June 11, 2021
De parte de La Haine
178 puntos de vista


Nos encontramos en Colombia en medio de una profunda crisis del modelo neoliberal. Sin embargo, este hecho, que tiene procesos similares a lo largo y ancho del continente, tiene un ingrediente particular: la debacle del Estado mafioso, erigido en los 煤ltimos veinte a帽os por el uribismo, que hoy se desliza hacia el fascismo para resolver la crisis que 茅l mismo gener贸. Proceso que, adem谩s, se desarrolla en medio de los estragos de la pandemia del Covid-19.

En las cuatro 煤ltimas d茅cadas el desenvolvimiento del capitalismo en Colombia y la expresi贸n pol铆tica de la fuerza que lo ha impulsado ha pasado por varios momentos que es necesario explicar, aunque sea brevemente. En los a帽os ochenta del siglo pasado la econom铆a mafiosa, entrelazada con la econom铆a formal de los monopolios criollos e internacionales, hab铆a desarrollado dos modelos: el del cartel de Medell铆n, violento y con rostro delincuencial, y el de Cali, con formas discretas de violencia, una tendencia m谩s clara hacia los negocios legales, las inversiones y la legitimaci贸n de los dineros en grandes empresas.

El choque entre estos dos carteles, con diferentes niveles de cooptaci贸n de instituciones estatales y fuerza p煤blica y de los partidos tradicionales, gener贸 una fuerte pugna militar y pol铆tica. Los primeros fueron perseguidos y condenados por EEUU por su beligerancia y peligrosidad. Se enfrascaron en una guerra contra el Estado a trav茅s del grupo de Los Extraditables y derramaron sangre a su paso. Los segundos, el cartel de Cali, se escondieron en la sombra y desde all铆 financiaron la campa帽a presidencial de Ernesto Samper, hecho conocido como el esc谩ndalo del proceso 8000. La formaci贸n de grupos de poder en las regiones, especialmente en Antioquia, el Valle del Cauca y el Magdalena Medio, por necesidades de la expansi贸n de los negocios del tr谩fico de droga gener贸 proyectos con pretensiones nacionales. De esta forma el uribismo evolucion贸 de sustento de un pol铆tico antioque帽o audaz a un proyecto con estrecha alianza de narcotraficantes, paramilitares y pol铆ticos que en 2001 se denomin贸 el pacto de Ralito cuyos dos objetivos centrales fueron aniquilar la base social de la insurgencia y abolir la Constituci贸n de 1991, acusada de ser una Carta pro comunista, con esos prop贸sitos emergi贸 el gobierno a 脕lvaro Uribe V茅lez quien fungi贸 como presidente del pa铆s de 2002 hasta 2010 y por intermedi贸 de Iv谩n Duque dirige el Estado a partir de 2018. [1]

No obstante, hubo pugnas en el bloque dominante. Un sector de la burgues铆a colombiana si bien se vio beneficiada por los desarrollos del pacto de Ralito, se mostr贸 reacia a la alianza con tan nefastos personajes, debido a la desinstitucionalizaci贸n autoritaria y mafiosa. Pese a todo, el uribismo llev贸 hasta las m谩s altas esferas del Estado el influjo paramilitar y de narcotraficantes, con quienes aplic贸 una pol铆tica de tierra arrasada de la cual fueron parte los cr铆menes de Estado, mal llamados falsos positivos, la utilizaci贸n del DAS como un escuadr贸n de la muerte, las masacres, la desaparici贸n forzada y el desplazamiento de cerca de 4 millones de campesinos para despojarlos de sus tierras y generar nuevos emprendimientos empresariales. Hay que decir que el uribismo hubiera sido inviable sin la alianza interburguesa con el narcotr谩fico y sin el respaldo financiero, militar y geopol铆tico del imperialismo estadounidense quien, a sabiendas del car谩cter de Uribe, lo sostuvo para que Colombia jugara el papel de 鈥淚srael de Am茅rica鈥 en la tarea de contenci贸n de los gobiernos alternativos que empezaron a surgir en el continente.

El sector de la granburgues铆a, que en adelante denominaremos tradicional, consider贸 que ya hab铆a sido suficiente el desangre nacional, del que sin duda se hab铆a beneficiado y del cual hizo parte, en consecuencia, intent贸 detener la alianza entre paramilitares y narcos que impulsaba el uribismo con el ascenso de Juan Manuel Santos (2010 鈥 2018), quien, para diferenciarse de Uribe y su legado sangriento, impuls贸 el proceso de paz con las FARC y apost贸 por la pacificaci贸n del pa铆s. Le interesaban los negocios y la explotaci贸n minero-energ茅tica pero sin necesidad de mancharse las manos de sangre ni de aliarse con narcos.

El sector mafioso de los nuevos ricos y el sector de la burgues铆a financiera se aliaron con el paramilitarismo dedic谩ndose desde entonces a romper los di谩logos de paz y a revisitar el Pacto de Ralito, ya sin sus viejos aliados los caudillos de las AUC (varios muertos o extraditados), sino con nuevos sectores parapol铆ticos. La oposici贸n a los acuerdos de paz provino de varios frentes. La c煤pula militar colombiana, devenida en nuevo grupo empresarial (el Grupo Social y Empresarial de la Defensa 鈥 GSED), consider贸 que el negocio multidimensional de la guerra estaba amenazado por la implementaci贸n de los acuerdo de paz. Los grandes ganaderos agrupados en Fedegan, sectores de la burgues铆a de la ca帽a en Cauca y Valle, los 鈥渘uevos llaneros鈥 de la Orinoqu铆a que cosecharon negocios sobre tierras expropiadas, se indignaron con la amenaza de las pol铆ticas de restituci贸n de tierras y retorno campesino, as铆 que optaron por defender el nuevo Pacto de Ralito.

Adem谩s, la burgues铆a financiera en Colombia comenz贸 a establecer alianzas de todo tipo para sacar provecho de los negocios de las obras p煤blicas que el Estado impulsaba. Tal movimiento la llev贸 inicialmente a establecer v铆nculos con el sector de Germ谩n Vargas Lleras y con caciques coste帽os y antioque帽os que participaban en los negocios turbios de Odebrech, Reficar, Hidruitango, el cartel de la contrataci贸n de Bogot谩, etc. Posteriormente, ante los esc谩ndalos generados asumi贸 que era mejor optar por apoyar un gobierno autoritario que pusiera a su servicio el pa铆s. De esta forma se sell贸 una estrecha alianza entre los sectores de la alta burgues铆a financiera, c煤pula militar empresarial, pol铆ticos corruptos y caciques regionales, el nuevo Pacto de Ralito como la expresi贸n capitalista, guerrerista, mafiosa y paramilitar que el uribismo encarna. Algo similar a lo que ocurri贸 en Alemania a comienzos de los a帽os treinta cuando el sector empresarial de las farmac茅uticas, que ten铆a acusaciones en Europa de generar contaminaci贸n y c谩ncer a sus trabajadores, apoy贸 al fascismo a cambio de impunidad.

Esta alianza es la que ha permitido que la crisis del modelo neoliberal, evidente en el mundo en la 煤ltima d茅cada, buscase como salida el fascismo. Son varias las razones de esta transformaci贸n. En primer lugar, el uribismo no puede permitir que nuevas fuerzas, democr谩ticas y populares, accedan al control del Estado pues eso supone el fin de la impunidad. Tampoco puede permitir que avancen los trabajos de la Jurisdicci贸n Especial de Paz (JEP) y que militares de alto rango y funcionarios del Estado declaren en las investigaciones por delitos de lesa humanidad, pues se evidenciar铆a su participaci贸n en todo tipo de cr铆menes. En tercer lugar, tampoco pueden permitir que los negocios del narcotr谩fico se afecten y con ellos sus socios pierdan el control de vastas regiones y enormes cantidades de recursos, recordemos simplemente el libro del tristemente c茅lebre delincuente Andr茅s Felipe Arias, Coca铆na 驴estabilizador macroecon贸mico colombiano 2015-2018? en el que sostiene que ante la crisis global generada por la ca铆da del precio de los hidrocarburos, la coca铆na devino en el principal estabilizador econ贸mico del pa铆s.[2]

En cuarto lugar, tratan de impedir la consolidaci贸n de la paz y para ello conspiran cotidianamente con el asesinato de l铆deres sociales y reinsertados, la negativa de Iv谩n Duque a financiar el proceso de paz y a implementarlo son hechos que evidencian esta postura. Por su parte el sector financiero no puede perder los negocios ni que se destapen los hechos de corrupci贸n ni las redes que las realizaron. El uribismo le ha brindado una etapa dorada en la que desde el Estado le entregan los recursos del manejo de la pandemia, la liberan de todo compromiso con los trabajadores a trav茅s de procesos de flexibilizaci贸n laboral y obtienen del presidente Duque la promesa de la entrega definitiva del manejo de las pensiones, los recursos de la salud, etc茅tera, hechos que se expresaron en los decretos expedidos al amparo de la lucha contra la pandemia y en los proyectos de reforma tributaria y de salud.

Por ello la salida fascista es la que se empe帽an en implementar, pues la conciben como el 煤nico instrumento para detener el ascenso de la lucha social y pol铆tica y, especialmente, para impedir un cambio dr谩stico en el legislativo y el ejecutivo en las elecciones de 2022. Igualmente buscan garantizar la impunidad para el uribismo, los pol铆ticos corruptos y los grandes empresarios.

Protestas, pandemia, fascismo y la nueva cuesti贸n social en Colombia

En noviembre de 2019 vivimos en Colombia un primer levantamiento popular contra medidas que agraviaban la calidad de vida de millones de colombianos, una lesiva reforma pensional que buscaba liquidar el componente p煤blico del sistema pensional, la reducci贸n del salario de los 14 millones de juventudes hasta un 75% del m铆nimo, la privatizaci贸n de activos claves del sector p煤blico como Ecopetrol, el Holding Financiero, el incremento desmesurado de tarifas de servicios p煤blicos para estratos 4, 5 y 6, la reforma tributaria que exim铆a de impuestos a los potentados y recargaba en las clases medias y trabajadoras el recaudo nacional. Todas medidas a favor del gran capital que incrementaron la indignaci贸n, el incumplimiento de acuerdos con diferentes sectores sociales y la defensa de la protesta social que quer铆a ser regulada y restringida. La respuesta de Duque a esa protesta nacional del 21 de noviembre fue la represi贸n y el toque de queda, como resultado el pa铆s tuvo un saldo de 3 j贸venes asesinados, cientos de heridos y detenciones arbitrarias, lo que agudiz贸 el inconformismo.[3] Para tratar de orientar ese estallido social se conform贸 el Comit茅 Nacional de Paro que agrupaba a las centrales sindicales, sectores juveniles, sectores de mujeres, grupos ind铆genas y campesinos quienes en medio de las protestas articularon un pliego de 135 puntos.[4]

En los meses transcurridos entre diciembre del 2019 y febrero del 2021 se instal贸 una mesa de di谩logo entre el Comit茅 de Paro y la comisi贸n gubernamental presidida entonces por Diego Molano, quien desgast贸 el espacio y busc贸 quitar credibilidad a las exigencias. Al respecto en febrero del 2020 sostuvo:

De esos 135 puntos aproximadamente el 6 % no son competencia del Ejecutivo y corresponden a responsabilidades, o legislativas o del sector judicial, como por ejemplo la liberaci贸n de presos pol铆ticos o la revisi贸n de esos casos de DDHH de las fuerzas militares. Hay 20 % de los puntos que consideramos que son inviables fiscalmente o pol铆ticamente, por ejemplo, el proceso de estatizaci贸n de Ecopetrol puede costarle al Estado 15 billones de pesos, el desmonte del cuatro por mil; ocho millones de pesos desfinanciando sobre todo temas de salud y educaci贸n y hay unos que son inviable pol铆ticamente como la revisi贸n de la pol铆tica de seguridad y Defensa Nacional o el desmonte del Esmad que como gobierno consideramos son responsabilidades exclusivas o que son funciones el presidente鈥5]

El 24 de marzo de 2020 ante la pandemia global causada por un nuevo coronavirus el gobierno decret贸 una cuarentena nacional que confin贸 a la poblaci贸n. Duque aprovech贸 las medidas de la emergencia sanitaria para concentrar a煤n m谩s el poder ya que con la poblaci贸n encerrada, la restricci贸n de la presencia en las calles y el Congreso virtualizado y sin capacidad de ejercer control pol铆tico.

El Comit茅 Nacional de Par贸 present贸 al gobierno el 20 de julio del 2020 un nuevo pliego de emergencia para atender la crisis alimentaria y social que se agudiz贸 con la pandemia y las medidas de confinamiento. Los seis puntos propuestos fueron:

1. Intervenci贸n del Estado del sistema de salud para garantizar la atenci贸n en la pandemia, estableciendo todas las medidas de bioseguridad requeridas y formalizaci贸n laboral para todos los y las trabajadoras de la salud.

2. Renta B谩sica de emergencia de por lo menos un salario m铆nimo legal vigente por seis meses para treinta millones de personas en condici贸n de pobreza, vulnerables y afectadas por la crisis. Moratoria en el pago de cr茅ditos hipotecarios y de consumo, en el pago de los Servicios P煤blicos (Agua, Electricidad, Internet, Gas) durante cuatro meses, prohibiendo el corte de estos.

3. Defensa de la producci贸n nacional (agropecuaria, industrial, artesanal, campesina) y el empleo con derechos. Defensa de la soberan铆a y la seguridad alimentaria: condonaci贸n de cr茅ditos agropecuarios y subsidios para la producci贸n de las y los campesinos y peque帽os y medianos productores y un programa de compras p煤blicas para la producci贸n agropecuaria. Qu茅 no se desmejoren las condiciones de las y los trabajadores y de las y los pensionados.

Se completar谩 el subsidio al valor total de las n贸minas y la prima para las MIPymes.

4. Apoyo al sistema educativo p煤blico dirigido a garantizar la matr铆cula cero en las instituciones de educaci贸n superior p煤blica y subsidios dirigidos a garantizar la continuidad de los estudios en las instituciones de educaci贸n superior privada y apoyo al sector cultural. No retorno a las clases presenciales para el sistema educativo mientras no est茅n las garant铆as para ello.

5. Mujer y Diversidades Sexuales: Acciones diferenciadas y espec铆ficas para garantizar la plena vigencia de los derechos de las mujeres y de las diversidades sexuales durante la emergencia. Robustecer las acciones de prevenci贸n a las violencias basadas en g茅nero. Derogatoria de los decretos de emergencia que han desmejorado las condiciones de la vida econ贸mica y social.

6. No privatizaci贸n de la red de transporte en oleoductos de Ecopetrol.[6]

El gobierno no dio ninguna respuesta. Por el contrario, la gesti贸n de la pandemia fue desastrosa y estuvo acompa帽ada de altas dosis de violencia estatal y paramilitar. Seg煤n INDEPAZ en 2020 se registraron 91 masacres en el pa铆s con un total de 2.328 muertes, la mayor铆a j贸venes. Las m谩s conocidas son la masacre de cinco adolescentes en Cali en agosto de 2020 a manos de la polic铆a y la masacre de 9 j贸venes en Samaniego 鈥 Nari帽o, a煤n no esclarecida. En ese mismo lapso la polic铆a asesin贸, a lo largo del a帽o 2020, 10 personas -seg煤n cifras oficiales 鈥 entre ellas 6 j贸venes por violar las normas de cuarentena. El 4 de septiembre de 2020 8 j贸venes que permanec铆an recluidos en una estaci贸n de polic铆a en Soacha murieron incinerados, la investigaci贸n a煤n no esclarece la alta responsabilidad de la polic铆a en este crimen. En septiembre de 2020, tras el brutal asesinato de Javier Ord贸帽ez el 8 de septiembre a manos de la polic铆a, la protesta social en Bogot谩 dej贸 un saldo de 10 muertos, en su mayor铆a j贸venes, nuevamente a manos de la polic铆a.[7]

Simult谩neamente todos los indicadores sociales se deterioraron. Seg煤n el DANE en 2020 por razones de desempleo e informalidad hubo 3.6 millones de nuevos pobres y 2.5 millones m谩s de personas en condici贸n de pobreza extrema. Las ciudades m谩s afectadas por esta crisis acumulada, estructural y catapultada por la pandemia y la p茅sima gesti贸n gubernamental de la misma fueron Bogot谩, Cali, Bucaramanga, Ibagu茅 y Barranquilla, en las que las personas que ya ten铆an ingresos reducidos, entre ellas j贸venes y mujeres, tuvieron mayores impactos negativos.

Mientras el hambre, la pobreza y el desempleo devasta a la clase media y a los sectores populares, el gobierno con decretos de la emergencia sanitaria y econ贸mica, cre贸 el Fondo de Mitigaci贸n de Emergencias FOMAE, que apropi贸 15 billones de pesos para mitigar la emergencia sanitaria en el pa铆s, pero que permiti贸 trasladar recursos a las arcas de los grandes banqueros y empresarios. Los m谩s beneficiados en esa v铆a han sido Bancolombia, del grupo Sindicato Antioque帽o; el Banco de Bogot谩, propiedad del magnate Luis Carlos Sarmiento 脕ngulo, beneficiario de la corrupci贸n de Odebrecht; y el BBVA de Espa帽a. La situaci贸n ha llegado a tal punto que el informe 鈥淰irus de la desigualdad鈥 del 25 de enero de 2021 presentado por Oxfam se帽ala que la pandemia profundiz贸 la desigualdad en Colombia y Am茅rica Latina en una proporci贸n sin precedentes en m谩s de 100 a帽os. Los megaricos no han perdido, en cambio los pobres y clases medias est谩n ahora 14 veces peor que antes de la pandemia.

Los fascistas, banqueros y megaricos colombianos vieron la cuesti贸n social como una ventana de oportunidades. Un gobierno casi omn铆modo, gobernando por decreto en favor de sectores hist贸ricamente privilegiados, un Congreso de bolsillo y virtualizado y un movimiento social confinado y con poca capacidad de respuesta. Por eso quisieron apretar la tuerca y proponer un nuevo paquetazo tributario a煤n m谩s lesivo que el de 2019 a trav茅s de una nueva reforma laboral y una transformaci贸n del sistema de salud para que los pacientes asumieran los gastos de hospitalizaci贸n, anestesia y otros insumos. Pero, los agravios acumulados llevaron a un nuevo levantamiento social.

El paro, las elecciones de 2022 y la derrota del fascismo

A partir del 28 de abril del presente a帽o se ha generado una oleada de protesta popular no conocida en la historia de Colombia y, seguramente, tampoco en muchos pa铆ses de la regi贸n. M谩s de un mes de movilizaciones, marchas, cortes de ruta, asambleas territoriales, etc茅tera. Han salido a la calle los m谩s diversos sectores sociales y pol铆ticos para manifestar su descontento con el uribismo y con su actual gobierno y especialmente contra la serie de medidas encaminadas a despojar a los ciudadanos de sus menguados ingresos y a entregar los recursos del Estado al sector financiero. La protesta ha sido enfrentada desde el primer momento con la consigna del uribismo de detener a sangre y fuego la movilizaci贸n social, especialmente de los j贸venes. Para ello no solamente ha utilizado violencia de la fuerza del ESMAD sino que dispuso que la polic铆a usara sus armas, que se desaparecieran personas y m谩s recientemente que paramilitares urbanos dispararan impunemente sus armas y que contaran con la protecci贸n de la polic铆a.

A corte del 6 de junio el reporte de Temblores e Indepaz es de 75 personas asesinadas por la polic铆a y el ESMAD, 65 personas con p茅rdida de sus ojos, 187 personas con impactos de bala por parte de la polic铆a, 25 casos de agresiones sexuales, y la denuncia de 548 personas desaparecidas,[8] lo que se帽ala el brutal car谩cter de la represi贸n fascista que enfrente la sociedad colombiana. Adicionalmente, la declaratoria de militarizaci贸n de varios departamentos y ciudades del pa铆s por parte de Duque ha llevado, en los hechos, a suprimir la Constituci贸n en esos territorios y reemplazar las autoridades locales democr谩ticamente elegidas por mandos militares. Este intento de someter a sangre y fuego a la poblaci贸n ha evidenciado la degradaci贸n moral del actual gobierno que abiertamente desata la guerra, enga帽a al pa铆s con informes falsos y mentiras, emplea la prensa para acotar la gravedad de los hechos e intenta detener a los organismos internacionales de DDHH con maniobras propias de las dictaduras m谩s sanguinarias del mundo.

El fascismo uribista est谩 haciendo experimentos sociales y pol铆ticos para mantener el poder mediante la profundizaci贸n de la guerra y el miedo que suele dar r茅ditos pol铆ticos. Incentiva el viejo repertorio del uso de las armas por civiles armados, fortalece la capacidad b茅lica de la polic铆a y el ESMAD para asumir la protesta social como una lucha contra el terrorismo urbano o para crear un escenario de conflictividad de largo aliento, ya sea que mantenga el control gubernamental en el 2022 o enfrente un eventual acceso al poder por parte de la oposici贸n.

La implementaci贸n de este proyecto fascista exige al movimiento social y popular discutir los alcances, oportunidades, logros y limitaciones de la actual portentosa protesta social. Son varios los problemas que han surgido en el campo popular, hoy diverso, policlasista, descentralizado, debido a los efectos en la sociedad colombiana del neoliberalismo, la globalizaci贸n, la guerra y el narcotr谩fico.

En primer lugar, encontramos una tendencia a la fragmentaci贸n y a las pugnas en el movimiento social. El Comando Nacional de Paro constituido desde finales de 2019 presenta varias tensiones. Pese a la reducci贸n del sindicalismo colombiano por la represi贸n y el neoliberalismo, las centrales sindicales son la fuerza social que cuenta con mayores capacidades organizativas, mayor experiencia de negociaci贸n y m谩s recursos pol铆ticos y log铆sticos acumulados en sus trayectorias, pero mantienen unos esquemas de movilizaci贸n muy apegados a la institucionalidad y de f谩cil cooptaci贸n por el r茅gimen y a la vez mantienen roces con las formas de resistencia desplegadas por los j贸venes, por eso varios miembros de la dirigencia sindical consideran la acci贸n de los sectores en lucha que est谩n por fuera del accionar sindical, como amenazas y ruidos innecesarios en su prop贸sito de lograr acuerdos con el gobierno.

Por fuera del Comit茅 Nacional de Paro existe una multiplicidad de sectores que no se sienten representados en la dirigencia sindical -principalmente asentada en Bogot谩, masculina y proveniente de los empleados estatales- y que han surgido por la precarizaci贸n de la vida en el pa铆s, la transformaci贸n generacional, los efectos de la crisis del neoliberalismo, etc. Esta multiplicidad tiene fuertes expresiones territoriales, culturales, juveniles cuyas principales formas de expresi贸n son los cortes de ruta, los campamentos de resistencia y las primeras l铆neas. Ante la crisis de representaci贸n pol铆tica generada por la debilidad de las izquierdas, el caudillismo y la burocratizaci贸n de las dirigencias, este complejo sector oscila entre demandas exclusivamente locales y maximalismos insurreccionales. Adem谩s tiene una gran dificultad en convertirse en un interlocutor de car谩cter nacional.

Esta diversidad de posturas y apuestas es el principal desaf铆o que enfrenta la movilizaci贸n social en Colombia, el Comit茅 Nacional de Paro, las izquierdas y, en general, a los sectores organizados con presencia nacional. No obstante, en la actual coyuntura hist贸rica es deseable poner en juego todos los prop贸sitos de unidad, la solidaridad y la complementariedad de experiencias de lucha y recursos pol铆ticos para fortalecer un amplio frente antifascista que pueda proyectar a nivel nacional el horizonte pol铆tico. Pero igualmente entendiendo las limitaciones de la coyuntura pol铆tica y de los l铆mites a los cuales la poblaci贸n en general est谩 dispuesta a llegar.

La lectura de ciertas fuerzas pol铆ticas y sociales que conciben el mes de protestas como una insurrecci贸n ha desatado una serie de consignas de dif铆cil cumplimiento, como la ca铆da de Duque. Esta apuesta puede generar un incremento de la barbarie estatal, ya que antes que se presente la ca铆da del presidente el uribismo prefiere desembozar violencias estatales y paramilitares en nombre de un supuesta 鈥済uerra civil鈥, sin que las multitudes en protesta puedan resistir tama帽a arremetida y cuenten en estos momentos con condiciones para una transformaci贸n radical e inmediata de la sociedad. En efecto, las ollas comunitarias o las asambleas populares, con su innegable vitalidad e importancia, pierden toda posibilidad sino no se articulan a una coordinaci贸n organizativa de car谩cter nacional y se les dota de representaci贸n y programa de mediano y largo plazo. Los di谩logos locales, por muy significativos que puedan parecer, se desvanecen por la postura de Uribe a desconocer aquello que no sea conseguido mediante la acci贸n de las fuerzas armadas y, por otra parte, el dialogo con autoridades locales generalmente no tienen futuro, pues 茅stas no tienen capacidad de decisi贸n.

La unidad en el movimiento social y popular, elemento determinante en estos momentos, viene siendo minada por la negativa de los diversos sectores a reconocerse mutuamente. A pesar de sus vacilaciones, dificultades para expresar a los diversos sectores y burocratismo el CNP fue un actor determinante de las protestas de 2019; construy贸 un plan de reivindicaciones con la presencia de los amplios sectores de la poblaci贸n, que fue presentado al gobierno en aquel entonces; lanz贸 la propuesta de paro del 28 de abril del presente a帽o ante el intento del gobierno de imponer una reforma tributaria; y es factor clave en las movilizaciones actuales. De manera que desconocer su presencia no es solamente sectarismo pol铆tico sino una postura que fractura el movimiento social y popular y favorece la represi贸n. De lo que se trata es de unificar las fuerzas, es la tarea m谩s importante. No de crear dos, tres o cuatro agrupaciones que se dicen protagonistas de la protesta y due帽a de sus posibilidades. La fragmentaci贸n favorece al uribismo, imposibilita construir fortalezas, impide mostrarse unificados en los encuentros con el gobierno, genera un peligroso ambiente de construir salidas a la actual coyuntura y dificulta la protecci贸n de la vida de los j贸venes. El hero铆smo y la pretensi贸n de ir hasta las 煤ltimas consecuencias no necesariamente es lo m谩s acertado, lo evidencia la experiencia de La Comuna de Par铆s.

En segundo lugar, existe un problema para transformar pol铆ticamente a los actores de la protesta social. Es cierto que han emergido nuevas formas de acci贸n pol铆tica que reivindican lo local, subjetivo y cultural y en muchas ocasiones lo contraponen al escenario de la lucha pol铆tica electoral. Tambi茅n es cierto, que quienes han hecho de lo electoral el principal recurso, suelen contemplar estos otros escenarios como insignificantes, pasajeros e intrascendentes. Quiz谩s la mayor dificultad que explica estos desencuentros son las 鈥渁gendas ocultas鈥 que diversos sectores tienen al interior del CNP o de las asambleas y que entorpecen el establecimiento de acuerdos, la unificaci贸n de fuerzas y el acatamiento de las directrices. De tal suerte que hay quienes ven, desde la beligerancia del paro, como inminente un triunfo en las elecciones de 2022. Se cree que esta inusitada oleada de protesta popular se trasladar谩, mec谩nicamente, a las urnas y que el uribismo ser谩 derrotado. Esta lectura tiene varios problemas. El primero, suponer que el uribismo aceptar谩 tranquilamente el resultado de las elecciones. El segundo, que solamente es suficiente un liderazgo de una persona capaz y dotada de carisma, como ser铆a el caso de Gustavo Petro, para garantizar el triunfo. El tercero suponer que es suficiente con la expresi贸n de la iniciativa de los diversos sectores sociales para lograr el dise帽o de propuestas alternativas de conducci贸n del pa铆s.

Por el contrario, creemos que la apuesta del movimiento social y popular debe girar en torno a cuatro consignas: defensa de la vida de los j贸venes, superar la denominada unidad de acci贸n, considerar la creaci贸n de una fuerte coordinaci贸n organizativa nacional con amplia base social, gremial y territorial y la construcci贸n colectiva de un proyecto pol铆tico dotado de una fuerte base de masas que permanentemente buscan su cualificaci贸n pol铆tica.

Lo primero es entender que el momento pol铆tico exige poner fin a la fragmentaci贸n, el protagonismo caudillista y el burocratismo. Se trata de poner en juego la capacidad de articular en un proyecto nacional esta energ铆a social diversa, puede ser mediante una coordinadora nacional o un movimiento de movimientos del que hagan parte, entre otras, las asambleas territoriales y nacionales, el Comit茅 Nacional de Paro, las expresiones culturales, ambientales, de mujeres, de estudiantes, 茅tnicas, las diferentes izquierdas, las personalidades democr谩ticas, la academia comprometida y las comunidades de fe movilizadas. Pero, igualmente es fundamental que si bien juegue pol铆ticamente en el 2022 no ponga todas sus energ铆as en esa meta demasiado inmediata, sino que, apueste a fortalecer el campo popular para la lucha antifascista en los pr贸ximos diez a帽os, construyendo una nueva hegemon铆a de amplia base social.

De manera que toda diferencia se debe dirimir al interior del movimiento social y popular y no desde la construcci贸n de corrientes contradictorias. Esta organizaci贸n es indispensable no solamente para garantizar, a nivel local y nacional, el triunfo electoral de candidatos independientes sino para proteger su vida de los j贸venes, garantizar el respaldo a las medidas que se implementen desde alcald铆as, gobernaciones y eventualmente el ejecutivo y no depender de caudillismos. Creemos que en estos momentos la fractura en dos bloques, CNP y Asamblea, condena todos los 茅xitos del paro y abre las puertas para una recuperaci贸n del terreno pol铆tico al uribismo.

La experiencia de la guerra civil espa帽ola o la Alemania de los a帽os 30 son bien ilustrativas. En dichas naciones las izquierdas llegaron divididas a la guerra y a las elecciones, sus pugnas internas les impidieron construir unidad en medio del conflicto o crear un frente electoral que impidiera el ascenso de Hitler. M谩s recientemente en Ecuador encontramos un buen ejemplo. La existencia de un sector popular fundado en un indigenismo 鈥減uro鈥, negado a las alianzas, definidos por un pulcritud pol铆tica que le impide pactar con el progresismo de Correa y que prefiere el triunfo de la extrema derecha neoliberal antes que llegar acuerdos. Tal postura llev贸 a la entrega de la presidencia al candidato neoliberal. La ceguera de esta postura les impidi贸 entender lo que pol铆ticamente significaba para la regi贸n el triunfo de un candidato alternativo en Ecuador. Por supuesto, es condenable el modelo extractivista del correismo y su gesti贸n tuvo muchas cosas criticables. Pero seguramente el avance de la izquierda en Per煤 hubiese sido m谩s f谩cil y seguramente la posibilidad de derrota del uribismo contar铆a con un contexto internacional favorable con el triunfo electoral del progresismo en Ecuador. Lo m谩s pat茅tico de esta postura es que el acceso a la presidencia del congreso otorgada a Pachakutik se bas贸 en la alianza con la derecha, 隆en una alianza con el partido del presidente Guillermo Lasso![9] Por el contrario, las elecciones que se realizan actualmente en Per煤 muestran que la soluci贸n correcta es la unidad de las izquierdas y el movimiento social. En s铆ntesis, la ausencia de condiciones hace que la pr贸xima coyuntura electoral en Colombia, la de 2022, s贸lo sea un primer paso en una larga carrera.

Lo segundo es entender que es necesaria la flexibilidad en las metas y prop贸sitos y los m茅todos de lucha. La prolongaci贸n por mucho tiempo del paro, con un movimiento social fracturado y una tendencia al aislamiento de los j贸venes por el cansancio de la poblaci贸n ante las protestas, la brutalidad del terrorismo de Estado y la incertidumbre de los logros o la limitaci贸n de algunas formas de protesta que no son aceptadas por amplios sectores del pa铆s es la apuesta del gobierno de Duque, quien adem谩s ha decido no negociar el pliego presentado por el CNP. Por ello es necesario entender que un periodo de reorganizaci贸n y de fortalecimiento de la formaci贸n pol铆tica no significan la renuncia a la protesta social.

Lo tercero es que la inexistencia de una 煤nica coordinaci贸n organizativa nacional dificulta cualquier posibilidad de triunfo en las elecciones de 2022, dar salida a los reclamos de los j贸venes o luchar adecuadamente a mediano y largo plazo contra el fascismo.

En cuarto lugar, una gran reto del momento presente es la dificultad de consolidad un proceso de formaci贸n de nuevos liderazgos pol铆ticos. El actual defecto de los movimientos alternativos es que no existen caminos claros que permitan dotar al movimiento social y popular de liderazgos nacionales, es decir personas que sean f谩cilmente reconocidas y que puedan enfrentar los intentos de descabezar el movimiento social. En la actual coyuntura el proyecto de asesinato de l铆deres sociales amenaza con trasladarse a los dirigentes sindicales y populares y a personalidades como Gustavo Petro, pues el c谩lculo es que eliminando a este desaparecer谩 el movimiento que lo apoya. El problema para enfrentar esta oleada de crimen es que no se construyen v铆as para permitir que la juventud tenga un rol protag贸nico, que se facilite el di谩logo e intercambio intergeneracional y la proyecci贸n de nuevos liderazgos que trabajen con quienes llevan d茅cadas en la direcci贸n del movimiento social y popular y que, por el contrario. Mientras todo se pretenda apostar a las alianzas pol铆ticas con partidos o frentes electorales ya establecidos, l茅ase los verdes o la coalici贸n de la Esperanza, que tienen ya su agenda definida y pr谩cticamente inamovible la situaci贸n de fragmentaci贸n y derrota puede ser posible, ya que ninguno de estos sectores est谩 dispuestos a una alianza con Petro, lo demostraron en las elecciones presidenciales de 2018 y lo evidencian cotidianamente personajes como Claudia L贸pez, Ang茅lica Lozano, Fajardo y Robledo.

La experiencia de las grandes movilizaciones que han sacudi贸 a las naciones en la 煤ltima d茅cada, como en Espa帽a, la de los chalecos amarillos en Francia o las de las mujeres y Black Live Matter en EEUU contra Donald Trump demuestran dos hechos significativo. Que a pesar de la vitalidad, originalidad, m茅todos alternativos y amplia participaci贸n popular esto no puso en peligro el statuo quo, es decir el orden social y pol铆tico capitalista. En segundo lugar, tampoco transform贸 sustancialmente al electorado. De hecho los avances de la derecha en Espa帽a en el presente a帽o son notables, la perdida de influjo de las izquierdas es significativa, (como lo ejemplifica el caso de Podemos) y los candidatos de derecha y extrema derecha incrementaron su votaci贸n. Tambi茅n en EEUU la gran movilizaci贸n de sectores democr谩ticos contra el racismo de Trump no impidi贸, a pesar de su descredito y, repetimos, movilizaci贸n de las minor铆as, reducir la influencia de los republicanos, que superaron los 78 millones de votos.

En quinto lugar, es importante avanzar en la creaci贸n de coordinaciones organizativas que puedan garantizar a nivel local el ejercicio del poder. Es indispensable ir consolidando la creaci贸n de instancias alternas de ejercicio del poder, pero siempre y cuando est茅n articuladas. El modelo de las Asambleas es importante y funcional si se vinculan a proyectos y organizaciones nacionales. Recordemos que la negociaci贸n que puedan establecer con gobiernos locales tiende a diluirse con el paso del tiempo, cuando no a ser canceladas por autoridades de orden nacional. Los funcionarios pueden firmar compromisos, pero eso no tiene efecto a mediano plazo. Los incumplimientos, aun del gobierno nacional, son frecuentes. Adem谩s el proceso de represi贸n desarticula estos modelos f谩cilmente.

En resumen, no es suficiente para construir un proyecto alternativo al fascismo y al neoliberalismo la sola energ铆a y capacidad de iniciativa y sacrificio de las juventudes, o el repertorio de las expresiones de base territorial asambleario, o la experiencia y trayectoria del movimiento sindical, o la fortaleza identitaria de las comunidades ind铆genas, o la figura de l铆der opositor como Gustavo Petro con la meta puesta en el 2022. Todas estas, actuando sin articulaci贸n y reconocimientos mutuos, son fr谩giles y vulnerables ante la acci贸n de un gobierno fascista dispuesto a aniquilar a sangre y fuego al movimiento popular y social. La apuesta no es para las elecciones de 2022, escenario que no se debe despreciar como ejercicio de cualificaci贸n y aprendizaje, sino para la segunda d茅cada del siglo XXI que debe dotarnos de nuevos tejidos sociales y pol铆ticos con capacidades, recursos, liderazgos, fuerza territorial, nacional, alianzas internacionales y con la meta de ser un proyecto para derrotar al fascismo y llevar al pa铆s por la senda de la reconstrucci贸n social, econ贸mica y pol铆tica en democracia, justicia y bienestar para todos y todas.

*Este texto se termin贸 de escribir el d铆a 7 de junio de 2021

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Notas

[1] Un breve s铆ntesis del denominado Pacto de Ralito firmado entre los jefes paramilitares y pol铆ticos colombianos en 鈥淟a historia detr谩s del 鈥楶acto de Ralito鈥, art铆culo publicado el 18 de enero de 2010, versi贸n electr贸nica en https://verdadabierta.com/la-historia-detras-del-del-pacto-de-ralito/ . De igual forma v茅ase el art铆culo 鈥淓ste es el pacto secreto de Ralito鈥 en El Tiempo, Bogot谩, 19 de enero de 2007, versi贸n electr贸nica https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-2362702.

[2] Andr茅s Felipe Arias, Coca铆na 驴estabilizador macroecon贸mico colombiano 2015-2018?, Bogot谩, Universidad Sergio Arboleda, 2019.

[3] Un rese帽a de los primeros choques en el contexto del paro, la detenci贸n de cientos de personas y el asesinatos de 3 j贸venes en el art铆culo publicado por CNN en Espa帽ol el 27 de noviembre de 2019: 鈥淪iete d铆as de protestas y sigue el paro nacional en Colombia: 驴c贸mo llegamos hasta aqu铆?鈥 versi贸n electr贸nica en https://cnnespanol.cnn.com/2019/11/27/siete-dias-de-protestas-y-sigue-el-paro-nacional-en-colombia-como-llegamos-hasta-aqui/

[4] El Comit茅 Nacional de Paro public贸 una agenda para la negociaci贸n con el gobierno nacional el 13 de diciembre de 2019, v茅ase el texto en https://img.lalr.co/cms/2019/12/17234957/NuevoDocumento-2019-12-17-17.37.50_compressed.pdf

[5] 鈥淒iego Molano explica los avances de la conversaci贸n con el comit茅 del paro鈥, 12 de febrero, 2020, https://www.rcnradio.com/politica/diego-molano-explica-los-avances-de-la-conversacion-con-el-comite-del-paro

[6] La Agencia de Informaci贸n Laboral public贸 el pliego de emergencia en el art铆culo del 20 de julio de 2020 鈥淓stos son los 6 puntos del pliego de emergencia鈥 en https://ail.ens.org.co/noticias/estos-son-los-6-puntos-del-pliego-de-emergencia/

[7] V茅ase el 鈥淚nforme de masacres en Colombia durante 2020 y 2021鈥, con corte a 31 de mayo de 2021, publicado por INDEPAZ en http://www.indepaz.org.co/informe-de-masacres-en-colombia-durante-el-2020-2021/

[8] Versi贸n electr贸nica en http://www.indepaz.org.co/cifras-de-violencia-policial-en-el-paro-nacional/, http://www.indepaz.org.co/victimas-de-violencia-homicida-en-el-marco-del-paro-nacional/

[9] 鈥淧artido ind铆gena de Ecuador gana presidencia del Congreso鈥 informe del 16 de mayo de 2021 del noticiero de la agencia alemana DW en versi贸n electr贸nica en https://www.dw.com/es/partido-ind%C3%ADgena-de-ecuador-gana-presidencia-del-congreso/a-57545066?fbclid=IwAR2Daofi2GS_Z86FYn6ravM9CmJj8MLMPZ42CmTGBJXUDWDM4mH5Zzs_RtU

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Fuente: Lahaine.org