May 18, 2022
De parte de A Las Barricadas
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La Pinya.
Història i reflexions d’un col.lectiu d’autogestió educativa

El libro de la Pinya me ha sorprendido en primer lugar por su estructura: parece una muñeca rusa, una matrioshka, un seguir abriendo cajones encontrando una visión diferente sobre el mismo proceso que consigue ofrecer un cuadro colectivo y orgánico del proyecto. El nombre elegido de “Col·lectiu d’autogestió educativa” nos ayuda a entender el trabajo que hay detrás y aleja el proyecto de ser catalogado como una simple escuelita, o un lugar donde se cuidan lxs niñxs. En la Pinya, queda claro desde el principio, se cuida de todo el grupo, de adultxs y pequeñxs y no se quiere delegar el hecho educativo a unxs especialistas, sino tomar decisiones colectivas y compartir la responsabilidad pedagógica. Se asume que el hecho de educar implica también educarse.

La misma estructura del libro evidencia esta manera de actuar: no hay unx especialista que escriba mejor que los demás a quien encargar el texto, ni alguien que conozca el proyecto desde hace más tiempo que se crea en derecho de poder describirlo. Aquí nos encontramos con un coro de voces, de adultxs y niñxs, y una estructura dividida por un lado en etapas del proyecto, para ayudarnos a seguir su desarrollo, y por otro en herramientas concretas que pueden servir a cualquiera que tenga interés en la educación.

Poner por escrito y compartir es un trabajo, que no sólo ayuda el lector a entender el trabajo colectivo de muchos años, sino que sobre todo resulta fundamental para el avanzar del proyecto como se especifica una y otra vez en el texto. Siendo la Pinya un colectivo vivo, en el que sigue entrando y saliendo gente, pues la necesidad de hacer llegar a lxs nuevxs lo que se ha trabajado hasta el momento resulta muy importante para no volver siempre sobre temas ya tratados: todo se puede cuestionar, pero hay que saber cuál es el proceso que ha llevado a esas decisiones y poco a poco se decide poner negro sobre blanco algunas posturas que se consideran identificativas del proyecto. Metáforas muy conseguidas son por ejemplo la de pasarse la “flama pinyera” con un trabajo de fontanería política y pedagógica: la Pinya es el agua y las tuberías son la capacidad de traspasar conocimientos de lxs adultxs. Es importante “reconocer las raíces para poder seguir creciendo, adaptándose a las necesidades del momento”.

Y en cuanto a raíces, aunque haya unos referentes históricos en Ferrer y las escuelas racionalistas, no hay una única línea pedagógica y se utilizan recursos de diferentes teorias educativas (una buena definición del método es Pinyassori). Por otra parte, la Pinya poco a poco va alejándose de la definición “educación libre”, marco en el que inicialmente quedaba incluida junto con otros proyectos pioneros, de los que se ha ido diferenciando en los años. Una buena anécdota sobre el término “libre” es la elección del nombre del proyecto: qué ocasión mejor para poner en práctica esta libertad y hacer que sean lxs mismxs niñxs a elegir el nombre…Pues hablamos de peques con 3-4 años y al principio en mayoría niñas, que al ser interrogadas sobre qué nombre poner a la escuela, se reunieron para decidir juntas, como bien habían aprendido en un proyecto horizontal. Habiendo dos palabras que les gustaban llegaron a un acuerdo que fue poner ambas: “Collar Princesa” … Ya se puede imaginar la reacción de lxs adultxs… “habíamos entendido que más que la libertad que nos ofrece la democracia capitalista, teníamos que ofrecerles herramientas para remar contracorriente”.

Pues el trabajo del colectivo se propone como un deshacerse de los condicionamientos de la sociedad en la que estamos sumergidos, tanto en la educación de los peques cuanto en la relación entre personas. El no reproducir las pautas del patriarcado es uno de los objetivos más claros del proyecto, y también de los más difíciles, considerando cómo todxs las llevamos asimiladas. Pues el nombre “La Pinya” elegido por el colectivo no sólo recuerda el espacio natural privilegiado de la masía de Can Garrofa en el que viven el día a día, sino también esa horizontalidad y capacidad de hacer piña. El lenguaje también es importante para no reproducir esquemas, así que se elige utilizar el plural femenino, lxs educadores son acompañantes, los padres son pamares, la atención a las cuestiones de género lleva a definir los “txiquis socializados como nenes o nenas” identificando así los condicionamientos de la sociedad.

El querer desmontar costumbres arraigadas resuelve las dudas sobre la no intervención, o sea por un lado se cuida el desarrollo de las actitudes de cada peque, por el otro resulta necesario intervenir para evitar dinámicas de grupo negativas, para empoderar a niñxs que quedan más calladxs, total para no repetir esquemas de una sociedad jerárquica. Es de apreciar también un pequeño detalle como la definición de “intervención”: no quiere decir que un adulto guíe de la mano o haga una explicación en palabras, a menudo significa introducir nuevos materiales o cambios de distribuciones del espacio, propuestas de actividades, sacar un tema en la asamblea. Interrogarse sobre simples términos ya es una manera de desmontar esquemas para saber exactamente a qué nos referimos con esa palabra.

Y a este propósito, el colectivo se ha interrogado mucho si definirse como anarquista, dado que la mayoría de personas que han formado parte de ello provienen del movimiento libertario; quizás la definición de anarquista quedaba estrecha para una experimentación pedagógico-social en continua evolución y se ha preferido “colectivo de autogestión educativa”. Sin embargo, para entender cuánto esté insertada la Pinya en los movimientos sociales, cada capítulo empieza con un apartado en el que se hace un cuadro del contexto de luchas de esos años, explicando preocupaciones y tensiones. Lo que se puede definir sin duda anarquista son las modalidades que se utilizan, como bien se especifica en el texto: no delegar, la horizontalidad, la posibilidad de cuestionar todo y no seguir ninguna corriente, replantear el hecho educativo y no tener miedo a ensayar y equivocarse para encontrar la mejor solución. Además, un punto firme del proyecto es la conexión entre responsabilidad individual y colectiva: es aquí donde reside su definición política. Y es aquí donde se diferencia de otros proyectos que apuntan más al desarrollo individual, al bienestar interior y al cuidado del alma, con un enfoque más desde el yoga y las disciplinas orientales. La dimensión del grupo y del aprender a crecer conscientes de ser parte de un colectivo en la Pinya se desarrolla al mismo tiempo que la libertad individual.

Participar en el colectivo significa que las familias están implicadas entonces en todas las cuestiones pedagógicas gracias a asambleas y comisiones y también se ocupan de preparar la comida, limpiar, organizar y acompañar en excursiones y colonias…No delegar es un enorme trabajo y en el texto transpira la dificultad y el desgaste que conlleva ocuparse de todo…entonces ¿por qué hacerlo? ¿Y cómo puede ser que el proyecto lleve casi 20 años? Pues la mayoría de personas que han pasado por la Pinya han elegido invertir su tiempo, energía e ilusiones en un proyecto con ansias de transformación social y concuerdan en haber vivido ahí una experiencia cumbre en su vida, un proceso de crecimiento personal y colectivo que deja una marca. El trabajo de deconstrucción continuo que hacen los miembros del colectivo es el pilar para poder ofrecer este tipo de acompañamiento a lxs txiquis. Por ejemplo, para cambiar la dinámica de un momento clave como la comida, la asamblea propone dos opciones que se van ensayando un mes cada una y se ofrece un tercer mes para poner en práctica una propuesta que venga de lxs niñxs. después del ensayo no consideran necesaria una tercera opción porqué les parece que una funcione bien. Parece tan fácil contada así, pero pensemos en la dificultad en llevar a cabo cualquier cambio consensuado, y a la flexibilidad necesaria de todxs lxs participantes. Otra herramienta muy útil fue crear un espacio para cuidar las relaciones de grupo entre las acompañantes, en el que reflexionar sobre lo q funciona y lo que no, e intentar resolver si hay tensiones. Estudiar soluciones en grupo enriquece, y si a menudo se empieza una asamblea con puntos de vistas diferentes, se acaba con una única visión enriquecida por todxs.

Eso de probar y si no funciona cambiar estrategia es una postura muy humilde: se intenta algo porque se considera la mejor opción, a ver qué tal y si no es viable se estudia otra solución. Pues siempre tendríamos que acercarnos así a los problemas de la vida. En lugar de aceptar una realidad que no nos gusta y luego quejarnos en lugar de construir alternativas. Este saber conjugar la capacidad de soñar con la practicidad de propuestas concretas para el día a día constituye la esencia de la Pinya. El ocuparse de la educación de los peques colectivamente permite crecer a lxs adultxs también y aprender a través de diferentes modalidades y herramientas. Compartiendo ese proceso con el lector un poco de ese trabajo llega también fuera de la Pinya. Volvemos a la matrioshka

Valeria Giacomoni




Fuente: Alasbarricadas.org