March 11, 2021
De parte de Briega
44 puntos de vista


 

Los abusos y la extrema violencia en las intervenciones hace crecer el debate sobre el abolicionismo policial en una parte de las sociedades europeas y de los Estados Unidos. Hablamos de ello con juristas, organizaciones de derechos humanos y voces especializadas en seguridad y cuerpos policiales.

 

Escenas de violencia policial contra manifestantes en Valencia, Catalu帽a, el Estado franc茅s y los Estados Unidos. / Arxiu (La Directa)

Este reportaje ha sido publicado inicialmente en catal谩n en La Directa.

鈥淰amos a tirar a dar鈥. Es la orden que recib铆a la Ertzaintza en Donostia el pasado mi茅rcoles 20 de enero. La carga policial dejaba un joven con la mand铆bula rota por el impacto de un proyectil de foam, entre otros incidentes. La misma semana, el Tribunal Supremo del Estado espa帽ol responsabilizaba solo a uno de los cinco polic铆as implicados en la muerte de I帽igo Cabacas por el impacto en la cabeza de una bala de goma el a帽o 2012 en Bilbao. Al mismo tiempo, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo impon铆a al Estado espa帽ol la und茅cima condena por no investigar, de oficio y sin demora, denuncias de tortura y maltrato bajo custodia policial. De nuevo 鈥搚 van seis鈥, la condena refer铆a una actuaci贸n de omisi贸n del actual ministro espa帽ol de Interior, Fernando Grande-Marlaska.

鈥淎帽o tras a帽o, no hay comunidad aut贸noma ni cuerpo policial鈥 que se salve de cometer abusos, constata I帽aki Rivera, director del Observatorio del Sistema Penal y los Derechos Humanos de la Universitat de Barcelona. En 16 a帽os, la Coordinadora para la Prevenci贸n y Denuncia de la Tortura (CPDT) ha detectado m谩s de 9.000 casos de violencia institucional, predominantemente en 谩mbitos de privaci贸n de libertad: comisar铆as, c谩rceles, instituciones psiqui谩tricas, centros de menores, CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros), traslados en veh铆culos y vuelos de deportaci贸n. Una amplia geograf铆a bajo control policial y con soberan铆a propia.

Si bien no hay excepciones entre cuerpos policiales, s铆 que se dan picos motivados por el contexto social. El centro por los Derechos Humanos Ir铆dia registr贸 277 casos de violencia institucional en Catalunya en 2019, intensificados despu茅s de la sentencia del Tribunal Supremo en octubre contra el proceso independentista. El 87 por ciento fueron en el marco de protestas en la calle, con graves escenas de violencia contra manifestantes e incumplimientos de los protocolos por parte de Mossos d鈥橢squadra y el Cuerpo Nacional de Polic铆a, constatan en un informe.

Aunque no todos los efectivos participan en las malas pr谩cticas, la abogada Ana茂s Franquesa destaca que lo m谩s grave es que 鈥si el resto de agentes, mandos e incluso responsables pol铆ticos le dan cobertura, no persigui茅ndolas, investig谩ndolas o depurando responsabilidades, se crea sensaci贸n de impunidad y reafirma el corporativismo鈥. David Mart铆n, inspector de la polic铆a local de Fuenlabrada, se帽ala la falta de entes independientes que fiscalicen regularmente a los cuerpos policiales. 鈥溌縌ui茅n controla a quien controla? El Defensor del Pueblo hace muchas recomendaciones, pero despu茅s no se ejecutan鈥, explica.

Producci贸n en cadena del sistema penal

Daniel Pont, activista anticarcelario desde finales de los a帽os 70 del siglo pasado, recuerda que el concepto de 芦manzanas podridas禄 ya era recurrente en la Transici贸n. 鈥淟o se帽alan como hechos excepcionales, pero si consultas la hemeroteca, no han dejado de pasar casos. Es una pr谩ctica consensuada por parte del Estado鈥, explica. Para Ainhoa Nadia Douhaibi, coautora del libro La radicalizaci贸n del racismo (Cambalache, 2019), el concepto 鈥渄a a entender que se puede limpiar la polic铆a. Pero el capitalismo necesita la desigualdad para la explotaci贸n de unos cuerpos determinados鈥, atravesados por el racismo, el sexismo o el clasismo, argumenta. 鈥淓s una guerra contra los pobres鈥, defiende el soci贸logo Daniel Jim茅nez, del Grupo por los Derechos Civiles 15M Zaragoza.

Se puede entender el sistema penal como un tri谩ngulo is贸sceles de vasos comunicantes: justicia y polic铆a en la base, c谩rcel en la punta. El cuerpo policial le 鈥渟elecciona la clientela cuando va por la calle y decide actuar o no hacerlo鈥, describe Rivera. 鈥La actividad policial es intr铆nsecamente pol铆tica: impone las concepciones dominantes del orden p煤blico y privado a trav茅s de la ley y de su cumplimiento. 驴A qui茅n se protege y a qui茅n se persigue?鈥, reflexiona Douhaibi. Tambi茅n Jim茅nez cree que no hace prevenci贸n del delito ni evita la reincidencia, sino que lo organiza: delimita qu茅 pasa y qu茅 no a trav茅s de un abandono sist茅mico de las vidas sobrantes en la protecci贸n del orden socioecon贸mico. 鈥Somos agentes encargados de hacer cumplir la ley, pero las leyes no las hacemos nosotros. Necesitamos legitimar el poder, porque sino, cae鈥, resume Mart铆n.

Marlene Nava Ramos, estadounidense de padres mexicanos, es parte de Critical Resistance, uno de los colectivos anticarcelarios m谩s veteranos en Nueva York. Con la l贸gica punitivsta en el abordaje de la pandemia, ve claro el rol policial: 鈥淣o es el bienestar del pueblo, sino vigilar a determinados grupos de poblaci贸n鈥, argumenta, y destaca el papel central de la supremac铆a blanca. En este sentido, Dohuaibi constata el profundo racismo institucional y la creencia extendida entre la poblaci贸n que determinados 鈥榦tros鈥 -migrantes, gitanos, refugiados, activistas鈥- son m谩s proclives a encarnar la peligrosidad y el crimen que no la 鈥榗iudadan铆a europea鈥, los 鈥榥osotros鈥.

Caj贸n de sastre, pocas balas y mucho patrullaje

El modelo gira alrededor de la persecuci贸n del delito, traducido en patrullaje preventivo e intimidatorio; una premisa equivocada de base鈥, explica el inspector Mart铆n. El grueso penal es contra patrimonio (77,6 por ciento de los delitos registrados el a帽o 2019 seg煤n el Ministerio del Interior). La mayor铆a de estas infracciones se dan por necesidad, argumenta Mart铆n: 鈥Nadie se para a averiguar por qu茅 alguien roba. No profundizamos para ver d贸nde est谩 el problema social鈥.

La tarea policial cada vez m谩s deviene un caj贸n de sastre en la deriva hacia la 鈥渢rabajo-socializaci贸n鈥 de la represi贸n -responder con la fuerza y la autoridad a situaciones de exclusi贸n social. Al ser el principal agente de intervenci贸n y control del espacio p煤blico y privado, act煤a en 谩mbitos que poco tienen que ver con sus competencias profesionales: pobreza y sin-hogarismo, crisis de salud mental, trabajo sexual, consumo de sustancias estupefacientes, procesos migratorios鈥 鈥Son situaciones de exclusi贸n social, econ贸mica o comunitaria con causas estructurales鈥, y la manera de resolverlas 鈥no es desde una l贸gica policial, sino desde muchas otras vertientes鈥, argumenta Franquesa.

Contractar profesionales de estos 谩mbitos supondr铆a una inversi贸n enorme. Y los que ya hay, no los tenemos disponibles las 24 horas del d铆a. Por contra, 驴qui茅n est谩 las 24 horas? La polic铆a鈥, se帽ala Mart铆n, constatando que acaban respondiendo a situaciones para las cuales no tienen respuestas. En el 谩mbito municipal, la gran mayor铆a de actuaciones policiales atienden conflictos privados o de convivencia. En cambio, son menores los delitos m谩s graves o con mayor da帽o: el 2019, la cifra de cr铆menes contra personas y contra la libertad (14,9 por ciento) o contra la seguridad vial y el orden p煤blico (7,5) sumaba el 22,4 por ciento del total registrado.

Por otra parte, Pont denuncia que la actuaci贸n policial casi siempre recurre a la represi贸n para solucionar los conflictos, ya que 鈥el mensaje de la violencia es ejemplarizante, para infundir miedo y marcar severamente los l铆mites del Estado鈥. A pesar del relato cultural y medi谩tico de exposici贸n al peligro, las situaciones de riesgo para los agentes son mucho menos frecuentes de lo esperado. 鈥淧rincipalmente lidiamos con delincuentes de poca monta鈥, argumenta Mart铆n. Para el madrile帽o Gonzalo G谩rate, interesa construir una justificaci贸n que no tiene por qu茅 estar avalada estad铆sticamente por la realidad. Adem谩s, la homogeneizaci贸n y la hipermasculinizaci贸n de los cuerpos policiales perpet煤a el cierre de filas. Mart铆n explica que no se promueven formas de abordaje que prioricen la desescalada y la mediaci贸n pac铆fica. 鈥No se usan habilidades para desactivar la tensi贸n鈥 que renuncien a imponer la autoridad o la fuerza鈥. M谩s a煤n, incluso los que s铆 que las usan, reciben frecuentemente la presi贸n y el rechazo de sus iguales.

Jim茅nez tambi茅n alerta de la 芦policializaci贸n禄 del trabajo social. G谩rate coincide: 鈥El Estado tiene una capacidad represiva que va mucho m谩s all谩 de la primera l铆nea del frente鈥. La polic铆a es el control duro a trav茅s del monopolio del uso leg铆timo de la violencia, pero el control blando se ejerce en la l贸gica de cobertura o exclusi贸n del estado del bienestar, y de la burocratizaci贸n y judicializaci贸n de los colectivos vulnerabilizados. Como en los casos de la Ca帽ada Real madrile帽a o del incendio mortal en Badalona, recuerda Douhaibi. Adem谩s, Pont se帽ala que para plantar cara a todo esto 鈥no hay un tejido social, activo y coherente de apoyo mutuo. Es el gran 茅xito del capitalismo鈥.

Reformas de ra铆z o tiritas temporales

Se ha intentado cambiar a los cuerpos policiales en diversas ocasiones. Una experiencia reciente la conocen de cerca David Mart铆n y Gonzalo G谩rate, como asesor del gobierno de Manuela Carmena. Eran parte del equipo que implementar铆a reformas en la polic铆a municipal de Madrid. El inspector aportaba la experiencia en delitos de odio desde la creaci贸n el a帽o 2008 del Equipo para la Gesti贸n Policial de la Diversidad en Fuenlabrada. Se elimin贸 la Unidad de Antidisturbios madrile帽a, se inici贸 la Unidad de Gesti贸n de la Diversidad y se cre贸 un programa piloto de polic铆a comunitaria. Encontraron impedimentos de todo tipo.

Siendo cuerpos de funcionarios de carrera, es muy dif铆cil cambiar la situaci贸n desde dentro porque las voces disonantes no tienen mucho peso. 鈥淎 la hora de escoger mandos, de todos los agentes madrile帽os solo pod铆amos escoger a cinco como jefes de la Polic铆a. Si no reconoces la enfermedad, no pondr谩s medios para solucionarla鈥, argumenta G谩rate. Por ejemplo, si agentes, sindicatos y mandos niegan la pr谩ctica rutinaria de identificaciones por perfil 茅tnico. 鈥淪e intentaron pasos m铆nimos. Todo fueron palos en las ruedas鈥, describe Mart铆n. Tambi茅n constatan que una legislatura no es suficiente para hacer transformaciones: con el cambio de gobierno, enseguida se recuperaron los antidisturbios.

Para Vincent Wong, profesor de derecho en la Universidad de Toronto, 鈥渆l peligro es que sea un esparadrapo que no cambia los problemas subyacentes鈥. Douhaibi cree que algunas reformas han servido para sofisticar, como las polic铆as comunitarias, que han entrado en espacios donde antes no ten铆an acceso, manteniendo intacto el aparato del Estado y sus coordenadas. 鈥El sistema penal ofrece lo que ofrece: cuerpos policiales y c谩rceles. Est谩 pensado para castigar. No se le puede pedir que haga aquello para lo que est谩 pensado鈥, constata Rivera.

Justicia restaurativa: reparar el da帽o y sus causas

Sobre si es posible o deseable abolir la polic铆a, hay divisi贸n de opiniones. Franquesa argumenta que no es factible en un sistema que prima el individualismo y la desresponsabilizaci贸n de la vida comunitaria. Rivera alerta que, a pesar de todo, el sistema penal es un muro de contenci贸n de la vulneraci贸n de derechos o de las revanchas personalistas, dif铆cilmente sustituible. 鈥淟a lucha contra la tortura, lamentablemente, exige usar las herramientas del mismo sistema penal鈥, constata. Ahora bien, Rivera no quiere decir que el camino sea 鈥渙tra polic铆a鈥, sino introducir toda una serie de modelos de proximidad, comunitarios o vecinales de atenci贸n al da帽o. G谩rate ve deseable una transformaci贸n radical de la polic铆a, porque ni a corto ni a medio plazo se podr谩 abolir. Se帽ala que uno de los grandes problemas es que los movimientos de izquierdas no han reflexionado sobre la cuesti贸n de la seguridad ni sobre c贸mo abordarla, por lo que este tema siempre ha sido monopolio de la derecha.

A la vez, diversas voces coinciden en responsabilizar del actual modelo policial a la pasividad social. 鈥La ciudadan铆a, falsamente refugiada en su zona de confort, con su absoluta inmovilidad, legitima la continuidad de la represi贸n al no oponerse, desde la idea de que 鈥榥o va conmigo鈥欌, recrimina Rivera, por lo que 鈥la mayor o menor participaci贸n ciudadana har谩 posible o impedir谩 cualquier transformaci贸n鈥. Mart铆n se帽ala que 鈥una sociedad cohesionada e igualitaria ayuda mucho m谩s a ser segura que no los cuerpos policiales鈥, a pesar de abogar por no abolirlos, ya que 鈥siempre tendr谩 que haber alguien que haga cumplir las normas鈥.

Tambi茅n denuncia que, como la estructura actual se centra en el castigo, en el sistema penal no hay un acompa帽amiento a la v铆ctima. 鈥El camino ha de ser la justicia restaurativa y apostar por retornar a la situaci贸n antes del hecho traum谩tico, sea doloso, accidental o imprudente鈥. 鈥Son necesarios sistemas que puedan mediar entre partes, pero atendiendo que no hay relaci贸n de igualdad entre agresor y v铆ctima鈥, alerta Rivera, y poniendo medios para proteger a quien ha recibido el da帽o.

Ahora bien, ya hay 谩mbitos en los que la posibilidad de llamar a la polic铆a ni se contempla. Wong argumenta que, en la abolici贸n, 鈥渓os mejores expertos son aquellos que nunca han tenido la protecci贸n de la polic铆a y que han desarrollado pr谩cticas para garantizar el apoyo mutuo y la seguridad colectiva鈥, desde la necesidad o la voluntad pol铆tica. Por ejemplo, Pastora Filigrana, en El pueblo gitano contra el sistema-mundo (Akal, 2019), describe formas comunitarias de resoluci贸n de conflictos basadas en la confianza en personas referentes por edad, comportamiento o valores. Los manteros, frente a la persecuci贸n policial, han puesto en marcha mecanismos de apoyo mutuo para poder vender en la calle.

Hay experiencias de los movimientos sociales en protocolos contra agresiones sexuales y violencias machistas, con aproximaciones a menudo restaurativas. En el libro 驴Y qu茅 hacemos con los violadores? (Descontrol, 2020) se abordan los retos de probar v铆as alejadas del sistema penal y del punitivismo. Los textos recogidos hacen una panor谩mica de las dificultades, internas o sist茅micas, de estas experiencias. Pont cree importante poner en marcha alternativas as铆, 鈥porque no tengo ninguna duda de que vivir sin polic铆a y sin prisi贸n es posible. Es vital sustituir el concepto de culpabilidad por el de responsabilidad, cambiar el paradigma鈥. Argumenta que son necesarios los intentos, a pesar de los errores y las contradicciones, para caminar hacia una asunci贸n responsable de los da帽os y de su reparaci贸n, individual y colectiva.

La necesidad de la polic铆a est谩 m谩s enraizada en la opini贸n p煤blica que la de la c谩rcel鈥, argumenta Jim茅nez. 鈥淓s el discurso de 芦alguien tiene que hacerlo, es lo que hay鈥欌. Se entiende que, sin la polic铆a, el panorama ser铆a peor. Pero el debate sobre la abolici贸n de la polic铆a no tiene nada que ver con la polic铆a. Es un problema en el cual las soluciones est谩n en otra parte鈥, asegura. Para empezar a construir convivencias que no dependan de la represi贸n, destaca las aportaciones de los feminismos y el antirracismo, que ponen en el centro la vida y las necesidades para sostenerla. Abolir la polic铆a, para Jim茅nez, ser谩 la consecuencia natural de desmantelar el sistema que la legitima.

Para Marlene Nava Ramos, 鈥se puede conseguir si la gente tiene cubiertas las necesidades y garantizado el 谩mbito material. Atender la salud mental, ofrecer acompa帽amiento, cuidados, vivienda鈥 A partir de la pandemia, han surgido muchos proyectos de apoyo mutuo desde la poblaci贸n鈥. Se帽ala que las alternativas ya tienen semillas que van mucho m谩s all谩 de los 谩mbitos activistas. Wong coincide que es necesario ir a la escala local, de barrios y comunidades, para hacerlo m谩s abordable: desinvertir en el sistema penal e invertir en otros 谩mbitos para llegar al n煤cleo de las problem谩ticas sociales.

Douhaibi cree que hay mucho por aprender de activistas abolicionistas referentes 鈥揷omo Ruth Wilson Gilmore, Angela Davis, Mariame Kaba o Derecka Purnell. 鈥S铆 que se puede abolir, con una transformaci贸n social, pol铆tica y econ贸mica de base鈥, y no s贸lo conformarse con cambiar las funciones o las formas policiales. En este sentido, se puede hacer la pregunta al rev茅s: 驴es posible desmontar las estructuras de opresi贸n sin abolir los cuerpos policiales? Mir谩ndolo a la inversa, pues, si se habla de transformar radicalmente el sistema, quiz谩s en el fondo se est谩 hablando de construir un futuro sin polic铆a.

 

 

DEL COLONIALISMO Y LA REPRESI脫N URBANA, A HOLLYWOOD

La instituci贸n de la polic铆a occidental arranca al amparo de los estados-naci贸n y las grandes ciudades modernas, enraizada en el colonialismo y el auge del nuevo orden mundial del capitalismo industrial. Se crea como un cuerpo armado diferenciado del ej茅rcito para ejercer control social urbano. Los territorios colonizados fueron laboratorio de pruebas en los que aplicar t茅cnicas y pol铆ticas represivas que despu茅s se han importado al Norte global. Alex Vitale, en el libro El fin de la polic铆a (Capit谩n Swing, 2021), sit煤a el origen del cuerpo policial anglosaj贸n en la ocupaci贸n brit谩nica de Irlanda, con leyes persecutorias contra la vagancia que recuerdan a las legislaciones espa帽olas para criminalizar al pueblo gitano o la Ley de Vagos y Maleantes de la Segunda Rep煤blica, reciclada por el franquismo como ley sobre peligrosidad y rehabilitaci贸n social. En Estados Unidos, la polic铆a arranca persiguiendo a la poblaci贸n negra esclavizada que hu铆a de las plantaciones y controlando al incipiente movimiento obrero. Los cuerpos policiales espa帽oles actuales se refundan en la Transici贸n. Al inicio de la democracia se hace un trasvase directo de agentes y mandos: la Guardia Civil dej贸 de ser cuerpo militar y el Cuerpo Nacional de Polic铆a fue heredero de la Polic铆a Nacional franquista. Cambios de nomenclatura y de uniformes, pero, 鈥渁 la pr谩ctica no hubo ninguna ruptura鈥, constata Gonzalo G谩rate. Durante estos 42 a帽os, los efectivos traspasados han formado parte activa de los cuerpos policiales. Para Vincent Wong, profesor de derecho de la Universidad de Toronto, la polic铆a 鈥渆s una instituci贸n global鈥, una red supranacional que comparte informaci贸n. Por ejemplo, Mossos de Esquadra se han formado con el Mossad israel铆 y, a su vez, han formado la polic铆a chilena; o la Gu脿rdia Urbana de Barcelona ha entrenado con el Departamento de la Polic铆a de Nueva York. Hay una fuerte influencia estadounidense, que ha marcado el camino hacia la militarizaci贸n y la tecnificaci贸n de los cuerpos policiales 鈥損rofundizada con el mal llamado armamento 鈥渘o letal鈥濃; la fuerte escalada de violencia en las fronteras, con la polic铆a como punta de lanza de las pol铆ticas migratorias; la ampliaci贸n de la represi贸n y persecuci贸n contra movimientos sociales; la guerra contra las drogas transnacional; y, finalmente, no se puede menospreciarla influencia cultural, ya que Hollywood y la maquinaria audiovisual televisiva han construido un imaginario can贸nico globalizado鈥.

Anna Celma

10/03/2021




Fuente: Briega.org