October 23, 2021
De parte de El Topo
321 puntos de vista


El desgarrador asesinato de Samuel Luiz, en julio, nos conmocion贸 y puso el foco en el aumento que las agresiones lgtbif贸bicas est谩n teniendo en los 煤ltimos a帽os (seg煤n los datos que recoge el Portal estad铆stico de criminalidad del Ministerio de Interior).

En 2019 mis amigas cortaron la calle frente a Puerta Osario (Sevilla) con un cartel que dec铆a 芦ESTAMOS EN GUERRA禄. Mis amigas pon铆an t铆tulo a su lucha y nos alumbraban. La guerra que las mujeres sufren, la guerra que tambi茅n sostenemos las disidencias sexuales por no ajustarnos a las normas de un panorama heterocispatriarcal que se disfraza bajo la modernidad capitalista, que de nosotras solo quiere nuestro dinero. Nos ahoga y legitima la violencia cada vez con menos disimulo y m谩s dureza. Las marikas estamos en guerra.

Por si ya nadie se acuerda, el 27 de marzo de 212 en Santiago de Chile, Daniel Zamudio, un joven de 25 a帽os, era atacado y torturado en un parque de la capital chilena hasta provocarle la muerte con un traumatismo craneoencef谩lico. Previo a su muerte, le dibujaron una esv谩stica con una navaja en la piel y quemaron colillas de cigarro sobre 茅l. Posteriormente, en Chile emitieron una serie donde Zamudio aparec铆a como un joven promiscuo que ten铆a relaciones con se帽ores mayor que 茅l y a sus asesinos como v铆ctimas de un sistema social injusto que se vieron avocados al asesinato.

Samuel Luiz, un joven 芦maric贸n禄 m谩s, tan cotidiano como yo, que escribo este art铆culo, sali贸 de fiesta con sus amigas una noche en la que la furia del tan sano sistema heterocispatriarcal lo tortur贸 con una brutal paliza en varios ataques que duraron en torno a unos seis minutos. A Samuel tambi茅n lo mataron.

Las amigas de Samuel salieron en televisi贸n narrando el desconsuelo, los hechos, las palabras de 芦maric贸n de mierda禄, el vac铆o y el trauma que se les ha quedado para siempre. Las marikas que vimos esas im谩genes vimos en esas amigas, a todas nuestras amigas, llorando por nosotras, en un hecho sin vuelta atr谩s, en una desaparici贸n sin lugar a una pr贸rroga, en una brutalidad de pel铆cula encarnizada en su piel. Mientras tanto ten铆amos que seguir discutiendo en nuestros trabajos, en la calle o con nuestras familias si lo hab铆an matado por ser maric贸n.

La posibilidad de que te puedan matar un d铆a cualquiera en la calle por mostrar libremente con qui茅n te gusta acostarte o de qui茅n te enamoras es una raz贸n de suficiente peso para que actives el 芦ve con cuidado禄, para que ocultes un poquito tus formas de contarle a todos qui茅n eres, para que temas por ti y por tantos otros que quieres.

Pero quer铆a contarles algo sobre esta guerra de la que hablaba al principio. Los maricones libramos una guerra toda nuestra vida, no digo que sea ni peor ni mejor que otras que se han de librar, digo que es la nuestra y que entre tantas cosas el lavado rosa que el capitalismo ha hecho con nuestra sexualidad hace que hayamos pensado que nosotras ya est谩bamos a salvo. Como si ya pudi茅ramos respirar tranquilas porque ya nos dejan casarnos y adoptar. Ya esta sociedad nos tolera. Bueno, en realidad, lo que la sociedad nos deja es que consumamos, que compremos viajes para gays, vayamos a hoteles gays, salgamos en discotecas y festivales gays, utilicemos apps gays y todo al m贸dico precio de estar cada vez un poquito m谩s 芦atontadas禄, m谩s vac铆as de rabia, m谩s conformistas, m谩s entretenidas, menos organizadas, m谩s drogadas y mucho m谩s solas.

De repente 隆pum!, resulta que la muerte de Samuel nos saca unos llantos a borbotones cargados de cansancio, de heridas mal cerradas, de traumas, de hartazgo de librar batallas. La de la ni帽ez con el primer 芦maric贸n禄 en tu cara, la de contarlo o no en casa, la del 芦no lo parec铆as禄, la del hetero que te gustaba en el instituto y nunca nadie lo supo, la de serlo en el entorno laboral, la de esconder la pulsera con la bandera en el gimnasio, la de las bromas del jab贸n en las duchas, la del novio hetero de tu mejor amiga, la del coche que pas贸 y nos grit贸. Todas esas que las hemos normalizado y las llevamos como mochilita en la espalda sin decir nada a nadie, porque en el fondo pareciera que hasta nosotras nos hemos cre铆do lo de 芦no tenemos de qu茅 quejarnos禄, nos hemos cre铆do 芦que ya est谩 todo hecho禄. Hemos dejado que el mercado rosa gane, que el amor rom谩ntico gane, que las drogas ganen y as铆 nos hemos ido quedando cada vez m谩s solas, m谩s distra铆das y expuestas.

Harvey Milk dijo que, si alg煤n d铆a una bala lo alcanzaba, ojal谩 sirviera para abrir las puertas de todos los armarios y 驴saben cu谩l es la pena? La bala alcanz贸 a Harvey, pero antes ya hab铆a alcanzado a Lorca, y m谩s tarde mat贸 a Zamudio y asesin贸 a Samuel. Y aunque muchos armarios se hayan abierto, las balas siguen a punto de ser disparadas contra nosotras en cualquier momento y no deber铆a haber paz para quien nos apunta con esa arma.

Si olvidamos qui茅n porta el arma, qui茅n se lucra con nuestra sexualidad, qui茅n nos da 芦gato por liebre禄. Si olvidamos que solo organizadas podremos sostener esta resistencia, que solo nosotras podemos dar voz a nuestra disidencia, si apagamos nuestra potencia, nuestra mirada, nuestra energ铆a de multiplicarnos, de abrazarnos, de protegernos, de ponernos voz, cara, de llenarnos de historia, estaremos siempre en riesgo, en vulnerabilidad, amenazadas de muerte.

Por eso, igual que mis amigas ya afirmaron con tanta rotundidad aquel 8 de marzo con aquel cartel, nosotras no deber铆amos olvidarnos jam谩s: estamos en guerra.

Por

Ricardo R. Chac贸n




Fuente: Eltopo.org