September 19, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
200 puntos de vista


La locura [el sufrimiento ps铆quico] no es m谩s que la expresi贸n de aquello que nos oprime y que no podemos digerir. El confinamiento agrava todas estas circunstancias. Hay casas en las que se respira mucha violencia y en las que nadie desear铆a estar encerrada. Hay personas muy solas. Hay gente en situaciones de extrema pobreza y gente que la ve venir por la ventana. Tambi茅n se agudizan las diferencias de clase, no parece bueno para la salud mental confinarse en una casa peque帽a, sin calefacci贸n, sin luz, o teniendo que compartir habitaci贸n con varias personas.

Dos consecutivas cat谩strofes, acontecimientos inmersos en la totalidad de lo social, han hecho temblar los pilares del sistema pol铆tico financiero en poco m谩s de una d茅cada, mostrando el fracaso del modelo civilizatorio en el que vivimos. En la Gran Recesi贸n, el colapso econ贸mico se resolvi贸 con pol铆ticas de austeridad en los servicios p煤blicos, el apoyo de los Estados a los bancos con dinero p煤blico y medidas contenedoras de la protesta social que erosionaron la legitimidad democr谩tica y favorecieron el crecimiento de la extrema derecha en todo el mundo, al tiempo que aumentaban el n煤mero de multimillonarios y desmedidamente la desigualdad, la precariedad y la pobreza. No repuestos a煤n de esta cat谩strofe, una epidemia v铆rica, altamente predecible, convertida en sindemia por la ineptitud del sistema pol铆tico-econ贸mico mundial para prevenirla y hacerle frente, ha mostrado la fragilidad de los sistemas sanitarios, de la salud p煤blica y de la seguridad social de los que hac铆an gala los pa铆ses m谩s desarrollados, colapsando no solo la sanidad, sino la sociedad toda, mostr谩ndose incapaz de garantizar la protecci贸n de la vida, en especial de las poblaciones m谩s d茅biles. El ideal de sujeto neoliberal, aut贸nomo y suficiente en su individualidad, se ha visto incompetente, desprovisto del lazo social, despertando en una mayor铆a de la poblaci贸n una gran incertidumbre, desconcierto y miedo sobre el futuro. El extendido consenso en Occidente de que no hay alternativa al neoliberalismo, 鈥渆l sistema menos malo de los posibles鈥 seg煤n algunos l铆deres de la izquierda socialdem贸crata, empieza a ser cuestionado. Se ha perdido la ciega confianza en la mejora progresiva de las condiciones de vida y en las condiciones de habitabilidad de un planeta. El Estado neoliberal no garantiza la seguridad que su contrato social dice asegurar ni un porvenir de progreso. La gesti贸n de la crisis financiera y de la pandemia est谩 demostrando que a los gobiernos neoliberales, liberados de las ataduras que le impon铆a el Estado del bienestar, no les preocupa asegurar la seguridad f铆sica y la salud de las y los ciudadanos tanto como la acumulaci贸n del capital. Y menos todav铆a les importa el malestar de la gente, sobre todo de la m谩s vulnerable, la da帽ada por el propio sistema de producci贸n y formas de vida, siempre desechable.

Si la crisis financiera precariz贸 el trabajo y la democracia, reduciendo dr谩sticamente los servicios p煤blicos, empobreciendo la salud e incrementando el malestar de una gran mayor铆a de la poblaci贸n, la incapacidad de los Estados en la gobernanza de la pandemia covid-19 pone en peligro la vida. No deber铆a extra帽ar a nadie. La pandemia ha pillado desarmados a unos gobiernos y unos organismos internacionales que vienen ignorando la salud p煤blica, las herramientas de la epidemiolog铆a, la atenci贸n primaria y el trabajo social comunitario, en beneficio de una sanidad centrada en complejos empresariales hospitalarios tecno-f谩rmaco dependientes, cada vez m谩s en manos de fondos de inversi贸n, fondos buitres donde prima la ganancia y donde no cabe la equidad, la solidaridad o la simple compasi贸n. De ah铆 las muchas muertes en las residencias e instituciones totales en todo el mundo, de ah铆 el ninguneo de las patentes de la vacuna o una pol铆tica preventiva despreocupada de las condiciones de vida de buena parte de la poblaci贸n, la poblaci贸n m谩s vulnerable o aquella que la pandemia hace m谩s vulnerable, la tremenda desigualdad en las posibilidades de vida, h谩bitos, trabajos y viviendas insalubres, existencias no vivibles.

El hecho es que la pandemia covid-19 viene a golpear a unas poblaciones precarizadas tras varias d茅cadas de regresivas pol铆ticas laborales, recortes de los servicios p煤blicos, de la sanidad y las prestaciones sociales, cuando m谩s falta hac铆an. Esto obliga, si se quiere preguntar por el malestar causado o por causar debido a la pandemia, a tener conocimiento del malestar previo, a saber, del sustrato de la vulnerabilizaci贸n, de las causas estructurales del sufrimiento social y ps铆quico en las formas de vida de la sociedad actual. Para muchos, esa cara oculta del neoliberalismo que la covid-19 viene a desnudar. Pues las consecuencias sobre el malestar y el sufrimiento ps铆quico ya estaban determinadas y las secuelas van a depender de qu茅 respuestas se den en el 谩mbito pol铆tico-econ贸mico, en c贸mo se va a gestionar por el capital el destrozo civilizatorio, ecosocial, para garantizar su supervivencia o de qu茅 manera la sumisi贸n-aceptaci贸n del orden establecido de la ciudadan铆a va a quebrar, estableciendo un contrapoder e incluso, m谩s all谩 de los relampagueos de las revueltas de la indignaci贸n y la rabia, el comienzo de la subversi贸n de las actuales relaciones de producci贸n y poder.

El sustrato previo. La privatizaci贸n del malestar

En 1992, la periodista Lynn Payer inventa el t茅rmino disease mongering, la mercantilizaci贸n de las enfermedades. Crear enfermedades donde no las hay, convirtiendo en pacientes a personas sanas. Ya Ivan Illich hab铆a alertado en los a帽os setenta de la construcci贸n de seudoenfermedades, y por entonces el psiquiatra Thomas Szasz cuestion贸 la nosolog铆a psiqui谩trica en El mito de la enfermedad mental y en La fabricaci贸n de la locura. De hacer f谩rmacos para gente sana se pasa a construir enfermedades en colaboraci贸n con paneles de expertos psiquiatras y de los medios de comunicaci贸n. Se refiere como enfermedad situaciones que comportan dolor, tristeza, des谩nimo, insatisfacci贸n o frustraci贸n, que pierden su car谩cter de normales requiriendo la atenci贸n m茅dica.

Hubo un tiempo en que los sentimientos de desasosiego o infelicidad, que hoy acaban diagnostic谩ndose de ansiedad o depresi贸n, fueron tomados como parte del orden natural de las cosas, mas hoy, una vez convertido todo en mercanc铆a, est谩 abierta la puerta a la medicalizaci贸n del malestar y a la construcci贸n de seudoenfermedades. El gigantesco poder de la empresa farmac茅utica se apodera del discurso m茅dico y de los tratamientos. La depresi贸n convertida en una pandemia mundial gracias a los antidepresivos es un buen ejemplo. Ya no es la demanda del enfermo lo que define el campo de acci贸n de la medicina. Temas tales como la sexualidad, la escuela, el ocio, la delincuencia, se han convertido en 谩mbitos de frecuente intervenci贸n m茅dica. Trasformado todo malestar personal o social en una cuesti贸n m茅dica, no existe ni responsabilidad del individuo ni de la sociedad. Las neurociencias van a certificar las causas 煤ltimas y la farmacolog铆a el tratamiento. Al fin y al cabo, no hace tanto tiempo que se vinculaba cient铆ficamente la criminalidad, y hasta la pobreza, a la degeneraci贸n org谩nica, hereditaria. Por consiguiente, el encargo social de reparar el malestar recae en la medicina, muy especialmente en la psiquiatr铆a y la psicolog铆a. Lo que supone intervenciones diagn贸sticas y terap茅uticas no solo ineficaces, sino en buena medida iatrog茅nicas.

La introducci贸n en los a帽os ochenta del siglo XX de nuevos medicamentos en la farmacopea psiqui谩trica, no necesariamente m谩s eficaces, pero s铆 mucho m谩s caros (antidepresivos como el publicitado Prozac o antipsic贸ticos de nueva generaci贸n, estabilizadores del 谩nimo, estimulantes y ansiol铆ticos), colonizaron el discurso psiqui谩trico. Un supuesto fallo neuronal sustituye a la cl铆nica y a la psicopatolog铆a. El f谩rmaco se vuelve bala de plata, ofertando soluciones a los problemas de la existencia: del amor, el odio, el miedo, la tristeza, la timidez, la culpa, cuando no el desempleo, la rabia y la humillaci贸n. Unos cuantos criterios estandarizados y un vadem茅cum universal sirven para atender el sufrimiento ps铆quico, igual sea en Oslo o en Singapur. La epistemolog铆a y la pr谩ctica psi se pueden resumir en tres palabras: Un s铆ntoma (un malestar), un diagn贸stico (CIE; DSM 1/ de dudosa fiabilidad) y un f谩rmaco (relativamente inespec铆fico). Queda fuera la subjetividad, la biograf铆a, la determinaci贸n social. Distraerse f谩cilmente, olvidarse con frecuencia de cosas, so帽ar despiertos, corretear mucho, es suficiente para construir un diagn贸stico en la infancia, el trastorno por el d茅ficit de atenci贸n e hiperactividad (TDAH), fabricando una enfermedad (y una adicci贸n) que ha multiplicado por cientos de miles la venta de estimulantes en pocos a帽os para 隆tratar!, en la inmensa mayor铆a de los casos, comportamientos habituales de la infancia. Y mostrado un camino para resolver (taponar), en adelante, peque帽os o grandes conflictos con todo tipo de estimulantes y estupefacientes.

Est谩 sucediendo en la pandemia de covid-19, pues la psicologizaci贸n del trauma se ha impuesto como una de las primeras medidas ante un desastre. Voceros de la psicolog铆a y la psiquiatr铆a est谩n propagando desde el inicio, machaconamente, que vamos a entrar o hemos entrado ya en una pandemia de salud mental, convirtiendo en s铆ntomas reacciones normales 鈥揺str茅s, ansiedad, insomnio鈥︹ ante situaciones anormales. Lo que no presupone que no haya cierto incremento de trastornos mentales o de empeoramiento de patolog铆as preexistentes. Pero es esta promoci贸n irresponsable que puebla los medios de comunicaci贸n la que s铆 puede ocasionar una epidemia de salud mental, patologizando malestares y ocurrencias inusuales, medicalizando el miedo y evitando el despliegue de las defensas individuales y colectivas. Privatizando, en suma, el estr茅s.

Una privatizaci贸n del malestar que la acci贸n neoliberal de los gobiernos, con la ausencia de una doctrina sanitaria, de salud p煤blica y servicios sociales orientada al bien com煤n, va a posibilitar. Desde finales de los a帽os ochenta hay un proceso de mercantilizaci贸n de la medicina, convertida en una importante fuente de riqueza (supone una ganancia segura para los fondos de inversi贸n en tiempos de turbulencias de los mercados), a la par que la salud muda en mercanc铆a travestida en infinidad de objetos de consumo. Hay un incremento exponencial en el consumo de salud que no se corresponde con un aumento semejante del nivel de vida de la poblaci贸n, ni ha reducido las desigualdades en la discapacidad y la enfermedad. El pa铆s que m谩s gasta en salud, Estados Unidos, es una de las naciones con peor salud del mundo desarrollado y la 煤nica de los pa铆ses desarrollados carente de un sistema p煤blico de salud.

Sin que podamos dejar de lado el cuidado de la salud como herramienta de normalizaci贸n y procedimiento de control social. Entendiendo por normal aquello que dictan los intereses del capital. Qu茅 comer, c贸mo vestirse, juntarse, ser saludables鈥 Las normas estandarizadas se multiplican al tiempo que avanza el proceso que Foucault denomin贸 de 鈥渕edicalizaci贸n indefinida鈥 (Foucault, 2008).

La medicina se impone al individuo, enfermo o no, como acto de autoridad, y ya no hay aspecto de la vida que quede fuera de su campo de actuaci贸n. El cuerpo y la mente se convierten en espacios de intervenci贸n pol铆tica. En este tiempo donde los poderes econ贸mico-pol铆ticos se inmiscuyen y regulan cada 谩mbito de nuestra vida, donde la vida es cualquier cosa menos algo espont谩neo, donde reina la alienaci贸n social y la enajenaci贸n de lo 铆ntimo, donde se medicaliza el sufrimiento social 鈥揹esahucios, desempleo, pobreza鈥; donde se excluye o medicaliza la diversidad y se psiquiatriza el crimen, la conducta canalla. La mercanc铆a sustituye a la moral, a la conciencia social y pol铆tica, la persona ciega a los avatares colectivos, encadena su vida a la trampa de una competici贸n sin fin. Una existencia donde impera la manipulaci贸n y el enga帽o del sea positivo, usted puede, sea feliz. Las estafas de cierta autoayuda, que no es el cuidado de s铆 ni de los otros, sino procedimientos de integraci贸n y aceptaci贸n del orden social, el enga帽o de la superaci贸n individual de los problemas de la existencia a trav茅s de p贸cimas y recetas edulcoradas con la firma de supuestos expertos, que pretenden reducir el propio esfuerzo de la persona en la resoluci贸n de las dificultades de la vida, convirtiendo la complejidad de las vicisitudes humanas en una simplona cuesti贸n de buenas y malas personas, de buenos y malos consejos. Empat铆a y empoderamiento al alcance de todos. Una estafa de la que viven gur煤s y medios, sectas y publicaciones, predicadores del buen vivir, del buen afecto, del bien amar, del bien pensar (Desviat, 2021).

De la represi贸n al 隆h谩galo ya!

El hecho es que en las poblaciones con poder adquisitivo del mundo globalizado el malestar ya no se traduce, o no solo, en las patolog铆as de la supresi贸n, de la ocultaci贸n, de lo reprimido, que describiera Freud, y que dominaron el pensamiento del pasado siglo. Se impone el h谩galo ya, el paso al acto, la inmediatez de la acci贸n. La desmedida demanda de atenci贸n psicol贸gica, que abarrota las consultas de salud mental y los gabinetes privados, responde sobre todo a problemas de una existencia huera de sentido, atravesada por la futilidad o banalidad de un deseo que falsifica y cosifica de continuo personas y cosas. Son lo que se viene llamando patolog铆as del vac铆o: adicciones, anorexia, bulimia, trastornos mentales comunes, trastornos de personalidad, fibromialgias鈥 Malestares que en el caso de traumas colectivos, como el de la pandemia covid, se ven agravados por las m煤ltiples crisis sobrevenidas, por el miedo a un futuro incierto en los m谩s j贸venes, la p茅rdida o la amenaza de paro en la media edad, la miseria de las pensiones y de las residencias de mayores, a los que van a sumar las penalidades del confinamiento, sobre todo en casas de precarias condiciones, la dif铆cil conciliaci贸n laboral, la contumaz violencia de g茅nero, etc. Malestar social, que se trasmuta en f铆sico o ps铆quico, cuyo cuidado o reparaci贸n no puede estar solo en los profesionales de la medicina o la salud mental. Ni ahora durante la pandemia v铆rica ni antes de la covid. Hay una determinaci贸n social, econ贸mica, pol铆tica; una alienaci贸n estructural del capitalismo que sobredetermina el malestar. Un malestar que se individualiza e interioriza.

El capitalismo, en cuanto necesita de la sumisi贸n de la mayor铆a, va a convertir la alienaci贸n social y subjetiva en una especie de ley natural, con la que pretende garantizar su reproducci贸n indefinida. Lo normal deviene habitual y lo habitual se confunde con lo natural que a su vez se identifica tambi茅n con lo racional, bucle en el que las contradicciones se desvanecen: realidad e idealidad se enredan, saber e ideolog铆a se confunden. La persona queda atrapada, su conciencia se niega a s铆 misma, como si la vida no fuera cosa suya. Sumisi贸n a los valores de la clase hegem贸nica que ha sido estudiada como disciplinaria en la biopol铆tica de Foucault, o como dependencia psicopol铆tica por Byung Chul Han. El caso es que sea a trav茅s de la normatividad disciplinaria, sea por la manipulaci贸n ps铆quica y dominio de las tecnolog铆as del yo, el capital se adue帽a del imaginario colectivo. Los gestores del capital, sabedores de la discrepancia entre las formas de existencia que promueve y las posibilidades reales de vida de la poblaci贸n a la que someten, necesita de un sujeto identificado con la ideolog铆a de los mercados, un ser que contribuya al mantenimiento del sistema acept谩ndolo como propio. Necesita un sujeto sometido a trav茅s del asentimiento y de la culpa. Aceptaci贸n del ideal de vida y culpa si no alcanza los beneficios que le dice el sistema que puede obtener.

Culpa en cuanto el sistema hace responsable al descontento de su malestar, al no meritorio de no ser meritorio, al pobre de ser pobre, al enfermo de estar enfermo. Cuando no busca un enemigo, proyecta en otro las causas del malestar: el migrante, el comunista, el de otra raza, religi贸n o credo pol铆tico. Mentiras que tejen el universo simb贸lico, falsa conciencia que encubre una vida hu茅rfana del lazo social, una nuda vida. Interpretaci贸n enga帽osa de la realidad que en momentos de crisis social puede llevar el descontento a la comuni贸n con el caudillo salvador y el Estado autoritario, supuestamente protectores (Desviat, 2020).

Desde Marx sabemos que la sumisi贸n est谩 anclada a la situaci贸n material de alienaci贸n de las fuerzas de trabajo, pero tambi茅n, y sobre todo hoy, por la estructura ideol贸gica de la sociedad que penetra por todos los resquicios de la vida cotidiana e identifica a la inmensa mayor铆a con los valores de la clase dominante y, por consiguiente, con el Poder.

El falso dilema de la pandemia: econom铆a o salud

La lucha contra la pandemia se ha planteado como un conflicto entre la econom铆a y la salud, lo que viene a ser un conflicto entre el capital y la vida. Las medidas preventivas de confinamiento, cierre de espacios p煤blicos y distanciamiento social, han jugado con un supuesto equilibrio que no ha sido tal, pues ha beneficiado a la econom铆a. Teniendo en cuenta, sobre todo all铆 donde prolifera la econom铆a informal de calle, que el dilema se planteaba entre hambre o confinamiento. En realidad, considerando, como hace Yayo Herrero, que nuestras econom铆as no pueden aguantar quince d铆as sin actividad y cuando frenan se desploman arrastrando unas a otras, superar la dicotom铆a capital-vida es imposible sin que cambie el paradigma econ贸mico (Padilla y Gull贸n, 2020).

Por 煤ltimo, la pandemia, como otras situaciones extremas producidas por la naturaleza o por el hombre, falsifica necesidades y falsifica demandas en la atenci贸n a la salud mental, como ya he referido antes, pero por mucho que el profesional sepa que es un fallo social, un malestar que tiene que solucionarse desde lo social, en buena parte de los casos, ante la falta de respuestas institucionales y colectivas, tendr谩 que hacerse cargo y mitigar el sufrimiento con un remedio o trato consciente de ser un apa帽o. Queda, con todo, el planteamiento terap茅utico que ayude a reconocer c贸mo se ha llegado al malestar y de qu茅 forma se ha contribuido a su desarrollo, desde la pasividad o la actuaci贸n. La terapia, entonces, ser谩 el apoyo a hacerse responsable de lo que le sucede. Ser谩 la toma de conciencia de la situaci贸n la que dotar谩 de sentido al sufrimiento ps铆quico. Extrapolando un planteamiento de acci贸n pol铆tica del psiquiatra marxista Joseph Gabel, dir铆a que la reificaci贸n capitalista despersonaliza a la gente solo en la medida en que sus leyes son aceptadas como si se tratase de leyes naturales, pues al desvelar la falsa conciencia, al hacerse consciente de la situaci贸n que causa la alienaci贸n, cabe la acci贸n pol铆tica (Gabel, 1973).

Manuel Desviat es psiquiatra

Notas

1/鈥侺a CIE es la Clasificaci贸n Internacional de Enfermedades de la Organizaci贸n Mundial de la Salud (OMS) y el DSM el Manual Diagn贸stico y terap茅utico de trastornos mentales (en sus siglas en ingl茅s) de la American Psychiatric Association (APA).

Referencias

Desviat, Manuel (2020) Cohabitar la difererencia. Salud mental en lo com煤n. Madrid: S铆ntesis.

(2021) 鈥淎lienaci贸n social y alienaci贸n patol贸gica. (I) El contexto sociopol铆tico鈥. En Fernando Colina, Manuel Desviat, Francisco Pere帽a, La raz贸n de la sinraz贸n. Subjetividad, capitalismo y violencia, Madrid: Enclave.

鈥淓ntrevista a Carmen Ca帽ada en tiempos de coronavirus鈥. http://ladialectika.com/actualidad/…

Foucault, Michel (2008) 鈥淟a crisis de la medicina o la crisis de la antimedicina鈥. Rev Cubana Salud P煤blica, 44. http://www.revsaludpublica.sld.cu/i…

Gabel, Joseph (1973) Sociolog铆a de la alienaci贸n. Buenos Aires: Amorrortu.

Herrero, Yayo (2020) 鈥淧r贸logo鈥. En Padilla, Javier y Gull贸n, Pablo (2020). Epidemiocracia. Madrid: Capit谩n Swing.


Fuente: https://vientosur.info/la-privatiza…




Fuente: Grupotortuga.com