November 1, 2020
De parte de La Haine
230 puntos de vista


Mientras el r茅gimen brit谩nico lo juzga para ser extraditado a EEUU, la suerte de Julian Assange brilla por su ausencia en los principales medios burgueses del mundo

El 4 de enero, se sabr谩 la suerte de Julian Assange. Ese d铆a, en Londres, la ‘justicia’ brit谩nica decidir谩 finalmente si concede o no la extradici贸n del fundador de Wikileaks a EEUU, que lo quiere juzgar por espionaje. Si as铆 fuera, si los jueces de Su Majestad consideraran que la demanda es pertinente y la condena a la que podr铆a ser sometido al otro lado del Atl谩ntico no es 鈥渄esproporcionada鈥 o incompatible con el 鈥渞espeto a los derechos humanos鈥, el casi quincuagenario australiano podr铆a pasar el resto de su vida en la c谩rcel: los cargos que se le imputan en EEUU le valdr铆an una condena de 175 a帽os.

Julian Assange est谩 detenido en una c谩rcel de alta seguridad inglesa desde abril de 2019, en condiciones denunciadas por relatores de la Organizaci贸n de las Naciones Unidas (ONU) como an谩logas a la tortura. Los siete a帽os anteriores los pas贸 en la embajada ecuatoriana en Londres, donde se refugi贸 en 2012, cuando en Quito gobernaba Rafael Correa. Assange era reclamado entonces por la justicia sueca debido a acusaciones de violaci贸n que terminaron siendo abandonadas por su endeblez. 脡l ya tem铆a que la demanda sueca fuera parte de un plan para entregarlo -tras una breve escala judicial en Estocolmo- a EEUU. La llegada al gobierno de Ecuador, en 2017, de Len铆n Moreno, que acab贸 alineado con Washington, supuso el descenso del australiano a los infiernos: primero, le hicieron la vida imposible en la embajada, luego, le sacaron la protecci贸n. La polic铆a inglesa lo detuvo apenas pudo traspasar la puerta del local diplom谩tico.

En Washington, el r茅gimen de Donald Trump se refreg贸 las manos (lo mismo habr铆a hecho Hillary Clinton de haber ganado las elecciones de 2016): por fin podr铆a darle su merecido a este 鈥渆sp铆a鈥, acusado fundamentalmente de haber revelado, desde 2010, cientos de miles de documentos clasificados relacionados con las guerras de Irak y Afganist谩n; entre ellos, pruebas de asesinatos cometidos por las fuerzas estadounidenses en el marco de conflictos en los que los aliados de la superpotencia tambi茅n est谩n implicados. Desde Wikileaks, Assange hab铆a hecho eso y mucho m谩s: denunci贸 tramas de corrupci贸n y enjuagues m煤ltiples de multinacionales, y fue de los primeros en advertir sobre la magnitud a la que llegar铆a el ahora llamado capitalismo de vigilancia.

A pocos parece interesarles hoy la suerte del australiano. Como otros c茅lebres 鈥渓anzadores de alertas鈥 (whistleblowers), del tipo de Edward Snowden y Chelsea Manning, Assange se ha quedado solo. Medios de prensa que gran lucro obtuvieron en su momento, cuando el fundador de Wikileaks los eligi贸 a ellos para difundir sus filtraciones (The Guardian, El Pa铆s de Madrid, The New York Times, The Washington Post, Der Spiegel, entre otros), le han soltado la mano.

Poco y nada se puede leer en esos diarios o semanarios -que, en su mayor铆a, pasan por progresistas- sobre las condiciones de detenci贸n de Assange en la prisi贸n de alta seguridad de Belsmarch o sobre el propio proceso de extradici贸n, cuyas irregularidades y los peligros que estas representan para el derecho a la informaci贸n han denunciado abogados, organizaciones de defensa de los derechos humanos y medios independientes. Abundan, en cambio, en esas publicaciones progres, los relatos sobre el 鈥渧edetismo鈥 y el 鈥渘arcisismo鈥 del australiano, sus aventuras sexuales, sus 鈥渆xcesos鈥, su 鈥渁f谩n de poder鈥, su 鈥渄ecadencia鈥.

En una nota publicada originalmente en Counter Punch (驴Por qu茅 The Guardian guarda silencio?, https://lahaine.org/cO2X y https://lahaine.org/dH8B), el periodista brit谩nico Jonathan Cook sostiene que, cuando Assange concedi贸 a esos medios la exclusiva de sus filtraciones, ya era consciente de que en alg煤n momento podr铆a ser v铆ctima de una pu帽alada trapera. Si hab铆a habido un acuerdo entre Wikileaks y esas publicaciones, era porque circunstancialmente ambos ganaban. Pero, en verdad, poco los un铆a.

Cook recuerda que, cuando Barack Obama lanz贸, en 2011, su ofensiva contra Assange, al que denunci贸 en funci贸n de una draconiana ley de espionaje que data de 1917, la estrategia estadounidense estaba basada en crear una brecha entre el fundador de Wikileaks y los medios liberales que hab铆an colaborado con 茅l. Nada ten铆an que temer esos medios ni sus periodistas: hab铆an obrado de buena fe, dec铆an por entonces los abogados de la Casa Blanca. Assange, en cambio, no era un periodista, apenas un esp铆a que pretend铆a da帽ar a EEUU.

Los defensores de Assange optaron entonces por la contraria: Assange no s贸lo era periodista, sino que practicaba el periodismo del bueno, ese que deja al desnudo las manipulaciones y el accionar ilegal de los poderosos del mundo. El propio fundador de Wikileaks afirmaba en una entrevista, que concedi贸 a su compatriota Mark Davis en 2011: 鈥淪i he conspirado para cometer espionaje, todos los otros medios de comunicaci贸n y sus principales periodistas tambi茅n han conspirado para cometer espionaje鈥. 鈥淟o que hace falta es tener un frente unido en este asunto鈥, agregaba, invitando a quienes hab铆an sido sus socios a seguir con la colaboraci贸n.

Pero no hubo tal frente: convocado por el Ministerio de Justicia estadounidense, el editor de The New York Times, Bill Keller, dijo que su diario se hab铆a limitado a obrar como receptor pasivo de la documentaci贸n enviada por Wikileaks. Era una falsedad (todos los medios que recibieron las filtraciones las ordenaron y 鈥渢rabajaron鈥), pero marcaba lo que ser铆a, de ah铆 en m谩s, la actitud de las publicaciones liberales en este asunto. Aun as铆, destaca Cook, el gobierno de Obama no encontr贸 la manera de imputar a Assange sin, al mismo tiempo, perjudicar a medios tradicionalmente aliados del Partido Dem贸crata, como el propio Times y The Washington Post, y a sus principales plumas. Debi贸, entonces, abandonar esa l铆nea.

La estrategia desplegada actualmente por los abogados estadounidenses es la opuesta: reconocen expl铆citamente la condici贸n de periodista de Assange y, tal como lo advert铆a 茅l mismo a帽os atr谩s, al hacerlo, lanzan una advertencia contra todos los periodistas que intenten, de lejos o de cerca, seguir el camino de los wikileakeros: corren el riesgo de ser imputados por espionaje all铆 donde se encuentren. De este cambio de l铆nea, que se produjo durante el juicio de extradici贸n que se sigue en Londres y que supone una amenaza para la profesi贸n period铆stica como tal, ni una l铆nea se public贸 en aquellos grandes medios que buen partido sacaron de su colaboraci贸n de anta帽o con Wikileaks, denuncia Cook. En Gran Breta帽a, The Guardian ha obrado, de hecho, como punta de lanza de las acusaciones contra Assange.

Durante el proceso, investigadores independientes han denunciado 鈥減r谩cticas desleales鈥 de los editores del venerado matutino brit谩nico, as铆 como de otros medios asociados. Entre las principales acusaciones estadounidenses contra Assange, se afirma que en la documentaci贸n que filtr贸 aparec铆an los nombres de agentes secretos que, por su culpa, corrieron el riesgo de ser asesinados, y que el australiano era muy poco cuidadoso en su forma de operar. David Leigh, editor de The Guardian que trabaj贸 con Assange en 2011, hizo esa misma afirmaci贸n en un libro que public贸 aquel a帽o junto con otro periodista del mismo diario, Luke Harding: Wikileaks: Inside Assange鈥檚 War on Secrecy.

Christian Grothoff, experto en inform谩tica de la Universidad de Berna; John Goetz, periodista de Der Spiegel; Nicky Hager, periodista de investigaci贸n neozeland茅s, y John Sloboda, profesor y miembro del Iraq Body Count (un proyecto que contabiliza los muertos de la guerra de Irak), relataron, en cambio, que fueron 鈥渟us socios medi谩ticos鈥 -en especial, Leigh- quienes presionaron a Assange para que les brindara las sumamente engorrosas contrase帽as que utilizaba para encriptar la documentaci贸n.

Grothoff, Goetz, Hager y Sloboda colaboraron con el australiano en eliminar nombres en los cables a filtrar. 鈥淎ssange pod铆a llegar a ser exasperante en su minuciosidad (鈥) En esa 茅poca, me irritaba mucho su obsesi贸n por recordarnos constantemente que deb铆amos asegurarnos, que necesit谩bamos encriptarlo todo, que ten铆amos que usar chats encriptados. Yo cre铆a que era un insensato y que estaba paranoico, pero luego el procedimiento se convirti贸 en la pr谩ctica period铆stica normalizada鈥, dijo, por ejemplo, Goetz en una de las recientes audiencias de extradici贸n. En su libro, Leigh revel贸 una de las contrase帽as generadas con esa metodolog铆a y 鈥渆se escandaloso error de The Guardian abri贸 la puerta para que cualquier servicio de seguridad del mundo penetrara en los documentos una vez que pudieron crackear la sofisticada f贸rmula de Assange para idear claves鈥, indica Cook.

鈥淕ran parte del furor provocado por la supuesta incapacidad de Assange de proteger los nombres en los documentos filtrados por 茅l publicados -lo que ahora es el n煤cleo del caso de extradici贸n- viene del papel que jug贸 Leigh en el sabotaje del trabajo de Wikileaks. Assange debi贸 realizar una operaci贸n de control de da帽os debido a la incompetencia de Leigh, la que lo oblig贸 a publicar los documentos a toda prisa, para que cualquiera que estuviera preocupado por si era nombrado en los documentos pudiera saberlo antes de que servicios de seguridad hostiles lo identificaran鈥, a帽ade.

En cuanto a Harding, el coautor del libro de Leigh, fue quien hace un par de a帽os difundi贸, en el propio The Guardian, una serie de 鈥渞evelaciones鈥 -que luego se comprobaron falsas- sobre supuestas reuniones de Assange con enviados del gobierno de Trump y agentes rusos, que habr铆an tenido lugar mientras el australiano estuvo refugiado en la embajada de Ecuador en Londres. La tesis de The Guardian, as铆 como de The New York Times y The Washington Post, es que fue para apuntalar la elecci贸n de Trump que Wikileaks filtr贸 en 2016 el contenido de reuniones de la direcci贸n dem贸crata en las que se perjudicaba al socialista Bernie Sanders y se favorec铆a a Hillary Clinton.

Cook recuerda que, de la misma forma que los dos diarios estadounidenses operaron abiertamente en favor de Clinton en aquella interna partidaria (la misma Clinton que, seg煤n se revel贸 en 2016, lleg贸 a barajar la posibilidad de eliminar a Assange con un dron), The Guardian hizo todo lo que estuvo a su alcance para sabotear al socialista Jeremy Corbyn, a quien asoci贸 con el antisemitismo y tild贸 de 鈥減opulista de izquierdas鈥 cuando este dirig铆a el laborismo brit谩nico.

En la entrevista de 2011 con Mark Davis, Assange se refer铆a a sus 鈥渟ocios medi谩ticos鈥 en estos t茅rminos: 鈥淟o que mueve a un diario como The Guardian y The New York Times no son sus valores 茅ticos, sino su mercado. En Reino Unido, ese mercado es el de los 鈥渓iberales educados鈥. (鈥) El peri贸dico no es un reflejo de los valores de la gente que forma esa instituci贸n, sino un reflejo de la demanda del mercado鈥. Cook aporta, en su nota de CounterPunch, su propia reflexi贸n: la indiferencia de los grandes medios de comunicaci贸n ante el juicio a Assange 鈥減one de manifiesto que practican muy poco el tipo de periodismo que supone una amenaza para los intereses empresariales y del Estado, y que desaf铆a al poder real. No sufrir谩n la suerte de Assange porque no pretenden hacer el periodismo en el que se especializaron Assange y Wikileaks鈥.

En EEUU, medios como The New York Times y The Washington Post 鈥渞eflejan los mismos defectos que los partidos Dem贸crata y Republicano -piensa el brit谩nico-. Celebran el capitalismo globalizado basado en el consumo, favorecen una pol铆tica insostenible de crecimiento infinito en un planeta finito e invariablemente respaldan las guerras coloniales, motivadas por el beneficio y esquilmadoras de recursos, aunque en la actualidad se disfracen de intervenciones humanitarias. Los medios de comunicaci贸n y los partidos pol铆ticos alineados con las grandes corporaciones sirven a los intereses de la misma clase dirigente, porque est谩n integrados en la misma estructura de poder鈥. Wikileaks, en cambio, 鈥渘os ha permitido contemplar al poder en bruto, desnudo, antes de que se vista de traje y corbata, se engomine el cabello y esconda el cuchillo鈥.

Brecha




Fuente: Lahaine.org