coherencia en estos movimientos, porque la materia con la que trabajan es el malestar y la energ铆a que elaboran sale de sus heridas, no de la ideolog铆a, la conciencia, un programa o un modelo alternativo de de sociedad. 驴Cuanta impureza podemos sostener?

Son movimientos vagabundos ellos mismos porque no saben ad贸nde van, ad贸nde vamos, a diferencia seguramente de otros tiempos cuando exist铆a, fuese contestado o no, una alternativa social como la ofrecida por la URSS. Politizaciones impuras en los que se trata principalmente de estar, implicado, en contacto, a la escucha, aprendiendo, transform谩ndose. Y a cuya lenta construcci贸n de otro vocabulario, de otras formas de acci贸n y de otras im谩genes de cambio quiere contribuir este peque帽o gran libro de Diego Sztulwark.

Intervenci贸n en la presentaci贸n de La ofensiva sensible en la librer铆a La casa del 谩rbol de Buenos Aires el jueves 5 de diciembre junto con Diego Genoud, Lila Feldman y Diego Sztulwark.

 

(1) Sobre esta figura del cuerpo agrietado, puede leerse algo m谩s en Introducci贸n a la guerra civil de Tiqqun.

(2) Por ejemplo aqu铆: http://www.ihu.unisinos.br/159-noticias/entrevistas/583308-a-polarizacao-politica-as-paixoes-da-sociedade-e-a-disputa-pelos-rumos-do-neoliberalismo-entrevista-especial-com-alana-moraes




Fuente: Lobosuelto.com