October 19, 2021
De parte de A Las Barricadas
150 puntos de vista


Hace 122 a帽os, en 1899, Ricardo Mella publicaba en Vigo el folleto La ley del n煤mero, uno de los textos m谩s importantes y divulgados de la obra del anarquista gallego que, fundamentalmente, ataca los puntos de flotaci贸n del sistema parlamentario y reivindica un sistema de gobernanza federalista donde las mayor铆as no impongan sus criterios de manera aplastante.

Desde mucho antes de esa fecha, quiz谩 incluso desde la conformaci贸n de las primeras organizaciones gremiales y obreras que pelearon por mejorar la condici贸n de la clase trabajadora desde los inicios del capitalismo, siempre ha existido una tensi贸n entre las distintas maneras de entender el movimiento popular que tambi茅n ha tenido su corolario en la sociolog铆a organizativa del obrerismo. Por un lado, siempre hemos encontrado valedores de los organizaciones de base amplia, num茅ricamente potentes, con mucha capacidad de atracci贸n para sectores dispares de la clase trabajadora y gran potencial de influencia y transformaci贸n social. Por otro lado, esta mirada siempre ha sido contestada por apuestas que han privilegiado la organizaci贸n en torno a grupos peque帽os de gente, te贸ricamente muy capacitados, con militancias muy cercanas a lo que hoy en d铆a se conoce como activismo y con poco inter茅s por sumar gentes diversas a sus proyectos pol铆ticos.

En el 谩mbito del movimiento libertario ambas visiones han convivido hist贸ricamente y, de hecho, algunos de los modelos de organizaci贸n social del anarquismo han partido de an谩lisis que han tenido muy en cuenta el potencial organizativo del movimiento libertario en un momento determinado y un territorio concreto. Solo hay que pensar en el contexto pol铆tico del que parte el anarcosindicalismo franc茅s a finales del siglo XIX para entender la forma en que un sector del anarquismo galo reaccion贸 ante el agotamiento de un ciclo movilizatorio, el de la propaganda por el hecho, que ya no daba para m谩s y se hab铆a demostrado incapaz de movilizar a grandes masas de trabajadores.

A d铆a de hoy, las organizaciones libertarias, tambi茅n aquellas que est谩n insertas en el movimiento obrero, est谩n atravesadas por esos mismos debates y, en buena manera, sus diferencias vienen de las distintas formas de entender la sociolog铆a deseable de la organizaci贸n obrera. De hecho, en el terreno del sindicalismo revolucionario estamos viendo como, aun de manera silenciosa, parte de las organizaciones que se reclaman como anarcosindicalistas est谩n viviendo un notable proceso de rearme que est谩 teniendo como primera consecuencia su mayor presencia y capacidad de influencia en determinados sectores laborales, algunos de ellos muy precarizados y machacados por el capitalismo, todav铆a m谩s desregulado, posterior a la crisis de 2008.

No cabe duda de que, a pesar del ruido medi谩tico que generan determinados procesos internos vividos recientemente en el conjunto de todas estas organizaciones, hoy en d铆a estamos viendo como organizaciones como Solidaridad Obrera, CGT y CNT no paran de crecer en algunos territorios y sectores laborales concretos Esto se produce, adem谩s, en un contexto en el que la imagen p煤blica de los sindicatos se ha degradado terriblemente y la p茅rdida de influencia de los grandes sindicatos es evidente. Este aumento num茅rico, que ha provocado que CNT haya duplicado su afiliaci贸n en los 煤ltimos diez a帽os o que CGT haya ganado un important铆simo tejido de secciones y sindicatos en todo el conjunto de Catalu帽a, ha venido acompa帽ado tambi茅n de un aumento, renovaci贸n y feminizaci贸n de sus cuadros militantes, lo que ha favorecido el aumento de su capacidad de organizaci贸n sindical y su mayor capacidad de visibilizaci贸n e influencia en determinados sectores laborales, pero tambi茅n sociales.

Por otro lado, este proceso de crecimiento num茅rico se ha visto acompa帽ado a su vez de la proliferaci贸n de numerosas alternativas de organizaci贸n social de car谩cter barrial y territorial, los llamados sindicatos de barrio, que por un lado han venido a fortalecer el m煤sculo organizativo de sectores sociales generalmente desamparados por los grandes sindicatos y, por otro, han contribuido a dignificar y poner en valor el sindicato como propuesta de organizaci贸n de organizaci贸n v谩lida para el siglo XXI. Este rearme coincide al mismo tiempo con un contexto internacional en el que un nuevo ciclo de luchas parece abrirse paso, incluso en los Estados Unidos, haciendo frente a los procesos de reajuste del capitalismo que est谩n destruyendo la vida en el planeta.

Finalmente, todo este proceso de rearme sindical, que ha posibilitado, por ejemplo, la consolidaci贸n de CGT como alternativa de organizaci贸n sindical en Catalu帽a o la multiplicaci贸n de la conflictividad sindical provocada por la CNT, est谩 provocando amplias transformaciones en la manera de enfrentar las luchas comunes de los de abajo. Por un lado, el empuje del sindicalismo feminista y la proliferaci贸n de sindicatos de base amplia que operan en sectores ultraprecarizados, ha favorecido el establecimiento de alianzas entre sectores muy diversos de la clase trabajadora. Esta convergencia, planteada en algunas ocasiones bajo el paraguas de la interseccionalidad de las luchas, est谩 favoreciendo que la acci贸n social de las organizaciones obreras se oriente hacia sectores donde el sindicalismo vertical no llega, lo que est谩 contribuyendo a la autoorganizaci贸n de capas cada vez m谩s amplias de la poblaci贸n obrera.

Dicho esto, parece claro que en buena medida se ha roto con una inercia organizativa que, volviendo al principio, estaba favoreciendo la aparici贸n de un modelo de sindicalismo revolucionario vac铆o de contenido y de sentido, ya que no tiene amplias masas de trabajadores y trabajadoras detr谩s. En ese sentido, cabe preguntarse hasta qu茅 punto podemos hablar de sindicatos cuando, m谩s all谩 de sus estructuras burocr谩ticas y autorreferenciales, no pasan del pu帽ado de afiliados, carecen de influencia en las empresas y ni siquiera mantienen una actividad sindical que salte del conflicto puntual de alguno de sus militantes. Qu茅 sentido tiene, seguimos, hacer brindis al sol pidiendo, por ejemplo, la convocatoria de una huelga general indefinida y revolucionaria, si se ha renunciado a trabajar seriamente en el frente laboral y nuestra actividad solo se hace de cara a los cuatro militantes convencidos o a trav茅s de redes sociales (donde adem谩s solo se critica a las organizaciones cercanas). Qu茅 sentido tiene mantener una estructura organizativa, pesada y burocr谩tica, que apenas si federa gente y que, para m谩s inri, se vende como un logro. Que cada uno haga sus c谩balas…

En un contexto tan duro como el actual, cuando los sectores m谩s reaccionarios de la sociedad est谩n ganando fuerza y el capitalismo est谩 robando nuestras vidas de mil maneras distintas, necesitamos organizaciones obreras que est茅n a la altura de las circunstancias, agrupando en su seno a sectores cada vez m谩s amplios y diversos de la clase obrera, favoreciendo la autoorganizaci贸n en los sectores m谩s precarizados y plantando cara a la dictadura empresarial que nos machaca en nuestro d铆a a d铆a. Eso solo lo conseguiremos con organizaciones fuertes, que trabajen de manera estrat茅gica y colaborando entre s铆 donde se pueda, poni茅ndose al servicio de los trabajadores y trabajadoras y mirando de cara a sus problemas, ofreciendo alternativas y dejando atr谩s los lemas vac铆os, los discursos autorreferenciales y el identitarismo a ultranza. Y lo necesitamos ya.

Trabajador anarcosindicalista




Fuente: Alasbarricadas.org