January 13, 2021
De parte de La Haine
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La crisis desatada por el coronavirus supuso un aumento de la violencia de g茅nero, m谩s pobreza y nuevas barreras en el acceso a la salud sexual y reproductiva.

El a帽o que termin贸 hace pocos d铆as estuvo marcado a nivel global por el coronavirus, que lleg贸 para modificar la vida de pr谩cticamente todas las personas, en todos los sentidos y en todas partes. Una enfermedad que no discrimina, en tanto puede afectar a personas de cualquier edad, clase socioecon贸mica o g茅nero, pero que tiene un impacto diferenciado en las poblaciones que ya atravesaban situaciones de especial vulnerabilidad.

La cronolog铆a es conocida: la Organizaci贸n Mundial de la Salud (OMS) declar贸 la pandemia de covid-19 en marzo y enseguida los pa铆ses decidieron imponer confinamientos, restringir la circulaci贸n de personas, cerrar fronteras, apostar a las clases virtuales y exhortar a la implementaci贸n del teletrabajo.

Las medidas fueron efectivas para contener la propagaci贸n del virus. Sin embargo, las consecuencias del encierro no tardaron en aparecer a nivel econ贸mico, social y emocional, y muchas brechas que ya exist铆an se profundizaron. Las mujeres, una vez m谩s, quedaron en desventaja.

En Am茅rica Latina, la pandemia provoc贸 la p茅rdida de miles de empleos, sobre todo en sectores que tuvieron que paralizar la actividad. Esto deriv贸 en una grave crisis econ贸mica que impact贸 m谩s fuerte en las mujeres, que incluso antes de la pandemia ocupaban puestos laborales m谩s precarizados o estaban en la informalidad. Para muchas, quedarse en casa signific贸 la p茅rdida parcial o total de los ingresos, por lo que en algunos casos se vieron obligadas a salir a la calle a buscar trabajo -pese al riesgo de contagio- para no pasar hambre o quedarse sin techo.

A eso se suma que, mientras la actividad mermaba afuera de las casas, adentro aumentaba la carga de las tareas dom茅sticas y de cuidados, que m谩s que nunca recayeron de manera desproporcionada sobre las mujeres.

Con las puertas cerradas, tambi茅n aument贸 el riesgo para las mujeres que viv铆an situaciones de violencia por parte de parejas o familiares varones convivientes. En la mayor铆a de los pa铆ses de la regi贸n, de hecho, se dispararon las llamadas a servicios de ayuda o asesoramiento ante casos de violencia de g茅nero, especialmente durante los primeros meses de pandemia.

Por otro lado, priorizar recursos para gestionar la emergencia sanitaria implic贸 en algunos pa铆ses que los servicios de salud sexual y reproductiva se vieran interrumpidos, sufrieran recortes o directamente fueran negados. En muchos casos, gobiernos nacionales o locales conservadores pusieron la excusa de la pandemia para restringir estos derechos, y fueron aplaudidos por grupos “provida”. Mujeres han denunciado las dificultades en la regi贸n para acceder a los servicios de aborto, recortes en el suministro de anticonceptivos y casos de violencia obst茅trica “justificados” por el contexto de emergencia.

Ante las diferentes urgencias que desat贸 la pandemia, colectivos feministas tejieron redes para asesorar, acompa帽ar y ayudar a quienes en algunos casos parec铆an olvidadas por el Estado. Ollas populares, canastas de alimentos, l铆neas de asistencia para v铆ctimas de violencia y mecanismos de acompa帽amiento a la distancia para las que necesitaron interrumpir embarazos se replicaron en la regi贸n. Frente a la crisis de la par谩lisis, se activ贸 la solidaridad.

Desempleo y pobreza

Las mujeres son las m谩s afectadas por el aumento del desempleo, la pobreza y la sobrecarga de cuidados no remunerados que provoc贸 la pandemia, asegur贸 ONU Mujeres en un art铆culo publicado a principios de noviembre.

Seg煤n las estimaciones del organismo, el coronavirus dejar谩 en Am茅rica Latina a 118 millones de mujeres y ni帽as en la pobreza. Esto se debe a que la reducci贸n de la actividad econ贸mica afecta en primera instancia a las trabajadoras informales que pierden su sustento de vida de forma casi inmediata, sin ninguna posibilidad de sustituir el ingreso diario. “M谩s de la mitad de las mujeres trabaja en sectores de alto riesgo de ser afectados por la contracci贸n econ贸mica: comercio, trabajo dom茅stico, manufacturas, turismo, servicios administrativos, actividad inmobiliaria y el sector salud; donde las mujeres se encuentran sobrerrepresentadas en la primera l铆nea de respuesta, pero con una participaci贸n minoritaria en la toma de decisiones frente a la pandemia”, dice ONU Mujeres.

Las proyecciones de la Comisi贸n Econ贸mica para Am茅rica Latina y el Caribe (CEPAL) y de la Organizaci贸n Internacional del Trabajo se帽alan que, efectivamente, las mujeres est谩n perdiendo sus empleos a un ritmo mucho mayor que los hombres. A fin de a帽o estimaban que 2020 cerrar铆a con una tasa de desocupaci贸n de las mujeres en la regi贸n de 15,2%, casi seis puntos porcentuales m谩s que en 2019.

En Uruguay, la emergencia sanitaria tambi茅n tuvo mayor impacto en las trabajadoras informales, que no s贸lo no pudieron acceder al seguro de paro sino que, adem谩s, integran sectores que se han visto especialmente afectados por las medidas adoptadas para contener la propagaci贸n del coronavirus. As铆 lo aseguran la economista Alma Espino y la soci贸loga Daniela de los Santos en el informe “Pandemia, pol铆ticas p煤blicas y desigualdades de g茅nero en Uruguay”, publicado a mediados de a帽o.

Las investigadoras citan el ejemplo de las trabajadoras dom茅sticas, quienes denunciaron reducciones de jornadas laborales, “despidos abusivos” y suspensiones desde que comenz贸 la emergencia sanitaria.

Otro caso es el de las trabajadoras sexuales, que perdieron posibilidades laborales debido al cierre de boliches, bares y whisker铆as, y a la restricci贸n de la circulaci贸n en las calles. Sin alternativas para percibir ingresos, unas y otras tuvieron que generar alternativas para sostener la vida de sus familias organizando ollas populares o buscando donaciones de canastas de alimentos y productos de higiene.

La situaci贸n en Am茅rica Latina es tambi茅n complicada para las mujeres rurales, ind铆genas y afrodescendientes, que, adem谩s de trabajar de manera informal, debido a la pandemia se enfrentaron a obst谩culos para acceder a recursos productivos como el agua, la tierra, insumos agr铆colas, financiamiento, seguros o capacitaci贸n, y tuvieron dificultades para comercializar sus productos en los mercados. Las proyecciones de la CEPAL auguran que seis millones de mujeres rurales de la regi贸n corren el riesgo de caer en la pobreza extrema.

En nuestro pa铆s, la Red de Grupos de Mujeres Rurales del Uruguay advirti贸 en octubre sobre el impacto de la crisis sanitaria en la actividad laboral y en su autonom铆a econ贸mica, “que es una de las maneras de luchar contra la violencia patrimonial y desterrar de una vez por todas el patriarcado”, como explic贸 a la diaria la vicepresidenta de la plataforma, Silvia P谩ez, en el marco del D铆a Internacional de las Mujeres Rurales.

Uno de sus comentarios podr铆a resumir la sensaci贸n de las trabajadoras en el resto de los sectores mencionados: “Todo ha tenido un proceso de detenimiento y de tener que pensar c贸mo volver a empezar”.

La crisis de los cuidados

Con los centros educativos cerrados, las personas adultas mayores aisladas y la imposibilidad de contar con alguien externo al n煤cleo familiar para encargarse del cuidado, las mujeres tambi茅n tuvieron que asumir gran parte de los cuidados de ni帽as, ni帽os y otras personas dependientes. Esto implic贸 el aumento de la carga de una tarea que ya reca铆a de manera desproporcionada sobre las mujeres.

As铆, se vieron obligadas a hacer malabares para conciliar los cuidados con el trabajo remunerado. Las mujeres que inevitablemente tuvieron que salir a trabajar fuera del hogar vieron las alternativas reducidas a la hora de definir con qui茅n dejar a sus hijas e hijos. Aquellas que pod铆an trabajar desde su casa, en tanto, se enfrentaron al doble desaf铆o de ocuparse en simult谩neo del trabajo y el cuidado.

Antes de la pandemia, las mujeres de la regi贸n dedicaban m谩s del triple de tiempo al trabajo no pago que los hombres, seg煤n datos de ONU Mujeres. La crisis sanitaria s贸lo agrav贸 esta desigualdad hist贸rica y puso en evidencia la necesidad un reparto equitativo de los cuidados, que venga acompa帽ado de un cambio cultural.

“La crisis debe transformarse en una oportunidad para fortalecer las pol铆ticas de cuidados en la regi贸n, desde un enfoque sist茅mico e integral, incorporando a todas las poblaciones que requieren cuidados, a la vez que se articulan con las pol铆ticas econ贸micas, de empleo, salud, educaci贸n y protecci贸n social sobre la base de la promoci贸n de la corresponsabilidad social y de g茅nero”, aseguran ONU Mujeres y la CEPAL en un informe publicado en agosto.

En Uruguay, “las cargas de cuidados no han estado presentes en el discurso p煤blico, as铆 como tampoco las tensiones que conlleva para las mujeres quedarse en casa y no recibir los apoyos de las instituciones educativas y de cuidados durante la cuarentena”, resumen Espino y De los Santos en su estudio. Al mismo tiempo, se preguntan si, “de profundizarse la estrategia de los trabajos remotos”, “se podr谩n conciliar los tiempos de la vida y del mercado” y “se facilitar谩 la corresponsabilidad en el trabajo no remunerado entre varones y mujeres”.

Unos d铆as despu茅s de que se conoci贸 el primer caso de coronavirus en Uruguay, Espino dijo a la diaria que se trataba de una buena oportunidad para llamar a los varones “a tener un papel m谩s relevante y sentirse parte del cuidado de lo m谩s importante que tenemos los seres humanos, que son las personas a las que queremos”. La invitaci贸n sigue abierta.

Violencia machista, la otra pandemia

Con o sin pandemia, la mayor铆a de las situaciones de violencia de g茅nero tienen lugar en el 谩mbito privado y son ejercidas por parte de parejas, ex parejas o familiares varones. Por eso el llamado al confinamiento prendi贸 las alarmas: la casa era el mejor refugio para evitar el contagio del coronavirus, pero el lugar m谩s inseguro para muchas mujeres.

Organizaciones y colectivos feministas iniciaron campa帽as para alertar y prevenir sobre esta situaci贸n, al tiempo que exigieron a los gobiernos la adopci贸n de medidas que se ajustaran a la nueva realidad. Muchos pa铆ses reforzaron entonces los servicios de atenci贸n telef贸nica y las apps, que habilitaron una v铆a posible para que las mujeres pudieran pedir ayuda incluso estando encerradas con sus agresores las 24 horas del d铆a.

El n煤mero de las llamadas a los servicios de atenci贸n a la violencia de g茅nero se dispar贸 en la regi贸n durante los primeros meses de la pandemia, casi sin excepciones. En Uruguay, el total de consultas telef贸nicas y presenciales a los servicios del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) de todo el pa铆s aument贸 25% respecto de 2019. S贸lo entre enero y setiembre fueron atendidas 11.281 llamadas al 0800 4141, un promedio aproximado de 41 por d铆a, seg煤n cifras del Inmujeres. El pico m谩ximo se registr贸 en abril, con una consulta cada 20 minutos.

En paralelo, hubo una baja de las denuncias policiales, un fen贸meno que se repiti贸 en otros pa铆ses y que dej贸 en evidencia los obst谩culos a los que se enfrentaron las mujeres a la hora de denunciar en el contexto de aislamiento. De todas formas, el Ministerio del Interior registr贸 33.004 denuncias por violencia de g茅nero de enero a octubre de 2020. Es decir, 109 por d铆a. O una cada 13 minutos.

Varios pa铆ses de la regi贸n que optaron por cuarentenas estrictas tambi茅n enfrentaron un aumento de los femicidios durante la pandemia. En Argentina, por ejemplo, hubo 298 casos del 1潞 al enero al 31 de diciembre, seg煤n datos del Observatorio de Violencias de G茅nero “Ahora que s铆 nos ven”. De ese total, 217 tuvieron lugar durante el per铆odo de aislamiento y distanciamiento social obligatorio, entre el 20 de marzo y el 30 de diciembre. En 65,1% de los casos, los femicidios se dieron dentro de una vivienda, lo cual ratifica que “el hogar de las mujeres contin煤a siendo el lugar m谩s inseguro”, puntualiza el observatorio en el informe.

Reforzar los servicios telef贸nicos fue una de las distintas medidas que se adoptaron en la regi贸n para abordar la violencia de g茅nero. Hubo otras. Las autoridades argentinas, por ejemplo, decretaron una excepci贸n para que mujeres y personas LGBTI en situaci贸n de violencia pudieran romper la cuarentena para ir a hacer una denuncia penal o pedir asistencia. El gobierno de Colombia expidi贸 un decreto para garantizar la prestaci贸n ininterrumpida de servicios de atenci贸n a v铆ctimas de violencia de g茅nero en las comisar铆as de familia, de forma virtual. La Fiscal铆a de Honduras anunci贸 que investigar铆a de oficio a personas que promovieran la violencia contra las mujeres a trav茅s de redes sociales durante el per铆odo de aislamiento.

En todos los pa铆ses, sin excepci贸n, el riesgo y los obst谩culos para huir de las situaciones de violencia fueron y son todav铆a m谩s grandes para las mujeres en situaciones de mayor vulnerabilidad a m煤ltiples formas de discriminaci贸n, como mujeres con discapacidad, con VIH, LGBTI, migrantes, desplazadas y refugiadas, v铆ctimas de conflicto armado, ind铆genas, afro, rurales o que viven en asentamientos. Por eso, organizaciones sociales insisten en que el abordaje de las distintas problem谩ticas tiene que incluir siempre la mirada interseccional.

El periplo por la salud sexual y reproductiva

La OMS public贸 en marzo una gu铆a con orientaciones para mantener los servicios de salud esenciales durante la pandemia que inclu铆a tanto los relacionados con la salud sexual y reproductiva como los de maternidad. El documento advert铆a, de hecho, que la reducci贸n de la disponibilidad de esos servicios pod铆a implicar “miles de muertes maternas y neonatales debido a los millones de embarazos no deseados adicionales, los abortos en condiciones de riesgo y los partos complicados sin acceso a la atenci贸n esencial y de emergencia”. Incluso alertaba que una reducci贸n de 10% en estos servicios “podr铆a resultar en unos 15 millones de embarazos no deseados, 3,3 millones de abortos en condiciones de riesgo y 29.000 muertes maternas adicionales durante los pr贸ximos 12 meses”.

Pero de lo recomendado a lo hecho hubo un largo trecho, y varios pa铆ses se vieron obligados a priorizar los servicios destinados exclusivamente a atender la covid-19. Como consecuencia, la atenci贸n a la salud sexual y reproductiva de mujeres, ni帽as y adolescentes fue interrumpida, negada o sufri贸 recortes.

En muchos casos, hubo negaci贸n o suspensi贸n de los servicios de interrupci贸n voluntaria del embrazo y recortes de suministros de misoprostol y mifepristona, seg煤n denunci贸 en octubre Catalina Mart铆nez Coral, directora regional para Am茅rica Latina y el Caribe del Centro de Derechos Reproductivos, en una entrevista con la agencia DW. En otros casos, como en Brasil, la crisis redujo dr谩sticamente el acceso a los abortos legales porque muchas cl铆nicas cerraron: de las 76 registradas que brindan servicios de aborto legal en todo el pa铆s, s贸lo 42 permanecieron abiertas durante la pandemia, de acuerdo con datos recopilados por activistas y relevados por la cadena BBC.

Las barreras para el acceso al aborto fueron incluso alentadas y celebradas por grupos “provida”, algunos con influencia en gobiernos nacionales o locales.

Mart铆nez Coral asegur贸 que las mujeres tambi茅n encontraron obst谩culos para acceder a la salud materna. En ese sentido, dijo que en pa铆ses como Honduras y Per煤 se denegaron atenciones prenatales “inclusive a personas que ten铆an embarazos de alto riesgo”.

En Uruguay no se registraron irregularidades para acceder a los servicios de aborto, pero s铆 fueron denunciados casos de violencia obst茅trica. En concreto, se denunciaron situaciones en las que se prohibi贸 el acompa帽amiento en controles prenatales y ecograf铆as, as铆 como casos de maltrato verbal. La organizaci贸n Gestar Derechos advirti贸 sobre el caso de una mutualista que impuso la ces谩rea a una mujer con coronavirus y prohibi贸 el acompa帽amiento de su pareja.

La respuesta de los feminismos, otra vez, fue organizar la sororidad. En Argentina, las Socorristas en Red lanzaron una campa帽a para recordar que las mujeres tienen derecho a un aborto seguro incluso en cuarentena. “El sistema de salud no te puede abandonar. Los derechos sexuales y reproductivos no se suspenden en pandemia”, dec铆a una de las placas que circularon en redes sociales. En Ecuador, la red Las Comadres tambi茅n difundi贸 informaci贸n de contacto para atender a mujeres que quisieran interrumpir el embarazo, tanto por v铆a telef贸nica como a trav茅s de Telegram. “Un aborto acompa帽ado es un aborto seguro” era una de las premisas. En Uruguay, el colectivo Mujeres en el Horno reafirm贸 que el aborto es legal incluso en pandemia y le dio difusi贸n al n煤mero de la L铆nea Aborto, mientras que Gestar Derechos se puso a disposici贸n para asesorar a quienes hubieran vivido alg煤n episodio de violencia obst茅trica.

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Fuente: Lahaine.org