March 5, 2021
De parte de SAS Madrid
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La Salud Pública lleva ya un año advirtiendo de que las personas en una situación socioeconómica más desfavorable tenían, una vez más, todas las de perder ante una pandemia. Más exposición al contagio, más proclives a ser despedidos, a pasar hambre, a confinarse en pisos pequeños, a sufrir. Ahora, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha añadido una evidencia más al desigual impacto de clase del covid, mostrando que la salud mental de los más pobres ha sido mucho más tensionada.

Lloran más, su ánimo está peor, sufren más ataques de pánico y ansiedad, tienen más miedo a contagiarse. Van menos al psicólogo –cuya cobertura por la Seguridad Social sufre carencias– pero les recetan más medicamentos para paliar el sufrimiento psíquico. Sus hijos lloran mucho más fácilmente que los de los que se autodenominan pertenecientes a la “clase media alta” o “alta”. 

El último barómetro del CIS refleja que un 71% de la población ha sentido miedo a contagiarse del covid-19, un 39% a morir debido al coronavirus y hasta el 88% ha temido en el último año que se contagie algún familiar o algún ser querido. Pero hay amplias diferencias de clase, disponibles aquí. Casi el 60% de los autodenominados como pertenecientes a la “clase baja/pobre” han tenido miedo a sufrir una “enfermedad grave”. El porcentaje bascula entre el 45% y el 49% en el resto de clases: alta y media alta, media, media-baja o trabajadora/obrera. Los más pudientes son los que muestran una preocupación menor por el contagio de un ser querido: el 30% declara un temor alto por esta circunstancia frente al 46,5% de la clase media-baja.

Casi el 19% de los encuestados de clase baja se han sentido “decaídos, deprimidos o sin esperanza” durante muchos días, frente al 6,2% de los que se colocan en lo alto de la identificación subjetiva de clase. El porcentaje sube al 20% cuando se pregunta por el malestar “por tener poco interés o placer en hacer cosas”. Las diferencias también son amplias en cuanto al sentimiento de nervios, ansiedad o alteración general (un 18,5% de los pobres declaran haberse sentido así “muchos días”, frente al 6,2% de los ricos). 

El 20% de la “clase baja/pobre” ha sufrido ataques “de ansiedad o de pánico” y, de ellos, un 81% está preocupado por volver a sufrirlos, la tasa más alta con diferencia. El 53% de las personas que aseguran pertenecer a la clase alta y que han padecido estos episodios aseguran que han cambiado “su vida habitual”, evitando sitios o actividades. El porcentaje se eleva al 79,2% en la clase baja. 

En cuanto al llanto, la encuesta del CIS evidencia que esta expresión emocional entiende tanto de clase como de género. Solo el 16,9% de los hombres admiten haber llorado por la pandemia, frente al 52,8% de las mujeres. Un 30% de la clase alta ha llorado, frente al 44,5% de los que se identifican con la clase “baja/pobre”. El porcentaje baja cuando se autodenominan como “clase trabajadora/proletariado” al 29,6%, el registro más bajo de todos. 

Muchas de las afecciones que los encuestados declaran identificar en sus hijos no manifiestan claras diferencias de clase, pero sí hay una amplia distancia entre los españoles de clase baja que aseguran que los niños “lloran más fácilmente”, un 60%, frente a solo el 15% de los más adinerados. La descendencia de los más vulnerables también sufre más de dolores o malestar inespecíficos o “temor o miedos diversos”.

Pese a que el sufrimiento psíquico es mayor en la clase baja, los porcentajes de visita a psiquiatras, psicólogos u otro tipo de profesionales de la salud mental tras el inicio de la pandemia son mayores en el estrato alto, con un 8,3% frente al 5,9% de las clases más bajas. Sin embargo, el 9,8% de los más pobres declara que le han recetado algún tipo de psicofármaco (antidepresivos, ansiolíticos…) frente al 3,6% de los ricos. 

Enlace relacionada InfoLibre.es (04/03/2021).




Fuente: Sasmadrid.org