October 18, 2022
De parte de Kurdistan America Latina
1,907 puntos de vista

Hace ya una hora y media que dejamos Erbil, la capital de la regi贸n aut贸noma del Kurdist谩n de Irak, y nos dirigimos hacia el este. Hasta ahora, la carretera era todav铆a transitable, derriti茅ndose a trav茅s de un escarpado relieve; tocamos con nuestros dedos las estribaciones de los montes Zagros, que marcan la frontera natural entre las regiones kurdas de Irak y de Ir谩n.

A unos diez minutos a pie de la carretera principal, a trav茅s de colinas 谩ridas, miembros del Partido Democr谩tico del Kurdist谩n Iran铆 (PDKI), ametralladora al hombro, se mueven. Bajo un calor abrumador y en un entorno casi lunar, transportan sacos a mano. De repente, como salidas de la nada, las siluetas de una veintena de hombres y mujeres j贸venes aparecen en el horizonte. Se les entregan trajes de color acre; el uniforme de los peshmergas 鈥搇iteralmente 鈥渓os que afrontan la muerte鈥濃 del PDKI. La mayor铆a lleg贸 del vecino Ir谩n hace unos d铆as y, por seguridad, viven ocultos en peque帽os grupos en la zona.

Prohibida en suelo iran铆, esta organizaci贸n pol铆tica y militar, con varios centenares de miembros en el exilio, y que preconiza 鈥渓a democracia, la libertad, la justicia social y la igualdad de los sexos鈥, ha sobrevivido casi milagrosamente a la intensa represi贸n en su tierra, reconstituy茅ndose en el territorio vecino kurdo de Irak a partir de los a帽os 80.

鈥淟e dijeron a mi padre que me matar铆an鈥

Ehsan tiene 19 a帽os. Cuando Mahsa Amini 鈥揳 quien todos aqu铆 llaman por su nombre kurdo, Jhina鈥 muri贸, 茅l a煤n estaba en Ir谩n, en Piranshahr, su ciudad natal. Y si, como muchos j贸venes simpatizantes del PDKI, ya hab铆a pensado alguna vez en unirse a las tropas del partido en Irak, no imaginaba que su salida pudiera darse de manera tan r谩pida.

鈥淓l primer d铆a (de las protestas) sal铆 a la calle. Estaban llenas de gente, muchos eran chicos y chicas que se manifestaban por primera vez. Tambi茅n era mi caso鈥, recuerda.

Amir, estudiante de Psicolog铆a de 28 a帽os, tambi茅n reci茅n llegado, atestigua la magnitud del acontecimiento: 鈥淓ra muy fuerte, muy diferente de las 煤ltimas manifestaciones que el pa铆s ha conocido鈥.

R谩pidamente, el aparato represivo del r茅gimen iran铆 hizo estragos. 鈥淗e visto a los militares disparar directamente contra la multitud con la intenci贸n de matar. No sent铆an l谩stima por nadie, ni siquiera por los ni帽os que se hab铆an unido a las manifestaciones鈥, explica Ehsan.

Sentado a su lado, Brahem, de 20 a帽os, se manifest贸 en su aldea desde los primeros d铆as del levantamiento. El joven, que lleva un bigote limpio, parece agotado. 鈥淟os militares apuntaron a una ni帽a de unos diez a帽os. Vimos a sus hermanos llevarla al hospital, nadie sabe que ha sido de ella鈥, dice.

El segundo d铆a Ehsan volvi贸 a salir a la calle con un grupo de amigos. Explica que la represi贸n ha subido un nuevo escal贸n, y muestra varias cicatrices, en piernas, brazos y en la nuca. Heridas que se asemejan mucho a las de un arma de plomo. 鈥淔ue un diluvio de balas. Llor茅 de miedo, pens茅 que iba a morir鈥, confiesa, todav铆a marcado por este momento. Retoma su relato: 鈥淣o pod铆a ir al hospital, era demasiado arriesgado, el r茅gimen me habr铆a detenido. Fueron los manifestantes quienes me llevaron a una casa y me curaron鈥.

Uno de sus amigos fue detenido. 鈥淎l d铆a siguiente, los militares vinieron a amenazar a mi padre鈥, prosigue Ehsan. 鈥淟e dijeron que me matar铆an si no dejaba Ir谩n. El mensaje era muy claro鈥. Dos d铆as despu茅s, el joven cruz贸 clandestinamente la frontera iraqu铆.

Un r茅gimen que reprime a las minor铆as

Brahem se queda unos d铆as m谩s. Pero ante una situaci贸n que se ha convertido en 鈥渋nsoportable鈥, da el gran salto y llega al Kurdist谩n de Irak el 27 de septiembre.

Un viaje de alto riesgo a trav茅s de esta frontera muy militarizada. Porque todos los candidatos al exilio lo saben: cada a帽o, decenas de personas son abatidas por los pasdarans 鈥揺l Ej茅rcito ideol贸gico de Ir谩n鈥 cuando intentan cruzarla. Pese a la presi贸n y a alg煤n que otro susto llegar谩n, en diferentes momentos y a trav茅s de diferentes pasajes, a su destino.

Para Brahem est谩 claro: desde el comienzo del levantamiento iran铆, las minor铆as 茅tnicas y religiosas reciben un 鈥渢rato especial鈥. Y la historia parece darle la raz贸n. Desde el inicio de las protestas, hace un mes, es entre las poblaciones baluches, en el extremo este del pa铆s, y kurdas, en el oeste, donde el balance de p茅rdidas humanas es mayor.

鈥淐omo kurdos, nuestra vida est谩 llena de discriminaci贸n. Desde hace semanas, el r茅gimen reprime a todo el pa铆s sin distinci贸n, por supuesto. Pero la idea de que los militares disparan indiscriminadamente contra la multitud es falsa. No act煤an de la misma manera en Teher谩n que en Sanandaj (en el Kurdist谩n iran铆) y en Zahedan (capital de Sist谩n y Baluchist谩n). En realidad, el r茅gimen iran铆 nos trata como animales. En Ir谩n no tenemos derechos. Ni derecho a la dignidad鈥, abunda Amir.

Guerreras de temprana edad

Cerca de all铆, un grupo de seis mujeres, algunas de las cuales apenas alcanzan la mayor铆a de edad, se someten a un entrenamiento de armas con otros reclutas. Por azares de la vida, decidieron dejar su tierra natal unos d铆as antes de la muerte de Mahsa Amini. A menudo sin avisar a sus padres: 鈥淣o se lo dije a mi padre hasta que llegu茅 aqu铆. Llor贸 mucho鈥, explica Sonia, con los ojos llorosos. La joven, que parece m谩s una colegiala que una combatiente, se muestra, sin embargo, segura de s铆 misma: 鈥淨uiero luchar por las generaciones futuras. Es mi deber鈥.

A su lado, Elnaz dice: 鈥淒ej茅 mi vida, mis seres queridos, mi familia, mi ciudad, todo lo que ten铆a, porque ya no pod铆a aceptar esa presi贸n. Salir fue desgarrador. Pero si queremos el cambio, tenemos que pagar por ello. Y estamos aqu铆 para eso, para pagar鈥.

A unos 15 kil贸metros, en un lugar del que no se sabe si es un pueblo, un campamento de refugiados o un campo de entrenamiento militar, Souhaila, de 20 a帽os, y Bahar, de 23, amplios pantalones beige sujetos por una larga tira de tela y kalashnikov con la correa al hombro, patrullan.

Cuando se les pregunta por las razones de su exilio, sus explicaciones son claras: 鈥淓n Ir谩n me encontraba en la encrucijada de tres discriminaciones: 茅tnica, como kurda; religiosa, como sun铆; y de g茅nero, como mujer. No se puede imaginar lo dif铆cil que era vivir esta situaci贸n a diario鈥, explican. Ambas llevan ya tres a帽os aqu铆.

Alta tensi贸n

El 28 de septiembre, la Rep煤blica Isl谩mica lanz贸 una importante ofensiva 鈥揷on drones armados y misiles bal铆sticos鈥 contra el cuartel general del PDKI, situado en la peque帽a ciudad de Koya. 鈥淓l ataque alcanz贸 el edificio donde hab铆amos estado diez minutos antes鈥, suspira Elnaz. La joven es consciente: sus nuevas compa帽eras y ella hab铆an escapado a una muerte segura. Catorce personas perdieron la vida, incluida la esposa de un peshmerga, embarazada.

En las 煤ltimas semanas, el r茅gimen iran铆 no ha dejado de amenazar al PDKI, acus谩ndolo de estar 鈥渋mplicado en los disturbios鈥. 鈥淓s aterrador. Pero antes de venir, sab铆a que podr铆a pasar. Y esto puede repetirse en cualquier momento, quiz谩s en unos minutos鈥, afirma Brahem, en tono fatalista.

A su alrededor, los nuevos reclutas del PDKI observan el cielo. Lo hacen con atenci贸n, pero no se muestran excesivamente preocupados. Sin embargo, tienen cuidado 鈥渄e no agruparse visiblemente en un n煤mero demasiado grande鈥, como explica un cartel.

El sonido de un dron ruge en el cielo. En una carpa improvisada, pintada del mismo color que la tierra, los nuevos miembros del PDKI no pesta帽ean. 鈥淣o nos fuimos para ponernos a cubierto, sino para comprometernos鈥, concluye uno de ellos.

FUENTE: Laurent Perpigna Iban / Naiz

<!–

–>




Fuente: Kurdistanamericalatina.org