February 19, 2021
De parte de SAS Madrid
199 puntos de vista


Un estudio de Asufín revela cómo las estrecheces provocadas por el desplome de las rentas se extienden conforme la epidemia se prolonga. La crisis, que amenaza la frágil economía española, azota con especial intensidad a los autónomos, que cada vez con mayor frecuencia recurren a hipotecar sus negocios y casas para salvar sus medios de vida.

La crisis desatada con la pandemia está destrozando las economías familiares: más del 40% de los hogares carece de capacidad de ahorrar y casi la cuarta parte se ha visto obligada a tirar de ahorros, lo que significa que casi dos tercios de las familias no llega a fin de mes en un panorama en el que la mitad de ellas ha visto reducirse sus ingresos, según señala el primer estudio realizado por Asufín (Asociación de Usuarios Financieros) sobre la situación financiera creada con la covid.

El informe, elaborado a partir de los resultados de 1.655 encuestas online realizadas entre el 17 de septiembre y el 5 de octubre de 2020, tiene como objetivo “medir el impacto de la situación actual, las expectativas y diferentes decisiones financieras que, de manera forzada o como adaptación a la situación real, se estén tomando por los consumidores”. “Los datos, que son objetivos, serían más dramáticos todavía si hiciéramos la encuesta hoy”, señala Patricia Suárez, presidenta de Asufín.

Los resultados, en cualquier caso, no distan mucho de los del último Focus on spanish society de Funcas, la Fundación de las Cajas de Ahorro, según el cual (con datos del Parlamento Europeo) el 31% de los hogares españoles ha tenido que recurrir a sus ahorros durante la pandemia, un “porcentaje que como mínimo duplica al de Francia (15%), Alemania (14%) y Países Bajos (12%)”.

Funcas estimaba en un 19% el porcentaje de españoles que “ha tenido dificultades para afrontar los gastos de vivienda” con la pandemia y en un 42% el de los que habían visto reducidos sus ingresos, una tasa netamente superior a las de Italia (33%) y Francia (20%).

El informe de Asufín perfila dos grandes grupos de hogares con tendencias dispares. “Uno que ha sufrido una disminución de rentas y que aguanta como puede, y que habrá que ver cómo sale adelante cuando terminen ayudas como los ERTE –resume Suárez–, y otro al que le salen las cuentas y que con las situaciones de semiconfinamiento está ahorrando”.

Aumentan los gastos para la mitad de los que ingresan menos

“Solo un 18% de la población reconoce que está ahorrando más, frente al 40,3% que señala que no lo hace por no tener capacidad para ello”, señala el estudio de Asufín, que anota que un 23,4% de los hogares “afirma que está utilizando sus ahorros para su día a día” mientras el 18,1% restante dice no haber visto modificada su situación.

Paralelamente, casi la mitad de los encuestados (49,1%) ha visto caer sus ingresos, una tendencia en la que, “al margen de los que se encuentran en situación de ERTE, cuya merma es obvia” y generalizada, “son los autónomos los que declaran mayor sangría” al afectar a más de dos terceras partes del colectivo. La caída supera el 30% en casi uno de cada cinco hogares.

Al mismo tiempo, “frente a la disminución de ingresos, hay un relevante 24% de los encuestados que manifiesta haber aumentado sus gastos, lo que nos situaría en un preocupante desequilibrio financiero para muchas familias”, aunque lo más habitual es que la reducción del consumo, algo que se ha dado en el 38,3% de los casos en un ajuste que están liderando las mujeres, más de manera considerable (27,1%) que ligera (20,4%), señala el informe.

Esos resultados comienzan a poner sobre la mesa las consecuencias reales que está teniendo en las economías familiares el impacto de una crisis que, desde los inicios de la pandemia y el confinamiento, ha desnudado la fragilidad en la que, en realidad, ya vivían amplios sectores de la sociedad española y de su tejido empresarial antes de que llegara el coronavirus, que ha intensificado y ampliado ese cuadro.

“La lógica merma de ingresos que han sufrido prácticamente todos los autónomos y buena parte de la masa asalariada (básicamente a través de los ERTE) se traduce en la necesidad de ajustar el gasto doméstico, lo que recae en su mayor parte en las mujeres“, destaca el trabajo de Asufín, que llama la atención sobre cómo “escala a cerca de la mitad” de los que han visto reducidas sus ganancias el peso de quienes se han visto obligados a aumentar sus gastos, ya sea por necesitar equipos para el teletrabajo o las clases online, por el imprevisto gasto en higiene y mascarillas o por los mayores requerimientos de electricidad y calefacción, entre otros motivos.

Y eso, advierte, perfila un horizonte de “desequilibrio financiero en las economías familiares, que en el medio plazo podría agravar la situación de muchos hogares si no se produce una recuperación de ingresos”. Los efectos de ese escenario de desplome total del consumo en una economía basada en los servicios resultan tan obvios como inquietantes.

Temores e incertidumbre mientras la banca cierra el grifo del crédito

“Estos desequilibrios entre ingresos y gastos pueden cubrirse temporalmente con el ahorro”, recuerda el estudio, que añade que “así lo declara un 23,4% de los encuestados, que afirma que lo está usando para vivir”; algo que resulta imposible para “el porcentaje más destacado” de esa cuestión, que se encuentra en “el 40,3% que manifiesta que tanto ahora como hace seis meses, no tiene capacidad de ahorrar”.

En el panorama que dibuja la encuesta de Asufín conviven el temor de quien prevé “cambios que dificulten su nivel de vida” (23,6%) con la incertidumbre de quien no se atreve a hacer pronósticos por “la situación de inestabilidad actual” (50,3%) y de quien opta por guardar por lo que pueda venir (20,9%) aunque se muestre optimista.

En ese escenario, casi la mitad de los hogares ha solicitado ayuda económica: principalmente a la familia y los amigos (23,3%) y menos a las administraciones (2,9%) o recurriendo al crédito, aunque en este caso con dos relevantes matices que indican que solo un 5,3% ha optado por los préstamos mientras otro 12,3% tiraba de tarjeta.

“No parece que la gente esté tan dispuesta a endeudarse tras la gran recesión, y los bancos tienen una actitud más cautelosa que entonces a la hora de conceder créditos”, explica Julio Rodríguez López, expresidente del Banco Hipotecario y de Caja Granada y miembro de Economistas Frente a la Crisis, que anota que “el saldo de endeudamiento de los hogares no ha crecido apenas, no se advierte una mayor demanda de crédito por parte de los hogares como ha ocurrido con las empresas”.

En esa línea, el estudio de Asufín, que detecta “un claro endurecimiento de las condiciones” para la concesión de créditos, con un 20,6% de solicitudes rechazadas mientras otro 19% salían adelante con modificaciones sobre lo previsto, incluye un dato inquietante sobre las primeras condiciones de ese aumento de las dificultades para acceder a la financiación: el 7,8% de los encuestados que se endeudaron optó por recurrir a los microcréditos y otro 2,3% a prestamistas privados; en el primer caso con intereses elevados y en el segundo, a menudo, con niveles de usura. Suman un 10% de los hogares.

“Los autónomos están hipotecando sus casas y sus negocios”

Ese cuadro de caída de ingresos, aumento de gastos y merma o desaparición de la capacidad de ahorro se da de una manera más intensa entre los autónomos, según indican los resultados del estudio de Asufín.

Así, el 70% ha visto cómo su facturación se reducía, una tasa que solo empeora en el caso de los afectados por ERTE (100%) y los parados sin prestación (75%); las necesidades ha crecido para casi la mitad de ellos (46,8%), que solo sufren este factor con menor intensidad que los estudiantes (61%) y los trabajadores en regulación, y casi tres de cada cuatro (73%) se ha visto obligado a pedir ayuda económica, con más de veinte puntos de ventaja sobre el siguiente grupo.

Con ese cuadro, la palabra “sorpresa” no sería la más apropiada para observar que se trata del colectivo más pesimista, con un 60,7% que ve su situación “peor o mucho peor” que antes de la pandemia.

“En enero se perdieron los 14.000 autónomos que se habían ganado en 2020, y ahora tenemos una situación más complicada que antes de Navidades porque se han endurecido las restricciones”, explica Eduardo Abad, que reclama “un esfuerzo” y “ayudas directas” para “salvar a los miles de trabajadores por cuenta propia que están en una situación acuciante. Hay que echar el resto; si no, no habrán servido de nada las ayudas anteriores. Lo micro es el 90% de la economía del país”.

“Las hipotecas superan los niveles precovid”

Superado el episodio de los avales del ICO, que supusieron una inyección de 78.289 millones con 62.576 avalados por el Estado para 901.218 pymes y autónomos, estos últimos se están viendo obligados cada vez con mayor frecuencia a hipotecar sus casas y/o negocios para seguir vivos.

“Hemos llegado a una situación en la que está en auge el intento de conseguir financiación adicional con hipotecas”, anota Abad, que critica que hasta ahora “el Ministerio de Economía no ha tenido a bien reunirse con las asociaciones representativas del sector para poner sobre la mesa un plan de rescate y de ayudas”.

Eso explica, cuando menos en parte, algo que la mayoría de los bancos deslizaban en los resultados anuales que han hecho públicos en las últimas semanas: el negocio de las hipotecas se ha disparado.

Así, Bankia marcó su récord trimestral el pasado otoño al colocar créditos hipotecarios por 1.086 millones tras haber sumado solo 2.262 de enero a septiembre, Bankínter cerró el año con un crecimiento de 900 millones en su cartera y Sabadell lo hizo con uno de 430 tras firmar préstamos por 1.383 entre octubre y diciembre.

“Las hipotecas superan los niveles precovid y hay una mayor proporción de préstamos no garantizados por ICO a empresas”, indica el informe de esta última entidad, que se anotó la “máxima producción de hipotecas desde 2017” tras “una mayor actividad del mercado hipotecario tras el levantamiento de las restricciones de confinamiento” a partir de julio.

Los sueldos más largos que el mes acumulan 64.000 millones

No obstante, no es ese el único factor que está impulsando la contratación de hipotecas. “Se están colocando ahorros en vivienda, que como inversión sigue siendo algo más atractivo que los depósitos bancarios por su rentabilidad”, explica Julio Rodríguez, que llama la atención sobre cómo “está cayendo la venta de casas de segunda mano pero no la de nuevas”.

Los datos del INE avalan esa tesis, con una media mensual de casi 7.500 viviendas nuevas y poco más de 28.000 de segunda mano vendidas a partir de julio que en el primer caso superan ligeramente el ritmo de los mismos periodos de tres años anteriores mientras en el segundo caen del 11% al 21%.

Junto con ese foco de inversión, los excedentes de renta de ese tercio largo de la población que mantiene un nivel similar al de antes de la pandemia o que los ha visto aumentar, es decir, aquellos a quienes les sobra sueldo al final de mes, están provocando un desconocido aumento de los depósitos bancarios que palía con creces el desplome de las aportaciones a plazo fijo, ya sea por no renovarlas al vencer ante su baja rentabilidad o por tener que disponer de ellas por necesidad.

Los datos del Banco de España reflejan un aumento de 88.417 millones de euros en los primeros y una reducción de 24.191 a partir de febrero que arroja un saldo de 64.226. Los registros del cierre de 2020 andan cerca de duplicar los de cinco años antes en depósitos mientras los plazos han quedado reducidos a poco más de la tercera parte de los que había entonces, en un proceso en el que, junto con el desplome del consumo por la pandemia, tiene bastante que ver la política expansiva de bajos intereses que el BCE (Banco Central Europeo) viene aplicando desde principios de la pasada década.

Un fondo público para movilizar el dinero apalancado

La convivencia de esos dos vectores, que perfila una salida en K de desigualdad para el crash pandémico, es uno de los rasgos característicos de esta crisis. “El que genera recursos ahorra más que antes, pero el que carece de ellos se gasta los ahorros porque los necesita para poder consumir”, explica Rodríguez, que señala entre los factores que estimulan ese apalancamiento en el primer grupo la inseguridad en el empleo y el temor por la incertidumbre que ofrece la evolución de la situación.

El futuro de esos recursos económicos también incluye incertezas. “Hay amenazas sobre el ahorro de los hogares, como que los bancos vayan a comenzar a cobrar por los depósitos, o que las alternativas tradicionales, como los fondos de pensiones y los de inversión, soporten una mayor presión fiscal en el primer caso mientras en el segundo la rentabilidad pueda convertirse en un tobogán, en algo inseguro, por su dependencia de las bolsas aunque hay mucha liquidez en los mercados”, señala.

El economista ve ahí una oportunidad. “El Gobierno podría articular algún tipo de fondo de inversión público que permitiera movilizar ese ahorro” apalancado en depósitos, sugiere, como alternativa a unas entidades financieras que “no dan confianza a los ahorradores, que no tienen a la vista todas las opciones de inversión”.

Suárez, que reclama “ayudas para que familias, empresas y autónomos puedan resistir” a la crisis, pone sobre la mesa el temor de los bancos a que pueda repetirse un escenario de sobreendeudamiento y morosidad como ocurrió tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, algo que, como entonces, “puede arrastrar a la industria bancaria y a todo el sistema económico”.

Esa incipiente ola de insolvencia, que lleva tiempo encendiendo las alarmas tanto en el tejido productivo como en el Gobierno, está directamente relacionada con el desplome del consumo y de la demanda por las restricciones para afrontar la crisis sanitaria.

Y, en este sentido, Abad llama la atención acerca de cómo “el aumento del ahorro indica que la demanda y el consumo se han contraído de una manera alarmante. Y eso, que podría ser una buena noticia a largo plazo, es algo muy malo a corto”.

Enlace relacionado Público.es 18/02/2021.




Fuente: Sasmadrid.org