January 12, 2022
De parte de Amor Y Rabia
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por Juan Manuel Blanco

9 de enero de 2022

Es hora de regresar a la cordura, contener la pandemia social, frenar la exagerada profusi贸n de test covid, contar solo los casos que presenten s铆ntomas severos, como se hizo siempre en el pasado

En su s谩tira El enfermo imaginario, Moli猫re narra las andanzas de Arg谩n, un acomodado hipocondr铆aco cuyas dolencias son producto de su imaginaci贸n y de los innumerables remedios que consume para evitarlas. La s谩tira del dramaturgo franc茅s es un buen retrato del mundo 贸micron, la versi贸n del virus m谩s contagiosa pero mucho m谩s leve, que ha propiciado la degeneraci贸n de la pandemia en una bacanal desenfrenada de test, en una mascarada de hipocondriacos, donde estar enfermo ya no implica tener fiebre, malestar o tos sino conseguir una rayita adicional en un dispositivo altamente adictivo. El abuso de los test, igual que Arg谩n de sus m煤ltiples p贸cimas, ha desembocado en una de las mayores astracanadas de la historia, con figuras p煤blicas dese谩ndose la mejor铆a de una enfermedad que no sufren.

La omnipresente histeria amenaza con colapsar los servicios m茅dicos de atenci贸n primaria, incluso los de urgencia, con pacientes aterrados por una simple congesti贸n nasal. Y es todav铆a peor en los pa铆ses que mantienen un estricto sistema de trazado y cuarentena, pues esto impide a muchos profesionales sanitarios reincorporarse, aunque se encuentren sanos. Mientras tanto, los datos diarios de hospitalizaciones y fallecimientos, que no distinguen bien entre 鈥減or covid鈥 y 鈥渃on covid鈥, generan otra vez miedo y confusi贸n.

脫micron, que generar谩 con muy bajo riesgo una inmunidad natural complementaria a la vacuna, ha puesto en evidencia a quienes pretenden mantener la sociedad permanentemente cerrada. Es ya evidente que no se pueden detener los contagios, que el virus se expandir谩 de forma natural, con independencia de las costosas restricciones, que hubiera sido mejor una protecci贸n selectiva a los vulnerables. Buena parte de la poblaci贸n comienza a vislumbrar que, tras las bambalinas de este incre铆ble espect谩culo teatral, act煤an ciertos grupos interesados en perpetuar la excepcionalidad.

Las grandes tecnol贸gicas multiplicaron su cifra de negocio gracias a la 鈥渘ueva normalidad鈥 y censuran indecentemente en sus redes sociales a quienes se muestran cr铆ticos con las restricciones. Tampoco le fue mal a las farmac茅uticas, con su proverbial inclinaci贸n a corromper y su discutible disposici贸n a que el mundo entero consuma una dosis de vacuna cada seis meses, de aqu铆 a la eternidad. Por no hablar de los vendedores de test Covid, los fabricantes de medidores de CO2, o de todo tipo de cachivaches tan in煤tiles como lucrativos.

Ciertos profesionales cualificados han tomado el gusto a trabajar desde casa, online, por tel茅fono o, incluso en casos extremos, a evadir parte de su trabajo mientras se resisten a regresar a la oficina. En algunos pa铆ses, los sindicatos de profesores presionan para evitar las clases presenciales. Mientras, la abundancia de test y las reglas de aislamiento refuerzan a los m谩s inclinados a la picaresca en las bajas laborales por enfermedad. Pero los intereses han desempe帽ado un papel peculiar en un grupo siempre presentado como neutral y altruista: los expertos.

TOMEN A LOS EXPERTOS CUM GRANO SALIS

Pocos colectivos han adquirido tanto protagonismo como 鈥渓os expertos鈥 en Covid. Pero los hay de varios tipos. Muchos de los que pontifican en televisi贸n no son estrictamente expertos sino meras figuras esc茅nicas, personajes de reality show. Representar ese papel no requiere muchos conocimientos; solo expresarse con extrema seguridad y pregonar el advenimiento de cat谩strofes, peligros extremos o enormes calamidades. Porque este es el relato que vende en el medio televisivo. Mostrar dudas, matizar o sugerir que no ocurrir谩 nada grave, son mensajes que no crean morbo ni atraen espectadores.

Al primar el espect谩culo al rigor, la imagen al contenido, muchos plat贸s televisivos act煤an como un poderoso im谩n para charlatanes y mercachifles, cuya 煤nica funci贸n es avivar el miedo. Aunque la televisi贸n ofrece un producto con fuerte componente de ficci贸n, los espectadores piensan que es completamente real, recibiendo as铆 una falsa sensaci贸n de sabidur铆a, que conduce frecuentemente a una rocosa obstinaci贸n en la ignorancia y el error.

Los expertos que asesoran a los gobiernos sobre el Covid poseen mayor nivel de conocimiento, pero est谩n sometidos a incentivos perversos y, con frecuencia, a conflictos de intereses. Qued谩ndose cortos en sus previsiones, se arriesgan a una dura censura social y a una merma de prestigio profesional; pero no hay reprobaci贸n, sino suspiro de alivio, si finalmente no se cumple un sombr铆o pron贸stico. Por tanto, la estrategia ganadora consiste en plantear sistem谩ticamente escenarios muy pesimistas, incluso apocal铆pticos, aunque ello implique no acertar nunca. Esta parece ser la imbatible l铆nea seguida desde hace 20 a帽os por el epidemi贸logo ingl茅s Neil Ferguson, sin que sus reiterados y estrepitosos fallos hayan mermado un 谩pice su prestigio acad茅mico.

Adem谩s, en los 煤ltimos tiempos, los asesores han defendido sistem谩ticamente restricciones m谩s draconianas que los propios gobiernos. Graham Medley, asesor destacado del gobierno del Reino Unido, insinu贸 que, al hacer previsiones, los expertos tienden a sacar a la luz preferentemente los escenarios m谩s pesimistas, los que requieren restricciones, porque son los que los gobernantes solicitan. Sin embargo, cabe sospechar que son esos expertos quienes realmente obtienen ganancia de los escenarios apocal铆pticos, pues el alargamiento artificial de la sensaci贸n de peligro, de la excepcionalidad, les permite mantener su posici贸n, su relevancia, su protagonismo, incluso las sustanciosas ayudas a la investigaci贸n que riegan el Covid. Conclusi贸n, es conveniente buscar la opini贸n de verdaderos profesionales con rigor y sin conflicto de intereses, contrastar la informaci贸n y, en general, tomar las aseveraciones de los expertos cum grano salis.

CUIDADO CON LOS POL脥TICOS REGIONALES

Sin embargo, nada ha determinado tanto la estrategia como los intereses de los pol铆ticos. Una vez desatado el p谩nico, los gobernantes actuaron con la convicci贸n de que, si no hac铆an algo muy llamativo, aun ineficaz, los votantes los culpar铆an por las consecuencias de un fen贸meno natural. Las desmesuradas restricciones de derechos y libertades proporcionaron la coartada. Sin embargo, los pol铆ticos nacionales se han ido apartando poco a poco de algunas recomendaciones draconianas de sus asesores e intentan evitar aquellas restricciones con graves repercusiones para la econom铆a. Saben que, a la larga, los votantes tambi茅n castigan el desempleo, la pobreza y la falta de oportunidades. 脷ltimamente, tienden a decantarse por aquellas medidas que, aun absurdas e in煤tiles como la mascarilla obligatoria al aire libre, no resultan tan da帽inas para la actividad econ贸mica.

Pero ni siquiera se observa este freno puntual en los gobiernos regionales, que suelen mantener un enfoque m谩s extremo y radical que los nacionales porque los pol铆ticos de entidades subnacionales saben que, ante dificultades econ贸micas, la gente tiende a culpar sistem谩ticamente al gobierno central. Este fen贸meno se observa con claridad en el Reino Unido, con unos gobiernos de Escocia y Gales imponiendo medidas m谩s extremas que el gobierno brit谩nico; en Espa帽a, donde la imaginaci贸n restrictiva de muchos gobiernos auton贸micos no conoce l铆mites; o en Australia, donde el protagonismo de las restricciones correspondi贸 a cada uno de los Estados y Territorios. Pocas experiencias atraen m谩s a un pol铆tico mediocre que sentir en sus manos el poder de humillar a sus s煤bditos percibiendo, adem谩s, que ellos lo agradecen.

Una vez vacunados todos los vulnerables, y mayor铆a de la poblaci贸n, poco m谩s se puede hacer. Ni restricciones de movimiento, ni pasaportes covid, ni mascarillas modificar谩n el ajuste final. El 煤nico instrumento 煤til durante la pandemia, la vacuna, ha servido para prevenir la enfermedad grave pero, por muchas dosis adicionales que se inyecten, seguir谩 mostrando poca eficacia para detener los contagios, esa obsesi贸n irrealizable que lastra la estrategia desde el principio.

Es hora de regresar a la cordura, contener la pandemia social, frenar la exagerada profusi贸n de test covid, contar solo los casos que presenten s铆ntomas severos, como se hizo siempre en el pasado. Y urge utilizar los recursos en los verdaderos enfermos; no en hipocondr铆acos asustados que, como Arg谩n, llevan la enfermedad en su imaginaci贸n.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com