September 27, 2021
De parte de SAS Madrid
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En el madrileño centro de salud de Doctor Cirajas, el doctor José Luis Palancar recibe atiende a alrededor de cincuenta pacientes, de los que el 60% recibe en la consulta cara a cara.

– Javier Sanz, coordinador del grupo de trabajo de nuevas tecnologías de Semergen, considera que aunque se han dado pasos en la implantación de la asistencia a distancia, la Atención Primaria “todavía no está preparada para el cambio”.

Es media mañana en el distrito madrileño de Ciudad Lineal. El doctor José Luis Palancar agarra sus cosas y pone rumbo hacia la casa de uno de sus pacientes. Por lo general, su agenda está repleta de citas. Habitualmente, unas cincuenta diarias. Con el estallido de la pandemia, el teléfono se convirtió su principal herramienta de trabajo. Era la única vía de comunicación con los pacientes. Ahora, año y medio después, el centro de salud en el que trabaja, el de Doctor Cirajas, ha ido recuperando poco a poco la normalidad. “Estamos con citas presenciales, tanto nosotros como las diferentes especialidades”, cuenta. Es cierto que todavía no representan el cien por ciento. Calcula que, actualmente, recibe a un 60% de pacientes en la consulta. Y al 40% restante los sigue atendiendo a distancia. Una modalidad que, en su opinión, desatasca unos centros de salud que siempre están con el agua al cuello y que ha venido para quedarse “como una herramienta más”.

El rápido avance de la vacunación ha permitido a la mayor parte de las comunidades autónomas ir abriendo poco a poco la mano con la asistencia de los pacientes a los ambulatorios. En Galicia, el Sergas permite desde esta semana a los ciudadanos solicitar citas físicas con su facultativo en lugar de ser atendidos por vía telefónica. El objetivo es que lleguen a alcanzar el 60% antes de que finalice el año. También Euskadi está incrementando “paulatinamente” las consultas presenciales, que durante el mes de septiembre representaban la mitad de las agendas de los sanitarios de Atención Primaria. En las próximas semanas, La Rioja también regresará a una normalidad que ya es una realidad en Comunidad de Madrid, Castilla-La Mancha, Aragón, Castilla y León, Murcia, Baleares o Andalucía. “En el 100% de los centros de salud andaluces actualmente se pueden solicitar consultas presenciales”, decía esta semana el consejero de Salud, Jesús Aguirre.

La mayoría de las regiones mantienen en la actualidad un modelo mixto. Es decir, perviven la asistencia telemática y el cara a cara médico-paciente. Lo sabe bien Javier Sanz, médico de familia en el centro de salud de Muro de Alcoy, en la provincia de Alicante. En su caso, desde el pasado mes de mayo tiene alrededor de cuarenta pacientes diarios. Una docena los atiende por teléfono. El resto, en persona. En el caso de la Comunidad Valenciana, como en otras tantas comunidades, son los propios ciudadanos los que eligen qué modalidad prefieren en la Atención Primaria. Otros territorios, sin embargo, han decidido imponer un filtro previo. Es el caso de Extremadura, donde el pasado mes de mayo anunciaba su intención de que sea la unidad administrativa de los ambulatorios la que vea cuáles son las necesidades del paciente y, en función de las mismas, decida si se tiene que desplazar al ambulatorio o si la gestión puede hacerse a distancia.

Lo que tienen claro muchos Ejecutivos regionales es que la atención telemática ha llegado para quedarse. “No va a ser una presencialidad al cien por ciento yo creo que nunca más”, aseguró esta semana el consejero de Salud gallego, Julio García. Los expertos también ven un enorme potencial en las consultas a distancia. Principalmente, explica Palancar, porque contribuyen a “desatascar” los centros de salud, evitando las “aglomeraciones” y la “crispación” que puede generar sobre los pacientes. Por eso, consideran que hay que pegar un empujón importante al uso de las nuevas tecnologías en el sector salud. “Y no solo en la utilización del teléfono, sino también en la historia electrónica o en la habilitación de videoconsultas con los pacientes”, opina Sanz, coordinador del grupo de trabajo de nuevas tecnologías de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen).

783 millones de inversión en 2020

Las posibilidades que ofrece la telemedicina son enormes. Para cualquier tipo de patología. En Dinamarca, por ejemplo, cuentan con un programa nacional de rehabilitación cardiaca que permite que los pacientes puedan ser controlados a distancia. Se hace facilitándoles un tensiómetro digital y una tablet, donde queda registrada la evolución del pulso y cualquier otro tipo de información extra que esa persona pueda ir aportando –si le cuesta respirar o si ha incrementado de peso, por ejemplo–. En el país nórdico tampoco son raros los servicios de teledermatología o telepsiquiatría. Ni los de teleEPOC. Incluso hay experiencias de teleurgencias: ambulancias 4G con cámara y micrófono que permiten al médico valorar las constantes y decidir si el paciente tiene que ir directo o no a urgencias.

Es cierto que en España también se han impulsado algunas experiencias interesantes. En julio de 2019, por ejemplo, el Instituto Catalán de Salud implantó en la comarca de La Garrotxa, en Girona, el programa Teleictus, que permite reducir los tiempos de diagnóstico y de actuación médica en los casos de infartos cerebrales. Sin embargo, tanto Sanz como Palancar reconocen que en nuestro país la telemedicina avanza pero muy lentamente. El problema son las barreras económicas. Según los últimos datos de la Sociedad Española de Informática de la Salud, el presupuesto que las comunidades autónomas han destinado en los últimos cinco años a tecnologías de la información y la comunicación en el sistema sanitario ha pasado de los 674 millones de euros en 2016 a los 783 millones de euros en 2020. Respecto a la inversión global sanitaria, representa poco más del 1%.

Lo que se invierte en este tipo de sistemas se termina recuperando. De hecho, ya se han realizado algunos estudios sobre esta cuestión. También en España. En marzo del año pasado, ocho investigadores publicaron en la International Journal of Enviromental Research and Public Health los resultados de un estudio realizado en las comarcas catalanas de Bages, Moianès y Berguedà sobre la aplicación de las nuevas tecnologías en cuatro especialidades concretas: audiometrías, dermatologías, úlceras y dermatología. La conclusión a la que llegaron es que entre 2011 y 2019, en comparación con los costes asociados a la atención tradicional, la telemedicina había ahorrado al sistema sanitario y los pacientes más de 780.000 euros. Alrededor de 15 euros por consulta.

“La presencialidad siempre va a seguir estando”

En Primaria, los expertos creen que se le puede dar un gran uso a la atención no presencial. Eso sí, siempre y cuando se trate de cuestiones de carácter más burocrático o leves. Por ejemplo, a la hora de trasladar los resultados de unas pruebas a los pacientes, algo que Sanz calcula que puede suponer “entre un tercio y la mitad de las consultas” que tienen. O incluso cuando se trata de una “faringitis o amigdalitis”. “Si el paciente es capaz de tomarse una foto de las amigdalas y enviarla a su médico de cabecera, no es necesario que acuda a la consulta, porque al final lo que se va a hacer aquí es eso”, dice el médico.

Es esa la clase de paciente al que el experto de Semergen considera candidato para ser atendido de forma telemática. Sin embargo, tanto Sanz como Palancar consideran que la Primaria “no está preparada todavía para el cambio”. En el ambulatorio del primero, por ejemplo, todavía no pueden realizar videoconsultas. En el del segundo, es algo que apenas se utiliza.

El coordinador del grupo de trabajo de nuevas tecnologías de Semergen, no obstante, quiere dejar claro que lo online nunca va a sustituir al cara a cara a nivel sanitario. Principalmente, porque hay cuestiones que, sí o sí, tienen que ser tratadas presencialmente en la actualidad. Por ejemplo, cualquier dolor torácico u abdominal o la existencia de una dificultad respiratoria evidente. “Y nada de llamar por teléfono para dar una mala noticia”, reflexiona Sanz. “La presencialidad siempre va a seguir estando. Por ejemplo, en algunas cuestiones relacionadas con la salud mental. Es cierto que igual en estos casos no se necesita una exploración física, pero sí es necesaria esa empatía que se puede trasladar en el cara a cara”, completa Palancar.

Y luego está el caso de las personas mayores. Principalmente, por la brecha digital. Actualmente, según el último barómetro de la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España (UDP), cuatro de cada diez personas con edades por encima de los 65 años nunca han accedido a Internet.

Enlace relacionado InfoLibre.es 26/09/2021.




Fuente: Sasmadrid.org