June 23, 2021
De parte de Lobo Suelto
404 puntos de vista


La pasi贸n de Horacio: un texto-homenaje

Bruno Bosteels

Hay obras y figuras del pensamiento contempor谩neo que, por m谩s fugaces y espor谩dicos que sean nuestros encuentros con ellas en la vida real, nos dejan marcados para siempre. Horacio Gonz谩lez para m铆 fue una de estas figuras. Brillante, entra帽able, modesto, fue un modelo incansable de integridad comprometida. Tuve el placer de conocerlo por primera vez en 2007, cuando vino a la Universidad de Cornell, en el peque帽o pueblo de 脥taca al norte del Estado de Nueva York, para participar en un encuentro sobre 鈥淢arx y los marxismos en Am茅rica Latina鈥. All铆, pude conocer tambi茅n a su gran amigo, Le贸n Rozitchner, otra figura-rel谩mpago que no ha dejado de acompa帽arme y con quien Horacio ahora sin duda se ha podido reunir de vuelta. De hecho, otro de mis pocos encuentros personales con Horacio fue justamente en la ocasi贸n de las jornadas conmemorativas que dedicara la Biblioteca Nacional a Le贸n, bajo el t铆tulo general Contra la servidumbre voluntaria鈥攍ema que por lo dem谩s podr铆a servir tambi茅n para caracterizar el compromiso del amigo que entonces fue Director de la Biblioteca Nacional.  Luego, el 煤ltimo encuentro m谩s o menos formal que tuvimos fue en 2017, cuando Horacio junto con Diego Sztulwark fueron tan generosos como para presentar mi libro Marx y Freud en Am茅rica Latina, publicado por Akal, en el Centro Cultural de la Cooperaci贸n. 

El ensayo hasta ahora in茅dito que publicamos en esta ocasi贸n como un peque帽o homenaje al compa帽ero fallecido es el texto de su charla en Cornell. Me acuerdo que ya en aquel entonces, cuando escuch茅 a Horacio hablar de esa figura tan clave pero tambi茅n tan enigm谩tica para el pensamiento y la pol铆tica argentinos que es John William Cooke, me pareci贸 absolutamente deslumbrante. Luego me mand贸 el texto escrito para que fuera incluido en el n煤mero especial de la revista estadounidense de teor铆a cr铆tica, Diacritics, que entonces editaba, pero ese proyecto es de los muchos que se quedaron en el caj贸n de las buenas intenciones. Hoy, en un esfuerzo para superar la tristeza que comparto con tantos amigos y amigas, he vuelto a leer el texto de Horacio y me parece que no ha perdido nada de su frescura, su brillo, y su incomparable dominio estil铆stico. Adem谩s de interpretar el gesto de la intervenci贸n de Cooke desde el interior del legado de Marx y el marxismo, Horacio tambi茅n se dedica a especular sobre el poder del lenguaje cuando los nombres se vuelven impropios, an贸malos o incomprensibles. Y, a trav茅s de Gramsci, Luk谩cs y Sartre, ofrece un valiente acercamiento a la teor铆a de una dial茅ctica trunca, lejos de la infalibilidad de los nombres y los caminos consagrados, pero fiel a los desv铆os y los imprevistos de la historia. 鈥淔inalmente鈥, anota Horacio, como si se tratara de condensar su propio punto de vista en una f贸rmula caracter铆sticamente llamativa, 鈥渟olo la pasi贸n expl铆cita parece m谩s segura para mantener el hilo de la historia, mucha m谩s que la oculta astucia de la raz贸n鈥. 脡sta tambi茅n, me parece, fue siempre la pasi贸n expl铆cita de Horacio Gonz谩lez.

John William Cooke, un argentino de ascendencia irlandesa, de cuerpo obeso y con su nombre asemej谩ndose a un gracioso fonema, escribi贸 un cap铆tulo excepcional del pensamiento marxista de los a帽os 60. Bas贸 sus ideas en una fuerte hip贸tesis de la discordancia de los nombres con la materia que ellos designar铆an, como si se pudiera aplicar a las artes revolucionarias las ciencias de la filolog铆a. La revoluci贸n no ten铆a nombre consagrado y pod铆a considerarse un acontecimiento sin nombre, una materia ausente de designaciones efectivas. A la vez, los nombres revolucionarios preexistentes, pod铆an traducir un contenido inerte. Cooke hab铆a descubierto, como tantos antiguos fil贸sofos, que los nombres no se ajustaban a la cosa y que el drama de ese desajuste era la esencia de la pol铆tica. Se puede concebir que un nombre nunca dice lo que es. No bastaba con decirse revolucionario en observancia fiel de alg煤n vocablo especialmente reservado para ello. Importaba serlo en la libertad de nombre. Incluso serlo sin nombre. Y esa constancia de la materia bruta de las revoluciones, las hac铆a un evento hist贸rico extra铆do de una gran cantera de la inconstancia de los sentidos.

No se trataba de una objetividad salvaje, sin teor铆a, sin intelecto, sin calificativo. Porque las tesis de Cooke, tomaban a su cargo la herencia marxista de la objetividad de la historia y de la producci贸n inteligible de significados. Pero le cambiaban de nombre para hospedarla en otro, que no correspond铆a. La revoluci贸n pasaba as铆, en primer lugar, a ser una ruptura en la correspondencia de los nombres. El subterr谩neo sonido de esa fractura a煤n se escucha y sus ecos llegan amortiguados a nostros, casi indescifrables.

Pero no solo los nombres estaban extrapolados. Tambi茅n pod铆a pensarse que el revolucionario lo era por las consecuencias de su acci贸n y no por la her谩ldica de sus cartillas, la arquitectura de sus explicaciones o el brillo de sus teor铆as. Decir esto en los a帽os del estructuralismo, sistema que Cooke no conoc铆a enteramente, supon铆a alg煤n tipo de expectativa sobre los 鈥渆fectos de la estructura鈥, concepto decisivo de aquella hora. El concepto de efectos de la estructura llevaba a una imaginaci贸n en el vac铆o, a la sustracci贸n voluntaria de la fuerza del origen y a la vitalidad exclusiva de las consecuencias. 脡stas val铆an a pesar de quedar hu茅rfanas del sello originario, a煤n si durante un tiempo inagotable debiesen asumir los nombres oscuros, excepcionales o incomprensibles. 

Estar innominado o tener nombres prestados era especialmente importante para certificar que una revoluci贸n es una apertura al nombre futuro a partir el nombre trastocado. De este modo, los nombres adecuados pod铆an ser impropios. Y los nombres an贸malos, por consiguiente, pod铆an guardar una verdad. Los no portadores de nombre cl谩sico deb铆an juzgarse por sus efectos. Los efectos, eran efectos sin nombre. O con el nombre que diversos populismos le hab铆an reservado. Nombres fugaces, desde帽ables por su literalidad, solo apreciados por las consecuencias no enteramente sabidas por ellos. El nombre an贸malo pod铆a ser m谩s efectivo que el nombre conveniente. Viejas querellas de la filosof铆a conduc铆an ante el mismo problema. El nominalismo descartaba el efecto del concepto abstracto y pon铆a el peso de la actividad en los individuos y en la intuici贸n que se reclamaba para comprenderlos. Cooke fue un nominalista que consider贸 que ning煤n nombre estaba realmente operando en el mundo y que la pol铆tica era una espera desconocida de nombres. Su marxismo supon铆a poner el legado de El Capital 鈥搎ue 茅l hab铆a le铆do m谩s all谩 del promedio de lectura corriente en las izquierdas latinoamericanas-, frente al arduo debate de una de las principales corrientes de la ret贸rica antigua, en la que el argumento pierde sustancia ante la apelaci贸n 鈥渁d hominem鈥. 

Pero gracias a esa cosecha de nombres propios para designar con individuos hist贸ricos los oleajes de identidad social, esas ret贸ricas tambi茅n apelan al movimiento de la dial茅ctica como un vasto juego de paradojas. De ah铆 que igual que en el Prot谩goras, un contendiente puede asumirse al final del debate como equivalente a los argumentos de su antagonista, al igual que el nombre social del comunismo podr铆a extraviar su sustancia, que ser铆a encontrada en el otro nombre, el que parec铆a su contrario y extra帽o. El adversario se deb铆a hacer cargo de la existencia de su propio nombre invertido, de su verdad refutada.  

           En 1967 Cooke escribir铆a un trabajo destinado a tener larga trascendencia por contener una frase-concepto al cual unir铆a su nombre: el nombre an贸malo es el hecho maldito de la pol铆tica y su anomal铆a desarreglaba el mundo burgu茅s. Este dicho era su medall贸n titilante. Ya se ha dicho muchas veces que en esta sentencia reposaba un programa, una 茅tica y una filosof铆a de la historia. Cooke daba por madurado el ciclo capitalista del cual no cre铆a que estuviese en un momento de despegue, sino que estaba 鈥渄ecr茅pito sin haber pasado por la lozan铆a禄, f贸rmula que evoca no demasiado vagamente ciertas expresiones del trotskysmo. Pero tampoco pronuncia ese nombre, salvo para ejemplificar a la luz de la historia transcurrida. Los arquetipos de la historia revolucionario del siglo XX no pasar铆an de ejemplificaciones, m贸dulos narrativos de la memoria, cartas para jugar en un di谩logo o una correspondencia. El pasado solo posee nombres consagrados. El presente no los tiene. Se era contempor谩neo de la revoluci贸n solo si hab铆a trastocamiento o burla en las cartas del nombre. Solo si lo consagrado quedaba en disponibilidad, perd铆a los 贸leos y buscaba para reencarnarse incluso una anomal铆a, un perjurio.

El hecho maldito es la expresi贸n por la que hoy unos pocos recuerdan a Cooke. Hab铆a nacido en la ciudad de La Plata, en 1920, y al promediar la d茅cada del 40 hab铆a sido diputado. En ese entonces, simpatizaba con el nacionalismo, estudiaba el sistema econ贸mico de List y hac铆a r谩pidos cruzamientos con el bagaje del ensayismo argentino de saz贸n caracterol贸gica. Ya a fines de los a帽os 50 madura casi completo su fino instrumento de an谩lisis y reflexi贸n: los efectos de la estructura pod铆an ser considerados con el concepto de maldici贸n. Esta palabra del acervo de las religiones, del fraseo popular y de la poes铆a simbolista francesa del siglo XIX 鈥揹e esto 煤ltimo lugar al parecer la toma Cooke-,  era una fuerte intromisi贸n en el lenguaje de las izquierdas. Se trataba de una inesperada met谩fora por la cual se postulaba una dial茅ctica trunca, irresuelta, sorprendida en su tensa vacilaci贸n. Por su intermedio se aliviaban los trazados de una improbable ley de la historia y se imped铆a que se constituya el Orden. Hab铆a que agregar que no alcanzaba para superarlo, por lo que la realidad en la que se pensaba era permanentemente ca贸tica. En ese caos hab铆a que comparecer con la luz de la raz贸n, pero deb铆a ser una raz贸n que se dispusiese, en un recodo de sus largos avatares, a proceder como si fuera parte de un mito. La raz贸n deb铆a ser tambi茅n un festejo aventuresco del agente an贸malo.

Pero tal agente an贸malo, con ser propicio, no estaba en condiciones de encarnar la totalidad, ni de conocerse a s铆 mismo. Por su parte, el agente cl谩sico, el agente preparado por el canon, no era competente. Estaba ligado a la totalidad inerte, aunque poseyera poderes bibliogr谩ficos, archiv铆sticos y ejemplificatorios. Por eso Cooke laboraba con una fisura innominada o con nombre impropio, que era el equivalente del 鈥渓ado malo鈥 de la historia. Ese lado dejaba a la realidad en estado de desesperaci贸n e inminencia, atrapada en una subjetividad enajenada y en constante inestabilidad. As铆 lo sinti贸 Cooke, como intelectual de cuerpo obeso, que sin embargo pudo fugar de c谩rceles de alta seguridad- como la de Ushuaia, en 1956, soportar escenas de fusilamiento en simulacro e inscribirse en las fuerzas que resistieron a la invasi贸n en Bah铆a de los Cochinos hacia comienzos de los a帽os sesenta. Los trazos de una biograf铆a surgen tambi茅n de los descubrimientos de su escritura. Es un escritor a la manera de los hermanos Irazusta 鈥搎ue eran nacionalistas-, con la mordacidad de un Oscar Masotta, que era existencialista.  Y con recursos autocr铆ticos a la manera de Luk谩cs, que como marxista hegeliano llam贸 autocr铆tica a su propia maldici贸n. Su testamento es ir贸nico y a la altura del suicidio de Leandro Alem y de Lugones. Pide tirar sus cenizas al R铆o de la Plata o en cualquier laguna. Toda gloria era irrisoria. Mejor era ser pesimista. Pero tambi茅n escribi贸 que al final del recorrido de la historia, todos los hechos indeterminados y vagos ser铆an redimidos. Hab铆a llegado a conclusiones de alcance mesi谩nico desde su marxismo que flotaba sin los nombres previamente adjudicados.  

 

Este movimiento de la dial茅ctica trunca, sostenida en la maldici贸n sartreana, quebraba la l铆nea de la normalidad hist贸rica 鈥搃ncluso la normalidad de la izquierda cl谩sica- y dejaba a la realidad en el umbral de un gran cambio aunque no se supiese c贸mo concretarlo. El hecho maldito, ese saber sin saber, imped铆a que se desplegase la potencialidad burguesa. Pero 茅l mismo, ese hecho que alud铆a sin m谩s al aura peronista, era burgu茅s, representando un antagonismo inevitable aunque en el seno de la misma escena cultural: hablaba de revoluci贸n para impedir la revoluci贸n; imped铆a la revoluci贸n, pero re-creando al mismo tiempo sus motivos principales. 驴Por qu茅 valdr铆a la pensar as铆 y no de una manera que permitiera encontrar un l茅xico completo en la antigua saga de los nombres propiciatorios? La revoluci贸n se hac铆a sin saberes especiales y quienes los pose铆an deb铆an desvestirlos de nombres y tambi茅n sufrir con los nombres cambiados. Nunca el marxismo latinoamericano 鈥搉i siquiera con Mari谩tegui-, lleg贸 tan hondo en su refundaci贸n moral. La teor铆a se manten铆a de pie, pero hab铆a que darle otros nombres, tal como cuatro d茅cadas antes Luk谩cs hab铆a esbozado que el peso del marxismo reca铆a en el m茅todo y no en tales o cuales conclusiones ya embanderadas.  

El 芦hecho maldito禄 contemplaba as铆 lo social como una totalidad singular en transe, en la que hab铆a que buscar el 芦punto nodal de todas las fuerzas contrarias en tensi贸n禄. Esta frase la hab铆a escrito el raro narrador Osvaldo Lamborghini en El Fiord, texto que experimentaba con cierto sadismo ling眉铆stico y pol铆tico para recrear un vac铆o absurdo y ut贸pico en la realidad de la experiencia hist贸rica. Ocurr铆a en los mismos a帽os en que Cooke suger铆a el concepto del hecho maldito como desencuadre del orden burgu茅s. Hab铆a un intenso paralelismo entre El Fiord y el 鈥渉echo maldito鈥. Ambos pueden resumir adecuadamente las inc贸gnitas del pensamiento pol铆tico argentino 芦de la 茅poca de Cooke禄. Hecho Maldito, el Fiord y la idea sartreana del Mal como autoconciencia bastarda de la historia introducen los mojones familiares bajo los que podemos pensar aquellos momentos que inauguraba la d茅cada del sesenta, hoy irrepetibles pero no siempre bien estudiados, si es que hay que seguir estudi谩ndolos.

El malditismo parecer铆a lo contrario de la dial茅ctica un谩nime. Cooke hizo descansar la fuerza de sus palabras y de su vida en un 茅nfasis de la maldici贸n como 鈥渓ado 谩spero de la historia鈥, el 煤nico que val铆a la pena recorrer. Pero el camino regio a la negatividad cl谩sica no contemplaba los nombres execrados. Sin embargo, hab铆a que sostenerlos porque all铆 habitaban aquellos que hac铆an lo que era necesario, sin saber explicar bien lo que hac铆an, seg煤n la cifra cl谩sica. Pero en esos conocimientos blasfemos no vi贸 alienaci贸n sino un estado real de la conciencia ingenua o mitol贸gica, muchas veces muy madura en su desarrollo. Cooke no fue un intelectual de la naci贸n o de un proyecto jacobino estatal, sino un intelectual cl谩sico en un foro extraordinario de infieles. Pero estaba all铆 como pedagogo encubierto, soportando y acaso gozando de la imposibilidad de darles nombres correctos a las cosas. Cre铆a que hab铆a que educar a los que hac铆an sin saber, pero quedaba siempre una cuota de conocimientos irreductibles en todo discurso y toda conciencia, que hab铆a que respetar, como a los mitos, dej谩ndolos en pie, y aprendiendo de ellos.  Cooke es un intelectual de exilios, vive desestatizado y sin lengua espec铆fica. Su lengua es la del sujeto agonal revolucionario, aunque siempre se declar贸 marxista. Su estilo de acci贸n est谩 ligado a las mentalidades clandestinas y conspirativas. Aunque por momentos, su diccionario pol铆tico se vuelve habitual. El concepto de lucha de clases refulge indemne. Pero su postulaci贸n del hecho maldito, que parece un concepto entre pragm谩tico y teol贸gico, consiste en una acci贸n que es secretamente portadora de su propia refutaci贸n, como una dial茅ctica que persevera en su ser inacabado y no puede avanzar. Por cierto, hab铆a que hacerla avanzar con una organizaci贸n en el interior de las fuerzas que eran revolucionarias sin saberlo, que afectaban la estabilidad de las cosas pero no conceb铆an qu茅 hacer con ello. 

Era, pues, un organizador de vanguardias. Y como tal, era un leninista tr谩gico y pr贸digo, dentro del sentimiento oce谩nico de lo que en aquel tiempo se conoci贸 como tercermundismo. Bien lo demostrar铆a en Cuba como orador de la Tricontinental. La palabra pol铆tica, para 茅l, no encarnaba el destino pasional de los jefes sino una relaci贸n de conocimiento dial茅ctico con la historia y las clases sociales. Con esta serena convicci贸n de su marxismo latinoamericanista, emprende la dram谩tica Correspondencia que sostiene con el m谩s importante pol铆tico de la 茅poca en la Argentina, ese que la marcara con su resabido timbre. Casi hab铆a llegado a neutralizar a esa otra voz, quiz谩s sin propon茅rselo, en un socr谩tico di谩logo sobre el alcance de las autorizaciones revolucionarias. Otra forma de discutir el desencaje de los nombres. Si hab铆a alguien que autorizaba, y esta autorizaci贸n proven铆a del nombre general que ba帽aba la 茅poca, el autorizado deb铆a ser uno solo y deb铆a adem谩s ser un hombre libre. Estar en un nombre pensando en otros nombres era una obra de la espera clandestina y del respeto por las raras literaturas de la vida social, quiz谩s mucho m谩s atento a ellas que lo que resultaba de la cr铆tica de Marx al socialismo ut贸pico. 

En los papeles de 茅poca se recogen estas discusiones sobre la autorizaci贸n, el nombre, la carta, el plagio y el trastocamiento de la experiencia con su probado nombre egregio vertida hacia la experiencia de nombre oscuro. Esos papeles no son desconocidos pero hoy no se sabr铆a bien c贸mo rememorarlos. Entre esos papeles luce como volumen mayor el titulado como Correspondencia. Es una correspondencia sustra铆da, correspondencia anunciada de un modo que no funciona, pero con las razones del no funcionamiento meditadas por los mismos correspondientes. Uno es Cooke. El otro es un general exilado, que ha probado de ungir a un heredero que 铆ntimamente sabe que podr铆a ser su rival. En esa Correspondencia Cooke hace las veces de Lenin, mientras el notorio pol铆tico con el que cruza lances de acciones y minutas revolucionarias lo hab铆a considerado un Napole贸n. Cooke escribe planes de acci贸n pol铆tica en la Argentina, hacia 1959, que toman su inspiraci贸n, probablemente, del Plan de Operaciones atribuido a Mariano Moreno en 1810, pero que muy posiblemente sea ap贸crifo. El pol铆tico mayor con quien define esos planes, que le lleva m谩s de treinta a帽os y se halla exilado primero en Panam谩 y luego en Caracas, le recordar谩 un episodio de las campa帽as napol茅onicas, que 茅l bien conoce. La Convenci贸n Francesa habr铆a exclamado al leer los audaces papeles del joven militar corso: 鈥淓l que imagin贸 este Plan de Operaciones, tr谩iganlo y que lo lleve a cabo鈥. Ejemplifica con esa frase para decir que ahora ser铆a lo mismo, hab铆a que traer a Cooke y autorizarlo para llevar a cabo el plan. El Plan de Cooke, plan insurreccional para la Argentina de fines de los a帽os 50, debe ejecutarlo 茅l. No como si fuera el maduro Lenin, sino un joven Napol茅on de los frigor铆ficos y f谩bricas textiles de la zona sur y el conurbano de la ciudad.   

驴Era posible que las izquierdas de la 茅poca aceptaran este marxismo con toques de timbal a lo Baudelaire y hablando con un personaje que el mismo Cooke hab铆a denominado como 鈥減remarxista鈥? Algo semejante pero inverso pensaban quienes frente al peronismo, como el l铆der trotskista Nahuel Moreno, dise帽aban el llamado 鈥渆ntrismo鈥 en el peronsimo, que supon铆a el reverso del hecho maldito. En un caso se part铆a del mito y se redim铆a a un marxismo que surg铆a de ese vientre an贸malo y en el otro caso, el marxismo estaba probado y solo precisaba investigar con su l贸gica superior el interior irreflexivo del movimiento de masas. El llamado 鈥渆ntrismo鈥 era como el hecho maldito sin la idea de incerteza en la acci贸n y sin el acompa帽amiento del mito. Respecto al mito como f贸rmula secreta de la praxis 鈥搚 es probable que Cooke conociera parcialmente a Sorel aunque sin duda estaba informado del pensamiento de Mari谩tegui-,  se supon铆a que condensaba formas imprevistas de la energ铆a social, que aglutinar铆an las memorias colectivas gracias a un nombre afortunado y exc茅ntrico. A los efectos de su cualidad movilizante, estas energ铆as se rescataban con el concepto de mito. De mito propiciador. 

驴Por qu茅 el mito? Cooke hab铆a le铆do r谩pidamente pero no sin profunda comprensi贸n a Gramsci, Luk谩cs y Sartre. Con este 煤ltimo hab铆a conversado en Viena en 1952. En todos estos autores hab铆a ya una idea de la p茅rdida del nombre, en Gramsci con el ensayo de sustituir el propio nombre del marxismo por el de filosof铆a de la praxis, en Luk谩cs en el intento de formular tempranamente una 茅tica de izquierda desde herencias culturales universales y en Sartre en la idea de un lenguaje no cosificado que recuperara la cr铆tica dial茅ctica.

 

 

     

Precisamente en la Cr铆tica de la raz贸n dial茅ctica , Sartre dec铆a que la rareza es 鈥渓a necesidad para la sociedad de elegir a sus muertos y a sus subalimentados鈥. 

La rareza introduce un principio pr谩ctico de no-humanidad en lo humano. Puede explicarse por el propio crecimiento de las fuerzas productivas y la contradicci贸n que le es inherente. Sartre no es original cuando dice que la rareza se produce ante la contradicci贸n de las fuerzas productivas con las relaciones de producci贸n. Pero lo orginal es que mantenga ese nombre, rareza. Y es necesario mantenerlo, pues la rareza no es absorbible incluso si ocurriese una revoluci贸n que liquide la contradicci贸n entre ambas esferas. 

驴Acaso la sociedad socialista, en lucha contra la rareza, no vi贸 que era dif铆cil y exig铆a esfuerzos desconocidos vencerla? Es que siempre la materia es escasa, siempre la naturaleza y las cosas son irrisorias, insuficientes. La negatividad ante la materia escasa es la nota antropol贸gica esencial del g茅nero humano en la historia. Por otro lado, la rareza puede verse tambi茅n como lo propio del 鈥渉ombre el que hace morir a los Otros o que los Otros hacen morir鈥. Es la definici贸n de rareza, el otro como enemigo, como forma del mal, como inhumanidad perpetua. El otro es un contra-hombre, seg煤n la creencia que anida en la urdimbre de las relaciones de producci贸n, establecidas sobre horizontes productivos que siempre son escasos respecto a las necesidades colectivas. La pr谩ctica humana comienza cuando se interioriza la objetividad de la escasez.

  Lo otro puede ser la inercia de una humanizaci贸n fallida, donde las partes son rec铆procamente exteriores y donde la materia se torna un obst谩culo al deseo de los hombres. La inercia, por su parte, no es alteridad pero se confunde con ella. Es acci贸n negativa, una materia que adquiere 鈥渧ida propia鈥 instalando la rareza para juzgar a los hombres, que se tornan 鈥渕aterial humano鈥 o 鈥渞ecursos humanos鈥. La materia ser谩 sin贸nima del ser inerte, pero de todas maneras compone significaciones.  La vida se hace opaca, el trabajo para cambiarla es tambi茅n, en primer lugar, una pr谩ctica inerte, que significa que si el hombre se hace cosa, las cosas vuelven al hombre que les da una noci贸n de tiempo, les dona un porvenir. 

Lo pr谩ctico inerte impone un destino com煤n a los hombres que se ignoran. Pero si lo humano es incluso la conversi贸n en materia ap谩tica de la propia vida, es porque puede reponerse concibi茅ndose la unidad de todos los acontecimientos exteriores como una moneda acu帽ada que une a los hombres aunque al mismo tiempo no les permite conjugarse en com煤n. Pero si el hombre es material es porque la materia puede redimirse por la acci贸n humana materializada. 

De ah铆 que lo pr谩ctico inerte es una forma de la rareza: la sociedad elige sus muertos, a los que env铆a al cadalso, a los que mata de hambre, y de all铆 mismo surge la cr铆tica pr谩ctica a lo inerte, de donde surge una acci贸n que puede ser una simple serialidad que impide que los pasajeros que esperan el autob煤s se aniquilen entre s铆. De alguna manera Sartre concluye aqu铆 su obra, pero se puede decir que el discurso opera de cierta forma como s铆ntoma de liberaci贸n.

 

 Recordamos sucintamente a Sartre porque Cooke traduce estas p谩ginas intuitivamente para la pol铆tica argentina de los a帽os 60. El hecho maldito es la rareza, lo que ni la lucha ni las relaciones de producci贸n pueden diluir de la conciencia colectiva. Era la dial茅ctica de la superaci贸n que ten铆a momentos de suspensi贸n, de atrancamiento. Otros pensadores contempor谩neos quisieron ver en esta pausa misteriosa que se tomaba el andar dial茅ctico la resoluci贸n de un traj铆n repleto de incidentes aleatorios, vac铆os y oscuros. Se trataba de pensamientos de desv铆o respecto al imaginado cauce principal de los hechos. Cooke, con sus propios utensilios de trabajo, no demor贸 en ponerle los nombres que consideraba adecuados a esa vasta revisi贸n de la dial茅ctica y del historicismo radical que ten铆a lugar en la filosof铆a europea de la 茅poca, cuyos vagos ecos hab铆a captado con su poderosa intuici贸n raciocinante.  

Eran f贸rmulas de inusual exquisitez que recorrieron la imaginaci贸n pol铆tica de la 茅poca y que en Cooke eran apenas absorbidas al comp谩s sobresaltado de la aventura revolucionaria, entre c谩rceles dif铆ciles, resonantes fugas y aquellas milicias costeras de Playa Gir贸n. En medio de estos avatares, se colaba la cr铆tica sartreana al marxismo de 芦verdades fundamentales pero abstractas禄. Involuntariamente tambi茅n la de Luk谩cs, sobretodo sus autocr铆ticas que m谩s que cre铆bles, son en realidad la base secreta de un nuevo pensamiento marxista capaz de recoger la totalidad de la cultura transcurrida. No es imposible ver como encubiertamente positiva la idea de Luk谩cs respecto a que no era posible hacer convivir una 茅tica de izquierda con una epistemolog铆a conservadora. Al rev茅s, era posible hacerlo (era necesario) y esa podr铆a ser la salvaci贸n del marxismo.

Pero en su apariencia, la idea de hecho maldito se corresponde mucho m谩s con el concepto de contradicci贸n sobredeterminada, que el diccionario de la 茅poca hab铆a privilegiado y que en el Fiord de Osvaldo Lamborghini se mostraba invisiblemente productivo. Con ella se considera la esfera de autonom铆a relativa de la pol铆tica, como una po茅tica de lo impensado antes que como un previsto carril para los acontecimientos. Pero Cooke no habla como un fil贸sofo de 脡cole, sino como un sensible lector filos贸fico atrapado en las mallas de acero de la pol铆tica argentina. En su estudio sobre Baudelaire, Sartre dec铆a que el poeta de Las Flores del Mal, 芦emplea su voluntad para negar el orden establecido y al mismo tiempo conserva ese orden y lo afirma cuanto puede禄

Nada diferente quer铆a sugerir Cooke, que seguramente ha le铆do estas p谩ginas. Para Cooke la historia produce sus nombres particulares al margen de las 芦caligraf铆as oficiales禄, por lo que hay que encontrar sus efectos en el albur dispersivo y errabundo de cada forma cultural. Estas siempre se caracterizan por una discordancia entre sus emblemas de creencia y los resultados objetivos que produce su existencia social. De ah铆 que el peronismo 芦es la expresi贸n de la crisis general del sistema burgu茅s argentino, pues expresa a las clases sociales cuyas reivindicaciones no pueden lograrse en el marco del institucionalismo actual禄. No podr铆a tener conclusi贸n m谩s n铆tida la idea de que la lucha de clases se inscribe en el cuadro institucional, poni茅ndolo en estado de desmoronamiento permanente sin atinar a avizorar una salida. 

El peronismo no puede ser contenido por las instituciones burguesas, pero sus propias contradicciones no logran configurar los actos para superarlas. Esta situaci贸n tiene una rigurosa facticidad. Las contradicciones son objetivas. No obstante, este objetivismo no daba cuenta espec铆fica de la forma del desajuste que Cooke descubre en la realidad: las tareas de unos (la de los objetivistas), involuntariamente las hacen otros (los subjetivistas). Esa paradoja anima la historia, la hace oscura y dif铆cil, la torna 鈥渕aldita鈥, y obliga a que el an谩lisis pol铆tico sea al mismo tiempo un montaje filigranado de paradojas. Esto es, el desajuste es tambi茅n un hecho discursivo, y a veces, principalmente un hecho discursivo.  

En el pensamiento de Cooke no debe haber presuposiciones previas de la superaci贸n dial茅ctica anticipadamente demostradas. Al contrario, la masa viva de la historia se detiene siempre en la tensi贸n previa en donde se juega el drama de una realidad crispada, invertebrada y ciega. De ah铆 que, mostrando que sus lecturas dispersas -en este caso de Gramsci- produc铆an un resultado inmediato en su reflexi贸n pol铆tica sobre la escena argentina, y en contra del 芦cientificismo de ge贸metras禄, Cooke afirmar谩 una doctrina contingencialista que supera la relaci贸n 芦infaliblemente r铆gida禄 entre la esfera pol铆tica y los flujos productivos de la econom铆a. Aludir谩 entonces a factores imprevistos y subjetivos de la acci贸n pol铆tica, desde 芦el porcentaje de azar que encierra cada acontecimiento, hasta las pasiones e intereses inmediatos de sus ocasionales protagonistas禄 Estos p谩rrafos recuerdan muy directamente los comentarios de Gramsci al tema del error tal como Croce lo hab铆a considerado, no solo el error de las clases dominantes sino la relaciones entre el error y la pasi贸n. Finalmente, solo la pasi贸n expl铆cita parece m谩s segura para mantener el hilo de la historia, mucha m谩s que la oculta astucia de la raz贸n.

 Por otro lado, como ya insinuamos, est谩 la cuesti贸n esencial del mito. Cooke indicar谩 que ciertos mitos sociales no son 鈥渦na torpe idolatr铆a de las masas sino un s铆ntoma de rasgos positivos, porque los trabajadores no son imb茅ciles (鈥) y los nuevos mitos que han de ir surgiendo en la vivencia del pueblo se dar谩n desde un plano donde no es necesario que entren en colisi贸n鈥 con mitos anteriores, que nunca ser谩n un obst谩culo.  Marxismo soreliano, sin duda, que indica por un lado que Cooke es un lector urgente pero poroso de los temas gramscianos que hac铆a no mucho tiempo recorr铆an los grupos m谩s intranquilos de la izquierda argentina, y por otro lado, introduce -como ya se ha notado- un fuerte 谩mbito de compatibilidad con la anterior teorizaci贸n de Jos茅 Carlos Mari谩tegui en relaci贸n a que 鈥渆l hombre contempor谩neo siente la perentoria necesidad del mito鈥β  

Pero lo que para el peruano es una consideraci贸n ligada al vitalismo e intuicionismo bergsonianos, e inspirada con fuertes atisbos de fidelidad a la discusi贸n filos贸fica sobre el origen de la praxis, en Cooke se atiene a las reglas pr谩cticas de su lectura, despojada de prosa aderezada y de los paramentos de la cita. Se pone en una escritura que nunca pierde su extra帽a e imaginativa elegancia albergando los nombres estrepitosos de mitos que el pensamiento normal de las izquierdas hab铆a condenado o tomaba con recelos. John W. Cooke es un profesional de la agitaci贸n y la clandestinidad. Su marxismo es finalmente el de los 芦Manuscritos de 1844禄 y su destreza te贸rica ostensible consiste en basarse en la tesis del error-pasi贸n en la esfera cultural, por la cual la verdad de la lucha de clases debe trabajar en los enigm谩ticos dominios de la memoria y el lenguaje. No es lo mismo Mari谩tegui, cuyas composiciones pertenecen a un arte de la fundici贸n de metales. Mariategui labora con varias lavas calientes, hierros l铆quidos al rojo blanco, buscando el enlace entre la napa moderna con nombre art铆stico europeo (modernismo simbolista, formalismo simeliano, mitopo茅tica soreliana) y la napa americana del indigenismo cuyos nombres tienen la 芦dulzura de ma铆z tierno禄. 

Cooke es apenas simbolista en sus met谩foras y se concibe como escritor urgente, casi sin influencias. Dice que el nombre de la revoluci贸n sin nombre reposa en el movimiento social de ese enjambre argentino que 芦es formidable en la rebeld铆a, la resistencia, la protesta鈥, pero que no puede ir m谩s all谩. 驴Por qu茅? Porque es 鈥渦n gigante invertebrado y miope禄. Aunque por otra parte, 芦est谩 vivo, y no ser谩 suplantado porque le disguste a los so帽adores de la revoluci贸n perfecta, con escuadra y tiral铆neas鈥. Cuando desaparezca la vieja forma invertebrada, no ser谩 por sustituci贸n sino mediante 鈥渟uperaci贸n dial茅ctica, es decir, no neg谩ndoselo, sino integr谩ndolo en una nueva s铆ntesis禄. Aqu铆 el hecho maldito encontraba la justificaci贸n final de la raz贸n dial茅ctica. 

Por todos lados Cooke dej贸 cartas, panfletos, planes de operaciones, minutas de acci贸n gremial, versiones desgrabadas de sus conferencias revolucionarias y documentos internos de su grupo pol铆tico. Eran las evidencias de una concepci贸n clasista de la historia pero cribada por el desencaje de los nombres y los contenidos. Ese era el gran tema de la ling眉铆stica del siglo veinte, que 茅l apenas sospechaba. Altern贸 en su vida matices novelescos, fervores clandestinos y una inusual jerarqu铆a intelectual.

 Al conseguir escribir el estado larval de aquellas sospechas, vaga en 茅l la sombra de un gran ensayista sobrio e imaginativo, que aglomera f贸rmulas ingeniosas y el verbo cl谩sico de aquellos revolucionarios que son secretos novelistas del rumor conjurado de la historia, cual un Danton, Moreno, Lenin, Alem, Mart铆 o Sandino. Con regusto secreto, postulaba, como vimos, que la revoluci贸n no llevaba a煤n su propio nombre y que el nombre deb铆a luchar por conseguir un cuerpo a su altura. Siempre, las confusas sombras de la historia estar铆an ce帽idas por la marcha de la dial茅ctica, mientras que la figura que manten铆a en su poder las palabras propiciatorias 鈥揺l marxismo- deb铆a pugnar por hacerlas efectivas en un terreno esquivo o inesperado. No hab铆a marxismo sin pre marxismo o sin palabras que no fueran ninguna otra cosa que ellas mismas en su individualidad irreductible. El marxismo deb铆a contener una vasta dinast铆a de palabras no marxistas, como el suicidio, la derrota, la salvaci贸n por el sacrificio o el olvido de los h茅roes. Esta paradoja consiste en la maldici贸n, entendida como gradaci贸n menor de la dial茅ctica, momento de bullicio y desesperaci贸n en la historia. Justamente, Cooke es un revolucionario que camina por la cornisa de la desesperaci贸n y el sarcasmo. 

Nunca es aleg贸rico. Es mitopo茅tico como decisi贸n t谩ctica y se inspira en la literatura cl谩sica de la alienaci贸n, como decisi贸n cr铆tica. Como v谩stago de las fuerzas nacional-populares deber谩 hacer la operaci贸n maldita de pensar ese caudal desde un marxismo humanista y con una teor铆a existencialista-decisionista de la deseparaci贸n pol铆tica. Era un marxista en el premarxismo. Pero no hab铆a marxismo sin acci贸n en el seno del premarxismo. Pero ambas esferas no eran etapas consecutivas, sino hechos que se entrelazaban en una extra帽a hermen茅utica. El premarxismo no era un obst谩culo para el marxismo sino su condici贸n de posibilidad.   

Ya muchos hablaron de la Correspondencia. 驴Es posible agregar algo m谩s? Uno de sus temas es el del plagio y del ap贸crifo, el las autorizaciones escritas, el odio, la venganza, la violencia, la muerte, la delegaci贸n de la palabra, la imposibilidad de dejar de ser uno, de ser este sujeto que escribe y que lucha por descifrar y a la vez encubrir sus propios c谩lculos abismales.  

As铆 ocurren las cosas en esta enmara帽ada teor铆a de la conciencia escrita entre dos hombres en discordancia radical pero unidos por el nombre del primero 鈥搎ue en este trabajo quiz谩s no hemos pronunciado-. Sacudida por las pasiones escritas e imaginadas, la Correspondencia nos pone frente a la m谩xima inc贸gnita de la estrategia. 驴Como forma eximia de la ret贸rica, est谩 el saber estrat茅gico destinado a convencer al mundo de que nuestra presencia es imprescindible pues sin ella sufre la verdad? 驴O tan solo es la puesta, en un sistema de enunciados con apariencia de precepto, de que existen formas y figuras sombr铆as del esp铆ritu? 

Las teor铆as del colapso, del caos, del desorden, de la cat谩strofe o del laberinto, cuando son presentadas en el interior de las grandes doctrinas pol铆ticas, producen el inquieto revuelo de convertirse en las representantes del destino de la intriga dentro de teor铆as que normalmente dicen repudiarla. Pero para Cooke estaba el tema del ap贸crifo, esto es, de la validez del nombre y del texto, cuando se invocaba una palabra que mantiene un origen impropio o que alguien viene a introducir como confusi贸n deliberada. El ap贸crifo, introduciendo una supuesta legitimidad de los nombres, desea horadarlos por dentro. A su manera, el ap贸crifo es carnavalesco, sostiene el orden como 煤nico efecto de la fuerza de su creencia en el acto de ley de los nombres. Es el Estado visto al rev茅s, forma necesaria de la afirmaci贸n de la palabra leg铆tima.

Un nombre exilado, y que ocasionalmente pensaba en la muerte, hab铆a propuesto una delegaci贸n. 驴Se puede delegar un nombre? Cooke emerge de esa pregunta tremenda y la responde con su idea de la maldici贸n. El nombre maldice y tambi茅n hay que maldecirlo. Esa es la ra铆z de la vida hist贸rica, y mejor la cuentan los pol铆ticos revolucionarios que los sacerdotes.  Pero esa verdad concluyente que apuntaba sus flechas ineluctables hacia el problema de la sucesi贸n y la herencia era dilu铆da permanentemente por un sinf铆n de comunicaciones emanadas de fuentes imprecisas, m煤ltiples y hasta cierto punto justificables por la distancia y la voluntad brumosa con que era sabido que el exilado sin nombre expon铆a sus orientaciones. Las brumas permit铆an ser enf谩tico y al mismo tiempo incierto.   

Cooke no cree en estos modismos velados del lenguaje. Al incorporar el mito como foco de la acci贸n, tampoco desea oscurecer la inteligibilidad. Sabe expresar con modo categ贸rico las situaciones de lucha; ah铆 los nombres no est谩n desplazados. 鈥淓stamos preparando un plan que, sin perjuicios de continuar con los empe帽os actuales, tendr谩 objetivos definitivos: paralizar el suministro de petr贸leo al Gran Buenos Aires y paralizaci贸n del Puerto. Es dif铆cil pero conf铆o en que pueda cumplirse. (鈥) Hemos conseguido un qu铆mico muy bueno (鈥), actualmente estamos fabricando 30 bombas reloj, que aproximadamente dentro de 15 d铆as ser谩n utilizadas禄. Estas cartas de Cooke precisaban 鈥揳hora y antes-, un encuadre hist贸rico y emocional que las justifique: pero son palabras. Implican el dilema de la palabra 鈥減erro鈥, que no muerde la cola, seg煤n estudiaron hasta la saciedad los ling眉istas contempor谩neos. La palabra bomba no nos deja escuchar un estallido, pero est谩 en un nivel del lenguaje donde se hallan las directivas, la ruta de la acci贸n, las performances. Est谩 al nivel de la palabra Sartre o de la palabra mito. Son la rareza. El hecho maldito es una escritura terrible y la escucha imaginaria de sus efectos retumbantes. Por esta dificultad de las palabras 鈥搒on y no son la espesura real-, nos impide saber de antemano donde ponerlas, donde o铆rla sin horror personal ni miedo hist贸rico, donde situarlas para ahorrarnos el cierre de todo flujo sensitivo.  

 

En la Correspondencia la contorsi贸n m谩xima parece ser la conversi贸n de lo falso en verdadero y de lo verdadero en ap贸crifo. Quiz谩s sea 茅sta una s铆ntesis de la pol铆tica en 茅pocas de extrema convulsi贸n y violencia. Cooke en alg煤n momento le exigir谩 al exilado con el que se cartea, que cuide de una literalidad mayor en la correspondencia, pero eso era interceptar su multiplicidad expositiva y la difusa significaci贸n de sus emisiones. Por eso estas cartas tratan en 煤ltima instancia sobre la facultad de juzgar y las pasiones que introducen la necesaria resquebrajadura en el natural tr谩fico ideol贸gico de la pol铆tica. 

Para Cooke las ideolog铆as tienen realidad de textura, las pasiones tienen capacidad de embestida y la realidad hay que interpretarla como un enigma, en la medida que est谩 repleta de cosas sin nombre y de nombres falsos. El mito es el nombre provisorio para desentra帽ar esos trastornos de la alienaci贸n de la historia.

Observamos entonces en la Correspondencia la m谩xima formulaci贸n de la idea de praxis como una acci贸n que parte de una terrible escisi贸n entre el empe帽o del presente y la escasez esencial de resguardos reales para todo esfuerzo humano-pol铆tico. Si en Gramsci debe haber mito, pero no solo impulsivo y antiplanificador, sino constructivo y partidario, en Cooke el mito debe admitir siempre la anomal铆a en los actos de correspondencia entre los nombres de la cosa y las acciones desnudas de referencia visible. La pol铆tica es en s铆 misma un mito de no correspondencia que busca el ajuste final de forma y contenido como m谩xima esperanza de los desesperanzados.  Pero los nombres son pr谩cticas porque tambi茅n est谩n sometidos a un juego de sustracci贸n, desplazamiento y p茅rdida. 

Se arrebatan porque la designaci贸n nunca podr谩 ser igual a la cosa designada. De este modo, no era Cooke qui茅n justamente sobrevalorar铆a la cr铆tica llamada a resguardar las fuerzas sociales del arrebato o del robo de su nombre, al que se ve铆a oscurecido por los lenguaraces del indefectible ensayismo argentino. El movimiento populista s煤bito e invertebrado, como un ciempi茅s, era para Cooke ese ensayismo, ese revoltillo de nombres que esquivaba, con el arte de la demora 鈥y ese esquive necesitaba int茅rpretes adecuados-, el momento vital de encarrilarse hacia su destino social efectivo. De ah铆 que la demora en la coincidencia entre enunciados de identidad y el efecto real de las acciones, pod铆a ser para Cooke el inicio de un acto revolucionario. 

 

El vast铆simo trayecto tem谩tico que van recorriendo las mencionadas cartas, permiten leer por parte de ambos corresponsales unas meditaciones c谩usticas sobre la muerte del pol铆tico; el vellocino de la juventud; la dial茅ctica del nombre que ya no es 鈥渟uyo鈥 sino que es el nombre que alguien 鈥減one鈥; una idea de despojamiento personal de cu帽o cl谩sico, pues se帽ala al pol铆tico desterrado como aquel que se halla desencarnado de bienes; una defensa del caos y la autodestrucci贸n como umbral que se帽alaba el momento de la toma del poder luego de la resistencia; una reflexi贸n sobre el 茅xito como contrafigura del caos; definiciones acad茅micas o emp铆ricas del concepto de resistencia con 茅nfasis que se asumen inexorables (aunque no faltan los pigmentos coloquiales); introspecciones sobre la forja de las pasiones p煤blicas en la conciencia del pol铆tico; juicios de fuerte implicaci贸n sobre la historia venidera bajo bocetos geo-ideol贸gicos y escatol贸gico-evolucionistas; interpretaciones sobre el proceso de las revoluciones mundiales vistas desde la tempestuosa colina donde arropa sus pensamientos un 芦general geopol铆tico禄 o el gabinete de un oficial del estado mayor.

Adem谩s, encontramos unos documentos extra帽amente ofrecidos indicando la delegaci贸n del mando a Cooke que no hacen sino sugerir un sibilino meta-poder que mantendr谩 el propio ofertante; una teor铆a de la temporalidad mentando lo permanente y lo contingente en la historia, quiz谩s en comp谩s con lo que en poco tiempo m谩s Cooke denominar谩 芦hecho maldito禄; unos dram谩ticos acercamientos a la visi贸n de la historia escrita en t茅rminos de odio, venganza y terror pero sin dejar de darle a esta misma interpretaci贸n cierto giro evang茅lico; una consideraci贸n sobre los solitarios afanes del pol铆tico que escribe a borrosos y remotos partisanos que son sombras diluidas, apenas entrevistas.

 Por su parte, Cooke repasa en sus largos informes a los militantes un conjunto de temas que deber铆an figurar en el libro de horas del insurgente clandestino de todos los tiempos. En la Correspondencia se pasan revista a los inconvenientes de las t谩cticas insurreccionales cuando son las mismas personas las que hacen simult谩neamente tareas p煤blicas y tareas clandestinas; a la naturaleza de las t谩cticas insurreccionales con su ut贸pica y sigilosa cotidianeidad; a las iron铆as permanentes sobre el lenguaje pol铆tico, en el cual el l茅xico de una capa anterior de la memoria estrat茅gica se dejar铆a reescribir de un modo m谩s adecuado por las exigencias de otro momento hist贸rico.

No faltan las consideraciones sobre las menciones del gobierno respecto a su supuesta filiaci贸n comunista y trotskista, que Cooke hace objeto de una reflexi贸n que acaba situ谩ndose en el coraz贸n de su teor铆a del 芦hecho maldito禄; las luchas por el reconocimiento entre los distintos componentes de la compleja red de emisarios del exilio y la definici贸n de la insurrecci贸n como una obra de arte. Siembre son descarnados los juicios en tono de enjuto informe sobre las ineluctables circunstancias que atraviesan de los hombres en lucha.

Se lee tambi茅n un reclamo para que se abandonen las 芦cuestiones caballerescas禄 que llevar铆an al peligro de que se reten a duelo personas involucradas en comunes 谩mbitos de lucha (lo que no deja de llamar la atenci贸n en un cuasi duelista como Cooke); se llama a la toma de distancia respecto a los afamados publicistas como Jauretche y se ilustra sobre las t茅cnicas de los nombres en clave y la infiltraci贸n en los servicios de informaciones oficiales. 驴Alguien cree en los tractatus de ciencia pol铆tica, de teolog铆a pol铆tica, de fenomenolog铆a pol铆tica o del partisano? Aqu铆 los leemos al trasluz, en su forma incompleta y deshilvanada, pero en la firmeza retrospectiva de esas cartas que a煤n agrupadas, solo pueden subsistir como piezas que se env铆an a un abismo por el 谩ngel de la historia. Es el tratado de las pasiones del emigrado, del perseguido.  

Encontramos aqu铆 los momentos de una reflexi贸n completa sobre la expresi贸n pasional, su imperfecta autoconciencia y su consumado grado de disimulo. De ambas formas, estamos dentro de la forma cl谩sica de las pasiones, sea porque nunca se puede llegar a inteligirlas completamente, sea porque cuando se lo hace, no es posible dudar de que la conciencia (y la escritura) enfr铆a las pasiones al actuar en nombre de ellas. Es imposible no nombrarlas, pero al hacerlo se diluyen, pierden su nervio y su car谩cter.

Son las cartas, as铆, el m谩s adecuado instrumento de una catarsis. El tiempo de Cooke quiz谩s es el 煤ltimo tramo pol铆tico argentino que floreci贸 en la 茅poca de la epistolograf铆a, modalidad literaria que demor贸 muchos siglos en extinguirse bajo su forma conocida. Es un urgido escritor; mir茅moslo ahora, que garabatea, tacha, ensobra, env铆a, imagina al destinatario abriendo el sobre con portaplumas, escucha sobre el papel el rasguido con el que se escribe un nombre, personas, pa铆ses, estampillas humedecidas a contralengua, todo lo cual presupone, la instituci贸n del correo, que muchos consideraron 鈥 como Kautsky, Bebel-, la primera instancia estatal moderna con motivaciones y connotaciones socialistas.  No son as铆 los tiempos que corren ni hay porqu茅 desearlos as铆. Solo interesa el punto al que llegara un alma revolucionaria que se propuso conservar todos los nombres v谩lidos en su memoria lectora e imagin贸 que en un acto de nominalismo radical, la vitalidad originaria se expand铆a en los individuos m谩s extra帽os. Era la rareza de los nombres, infinita democracia ciega de la pol铆tica, ejercicio de b煤squeda de lo bueno y lo noble en los lugares m谩s sobresaltados. All铆 donde no hay correspondencia entre actos y vocablos.  

                                   




Fuente: Lobosuelto.com