July 30, 2021
De parte de La Haine
376 puntos de vista


Cuba se nos presenta hoy como una gran acumulaci贸n de urgencias: bloqueo criminal yanki, pandemia de COVID-19, aguda crisis econ贸mica, proliferaci贸n de grupos, agentes y discursos reaccionarios. Esa combinaci贸n fatal sirve de base a nuestros enemigos para acrecentar el desgaste en el pueblo y las fuerzas del orden interior. Todas las esperanzas parecen cerrarse para la Cuba revolucionaria, para el pueblo que no ha renunciado al socialismo frente al imperialismo; y, sin embargo, tenemos vacunas propias, nuestra tasa de pacientes salvados de la COVID-19 es de las m谩s altas de la regi贸n y miles de cubanos salieron a la calle a defender su Revoluci贸n contra la manipulaci贸n de realidades complejas que son simplificadas no por el discurso revolucionario, sino por el de la reacci贸n. Las esperanzas de los revolucionarios, entonces, perduran.

Desde que ocurrieron los disturbios de julio a las palabras les brota un peso diferente. La prensa internacional y pseudo-nacional ha hablado de 鈥渆stallido social鈥, de 鈥渞evueltas鈥, 鈥減rotestas鈥 y 鈥渕anifestaciones鈥 y ha insistido en la 鈥渞epresi贸n gubernamental鈥. Dichas palabras denotan una visi贸n reductiva de lo sucedido y traslucen una posici贸n reaccionaria. Lo ocurrido no deja de ser, en s铆 mismo 鈥攎谩s all谩 de toda manipulaci贸n鈥 s铆ntoma de una situaci贸n grave, extremadamente preocupante, pero de ello se hace un relato limitado y selectivo que desconoce 鈥攄e forma consciente鈥 una parte importante de la realidad hist贸rica en que se sit煤an esos acontecimientos. Por absurdo que parezca, debemos observar que ning煤n medio reaccionario usa la 煤nica palabra que califica y denota el cambio liberador total: 鈥渞evoluci贸n鈥, para ese discurso reaccionario, sigue siendo un t茅rmino indigerible.

Uno de los esfuerzos 煤ltimos de la intelectualidad reaccionaria es 鈥渄emostrar鈥 la inexistencia de una revoluci贸n todav铆a en marcha en Cuba. Por tanto, si es cierto, como dicen algunos, que ya no hay revoluci贸n, deber铆a ser f谩cil proclamar una nueva, una mejor. Sin embargo, todo el entramado discursivo de la reacci贸n, tanto interna como externa, ha caracterizado de 鈥渆stallido social鈥 lo sucedido. La prensa reaccionaria ni siquiera es capaz de fabular un ambiente de transformaciones posibles pensado y dirigido por un determinado liderazgo, en cambio, cumple la funci贸n difusiva en su pureza: mostrar a multitudes contrarias al gobierno y protagonista o v铆ctima de hechos vand谩licos contra la polic铆a y establecimientos p煤blicos, y tergiversar el sentido de realidades heterog茅neas y superpuestas para canalizarlo hacia el mensaje homog茅neo de la presunta ingobernabilidad del pa铆s.

Seg煤n expresara el compa帽ero Miguel D铆az-Canel, Primer Secretario del Partido y Presidente de la Rep煤blica, en su alocuci贸n en la televisi贸n nacional el 11 de julio, las manifestaciones iniciales (en San Antonio de los Ba帽os) podr铆an haber tenido el apoyo de revolucionarios insatisfechos, mujeres y hombres de pueblo con inquietudes leg铆timas y malestares provocados por circunstancias de crisis, pero sin v铆nculo alguno con redes opositoras a la Revoluci贸n. Para los revolucionarios esta ha sido una ense帽anza recurrente y capital: la soluci贸n de los problemas de la Revoluci贸n debe lograrse al interior de la Revoluci贸n, sin ceder nuestro poder movilizativo a manifestaciones, grupos y agentes que buscan ponerle fin al proyecto. La Revoluci贸n tiene tambi茅n mucho que hacer en ese sentido a trav茅s de la ampliaci贸n de espacios de participaci贸n pol铆tica efectiva del pueblo, no s贸lo en la expresi贸n de sus inquietudes, sino tambi茅n y sobre todo en la soluci贸n de sus problemas. En definitiva, las preocupaciones sinceras de ese grupo de personas 鈥攁ll铆 donde las hubo鈥 presentes en las manifestaciones del 11 de julio fueron subsumidas por quienes dirigieron el impulso popular hacia un despliegue de violencia y un af谩n destructivo que carec铆a de todo contenido pol铆tico y se sum铆a en un aparente vac铆o.

Al aproximarnos a sus reclamos y consignas, percibimos el vac铆o que rodea las manifestaciones y disturbios. A su alrededor se alzan la violencia purulenta en su estado bruto, la destrucci贸n corrosiva y el odio visceral hacia todo lo que la Revoluci贸n representa 鈥攎aterial y simb贸licamente鈥. No parece haber en todo ello ning煤n contenido claro m谩s all谩 del deseo de que colapse el gobierno, ni siquiera un bosquejo gen茅rico del d铆a despu茅s a la 鈥渃a铆da del comunismo鈥. A los medios reaccionarios no les interesa darles contenido original y fundador a esos sucesos; es evidente que les basta con mostrar la violencia y la destrucci贸n. Los 鈥渕谩rtires de la libertad鈥 parecen actuar 煤nicamente movidos por un deseo de aniquilaci贸n total, como si repartieran a ciegas fuego a su paso, como una tea que no alumbra ninguna lucha por la independencia: una tea sin ideal, un cataclismo ocioso.

Si en los 煤ltimos meses hemos asistido al resurgimiento de organizaciones reaccionarias que intentan asumir el liderazgo de la contrarrevoluci贸n y del pueblo para 鈥渓iberarnos de la opresi贸n鈥, el 鈥渆stallido social鈥 del 11 de julio se presenta ac茅falo, no es reclamado por ning煤n grupo, sino que es parece producto de un 鈥渆spontane铆smo鈥 popular. 驴Por qu茅 grupos de la reacci贸n contrarrevolucionaria como el MSI, el 27N, el Partido del Pueblo Cubano y la Uni贸n Patri贸tica de Cuba no lideran el momento pol铆tico que ellos mismos vienen convocando y tratando de generar? 驴Por qu茅 no existe un programa de demandas claras como en otras ocasiones ha sucedido (Grupo de los 30 en el 27N, huelgas de hambre de Luis Manuel Otero Alc谩ntara, huelgas de hambre de Jos茅 Daniel Ferrer)? 驴Por qu茅 no hay un posicionamiento preciso con respecto al problema de la intervenci贸n extranjera, sino una fluctuaci贸n que va del oscurecimiento de sus motivos al entreguismo m谩s feroz y transparente?

Al querer present谩rsenos los sucesos del 11 de julio como 鈥渆spont谩neos鈥, emergidos del pueblo y difundidos como enfrentamiento entre el pueblo y el gobierno 鈥攃onvenientemente ocultados los consabidos 鈥淎bajo la Revoluci贸n鈥 y 鈥淎bajo Fidel鈥濃 y disueltos as铆 los elementos 鈥榗ontrarrevolucionarios鈥 en una masa de 鈥減ueblo cubano鈥, resulta razonable pensar que el prop贸sito no era convocar a las claras a un levantamiento social desde las tradicionales plataformas de la contrarrevoluci贸n, sino la de generar la percepci贸n de que el pueblo 鈥攑or su propia voluntad鈥 se levantaba contra el gobierno (como puede ocurrir en cualquier otro pa铆s), retir谩ndose de ese modo a la Revoluci贸n y el socialismo de la ecuaci贸n. As铆 se neutraliza el conflicto hist贸rico de la Revoluci贸n con el imperialismo y desaparece, por artilugios discursivos, el horizonte comunista del Estado cubano, reduci茅ndose el asunto al conflicto gobierno-pueblo, es decir, a la vieja oposici贸n liberal Estado-sociedad civil.

Este vaciamiento de lo pol铆tico y de lo hist贸rico, descentrados la Revoluci贸n y el socialismo, inmunizada la historia y transformada la 鈥渆spontaneidad鈥 en puro enfrentamiento gobierno-pueblo revela que en estos sucesos no es posible trazar los primeros pasos de una nueva pol铆tica y mucho menos distinguir una voluntad 鈥榬evolucionaria鈥 de transformaci贸n social. Por lo que el aparente vac铆o permeado de violencia es solo una ilusi贸n, dado que lo ocurrido tributa a la voluntad de generar una situaci贸n de desgobierno favorable a una intervenci贸n humanitaria, o a una intervenci贸n militar preventiva del imperialismo estadounidense. De lo contrario, 驴por qu茅 no vemos el intento de un grupo organizado para tomar el poder, y llevar adelante, en definitiva, una revoluci贸n conservadora o una contrarrevoluci贸n anticomunista y procapitalista?

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La respuesta revolucionaria no podemos centrarla en la anulaci贸n de esos sucesos reduci茅ndolos a actos 鈥渢铆picos de personas marginales鈥, porque esa marginaci贸n tiene una historia y es producto de bolsones de pobreza que se han formado en las continuas crisis que ha vivido el pa铆s desde el Per铆odo Especial 鈥攕umados a problemas no resueltos desde antes鈥 y en el espacio abierto por el claro repliegue de los programas sociales de la Revoluci贸n. No podemos ampararnos en justificaciones inmovilistas y reaccionarias, sino que debemos encarnar la virtud y convencer con actos y medidas concretas de beneficio duradero de que solo el movimiento hist贸rico revolucionario tiene por objetivo el fin de las diferencias sociales y la capacidad para lograrlo. No podemos sacar del enfrentamiento entre proyectos de naci贸n lo sucedido hace unos d铆as (Revoluci贸n-Reacci贸n; Socialismo-Capitalismo; Antimperialismo-Anexi贸n; etc.); inmunizarlo como simple manifestaci贸n anti-gubernamental es despojarlo de car谩cter pol铆tico y de su condici贸n de s铆ntesis pr谩ctica de lo que la anti-revoluci贸n representa.

Las protestas tienen como base una ausencia mortal de horizonte y de deseo de utop铆a, son ajenas a toda 茅tica popular emancipadora y han mostrado un despliegue de violencia destructiva sin contenido aparente cuyo saldo ha sido contribuir a la agenda de la intervenci贸n extranjera y difundir, as铆, un enfrentamiento pueblo-gobierno. La pr谩ctica de la anti-revoluci贸n genera un discurso que no se opone a la Revoluci贸n como proyecto hist贸rico 鈥攍o que demandar铆a reconocerla鈥 empe帽ado en la redenci贸n popular mediante el proyecto comunista de emancipaci贸n social, sino que la desconoce de plano, la disuelve sustray茅ndola de toda actualidad y la presenta como un Estado-gobierno 鈥渘ormal鈥 para poder aplicar sobre ella toda la racionalidad pol铆tica del liberalismo.

La perspectiva anti-revolucionaria tiene la intenci贸n de sacar al proyecto de su propia historia para colocarlo en un gen茅rico estado de normalidad en que no hay enfrentamiento con el imperialismo, no hay transici贸n socialista, no hay bloqueo, ni movimiento emancipador; y que, por el contrario, al retirar toda esa sustancia indispensable para entender la Cuba actual y sus conflictos, deja en pie solamente el eje b谩sico pueblo vs. gobierno, operaci贸n que le permite simplificar la realidad y difundirla bajo esa imagen reductiva.

Si bien la contrarrevoluci贸n se manifiesta en la oposici贸n a la Revoluci贸n mediante el anti-comunismo, la restauraci贸n capitalista, el conservadurismo y hasta el terrorismo m谩s brutal; la anti-revoluci贸n cubana desustancia la Revoluci贸n y su rumbo socialista para diluirla en un presunto estado de normalidad 鈥渆statal鈥 o 鈥渞epublicano鈥. Se trata de una perspectiva que no adopta formas puras, y que ni siquiera es predominante en todos los sectores o discursos de la reacci贸n, pero su rastro podemos seguirlo desde hace varios a帽os si observamos con detenimiento, y en esta reciente ofensiva reaccionaria ha demostrado su latencia inequ铆voca.

Las protestas recientes han permitido trazar un deslinde entre tres perspectivas, posturas o puntos desde los que ejercer y pensar la reacci贸n cubana: la contrarrevoluci贸n, la pos-revoluci贸n y la anti-revoluci贸n. Si bien su exhaustiva diferenciaci贸n precisa de un espacio que rebasa los objetivos de esta modesta aproximaci贸n, en este texto hemos querido mostrar las coordenadas discursivas y pr谩cticas de la anti-revoluci贸n como concepto cr铆tico que nos sirve para caracterizar una posici贸n reaccionaria que no se opone a la Revoluci贸n ni al socialismo, toda vez que los reconoce como tales (contrarrevoluci贸n), ni niega la ausencia de una Revoluci贸n en Cuba para reafirmarse como posible salida justa a la situaci贸n 鈥渢otalitaria鈥 donde el Estado es el traidor deformado de lo que alguna vez fuera la Revoluci贸n (pos-revoluci贸n). La postura anti-revolucionaria resulta un inmunizador que desviste de pol铆tica el proyecto revolucionario y lo gubernamentaliza totalmente para agotarlo en la racionalidad liberal.

En las manifestaciones del 11 de julio esta perspectiva fue privilegiada por la narraci贸n medi谩tica, la pr谩ctica de los manifestantes y el apoyo de un grupo de artistas cubanos. La anti-revoluci贸n se levant贸 ante nosotros como la tercera cabeza de la hidra reaccionaria, cabeza peligrosa porque no atacaba de forma directa al proyecto o a la propia idea del socialismo, sino que dirig铆a su fuerza hacia la neutra 鈥済esti贸n gubernamental鈥. La anti-revoluci贸n es un gas mortal porque no adopta la forma material y directa de la reacci贸n tradicional, pero no deja de circular dentro de ella; diferenciarla para sustraerla del campo de la reacci贸n como meras 鈥渄emandas del pueblo鈥 es un error pol铆tico e ideol贸gico tan grave como homogeneizarla con la contrarrevoluci贸n y la pos-revoluci贸n.

La hidra reaccionaria puede tener infinitas cabezas que atacan con ferocidad desgarradora nuestro proyecto de naci贸n; la tarea revolucionaria es crear un arma para cada cabeza, un ant铆doto para cada veneno, un b谩lsamo para cada herida sin perder de vista que el prop贸sito no es cortar cabezas, sino sepultar para siempre la monstruosa hidra.

* Presidente de la FEU de la Facultad de Comunicaci贸n de la Universidad de La Habana

Cubadebate




Fuente: Lahaine.org