March 22, 2023
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David Calnitsky. Publicado en SinPermiso el 12-3-23

En relativamente poco tiempo, la renta b谩sica universal (RBU) ha pasado de ser poco m谩s que un glorioso experimento mental a una opci贸n pol铆tica concreta, y el debate en los medios de comunicaci贸n se ha multiplicado en consecuencia. El debate tambi茅n se ha intensi铿乧ado en la izquierda, adquiriendo un tenor a veces productivo, a veces enconado. Las razones de esto 煤ltimo son obvias, pero cuando ha sido productivo, el debate se ha desarrollado como una discusi贸n entre quienes comparten una serie de compromisos morales, pero discrepan en cuestiones de estrategia o an谩lisis. En el caso de la RBU, una medida pol铆tica abstracta sin antecedentes de aplicaci贸n real, es natural ver un buen n煤mero de intuiciones diferentes, hip贸tesis transversales y preocupaciones de amplio alcance sobre las consecuencias no deseadas. De hecho, el debate en la izquierda puede basarse en 煤ltima instancia en los resultados emp铆ricos. 驴Mejorar谩 realmente la RBU la vida de las personas? 驴Facilitar谩 transformaciones m谩s amplias y profundas? 驴O es s贸lo un espejismo neoliberal?

Este ensayo examina el debate en torno a la RBU que ha surgido en los 煤ltimos a帽os, centr谩ndose en las principales objeciones desde la izquierda. Para ello se analiza la gama de posibles efectos emp铆ricos, desde el impacto sobre los salarios y la participaci贸n en la poblaci贸n activa hasta el g茅nero y la acci贸n colectiva. El debate sobre estas cuestiones emp铆ricas, hay que decirlo, est谩 decididamente sin resolver. Como ocurre con cualquier gran transformaci贸n social, el impacto de ofrecer transferencias sustanciales en met谩lico a todas las personas podr铆a generar resultados imposibles de prever. Afirmar lo contrario 鈥揺sto es, que tengamos un conocimiento claro de todas las consecuencias- ser铆a temerario. Hecha esta salvedad, hay que decir que, afortunadamente, sabemos algo sobre el impacto de la RBU y, bas谩ndonos en las pruebas disponibles, podemos afirmar algo significativo sobre sus consecuencias en m煤ltiples esferas de la vida social.

El concepto de renta b谩sica universal se refiere a un ingreso mensual en efectivo pagado a cada miembro de la sociedad sin tener en cuenta los ingresos de otras fuentes y sin condiciones[1]. No hay un nivel preciso de pago en la definici贸n. Las propuestas del orden de 14.000 d贸lares por persona 鈥搖na cifra que supera el umbral de pobreza oficial para personas solteras en EE.UU. (12.000 d贸lares) y que representa aproximadamente una cuarta parte del PIB estadounidense- suelen considerarse entre modestas y sustanciales. Las propuestas m谩s generosas suelen rondar los 18.000 o 20.000 d贸lares anuales por persona. Tengo en mente la cifra de 14.000 d贸lares como el nivel m铆nimo de pago necesario para alcanzar los objetivos normativos que aqu铆 se discuten; en concreto, esta suma se entiende como el umbral inferior que ofrece a la gente una posici贸n de repliegue por encima de la pobreza, proporcionando a todo el mundo una medida de libertad del trabajo y, por tanto, de poder en el trabajo.

Para entender la renta b谩sica es necesario considerar sus posibles consecuencias emp铆ricas, as铆 como aclarar la agenda normativa subyacente. En algunos casos, hay pruebas emp铆ricas pragm谩ticas que cualquier visi贸n normativa debe superar para que se haga realidad; en otros, los argumentos normativos pueden mantenerse independientemente de las consecuencias emp铆ricas. Considerando todos los aspectos, incluidas algunas ambig眉edades que se discuten m谩s adelante, existe un poderoso argumento socialista a favor de la renta b谩sica. Este ensayo muestra que el sistema, si fuera lo suficientemente generoso y universal, ayudar铆a a hacer realidad la visi贸n moral que los socialistas deber铆an tener. Merece la pena volver a lo b谩sico, por as铆 decirlo, para dar alg煤n sentido a este debate.

Los fines de la pol铆tica social

Uno de los aspectos constitutivos de la pol铆tica de izquierdas es que las pol铆ticas por las que se aboga no son meros fines en s铆 mismos, sino instrumentos para hacer realidad un amplio conjunto de compromisos normativos que vislumbran c贸mo deber铆a ser el mundo. A veces la izquierda, err贸neamente en mi opini贸n, elude estos elevados compromisos porque est谩n muy alejados de la lucha pol铆tica o porque la argumentaci贸n moral se considera el dominio de los liberales y los dem贸cratas. Pero esta postura nunca ha sido convincente. Para evaluar las pol铆ticas y la pol铆tica tenemos que comprometernos con una visi贸n moral, aunque se caracterice vagamente como un futuro de铿乶ido por el bienestar humano y la libertad real y sustantiva.

En lo que respecta al impacto de las pol铆ticas reales, es 煤til distinguir entre las reformas paliativas de las emancipadoras. Las reformas paliativas, como las pol铆ticas de bienestar tradicionales, son valiosas porque proporcionan beneficios materiales directos y mejoran la vida de las personas, lo que constituye un fin normativo en s铆 mismo. Si una visi贸n pol铆tica pierde de vista las reformas que mejoran la vida, ser谩 abandonada por los pobres y los trabajadores; ver铆an, con raz贸n, que esa visi贸n es insensible a sus necesidades. Aun as铆, es dif铆cil que los agentes pol铆ticos de izquierdas se entusiasmen demasiado con las reformas puramente paliativas. Aunque hacen que la vida de la gente sea menos dolorosa, esas pol铆ticas no ayudan, por de铿乶ici贸n, a movilizar a la gente ni a ampliar su poder. El concepto de reforma emancipadora, por otra parte, se refiere a una pol铆tica social que puede mejorar una privaci贸n concreta, pero lo hace de un modo que nos acerca a una visi贸n moral subyacente. Se trata de pol铆ticas que inclinan la balanza del poder y refuerzan la posici贸n de los pobres y los trabajadores cuando se enfrentan contra jefes, c贸nyuges y otras personas poderosas en sus vidas.

La principal raz贸n por la que la RBU deber铆a formar parte de una visi贸n normativa de izquierdas es porque facilita la salida de las relaciones de explotaci贸n y dominaci贸n 鈥揺l poder de salida tiene una significaci贸n tanto paliativa como emancipadora, como demostrar茅. La objeci贸n marxista fundamental a la estructura de los mercados de trabajo capitalistas es que son superficialmente libres, pero sustancialmente no-libres.

Despose铆dos de los medios de producci贸n, y por tanto de subsistencia, los trabajadores pueden elegir felizmente entre capitalistas, pero en 煤ltima instancia se ven obligados a elegir uno. Esto es lo que Marx denomin贸 鈥渄oble libertad鈥: nuestra libertad de ser explotados por el empresario que elijamos va unida a la libertad de permanecer hambrientos si no elegimos a ninguno. Para quienes se oponen a la naturaleza obligatoria del mercado laboral capitalista, la renta b谩sica es atractiva porque garantiza que las personas no s贸lo tienen el derecho abstracto a la libertad, sino los recursos materiales para hacer de la libertad una realidad vivida. Proporciona a la gente el poder de decir no 鈥揳 empleadores abusivos, al trabajo desagradable o a la dominaci贸n patriarcal en el hogar.

La gente suele hacer uso de ese poder. En el caso del experimento piloto canadiense 鈥淢income鈥 de finales de los a帽os 70, algunos participantes hicieron uso de hecho de su reci茅n descubierta capacidad para renunciar. En la ciudad de Dauphin (Manitoba), la renta anual garantizada durante tres a帽os provoc贸 un descenso de 11 puntos porcentuales en la tasa de actividad[2]. En los cinco principales experimentos de ingresos anuales garantizados realizados en EE.UU. y Canad谩, se observ贸 una amplia gama de reducciones medias de la oferta de mano de obra para hombres y mujeres, desde un m铆nimo de casi cero en algunos casos hasta un m谩ximo de alrededor del 30%[3]. La renta anual garantizada no es id茅ntica a la RBU: la primera se elimina gradualmente a partir de un determinado umbral de ingresos, lo que reduce su universalidad y, en cierta medida, su conveniencia. Sin embargo, incluso esta versi贸n afecta a una amplia franja de la poblaci贸n: un nivel de garant铆a alto y una tasa de eliminaci贸n progresiva baja penetrar谩 profundamente en la clase media. Adem谩s, hace que la opci贸n de la retirada del trabajo asalariado est茅 disponible universalmente y permite una buena cantidad de inferencia sobre un modelo totalmente universalista. Como se expone m谩s adelante, tambi茅n he encontrado pruebas que sugieren que, en el caso de Mincome, los ingresos garantizados redujeron la violencia dom茅stica. Al proporcionar a las personas una posici贸n de repliegue decente, una pol铆tica de este tipo afecta a las relaciones de poder subyacentes y cambia las condiciones de fondo en las que tiene lugar la negociaci贸n, tanto en el trabajo como en el hogar.

Pero hay un aspecto m谩s relevante sobre las reformas emancipadoras que hay que se帽alar aqu铆: como pol铆tica social, la renta b谩sica puede allanar el camino hacia transformaciones sociales m谩s amplias. En concreto, la RBU puede ayudar a poner en marcha un proceso din谩mico que capacite a las personas para luchar por construir una sociedad mejor. Lo consigue de dos maneras: el poder de salida, mencionado anteriormente, y la institucionalizaci贸n de la solidaridad. El primero permite a los pobres y a los trabajadores una mejor base desde la que negociar, instigando logros m谩s amplios y de mayor alcance; el segundo, al redibujar las fronteras sociales esculpidas por los estados de bienestar categ贸ricos y reducir el atractivo de la 鈥渄eserci贸n鈥 de la acci贸n colectiva, mejora las probabilidades de que lo hagan colectivamente en lugar de individualmente. En el fondo, la visi贸n de la renta b谩sica es atractiva por su doble funci贸n de medida pol铆tica paliativa y emancipadora.

En esta esperanzadora descripci贸n, la renta b谩sica articula tanto una alternativa econ贸mica como una teor铆a del cambio social. Sin embargo, existe la preocupaci贸n de que el cambio social no se produzca cuando a las personas se les dan opciones de salida, sino cuando las circunstancias las encierran en una interacci贸n inevitable, cuando la falta de alternativas deja la colaboraci贸n y la lucha como 煤nica opci贸n viable. Sin duda, a veces se argumenta que la izquierda no deber铆a permitir a la gente una opci贸n de salida; es decir, si aspiramos a construir poder y movilizar a la gente, deber铆amos fomentar la 鈥渧oz鈥 por encima de la 鈥渟alida鈥[4]. Como cuesti贸n emp铆rica, este argumento no puede descartarse.

De hecho, siempre existe la posibilidad de que dar a las personas la libertad y la capacidad de hacer lo que quieran signifique que hagan cosas que preferir铆amos que no hicieran. Quiz谩 la renta b谩sica sea emancipadora para los individuos, pero nos fragmente inadvertidamente como colectividades. Despu茅s de todo, algunos podr铆an optar por retirarse por completo del mundo social.

Por el contrario, hay buenas razones para creer que es la posibilidad de salida la que facilita la voz. Si un flujo estable de dinero en efectivo te da el poder de amenazar con dejar un matrimonio o un trabajo 鈥揺s decir, si tu amenaza de salida tiene credibilidad real 鈥 est谩s en mejor posici贸n para decir lo que piensas. En lo que sigue intento exponer este argumento, si bien defiendo la renta b谩sica como una reforma deseable aunque no supere esta prueba emp铆rica. Dicho de otro modo, la renta b谩sica puede proporcionar recursos para facilitar la acci贸n colectiva, como se analizar谩 m谩s adelante, pero lo hace sin impedir v铆as de escape m谩s solitarias o individuales. Esta posici贸n deber铆a considerarse perfectamente coherente con una 茅tica socialista: deseamos nutrir la acci贸n colectiva fomentando sus condiciones de posibilidad en un sentido positivo, no a trav茅s de la obstrucci贸n activa de la acci贸n colectiva ni dejando la acci贸n colectiva como 煤nica v铆a para la supervivencia de los individuos.

As铆, la renta b谩sica refuerza tanto la libertad negativa de las personas frente a la coerci贸n como su libertad positiva para hacer lo que quieran. Hay pocos en la izquierda que est茅n en desacuerdo con estos principios. 驴Queremos, por ejemplo, impedir que una trabajadora de Walmart deje su trabajo si as铆 lo desea? Si estamos a favor de la autonom铆a humana b谩sica, la respuesta es no. La respuesta deber铆a ser no, incluso si mi argumento sobre la relaci贸n positiva entre renta b谩sica y acci贸n colectiva no resulte convincente, incluso si la acci贸n colectiva s贸lo se alimenta cuando las personas est谩n encerradas en relaciones conflictivas. Rapunzel podr铆a sobrevivir mejor en su torre, pero eso apenas la convencer铆a de su valor. Hay un sentido real en el que la oposici贸n de la izquierda al principio subyacente de la renta b谩sica implica abogar por un cierto grado de coerci贸n. Esto podr铆a ser filos贸ficamente defendible, pero no cuadra con el compromiso de disociar la doble libertad de Marx, ni con los profundos compromisos socialistas de ampliar el dominio de la autonom铆a humana. Volveremos a estas cuestiones filos贸ficas fundamentales despu茅s de hacer balance de una serie de cuestiones normativas y emp铆ricas, y de abordar las principales cr铆ticas de la izquierda a la renta b谩sica.

驴Neoliberal en la pr谩ctica?

脷ltimamente han proliferado las objeciones de la izquierda a la entrega incondicional de dinero a la gente, suscitadas qu茅 duda cabe por los partidarios de la renta b谩sica entre la derecha. Algunas de estas objeciones son muy pertinentes y han impulsado el debate en direcciones positivas; otras son menos persuasivas. Con la renta b谩sica en la agenda pol铆tica de varios pa铆ses de todo el mundo, es necesario apreciar el contexto m谩s amplio del debate.

La primera objeci贸n, y la m谩s importante, ha sido se帽alada recientemente por John Clarke, de la Coalici贸n contra la Pobreza de Ontario, entre otros: dada la constelaci贸n de fuerzas y los compromisos pol铆ticos de muchos de los proponentes, lo m谩s probable es que la renta b谩sica, si se implanta, se haga bajo una apariencia neoliberal, repartiendo pagos exiguos y acompa帽ada de severas medidas de austeridad[5]. De hecho, como toda pol铆tica social, la renta b谩sica podr铆a aplicarse de forma neoliberal, y en las 煤ltimas cuatro d茅cadas no han faltado propuestas regresivas de este tipo en Canad谩 y Estados Unidos.

Se trata de una preocupaci贸n leg铆tima, y es en la aplicaci贸n de la pol铆tica donde se resolver谩, de un modo u otro, el problema de los extra帽os compa帽eros de viaje. La lista de partidarios de la derecha, desde Milton Friedman a Charles Murray, resulta a menudo inequ铆voca en su deseo de utilizar la renta b谩sica como un cuchillo para destripar las costosas entra帽as del Estado del bienestar. En diferentes grados, el reciente apoyo dentro de los c铆rculos de la 茅lite tecnochauvinista, desde Peter Thiel a Mark Zuckerberg, podr铆a entenderse de forma similar. 驴C贸mo podr铆an los marxistas formar una alianza apol铆tica con el ni帽o mimado de Silicon Valley? Tal vez algunas 茅lites vean la renta b谩sica como un medio pragm谩tico para evitar la radicalizaci贸n de una poblaci贸n que ha visto pocas mejoras en su nivel de vida en los 煤ltimos a帽os, pero otros ven un caballo de Troya dise帽ado para asaltar las ciudadelas de la Seguridad Social, la sanidad y la educaci贸n p煤blicas.

Si la renta b谩sica es poco m谩s que una pol铆tica neoliberal disfrazada, no hay duda: hay que oponerse a ella. Pero, 驴por qu茅 no trabajar por una mejor versi贸n de la renta b谩sica? Hay visiones muy diferentes de lo que ser铆a una renta b谩sica, y una peque帽a renta b谩sica aplicada de forma libertaria para sustituir al Estado del bienestar no s贸lo es diferente de una versi贸n generosa integrada en el actual Estado del bienestar, sino que est谩 activamente arraigada en la visi贸n filos贸fica opuesta. Mientras que la primera est谩 dise帽ada para reducir la presi贸n fiscal sobre los ricos y evitar pol铆ticas sociales supuestamente paternalistas, la segunda est谩 dise帽ada para negar la coercitividad del mercado laboral capitalista y potenciar las fuerzas populares. Los cambios cuantitativos en la generosidad inducen cambios cualitativos en los resultados. Hay variedades cualitativamente diferentes de renta b谩sica, y es perfectamente posible que en el contexto pol铆tico contempor谩neo se haga realidad una visi贸n indeseable. Pero ninguna visi贸n pol铆tica, hay que decirlo, puede escapar a la incertidumbre inherente al paso de la teor铆a a la pr谩ctica.

Una comparaci贸n instructiva en este sentido es la reivindicaci贸n del trabajo garantizado. Si se aplicara una garant铆a de empleo en el contexto contempor谩neo, es f谩cil imaginar una versi贸n que est茅 lejos de ser liberadora, en la que los trabajos fueran agotadores y los descansos escasos. El polit贸logo Adam Przeworski se opuso a esta visi贸n desagradable pero plausible de la garant铆a del empleo: 鈥淗acer que la gente trabaje innecesariamente, s贸lo para que se les pueda pagar algo sin que otros se quejen y para que no se queden sin hacer nada, es sustituir una privaci贸n por otra鈥[6]. Esto no quiere decir que una visi贸n progresista de la garant铆a del empleo sea inimaginable; al contrario, un plan viable de este tipo tiene un gran potencial y, si se aplicara con 茅xito, supondr铆a una gran mejora de la actual configuraci贸n de las pol铆ticas sociales. Pero las fuerzas que podr铆an sabotear una renta b谩sica operar铆an de forma similar en el caso de una garant铆a de empleo[7]. Existe, adem谩s, un ejemplo hist贸rico bien conocido de una fea aplicaci贸n de la garant铆a de empleo; se llamaba 鈥渨orkhouse鈥 o asilos para pobres. Durante siglos, el antiguo workhouse ingl茅s vincul贸 los beneficios de la asistencia p煤blica al trabajo y funcion贸 seg煤n el principio de 鈥渕enor elegibilidad鈥, una doctrina que garantizaba que las condiciones del workhouse fueran peores que las del exterior para disuadir de su uso. Tambi茅n hay que se帽alar que este sistema de ayuda a los pobres atrajo a partidarios muy sospechosos. Por ejemplo, Jeremy Bentham abogaba por el workhouse porque era un 鈥渕olino para moler p铆caros honestos y hombres ociosos industriosos鈥[8].

El problema, por tanto, es general. Como norma, la izquierda se opone a un seguro de desempleo exiguo y abraza un seguro de desempleo generoso. Una mala pol铆tica sanitaria es mala, y una buena pol铆tica sanitaria es buena. La estrategia de la izquierda siempre ha consistido en luchar para mejorar esas pol铆ticas, y cualquier modelo del mundo que sugiera que un seguro de desempleo decente o una buena atenci贸n sanitaria se consiguen mediante la lucha se aplicar铆a igualmente a la RBU. La cr铆tica de la idea abstracta deber铆a distinguirse de la cr铆tica de su aplicaci贸n concreta; este tema de conversaci贸n deber铆a ser de sobra conocido para los socialistas, al menos para aquellos lo suficientemente mayores como para recordar las desagradables aplicaciones de sus ideas m谩s queridas. Como ocurre con todas las medidas de pol铆tica social, la renta b谩sica podr铆a aplicarse de forma espantosa. 驴Debemos, por tanto, rechazar la idea por completo? Como argumento contra el impulso de relajar la naturaleza obligatoria de los mercados laborales capitalistas, esta l铆nea de razonamiento es dif铆cilmente sostenible.

Una cr铆tica relacionada es que la renta b谩sica es una pol铆tica social tecnocr谩tica e incruenta 鈥 muchos partidarios de la RBU imaginan que una vez se apruebe la legislaci贸n adecuada, el trabajo est谩 hecho. Imaginan una pol铆tica que se impone de forma ingeniosa, fuera del contexto de las luchas sociales, como si la pol铆tica y el poder existieran en mundos separados. Pero aqu铆 la cr铆tica se dirige principalmente a esos defensores, no a la idea en s铆. En efecto, si la renta b谩sica se deja en manos de los tecn贸cratas, obtendremos un conjunto de pol铆ticas sociales tibias o incluso regresivas; una versi贸n deseable y radical encontrar谩 muchos opositores, en particular los empresarios, y requerir谩 una movilizaci贸n popular masiva. Pero resulta extra帽o creer que este problema es exclusivo de la renta b谩sica.

驴Neoliberal incluso en teor铆a?

Aparte de los temores de que los pol铆ticos de derechas apliquen su versi贸n preferida de la renta b谩sica, hay una serie de cr铆ticas incluso a una renta b谩sica generosa y verdaderamente universal. Este ensayo eval煤a una serie de argumentos emp铆ricos relativos al g茅nero, el capitalismo y la acci贸n colectiva, pero en esta secci贸n me centrar茅 en dos argumentos normativos a menudo esgrimidos: (1) que deber铆amos ampliar la prestaci贸n p煤blica de servicios clave antes de considerar el mantenimiento de los ingresos; y (2) que no deber铆amos tener una renta b谩sica porque tenemos la obligaci贸n de trabajar, contribuir a la comunidad y no vivir del trabajo productivo de los dem谩s.

Para empezar, algunos sostienen que el dinero destinado a una RBU deber铆a gastarse en la desmercantilizaci贸n de servicios importantes como la vivienda, el cuidado de los ni帽os, el transporte y otros. Esta objeci贸n a la renta b谩sica, formulada por primera vez por la economista Barbara Bergmann, es contundente, pero al final no resulta persuasiva[9].

La cuesti贸n se plantea a veces de la siguiente manera: si tuvi茅ramos un d贸lar m谩s para gastar, 驴en qu茅 deber铆amos gastarlo primero? El argumento de los servicios por encima de los ingresos es quiz谩s m谩s poderoso en forma de hip贸tesis utilitarista. Utilizar un d贸lar marginal de ingresos fiscales adicionales para ampliar el transporte p煤blico existente o los sistemas sanitarios, o para proporcionar nuevos tipos de servicios p煤blicos, podr铆a mejorar la vida de las personas m谩s que ofrecerles el equivalente en met谩lico[10].

Tal vez prolongar铆a m谩s eficazmente la esperanza media de vida o mejorar铆a el bienestar subjetivo de las personas. Se trata de una pregunta emp铆rica sin respuesta, pero de ser cierta ser铆a dif铆cil de ignorar. Enmarcar la cuesti贸n en t茅rminos estrictamente economicistas, sin embargo, plantea una falsa dicotom铆a entre la desmercantilizaci贸n de la fuerza de trabajo y la desmercantilizaci贸n de los servicios, como si ambas no pudieran perseguirse al mismo tiempo. En una sociedad rica y productiva, deber铆amos poder permitirnos tanto una renta b谩sica como bienes p煤blicos de calidad. Si las fuerzas populares fueran lo suficientemente poderosas como para avanzar en uno de estos aspectos, tambi茅n podr铆an serlo en el otro.

Sin embargo, el c谩lculo sigue cometiendo dos errores. En primer lugar, ignora el objetivo de la libertad real como objetivo moral no instrumental. Por motivos de libertad 鈥揺n particular, la libertad positiva de decidir las actividades que queremos realizar y c贸mo pasar nuestros d铆as- merece la pena defender una estrategia que erosiona directa y en茅rgicamente la condici贸n de fondo de los trabajadores de depender del mercado. Es decir, es bueno poder dejar el trabajo en Walmart sean cuales sean las consecuencias a largo plazo. En segundo lugar, el argumento de Bergmann ignora el proceso por el cual la reducci贸n de la coerci贸n del mercado laboral y la provisi贸n de un aut茅ntico sistema alternativo posicionan mejor a las personas para alcanzar objetivos m谩s amplios.

Existe, por supuesto, cierto grado de simetr铆a entre la opci贸n de salida que ofrece la renta b谩sica, por un lado, y un amplio conjunto de bienes y servicios proporcionados p煤blicamente, por otro. Sin embargo, creo que la expansi贸n de la libertad y el poder es m谩s d茅bil en el segundo caso. Como subrayan Offe y Wiesenthal en un conocido ensayo, las necesidades y preferencias de los pobres y de la clase trabajadora son profundamente heterog茅neas: las necesidades de un joven que vive en un peque帽o pueblo rural, las de una madre soltera en el centro de una gran ciudad y las de una pareja mayor de los suburbios son ineludiblemente diversas[11]. Por ello, el dinero, un bien altamente fungible, puede satisfacer mejor las diversas necesidades y preferencias subjetivas que incluso un conjunto bastante amplio de bienes y servicios espec铆ficos[12]. Esto significa que la renta b谩sica reducir铆a m谩s eficazmente los costes de ser despedido y crear铆a mejor una alternativa al mercado laboral para una amplia franja de la sociedad; al construir m谩s eficazmente una posici贸n de repliegue o un 鈥渃olch贸n鈥, ampliar铆a mejor la influencia de los trabajadores en el trabajo.

Si tenemos que elegir entre ampliar la prestaci贸n p煤blica de servicios y proporcionar una renta b谩sica, y nos decantamos por la primera opci贸n, deber铆amos tener claro el significado de esta elecci贸n: implica que preferimos un sistema en el que las personas sigan siendo algo m谩s dependientes del mercado laboral para sobrevivir, que preferimos conservar, con toda probabilidad, la doble libertad de Marx. Por el contrario, una renta b谩sica insiste en que es importante desmercantilizar no s贸lo una serie de bienes y servicios, sino la propia fuerza de trabajo[13]. Una RBU afirma que eliminar la coerci贸n del mercado laboral y abolir lo que el movimiento obrero llam贸 en su d铆a 鈥渆sclavitud asalariada鈥 puede ser, en 煤ltima instancia, m谩s liberador que eliminar del mercado un amplio espectro de mercanc铆as. Afirma que deber铆amos tener la libertad positiva de emplear nuestro tiempo como queramos. En lugar de mejorar nuestra capacidad para ir a trabajar, la renta b谩sica proporciona los medios para evitarlo si lo necesitamos.

La objeci贸n de los servicios por encima de los ingresos tiene otra cara. John Clarke sostiene que, incluso en el mejor de los casos, dar dinero a la gente fomentar谩 una sociedad consumista. La fuerza de trabajo puede desmercantilizarse, pero si todo lo dem谩s debe comprarse, acabaremos pasando todo nuestro tiempo como 鈥渃onsumidores en una sociedad injusta鈥[14].

Merece la pena hacer dos observaciones en respuesta. En primer lugar, un mundo con un mercado abierto para la mayor铆a de los bienes, pero sin un mercado laboral capitalista obligatorio, podr铆a ser, de hecho, una visi贸n transitoria decente del socialismo de mercado. Las injusticias del capitalismo tienen mucho m谩s que ver con el car谩cter coercitivo del mercado laboral que con la existencia de mercados de bienes de consumo. De hecho, el argumento anticonsumista identifica err贸neamente las fuentes de la injusticia en el capitalismo. El mercado de bienes no es tan malo en s铆 mismo; el problema es m谩s bien que la gente tenga un poder adquisitivo insuficiente para hacer que la demanda efectiva se corresponda con el deseo y la necesidad reales[15]. Una distribuci贸n m谩s igualitaria del poder adquisitivo ayudar铆a a alinear con la realidad la fantas铆a neocl谩sica de que la demanda del mercado es igual a la necesidad[16].

En segundo lugar, parece perfectamente razonable esperar que una renta b谩sica permita llevar una vida mucho menos consumista. Como se ha se帽alado anteriormente, el experimento de Dauphin gener贸 un descenso no trivial de la participaci贸n en la poblaci贸n activa. Para algunas personas, la renta b谩sica tambi茅n podr铆a significar dejar de trabajar por cuenta ajena, percibir unos ingresos m谩s bajos y, por tanto, tener menos, no m谩s, para gastar. A menudo se espera y se plantea la hip贸tesis de que las actividades socialmente valiosas se fomentar铆an si las necesidades b谩sicas de las personas estuvieran garantizadas fuera del mercado laboral. Adem谩s, la virtud de la renta b谩sica es su potencial para ampliar las actividades de ocio de la gente. Podemos recurrir a los datos de la parte urbana del experimento Mincome 鈥搖n ensayo controlado aleatorio realizado en Winnipeg junto con la parte Dauphin del experimento- para analizar esta misma cuesti贸n. Mincome indag贸 en las actividades cotidianas de los perceptores de renta b谩sica en el conjunto de la poblaci贸n activa; en relaci贸n con los controles, la intervenci贸n dio lugar a un aumento de una serie de actividades socialmente valiosas, como el trabajo de cuidados y la educaci贸n. La intervenci贸n tambi茅n provoc贸 un aumento del porcentaje de hombres y mujeres que declararon que no trabajaban simplemente porque 鈥渘o quer铆an trabajar鈥. En una sociedad libre, esta decisi贸n deber铆a estar disponible tanto para los pobres como para los ricos.

Aunque es posible que algunas personas dediquen m谩s tiempo a ir de compras 鈥損or no hablar de hacer teatro experimental y patinar, la m谩s infravalorada de todas las cr铆ticas a la renta b谩sica-, tambi茅n podr铆an dedicar el tiempo libre a los dem谩s, dedicarse a proyectos sociales y pol铆ticos, a tareas asistenciales o a otras muchas actividades no relacionadas con el consumo.

Antes de seguir adelante, merece la pena se帽alar una segunda cr铆tica normativa a la renta b谩sica, que se extiende desde Rosa Luxemburgo hasta Jon Elster, y que est谩 anclada en buena parte de la teor铆a pol铆tica liberal y de izquierdas: que no tenemos derecho a vivir de los ingresos de otra persona[17]. M谩s bien, seg煤n este argumento, tenemos la obligaci贸n moral de contribuir a la comunidad y, por tanto, de trabajar. En parte, esto es lo que llev贸 a Tony Atkinson a proponer una 鈥渞enta de participaci贸n鈥 en lugar de la renta b谩sica: la renta de participaci贸n proporcionar铆a un flujo de ingresos condicionado a la participaci贸n en alguna actividad socialmente valiosa, ya sea dentro o fuera del mercado laboral formal[18].

Aqu铆 veo dos cuestiones que merece la pena contemplar. En primer lugar, desde el punto de vista de la libertad socialista, hay muchas razones para creer que, en lugar de igualar los niveles de trabajo y los ingresos, deber铆amos ofrecer a la gente la posibilidad de elegir entre mayores ingresos y m谩s ocio. Esto es coherente con lo que G. A. Cohen ha denominado la 鈥渋gualdad socialista de oportunidades鈥[19]. En un mundo as铆, las desigualdades en los ingresos y el ocio no reflejan m谩s que diferencias en los gustos personales por los ingresos y el trabajo, es decir, diferencias coherentes con la justicia socialista. Para Cohen, una sociedad en la que cada persona tiene aproximadamente los mismos paquetes de trabajo/salario es inferior a otra que permite elegir entre distintos paquetes de ingresos y ocio. La renta b谩sica permite, en cierto modo, que los individuos puedan elegir entre un paquete de renta b谩sica/ocio m谩ximo o un paquete de renta alta/ocio m铆nimo. Volver茅 sobre esta cuesti贸n del socialismo y la libertad en la conclusi贸n.

En segundo lugar, el argumento normativo de que las personas no tienen derecho a vivir de los ingresos de otros 鈥搚 por implicaci贸n que solo los que trabajan deben comer, que s贸lo los que realizan un trabajo productivo deben ser compensados- es inaceptablemente libertario en su teor铆a subyacente de la remuneraci贸n. La teor铆a ignora 鈥渆l car谩cter no atribuible鈥 de los productos a los insumos de producci贸n: la producci贸n es una actividad profundamente interdependiente y, particularmente en un mundo de rendimientos a escala no constantes, el proceso abstracto de vincular el esfuerzo productivo de una persona a su compensaci贸n final es siempre un ejercicio ambiguo. Esto significa que el propio concepto de ingresos adecuados de un individuo est谩 mal definido. Pero lo que es a煤n m谩s importante, el principio que sugiere que no debemos vivir del esfuerzo laboral de los dem谩s concede demasiada importancia al trabajo productivo actual 鈥揺s decir, al trabajo de los trabajadores vivos y no a toda la historia del trabajo- como fuerza motriz de la producci贸n actual. Como ha argumentado Herbert Simon, los altos niveles de productividad individual en las sociedades ricas son, en su mayor parte, consecuencia de la suerte o azar de haber nacido en una sociedad rica[20]. Los altos ingresos y la alta productividad se atribuyen menos al esfuerzo laboral actual y m谩s al esfuerzo laboral pasado, y todos los miembros de la sociedad deber铆an beneficiarse del trabajo de las generaciones anteriores y de la riqueza y el desarrollo generales de la sociedad. Para la generaci贸n actual, esto significa que, sin contribuci贸n propia, hemos sido dotados de tecnolog铆as, infraestructuras, lengua y cultura altamente desarrolladas, lo que confiere a los ingresos actuales, en gran parte, un car谩cter moralmente arbitrario. Esta es, por tanto, una poderosa raz贸n para redistribuir una buena cantidad de la misma entre las personas, trabajen o no.

Renta b谩sica y capitalismo

Otro conjunto de cr铆ticas de la izquierda se refiere a las consecuencias imprevistas de la renta b谩sica en el mercado laboral, el comportamiento de los empresarios y el capitalismo en general. Estos argumentos suelen enmarcarse en t茅rminos de los l铆mites aparentes del capitalismo y las fuerzas econ贸micas subterr谩neas que comprometen la transformaci贸n social progresiva. Por regla general, los argumentos del tipo 鈥渦na renta b谩sica decente es imposible en el capitalismo鈥 deber铆an tratarse con la misma suspicacia que las afirmaciones sobre la incompatibilidad fundamental del capitalismo con un Estado del Bienestar decente. La historia ha demostrado que el capitalismo es un sistema muy flexible; lo que una vez se dijo que era imposible bajo el capitalismo, m谩s tarde se dice que es una caracter铆stica esencial de su legitimaci贸n. En tales argumentos es pro forma aludir a alg煤n profundo e inamovible callej贸n sin salida econ贸mico (m谩s que pol铆tico), pero la idea de que una renta b谩sica decente es imposible bajo el capitalismo se reduce a la afirmaci贸n de que la reforma real del capitalismo es imposible.

Sin embargo, una restricci贸n de viabilidad muy real tiene que ver con la participaci贸n en el mercado laboral: si la renta b谩sica saca a la mayor parte de la poblaci贸n activa del mercado laboral, la fuente 煤ltima de ingresos del sistema se agotar谩. Sin embargo, como ya se ha se帽alado, las pruebas experimentales sugieren que los pagos de la renta b谩sica que rondan la mitad de la renta familiar media inducen cierta retirada del mercado laboral, pero no niveles catastr贸ficos. En mi opini贸n, este resultado es m谩s o menos deseable: si no hubiera una reducci贸n del trabajo no tendr铆a cabida ni una expansi贸n de la libertad ni la disminuci贸n del trabajo duro, pero una reducci贸n extrema del trabajo a corto plazo correrr铆a el riesgo de deshacer el programa. Contrariamente a lo que suele pensarse, la renta b谩sica no debe entenderse en s铆 misma como una utop铆a postrabajo: de hecho, si casi todo el mundo dejara de trabajar, no habr铆a ingresos para financiar el programa. La apuesta es que, aunque el trabajo ser铆a una elecci贸n m谩s que una necesidad econ贸mica, la gente seguir铆a encontrando el trabajo atractivo en su mayor parte, aunque menos; los trabajos mal remunerados pujar铆an al alza (lo que es en s铆 mismo un proceso que hace que el trabajo sea m谩s atractivo, compensando parcialmente las salidas en otros lugares), y los lugares de trabajo caracterizados por las peores formas de dominaci贸n ser铆an menos sostenibles.

Otra predicci贸n de David Purdy es que los trabajadores que redujeran sus horas de trabajo o abandonasen el mercado laboral facilitar铆an la b煤squeda de empleo a los trabajadores subempleados o desempleados[21]. Si se da el caso de que los empresarios necesitan reemplazar a los trabajadores que abandonan el mercado laboral 鈥搚 hay que subrayar que no existen pruebas a favor o en contra de esta hip贸tesis debido a las limitaciones de los datos- este mecanismo particular predice no tanto un aumento o una disminuci贸n, sino m谩s bien una redistribuci贸n del trabajo disponible. Hay razones, por tanto, para esperar aumentos de la participaci贸n en el mercado laboral en algunos casos, aunque el r茅gimen genere descensos netos.

No obstante, a pesar de las pruebas en contra, puede darse el caso de que la renta b谩sica s铆 expulse a la mayor铆a de los trabajadores del mercado laboral. O tal vez estos efectos perversos acabar铆an materializ谩ndose con una renta b谩sica masiva. Si fuera as铆, el argumento de la no-sostenibilidad tendr铆a fuerza, y significar铆a que hay alg煤n nivel de renta b谩sica por encima del cual la gente abandona en masa. Mi propia estimaci贸n es que, si existe tal nivel, es considerablemente m谩s alto que las cifras planteadas anteriormente: ninguna de las pruebas de una amplia gama de niveles de prestaciones en los diversos experimentos se acerca a inducir un colapso en el mercado laboral. Debido a los beneficios de los ingresos a帽adidos, a la satisfacci贸n inherente al trabajo y a su atractivo potencial creciente debido a las cambiantes relaciones de poder, me parece que una renta b谩sica cada vez m谩s generosa se enfrentar谩 a otros problemas de sostenibilidad mucho antes de que alg煤n 茅xodo masivo de mano de obra doblegue la econom铆a.

Esto nos lleva a una segunda limitaci贸n de viabilidad: una renta b谩sica decente podr铆a ser imposible en el capitalismo debido a la fuga de capitales. En esta historia, los impuestos altos o los salarios altos llevar谩n a los capitalistas a desinvertir, socavando as铆 los ingresos necesarios para financiar una renta b谩sica cara. 驴Hasta qu茅 punto son estrechos los l铆mites de un Estado del Bienestar progresista en el contexto del capitalismo? 驴Provocar铆a la renta b谩sica niveles debilitantes de fuga de capitales, agotando as铆 la base fiscal necesaria para financiar el sistema?[22] Aunque es innegable que la RBU es cara, esta cr铆tica es exagerada. Una forma de plantearse el problema es la siguiente: al m谩s alto nivel de abstracci贸n est谩 claro que un pa铆s como Estados Unidos est谩 lejos del umbral en el que los ingresos fiscales como porcentaje del PIB alcanzan su l铆mite te贸rico dentro de una econom铆a m谩s o menos capitalista. Si el l铆mite inferior de este l铆mite superior te贸rico es el nivel dan茅s de alrededor del 51%, Estados Unidos, con alrededor del 26%, puede permitirse duplicar su gasto. En t茅rminos de viabilidad abstracta, hay mucho margen para aumentar la parte de los recursos que dedicamos a fines p煤blicos antes de que la teor铆a marxista del Estado empiece a insistir en un l铆mite duro para la formulaci贸n de pol铆ticas de izquierda dentro de una econom铆a m谩s o menos capitalista[23]. Este contraargumento oscurece muchos detalles importantes 鈥損or ejemplo, los tipos de instrumentos fiscales utilizados pueden influir significativamente en la probabilidad de fuga de capitales- pero vale la pena recordar que la amenaza de fuga de capitales es a menudo s贸lo eso: una amenaza[24]. Si se les impone por la fuerza un mayor gasto social, hay buenas razones para creer que la mayor铆a de los capitalistas lo aceptar铆an, aunque a disgusto, en lugar de abandonar sus empresas.

Incluso si hay buenas razones para creer que la amenaza de una fuga de capitales paralizante es en s铆 misma lejana, todav铆a puede ser finalmente fatal en alg煤n umbral. En este punto, sin embargo, es probable que las condiciones sociales y pol铆ticas tambi茅n empiecen a cambiar. De hecho, a medida que crezca la renta b谩sica 鈥揹ebido al aumento de las expectativas, a la creciente popularidad del programa y a una poblaci贸n cada vez m谩s empoderada- habr谩 una mayor necesidad de encontrar nueva financiaci贸n gravando directamente el capital a trav茅s de una serie de mecanismos. Tal vez al principio se eviten los sistemas de financiaci贸n que gravan fuertemente el capital debido a la sensibilidad de la inversi贸n, pero con el tiempo se convierte en una fuente de ingresos inevitable, lo que agrava la amenaza de fuga de capitales. Una soluci贸n que puede llegar a ser viable para los dirigentes pol铆ticos es 鈥揳 trompicones y en sectores espec铆ficos- un programa de socializaci贸n de diversos medios de producci贸n. El peligro inicial que supone la fuga de capitales puede convertirse as铆 en una oportunidad. Esto ayudar铆a a resolver el problema econ贸mico subyacente de reducir la necesidad de beneficios del capital privado, al tiempo que servir铆a como nueva fuente de financiaci贸n. Por ejemplo, el modelo de socialismo de cupones de John Roemer es esencialmente un dividendo similar a la renta b谩sica financiado por la propiedad universal de todos los activos de capital[25]. Esta historia es, por supuesto, altamente especulativa, pero como esbozo de la transici贸n al socialismo parece una forma tan plausible como cualquier otra de superar el problema de la fuga de capitales. Es 鈥渓a v铆a de la renta b谩sica al socialismo鈥.

Para concluir esta secci贸n, vale la pena se帽alar una 煤ltima cr铆tica econ贸mica m谩s aguda de la renta b谩sica, a saber, que la pol铆tica no es m谩s que un subsidio patronal. Una versi贸n del argumento es la siguiente: hay un salario de subsistencia en el mundo que est谩 determinado hist贸ricamente, pero m谩s o menos fijo, y si se puede hacer que el Estado cubra parte de ese salario, los empresarios pagar谩n alegremente menos[26]. Aparte de descansar en un argumento insosteniblemente funcionalista sobre la fijaci贸n de salarios, la l贸gica interna est谩 ausente. Los descensos salariales no se producen por arte de magia, sino que hay que imponerlos. Pero cuando los trabajadores tienen una opci贸n de salida, una moneda de cambio, es probable que los salarios suban en lugar de bajar[27]. De hecho, en el caso de Mincome, podemos observar este mismo efecto: en relaci贸n con las empresas de las ciudades de control, la renta b谩sica oblig贸 a las empresas de Dauphin a subir las ofertas salariales para atraer mejor a los trabajadores que ahora ten铆an una alternativa decente[28].

El argumento va m谩s all谩. Incluso una renta b谩sica peque帽a pero incondicional no ser铆a una subvenci贸n a los empresarios. Para aclararlo, tomemos un caso aparentemente similar: el Earned Income Tax Credit de EE.UU. es un subsidio al empleador, pero no debido a alg煤n mecanismo funcionalista sobre los salarios de subsistencia; es un subsidio al empleador porque es una transferencia de ingresos que est谩 condicionada al trabajo y, por lo tanto, aumenta la oferta de mano de obra, lo que tira de los salarios a la baja[29]. Por el contrario, una peque帽a renta b谩sica incondicional aumentar铆a, en cierta medida, el salario de reserva de la mano de obra, al igual que los cupones de alimentos aumentan, en cierta medida, el salario de reserva de la mano de obra y reducen las horas de trabajo, ya que permiten a la gente ser un poco m谩s exigente[30]. Siempre que una pol铆tica de renta b谩sica no est茅 condicionada al trabajo, incluso una versi贸n modesta a帽adida al actual Estado del Bienestar har铆a marginalmente m谩s f谩cil decir 鈥渘o鈥 a los jefes porque ofrece una alternativa m铆nima.

Es importante poner fin a la postura de la subvenci贸n a los empresarios 鈥搖n caso verdaderamente cl谩sico de la tesis de la perversidad de Albert O. Hirschman- porque, en primer lugar, no hay pruebas que la respalden y, en segundo lugar, excluye la estrategia, por lo dem谩s razonable, que considera una peque帽a renta b谩sica como una estaci贸n de paso hacia una m谩s generosa.

Renta b谩sica, acci贸n colectiva y solidaridad

Si el argumento anterior sobre el crecimiento salarial es correcto, unido al apoyo p煤blico, una renta b谩sica insuficiente pero incondicional presenta una v铆a viable hacia una m谩s generosa. Si bien expongo este argumento m谩s adelante, primero merece la pena exponer un argumento contra el impacto potencial de la renta b谩sica en la solidaridad: la RBU no solo aumentar谩 dr谩sticamente la presi贸n fiscal sobre algunos y redistribuir谩 una buena cantidad a otros, sino que lo har谩 de una manera que es inmediatamente reconocible socialmente como una transferencia; a diferencia de, por ejemplo, la asistencia sanitaria y la vivienda, la transferencia de dinero real de una parte a otra es llamativa. Como consecuencia, es f谩cil imaginar que un grupo vulnerable sea acusado p煤blicamente de pereza y dependencia. 驴Es posible que los contribuyentes netos al programa se diferencien fuertemente de los receptores netos e incluso les guarden rencor?

En respuesta, es 煤til distinguir entre los distintos tipos de programas de transferencia de ingresos. Por ejemplo, a diferencia de un impuesto negativo sobre la renta, en el que algunas personas 鈥搇as que est谩n por debajo de un umbral determinado- cobran y otras no, la renta b谩sica universal convierte a todos en perceptores. El c谩lculo del impacto neto de una RBU es mucho menos obvio que en el caso de un impuesto negativo sobre la renta, en el que o se reciben f铆sicamente los pagos o no se reciben. El c谩lculo de la RBU requiere comparar la cantidad que recibes con la parte de tu contribuci贸n fiscal asignada al programa. Los ganadores y perdedores despu茅s de impuestos y transferencias son mucho menos visibles, incluso si los dos sistemas consiguen la misma distribuci贸n de la renta despu茅s de impuestos y transferencias. Tambi茅n cabe mencionar que las ayudas familiares 鈥揺n Canad谩, Francia y el Reino Unido- son (o eran) programas de transferencias monetarias casi universales y se encuentran entre las pol铆ticas sociales m谩s populares de esos pa铆ses. De hecho, hay muchas transferencias de efectivo que son s贸lidas y populares. Las que lo son, como analizo m谩s adelante, tienden a evitar las distinciones entre los pobres 鈥渕erecedores鈥 y los 鈥渘o merecedores鈥 y, por lo tanto, escapan al ciclo de estigmatizaci贸n y culpabilizaci贸n de las v铆ctimas al que son vulnerables tantos programas de asistencia social[31].

Por el contrario, las pol铆ticas asistenciales tradicionales adolecen de l铆mites inherentes a la movilizaci贸n pol铆tica: solo afectan a un grupo peque帽o, pobre y marginado, y encabezan sistem谩ticamente la lista de las pol铆ticas sociales m谩s impopulares. Dado que las pol铆ticas sociales dirigidas a los m谩s pobres afectan a tan pocas personas, organizar el aumento de las prestaciones es siempre una batalla cuesta arriba y requiere apoyarse desproporcionadamente en argumentos morales, m谩s que materiales. Por la misma raz贸n, estas pol铆ticas son especialmente vulnerables a la austeridad. Sin embargo, incluso una renta b谩sica d茅bil podr铆a afectar a un amplio abanico de personas y contribuir a crear un grupo de apoyo s贸lido para su crecimiento y expansi贸n continuos. A medida que se incorpora m谩s gente a un programa, ocurren dos cosas. En primer lugar, mejora la calidad; y, en segundo lugar, se convierte en una 鈥渢ercera v铆a pol铆tica鈥. Los programas cuyos beneficios se extienden a diversos estratos sociales tienden a ser muy populares y pueden empezar a considerarse un derecho c铆vico, de modo que los beneficios se vuelvan irreversibles.

De hecho, este efecto de popularidad se desprende claramente de los comentarios cualitativos de los participantes en Mincome en Dauphin. Mincome contribuy贸 a difuminar las l铆neas habituales de demarcaci贸n entre los pobres merecedores y los no merecedores. Para muchos, la asistencia social se ve铆a en t茅rminos moralistas; era se帽al de un car谩cter moral empa帽ado y sistem谩ticamente demasiado humillante para que la mayor铆a considerara la posibilidad de afiliarse. Mincome, sin embargo, se consideraba un programa neutral y pragm谩tico, y su amplia disponibilidad significaba que no se interpretaba como un sistema para 鈥渙tras鈥 personas. La gente adoptaba actitudes informales y positivas hacia Mincome y participaba porque simplemente 鈥渘ecesitaba dinero鈥, mientras que la gran mayor铆a despreciaba la asistencia social porque, entre otras cosas, era para 鈥渘ecesitados y vagos鈥. A menudo distingu铆an su propia recepci贸n de Mincome 鈥搎ue se basaba simplemente en la necesidad de dinero en efectivo en una econom铆a con precarias oportunidades de empleo- de las circunstancias de la recepci贸n de asistencia social, que se deb铆an a los fallos morales de los receptores. Incluso los beneficiarios de Mincome con una fuerte 茅tica de autosuficiencia o actitudes negativas hacia la asistencia gubernamental se sent铆an capaces de cobrar los pagos de Mincome sin un sentimiento de contradicci贸n[32].

Existe, por tanto, un argumento de peso para afirmar que el universalismo de la RBU facilitar铆a una solidaridad que, de otro modo, se ver铆a obstaculizada en un Estado del Bienestar altamente fragmentado y categ贸rico, marcado por profundas tensiones entre los trabajadores con salarios bajos, los desempleados y los beneficiarios de la asistencia social. Las experiencias vitales similares son fundamentales para facilitar la comunicaci贸n y la solidaridad (para Marx, era la similitud de la vida dentro de los muros de la f谩brica lo que galvanizaba la solidaridad). Como m铆nimo, incluso si la RBU no fomenta activamente la solidaridad, romper la naturaleza categ贸rica de las prestaciones sociales puede reducir las barreras a las alianzas entre grupos de pobres y trabajadores que, de otro modo, estar铆an separados.

Sin embargo, hay otros aspectos a tener en cuenta a la hora de reflexionar sobre el impacto de la renta b谩sica en la acci贸n colectiva y la solidaridad. De hecho, puede darse el caso de que el impacto general de la renta b谩sica en la solidaridad sea algo indeterminado, con ciertas fuerzas que la facilitan y otras que van en contra de ella. Aunque hemos visto que es probable que el impacto sobre los salarios sea favorable, 驴qu茅 podemos decir sobre la forma en que se consiguen esas ganancias salariales? Dicho de otro modo, si los aumentos salariales pueden conseguirse a trav茅s de estrategias individuales o colectivas, 驴qu茅 papel podr铆a desempe帽ar la RBU a este respecto? La cuesti贸n b谩sica de una opci贸n de salida podr铆a significar que los individuos utilicen sus nuevos poderes para negociar por su cuenta, no colectivamente. Adem谩s, podr铆a permitirles salirse por completo. Despu茅s de todo, la renta b谩sica aumenta el poder de negociaci贸n de los trabajadores con sus jefes, pero tambi茅n aumenta su poder con respecto a sus sindicatos. Ofrecer a las personas alternativas a la dependencia econ贸mica de los empresarios tambi茅n significa alternativas a la dependencia econ贸mica de las soluciones colectivas[33].

La visi贸n optimista propone que la renta b谩sica facilitar铆a en su mayor parte la acci贸n colectiva. A veces se sugiere que una RBU podr铆a funcionar como una 鈥渃aja de resistencia inagotable鈥; de hecho, la Asociaci贸n Nacional de Fabricantes (NAM, por sus siglas en ingl茅s) fue la primera en reconocerlo en su testimonio ante el Congreso sobre el Plan de Asistencia Familiar de Nixon, una renta garantizada que estuvo a punto de aprobarse en el Congreso en 1970. El grupo empresarial estaba dispuesto a apoyar el plan siempre que fuera una variante significativamente suavizada de la propuesta original, bastante radical y sin condiciones de trabajo. En las audiencias del Congreso, el NAM insisti贸 en que solo apoyar铆a el programa 鈥渟i el subsidio b谩sico es un m铆nimo realista, y si el hecho de no tener en cuenta los ingresos proporciona un verdadero incentivo para trabajar y progresar, y si el requisito de trabajo es fuerte鈥. Por 煤ltimo, expresaron su preocupaci贸n por el v铆nculo entre la renta garantizada y la agitaci贸n laboral: 鈥渟ugerimos que cualquier persona directamente implicada en un conflicto laboral no pueda optar a las prestaciones del plan de asistencia familiar鈥漑34]. Esta preocupaci贸n por su parte parece perfectamente razonable.

En esta visi贸n, una RBU contribuye a la acci贸n colectiva porque proporciona los recursos positivos para facilitarla. Adem谩s, la pol铆tica reducir铆a la tentaci贸n de 鈥渄esertar鈥 de la acci贸n colectiva. Los trabajadores desesperados, individuos con pocas alternativas, estar铆an menos inclinados a 鈥渟er esquiroles鈥 si tuvieran otra opci贸n decente de supervivencia. Sin embargo, aunque la renta b谩sica proporciona el sustento positivo para la acci贸n colectiva, debilita las motivaciones negativas que la estimulan. Gran parte de la acci贸n colectiva se produce porque los trabajadores no tienen otra alternativa que luchar conjuntamente con otros. La renta b谩sica elimina la condici贸n externa de inanici贸n, la condici贸n que fuerza la acci贸n colectiva en la gente como 煤nico camino viable para avanzar. Por lo tanto, aunque socava el factor de empuje, refuerza el factor de atracci贸n al proporcionar el apoyo material que hace que la acci贸n colectiva tenga m谩s probabilidades de producirse y triunfar.

Por supuesto, es perfectamente razonable imaginar que la renta b谩sica podr铆a empoderar a las personas como actores individuales y colectivos, facilitando las luchas tanto solitarias como colectivas contra los actores sociales poderosos. Desde la perspectiva de la libertad socialista, este enfoque de la acci贸n colectiva me parece deseable. Por otra parte, los datos de las encuestas sobre las razones por las que la gente no estaba en la fuerza de trabajo durante el experimento Mincome revelan algunas pruebas que sugieren que la gente actu贸 individualmente y otras que sugieren una acci贸n colectiva. Antes he se帽alado que los datos de las encuestas mostraban que se citaban el trabajo asistencial y la educaci贸n, pero la raz贸n m谩s fuerte para no trabajar estaba relacionada con la insatisfacci贸n con el trabajo o las condiciones laborales. En los datos se pueden ver respuestas relacionadas tanto con las luchas en el lugar de trabajo como con la exclusi贸n voluntaria; otra respuesta com煤n, como ya se ha indicado, era simplemente que 鈥渘o quer铆a trabajar鈥.

Pero, 驴y si, en contra de mis argumentos, el mantenimiento universalista de la renta acaba por obstaculizar la solidaridad? Si la renta b谩sica potencia algunas de las razones positivas para la acci贸n colectiva y socava algunas de las razones negativas, el efecto neto podr铆a seguir siendo negativo. Puede resultar que la 煤nica manera de alimentar la solidaridad sea dejar a los trabajadores sin opci贸n de salida, y sin alternativa a la acci贸n colectiva. Quiz谩 las personas libres (o m谩s libres) no elijan estrategias solidarias y prefieran ir por libre. 驴Deber铆amos decidir entonces que es preferible mantener una restricci贸n externa de inanici贸n para garantizar mejor la solidaridad del grupo? Incluso en este caso l铆mite, ser铆a extra帽o que la izquierda defendiera la dependencia econ贸mica de la clase capitalista. Ciertamente, la tradici贸n de la libertad en el socialismo encontrar铆a pocos argumentos para justificar un caso instrumental contra la autonom铆a actual en previsi贸n de una mayor autonom铆a en un futuro lejano. La intuici贸n que sugiere que los trabajadores no deber铆an tener una renta b谩sica porque podr铆an comportarse de un modo que no nos gusta es la misma intuici贸n que recomienda que el Jard铆n del Ed茅n deber铆a ser destruido si alg煤n d铆a fuera descubierto en la Tierra. Un lugar como el Ed茅n, donde nuestras necesidades de subsistencia pueden satisfacerse arrancando fruta de los 谩rboles, donde podemos llegar a fin de mes por nuestros propios medios, podr铆a corromper nuestros impulsos de respeto al pr贸jimo. Pero ese ser铆a un mal argumento contra el Ed茅n. La cuesti贸n se concibe mejor como una apuesta socialista: esperamos y conjeturamos que las personas libres preferir铆an la acci贸n cooperativa y colectiva, pero si no lo hacen, entonces no lo hacen. Este triste contrafactual es una raz贸n insuficiente para limitar su libertad.

Renta b谩sica y g茅nero

Entre las cuestiones abiertas relativas a las consecuencias emp铆ricas de la renta b谩sica, la cuesti贸n del g茅nero se considera a veces la m谩s ambigua. Antes de interrogar a la evidencia emp铆rica sobre esta cuesti贸n, merece la pena recordar la campa帽a marxista-feminista de los a帽os setenta a favor de 鈥渟alarios por el trabajo dom茅stico鈥, un movimiento social (y una demanda) con mucha afinidad con la renta b谩sica, como demuestra Kathi Weeks[35]. Los salarios por el trabajo dom茅stico eran en parte una demanda real de remuneraci贸n por una actividad econ贸mica valiosa, y en parte un intento de reconocer socialmente el trabajo de cuidados no remunerado realizado de forma desproporcionada por las mujeres. Pretend铆a hacer visible un trabajo que, de otro modo, ser铆a invisible. La demanda en s铆 era sencilla: Las mujeres realizan un trabajo dom茅stico valioso y productivo, pero no remunerado, y deben ser remuneradas por ello[36]. Existe una 鈥渇谩brica social鈥 que es en gran medida invisible, pero que facilita la existencia misma de la f谩brica industrial en la medida en que la primera produce parcialmente (o 鈥渞eproduce鈥) los insumos humanos para la segunda.

Sin embargo, incluso los principales defensores del movimiento dudaban a la hora de comprometerse con la exigencia normativa como pol铆tica social concreta. Ellen Malos se帽al贸 que 鈥渘o est谩 claro si los defensores de los salarios para el trabajo dom茅stico quieren realmente lo que piden鈥漑37]. Como reivindicaci贸n normativa seria, no fue un 茅xito. Pocas feministas podr铆an estar de acuerdo con un plan que es peligrosamente esencialista y, en el fondo, una pol铆tica social categ贸rica s贸lo disponible para las mujeres, o para las mujeres que realizan tareas dom茅sticas. Tal y como estaba concebido, reforzar铆a una divisi贸n del trabajo muy desigual entre hombres y mujeres; de hecho, las tareas dom茅sticas masculinas se consideraban a veces trabajo de esquiroles en el entorno de la 茅poca. Adem谩s, la perspectiva considera que la asignaci贸n de las tareas dom茅sticas a las mujeres es m谩s o menos apropiada. La reivindicaci贸n de un salario por las tareas dom茅sticas puede hacer visible el trabajo dom茅stico realizado por las mujeres y reconocerlo como socialmente valioso, pero tambi茅n lo naturaliza y refuerza una divisi贸n del trabajo basada en el g茅nero. Por estas razones, el movimiento en defensa del salario por el trabajo dom茅stico, tomado como un intento genuino de reorganizar la vida social y concebir un sistema justo de remuneraci贸n, resultaba indefendible.

En su visi贸n general del debate, Weeks traza una l铆nea recta desde los salarios para el trabajo dom茅stico hasta la renta b谩sica, argumentando que esta 煤ltima alcanza mejor los objetivos subyacentes de la primera. Weeks escribe que los partidarios del salario por trabajo dom茅stico buscaban una 鈥渕edida de independencia鈥: un cierto nivel de autonom铆a 鈥搚 el poder que se deriva de ella- era el objetivo subyacente, y el salario por trabajo dom茅stico era el medio para lograrlo. El problema era que se trataba de una pol铆tica social categ贸rica que realizaba mal su propia visi贸n normativa central. Para Weeks, 鈥減recisamente porque no se dirige a sus posibles destinatarios como miembros generizados de las familias, la demanda por una renta b谩sica es posiblemente m谩s capaz de servir como perspectiva y provocaci贸n feminista鈥漑38]. A diferencia de los salarios por las tareas dom茅sticas, la renta b谩sica viene sin las ataduras del trabajo dom茅stico real: por esa raz贸n socava mejor la dependencia econ贸mica y realiza mejor los objetivos gemelos de autonom铆a y poder.

Desde un punto de vista marxista, una de las condiciones centrales que socavan la autonom铆a y facilitan la explotaci贸n en el mercado laboral es la doble libertad de la que se ha hablado anteriormente. Existe aqu铆 un claro paralelismo con las condiciones hist贸ricas que subyacen a la subordinaci贸n de las mujeres a sus maridos. En un matrimonio tradicional, sin acceso a medios de subsistencia externos, las mujeres siguen dependiendo econ贸micamente de los hombres. Como consecuencia, su poder tanto dentro como fuera del contexto del matrimonio, se ve limitado.

Si la doble libertad es un hecho estilizado del capitalismo, desde la 贸ptica marxista-feminista, 驴qu茅 ocurre entonces cuando una pol铆tica social rompe la segunda mitad 鈥搇a libertad de morirse de hambre- de esa m谩xima? La hip贸tesis marxista es que se transformar谩n las relaciones de poder entre trabajadores y empresarios. La problem谩tica marxista-feminista correspondiente se centra en las formas en que la pol铆tica social debilita o afianza la dependencia de las mujeres de sus maridos. La renta b谩sica opera como una opci贸n externa que puede modificar la din谩mica interna de los matrimonios. Si tienes una opci贸n de salida viable, tu poder dentro del matrimonio puede mejorar. Si no tiene opciones externas, es m谩s probable que sigas siendo una pareja subordinada.

Estas cuestiones se debatieron en el contexto de los experimentos estadounidenses de renta garantizada. Los debates se desarrollaron en las p谩ginas del American Journal of Sociology y se enmarcaron en un contexto muy limitado: 驴minar铆a la renta garantizada la 鈥渆stabilidad matrimonial鈥? 鈥損ero las implicaciones para el poder y la autonom铆a de las mujeres acechaban en el trasfondo. Algunas pruebas parec铆an demostrar que las mujeres dejar铆an a sus maridos porque podr铆an arregl谩rselas sin ellos (lo que se denomin贸 el 鈥渆fecto independencia鈥) y otras parec铆an demostrar que los ingresos adicionales mejorar铆an la estabilidad matrimonial (el 鈥渆fecto renta鈥)[39]. El debate gener贸 una inmensa controversia por motivos emp铆ricos y metodol贸gicos, pero un punto d茅bil de igual importancia fue que las cuestiones centrales no estaban suficientemente teorizadas. En ning煤n momento los investigadores trataron de investigar las formas en que una opci贸n externa repercutir铆a en las relaciones de poderinternas de los matrimonios.

Rara vez se reconoc铆a que, si algunos matrimonios se disolv铆an, tal vez fueran matrimonios malos o abusivos, formados y sostenidos en el contexto de alternativas limitadas. Del mismo modo, si algunos matrimonios se estabilizaron 鈥揷omo otros constataron-, tal vez se debiera a que los ingresos garantizados aliviaron las tensiones econ贸micas subyacentes. Sin embargo, hay otras hip贸tesis que no se tuvieron en cuenta. M谩s que hacer m谩s probable la salida, la renta b谩sica puede influir en el equilibrio de poder y en la toma de decisiones dentro de las relaciones al hacer cre铆ble la amenaza de la salida. Tambi茅n podr铆a significar que las relaciones propensas a grandes desigualdades de poder tuvieran menos probabilidades de formarse y solidificarse. Adem谩s, se puede plantear la hip贸tesis de que estos cambios en el poder posicional de las mujeres, su mayor capacidad para hacer realidad sus demandas, tienen efectos m谩s amplios, incluida la posible reducci贸n del riesgo de violencia. Este punto de vista desplaza la atenci贸n de la disoluci贸n del matrimonio a los cambios en las relaciones de poder en su interior, de la salida real a la amenaza de salida, y plantea otra hip贸tesis emp铆rica: la renta b谩sica podr铆a aumentar el poder de negociaci贸n de las esposas frente a los maridos y reducir as铆 el riesgo de violencia al hacer cre铆ble la amenaza de salida. En el caso de Dauphin, encuentro algunas pruebas preliminares de una disminuci贸n de la violencia dom茅stica, y varios mecanismos 鈥搒alidas reales del matrimonio de tal manera que la exposici贸n a la violencia potencial disminuye, el cambio de las relaciones de poder debido a la disponibilidad de la amenaza de salida, y un menor riesgo de violencia debido a la reducci贸n del estr茅s financiero- pueden haber desempe帽ado un papel.

Sin embargo, si el impacto sobre el poder y la autonom铆a es positivo en t茅rminos netos, 驴qu茅 debemos pensar de las implicaciones potencialmente negativas para las mujeres? A menudo se argumenta que una renta b谩sica universal reducir铆a desproporcionadamente la participaci贸n femenina en el mercado laboral y afianzar铆a una divisi贸n del trabajo basada en el g茅nero. Esto podr铆a tener implicaciones en la reducci贸n del poder de las mujeres en las relaciones. De hecho, los datos experimentales de la d茅cada de 1970 muestran que las mujeres redujeron su oferta de trabajo mucho m谩s que los hombres. 驴Tendr铆a el mismo efecto desproporcionado un RBU aplicada en la actualidad?

Aunque todav铆a puede darse el caso de que las mujeres reduzcan su trabajo m谩s que los hombres, es muy poco probable que el efecto sea tan desproporcionado como en los a帽os setenta. Con una diferencia salarial entre hombres y mujeres mucho menor, muchas mujeres de hoy en d铆a considerar谩n que los costes de oportunidad de la retirada del trabajo son demasiado elevados y, por tanto, decidir谩n, como la mayor铆a de los hombres, seguir trabajando. Aun as铆, sigue siendo posible que las mujeres vean un impacto algo mayor que los hombres en este frente, generando algunos resultados emp铆ricos negativos, incluido el afianzamiento de una divisi贸n del trabajo en funci贸n del g茅nero. Una respuesta ser铆a afirmar que, si bien esto podr铆a ser cierto, en conjunto 鈥搚 especialmente teniendo en cuenta las pruebas sobre el poder, la autonom铆a y la violencia- una RBU tendr铆a consecuencias netas igualitarias de g茅nero. Una segunda respuesta ser铆a admitir que algunos resultados podr铆an ser negativos y que, como cualquier medida de pol铆tica social con efectos negativos no deseados, deber铆a contrarrestarse con otras pol铆ticas complementarias que refuercen una divisi贸n del trabajo m谩s igualitaria entre hombres y mujeres. Una tercera respuesta enfatizar铆a los l铆mites de la vieja estrategia de sustituir la dominaci贸n de los maridos por la dominaci贸n de los jefes. Tal sustituci贸n puede haber tenido alguna vez atractivo en determinadas circunstancias, pero es preferible debilitar la dependencia econ贸mica como tal. Sea cual sea la posici贸n de cada uno sobre esta cuesti贸n, lo que hay que preguntarse es si estas ambig眉edades emp铆ricas y te贸ricas deber铆an llevarnos a renegar de la libertad de renunciar. Una vez m谩s: 驴queremos impedir que una trabajadora de una cadena de supermercados renuncie a su trabajo si as铆 lo desea?

Renta b谩sica y el proyecto socialista

Con las variantes derechistas de la renta b谩sica sobre la mesa, es natural ver un aluvi贸n de cr铆ticas por parte de la izquierda. No obstante, hay que reconocer que el concepto de RBU encaja con una visi贸n normativa que tiene profundas ra铆ces en la izquierda. Los objetivos fundamentales de la izquierda socialista se han fijado desde hace tiempo en la emancipaci贸n, la autorrealizaci贸n y la satisfacci贸n 鈥揺 incluso la expansi贸n- de las necesidades humanas. Como escribe Adam Przeworski, 鈥渆l socialismo no fue un movimiento por el pleno empleo, sino por la abolici贸n de la esclavitud asalariada鈥 no fue un movimiento por la igualdad, sino por la libertad鈥漑40]. S贸lo cuando esos objetivos parecieron cerrados por las circunstancias pol铆ticas y econ贸micas, estrechamos nuestros horizontes y nos conformamos con una alternativa productivista, caracterizada por m谩s en lugar de por menos trabajo. Al considerar inviable a medio plazo erradicar la explotaci贸n y la alienaci贸n, los socialistas se propusieron universalizarlas.

El socialismo perdi贸 algo en la reorientaci贸n de una visi贸n definida por la abolici贸n de la relaci贸n salarial a otra que nos sujeta a todos a ella. Una renta b谩sica generosa definida por una aut茅ntica opci贸n de salida del mercado laboral tiene en 煤ltima instancia una afinidad real con el proyecto socialista. La cuesti贸n moral que se plantea es si deseamos o no conservar el car谩cter coercitivo y obligatorio del mercado de trabajo capitalista. Luchar por una opci贸n de salida deber铆a ser una prioridad porque, en primer lugar, da a la gente el poder de enfrentarse a sus jefes o a sus c贸nyuges 鈥搖na opci贸n de salida factible facilita la voz- y, en segundo lugar, porque da a la gente libertad real para poner en pr谩ctica sus planes de vida, sin el lastre de la compulsi贸n de las relaciones econ贸micas.

Ampliar la libertad real de las personas y erosionar la condici贸n de fondo de la dependencia del mercado son caracter铆sticas centrales de la renta b谩sica y, en el mejor de los casos, objetivos secundarios de la estrategia basada en la creaci贸n de empleos y servicios. El objetivo es liberar a los trabajadores no s贸lo de un capitalista particular, sino tambi茅n de la clase capitalista. Esta es la raz贸n por la que una renta b谩sica generosa y verdaderamente universal deber铆a ser un pilar de cualquier programa socialista amplio. Dicho esto, el orden social a menudo se asegura a trav茅s de cierta medida de coerci贸n, y las formas de organizaci贸n social que se esfuerzan por reducir la coerci贸n y ampliar la libertad de las personas siempre corren el riesgo de ser disfuncionales. Se trata de un peligro inherente al proyecto socialista. Del mismo modo, el riesgo de que la renta b谩sica sea cooptada y se repliegue sobre s铆 misma es un problema al que se enfrenta cualquier propuesta pol铆tica abstracta. Es un peligro inherente al paso de la teor铆a a la pr谩ctica, y se presenta siempre que una idea se aproxima a la realidad. Que eso ocurra o no depende en 煤ltima instancia de nosotras.

Notas:

[1] Este ensayo tambi茅n analiza la renta anual garantizada, una propuesta similar a la RBU en tanto que no hay requisitos de trabajo, y diferente en que est谩 condicionada a los ingresos: a medida que aumentan los ingresos del mercado, la renta garantizada se reduce lentamente. Mientras que la RBU se paga a todos los miembros de la sociedad y luego se recauda parcialmente a trav茅s de los impuestos, la renta garantizada se paga a cualquier persona cuyos ingresos, por la raz贸n que sea, caigan por debajo de cierto umbral. Creo que muchas, aunque no todas, de las virtudes de la RBU tambi茅n est谩n disponibles con la renta garantizada. Por ejemplo, como argumentar茅 m谩s adelante, ambas pol铆ticas proporcionan la libertad de salir del mercado laboral, pero la RBU, como pol铆tica verdaderamente universal, est谩 mejor posicionada para reforzar la solidaridad social.

[2] Dado que a lo largo del art铆culo se habla de Mincome, merece la pena proporcionar algunos detalles b谩sicos sobre el experimento tal y como funcion贸 en Dauphin. Durante los tres a帽os que dur贸 el experimento (1975-1977), todos los hogares de Dauphin dispusieron de una renta anual garantizada de 19.500 $ (d贸lares canadienses de 2014) para una familia de cuatro personas; en aquella 茅poca, este nivel de garant铆a representaba aproximadamente la mitad de la renta familiar media local. Los pagos se reducir铆an progresivamente a 50 c茅ntimos por cada d贸lar ganado en el mercado. El sistema funcionaba de la siguiente manera: si no trabajabas, por la raz贸n que fuera, tu paga ser铆a de 19.500 $; si entrabas en el mercado laboral y ganabas, digamos, 6.000 $, tu paga ser铆a de 16.500 $ (19.500 鈥 6.000 x 0,5), con lo que tu renta final ser铆a de 22.500 $ (16.500 + 6.000). A diferencia de la asistencia social tradicional, nunca se empeora la situaci贸n por decidir trabajar. El efecto de la participaci贸n en el mercado laboral del experimento de Dauphin se obtiene restando la variaci贸n del periodo de referencia del grupo de control (es decir, los no participantes ubicados en otros lugares de Manitoba) de la variaci贸n del periodo de referencia del grupo de Dauphin.

[3] V茅ase David Calnitsky y Jonathan Latner, 鈥淏asic Income in a Small Town: Understanding the Elusive Effects on Work鈥 Social Problems 64, no. 3 (2017), 1-25; y Karl Widerquist, 鈥淎 Failure to Communicate: What (if anything) Can We Learn from the Negative Income Tax Experiments?鈥 Journal of Socio-Economics 34, n潞 1 (2005), 49-81.

[4] V茅ase, por ejemplo, David R. Howell, 鈥淏lock and Manza on the Negative Income Tax鈥, Politics & Society 25, no. 4 (1997), 533-540.

[5] John Clarke, 鈥淟ooking the Basic Income Gift Horse in the Mouth,鈥 Socialist Bullet 1241, April 1, 2016.

[6] Adam Przeworski, 鈥淭he Feasibility of Universal Grants under Democratic Capitalism,鈥 Theory and Society 15, no. 5 (1986), 695-707.

[7] El mundo tecnol贸gico ha empezado a prestar atenci贸n a la garant铆a de empleo. Por ejemplo, la influyente start-up de Silicon Valley 鈥淵 Combinator鈥 est谩 llevando a cabo un proyecto piloto de renta b谩sica, pero seg煤n su grupo de investigaci贸n, tambi茅n est谩n interesados en alternativas, incluida la garant铆a de empleo.

[8] Citado en Karl Polanyi, The Great Transformation (Boston: Beacon Press, 2001), 126.

[9] Barbara Bergmann, 鈥淎 Swedish-Style Welfare State or Basic Income: Which Should Have Priority? Politics & Society 32 no. 1 (2004), 107-118.

[10] Los argumentos que expongo en esta secci贸n dan por sentada la importancia de la prestaci贸n de servicios p煤blicos en muchos 谩mbitos, de ah铆 el 茅nfasis en un d贸lar 鈥渁dicional鈥 de gasto. La sanidad p煤blica, por poner un ejemplo obvio, es muy eficiente, conlleva importantes externalidades positivas, se caracteriza por unas asimetr铆as de informaci贸n omnipresentes y, por tanto, es un caso claro en el que la prestaci贸n de servicios p煤blicos es preferible al dinero en efectivo.

[11] Claus Offe and Helmet Wiesenthal, 鈥淭wo Logics of Collective Action: Theoretical Notes on Social Class and Organizational Form,鈥 Political Power and Social Theory 1, no. 1 (1980), 67-115.

[12] Es dif铆cil imaginar que un programa de desmercantilizaci贸n pueda desmercantilizar todos los diversos bienes que la gente siente que necesita y a los que podr铆a acceder con dinero 鈥揹esde la marihuana a las clases de piano, desde los alimentos halal a las garant铆as de pr茅stamos-, y por eso la RBU les dar铆a m谩s eficazmente la libertad de salir del mercado laboral si as铆 lo decidieran. Adem谩s, cuanto m谩s amplio sea el programa de desmercantilizaci贸n 鈥搎ue vaya m谩s all谩 de la educaci贸n, el transporte y la atenci贸n sanitaria y abarque toda una serie de art铆culos de consumo cotidiano-, m谩s se acercar谩 el sistema a una econom铆a dirigida, m谩s ineficiencias veremos y, por razones socialistas de mercado, menos 茅xito tendr谩.

[13] En sentido estricto, la renta b谩sica no desmercantilizar铆a totalmente la fuerza de trabajo en el sentido de abolir todos los mercados para los trabajadores. Del mismo modo, ofrecer viviendas p煤blicas de alta calidad no equivale a abolir el mercado de la vivienda (la mayor铆a de las propuestas en este sentido siguen incluyendo la comprobaci贸n de ingresos). La desmercantilizaci贸n debe considerarse como una variable continua, en la que ofrecer alternativas decentes al mercado se sit煤a en alg煤n punto entre la dependencia del mercado y la abolici贸n total del intercambio de una mercanc铆a concreta.

[14] John Clarke, 鈥淏asic Income: Progressive Dreams Meet Neoliberal Realities,鈥 Socialist Bullet 1350, Jan. 2 2017.

[15] Adem谩s, no es en absoluto neoliberal sospechar que ning煤n sistema de planificaci贸n global podr铆a producir y asignar con 茅xito cientos de millones de bienes de consumo 煤nicos. V茅ase Alec Nove, The Economics of Feasible Socialism Revisited (Nueva York: Routledge, 2003). Esta es la raz贸n por la que la mayor铆a de los modelos sensatos de socialismo incorporan alg煤n tipo de mercado de consumo, o mecanismo similar al mercado de consumo: se toman en serio el hecho de que los seres humanos tienen una hostilidad ilimitada hacia las molestias, las colas y las reuniones interminables. Esto es cierto para el socialismo del cup贸n de Roemer, pero lo es incluso para el proyecto mucho m谩s ambicioso de socialismo matem谩tico matricial de Cottrell y Cockshott. V茅ase John Roemer, A Future for Socialism (Londres: Verso, 1994), y Allin Cottrell y W.P. Cockshott, Towards a New Socialism (Nottingham: Bertrand Russell Press, 1992).

[16] Para aclarar, hay dos mecanismos principales a trav茅s de los cuales la renta b谩sica crea una distribuci贸n de la renta m谩s igualitaria, uno directo y otro indirecto. En primer lugar, la redistribuci贸n surge del propio r茅gimen fiscal y de transferencias. En la medida en que la renta b谩sica se paga a trav茅s del impuesto sobre la renta, aunque todos son perceptores, la presi贸n fiscal aumenta con la renta de mercado, y los que m谩s ganan se convierten en contribuyentes netos. Cuanto m谩s se base un sistema de pago en formas regresivas de imposici贸n 鈥揷omo los impuestos sobre el consumo-, menos redistributivo ser谩 el sistema y m谩s se convertir谩 en una forma de mancomunaci贸n de riesgos. En segundo lugar, y de forma m谩s general, la redistribuci贸n surge indirectamente de los cambios en el poder de negociaci贸n que produce la renta b谩sica, como se expone m谩s adelante.

[17] Luxemburgo: 鈥La obligaci贸n general de trabajar para todos los que puedan hacerlo, de la que est谩n exentos los ni帽os peque帽os, los ancianos y los enfermos, es algo natural en una econom铆a socialista.鈥 Rosa Luxemburgo, 鈥淟a socializaci贸n de la sociedad鈥, diciembre de 1918 (茅nfasis original). Elster: 鈥淓n contra de una noci贸n de justicia ampliamente aceptada鈥 es injusto que las personas sin discapacidad vivan del trabajo de los dem谩s. La mayor铆a de los trabajadores ver铆an, correctamente en mi opini贸n, la propuesta como una receta para la explotaci贸n de los laboriosos por los perezosos.鈥 Jon Elster, 鈥淐omment on Van der Veen and Van Parijs鈥, Theory and Society 15 n潞 5 (1986), 719. David Schweickart tambi茅n expone este argumento: 鈥淣o tenemos un derecho moral a una renta b谩sica. Tenemos la obligaci贸n moral de trabajar. Cuando consumimos, tomamos de la sociedad. La justicia exige que devolvamos algo a cambio鈥. Citado en Michael W. Howard, 鈥淏asic Income, Liberal Neutrality, Socialism, and Work鈥, en The Ethics and Economics of the Basic Income Guarantee, ed. Karl Widerquist et al. Karl Widerquist et al. (Londres: Routledge, 2005).

[18] A.B. Atkinson, 鈥淭he Case for a Participation Income,鈥 The Political Quarterly 67, no.1 (1996), 67-70.

[19] G.A. Cohen, Why Not Socialism? (Princeton University Press, 2009).

[20] Herbert Simon, 鈥淯BI and the Flat Tax,鈥 in What鈥檚 Wrong with a Free Lunch?, ed. Philippe Van Parijs et al. (Boston: Beacon Press, 2001), 34-38.

[21] David Purdy, Social Power and the Labour Market: A Radical Approach to Labour Economics (Londres: Palgrave Macmillan, 1988). El convincente, peculiar y poco conocido libro de Purdy merece un p煤blico m谩s amplio.

[22] Para un intento de argumentar en este sentido, v茅ase Erik Olin Wright, 鈥淲hy Something like Socialism Is Necessary for the Transition to Something like Communism鈥, Theory and Society 15 no. 5 (1986), 657-672.

[23] A grandes rasgos, utilizo la expresi贸n 鈥渢eor铆a marxista del Estado鈥 para identificar la siguiente cadena causal: un mayor gasto social implica una mayor carga, en 煤ltima instancia, sobre la rentabilidad; si la rentabilidad se ve perjudicada, los capitalistas pueden huir o declararse en huelga; si huyen o se declaran en huelga, los ingresos del Estado se agotar谩n, lo que socavar谩 cualquier pol铆tica social que pudiera haberse logrado; si esas pol铆ticas se ven socavadas, el gobierno que las promovi贸 ser谩 abandonado por las mismas personas que en su d铆a las apoyaron. Mi punto no es negar este mecanismo, sino afirmar que no existe raz贸n para verlo en t茅rminos hidr谩ulicos; tampoco hay buenas pruebas para argumentar que conocemos d贸nde se encuentran los l铆mites 煤ltimos de la incursi贸n democr谩tica en la rentabilidad capitalista. Adem谩s, incluso si este mecanismo est谩 en funcionamiento, podr铆a entenderse mejor como una 鈥渃ontratendencia鈥 que como una tendencia. Durante la mayor parte de los 煤ltimos cien a帽os, incluso los 煤ltimos cuarenta, el gasto social como porcentaje del PIB en la OCDE ha tendido a aumentar, no a disminuir. V茅ase data.oecd.org, Social Expenditure aggregate data, y Peter Lindert, Growing Public: Social Spending and Economic Growth since the Eighteenth Century, Vol. 1 (Cambridge University Press, 2004).

[24] Es probable que la combinaci贸n particular de impuestos sea relevante para la cuesti贸n de la fuga de capitales, ya que los impuestos sobre el valor a帽adido, los impuestos sobre la propiedad y los impuestos sobre la renta ser谩n menos vulnerables que, por ejemplo, los impuestos de sociedades.

[25] Roemer, A Future for Socialism. Sobre las oportunidades que abre la fuga de capitales para la socializaci贸n de los medios de producci贸n, v茅ase Wright, 鈥淲hy Something like Socialism is Necessary鈥.

[26] Obs茅rvese que este argumento puede extenderse f谩cilmente a cualquier aspecto del Estado del bienestar que mejore el nivel de vida de las personas. Puede funcionar, por ejemplo, como argumento contra los cupones de alimentos.

[27] Este punto est谩 relacionado con otra cr铆tica a la RBU, a saber, que la pol铆tica invocar谩 el espectro de la inflaci贸n. Si nos preocupa la inflaci贸n, esta cr铆tica es v谩lida para pr谩cticamente cualquier pol铆tica econ贸mica de izquierdas cuyo objetivo subyacente sea el endurecimiento de los mercados laborales. Sin embargo, lo m谩s importante es que la renta b谩sica no se consigue mediante la expansi贸n monetaria, sino que es redistributiva. Toma un euro de un lugar de la distribuci贸n de la renta y lo traslada a otro lugar m谩s bajo.

[28] Los datos de las encuestas enviadas a todas las empresas de Dauphin y a todas las empresas de siete ciudades de control muestran que la mediana de los salarios por hora en las ofertas de empleo y la mediana de los salarios por hora en todas las nuevas contrataciones aumentaron entre el per铆odo de referencia y el per铆odo de estudio en Dauphin, pero cambiaron poco en las ciudades de control. V茅ase David Calnitsky, 鈥淭he Employer Response to the Guaranteed Annual Income鈥, 2017, documento de trabajo.

[29] Austin Nichols and Jesse Rothstein, The Earned Income Tax Credit (EITC), no. w21211 (National Bureau of Economic Research, 2015).

[30] Hilary Hoynes y Diane Whitmore Schanzenbach. 鈥淲ork Incentives and the Food Stamp Program鈥, Journal of Public Economics 96, n潞 1 (2012), 151-162. De hecho, esta es la raz贸n por la que la incondicionalidad del trabajo es una caracter铆stica de la renta b谩sica a煤n m谩s importante que la cuant铆a.

[31] V茅ase Michael B. Katz, The Undeserving Poor: America鈥檚 Enduring Confrontation with Poverty (Oxford University Press, 2013) y Walter Korpi y Joachim Palme, 鈥淭he Paradox of Redistribution and Strategies of Equality鈥, American Sociological Review, 63, no. 5 (1998), 661-687. Tal vez se pueda insistir a煤n m谩s, siguiendo la cita de Elster: 鈥渆s injusto que las personas sin discapacidad vivan del trabajo de los dem谩s. La mayor铆a de los trabajadores ver铆an, correctamente en mi opini贸n, la propuesta como una receta para la explotaci贸n de los laboriosos por parte de los perezosos鈥. Aunque esta cita pueda contener algo de verdad, ser谩 menos cierto que en el sistema de bienestar tradicional, donde las actividades y fuentes de ingresos de las personas son f谩cilmente discernibles. En un mundo con renta b谩sica, las fronteras entre las personas que no trabajan porque no encuentran empleo, porque se han comprometido con otras actividades productivas o porque quieren relajarse en casa, se difuminan. Adem谩s, aunque en cierta medida los resultados dependan de las actividades reales de los perceptores 鈥搇os logros educativos, la formaci贸n para el empleo y el trabajo asistencial no son como el puro ocio-, el v铆nculo entre los esfuerzos cotidianos de las personas y su dependencia de la RBU ser谩 algo opaco. Por 煤ltimo, este mecanismo diferir谩 en funci贸n de la fuente de financiaci贸n del sistema; en este sentido, los impuestos sobre la renta son diferentes de los impuestos sobre el consumo, los impuestos sobre el capital y los impuestos sobre los alquileres.

[32] Las encuestas citadas se conservan en la Biblioteca y Archivos de Canad谩, Winnipeg, MB; fondos del Departamento de Sanidad, RG-29; y subfondos de la Subdirecci贸n de Pol铆tica, Planificaci贸n e Informaci贸n, n煤mero de acceso 2004-01167-X, Archivos operativos del Proyecto de Renta B谩sica Anual de Manitoba (Mincome).

[33] Aunque la renta b谩sica mejora los salarios, 茅sta es una de las razones fundamentales por las que la respuesta de los sindicatos ha sido tibia. No obstante, cabe se帽alar que la posici贸n sindical ha cambiado con los a帽os: en 1970, los sindicatos canadienses estaban abrumadoramente a favor de la pol铆tica. La Federaci贸n Sindical de Ontario y el Consejo Sindical Canadiense produjeron carteles y anuncios radiof贸nicos en defensa de la pol铆tica. Un anuncio radiof贸nico afirmaba con confianza: 鈥淯na renta anual garantizada para todos los canadienses鈥 Eso es lo que la Federaci贸n del Trabajo de Ontario dice que necesitamos hoy. 鈥 No podemos permitirnos durante mucho tiempo que m谩s del 20% de nuestra poblaci贸n viva en la pobreza mientras el resto de nosotros disfrutamos de todas las cosas buenas de la vida. Por eso les instamos a que apoyen nuestra campa帽a a favor de una renta anual garantizada para todos los canadienses.鈥 Biblioteca y Archivos de Canad谩, Ottawa: Renta Anual Garantizada. Archivos generales (R5699-67-3-E). Microfilm reels H-725 (1969, 1971). Sin embargo, los trabajadores canadienses cambiaron de tono tras la experiencia con determinados planes neoliberales dise帽ados para aniquilar el Estado del bienestar, como el Plan de Seguridad de Renta Universal de la Comisi贸n MacDonald de 1984, quiz谩 el caso paradigm谩tico de la historia de la renta b谩sica como caballo de Troya neoliberal. As铆 pues, la experiencia hist贸rica particular es en parte lo que explica la desigual respuesta sindical. Adem谩s, cabe se帽alar que los sindicatos podr铆an oponerse a la renta b谩sica por la sencilla raz贸n de que los aumentos generales de impuestos podr铆an dejar a sus miembros como perdedores netos. La financiaci贸n de una renta b谩sica costosa requerir谩 recaudar ingresos de las clases medias, no s贸lo de la 茅lite, y si los ingresos de los trabajadores m谩s acomodados son lo suficientemente altos, el aumento de impuestos al que se enfrentan podr铆a anular los beneficios que reciben.

[34] Congreso de los EE.UU., 1970. Ley de Asistencia Familiar de 1970: Hearings, Ninety-First Congress, Second Session on H.R. 16311. Comit茅 de Finanzas del Senado. U.S. Government Printing Office (1928).

[35] Kathi Weeks, The Problem with Work: Feminism, Marxism, Antiwork Politics, and Postwork Imaginaries (Durham: Duke University Press, 2011). Existe una versi贸n en castellano: El problema del trabajo. Feminismo, marxismo, pol铆ticas contra el trabajo e imaginarios m谩s all谩 del trabajo (Traficantes de Sue帽os, 2020).

[36] Conceptualmente, el an谩lisis se basaba en el debate sobre el trabajo dom茅stico: o el trabajo dom茅stico produc铆a directamente plusval铆a, o no lo hac铆a, pero era 鈥渘ecesario鈥. Aparte de la cuesti贸n no resuelta de si el trabajo dom茅stico era realmente necesario (o necesariamente igualitario desde el punto de vista del g茅nero), la configuraci贸n te贸rica presentaba desaf铆os. Si se aceptaba que el trabajo dom茅stico contribuye al valor de la fuerza de trabajo, hab铆a que violar un axioma marxista clave: que en equilibrio la fuerza de trabajo se vende a su valor. Para muchos participantes en el debate, esto era ir demasiado lejos. Sin embargo, si se negaba que el trabajo dom茅stico produjera 鈥渧alor鈥, pero se aceptaba que, no obstante, deb铆a ser remunerado, se estaba peligrosamente cerca de la visi贸n neocl谩sica del mundo. Despu茅s de todo, si el trabajo dom茅stico debe ser remunerado, 驴sobre qu茅 base debe ser remunerado? Deber铆a remunerarse no porque contribuyera, como lo har铆a el trabajo 鈥減roductivo鈥, a cualquier valor de cambio, sino porque produc铆a valores de uso, o utilidad.

[37] Ellen Malos, 鈥淭he Politics of Household Labour in the 1990s: Old Debates, New Contexts,鈥 in The Politics of Housework (Cheltenham: New Clarion, 1995), 21.

[38] Weeks, The Problem with Work, 149.

[39] V茅ase, por ejemplo, Michael Hannan y Nancy Brandon Tuma, y Lyle P. Groeneveld, 鈥淚ncome and Marital Events: Evidence from an Income-Maintenance Experiment,鈥 American Journal of Sociology 82, no, 6 (1977), 1186-1211, y Glen Cain y Douglas Wissoker, 鈥淎 Reanalyis of Marital Stability in the Seattle-Denver Income-Maintenance Experiment,鈥 American Journal of Sociology 95, no. 5 (1990), 1235-69.

[40] Adam Przeworski, Capitalism and Social Democracy (Cambridge University Press, 1985), 243.

David Calnitsky es profesor en el Departamento de Sociolog铆a en lau Western University

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Fuente: Attac.es