September 28, 2021
De parte de Nodo50
221 puntos de vista


por Gustavo Burgos

El levantamiento popular chileno de octubre del 19, se ha de incorporar al arsenal pol铆tico de los explotados sirviendo como una pieza program谩tica fundamental para comprender el desarrollo de la lucha de clases y la experiencia de la clase trabajadora en el contexto internacional.  Como toda revoluci贸n protagonizada por los explotados, una de sus primeras batallas pol铆ticas consiste en ser reconocida como tal y esta es la primera de las tareas que hemos de abordar los marxistas revolucionarios. 

Hasta el d铆a de hoy son m煤ltiples los sectores pol铆ticos 鈥攄e la burgues铆a liberal y de la peque帽aburgues铆a鈥 que califican a este proceso como un 芦despertar ciudadano禄, transversal y de los  芦territorios禄 cuyo alcance fundamental es el reclamo de mayor participaci贸n en las decisiones sociales y en el reparto de la riqueza social generada por el modelo. Su triunfo principal: haber logrado instalar una Convenci贸n Constitucional que redacte una Constituci贸n democr谩tica y que es presidida por una mujer mapuche.  Es moneda corriente en estos an谩lisis, como corolario,  atribuirle al levantamiento un sentido integrador de las identidades y minor铆as, o el car谩cter motorizador de m谩s amplios consensos sociales. No es necesario explicitar, de entrada, que todo consenso es la imposici贸n de la voluntad de una minor铆a.

Todas estas lindezas 鈥攓ue por clemencia denominaremos 芦posmodernas禄鈥 se presentan como superadoras del ideario revolucionario, reducen a la clase obrera al burocr谩tico e impotente 芦mundo sindical禄 e invariablemente proponen como respuesta a cualquier problema social su 芦visibilizaci贸n禄, institucionalizaci贸n y la creaci贸n de alg煤n estatuto jur铆dico. Es lo que llaman 芦la sociedad de derechos禄.

En un sentido pr谩ctico el posmodernismo propone como salida a la crisis social el fortalecimiento institucional capitalista, en tanto las ideas deben ser calificadas no por aquello que declaman, sino por aquello que materialmente convocan a realizar. Por eso m谩s all谩 de la parafernalia democr谩tica y progresista, el discurso identitario, de minor铆as y de consenso social, en la pr谩ctica se revela como aristocr谩tico, antidemocr谩tico y patronal, del momento que traducen toda su pol铆tica en el mero accionar institucional y electoral.

La  pusilanimidad descrita sirve de base a la elevaci贸n de categor铆a program谩tica, el desarme pol铆tico y organizativo de los trabajadores. En efecto, todo el discurso contra los partidos, las jerarqu铆as y los programas pol铆ticos, propone un modelo organizativo  aparentemente horizontal, sin estructura operativa y sin programa. Tal planteamiento 鈥 aunque resulte incre铆ble y contra toda evidencia hist贸rica鈥 es presentado como representativo de un nuevo modelo de transformaci贸n social que se hace cargo de las 芦nuevas realidades禄 del mundo contempor谩neo. 

Qui茅nes as铆 se expresan, retrocediendo 2500 a帽os en el pensamiento pol铆tico hasta la caverna de Plat贸n, pretenden demostrar que el simple enunciado de sus postulados 芦construye realidad禄. Pero la lucha de clases, ese inclemente y feroz topo del que nos hablaba Marx, pone a cada cual en el lugar que el enfrentamiento social demanda. As铆 las cosas el Frente Amplio, hace muy poco el ep铆tome de la renovaci贸n pol铆tica, ha devenido de forma incuestionable en uno de los pilares del r茅gimen capitalista chileno, al punto que uno de sus m谩ximos dirigentes se empinar谩 con la mayor de las certezas como el pr贸ximo Presidente de la Rep煤blica. La Lista del Pueblo que hace 6 meses, se nos presentara igualmente como la revelaci贸n del proceso constituyente incorporando a los independientes y a los movimientos sociales con 27 representantes en la Convenci贸n, ha naufragado de forma estrepitosa: perdi贸 a sus convencionales y muere fraccionada por querellas internas que poco tienen que ver con la pol铆tica.

Est谩 demostrado, las palabras no construyen realidad, sino que el accionar de las clases en la historia y es precisamente el de la clase trabajadora chilena el que a partir del levantamiento popular de ese ya lejano 18 de Octubre, que se expres贸 como crisis revolucionaria, abri贸 espacio a un proceso pol铆tico que sigue en curso y cuyo contenido de clase la proyecta como revoluci贸n socialista.

Nos hemos referido a la 芦lectura禄 que la peque帽aburgues铆a hace del proceso, angustiada por el colosal enfrentamiento entre la burgues铆a y el proletariado. El destino de tales corrientes ya est谩 signado por el proceso pol铆tico, reducido al plano electoral institucional, sin que merezca mayor inter茅s por su previsible evoluci贸n. Sin embargo, es necesario poner de relieve qu茅 ocurri贸 en tal levantamiento y de qu茅 forma el mismo sigue vivo azuzando el conflicto social.

Pi帽era se impuso con cierta comodidad en las presidenciales del 2017 ante un opaco candidato de la Nueva Mayor铆a, un ya olvidado 鈥攖uve que buscar en Google su nombre鈥 Alejandro Guillier. La Derecha pinochetista calific贸 el triunfo con adjetivos rimbombantes (芦aplastante禄, 芦hist贸rico禄, etc.) precisamente porque sab铆an que hab铆a sido un triunfo electoral p铆rrico que abr铆a sombr铆as proyecciones. Desde su instalaci贸n, la segunda presidencia de Pi帽era revel贸 su precariedad y su falta de apoyo popular. La frustrada designaci贸n de su hermano Pablo como embajador en Argentina, fue el primero de esos s铆ntomas. Luego se produjo la humillante, en la pr谩ctica destituci贸n, del Ministro de Cultura Mauricio Rojas, un tr谩nsfuga, ultrarreaccionario y negacionista de las violaciones a los DDHH. Todo esto ocurri贸 antes de los primeros seis meses de gobierno, un invierno que terminar铆a con un peque帽o levantamiento popular en la denominada 芦Zona de Sacrificio禄 del complejo industrial Quintero-Puchuncav铆 y el sospechoso asesinato del pescador y activista Alejandro Castro, el 芦Macha禄, el 4 de octubre de 2018. La respuesta popular,  que mereci贸 este crimen reedit贸 ya como protesta callejera la repulsa popular a Pi帽era que hasta ese momento se hab铆a hecho sentir principalmente en las redes sociales, haciendo desaparecer de escena por completo los intentos de la Nueva Mayor铆a (ex Concertaci贸n) de rememorar los 30 a帽os del triunfo del No en el Plebiscito de Pinochet.

Poco m谩s de un mes despu茅s 鈥攅l 14 de noviembre del mismo a帽o鈥 el asesinato del comunero mapuche Camilo Catrillanca, fue la chispa que encendi贸 el movimiento. Pasaron horas desde que el comunero fuese asesinado por las FFEE de Carabineros en la lejana Temucuicui, para que en Santiago la Plaza Baquedano se llenara de manifestantes bajo el verso de Ra煤l Zurita proyectado contra los edificios: 芦Que su rostro cubra el horizonte禄. Miles y miles de manifestantes salieron a ocupar plazas y avenidas. Miles que demandaban justicia para el mapuche y castigo a los polic铆as asesinos, responsabilizando a Pi帽era y a su primo el Ministro de Interior Chadwick, como autores de este alevoso crimen pol铆tico. Todos los intentos de justificar el asesinato de Catrillanca 鈥攁l que inicialmente se calific贸 como delincuente desde La Moneda鈥 terminaron en un completo fracaso, ocasionando el mayor descr茅dito de un gobierno que a todas luces carec铆a de toda legitmidad.

Tres d铆as despu茅s, los portuarios de Valpara铆so, tras m谩s de treinta a帽os de inactividad huelgu铆stica, anunciaban la paralizaci贸n del puerto no el m谩s grande, pero el de mayor tradici贸n pol铆tica del pa铆s. Los obreros portuarios se movilizaban contra la precarizaci贸n laboral y los despidos masivos perpetrados desde las concesionarias portuarias de Luksic y Von AppenLuksic, el primero, el grupo econ贸mico m谩s grande de Chile y uno de los m谩s importantes de Am茅rica Latina, pact贸 r谩pidamente y logr贸 sacarse el conflicto de encima. Sin embargo Von Appen (TPS) endureci贸 su posici贸n y demand贸 de Pi帽era el apoyo pol铆tico y de la fuerza p煤blica. Los trabajadores 鈥攗na asamblea llamada Fuerza Portuaria que agrupaba poco m谩s de 400  portuarios鈥攔espondieron endureciendo las medidas y formando piquetes de autodefensa que paralizaban el centro de la ciudad y enfrentaban en agotadoras jornadas de lucha callejera a las FFEE antimotines. 

Mientras Pi帽era trataba de restarle relevancia al conflicto calific谩ndolo como 芦privado禄, el propio Von Appen demandaba una intervenci贸n represiva que aplastara f铆sicamente el movimiento. Esta divisi贸n en el frente patronal fue aprovechado por los portuarios quienes comenzaron a acaparar la atenci贸n p煤blica despertando la solidaridad de otros sectores de trabajadores. La situaci贸n, por su explosividad, tension贸 a todo el arco pol铆tico: Pi帽era que trataba de evitar comprometerse en nuevas acciones represivas, herido como estaba por el caso Catrillanca; la oposici贸n, por su lado reduc铆a su discurso a un impotente llamado al di谩logo. El en ese entonces debutante alcalde frenteamplista de Valpara铆so, Jorge Sharp, intent贸 traducir la pol铆tica opositora de di谩logo, sin que tuviese ning煤n resultado. La llamada 芦alcald铆a ciudadana禄 hizo manifiesto su compromiso de clase con el empresariado sum谩ndose a la presi贸n dirigida desde las c谩maras empresariales por el 芦desorden禄, el impacto en el comercio y la actividad tur铆stica en la medida que se aproximaban las fiestas de fin de a帽o.

El conflicto termin贸 en un acuerdo tripartito, en el que Pi帽era comprometi贸 bonos y recursos en capacitaci贸n. Un triunfo parcial que no impidi贸 que el grupo m谩s relevante de activistas de este conflicto pasara a engrosar las listas negras de Von Appen, planteando por lo mismo otras tareas pol铆ticas al sector. La Uni贸n Portuaria apoy贸 despu茅s de esperar por semanas que el movimiento se ahogara en el aislamiento y la corrupta y veterana burocracia sindical de Roberto Rojas fue desplazada por una de nuevo cu帽o, encabezada por Pablo Klimpel que ha encabezado un nuevo per铆odo de silencio sindical. Los portuarios escribieron una p谩gina m谩s en su historia de lucha, sin embargo hab铆an protagonizado la primera huelga pol铆tica despu茅s de iniciada la transici贸n del 90, que no s贸lo enfrent贸 al gobierno, sino que barri贸 con la burocracia sindical e instal贸 una asamblea permanente 鈥攍a mentada Fuerza Portuaria鈥  dando forma a los primeros grupos de autodefensa del movimiento, una Primera L铆nea nacida en el conflicto.

Este conflicto, que hemos detallado en grandes l铆neas, rompe el delicado equilibro en el que se sustent贸 el r茅gimen de la transici贸n post Pinochet. El elemento determinante para este salto no fue la envergadura del conflicto sino que su radicalidad y la capacidad que tuvo para acaudillar un movimiento que enfrent贸, clase contra clase, al r茅gimen en su conjunto. La asamblea de la 芦Fuerza Portuaria禄 fue una se帽al y una lecci贸n para el conjunto de los trabajadores. Esto se vio n铆tidamente reflejado durante el 2019 en el formidable paro docente, que por casi 60 d铆as puso nuevamente en las cuerdas a Pi帽era, un movimiento huelgu铆stico en que las asambleas de base, asambleas de trabajadores, fueron disputando el poder pol铆tico que la burocracia PC-Concertaci贸n tuvo de forma omn铆moda durante casi tres d茅cadas sobre el gremio docente.

Este marco general de agudizaci贸n de los antagonismos de clase, sent贸 las bases para el estallido revolucionario. De un lado un gobierno d茅bil y de discurso versallesco, caracterizado por la continua autoproclamaci贸n como el mejor gobierno de la historia, con un presidente con aspiraciones de l铆der mundial y un discurso olig谩rquico delirante, colision贸 frontalmente con un amplio espectro de conflictividad social, con un creciente agotamiento de las ilusiones democr谩ticas y una tendencia a la acci贸n directa. Por eso el simple salto de los torniquetes de los secundarios 鈥攑recedido por declaraciones provocadoras de los ministros del gobierno y la ocupaci贸n policial de la columna vertebral del transporte p煤blico del Metro鈥 actu贸 como detonante para un levantamiento popular sin precedentes en nuestra historia. De forma casi muda y sin direcci贸n pol铆tica formal, millones de trabajadores ser volcaron furiosos a las calles en todas las ciudades del pa铆s. 

S贸lo en Santiago fueron incendiadas 20 estaciones de Metro y atacadas severamente otras sesenta m谩s. Los edificios corporativos de los bancos, multinacionales, concesionarias, portales de autopistas, fueron saqueados e incendiados. Veh铆culos nuevos fueron usados como barricadas y sus locales comerciales del gran comercio de los Mall fueron saqueados, haciendo ver las escenas iniciales de Robocop como una torpe e infantil parodia. Los muchachos alimentaban las barricadas con ropa nueva, con televisores y refrigeradores. Los supermercados fueron igualmente saqueados por turbas no s贸lo empujadas por el hambre sino que tambi茅n en un acto de justicia social. 芦Ahora nos toca a nosotros禄 murmuraban mientras sal铆an con carros de los enormes supermercados de las grandes cadenas. Ritualmente, al menos la primera semana los locales eran saqueados y luego incendiados. La fuerza represiva devino en absolutamente incapaz para enfrentar tama帽a insurrecci贸n.

Pi帽era, que mientras se iniciaron las manifestaciones fue fotografiado celebrando un cumplea帽os en una elegante pizzer铆a del barrio alto de Santiago, instruy贸 a sus ministros para que salieran a reparar junto a la fuerza p煤blica los destrozos y colaboraran en el aseo de la ciudad. No tuvo tiempo de farsa alguna. El mismo 19 de octubre, rodeado de los altos oficiales del Ej茅rcito anunci贸 la declaraci贸n del Estado de Excepci贸n Constitucional, toque de queda en todo el territorio nacional y la ocupaci贸n militar del pa铆s, una escena expl铆cita de autogolpe de la que abri贸 el campo para la masiva y sistem谩tica violaci贸n de los DDHH. Por orden de Pi帽era fueron asesinados m谩s de 40 compa帽eros en un espacio de dos meses, m谩s de 400 fueron mutilados ocularmente, miles de detenidos fueron a abarrotar los cuarteles policiales donde fueron abusados por Carabineros. Decenas y centenares de miles fueron met贸dicamente apaleados y gaseados por el aparato represivo del Estado capitalista.

Cada uno de estos atentados, como suele ocurrir en los estallidos revolucionarios, lejos de atemorizar a la poblaci贸n, actuaban como convocatoria a nuevos y m谩s amplios sectores a la movilizaci贸n. Piquetes de autodefensa, formados por trabajadores j贸venes se desplegaron contra la ofensiva militar del r茅gimen, piquetes expresivos del movimiento y bautizados como la Primera L铆nea de la insurrecci贸n. En los barrios obreros reverdecieron las asambleas populares y cabildos que daban espacio a la organizaci贸n y a la discusi贸n pol铆tica. Los trabajadores encontraban en estas formas de organizaci贸n la trinchera que por d茅cadas la burocracia sindical le hab铆a negado en sus centros de trabajo. Liberados del discurso derrotista e institucional de los partidos del r茅gimen y de la burocracia sindical, los trabajadores comprobaron en la pr谩ctica que era posible acabar con el gobierno y echar abajo el r茅gimen del hambre y la explotaci贸n.

Tres huelgas generales pol铆ticas 23 y 24 de octubre y 12 de noviembre terminaron por tumbar a Pi帽era. El 28 de octubre Pi帽era se vio obligado a retirar los militares de las calles, los que fueron derrotados por la movilizaci贸n desde el mismo momento que el General Iturriaga 鈥攁 cargo de la Regi贸n Metropolitana鈥 dijera el 24 de octubre que 茅l 芦era un hombre feliz y que no estaba en guerra禄 contrariando el discurso incendiario de Pi帽era, qui茅n hab铆a declarado la guerra a los movilizados. Al d铆a siguiente cerca de tres millones de movilizados salieron a las calles y plazas de todo el pa铆s, dando lugar a la llamada marcha m谩s grande de la historia de Chile.

Los hechos descritos, salvo para un obtuso esc茅ptico o un pusil谩nime, no pueden sino ser caracterizados como una revoluci贸n obrera. Un levantamiento de los trabajadores en contra del r茅gimen capitalista en toda su forma y que s贸lo pudo ser contenido mediando el acuerdo expreso o t谩cito de todas las fuerzas pol铆ticas del r茅gimen, aquellas con representaci贸n parlamentaria. En efecto, mientras la llamada Mesa de Unidad Social que agrupaba a las principales organizaciones de trabajadores perd铆a el tiempo en reuniones con los ministros de Pi帽era, proponi茅ndoles di谩logo a quienes ten铆an sus manos manchadas con la sangre del pueblo, los partidos silenciosamente 鈥攄esde la UDI hasta el Frente Amplio鈥 articularon las redes para imponer sobre el movimiento, el 15 de noviembre, el Acuerdo por la Paz, un acuerdo contra el pueblo cuya primer y expl铆cito sentido fue legitimar la represi贸n, desmovilizar y reencauzar el proceso hacia la v铆a institucional. Que el 煤nico sujeto 鈥攅l resto firm贸 representando a sus partidos鈥 que haya firmado personalmente ese acuerdo, Gabriel Boric, sea hoy muy probablemente el pr贸ximo gobernante, revela la trascendencia de ese acto pol铆tico.

A partir de ese Acuerdo, Pi帽era sigui贸 en La Moneda con la 煤nica finalidad de administrar el proceso, pero dej贸 objetivamente de gobernar. A partir de ese 15 de noviembre el Gobierno pas贸 a las manos de las fuerzas conjuntas de sus suscriptores, quienes pactaron el proceso constitucional en curso, establecieron el r茅gimen de acuerdos y se comprometieron a preservar la institucionalidad amenazada por la revuelta. Hace unos d铆as, conversando con un viejo cuadro estalinista, 茅ste me dijo sin ning煤n tapujo que el Acuerdo hab铆a que suscribirlo 芦s铆 o s铆禄, porque lo contrario 芦era empujar al pueblo a un ba帽o de sangre禄. 

Hagamos a un lado toda diplomacia y el caracter铆stico hablar oblicuo que tenemos los chilenos. Quienes suscribieron ese Acuerdo (UDI, RN, Ev贸poli, DC, PS, Frente Amplio) y quienes se sometieron a 茅l (PC y sat茅lites), no lo hicieron para impedir que el pueblo sea masacrado. Es m谩s, buena parte de sus suscriptores han sido propiciadores de cu谩nta masacre haya tenido lugar en nuestro pa铆s. Porque esto no se trata de la moral barata con la que se llenan manifiestos por la democracia y los DDHH, esto se trata de que con ese Acuerdo se pact贸 defender el orden social cimentado en la gran propiedad privada de los medios de producci贸n, el capitalismo, contra cualquier acci贸n revolucionaria. El fondo del Acuerdo es un pacto contra toda revoluci贸n.

El poeta romano Horacio 鈥攗n hombre cuya vida es un tributo a la resiliencia鈥 dijo 芦parir谩n los montes, nacer谩 un rid铆culo rat贸n禄, en referencia a quienes prometen la grandeza en los textos y propician lo miserable en la realidad. La frase pareciera haber sido pronunciada mientras se observa el proceso constituyente chileno, que a la postre no es cualquier ejercicio jur铆dico, sino que una proeza institucional de enormes arcos y guirnaldas, totalmente vac铆a de contenido. Porque en esto se ha resuelto la promesa democr谩tica de los acuerdistas, en la continuidad de la miseria del gobierno del gran capital.

Ayudado por la pandemia, el r茅gimen logr贸 empujar hacia abajo el movimiento de las masas. La tragedia de la naturaleza, como en todo el mundo, ha servido al poder para imponer disciplina social y Chile no fue la excepci贸n. Contra los razonamientos idealistas, la sola intensificaci贸n de las condiciones de miseria 鈥攖al ha sido el efecto directo de la pandemia para los trabajadores鈥 no resulta ser garant铆a para el despliegue de acciones de resistencia. Al contario, el desarrollo coet谩neo de movimientos de masas importantes como el ecuatoriano y el colombiano, carentes igualmente de toda direcci贸n revolucionaria han contribuido con su silente final a dar m谩s cuerpo al proceso constituyente. Buena parte del activismo ha sido arrastrado tras el ideario democr谩tico burgu茅s, como dec铆amos al inicio de esta nota, tales concepciones han permitido reinterpretar los hechos recientes de la lucha de clases y significarlos en funci贸n de la escrituraci贸n de un texto constitucional. En lugar de una revoluci贸n un papel escrito. As铆 est谩n las cosas.

Uno de los m谩s representativos 鈥攏o voy a utilizar la expresi贸n 芦brillante禄鈥 convencionales de la 鈥攄ispensen la redundancia鈥 Convenci贸n Constitucional, el abogado Fernando Atria, adquiri贸 notoriedad en el debate previo a la instalaci贸n de la Convenci贸n, en base a su tesis de la 芦hoja en blanco禄. Esto significaba que la Convenci贸n Constitucionalno tendr铆a m谩s l铆mite en su accionar que sus acuerdos y que la institucionalidad resultante de tal proceso se superpondr铆a, superadoramente, sobre la existente. Con esto se contestaba a la Derecha que pretend铆a que la Convenci贸n actuara como una simple c谩mara de reformas del orden institucional. Contra esta idea Atria afirmaba que donde no hay acuerdo, no hay norma. Por eso 芦hoja en blanco禄. Ahora instalado en la Convenci贸n su convicci贸n es otra y adquiere la forma de la defensa de la institucionalidad, en la forma de la defensa de los 2/3 para generar normas constitucionales, cuando aclara que 芦pretender que la Convenci贸n puede cambiar unilateralmente esa regla no corresponde a lo que la Convenci贸n puede hacer. Entrar en esa discusi贸n es un riesgo para el proceso constituyente禄. Dicho con claridad, el proceso constituyente es la institucionalidad.

驴Se movilizaron millones, entregaron sus ojos y vida para esto? Por supuesto que no. 驴Salt贸 por los aires el orden establecido para volver al estado inicial? Tampoco. Transitamos por un recodo en el camino del proceso revolucionario abierto, ante 茅l la burgues铆a le ha opuesto sus esclusas institucionales, para ganar tiempo, para dividir y reinar. Para recrear la ilusi贸n de que su democracia es el 煤nico orden posible, m谩s all谩 de que otro resulte deseable, pero imposible.

La respuesta est谩 en manos de la clase trabajadora, de los obreros, del proletariado, de la inmensa mayor铆a social protag贸nica del levantamiento revolucionario del Octubre chileno. Para articular tal respuesta resulta imprescindible la construcci贸n de un partido pol铆tico, un Estado mayor de las masas en lucha, una nueva direcci贸n pol铆tica que proclame abiertamente la necesidad de acabar con el r茅gimen capitalista, de expropiar al gran capital y acabar con la propiedad privada de los medios de producci贸n. Una direcci贸n pol铆tica que a partir del conjunto de las reivindicaciones que se levantaron desde las bases del estallido, se plantee acabar con la institucionalidad patronal siguiendo el camino abierto en Octubre del 19, que es el camino que han seguido todas las revoluciones obreras desde la Comuna de Par铆s en 1871. Una direcci贸n pol铆tica que levante la bandera roja de los trabajadores que significa que la lucha es sin cuartel, sin pactos, sin transiciones y cuyo objetivo es acabar con el aparato militar capitalista expresi贸n org谩nica de la explotaci贸n de clase. Una direcci贸n que plantee abiertamente que la revoluci贸n obrera no es solo la muerte del capital, sino que el establecimiento del gobierno obrero, de los trabajadores, de los explotados, un gobierno sustentado en los 贸rganos de poder, asamblearios, de base y apoyado materialmente en el armamento general de la poblaci贸n.

Compa帽eros, los marxistas lo sabemos en todo el mundo, pero lo sabemos particularmente los chilenos porque lo hemos vivido en carne propia: no hay v铆as pac铆ficas ni institucionales para la 芦transformaci贸n禄 revolucionaria de la sociedad. La derrota de la Unidad Popular es igualmente el fracaso de toda concepci贸n frentepopulista y de colaboraci贸n de clases. Porque como dram谩ticamente advirtieran los Cordones Industriales en su Carta a Salvador Allende el 5 de septiembre de 1973, el frentepopulismo es 芦responsable de llevar al pa铆s, no a una guerra civil que ya est谩 en pleno desarrollo, sino que a la masacre fr铆a, planificada de la clase obrera m谩s consciente y organizada de Latinoam茅rica, y que ser谩 responsabilidad hist贸rica de este gobierno llevado al poder y mantenido con tanto sacrificio por los trabajadores, campesinos, pobladores, estudiantes, intelectuales, profesionales, la destrucci贸n y descabezamiento quiz谩s por que plazo y a que costo sangriento de no s贸lo el proceso revolucionario chileno sino tambi茅n el de todos los pueblos latinoamericano que est谩n luchando por el socialismo禄.

Ha sonado el clar铆n de la revoluci贸n obrera, que cada cual tome su lugar en la trinchera de los trabajadores.




Fuente: Werkenrojo.cl