March 10, 2021
De parte de La Haine
308 puntos de vista


El activismo de los paros de mujeres implica suspender las actividades asalariadas pero tambi茅n 鈥渓as tareas dom茅sticas, el sexo, las sonrisas鈥, escriben las autoras de ‘Feminismo para el 99%’ .

El reciente movimiento de huelgas feministas se inici贸 en octubre del 2016, en Polonia, cuando m谩s de 100.000 mujeres protagonizaron paros y marchas para oponerse a la penalizaci贸n del aborto. Hacia fines del mismo mes el estallido de rechazo radical ya hab铆a cruzado el oc茅ano, donde las mujeres argentinas se enfrentaron al atroz asesinato de Luc铆a P茅rez al grito militante de 鈥淣i una menos鈥. Pronto la ola lleg贸 a Italia, Espa帽a, Brasil, Turqu铆a, Per煤, los EEUU, M茅xico, Chile, y de cenas de otros pa铆ses.

Desde las calles que lo vieron nacer, el movimiento se difundi贸 por los lugares de trabajo y las escuelas, hasta propagarse eventualmente en ambientes de alto vuelo como la industria del espect谩culo, los medios y la escena pol铆tica. En los 煤ltimos dos a帽os sus esl贸ganes han resonado con fuerza a lo largo del mundo: #NosotrasParamos, #WeStrike, #VivasNosQueremos, #NiUnaMenos, #TimesUp, #Feminism4the99. Lo que primero era una onda, luego una ola, se ha convertido ya en una verdadera marea; un nuevo movimiento feminista global, capaz de ganar la fuerza necesaria para trastocar las alianzas existentes y volver a trazar el mapa pol铆tico. 

Lo que hab铆a comenzado como una serie de acciones de car谩cter nacional se convirti贸 en un movimiento trasnacional el 8 de marzo de 2017, cuando activistas de todo el planeta decidieron parar en conjunto. Con ese gesto audaz, el movimiento repolitiz贸 el D铆a Internacional de la Mujer. Dejando de lado las chucher铆as cursis y apol铆ticas caracter铆sticas del d铆a 鈥搇os brunches, las mimosas, las tarjetas de felicitaciones鈥, las huelguistas reanimaron sus ra铆ces hist贸ricas y ya casi olvidadas en la clase trabajadora y el feminismo socialista. Sus acciones evocaron el esp铆ritu de las movilizaciones de mujeres trabajadoras de principios del siglo xx; en especial, las huelgas y manifestaciones en los EEUU en gran parte lideradas por mujeres inmigrantes y jud铆as, que inspiraron al partido socialista estadounidense a organizar el primer D铆a Nacional de la Mujer, y a las socialistas alemanas Luise Zietz y Clara Zetkin a proponer un D铆a Internacional de la Mujer Trabajadora.

Al revivir ese esp铆ritu militante, las huelgas feministas de hoy nos permiten recuperar nuestras ra铆ces en las hist贸ricas luchas por los derechos laborales y la justicia social. Al unir a mujeres a quienes separan oc茅anos, monta帽as y continentes, fronteras, alambrados y muros, le est谩n dando un nuevo sentido a la consigna 鈥渓a solidaridad es nuestra arma鈥. Al romper el aislamiento y al derribar paredes dom茅sticas y simb贸licas, estos paros demuestran el enorme potencial pol铆tico que tiene el poder de las mujeres, el poder de aquellas cuyo trabajo, tanto pago como impago, sostiene al mundo. 

Pero eso no es todo; este pujante movimiento ha inventado tambi茅n nuevas maneras de parar, y ha infundido en la huelga misma una nueva forma de pol铆tica. A la suspensi贸n del trabajo le ha sumado marchas, manifestaciones, cierres de empresas, cortes y boicots; ofrece as铆 un repertorio renovado de medidas de fuerza, que alguna vez hab铆a sido amplio pero que se hab铆a visto dr谩sticamente reducido tras d茅cadas de ofensiva neoliberal. Al mismo tiempo, esta nueva ola est谩 democratizando las huelgas y expandiendo su alcance; sobre todo, al ampliar la idea misma de qu茅 cuenta como 鈥渢rabajo鈥. 

Porque se reh煤sa a limitar esa categor铆a al trabajo asalariado, el activismo de los paros de mujeres implica una suspensi贸n de acti vidades tambi茅n en lo que hace al trabajo dom茅stico, el sexo, las sonrisas. Cuando hace visible el rol indispensable que juega el trabajo no remunerado de las mujeres en la sociedad capitalista, lleva la atenci贸n hacia actividades de las que el capital se beneficia pero por las que no paga. As铆, y aun sin dejar de respetar tambi茅n el trabajo pago, estas huelgas proponen una noci贸n m谩s amplia de qu茅 consti tuye un problema laboral. Lejos de concentrarse solo en salarios y horas, apuntan tambi茅n al acoso y abuso sexual, a los obst谩culos en materia de justicia reproductiva, y a las restricciones al derecho a la protesta.

Es por esto que la nueva ola feminista tiene el po tencial de superar la necia y contraproducente oposici贸n entre pol铆ticas de la identidad y pol铆ticas de clase. Al ex poner la unidad entre el 谩mbito laboral y la vida privada, ella se niega a limitar la lucha de clases a solo uno de esos espacios; y, al redefinir qu茅 cuenta como trabajo y qui茅n cuenta como trabajador, rechaza la subvaloraci贸n estructural del trabajo de las mujeres 鈥搕anto pago como no鈥 en el capitalismo. En suma, el feminismo de las huelgas de mujeres anticipa la posibilidad de una fase de la lucha de clases del todo nueva y sin precedentes: feminista, internacionalista, ambientalista y antirracista. 

Esta intervenci贸n llega justo a tiempo. La militancia de las huelgas feministas ha irrumpido en un contexto de grave debilitamiento de aquellas organizaciones sindicales centradas sobre todo en el sector fabril que alguna vez supieran ser poderosas. Para renovar el vigor de la lucha de clases, las activistas se han vuelto hacia otro campo de batalla, esto es, el del asalto neoliberal en las 谩reas de la salud, la educaci贸n, las jubilaciones, la vivienda. Al dirigir el foco hacia esta otra cara del ataque capitalista a las condiciones de vida de las clases trabajadoras y medias 鈥揳taque sostenido a lo largo de cuatro d茅cadas鈥, han aprendido a reconocer el trabajo y los servicios que son necesarios para sustentar a los seres humanos y las comunidades sociales.

Desde la ola de huelgas docentes en los EEUU hasta la lucha contra la privatizaci贸n del agua en Irlanda, o las huelgas de lxs 鈥渋ntocables鈥 que realizan tareas de saneamiento en la India 鈥搕odas huelgas lideradas e impulsadas por mujeres鈥, estamos asistiendo a un levantamiento de lxs trabajadorxs en contra del ataque del capital a la reproducci贸n social. Aunque estos paros no tienen lazos formales de afiliaci贸n con la huelga internacional de mujeres, tienen mucho en com煤n con este movimiento. Tambi茅n ellos valoran el trabajo que es necesario para reproducir nuestras vidas, al mismo tiempo que se oponen a su explotaci贸n; y tambi茅n ellos combinan las demandas salariales y laborales con reclamos por el aumento de la inversi贸n p煤blica en servicios sociales.

En pa铆ses como la Argentina, Espa帽a e Italia, por lo dem谩s, el feminismo de las huelgas de mujeres ha logrado reunir un apoyo amplio por parte de las fuerzas que se oponen a la austeridad. No solo mujeres y personas no binarias sino tambi茅n muchos hombres se han sumado a sus masivas manifestaciones en contra del desfinanciamiento de la educaci贸n, la salud p煤blica, el transporte, la vivienda y la protecci贸n del medioambiente. A trav茅s de esta oposici贸n al ataque de los 鈥渂ienes p煤blicos鈥 por parte del capital financiero, las huelgas feministas se est谩n convirtiendo as铆 en un catalizador y en un modelo para una defensa desde abajo de nuestras comunidades. 

A fin de cuentas, entonces, lo que la nueva ola de activismo feminista militante est谩 redescubriendo es la idea de lo imposible, por cuanto que exige tanto el pan como las rosas: el pan que d茅cadas de neoliberalismo nos han sacado del plato, pero tambi茅n la belleza que nos alimenta el alma en la alegr铆a de la rebeli贸n. 

Este fragmento corresponde a la Tesis 1 de ‘Feminismo para el 99%’ (Rara Avis Editorial), publicado en abril de 2019.
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Fuente: Lahaine.org